Capítulo 3
Veía como la costa se hacía cada vez más distante, el bamboleo del barco era su único consuelo en su pesado corazón, ya que este le recordaba a sus barcos pesqueros. Miraba con nostalgia como su cuerpo se alegaba de todo lo que conoció y amo en algún momento. Su padre, Minato le había descubierto teniendo sexo con un blanco, pirata y además hombre. Por lo que no le quedó otra opción más que desterrar a su hijo para siempre y desheredarlo de sus deberes como futuro rey de la isla. Al ver la mirada de congoja de su padre y madre, su corazón se rompió en mil pedazos, llenándolo de tristeza y rabia por haber sido tan estúpido, ingenuo y débil. Porqué Naruto había caído ante aquella mirada seductora del azabache, ante aquel blanquecino cuerpo que quería probar a toda costa porque pensaba que le sabría dulce, como la leche de coco que tomaba al desayuno. Pero por culpa de aquel deseo, lo había perdido todo y se odiaba por eso y odiaba a Sasuke.
Había visto como los ojos del azabache brillaron cuando Minato lo mandó a abandonar la isla. Vio una pequeña sonrisa imperceptible en su rostro y eso provoco que la ira creciera en el interior del rubio ¿Eso significaba que Sasuke quería que Naruto abandonara la isla? ¿Qué lo desterraran? Con toda aquella rabia se subió al barco Uchiha y se fue de su hogar. Sasuke, por prudencia no lo había molestado, porque sabía que si este se acercaba a hablarle no respondería por sus actos. Como no podía andar semidesnudo a bordo (porque media tripulación lo miraba como un pedazo de carne) Rock lee, uno de los tripulantes más decentes fue lo bastante amable para prestarle un par de prendas—Pero yo no quiero usar esas cosas-ttebayo—señalo a las botas de cuero que portaba el joven. Este lo miró y le sonrió diciéndole que no debía usarlas si no quisiera, pero las demás prendas si o si debía.
-Por tu bien-asintió con la cabeza y le ayudo a vestirlo. Naruto se vio en el espejo y no le gustó la imagen que proyectaba el pedazo de vidrio. Camisa, pantalones y una faja completaban su atuendo. Se sentía ridículo y estúpido, deseando volver a su hogar y ser libre en su pequeño taparrabo, corriendo por las plantas y pescando en el mar. Lamentablemente no iba a poder ser así jamás.
Pasó un tiempo y fue conociendo a toda la tripulación. Eran personas confiables, divertidas pero muy barbáricas. Hizo buenas migas con Rock lee, un chico entusiasta, alegre y muy atlético que la mitad del tiempo se la pasaba entrenando su cuerpo. Y Suigetsu, un hombre de cabello blanco y dientes afilados que era el segundo al mando de la tripulación. Era muy bromista y tenía una paciencia infinita—Y debe ser así Naruto, soportar a Sasuke no es fácil—decía mientras tomaba un vaso de vino, porque si, en aquel barco se bebía alcohol como agua.
-¿Hace tiempo que estas en este barco?-Naruto no bebía, había decidido dejarlo desde ese incidente.
-Todos nacemos en estos barcos-miró a Rock lee- bueno casi todos-se encogió de hombros.
-¿Y conoces a Sasuke desde siempre?-Suigetsu lo miró y sonrió pícaramente, sabía por los rumores que se dijeron en la isla, la atracción que mantenían entre ellos.
-Bueno, sí pero nunca hable mucho con él. La verdad este pasaba detrás de su hermano y no le dirigía la palabra a nadie más-sintió un golpe en la cabeza. Miró hacia arriba y allí estaba Sasuke, que le había golpeado con un vaso.
-No hables innecesariamente- Naruto lo miró con furia. Aquellos ojos azules no le quitaron la mirada ni por un segundo, pero Sasuke ni se inmutó. Este sabía que el chico le guardaba rencor por lo que había pasado—aunque no fue mi intención que pasara así—se encogía de hombros. Esperaría la mejor oportunidad para acercarse al rubio.
-Pero es verdad, amabas a Itachi-se sobo la cabeza. Sasuke levantó la mirada y le clavó sus fríos ojos en Suigetsu. Odiaba hablar de su hermano-Está bien, me calló-hizo un ademan de guardar un secreto y se quedó callado.
-¿Qué pasó con tu hermano?-se maldecía internamente por hablarle, pero la curiosidad había sido más fuerte.
-Está en la cárcel-tomó un trago de su bebida y con aquellas palabras zanjó el tema de su hermano.
El ambiente había quedado tenso, por lo que Rock lee procedió a explicarle cómo funcionaba los barcos en la gran flota Uchiha.
-Nosotros somos la tripulación principal, pero hay más grupos de piratas que con los años se han aliado a los Uchihas. Por ejemplo Los Hyuga son una rama de la flota Uchiha. Son un grupo un poco, estrictos- el azabache se acordaba cuando había conocido a Neji, el líder. Era un hombre serio, que su mirada paralizaba al más valiente. Su cabello largo le daba un aire aristócrata, su porte era de un noble de Inglaterra. Soberbio, egoísta y duro de carácter.
-Entiendo-Quería saber más sobre la tripulación y sus barcos, pero había llegado la hora de hacer los deberes. Algunos preparaban la comida, otros les tocaba limpiar y solo algunos afortunados podían contar y categorizar las armas a bordo. A Naruto le habían asignado tareas menores de limpieza, hasta que este se adecuara correctamente a la rutina. Era tedioso, pero con la compañía de todos se hacía más ameno. Cada vez los conocía más, se integraba y la pesadumbre de su corazón iba desapareciendo.
¿Y con Sasuke? Pues no habían vuelto a hablar desde el incidente en su isla. Sasuke sabía que el rubio había quedado resentido, que todo lo que había sucedido le dolía, por lo que debía darle un poco espacio, que se adecuara a ese ambiente desconocido y que el mismo le fuera a buscar cuando estuviera listo. Lo observaba y lo veía más lindo que nunca, con aquella camisa que se le apegaba al cuerpo cuando debía trabajar. Aquellos ajustados pantalones que marcaban el trasero redondo del rubio. Estaba exquisito y su cuerpo lo manifestaba en las peores situaciones, siempre debía excusarse e ir a su recámara a solucionar el problema, pero se estaba aburriendo de su mano, quería a Naruto y lo quería ya, pero debía ser paciente, esperar a que este se entregara voluntariamente.
Cierto día se encontraron con otro barco. Una imponente máquina de color beige que se alzaba en los mares. Naruto vio el cambio de actitud que Lee había tenido al momento de divisar el barco. Se le notaba nervioso y un sonrojo evidente se había posado en sus mejillas. Del barco descendieron tres personas. Una mujer amazónica, con el cabello rubio amarrado en coletas. Portaba un vestido ligero de gamuza y adornos delicados en el cuello y orejas. Era preciosa y su porte afirmaba que ella no daba su brazo a torcer. El segundo era un hombre castaño, que llevaba un extraño maquillaje en el rostro. Su ropa era sencilla, pero portaba una gran capa que le cubría la mitad del cuerpo. Por ultimo un hombre pelirrojo, con ojos color aguamarina. Su mirada era sensual y misteriosa, su cuerpo era menudo y estaba vestido con una camisa blanca, con un lazo en el cuello, una faja que colgaba y se elevaba por el viento, unos pantalones café oscuro que se apegaban a sus delgadas piernas.
-Buenos días Sasuke-el chico pelirrojo estrechó la mano con el capitán de la flota Uchiha.
-Gaara, un gusto habernos encontrado-Sasuke era serio y muy cortés con Gaara.
-Creo que sabes la razón de mi llegada-desvió sus ojos aguamarina hasta encontrarse con la mirada azabache de Rock lee, que al encontrarse, este pegó un brinco asustado y nervioso.
-Está todo listo en el salón de reuniones, por favor pasemos a mi oficina-desaparecieron hacia el interior del barco. Naruto no entendía la situación y Suigetsu vio la duda en sus ojos.
-Se van a casar-El rubio quedó aún más desconcertado ante aquellas palabras ¿Casar? Pero si eran dos hombres ¿Eso era posible? En su isla se prohibía aquellos encuentros y los que lo cometían sufrían el destierro y la deshonra de por vida. Era algo antinatural, que los dioses no aprobaban, entonces ¿Por qué en este barco si lo hacían? El peliblanco vio que aquellas palabras no habían solucionado el conflicto interno del rubio por lo que agregó—Es normal que los piratas mantengan este tipo de relaciones. Piensa que un viaje largo por altamar, uno se siente solo y las mujeres no son admitidas a bordo. Y también lo son las bodas—le guiño el ojo.
La reunión duró su buen tiempo hasta que se decidió que en unos tres días se celebraría la ceremonia. El resto de la gente preparó todo para celebrarlo, por supuesto que no perderían la oportunidad para beber hasta morir y comer hasta reventar. Ordenaron el salón de reuniones, pusieron unas escuetas sillas, un par de flores para dar vida a la estancia y uno de ellos oficiaría la boda. Los dos jóvenes se alistaron y se pusieron las mejores ropas para la ocasión. Sasuke le prestó una buena chaqueta a Lee para que se presentara decentemente. Naruto lo vio todo en primera plana y creyó que estaba en un sueño. Un sueño donde podías ser tú mismo, donde las leyes no importaban, donde eras libre. Gaara y Lee se pusieron delante del que oficiaría la boda. Leyó todos los beneficios que traía consigo este tipo de unión—Los bienes del capitán se transferirían a Lee en caso de que este muriera honorablemente en combate. Lee sería devoto y fiel a su nuevo esposo, siéndole de utilidad creando estrategias y comandando el barco—todos asintieron ante las palabras dichas.
-Ahora serás del barco de la arena y viajaras conmigo-dijo el pelirrojo.
-Sí, desde hoy viviré con usted y su tripulación- se hincó en sus rodillas y le beso la mano, mostrando todo el respeto que sentía por el capitán de la arena. Todos aplaudieron por aquella unión y les desearon felicidad y prosperidad en sus misiones. Todo el mundo fue a comer y beber en la cubierta.
Ya era de noche, el viento helado corría por la cubierta del barco. Las olas estaban calmadas, el mar tranquilo hacía un sonido agradable al oído, relajando y llevándose todas las preocupaciones. Naruto Estaba en las barandas, mirando la increíble oscuridad que se cernía sobre el barco. Su cuerpo sentía frío, empezó a tiritar, pero sin previo aviso sintió un peso en sus hombros. Tenía puesta una chaqueta, aspiró el aroma de esta "Sasuke" El inconfundible aroma a limón del azabache. Miró hacía por todas partes y vio una sombra parada a un metro de distancia.
-¿Sasuke?-
-Lo siento, vi que tenías frío y te pasé mi chaqueta-admitió.
-Gracias-le dedicó una pequeña sonrisa.
-¿Cómo estás?-se aventuró a preguntar.
-Mejor, gracias...Si quieres puedes acercarte-le tomó por sorpresa aquella invitación, pero no la desaprovechó y se acercó hacia donde estaba Naruto. Se colocó al lado del rubio, mirando hacia adelante, mirando el mar oscuro- Fue…increíble lo que pasó hoy-empezó el ojiazul la conversación.
-Es normal en el mundo pirata-se encogió de hombros.
-Pero no en el resto del mundo. En mi reino, no lo es-aquellas últimas palabras salieron en un susurro. Se notaba que aún le dolía el tema al rubio.
-Pues aquí lo es Naruto, no debes sentir culpa alguna- Aquella boda había cambiado la perspectiva del rubio respecto al mundo. Podía ver que en el mar uno podía ser libre de todo y ser uno mismo y nadie te iba a decir nada por aquello. Miró a Sasuke y sin pensarlo apoyó su cabeza en el hombro del azabache. Nadie se movió, solo sus corazones que latían con fuerza y al unísono.
