Capitulo 4

Las travesías en el mar, parecían eternas, ya que duraban semanas e incluso meses sin ver ni un ápice de tierra. Naruto pudo observar la soledad que envolvía a las personas del barco. Aquella soledad que te ataca por las noches y se mete dentro de ti, sin soltarte, sin darte alguna oportunidad de escapar porque hacia donde mires ella te está esperando. Pero los marineros habían encontrado una forma de burlar aquella molesta sensación o más bien de hacerla desaparecer. El rubio, más de una vez fue testigo de como aquellos piratas se encontraban al medio de la oscuridad, cuando creían que nadie los veía y toscamente procedían a tener sexo. Naruto no había visto nunca un acto como aquel, ni si quiera entendía muy bien de que se trataba el acto sexual en sí. Su padre no había querido enseñarle nada—debes tener cuidado—fue el único consejo que le dio su progenitor y no le ayudó. Cuando conoció a Sasuke, su cuerpo actuó por instinto. Jamás había besado a nadie, pero sus labios se movían solos buscando el calor y el sabor contrario. Nunca había tocado otro cuerpo, pero sus manos cobraron vida propia e intentaban explorar aquel exquisito cuerpo que reaccionaba a cada caricia proporcionada y eso le hacía preguntarse ¿Si toco aquí, que pasará? Y sin miedo se aventuraba.

Vio los besos toscos y sangrientos que se daban. Los toqueteos al glande, ásperos, con fuerza y el momento donde se unían. Como gemían, carraspeaban y decían malas palabras ¿Si lo hiciera con Sasuke, sería así? Se preguntaba constantemente. Pero desde el momento en su isla, no se habían acercado de esa forma. Si, se dedicaban miradas constante en el barco, buscándose en la multitud, intentando conversar en los pocos ratos que tenían solos ya que Sasuke estaba ocupado, puesto que era el capitán del barco. Y el rubio siempre le observaba trabajar y le encantaba es faceta seria y concentrada que mostraba cada vez que un tripulante iba con una problemática a resolver. Debía admitir que se sonrojaba al verlo al frente, dirigiendo a las tropas con aquel porte altivo, varonil, con aquel cabello negro, sedoso que se movía lentamente al viento y ese uniforme apegado al cuerpo que dejaba poco a la imaginación.

Pero nada había pasado y ya habían llegado a tierra. Sasuke, como buen pirata debía reunirse con el rey y darle todos los tesoros que lograron contrabandear en este tiempo que estuvieron en el mar. El rey, generoso, les daba títulos, poder y riquezas a cambio. Llegaban como héroes y todo el mundo les recibía con los brazos abiertos, emocionados al ver las leyendas que se contaban generación tras generación. Las mujeres se abultaron en el puerto, esperando a los apuestos marineros que viajaban por alta mar. Deseando pasar la noche con alguno y por supuesto estos no perdían la oportunidad, llevándose de "paseo" a aquellas solitarias damas.

-Nos vemos aquí en dos semanas-declaró Suigetsu a la tripulación, antes de perderlos en los placeres que ofrecía Inglaterra. Naruto se asustó, ya que no conocía a nadie ni nada. Era una tierra nueva para él, con un idioma que no comprendía, con costumbres ajenas. Nada se parecía a la tierra donde creció. Ni si quiera las personas eran las mismas ¿Qué haría en aquel lugar? Vio como altos edificios se alzaban imponentes, vio multitudes que se abalanzaban al barco, vestidos con horrendos ropajes que los cubrían de pies a cabeza, sin dejar respirar. Caras de pocos amigos se mezclaban en aquella mescolanza de gente. Suigetsu vio el terror en los ojos zafiro y con bondad le indicó que Sasuke le iba a acompañar en todo momento, que no se asustara—Con el estarás bien, te va a proteger—le mostró la estropeada dentadura en una sonrisa. Lo condujo hacia el capitán y con un gesto con la mano se perdió entre la gente. Sasuke, amablemente le tendió la mano y pasó a través de las personas, sin vacilar, con un paso firme y la mirada en alto. Naruto lo observaba y sentía admiración por aquel ser tan orgulloso que siempre mostraba la mejor cara de sí mismo, trabajador, responsable y buena persona. ¿Cómo podría ser malo si ayudaba a su gente y al pueblo inglés?

Aunque la realidad era muy distinta.

A medida que más tiempo pasaba en Londres, más cosas sabía sobre los Uchihas. A pesar de que un gran grupo de personas (más específicamente los nobles) estaban de acuerdo con tener piratas de aliados, el resto les tenía recelo. Se decían por las calles que los Uchihas eran sanguinarios, ruines, déspotas y malvados. Había escuchado cosas atroces; como que violaban mujeres, destruían pueblos enteros y mataban gente a destajo ¿Cómo alguien como Sasuke iba a permitir semejante masacre? Debia saber la verdad, por lo que un día que se encontraban libres lo encaró.

-Naruto ¿Por qué la pregunta?- estaban alojándose en un hotel, los dos en una habitación.

-Porque no puedo creerlo. Te has mostrado como una persona confiable, trabajadora y buena ¿Por qué hacer esas cosas?-Sasuke desvió la mirada y Naruto no perdió detalle a aquel gesto- entonces…-

-Los mares son difíciles y hay que hacer cosas malas para sobrevivir-se sacó la chaqueta que portaba al igual que las botas.

-Y tú….-no pudo terminar la pregunta. Le repugnaban aquellos actos

-Yo, no, jamás. Pero si nos atacan, si hieren a mis hombres no tengo alternativa-miro hacia la ventana. Vio que estaba lloviznando.

-Entiendo-sentía un peso en su corazón al enterarse que aquellas personas cometían aquellos actos.

-¿Qué harás? ¿Crees que somos lo peor? ¿Qué no deberíamos existir? Es un mundo difícil, por lo que hay que hacer algunas cosas para sobrevivir. Yo no apoyo la violencia innecesaria, pero si un pueblo levanta las armas contra nosotros, ¿Qué quieres que hagamos?-

-¿Y las violaciones?- Sasuke lo miró fijamente. Se sorprendió de que le preguntara aquello.

-Desde que estoy al mando han bajado, porque permito atracar en ciertos puertos para que descarguen sus deseos-

-¿Pero ha habido?-lo miraba intensamente.

-Si…-no podía mentirle, no a Naruto. Un ser inocente, juguetón y alegre que había perdido todo por un desliz.

-Bien-se levantó, se dirigió a la puerta y se marchó del lugar sin decir nada. No sabía cómo afrontar aquella situación en aquel momento. Necesitaba refrescar su mente, necesitaba respuestas y el azabache no se las iba a proporcionar. Caminó sin rumbo bajo la tenue lluvia. A lo lejos vio una imponente construcción, con arcos, ventanales enormes con hermosos vidrios que hacían imágenes, cruces y una enrome puerta que se encontraba abierta. Atraído por la arquitectura, decidió entrar en aquel lugar y encontró paz. Nadie estaba allí, solo un anciano envuelto en una larga sotana negra y este a su vez sostenía un libro de igual color.

-Hijo mío-le habló en aquel extraño idioma. El tiempo que había pasado, lo había utilizado para aprender un poco aquel idioma pero no lo suficiente para entender todo lo que le decían.

-Lo siento, no hablar…-intento irse pero el anciano le habló en otro idioma, en su idioma.

-Veo que no eres de por aquí-se sorprendió que alguien a aparte de los piratas conociera su lengua nativa- fui por varios meses al caribe- dijo como explicación- ven-le indicó que se sentara en bancos de madera- ¿Qué es lo que te aqueja?-preguntó con sinceridad. Fue a sentarse junto al viejo y le contó sus pesares. Por una extraña razón, aquel hombre le trasmitía confianza.

-Mis amigos, son hombres que han hecho cosas malas-

-¿Y aún las hacen?-

-Ellos me dijeron que no pero…-

-Bueno, la gente se puede arrepentir de sus pecados. Orar al cielo e intentar ser escuchado- señaló las estatuas de Jesús. Aunque Naruto no la conociera.

-¿La gente puede ser perdonada?-

-Todo el mundo merece una segunda oportunidad, pero va en ellos el ser o no perdonados. Si se arrepienten de corazón y no vuelven a cometer actos malvados, pueden encontrar la salvación- Aquellas palabras iluminaron el corazón apesadumbrado del joven. Si Sasuke le decía que ya no iba a cometer actos de ese estilo y se lo demostraba, podían seguir juntos. Podían ser buenos piratas. Se levantó de un salto, le dio las gracias a aquel hombre y corriendo desapareció por las grandes puertas de la iglesia. Corrió por las vacías calles de Londres, el frío le golpeaba duramente el rostro, la lluvia seguía cayendo, inmutable. Llegó al hotel donde se hospedaban, corrió por las escaleras hasta encontrar la puerta de su habitación. Golpeo frenéticamente hasta que le abrieron. Apareció Sasuke preocupado por el aspecto desaliñado del rubio y este sin perder tiempo le tomó el rostro y le plantó un beso. Un beso con urgencia, donde buscaba la lengua contraria, enredándola con la suya propia.

Cerraron la puerta detrás de sí y con urgencia se fueron sacando las prendas. Sasuke fue acariciando con desesperación aquella piel trigueña que le hacía soñar. Suave, fresca, masculina, la adoraba y quería saborearla. Dejó un camino de besos por aquel pecho, deteniéndose en aquellos botones rosados, erectos por el frío sentido. Naruto gozaba de aquellas caricias, dejando salir pequeños suspiros de sus labios, experimentando lo que había visto durante semanas en el barco. Pero había una diferencia, el azabache era tierno, delicado y pasional. El rubio también quería saborear la piel nívea, por lo que con la fuerza que había ganado pescando y recolectando comida, lo llevó hacia la gran cama que compartían y besó el cuello, mordiendo como un animal, haciendo que Sasuke gimiera por la intromisión. El azabache fue bajando las manos hacia el pantalón sacándolo y dejando al rubio totalmente desnudo. Ahora no había nadie que los interrumpiera, por lo que con tiempo dedico a acariciar aquel miembro que le reclamaba atención. Lentamente fue moviendo su mano y Naruto fue moviendo las caderas. Jamás había experimentado este tipo de placer por lo que se dejó llevar, disfrutando aquella mano experta que sabía moverse exactamente como él quería, aún sin decirle nada. Tan concentrado estaba que no se dio cuenta cuando la mano cambió a una cavidad húmeda, caliente y exquisita. Sasuke había engullido el miembro, saboreándolo, chupándolo y lamiéndolo con alevosía. Y como Naruto era curioso el también quiso intentarlo, así que paró todo movimiento y bajó hasta la entrepierna del azabache, abriéndole el cierre, sacando el glande para metérselo de lleno a la boca. No sabía que hacía pero lo intentó y funcionó ya que Sasuke estaba sonrojado, con la cabeza hacia atrás y soltando pequeños gemidos.

Pero el momento ya había llegado. Sasuke se posiciono arriba del rubio, y con unos dedos, previamente lubricados empezó a introducirse en Naruto. Este sintió dolor e incomodidad, pero no se iba a detener. Por lo que aguantó estoicamente hasta que los dedos tocaron un punto en su interior que le hizo gemir fuertemente. El Uchiha sonrió pícaramente, habiéndose triunfador, ya que había encontrado lo que quería. Sin perder tiempo se fue introduciendo en el cuerpo moreno. Gozando de aquella cálida cavidad que le invitaba y lo succionaba. Espero un tiempo prudente antes de empezar a moverse. Sabía que la primera vez era doloroso—Cortesía de Suigetsu—que creía que debía enseñarle al Uchiha menor sobre aquello. Empezaron las embestidas y la habitación se inundó de sonidos pecaminosos y gemidos fuertes, pidiendo más de aquello. El orgasmo los azotó con fuerza, aturdiéndolos, inundándolos de placer.

Se acostaron, después de limpiar los rastros de semen que habían quedado. Los dos estaban en silencio, no sabían que decir en aquella situación. Naruto tímidamente se fue acercando al cuerpo del pelinegro, lo rodeo con los brazos y se acurrucó en el pecho de este. Sasuke sorprendido por el gesto, no lo negó, al contrario, aceptó el cuerpo canela del joven y lo abrazó. Era suave y era suyo.

Gracias por las personitas que pusieron su comentario, me hacen muy feliz 3