Capítulo 7

La batalla era inminente, el ambiente era pesado, denso y con cierto grado de incertidumbre. Naruto estaba nervioso, ya que desde hace un tiempo había estado ayudando a Itachi en su plan. ¿Pero, qué era lo que Orochimaru quería exactamente? Quería quedarse con el territorio Africano, fuente inagotable de recursos naturales. Ya había convencido al gobernador de la India en mandar a un par de misioneros hacia allá para gobernar a esos salvajes. Poco a poco movía los hilos, por lo que debían actuar rápidamente.

Atracaron el barco en las costas de Calcuta. El calor los golpeo de pronto, las playas eran un horno hediondo. Naruto, por primera vez en semanas pisaba tierra firme y el tan poco acostumbramiento le hizo derrumbarse. Estaba habituado al bamboleo incesante del barco, por lo que aquellas firmes tierras le hicieron perder el equilibrio. Itachi que iba a unos pasos más atrás del rubio, rápidamente corrió en su ayuda, sosteniendo aquel cuerpo menudo.

-¿Estas bien?-

-Sí, ya me acostumbraré- el sol le pegaba de lleno en la nuca. La mezcla de olores le entró ganas de vomitar. Estaba en una tierra tan lejana, tan inhóspita, pero al ver la cara de aquella gente le trajo consigo una sensación familiar. No eran muy distintos de su propia gente, todos morenos, mulatos y con costumbres que la gente de los barcos repudiaban. Ya no tan solo ayudaba a Itachi porque este le había caído bien y había sido el único que le ayudaba. Lo hacía por esa pobre gente, gente que iba a ser explotada por el ruin de Orochimaru.

Entre la multitud vio un hombre, ya entrado en años, con el cabello un poco cano, pero de una contextura corpulenta. Observó aquellos ojos inconfundibles, aquellos oscuros ojos característicos de la estirpe Uchiha y supo con alivio que el plan estaba en marcha. Todos descendieron y fueron al respectivo hotel a descansar y asearse. Orochimaru esa noche tendría una cena con el gobernador, por lo que no estaría presente en sus aposentos—esa es nuestra oportunidad—le dijo Itachi en un susurro y el rubio asintió.

Pero algo más lo esperaba en la India y ese era Sasuke. Inconfundible, estaba en la multitud. Con aquel porte de noble, aquella blanca piel que reflejaba los rayos solares, aquellos ojos ónix que lo miraban con deseo—Naruto—gritó, pero este no respondió. No podía ir con él en este momento, no cuando el plan estaba tan cerca de completarse. Siguió el camino y se perdió entre las calles pobladas de Calcuta.

Orochimaru, acompañado de Kabuto salieron del hotel y no regresarían en por lo menos dos horas. Por lo que Itachi, Naruto y el desconocido de la multitud se reunieron para discutir el plan.

-¿Lograste reunir las cosas?-Preguntaba el hombre.

-Sí, padre-Naruto lo miró sorprendido, encontrándose con el legendario capitán Fugaku Uchiha. Aquel hombre ruin, déspota y causante de todos los pesares de los hermanos.

-Bien, entonces debemos esperar la oportunidad perfecta para entregárselos al gobernador, de seguro que a este no le hará ninguna gracia saberlo-sonrió diabólicamente y al rubio le vino un escalofrío ¿Podría en verdad confiar en aquel hombre?

-¿Y este?-señalo al ojiazul.

-Él fue quien pudo escabullirse sin ser notado en la oficina de Orochimaru- Itachi frunció el entrecejo. Sintieron unos golpes en la puerta y todos se congelaron. Se supondría que el capitán tardaría en llegar. Con miedo, Naruto fue a abrir la puerta. Esta fue abierta con fuerza, con desesperación.

-¡Sasuke!- le sorprendió encontrar al azabache allí en el umbral de la habitación.

-Naruto-sin pensarlo le abrazó. Un abrazo apretado, lleno de sentimientos. El rubio desconcertado, lo aparto de un golpe.

-¿Pero qué haces?-le espetó enojado.

-Vine por ti-

-Yo ya no quiero ir contigo-dio media vuelta y fue al lugar que estaba ocupando, segundo atrás. Sasuke observó la habitación y vio a su padre y a su hermano. Se quedó helado, viendo como dos ilusiones se manifestaban delante de él.

-Padre…hermano…-logró pronunciar algunas palabras, pero sentía la boca pastosa.

-Sasuke-saludó su padre-veo que también estas involucrado en el plan-miró con reproche a Itachi.

-¿Qué plan?-

-Creo que debemos explicarte varias cosas primero-El Uchiha mayor suspiró-cierra la puerta y ven a sentarte- Sasuke hizo lo primero pero aún tenía recelo respecto a su hermano. Miró a Naruto y este hizo un leve asentimiento de cabeza, solo así pudo sentarse y escuchar lo que tenían que decirle.

Habían decidido que la tercera noche era propicia, ya que el gobernador se encontraría en una fiesta y Orochimaru no tenía el suficiente poder para impedir que ellos asistieran. Fugaku había sido el pirata más importante de esos lados, Itachi era la mano derecha de Orochimaru y Sasuke era el actual capitán de la flota Uchiha. La arena esperaría a los alrededores, para impedir de que ningún tripulante de serpiente se metiera y echara a perder el trabajo de meses.

Escogieron sus mejores galas, poniéndose intrincados trajes que Naruto no comprendía, pero que debía lucir en aquella ocasión. Se enfundó un traje de etiqueta color burdeos que hacía resaltar sus cabellos rubios. Estaba guapísimo y Sasuke lo había notado, pero ellos no habían tenido la oportunidad de hablar. Más bien el rubio rehuía de Sasuke, no quería saber nada de él. Todavía le dolía el abandono, el ser desechado cual basura.

Aún tenían algo de tiempo antes de ir a la fiesta. Sasuke quería arreglar las cosas pero tenía miedo de que después no pudiera hacerlo. Esta operación era de vida o muerte, sabía que Orochimru no sería derrotado sin que este diera pelea. Muchos iban a morir o peor, alguno de los dos podía morir. Por lo que se armó de valor y empezó a hablarle al rubio.

-Naruto…-

-…- pero no obtuvo respuesta.

-Sé que debes odiarme y no te culpo-empezó- pero no quise que nada de esto pasara. Yo nunca quise que te raptaran-

-No, solo quisiste deshacerte de mí- había rabia en cada palabra. Sasuke estaba harto de esa situación por lo que no lo pensó dos veces. Se acercó al menudo cuerpo canela del chico y le abrazó por detrás. Hubo resistencia por parte del rubio, pero este no dio su brazo a torcer.

-Naruto ¿Cómo puedes pensar eso? Desde que te vi, que quise que vinieras conmigo. No quiero deshacerme de ti ni nada por el estilo, es solo que a ver visto a mi hermano fue un tremendo golpe. No sabía que estaba con la flota de Orochimaru-dijo en susurro en la oreja del rubio. Este se estremeció por la delicadeza de las palabras y la cercanía del cuerpo contrario.

-¿Seguro que solo fue por tu hermano?-estaba cediendo. Su cuerpo empezó a relajarse y ya las palabras no sonaban con tanto enojo.

-Seguro, por eso vine a buscarte- las palabras le acariciaban la nuca, como el viento primaveral en su pueblo natal. Cerró los ojos al recordar aquella exquisita brisa que se colaba por sus cabellos y se los desordenaba. Abrió los ojos, tomando una decisión. Se dio vuelta, quedando cara a cara a Sasuke y le tomó el rostro en sus manos. Manos fuerte, masculinas, ásperas, cálidas. Acercó sus labios a los labios de Sasuke y deposito un cándido beso en ellos. Un toque de pétalo. Sasuke correspondió aquel gesto, profundizando el beso, deseando encontrarse con aquella lengua que le hacía suspirar. Se separaron con el aliento agitado.

-¿Eso significa que me perdonas?-

-Te perdono, pero si vuelve a suceder me iré para siempre-volvieron a unir sus labios. Pero esta vez con deseo contenido, con la pasión que guardaron en sus corazones en esas semanas que no se vieron. Sus cuerpos buscaban el candor del otro, acariciando por encima de la ropa. Sabían que el tiempo que tenían era limitado, por lo que aprovecharon el máximo. Se separaron y salieron de la habitación. Ya era hora.

Era un salón amplio, lleno de mesas con exquisitos manjares y delicada cristalería. Los mayordomos pasaban alrededor sin ser notados, trayendo lo que el huésped quisiera. Orochimaru charlaba amenamente con la gente, que llevaban trajes estrafalarios, lleno de encajes, plumas y joyas exuberantes. Al ver entrar a la prole Uchiha quedó de piedra. No se esperaba ver allí a Fugaku ni Sasuke ¿Qué es lo que tramaban? El gobernador los recibió gustoso, indicándole con una mano a un mesero que les trajera una bebida. Naruto puso una cara amarga al probar un brebaje extraño de una copa fina.

-No esperaba verlo aquí, señor Fugaku-le contaba a los invitados las hazañas que había hecho aquel capitán en sus años de servicio y como Sasuke había cumplido las expectativas de todos llevando de manera implacable la tropa Uchiha.

-Pero vasta de adularme, mi hijo tiene algo que decirle-Itachi, con una reverencia saludó al mundo presente y le entregó un pequeño sobre a gobernador. Este desconcertado, lo abrió y sus ojos se abrieron de par en par. Enojado fue hacia donde se encontraba Orochimaru y le tiró el sobre a la cara, incriminándole su deslealtad.

-¿Cómo te atreves pirata de cuarta? ¿Qué nos quieres vender a la corona Española? ¿Estás loco? Somos fieles seguidores de la reina Victoria de Inglaterra y jamás nos doblegaríamos por esos zánganos-todo el mundo se quedó callado, expectante por aquel enfrentamiento.

-Te quitaré todo el poder que posees y nadie te ayudará con tu propósito en África. Le diré al rey que te despoje de tus atribuciones y que seas buscado por traidor- Orochimaru estaba pálido y desconcertado. Miró a los Uchihas y vio como una gran sonrisa de satisfacción se presentaba en el rostro de los tres azabache. Indignado mandó a llamar a sus tripulantes para hacer un motín contra el gobernador, pero no contaba con que la Arena y la tripulación de Sasuke se hubieran adelantado matando a todos y cada uno de ellos. Lamentablemente de los dos bandos murieron personas y se libró una gran batalla, pero los Uchihas salieron vencedores. Los guardias reales vinieron a apresar a Orochimaru y a Kabuto. Estarían en la cárcel de por vida.

Todos celebraron con cervezas, mujeres y deliciosos platos. Reían y bromeaban respecto a la flota serpiente y su deshonroso final. También honraban la muerte de sus compañeros caídos quemando un poco de incienso para que sus almas encontraran el camino al más allá. Rock lee hablaba animadamente con su amigo, Naruto y le contaba maravillas de su nueva vida.

-Es un hombre maravilloso-reían cuchicheando.

-¿Y tú como estas Naruto? ¿Tienes a alguien que te gusta?-la pregunta lo agarró por sorpresa. No se había planteado aquello ¿Le gustaba Sasuke? ¿Su trato era tan solo carnal? ¿Lo amaba? Con aquellas dudas atormentándole el corazón, desvió su mirada hacia dónde se encontraba el azabache, que hablaba afablemente con su hermano, recuperando el tiempo perdido. El corazón le latía a mil por hora, las mejillas se sonrojaron y la respiración empezó a hacerse más rápida. Lee miró la dirección donde el rubio posó su mirada y encontró a su antigua capitán. Sonrió entendiéndolo todo.

-Tienes que decirle-

-¿Decirle el que?-desvió la mirada rápidamente.

-Que te gusta-

-Yo…-estaba nervioso.

-¿Piensas que él no te va a corresponder? ¿Ya han estado juntos?-

-Pero solo puede ser carnal-bajó la mirada avergonzado.

-Mira, yo estuve mucho tiempo al lado de Sasuke y el jamás tuvo ese trato con nadie. Por lo que algo debe sentir por ti-aquellas palabras hicieron que su corazón se calmara un poco.

-¿De verdad?-

-Sí, todos los demás han tenido sexo entre ellos o con una mujer por allí, excepto el-

-Gracias-le tomó las manos en un gesto de gratitud. Aquellas palabras le indicaron que debía hacer y qué pasos seguir. Se levantó y se dirigió al lado de Sasuke, le susurró unas palabras en el odio y los dos se excusaron para ir a un lado más privado. Lee observó toda la escena con un aire divertido.

-¿Qué es lo que ves?-Gaara llegó a su lado, sentándose junto a él.

-El amor-recostó su cabeza en su hombro. El pelirrojo no entendió las palabras de su esposo, pero recibió su cuerpo gustoso, abrazándolo.