¡Hola! Bueno realmente no se si alguien leerá esto puesto que han pasado muchos años :O pero tenia esto en mis archivos y me dije... ¿Porque no subirlo? han pasado años así que no sé si abra alguien de los que leyeron la historia original aún por aquí xD igual si alguien la lee espero les guste. Han pasado muchas cosas en mi vida que me alejó un poco de la escritura pero quiero volver a retomarla por eso les traigo esta historia de nuevo. lamento los errores y espero les guste y también deseo que estén bien en medio de todo este caótico año. un abrazo.
Capítulo 1:
Eran exactamente las cinco de la mañana cuando sonó el reloj y como de costumbre ya estaba despierto. Alargué el brazo para apagar el aparato digital que no hacía más que irritarme ¿Por qué siquiera colocaba la alarma? Era una costumbre innecesaria pero difícil de dejar, al parecer era un poco masoquista.
Aparté las sábanas para salir de la cama, quedándome sentado en la orilla por un momento. Seattle se divisaba en el gran ventanal de mi habitación, el cielo oscuro, tan oscuro como mi humor últimamente dejando a las luces artificiales iluminan la ciudad. Fui directamente al baño, tomé un poco de agua fría y me la eché en el rostro. Miré el espejo el cual me devolvía la visión de mi rostro, mis ojos grises reflejaban la carente emoción por comenzar un nuevo día de monotonía. Tomando más agua, me pasé las manos por el cabello cobrizo peinándolo hacia atrás humedeciéndolo completamente, me miré al espejo de nuevo tendría que pasar pronto por el salón necesitaba un corte, estirando mi cuerpo salí del baño para comenzar la rutina.
Entré en el armario directo hacia la cómoda de la esquina donde guardaba las toallas, saliendo a la habitación abrí la primera gaveta de la mesa de noche en busca de mi Ipod y me encaminé a la cocina. Todo estaba oscuro. Gail y Taylor no se despertarían hasta dentro de media hora. Abrí la nevera en busca de una botella de agua, bebí un poco y me encamine al gimnasio que tenía en el departamento.
Mi rutina diaria comenzaba con ejercicios. Era un poco vanidoso, no mentía sobre ello. Me gustaba verme bien la apariencia era lo único bueno que quedaba en mi, si estabas destrozado por dentro al menos que no se note por fuera y siendo el hijo de una prostituta y un proxeneta estaba jodido desde el nacimiento. Me coloqué los audífonos y encendí la caminadora. El sonido de Metallica, comenzó a inundar mi cabeza.
Unos minutos después pude sentir el esfuerzo de mis piernas, mis muslos se contraían por el esfuerzo y yo saboree cada gramo de dolor. Aumente mi ritmo al de la velocidad de la máquina, mi corazón comenzó a latir rápidamente, golpeando mis costillas, mientras las canciones pasaban una después de otra, no supe cuanto tiempo estuve corriendo y no me importaba, mis muslos estaban doloridos pero podía seguir, aun no había alcanzado mi límite, había desarrollado resistencia y aun me quedaba mucha de ella.
Sentí una mano posarse en mi brazo, voltee para ver a Gail; su cabello rubio estaba recogido y sus ojos azules me miraban con afecto. Apagué la máquina de correr y tomé la toalla para secarme el sudor, me quité los audífonos para escuchar a mi ama de llaves.
—Señor Grey, ya tiene la ropa en la cama ¿Desayunará de una vez?
—No, iré a tomar un baño primero.
Gail asintió y salió del gimnasio, tomé la botella de agua para tomar lo que quedaba, respirando profundamente para calmar mi corazón, latía tan rápidamente que podía sentirlo en mis cien. Me quedé sentado en la caminadora un momento mientras los efectos del ejercicio bajaban antes de orientarme a mi habitación y tomar un baño.
Terminé de hacer el nudo de la corbata, tomé mi saco junto a la carpeta que me había traído para analizar los puntos más importantes de la reunión que sostendría hoy antes de bajar hacia la cocina. Taylor terminaba de desayunar cuando llegue.
—Buenos días, Señor Grey.
—Buenos días, Taylor. Ve preparando el coche, me gustaría llegar cuanto antes.
—Enseguida, Señor.
Se encaminó hacia su mujer que terminaba de servirme el desayuno para besarla antes de salir. Gail dejó el plato con huevos fritos, tocino, panqueques y unas salchichas. Sirvió el jugo y el café para después tomar su tasa; tomé el tenedor y como siempre la boca se me hizo agua ante la comida que preparaba esa mujer.
—Usted debería de tomar vacaciones. —Comentó después de unos minutos de silencio.
Alcé una ceja pasando un bocado con un poco de jugo — Sabes que tengo mucho que hacer en la oficina, no puedo irme.
—Lo sé, pero aun así debería.
No dije nada más y terminé de comer mi desayuno en silencio. Todas las mañanas repetía lo mismo, pero nunca me detenía a pensarlo. Tal vez no era una mala idea, si buscaba una buena compañera de viaje podría distraerme un poco de toda la monotonía que últimamente amenazaba con aplastarme. Agradecí por el desayuno. Me puse el saco antes de tomar el ascensor, Taylor me esperaba con la puerta trasera del Audi abierta.
El tráfico estaba insoportable esa mañana. El sonido del claxon estallando alrededor cada dos minutos iba a volverme loco. No podía concentrarme en los papeles que tenía en mis manos, tenía una reunión en una hora y lo que menos tenía era algo en concreto sobre esta.
—Taylor, corta camino.
—Sí, señor.
Taylor maniobró el Audi para salir de la fila en la que estábamos, tomando el callejón a la derecha. Suspiré con alivio, pensando que podría por fin centrar toda mi atención en aquellos documentos cuando el coche frenó de repente, alcé la vista hacia el espejo retrovisor encontrándome con la de mi chofer.
—Taylor. —Gruñí.
—Lo siento, señor. Un peatón cruzó antes de tiempo y tuve que detenerme. Cayó al suelo, no sé si esté herido.
Maldije mientras me quitaba el cinturón, lo único que me faltaba era tener que ir corriendo al hospital por herir a alguien. Al ver la pequeña figura de una mujer tirada en el suelo signo de la aparatosa caída, suspiré con pesadez. Algo de alivio me invadió al estudiarla al menos físicamente no estaba herida. Me incliné para tomar su brazo y ayudarla a levantarse.
— ¿Se encuentra bien? —pregunté
El enojo se fue tan rápido como había llegado cuando alzó la cabeza y pude divisar esos preciosos ojos azules. Su pequeño rostros estaba conmocionado supuse por el susto que se había llevado. Sus mejillas poseían un rubor natural, sus largas pestañas elevada sin una sola gota de rímel y esos labios rosados sin rastros de lápiz labial ¡Joder! Esa mujer era natural cien por ciento y era preciosa. Esperé a que respondiera pero no lo hacía, estaba tan seguro que era mi apariencia la que no la dejaba, le tomó unos minutos reaccionar pero finalmente se puso de pie.
—Yo… —Titubeó
— ¿Está usted bien? ¿Le duele algo?
— ¿Eh? –Preguntó confundida— No, no se preocupe. Estoy bien.
— ¿Está segura? ¿No se lastimo? –Insistí, no quería que ocultara si le dolía algo, era mejor llevarla al médico.
—De verdad estoy bien, no tiene de qué preocuparse… -me aseguró.
Solté un suspiro de alivio. —No sabe cuánto me alegro, ya me veía llevándola al hospital… Debería poner más cuidado al cruzar la calle.
—Sí. ¡Dios, cuanto lo siento!
Sonreí ante el bonito rubor que se intensificó en sus mejillas —Bueno, ya no importa. Usted está bien y no paso nada grave. –Comenté sin dejar de mirar esos ojos que parecían no querer apartarse de mí, lo más perturbador era que compartía el sentimiento. La bocina de uno de los coches comenzó a sonar, pidiendo que nos moviéramos. —Entre al auto, La llevare…
Ella me miró con el ceño fruncido y supuse que iba a discutir, lo cual me pareció sensato ya que era un desconocido y por como actuaba estaba seguro de que no tenía idea quien era yo, eso me alivió. Tomó unos minutos que se decidiera, justo cuando iba a decirle que podía confiar en mí se movió al auto y entró en el asiento trasero.
—Él es Taylor, mi chofer… —Él le dio un asentimiento en respuesta— Mi nombre es Christian Grey, ¿y usted es? -pregunté, mientras tomaba su mano.
—Anastasia Steele.
El pequeño escalofrío que recorrió mi cuerpo cuando la toqué la hizo estremecer, haciendo que retirara la mano con mucha rapidez. Por alguna razón no podía dejar de mirarla ¿me la pasaría rodeado de tanto plástico que una belleza natural me había asombrado? Podía ser, mis conquistas eran en su mayoría modelos y Actrices. Una vez había cometido el error de involucrarme con alguien del trabajo pero era algo que nunca más volvería a repetir. Era un poco interesante ver los diferentes cambios de su rostro mientras parecía debatirse entre algo, mordió su carnoso labios rosado y fue la señal de que había mirado demasiado.
—Bien, señorita Steele. ¿A dónde se dirige? — Pregunté
—A Coffee Express, está a tres cuadras de aquí…
—Taylor, vamos a llevar a la señorita primero. –Anuncié.
—Sí, Señor
Nunca había escuchado de aquella cafetería pero estaba en una parte de la ciudad que jamás visitaba. Miré el uniforme que tenía, aquellos vaqueros abrazaban sus largas piernas. Algo me decía que tenía muy bonitas piernas, unas bonitas piernas que se verían realmente bien enredadas en mi cintura. La señorita Steele parecía muy joven lo cual me hizo suponer que trabajaba en la cafetería para pagar las cuentas de la universidad.
El ambiente se tornó un poco incomodo y no supe como tomar aquel pequeño suspiro cuando Taylor aparcó frente a la cafetería. Miré por la ventana la fachada nada atractiva del local ¿Realmente ganaba algo en ese lugar? No creía que el sueldo fuera tan alto, mucho menos las propinas. La sentí moverse, mi vista viajó hacia ella antes de que volviera a mirarme con aquellos preciosos ojos era lo que más me gustaba de su rostro, aunque sus labios le daban una fuerte competencia.
—Muchas Gracias por traerme, Señor Grey; y disculpe todas las molestias.
—No ha sido molestia, señorita Steele —Me moví en el asiento acercándome hasta ella—. De hecho, me apetece mucho una buena taza de café. —Dije sin detenerme a pensar— Da una vuelta cerca de aquí, Taylor.
— ¿Señor? —Preguntó Taylor extrañado, su tono de voz era exactamente igual de asombrado como yo me sentía.
—Mantente cerca, te llamaré cuando termine.
—Sí, Señor. –Respondió
—Muchas Gracias por traerme, Taylor. –Le dijo ella con una sonrisa.
—Ha sido un placer, señorita Steele.
Bajé después de ella siguiendo sus pasos hacia el local que por más que lo veía seguía sin serme atractivo. Por dentro la pequeña cafetería no mejoraba, era un espacio pequeño pero el olor del café no estaba mal, supuse.
—Tome asiento. Enseguida lo atiendo, señor Grey.
—Me gustaría sentarme en la barra, señorita Steele. –Murmuré.
Caminé delante de ella hacia la barra, si me había quedado aquí era para tratar de conocer a la pequeña chica un poco más y no lo haría sentado en una mesa. Fui consciente de cada una de las miradas que se posaron en mí pero no me detuve a mirar a nadie mientras tomaba asiento en uno de los taburetes.
Una chica de largo cabello negro se acercó, sus ojos brillando con reconocimiento. Era una de esas miradas que me daban las mujeres cuando conocían mi posición y sabía lo que querían de mí — ¿Qué te puedo servir? — Su coqueteo fue tan malo que casi me eché a reír.
—No tiene por qué molestarse, la señorita Steele me atenderá… -Corté con educación.
La chica frunció el ceño mirando con disgusto hacia donde estaba la señorita Steele, que se había quedado en su lugar mirándonos. Sus ojos parecían emocionados lo cual me confundió no creía que era por el rechazo a la chica, pero al ver su sonrisa y la mirada de desdén que le daba la mujer frente a mi supe que esa era la razón.
—Ana, te solicitan. —mustió con rencor.
La señorita Steele pareció salir de sus pensamientos y se encaminó hasta llegar a la pequeña puerta de la barra. La miré divertido al notar que mi rechazo hacia su compañera parecía haberle hecho el día y por alguna razón me sentí bien con eso.
— ¿Qué puedo servirle? –Preguntó con una sonrisa cordial. Dios, ella podía servirme de muchas formas y en muchas posiciones también. Me reprendí mentalmente por ese pensamiento, no estaba bien fantasear con la pequeña chica frente a mí.
—Un Expresso, por favor y unas Galletas.
Asintió con la cabeza, caminando hasta la maquina. En una taza de porcelana blanca sirvió el café, luego tomó las galletas de la bandeja que se veían poco atractivas y las dejó en un plato, con cuidado los sirvió frente a mí. Tomé la taza esperando que fuera un buen café.
— ¿Hace mucho que trabaja aquí? –pregunté luego de probar la infusión. Afortunadamente sabía bien.
—Unos Cuatro años…
— ¿Qué edad tiene?
—Mmm… Diecinueve —respondió dudosa, lo que llamó mi atención.
— ¿Estudia?
— ¿Es esto un interrogatorio, señor Grey? —Preguntó desconcertada. Su pequeño ataque de pánico capto totalmente mi interés, era una mujer muy reservada incluso aun sabiendo que podía ser porque fuera un desconocido su reacción no era del todo normal ¿Qué podría pasar para que estuviera tan a la defensiva?
—No, para nada. Disculpe si lo ves así —Dije para tratar de tranquilizarla. Tomé una de las galletas y me la llevé a la boca tranquilamente. Su rostro pareció relajarse por lo que su repentino ataque de pánico debía estar pasando. Mi teléfono comenzó a sonar, deje la taza de café en el platillo y lo saqué del bolsillo del pantalón—. Grey —respondí
—Señor, lamento molestarlo… —habló Andrea, mi secretaria desde el otro lado de la línea— La reunión comienza en media hora y me preguntaba si estaba de camino.
—. Si, voy en camino —Miré el reloj, el tiempo se me había pasado volando— en media hora estoy ahí. —Comenté, llegaría justo a la reunión y aun no había revisado nada de los papeles. Colgué para buscar enseguida el número de mi chofer—. Taylor ven a recogerme —Después de colgar Terminé el café y lo dejé en la bandeja. — ¿Cuánto debo, señorita Steele?
—Son Veinte dólares —asentí sacando un billete de Veinte y otro de Cien dólares, me miró con la boca abierta cuando se los pasé
—Quédese con el otro billete, señorita Steele. Se merece una buena propina —Desde afuera escuché el claxon del Audi—. Ese es Taylor, ha sido un verdadero placer conocerla. Nos veremos mañana…
Tomé las otras galletas que quedaron con una servilleta y me despedí con un asentimiento antes de salir del local. Taylor, ya estaba de pie junto al coche, abrió la puerta y entré enseguida. Miré las galletas en mi mano y reí inclinándome para dárselas a Taylor cuando entró en el auto.
—¿Qué tal estuvo el café, Señor? —Preguntó tomando las galletas.
—Interesante… muy interesante. Tal vez vuelva por otra taza de café mañana.
Y por la enigmática señorita Steele. Definitivamente tenía que volver a verla.
Continuará…
