Disclaimer: Todos los personajes presentados en esta historia son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment, obra creada sin fines de lucro.
Lo que necesita es un amigo
Adrien despertó en la mañana, con un humor completamente renovado, haber podido hacer las paces con Kagami y dejar en claro la situación de su relación, y las verdaderas intenciones de sus emociones, había sido liberador, casi tan liberador como revelarle su verdadera identidad a la japonesa, Adrien siempre fue una persona solitaria, por eso se aferra con tanto ímpetu a su vida escolar, por eso amaba ser Chat Noir y compartir batallas con Ladybug y el resto de los héroes, pero si bien tener sus dos vidas sociales separadas le resultaba satisfactorio, el poder contar con alguien que lo apoyara, con y sin la máscara, lo hacía sentir por primera vez genuinamente completo.
-Levántate Plagg, o se nos hará tarde. Demandó Adrien mientras terminaba de alistarse para la escuela.
-Tu entusiasmo matutino es odioso niño. Se quejó el kwami mientras se escondía en el bolsillo del modelo.
Una vez listo Adrien se dispuso a bajar las escaleras de la mansión para dirigirse al comedor y tomar su desayuno.
-Buenos días Nathalie, ¿Qué hay para desayu… El joven Agreste no logró completar su oración, ¿La causa? Una inusitada sorpresa, ¿La razón? Su propio padre se encontraba sentado en la mesa bebiendo un café, mientras contemplaba su tablet.
-Buenos días Adrien. Respondió simplemente Gabriel mientras mantenía su vista fija en su tablet.
-Buenos días padre, ¿Desayunaras conmigo hoy? Preguntó con ilusión el modelo.
-Sabes perfectamente que mi trabajo me mantiene muy ocupado y no me permite darme el lujo de esas trivialidades. Contestó el diseñador mientras le daba un sorbo a su café.
-Entiendo. Soltó simplemente el rubio intentando, fútilmente, ocultar su decepción.
-Lo cierto es que hay algo que necesito informarte. Expresó Gabriel.
-¿De que se trata? Pregunto Adrien mientras comenzaba a comer su desayuno sin demasiado interés.
-Hoy tienes una sesión de fotos muy importante en cuanto salgas de clases. Resaltó el patriarca Agreste.
-Lo sé, Nathalie me hablo al respecto, y ya hice la prueba de vestuario ayer por la tarde. El portador del kwami de la destrucción se mostraba sumamente alicaído, mientras le confirmaba a su padre que era consciente de sus obligaciones.
-Para cuando regreses de la sesión Nathalie y yo no estaremos en casa. Soltó con una abrumadora naturalidad el diseñador.
-¡¿Qué?! ¿Por qué? Pregunto impactado el modelo.
-Adrien controla tus emociones, tengo que realizar un viaje para presentar unos diseños. Riñó Gabriel mientras miraba fijamente a su hijo, dejándole en claro que desaprobaba su intempestuosa reacción.
-Lo siento mucho padre. El modelo simplemente bajó su mirada amedrentado por la reprimenda de su progenitor.
-Nos iremos esta tarde y no volveremos hasta el domingo al anochecer. Detalló el diseñador, demostrando que daba por zanjada su anterior crítica a su hijo.
-¿Entonces estaré solo todo el fin de semana? Ni siquiera el propio Adrien daba crédito a su capacidad para ocultar su entusiasmo, mientras le realizaba esa pregunta a su padre.
-No seas ridículo, de ninguna manera te dejaría solo una noche, mucho menos durante tres días, tú guardaespaldas se quedara aquí y tú estarás a su cargo, deberás obedecerlo completamente, ¿Entiendes Adrien? Exclamó Gabriel haciendo gala de su afamado estoicismo.
-Por supuesto padre, no tienes nada de qué preocuparte. El modelo no cabía en sí de emoción, si bien es cierto que hubiera preferido tener absoluta libertad, burlar a su guardaespaldas no era un reto para Adrien Agreste, y poco más que un juego de niños para Chat Noir.
-Bien, será mejor que te vayas a la escuela antes de que se te haga tarde. Ordenó el diseñador mientras se levantaba de la mesa y le daba la espalda a su hijo, a la par que se dirigía a su estudio.
-Sí, será mejor que me vaya ahora, adiós padre y que Nathalie y tú tengan un buen viaje. Se despidió el rubio mientras se encaminaba a la puerta principal.
-Nada bueno puede salir de un compromiso inevitable. Exclamó Gabriel pese a que su hijo ya se había retirado de la mansión.
Marinette corría tan rápido como le permitían sus piernas, una vez más se veía obligada a terminar su croissant de desayuno en plena calle, una vez más recorría el parque frente a su escuela a toda velocidad, una vez mas estaba llegando tarde a clases.
La franco-china llegó a duras penas antes de que la maestra ingresara al salón, se dispuso a ocupar su asiento mientras iba relajando poco apoco su agitada respiración, y procedió a saludar a su mejor amiga.
-Buenos días Alya. Comentó la diseñadora mientras sonreirá.
-Chica te juro que aún no consigo comprender como sigues llegando tarde viviendo a una calle de la escuela. Exclamó divertida la bloguera.
-Es que estuve despierta hasta muy tarde trabajando en unos bocetos. Mintió Marinette, lo cierto es que su charla con Kagami le había vuelto imposible conciliar el sueño, hasta bien entrada la madrugada.
-Hola Marinette, me alegra que hayas podido llegar a tiempo. La saludo gentilmente Adrien.
-Ho-hola Adrien, a mí también me alegra que hayas podido llegar a tiempo, quiero decir que yo haya podido llegar a tiempo, claramente tu llegaste antes de tiempo, ¡No es que sea malo llegar antes de tiempo!, quiero decir adoraría poder llegar contigo, ¡No contigo como juntos!, sino al mismo tiempo que tu. Marinette se reprendió mentalmente por su incoherente respuesta, definitivamente le resultaba imposible actuar como una persona normal ante el modelo, mucho menos tan temprano en la mañana.
Adrien se limito a mirar a la diseñadora con una marcada confusión, si bien le alegraba que ella le hubiera confirmado que le agradaba ser su amiga durante su visita al museo de cera, la particular forma de actuar que tenia para con él seguía descolocándolo.
La maestra Bustier ingreso al salón y dio comienzo a la clase.
Ni Adrien ni Marinette pudieron prestar atención a la lección que se les fue impartida, ambos tenían sus mentes concentradas en algo completamente diferente, el rubio no paraba de realizar planes para poder disfrutar su fin de semana de libertad, aunque terminaba por descartar cada uno de ellos, la falta de costumbre le impedía decidir cuál sería la forma más optima de disfrutar de los próximos tres días, y necesitaba que fueran perfectos, después de todo no sabía con certeza cuando se le volvería a presentar una oportunidad como esta, mientras que la chica de las coletas seguía acongojada por la reacción de Kagami, sabía perfectamente que la japonesa no toleraría la idea de que sintiera lastima por ella, pero le resultaba imposible no hacerlo, especialmente después de haberla visto llorar, a si mismo también estaba preocupada por como Adrien se sentía con respecto a lo que pasó, aunque la naturalidad que el modelo exhibió al saludarla le resultó intrigante.
Una vez finalizada la clase los alumnos se dispusieron a levantarse de sus asientos, Adrien estaba a punto de hacer lo mismo, hasta que fue interrumpido por la presencia de Lila frente a su asiento.
-Adrien no sabes cuánto lamento lo que pasó. Exclamó la italiana con un tono de tristeza.
-¿A qué te refieres Lila? Pregunto simplemente Adrien.
-Me refiero a lo de tú y Kagami, es tan triste que ustedes hayan terminado tan pronto. Respondió Lila haciendo un particular énfasis la noticia de su rechazo, con el objetivo de atraer la atención del resto de sus compañeros, cosa que logró sin ningún inconveniente.
Tanto el modelo como la diseñadora se quedaron congelados en sus asientos, no podían creerlo que habían oído, de entre todas las personas ¿Cómo era posible que fuera justamente Lila laque se había enterado de lo que sucedió? y más importante aún, ¿De qué manera lo había hecho?
-¿Amigo es eso cierto? Preguntó confuso Nino.
-¿Cómo lo sabes? Inquirió Adrien ignorando la pregunta de su amigo.
-Eso no importa Adrien, lo único que importa es como te sientes al respecto, estoy segura que debió haber sido muy duro para ti tener que rechazarla. Comentó la italiana mientras evadía la pregunta.
-Adrien, ¿Tú rechazaste los sentimientos de Kagami? Preguntó Rose con una clara expresión de tristeza.
-No, bueno si, pero lo que paso fue… El rubio no logro terminar su descargo porque se vio interrumpido por la hija del embajador.
-Chicos no sean tan duros con Adrien, todos sabemos lo dulce y gentil que es, además hizo lo correcto, no tenia caso estar en una relación en donde las dos partes no sintieran lo mismo. Interrumpió Lila antes de que el modelo pudiera justificarse.
-Lila tiene razón. La apoyo Alya.
-No te sientas mal por haberla rechazado Adrien, de todas formas mereces a alguien mejor, no a una chica temperamental y sin amigos que ni siquiera es capaz de expresar sus emociones como una persona normal. Soltó la flamante modelo de la marca Gabriel, mientras enmascaraba con empatía el veneno que soltaba hacia la japonesa.
-¡No te atre… Una vez más Adrien fue interrumpido.
-¡No te atrevas a hablar así de Kagami, ella es una excelente persona y tú no tienes ningún derecho a insultarla de esa forma! El joven Agreste giró en la dirección dónde provino esa voz, grande fue su sorpresa al ver a Marinette de pie y con sus brazos firmes a los costados de su cadera, sus puños estaban cerrados y sus ojos reflejaban un enorme desprecio hacia la italiana.
-Pero Marinette ¿No fuiste tú quien intento sabotear a Kagami no una sino dos veces para que no estuviera con Adrien? Inquirió Lila dándole rienda suelta a su malicia.
La diseñadora se quedó metafóricamente de piedra, no había forma de que la italiana supiera eso, solo dos personas estaban al tanto de toda esa información, y Marinette estaba más que segura que la esgrimista no le había dicho una palabra al respecto a Lila.
-¡¿Tú se lo dijiste?! Le reclamó vehementemente a su mejor amiga.
-Si lo hice, pero no es la gran cosa chica. Le restó importancia Alya.
-¡¿Qué no es la gran cosa?! ¡Kagami confió en mí para contarme lo que paso, y solo te lo dije porque necesitaba tu opinión no para que se lo dijeras a esa víbora mentirosa! Explotó la diseñadora mientras señalaba a la italiana.
-Marinette, por favor no te enfades con Alya, ella simplemente confió en mí como su amiga. Acotó Lila mientras sonreía inocentemente.
-¡Cállate! Tú no eres su amiga, ¡Yo soy su amiga!, tú no eres la amiga de nadie, ¡Solo eres una mentirosa sin remedio! Gritó Marinette, descargando toda la frustración que sentía en contra de la modelo.
-¡Marinette!, ¿Cómo puedes ser tan mala conmigo? Lo único que siempre he intentado es ser tu amiga, pero tú solo te dedicas a atacarme e insultarme sin razón. Replicó Lila mientras comenzaba a llorar.
-¡¿Cómo te atreves?! ¡No eres más que una… La diseñadora fue interrumpida al oír un golpe sobre su escritorio.
-¡Marinette Dupain Cheng! ¿Por qué actúas así con Lila? Ella nunca te ha hecho nada malo a propósito, es más si te molesta que ella sepa lo que paso con Kagami, no deberías haberlo comentado en primer lugar. La regañó la bloguera, mientras se apresuraba a abrazar y consolar a la hija del embajador.
-Solo te lo conté a ti, porque pensaba que podía confiar en mi mejor amiga, ¡Pero ahora veo que estaba equivocada! Luego de soltar ese último grito, Marinette tomó sus cosas y se dirigió a la salida de la escuela, no estaba dispuesta a seguir soportando a la italiana por el resto del día.
La chica de las coletas recorría los pasillos de la escuela dando fuertes pisadas a cada paso, ella sabía que Lila estaba determinada a hacer su vida imposible, y aunque Alya siempre le demostró tener una fe ciega en las palabras de la italiana, no esperaba que la considerara alguien tan cercano como para contarle los secretos que ella le había confiado, odiaba huir de una pelea con o sin mascara ella siempre prefería hacer frente a las injusticias, pero Lila ya había estado a punto de akumatizarla dos veces, no podía correr el riesgo de que lo hiciera una tercera vez, mucho menos que ahora sin el maestro Fu ella tenía la responsabilidad de cuidar de todos los miraculous.
Faltaban unas horas para que terminaran las clases, así que no podía ir a casa, a menos que quisiera tener que darle explicaciones a sus padres, y ya bastantes excusas tendría que dar el próximo día de clases para justificar su fuga de hoy, al menos era viernes y contaba con tres días para pensar en algo que le evite, a ser posible, muchos problemas, decidió dirigirse a la orilla del Sena, el mismo lugar donde hace apenas un día había hablado con Kagami, comenzó a respirar pausadamente para intentar recuperar su compostura.
-¿Te encuentras bien Marinette? Le preguntó preocupada su kwami.
-No Tikki, pensé que no había nada peor que las mentiras de Lila, pero ahora me doy cuenta que es mucho más doloroso cuando dice la verdad. Contestó Marinette, terminando de relajarse de una vez por todas.
-Sé que es muy duro, pero tienes que ser fuerte, no olvides que ahora eres la guardiana de los miraculous. Le recordó Tikki a su portadora.
-Soy consciente de eso, pero el hecho de que Alya haya traicionado mi confianza fue demasiado para poder seguir soportándolo, además…Marinette vio interrumpida su frase cuando escucho que la llamaban.
-¡Marinette! La diseñadora se giró en dirección de la voz, y se sorprendió al ver a Adrien corriendo en su dirección.
-¡¿Adrien?! ¿Qué haces aquí? La diseñadora estaba tan desconcertada por la aparición del rubio, que ni siquiera podía actuar con su típica timidez frente al chico.
-Salí de la escuela cuando te fuiste, estuve siguiéndote todo el camino hasta aquí. Contestó el modelo.
-¿Por qué lo hiciste? Preguntó sumamente confundida la franco-china.
-Necesitaba hablar contigo, ¿Qué fue lo que paso hoy en el salón? Inquirió el joven Agreste.
-Yo…yo… ¡Lo siento tanto!, todo fue mi culpa, me encontré con Kagami ayer y me contó lo que pasó entre ustedes, y cometí el error de decírselo a Alya, no esperaba que ella acabara contándoselo a Alya, ¡Te juro que no era mi intención que todos lo supieran! Marinette no pudo soportarlo más y comenzó a llorar, soportar la angustia que sentía frente a Lila, Alya o Tikki era una cosa, pero con Adrien le resultaba imposible.
-Está bien, no te preocupes, sé que no lo hiciste con mala intención, no es tu culpa que Alya se lo contara a Lila. Le respondió el modelo, mientras colocaba su mano sobre el hombro de la chica intentado consolarla.
-Te prometo que no volveré a permitir que pase algo así, lo que pase entre Kagami y tu es cosa suya, y no tengo derecho a meterme en medio, mucho menos a faltarles el respeto al contárselo a alguien más. Clamó la diseñadora, mientras secaba poco a poco sus lágrimas.
-Tranquila, Kagami y yo somos tus amigos, y si ella confió en ti para contarte lo que pasó yo también lo hago, además este tipo de cosas acaban por saberse tarde o temprano. Aclaró Adrien, intentado quitarle importancia al problema, para tranquilizar a su amiga.
-Muchas gracias, te aseguro que hablare con Kagami para aclararle lo que pasó y disculparme con ella. Le confirmó la franco-china.
Adrien no pudo evitar sonreír ante la decisión mostrada por la chica, no solo porque acababa de confirmar su sospecha de que todo había sido un malentendido, sino porque Marinette estaba hablando con el de manera normal, no le gustaba la idea de haberla visto llorar, pero estaba satisfecho por la naturalidad de su conversación, por desgracia antes de que pudiera continuar hablando con su amiga su teléfono emitió un sonido, indicando la llegada de un mensaje nuevo.
-"Adrien, la sesión de fotos se a adelantado, tienes treinta minutos para llegar hasta allí". El mensaje de Nathalie le produjo un sonoro suspiro.
-Marinette, tengo que irme a una sesión de fotos, lamento lo que paso hoy, pero no te preocupes por Lila, Kagami y yo sabemos cómo es ella en verdad, y que solo tiene malas intenciones. Se justificó Adrien, mientras volvía a asegurarle a la franco-china que ella no había hecho nada malo.
-¡Oh claro!, no te preocupes, yo aprovechare para hablar con Kagami ahora. Le respondió la chica de las coletas.
-Muchas gracias por apoyar a Kagami Marinette, eres simplemente fantástica. La alabó el modelo mientras le daba un cariñoso abrazo.
El cerebro de Marinette dejó de funcionar, su sonrojo cubrió por completo cada centímetro de su rostro, todos los músculos de su cuerpo se tensaron al instante y su boca se movía, erráticamente, aunque no era capaz de emitir sonido alguno.
-Tengo que irme, nos vemos después Marinette. Se despidió Adrien, mientras se alejaba a paso apresurado de ella.
La diseñadora se limito a agitar su brazo en dirección del chico, saludándolo más por inercia que por premeditación personal, el no poder creer lo que le pasaba en su vida cotidiana se estaba volviendo una costumbre muy habitual en la vida de la franco-china.
-Marinette, ¿No deberíamos ir a casa? Le preguntó la kwami después de que pasara cinco minutos sin producir reacción alguna.
-Sí. Susurró Marinette, mientras emprendía su camino hacia su hogar.
