✫•*˚⁺‧͙⁺˚*•̩̩͙✩•̩̩͙*˚⁺‧͙⁺˚*•̩̩͙✩Hasta Que Mueras✩•̩̩͙*˚⁺‧͙⁺˚*•̩̩͙✩•̩̩͙*˚⁺‧͙⁺˚*•✫
.·:·.✧Epilogus✧.·:·.
La usual tranquilidad que proveía la acostumbrada soledad que por lo regular reinaba en la mansión se había visto inusualmente interrumpida. El gran salón que se utilizaba para reuniones sociales en contadas ocasiones se hallaba sirviendo su propósito justo en aquel momento.
El número de invitados no era exagerado pero si el suficiente como para hacer un agradable bullicio. Las luces de los candelabros de cristal los hacían brillar bellamente, las discretas mesas con aperitivos estaban también arregladas hasta el más mínimo detalle y la música suave que se escuchaba al fondo complementaba el cuadro de una placida reunión, aunque en realidad aquello se trataba más de festividad que otra cosa.
Después de todo había que celebrar que Naruto había logrado su cuarto best sellery todo apuntaba que un quinto estaba en su futuro.
Naruto en cuestión tenía treinta y un años, no cumplidos hacía mucho. Cabello de un rubio radiante, ojos perfectamente azules y piel con un bronceado esplendido; sí, esas eran formas para describirlo. Aunque "famoso", "adinerado" y "codiciado" también eran adecuadas.
Cuando tenía veintiséis años había escrito su primer libro y aunque tardó, ése libro acabó convirtiéndose en un éxito que lo impulsó rápidamente a la fama. Luego de eso su carrera siguió de forma bastante prolífica y en menos de cinco años había amasado una fortuna que no había buscado originalmente. Como no deseaba fiarse de su suerte con los libros, compró acciones por aquí, invirtió en empresas por allá, fundó una casa editorial y puede que hasta abrió una pequeña cadena de reposterías que comenzaba a crecer. Además el que su tercer libro -que trataba de una bella historia de romance y drama- fuese convertido en película y se estrenara una semana antes de San Valentín, ayudó bastante con su actual posición económica.
La mansión en la que ahora vivía era una de sus últimas adquisiciones, acondicionada y decorada hasta el último rincón a su antojo.
Naruto contaba con un hermano de nombre Minato, que era divorciado y tenía dos hijos, los cuales consiguió la custodia con ayuda del mismo Naruto y dado a que Minato le había dado cobijo desde que los padres de ambos murieron, lo menos que Naruto pudo hacer fue comprarle una casa en Irlanda, un yate y uno que otro auto costoso si se lo pedía.
Actualmente su mejor amiga, Hinata Hyuuga, sugería que se interesara un poco por el mercado de la música y abriese quizás una disquera, pero su primo, Neji Hyuuga, que era uno de los asesores financieros de Naruto, discordaba con la idea. Risiblemente ése era el más grande dilema que aquejaba a Naruto por el momento.
Por eso la entrevista que se hallaba dando -en una de las habitaciones continuas al salón, buscando un poco de privacidad-, marchaba de una forma ligera y amena.
Su entrevistadora, Sakura Haruno -con la cual trataba por primera vez-, era un tanto... peculiar. A pesar de que obviamente tenía raíces japonesas, no lo parecía por el color verde de sus ojos y su cabello... rosa. Bueno, cada quien era libre de hacer de su cabello lo que quisiera y ¿Quién era Naruto para juzgar? Él no era precisamente la imagen del japonés común.
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— Como comentario personal, es usted sumamente encantador —dijo Sakura, la cual rápidamente había entrado en confianza con él— ¡Y tiene sentido del humor! De verdad, Naruto ¿Cuál es su defecto?
— Oh, soy pésimo eligiendo corbatas y me gusta usar el color naranja para mi ropa.
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Sakura rió de manera un tanto tonta, pues aunque le acabasen de decir eso la persona que le acompañaba en ese momento no vestía de naranja, ya que frente a ella portando un traje negro que se notaba costoso, con las manos entrelazadas sobre su estomago, una pierna cruzada y recargado completamente sobre el respaldo del elegante sillón en el que estaba sentado, se hallaba Naruto Uzumaki, usando unos anteojos que le daban un aire intelectual e interesante, que provocaba que a Sakura le diesen ganas de saltarle encima porque no era justo que el sujeto fuese condenadamente apuesto, tuviera dinero por montones ¡Y encima fuese inteligente! Aquel era el hombre de sus sueños -y el de muchas de las lectoras en la revista para la cual trabajaba-, aun a pesar de que tuviese aquellas particulares marcas en sus mejillas, que hasta la fecha, el secreto de esos tatuajes era un misterio... ¡Que hacía todavía más atrayente la imagen del famoso Uzumaki! El muy desdichado había logrado aquel aire enigmático que no era fácil de conseguir en figuras públicas.
Sakura no dejaba de preguntarse a sí misma si podría insinuársele al aclamado autor y si éste aceptaría. Porque la verdad era que se moría de ganas por irse a la cama con aquel magnifico espécimen, pero, vamos ¡No debería ser imposible!, ¿Qué hombre le dice que no a un poco de sexo regalado cuando lo ofrecía alguien tan atractivo como ella? Era más que seguro que Naruto estaba muy acostumbrado a tener un montón de aventuras.
Sakura estaba decidida a no irse de allí hasta no haberlo intentado al menos. Tal vez si empezaba con algo fácil...
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— Naruto —comenzó ella— Hay una pregunta importante que muchos nos hemos estado haciendo, es bien sabido que no se le ha conocido ninguna pareja y siempre ha dicho al respecto que no está interesado, así que me hace pensar que tal vez... ¿No le agradan los compromisos? Quizás prefiere las cosas sin ataduras, libres... espontaneas...
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La voz de Sakura en sus últimas palabras había adoptado un tinte de seducción que no podía confundirse o al menos, eso es lo que ella pensaba hasta que Naruto le sonrió en respuesta pero sin ningún aire de interés o de complicidad como ella esperaba.
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— No es que no me gusten los compromisos —dijo él— Pero hoy me siento con humor para aclarar eso de una vez por todas, así que lo que voy a decir podría considerarse como una exclusiva.
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Y para regocijo de la mujer, él le guiñó un ojo.
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— Estoy enamorado —dijo con absoluta simpleza para sorpresa de la ojiverde— Pero la persona de la que me enamoré hace unos años... está muerta.
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Naruto recargó la cabeza sobre el respaldo, cerrando los ojos serenamente.
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— Realmente no soy capaz de traicionar a esa persona, es por eso que no estoy interesado en relaciones románticas.
— Eso es algo inesperado —dijo apenas ella— Nadie se imaginaba que ya tiene a alguien en el corazón, pero... si esta persona murió ¿No cree que en algún momento va a sentirse preparado para buscar una pareja?
— Como dije —negó con la cabeza, aun con los ojos cerrados— No podría hacer algo como eso porque sé que esa persona está esperando por mí del otro lado. Además, le amo lo suficiente como para no necesitar buscar afecto en alguien más.
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Sakura estaba un tanto perpleja, sin saber muy bien qué decir.
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— Pero eso es... es triste —dijo, sin mucha elocuencia al fin— ¿No se está condenando? Debe ser muy difícil estar solo ¿No cree que sería doloroso quedarse así toda la vida?
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Y para sorpresa de la entrevistadora, Naruto se enderezó, abriendo los ojos que parecían brillar con alegría mientras que una sonrisa radiante se plasmaba en sus labios.
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— En realidad no estoy solo —dijo con cierta gentileza— Esa persona siempre está conmigo, en todo lugar y en todo momento.
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Sakura se quedó callada tratando de procesar lo que acababa de escuchar.
Lo que decía Naruto se asemejaba más a una situación de novela romántica que a un hecho real... porque en la actualidad ¿Cómo alguien podía guardar un luto tan largo y amor como decía el rubio que estaba haciendo?, eso era algo demasiado hermoso y trágico como para ser verdad y Sakura ya se esperaba que de allí a algún tiempo a Naruto se le conocería finalmente alguna aventura o una pareja.
Pero otra parte de ella deseaba que Uzumaki estuviese hablando con la verdad porque Sakura aun quería creer que existían amores verdaderos, para toda una vida y más allá. Tal vez era un ridículo pensamiento pero para ella que no había encontrado a la persona "adecuada", aquello era como una especie de consuelo.
Y mientras deseaba que una historia tan bella como la de Naruto y su amor por alguien que ya no estaba fuese autentica, se olvidó completamente de sus ideas de seducción y se enfocó en preguntar acerca de ese amor, pero al final fueron muy pocas cosas las que después Naruto respondió con claridad sobre el tema.
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Cuando la entrevista terminó y posteriormente la fiesta por su libro también acabó al ver el último de sus invitados marcharse, Naruto aun conservaba la suficiente energía como para pasarse el resto de la noche en vela, si era necesario.
Así pues con paso firme se dirigió hacia su habitación favorita en toda la mansión y que era, para usos y fines una biblioteca... con ciertos agregados extra. Al llegar allí -luego de haber avanzado un considerable tramo-, lo primero que hizo fue encender las luces de la gran estancia, ajustándolas a una baja intensidad y dejando varias zonas todavía envueltas en sombras. La biblioteca estaba repleta, como era de esperarse, de libros y libros que adornaban gran parte de las paredes, incluso hasta el segundo piso que únicamente abarcaba la mitad de toda la extensión de la habitación y al cual se llegaba por medio las escaleras, que tenían la forma de media elipse ovalada. En una de las esquinas y con un gran balcón tras él, se encontraba el escritorio donde usualmente se sentaba a trabajar y muy cerca de allí, en la pared contraria donde estaba la entrada principal, se encontraba una espaciosa sala de estar, de donde colgaba de la pared una enorme televisión de pantalla plana que se hallaba encendida en aquel momento.
Naruto recorrió toda la distancia que le separaba de ella, sin perder de vista las imágenes que transmitía. Era una película que conocía muy bien la cual estaba por finalizar.
Lo supo porque en la pantalla de veía a un hombre de maravillosos ojos claros y vestido con ropas antiguas, mojando la punta de una pluma en un tintero mientras se escuchaba el relato de una historia trágica, que hablaba sobre un barco que se hundía entre la violencia del mar... y que sólo tuvo una sobreviviente.
Shakespeare Enamorado.
Con una ligera sonrisa Naruto se acercó al sofá largo que estaba frente al televisor, tomando asiento en el cómodo tapizado, donde procedió a sacarse los brillantes zapatos negros de la misma forma perezosa y descuidada en la que lo haría un colegial. Había dejado en el olvido la parte superior de su traje en algún punto del camino hacia la biblioteca, además de tomarse la libertad de desfajar la camisa azul, desabotonando los botones superiores y los de las empuñaduras, las cuales se remango. Los anteojos tampoco estaban porque en realidad no los necesitaba, únicamente eran parte de su "apariencia pública", a sugerencia de su asesor de imagen.
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— Un drama dentro de una tragedia... aun me sigue pareciendo brillante.
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Naruto giró a su lado encontrándose con un par de ojos negros que lo miraban fijamente. Y de pronto ya no parecía estar solo en la habitación.
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— Es brillante —aclaró el rubio con una sonrisa— ¿Qué ibas a ver después?
— Cumbres Borrascosas.
— ¿La última versión?
— Me agrada esa versión... era preferible a Hamlet, hoy no es un buen día para ver morir a Ophelia.
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El blondo se permitió reír sin un motivo en realidad, sintiéndose demasiado en paz consigo mismo.
Ya que a pesar de que en efecto estaba muerto, Sasuke seguía a su lado.
Naruto aun podía recordar claramente aquel día en el que hasta la más insignificante de las cosas en su vida, cambió de forma drástica.
El cómo unas simples vacaciones a un encantador hotel perteneciente a un amigo de su hermano casi terminaron convirtiéndose en su película de terror personal. Allí era donde había conocido a Sasuke, en un desolado pero agradable ático de la casa y en tan solo tres días creó con él una conexión digna de mencionarse, porque Sasuke fue capaz de entenderlo sin juzgarlo. Y como si de un cuento macabro se tratara, resultaba ser que Sasuke tenía ya bastantes años desde que había muerto... una perfecta historia de fantasmas.
Cuando había descubierto este oscuro e imposible secreto, la primera reacción de Naruto había sido la de correr y tal vez casi morir de miedo. Sin embargo terminó regresando a ese ático donde conoció a Sasuke y donde seguramente debía de despedirse de él.
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— ¿Piensas en maldades, Naruto?
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Por la pregunta Naruto sabía que seguramente otra vez se encontraba sonriendo, sin una aparente razón.
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— No —negó con suavidad— Pienso en que eres un cabrón y que casi me matas del susto en el hotel de Andrew.
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Sasuke soltó una carcajada la cual era hermosa música a los oídos del rubio.
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— Yo lo recuerdo como una ocasión bastante divertida —respondió el moreno—.
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Pero a pesar de lo que dijo aquello no fue verdad.
Sasuke no se había divertido cuando Naruto había salido corriendo, ni tampoco le había hecho gracia alguna el observar en sus ojos tanto terror y rechazo. Entendió que la reacción había sido comprensible de la misma manera en que comprendió que había perdido también sin remedio alguno a aquel rubio que pensó, podría comprender aunque fuese una ínfima parte de lo que sentía. Tantos años en soledad, tantos años que cargaban cada uno su propio tipo de agonía. Él no era el único espíritu, ni tampoco sería el último, pero a pesar de haber pasado tantos años en aquella casa donde murió y de estar acompañado de más seres desdichados que como él, que se negaban a ir más allá del único mundo que habían conocido, nunca había podido encontrar algo que llenara aquel vacio en su interior, un vacío tan espectral como él mismo era. Agradeció durante mucho tiempo que su madre hubiese sido capaz de "irse" del mundo terrenal, que no se quedara atada como él y en muchas ocasiones, Sasuke pensó que ya era hora de abandonarlo, de dejar finalmente un sitio al que dejó de pertenecer en el mismo instante en que paró de respirar.
Tal vez no hubiese podido "sobrevivir" tanto tiempo de no ser porque solía perder la consciencia de sí mismo durante años, décadas incluso, hasta que "despertaba" únicamente para encontrarse con que nada había cambiado, por lo que prefería repetir aquel ritual onírico para no perder la poca cordura que aún le quedaba en el otro mundo. De nada servía el que continuara estando allí porque no había compañía, viva o muerta, que apaciguase el sufrimiento que aun podía sentir en el alma, literalmente hablando.
Y así fue hasta que un buen día, haciéndolo despertar de su inconsciencia, un supuesto Andrew apareció y compró la mansión donde él y otros no-vivos continuaban "existiendo". Andrew remodeló todo el lugar, transformándolo en un hotel, trayendo después consigo a un montón de gente de visita y entre toda esa gente, en especial a un chico rubio que hablaba de libros, poemas, estrellas, Shakespeare y fobias a las personas.
Por primera vez Sasuke había sentido que había valido la pena vagar durante tanto tiempo, únicamente por pasar unos segundos al lado de otra persona que parecía comprenderlo. Por eso que Naruto hubiese escapado después de que le confesó su verdadera naturaleza, fue algo realmente doloroso para él. No quería perder un lazo como el que había logrado con el rubio y fue por ello que hizo un último intento, haciéndole llegar un mensaje que explicaba con brevedad todo aquello que sentía.
Y Naruto, en contra de toda suposición... había vuelto a él.
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— Eres un maldito retorcido y querías matarme.
— No quería matarte, por eso hice lo más inofensivo que estaba a mi alcance para que me creyeses.
— Aun así fue horrible.
— Pude haber hecho que las paredes sangraran o algo parecido ¿Lo hubieses preferido así?
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Naruto entrecerró uno de sus ojos mirando con cierto escepticismo al moreno.
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— No gracias, me quedo con las desapariciones en tres segundos y los mensajes del más allá en los espejos.
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Sasuke sonrió como si aquello fuese alguna especie de halago. Y momentos después sus ojos negros se abrieron un poco más como si hubiese recordado algo y seguidamente la sonrisa en su boca se transformó en una mueca maliciosa.
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— Pero —susurró gustosamente— Definitivamente tenías corazón fuerte... te sorprendería lo fácil que las demás personas se asustan con cosas insignificantes... como por ejemplo las pelirrojas entrometidas.
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El ojiazul guardó silencio, analizando la frase y buscando el doble sentido que llevaba sin tardar mucho en encontrarlo.
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— ¿Volviste a molestar a Karin? —preguntó entre una mezcla de asombro y diversión—.
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Sasuke nuevamente sonrió, pagado de sí mismo y elevando altivamente el rostro.
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— Te has ido desde la mañana —dijo el moreno— Naturalmente me aburría, así que decidí hacerle una visita a nuestra amiga. Te causara gracia saber que su familia ha decidido que necesita ayuda psiquiátrica.
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Naruto casi no creía lo que escuchaba y sus ojos se concentraron fijamente en Uchiha.
De la misma forma en la cual Sasuke era apuesto y fascinante, también era perverso y hasta cierto punto, maligno. Y el pelirrubio sabía que parte de eso era su culpa.
En el transcurso de los años, Naruto había tratado de introducir a Sasuke a toda la cultura posible, tratando de compensar las cosas que el moreno se había perdido desde su muerte: acontecimientos históricos, cultura popular, avances tecnológicos, adelantos médicos, descubrimientos científicos, aportaciones artísticas; todo aquello con lo que él estaba familiarizado pero que para Sasuke se trataba de un universo nuevo y fascinante.
De entre todas las cosas del mundo moderno, las películas habían sido una de las partes preferidas de Sasuke.
Naturalmente Naruto jamás se esperó que las películas fuesen a tener algún tipo de influencia en un ser sobrenatural como lo era el ojinegro, pero suponía que luego de tantas décadas de existencia, no era extraño que hubiese encontrado un pasatiempo por su cuenta. Incluso si ese pasatiempo era... cuestionable.
Los días posteriores a un maratón de películas que vieron donde el tema principal de varias de ellas tenían que ver con venganza, Sasuke había comenzado a comportarse un tanto extraño... haciéndole preguntas sobre cosas peculiares, todas ellas referentes a su pasado, las personas que conoció y el tipo de relación que tuvo con ellas, buena o mala. Al final y sin prestar mucha atención, creyendo que Sasuke había entrado en una alguna fase senil de novio preocupado que se interesaba en saber de su pasado, Naruto terminó hablando de las personas más detestables que le tocó conocer, de las muchas jugarretas que tuvo que aguantar y de uno que otro evento desagradable que dejó huella en su vida.
Luego, la situación se puso más peculiar y Sasuke comenzó a preguntar por los nombres completos de aquellas personas que hicieron algún tipo de daño en su vida e incluso su posible localización actual.
Naruto supo en ese momento que eso ya no era normal.
Resultaba ser que aparentemente a Sasuke le habían dado ganas de jugar a ser un vengador y dado a que las personas de las cuales él pudo haberse vengado estaban muertas, entonces decidió que se vengaría en nombre del rubio. Lo más sensato es que Naruto le hubiese quitado semejante idea de la mente, porque claramente no estaba bien... además, ¿Qué pasaría cuando esas personas muriesen y viniesen a saldar cuentas con Sasuke?, pero el pelinegro se había burlado de semejante idea porque aunque muriesen ¿Cómo iban a saber que Sasuke les jodió la existencia?, ya que ni siquiera los muertos tenían el poder de la clarividencia. Y siendo francos, Naruto no era precisamente el estereotipo de persona totalmente justa y viendo que aquello podría ser una "sana" distracción para Sasuke, decidió seguirle el juego.
Así en la primera reunión de ex-alumnos a la que asistió, mientras todos parecían maravillarse de tener presente a alguien famoso -y hasta parecieron olvidarse de lo mal que lo trataron en sus años escolares-, le dio a Uchiha todas la información necesaria para llevar a cabo sus planes.
De hecho, Sasuke tenía una lista que hizo que Naruto escribiese según el grado de "importancia" de cada nombre, dejando el de Karin Hebi como el numero uno. A la fecha, Sasuke casi terminaba con su lista y como era de esperarse, Karin se convirtió en su principal objetivo. Hasta donde Naruto sabía, la pobre infeliz vivía aterrorizada entre paranoias por los sucesos inexplicables que le pasaban cada cierto tiempo y por lo que Naruto acababa de escuchar, finalmente esos "delirios" habían llegado a su punto más alto.
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— Me alegra que estés de mi parte —dijo con una sonrisa burlesca—.
— Sí, bien —se encogió de hombros— Las ventajas de estar muerto, cuando no tienes nada qué hacer no hay nada mejor que asustar a los vivos. O hacer algunas bromas cuando hay la oportunidad.
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La mención de las bromas pareció encender algo en la cabeza del rubio, haciendo que repentinamente mirase el moreno con recelo.
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— Bromas, claro —gruñó— Nunca voy a perdonarte lo de Kino.
— ¡Oh, cierto! —exclamó con regocijo— ¿Cómo olvidar eso? Soy un genio.
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Naruto más bien juzgaría que era un idiota, porque Uzumaki podía recordar muy bien aquella ocasión cuando luego de ir a una reunión con sus amigos, había llegado a su casa en la madrugada. Todos estaban dormidos -o al menos eso creyó él-, así que no le encontró mayor problema al ir hablando con Sasuke despreocupadamente por los pasillos hasta su habitación.
Al día siguiente durante el desayuno, Kino había preguntado repentinamente si su amigo no iba a desayunar con ellos. Naruto se había desconcertado, así que su pequeño sobrino explicó que había ido al baño durante la noche y cuando ya regresaba a su habitación, se encontró con que Naruto finalmente estaba de vuelta, en compañía de un amigo que había procedido a meter a su habitación.
En aquel momento Naruto se había puesto escandalosamente rojo cuando Minato y Kaori lo observaron de forma desencajada.
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— ¡Fue horrible! —gimió con pesar— Me miraron como si fuese un degenerado y tú —lo señaló con saña— Eres de lo peor, porque te diste cuenta de que Kino estaba despierto ¡Y dejaste que te viera a propósito!
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Sasuke parecía completamente deleitado, mostrando una sonrisa tan orgullosa que era imposible de esconder.
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— ¿Sabes cuál fue mi parte favorita? —preguntó aunque no obtuvo respuesta— Cuando tu hermano se sentó a darte esa platica, oh y hasta te sugirió lugares como hoteles, para que no tuvieses que sacar a tu amante a escondidas en la mañana.
— Maldito bastardo —farfulló— Lo disfrutaste en grande ¿No es así?
— Más de lo que te imaginas.
— En ese momento debí llamar a un exorcista para que te mandara de verdad al otro mundo —dijo recelosamente— A pesar de la edad que aparentas, creo que tu edad mental debe ser de unos trece.
— Podría elegir verme de esa edad, pero no creo que te agrade.
— No necesito que te veas más joven de lo que ya estás.
— ¿Lo dices porque comienzas a sentirte como un anciano?
— Aquí el único anciano eres tú. Debes tener como cientos y cientos de años.
— No necesitas exagerar, en todo caso, eres un año más joven que cuando morí.
— En ese caso cuando muera voy a mostrarme joven y encantador, aunque nunca te pregunté ¿No puedes tomar una apariencia más vieja?
— No, sólo puedes verte en edades que alcanzaste en vida —se encogió de hombros— ¿A qué viene este cuestionamiento?
— Simple curiosidad científica.
— Nunca me he fiado demasiado de esa curiosidad científica tuya, usuratonkachi.
— Lo dices como si hiciera algo malo con ella.
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El pelinegro arqueó una ceja de forma bastante significativa haciendo que Naruto sonriese despistadamente, como si no entendiese la acusación implícita que poseía aquella acción por parte del moreno.
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— Tema aparte pero relacionado ¿Ya tomaste una decisión sobre el siguiente libro? —preguntó el ojiazul en un claro intento para desviar el tópico—.
— Hmpf —exclamó, torciendo un poco los labios— Sigo pensando en eso, aun necesito arreglar unas cuantas cosas.
— Sí es como yo te digo, déjame escribir sobre un chico que se enamoró de un fantasma.
— Ni en tus sueños —gruñó—.
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Naruto rió con diversión encogiéndose de hombros.
La verdad era que él no era el autor de los libros, pues era Sasuke quien había ideado todos y cada uno de ellos; el rubio únicamente había servido como oyente y transcriptor, aunque solía agregar uno o dos detalles de su parte, todo el crédito corría por cuenta de Sasuke y su ingenio.
Todo había comenzado porque el ojinegro siempre tuvo deseos de escribir como grandes hombres que vivieron en su época, pero era claro que tras muchas desgracias en su vida, nada de eso había sido posible. Naruto decidió entonces tratar de hacer algo con ese anhelo ya olvidado con el pasar de los años y se ofreció para transcribir el primer libro de las palabras de Uchiha. Tomó algo de tiempo, muchos errores y alguno que otro conflicto, pero al final, estuvo listo.
Y asombrosamente aquel libro se volvió famoso de la nada y con él también Naruto, quien desde ese primer tomo y hasta la fecha, publicaba bajo el nombre "artístico" de Sasuke Uchiha, que era como sus fans le identificaban.
Sí al menos supieran la verdad.
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— Cuando tenga algo en concreto te avisaré —declaró Sasuke, cerrando brevemente los ojos y guardando silencio por unos momentos antes de continuar hablando— Le diste una interesante entrevista a esa mujer.
— ¿Estabas presente? —pareció asombrarse—.
— No, pero sí estaba escuchando.
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Oh, claro... Sasuke tenía esa particularidad también: la de poder escuchar lo que él quisiera escuchar dentro de la mansión.
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— Creí que ya era hora de aclarar un poco sobre el tema, es odioso que en todas las entrevistas me pregunten siempre lo mismo —se encogió de hombros— ¿Te pareció que hice mal?
— No —fue la seca respuesta—.
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Al haber convivido durante tanto tiempo no fue difícil que Naruto notase que algo no andaba bien por el tono con el cual contestó Sasuke.
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— Hey —le llamó suavemente— ¿Qué pasa?
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Pero el moreno no respondió y en cambio giró el rostro hacia el otro lado, quedando completamente fuera de la vista del ojiazul.
En algún punto de los años que pasaron juntos ambos había terminado algo así como perdidamente enamorados del otro. Sasuke había sido el primero en darse cuenta que por mucho que pudiese apreciar a su amigo, el cariño que le tenía distaba bastante al que le tuvo inicialmente. Tal vez era porque Naruto era el primer lazo que había formado en todos los años de su triste no-existencia, pero fue inevitable que pronto comenzara a sentir cosas que estaba completamente seguro que estando en vida jamás llegaron a pasarle. Se sentía omnipotente cada vez que Naruto le sonreía, atesoraba las horas que pasaban hablando donde el rubio le dedicaba su atención sólo a él; fue por eso que en gran medida muchas de las anteriores distracciones del ojiazul desaparecieron y fueron sustituidas por otras, en las cuales involucraba siempre a Sasuke.
De esa forma Uchiha pudo conocer sobre el mundo actual y todas las cosas que desconocía, porque aunque hubiese podido hacerlo, él jamás llegó a salir de la casa en la que murió hasta que Naruto lo había "llevado" consigo.
A su lado Sasuke se había olvidado completamente de aquellos años miserables que vivió alguna vez y también de los dolorosos recuerdos que lo acechaban, sustituyéndolos por noches en vela viendo películas con Naruto, tardes en las cuales el rubio se sentaba a explicarle sobre cosas nuevas e incluso los silencios que se extendían cuando lo único que hacían era disfrutar de la música clásica que Sasuke tanto adoraba y que creyó nunca más podría volver a escuchar.
Y cada vez que Sasuke se perdía en los ojos azules del pelirrubio, cualquier herida pasada se borraba completamente. Era como estar vivo otra vez. Naruto, junto con su compañía, lo hacían sentir vivo.
Sin embargo Sasuke se reservó esos sentimientos para él, porque no consideraba adecuado revelárselos al otro y así pasaron un par de años, hasta que poco a poco fue notando un cambio en forma en la que Naruto lo miraba y finalmente, comenzó a sonreírle de la misma manera en la que Sasuke le sonreía.
Lo que sentían el uno por el otro se volvió tácito, ambos lo supieron pero no lo dijeron, hasta que un día hacía poco, Naruto había confesado que su mayor sueño no era pasar la vida junto a él, sino aquella eternidad tan larga de la que Sasuke tanto hablaba. Y desde entonces, ambos fueron libres de expresar completamente lo que sentían.
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— No me importaría —fue lo único que dijo—.
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El rubio permaneció en silencio, a la espera, tratando de encontrarle un significado a esas palabras, pero fallando.
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— ¿El qué? —cuestionó Naruto—.
— No me importaría que buscaras a alguien... una esposa o algo. Lo comprendería, además sin importar si lo hicieras, tu alma ya esta atada a mí. Cuando mueras no irás con esa persona, sino conmigo... por eso, no me importaría.
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Naruto no necesitó pensar demasiado para saber que aquello era una torpe mentira altruista. Claro que le importaría a Sasuke, mucho más que eso, le dolería.
Porque a Naruto también le dolería que Sasuke, estando en su lugar, se buscara a una o varias personas para pasar la vida; no sería capaz de ver como la persona que amaba era tocada por alguien más y seguramente preferiría irse a tener que soportar la impotencia frente a esa situación.
Por eso el rubio era incapaz de hacerle algo como eso.
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— Estoy bien así —dijo el ojiazul, con un tono verdaderamente despreocupado— No necesito nada de eso, te tengo a ti. Tú eres la persona con la que quiero estar y por si no lo has notado, soy bastante feliz. No necesito más.
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Sasuke cerró los ojos, sintiéndose infinitamente aliviado.
Lo que había dicho aquella mujer, la dichosa reportera, realmente quedó revoloteando en su cabeza, haciéndole sentirse como un maldito egoísta, apartando a Naruto de los demás y quedándoselo para él, quitándole la oportunidad de tener su propia familia... o la simpleza de una vida al lado de alguien que tuviese sangre corriendo por sus venas.
Se sentía como un ser rastrero que condenaba a Naruto a dedicarle su vida mientras la tuviese. Y a pesar de ello, realmente no deseaba que fuese de otra forma, porque si aquel par de ojos azules mirasen con afecto y tal vez amor a alguien más, seguramente Sasuke sentiría nuevamente lo que era morir, esta vez, mucho peor y más cruel que la primera.
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— Al menos podrías, no sé... —continuó vagamente— Conseguirte un amante o algo, podrías ir con él cuando estuvieses aburrido.
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El ojinegro no podía sentirse más ridículo luego de haber dicho esa frase y la escandalosa risa que soltó Naruto le confirmó completamente esa idea.
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— ¡Por favor! —gritó, ahogando sus risas— Eso... eso... ¡Ni tú lo crees!
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Naruto inspiró aire con profundidad para serenarse.
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— De verdad —comenzó el rubio— En ese aspecto considero que me las puedo arreglar muy bien yo solo y sabes que no tengo tiempo para aburrirme, ¿Te olvidas de todo lo que tengo que hacer? Dichoso el hombre que cuenta con el tiempo para aburrirse.
— Eres demasiado presuntuoso, Naruto.
— Cosa que aprendí muy bien de ti, teme.
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Finalmente el pelinegro se giró, enfocando su mirada oscura en la azulada del blondo, que contrastaba completamente con la suya. Esa era otra de las cosas que con el tiempo tomaron como costumbre: la de mirarse como si quisieran saber qué era lo que en la mente del otro rondaba, lo cual en muchas ocasiones eran capaces de hacer.
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— Sasuke —le llamó con cierta delicadeza— Te amo.
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Si existían palabras en el mundo que tuviesen la fuerza de hacerlo sentir como si realmente respirara y en su pecho golpeara un corazón que latía, definitivamente eran aquellas.
Tan simples, tan comunes, tan cortas, pero que lo eran todo. Porque no existía soledad que pudiese tener la suficiente fuerza para abatirlo sí Naruto se encontraba a su lado, iluminando la oscuridad con su sonrisa, rompiendo el silencio con su voz y alejando la oscuridad con tres simples palabras como esas.
Valía la pena, todo valía la pena ¡Hasta el más grande de sus sufrimientos! Todo ello si la recompensa había sido encontrar a alguien con quien compartir tales sentimientos que escapaban al razonamiento y que apenas el mismísimo Shakespeare había rozado levemente con sus elevadas palabras.
El amor que él sentía por el rubio y el cual le era correspondiendo, era un misterio tan profundo y enigmático que Sasuke con todos sus años de existencia jamás sería capaz de expresar adecuadamente.
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— Naruto —le llamó con palpable adoración— Estaré contigo hasta que mueras y... cuando lo hagas...
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Sasuke sonrió de la misma forma en la que lo haría alguien que tiene toda la dicha del mundo y la paz entera a sus pies.
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— ... serás tú él que estará conmigo.
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Naruto sonrió de vuelta, regresando aquella sonrisa que prometía únicamente días de sol y sueños tejidos con afecto.
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— Pienso... —murmuró— Pienso que la eternidad va a ser muy corta, Sasuke, puede que ni siquiera sea capaz de alcanzarnos.
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La muerte es para unos un castigo, para otros un regalo y para muchos, un favor. Y para ellos dos sería algo mejor, semejante a una bendición.
Pobres de todos aquellos que aun no habían encontrado semejante fortuna como la suya, tan rara, tan preciada, tan... irreal.
Porque el amor era precisamente como los fantasmas. Todos hablan de ellos, pero pocos realmente los han visto.
˚*•̩̩͙✩•̩̩͙*˚*·̩̩̥͙·̩̩̥͙**•̩̩͙✩•̩̩͙*˚ ˚*•̩̩͙✩•̩̩͙*˚*·̩̩̥͙·̩̩̥͙Finis Coronat Opus·̩̩̥͙·̩̩̥͙**•̩̩͙✩•̩̩͙*˚ ˚*•̩̩͙✩•̩̩͙*˚*·̩̩̥͙·̩̩̥͙**•̩̩͙✩•̩̩͙*˚
Me tomó más de lo que pensaba editar esto, pero estoy conforme con los cambios que realicé.
Y de nuevo, donde quiera que estés, espero que te encuentres bien Naomi.
・:✩*.✩.*✩。"Cualquier muchacho de escuela puede amar como un loco, pero odiar, odiar, amigo mío, odiar es un arte"。✩*.✩.*✩:・
