Tenia la piel delicadita, tibia como leche, blanca como nieve.

Sus brazos era suaves, delgados, casi no pesaban sobre sus hombros.

Se acercaba, unía sus bocas, daba una leve succión a los labios y se separaba. Luego volvía un poco más inclinado a la derecha o izquierda y repetía la acción. A veces Giyuu sacaba la lengua, a veces era Rengoku quien se la sacaba.

Un suspiro de él se ahogó entre sus bocas por milésima vez, parecía agitado y podía sentir el calor de sus mejillas contra su rostro.

Lo atrapó contra el mueble y apretó sus cuerpos, sintiendo como la fibra del cuerpo ajeno se acoplaba contra el suyo. Era blandito, como goma de mascar, sentía que sus dientes quedarían perfectamente marcados en su piel si se atrevía a morderla.

Un maullido lo detuvo todo.

La gata gris de Tomioka tocaba uno de sus brazos que agarraba fuerte el cuerpo del hombre.

— ¿Qué ocurre pequeña? No le haré daño a tu papá... — Rió Kyojuro, mirando a la gatita.

Tomioka se alejó de su cuerpo y fue a guardar las compras que había hecho en el refrigerador, sin mediar palabra.

Se preocupó.

— Giyuu, si hice algo que no te agradar--

— ¡No! — Gritó, luego se tapó la boca. — Digo, no... No me desagrada nada de lo que haces... Es sólo que...

Bajó la mirada tímidamente, sin saber cómo explicarse.

— Mi amor, por favor dime lo que te aqueja. — Habló Rengoku, no queriendo acercarse mucho a él, puesto que si Giyuu ponía distancia, era porque la necesitaba.

— ¿Recuerdas a Murata? — Inquirió.

— Sí, claro, tu amigo de la secundaria. — No sabía porqué preguntaba eso.

— Pues... No siempre fue mi amigo. — Frunció un poco los labios. — Él es, de hecho, mi ex novio...

Parpadeó sorprendido.

Bien, no le molestaba que fuera amigo de su ex, Murata no era un mal hombre, era agradable y divertido. Pero vaya, no creyó que Tomioka fuera ese tipo de persona que podía mantener una relación con alguien a quien antes besaba en la boca. Ni siquiera él se llevaba bien con su ex, pero es que su ex estaba loco. Sintió un escalofrío.

— No te culpo, Murata es guapo. — Bromeó haciendo que su novio se riera. — Pero, hablando en serio, ¿Por qué no me lo dijiste antes?

Giyuu tomó su camisa, arrugándola en un acto nervioso.

— Es que... — Lo miró con esos azulinos ojos, nerviosos. — De verdad quiero hacer el amor contigo. — Fue directo al grano.

— Yo también lo deseo, amor. — Dijo, emocionado, acercándose un poco a él, pero Giyuu lo detuvo.

— Primero tienes que saber algo, el porqué terminé con Murata... — Parecía algo ansioso.

— Claro, dime amor, te escucho.

— Bien... – Él suspiró. — Yo soy lo que denominan Brats...

Hubo un silencio pequeño, pero lleno de incógnita. Rengoku decidió hablar antes de que se volviera incómodo.

— ¿Brats? ¿Te refieres a las muñecas de labios grandes? — Preguntó sin saber a donde iba la conversación.

— No, Rengoku, ¿Acaso te parezco una muñeca? — Dijo irritado.

Él lo miró de arriba a abajo, asintió.

— La verdad es que me pereces todo un muñequito. — Habló en tono deseoso. Tomioka no se contuvo y soltó una leve risa. — ¿Entonces? ¿Qué es un Brat?

— ¿Alguna vez has leído sobre BDSM?

— No mucho, sé que son técnicas sexuales consensuadas. — Se sentó en una de las sillas altas. — Sumisos, masoquismo, dominatrix, etc...

— Okey, sabes qué es. — Dijo más para si mismo que para el rubio. — Verás, dentro de esos conceptos, hay ramificaciones.

Rengoku asintió, prestando suma atención.

— Existen varios tipos de sumisos, Brat es un tipo.

Se quedó callado de la sorpresa, no esperaba que su novio le dijera que era un sumiso sexual justo ahora. Hubiese preferido averiguarlo por mano propia, pensó.

— Los Brats somos, cómo te lo explico... — Se rascó la nuca, nerviosa. — A mi me gusta... Que me mmmm...

Cada vez su rostro estaba más rojo.

— Dilo, amor, sabes que puedes decirme lo que sea. — Dijo con voz tranquila, para ayudarlo a calmarse.

— ¿Lo que sea?

— Lo que sea. — Sonrió.

— ¿Prometes no espantarte?

Asintió.

Entonces Giyuu se enderezó y se calmó.

— Kyojuro, me gusta jugar en la cama. — Comenzó. — Me gusta portarme mal y que me castiguen, me divierto provocando a mis compañeros para que me sometan, busco que ellos sean dominantes y que me hagan ver quién es el que manda, no pararé de juguetear con ellos hasta que me dominen por completo.

Tragó saliva duro, se removió incómodo en la silla, el pantalón le apretaba.

— ¿ Q-Qué pa..? — La voz le salió aguda, carraspeó. — ¿Qué pasa cuando te dominan completamente?

— Mi cuerpo es todo suyo.

Rengoku casi cae de la silla, parecía que estaba llegando al límite.

— ¿Qué ocurrió con Murata?

— Él... Él no fue capaz de hacerlo, tenía miedo a hacerme daño, aunque le dijera que no me dolería... — Miró hacia otro lado. — No quiso seguir con eso y terminamos.

— Se sintió asustado. — Comprendió el Rengoku.

— Jamás pudimos tener una noche buena, a veces él tenía orgasmos, a veces yo fingía los míos. — Se vio decepcionado.

Lo miró algo afligido, eso era triste la verdad, nunca haber podido tener un orgasmo con tu pareja. Y frustrante, a quién no le gustaría tener ese placer de la sexualidad compartida. Experimentar y jugar.

— ¿Jamás tuviste un orgasmo?

— Sí, por mis propias manos. — Se encogió de hombros.

Rengoku se levantó, acomodándose el pantalón.

— Pero nunca en pareja. — Tomioka negó ante sus palabras. — Giyuu, yo te amo mucho, más de lo que crees. — Tomó las manos del pelinegro. — Y lo que más quiero en esta vida, es verte feliz.

Él se sonrojó.

༻༺

— Entonces... Explícame qué debo hacer... — Rengoku terminó de comer su batata, mientras miraba a su novio frente a él, sentada de piernas cruzadas en la cama.

Giyuu puso una mano en su mentón pensando por dónde debía comenzar la explicación.

Rió y habló otra vez.

— Explícame qué te gusta en la cama. — Rengoku se acercó a él, sentando igual.

— Pues... Tengo unos juguetes que quiero usar...

— ¿Juguetes? — Parpadeó rápido, sin borrar su sonrisa.

Tomioka se desplazó por la cama hasta llegar a la orilla, sacando una caja blanca que se encontraba oculta debajo, volvió a su posición original dejando la caja sobre sus piernas. La abrió y la puso entre ambos.

Metió la mano, curioso, tomando algo al azar. Era una cadena con una extrañas cositas en cada extremo. Tenía miedo a preguntar qué demonios era eso, pero habia prometido tener la mente abierta.

— ¿Qué es esto?

— Oh, esas son pinzas para pezones. — Respondió, tranquilo.

Vio de nuevo el artefacto, tenía sentido.

— ¿Pero no duele si te los aprieta?

Pudo apreciar a Giyuu apretar los labios.

— Exactamente.

Se estremeció y sacó otro instrumento. Este si lo conocía.

— Un plug anal. — Dijo él. — Muy lindo, por cierto.

Giyuu se rió.

El plug en cuestión tenía una decoración de cola larga y peluda de color negro.

Metió nuevamente la mano y deseó no haber sacado eso.

— ¿¡Una... Una fusta?! — Tiró el objeto de nuevo a la caja. — ¡Eso es peligroso!

— No, en realidad. – Tomioka sacó la fusta. — Está hecho para no causar daño.

La preocupación en la cara de Rengoku no desapareció y creyó que esto habia sido una mala idea, por lo que bajó su mirada. Por supuesto, su novio se percató de eso.

— ¡No usemos la fusta esta vez... En cambio, puedo... Ehm...! — Trató de buscar una solución rápida y una idea llegó a su cabeza. – ¡Nalguearte! — Levantó su mano, sorprendiendo al otro hombre.

El rostro lechoso de Giyuu se puso rojo al ver esa mano grande, venosa y fuerte. Se vería perfecta en mi cuello, pensó mordiéndose el labio.

— Está bien. — Dejó la fusta en la caja. — Hagamos un trato.

— Sí, dime.

— Dejo que elijas todos los juguetes que quieras, pero con una condición. — Levantó un dedo y Rengoku, por supuesto, se vio curioso.

— ¿Cuál?

Él negó.

— Te la diré cuando elijas los juguetes.

Guiado por su curiosidad, tomó rápido algunos juguetes más de la caja. Al final, terminó con un pequeño vibrador sencillo, las pinzas para los pezones y una mordaza.

— Dímelo ahora. — Sonrió, impaciente como un niño.

Giyuu dejó la caja en el suelo y tomó la mano de su novio.

— Por favor. — Puso la palma sobre su garganta, mordiéndose el labio. — Ahorcame.

Sintió como el pantalón le apretaba cada vez más, eso había sido inesperadamente excitante, demasiado.

— Tus deseos son ordenes. — Dijo, acercándose más a él sin quitar la mano de su cuello.

༻༺

Giyuu chillaba retorciéndose en la cama, pasaba desesperado sus manos por la frente, su cabeza iba de lado a lado, desordenando su cabello sobre la almohada, respiraba fuerte, tragaba saliva, de tanto tirar las sabanas de la cama las sacó de las orillas enredando la tela entre sus manos. Sus piernas se abrían cada vez que se relajaba y volvían a cerrarse cuando un estremecimiento casi eléctrico pasaba por su espalda.

— Ah, no... puedo... más... ¡Dios mioo! — Casi se sentó en la cama, las sensaciones lo abrumaban.

Hacía tantas muecas y sonidos variados que Rengoku pensó en parar lo que estaba haciendo.

Pero debía acatar lo que había dicho Tomioka.

"No importa lo que diga, sólo pararás cuando yo diga la palabra de seguridad, ¿Bien?"

— ¡Kyooo...! — Tomioka cerró los ojos, tapándose la boca para que su grito no fuera escuchado por los vecinos. — ¡No puede seeerrrrrr...!

Sin querer rió y eso hizo que Giyuu volviera a gritar casi desesperado.

Rengoku movió la lengua en círculos sobre la punta del órgano, deleitándose con la sensación de los muslos internos de Tomioka moliéndose contra cada lado de su cara. Amaba tener la cara enterrada entre las piernas del pelinegro, mientras sentía como los miembros lo atrapaban.

Tenía cada nalga en un hombro, pasando los brazos por los costados del cuerpo más pequeño, agarrando fuerte la cintura, evitando cualquier indicio de escapar.

Succionó el glande.

— ¡Noo...! — Giyuu parecía estar entrando en pánico.

Mientras, él se concentraba en mover su lengua de diferentes maneras, miraba las piernas a su lado, tenían unas cuerdas de cuero que, al parecer, eran parte de la sorpresa que Tomioka aún no le mostraba, pero que ya sospechaba de qué se trataba.

Por su parte, Giyuu se sentía abrumado, en la orilla del abismo del placer, trataba de hacer un esfuerzo por hablar, pero su cerebro sólo le daba acceso a unas cuantas palabras y, en especial, al nombre de su novio.

Él probó muchos tipos de vibradores, pero no podía creer que la lengua caliente, larga y juguetona de Rengoku podía superar a su juguetito rosa de gatito que tenía nueve diferentes tipos vibraciones. Y es que era muy extraño, una nueva sensación, tal vez era por el hecho de que era muy, muy caliente y babosa.

O tal vez eran los ojos flameantes de Kyojuro que la miraban con tanta devoción y lujuria.

De repente comenzó su pánico, sintió se vejiga hinchada, ganas de orinar.

Giyuu quería decir algo, pero su maldito cerebro estaba siendo la perrita sumisa de la lengua de Rengoku y no le iba a ayudar a menos que el rubio lo consintiera.

Para bien, o para mal, ahora dos dedos viscosos entraron en su cavidad.

Maldito lubricante de cereza, olía tan bien.

Tocó algo dentro que lo hizo sollozar, maldiciendo la forma prodigia que su novio tenia para estimularlo.

— OhDiosMioOhDiosMioOhDiosMio... — Quería moverse, pero las mano fuerte y grande de Rengoku sobre su cintura no la dejaba escapar, enterraba su pulgar en su costado en forma de castigo por zarandearse. — Se siente tan deliciosooo...

La lengua se movió de lado a lado burlándose de la sensibilidad del glande y los dedos entraban rudos.

— ¡NnnnooooKyoooo!!! — Gritó, arqueando la espalda atormentado, su vejiga estallaría en cualquier momento.

Puso sus manos sobre la cabeza de su novio.

— ¡Kyo, Kyo! — Llamó. — MmmmKyoo, ¡Daikon! ¡Daikoonn!

En cuanto escuchó la palabra de seguridad, Kyojuro se alejó de inmediato de la entrepierna de Giyuu, pero fue demasiado tarde y el pelinegro dejó salir todo en un grito.

Sus piernas temblaron y todo su cuerpo fue esclavo de espasmos fuertes que no podía detener. Eyaculó unos pocos hilos de esperma, para luego dar paso a varios chorros de agua, mojando la cama y de paso a Rengoku.

Se tapó la boca de manera desesperada, sus ojos se fueron hacia atrás y el abrumador placer adormeció sus neuronas.

— Oh, vaya... — Escuchó a Kyojuro casi en un eco.

Jadeó fuerte, cerrando sus ojos y apretando las piernas.

— Yuu... Yuu~… — Chasqueó los dedos frente al rostro de el chico. — ¿Estás bien, mi amor? — Sonrió cuando él lo miró con sus ojitos azules llorosos y los labios humedos con saliva cayendo. — ¿Te gustó?

Giyuu se encogió de hombros aun sintiendo los resíduos del orgasmo y asintió.

— Bien, porque eso estuvo ardiente y no sabes cuanto espero volver hacértelo. — Sonrió, una sonrisa normal, de todos los dias, pero esos ojos eran de una bestia hambrienta.

Se cernió sobre el cuerpo de Tomioka separándole las piernas para acomodarse sobre él.

— Eso... Se llama... Squirt... — A penas podía respirar. — Ni siquiera con mis juguetes... Pude lograrlo...

Eso había sido un alago.

— Te amo, te amo mucho. — Rengoku rió por las palabras de su noviecito, quien lo sostuvo del cuello y le besó toda la cara.

Lo tomó bien de los hombros, abrazándolo con cariño.

— ¿Me amas de verdad o amas lo que puedo hacer con la lengua? — Sopló en su oído.

— Te amo sólo porque eres tú. — Le susurró. — Y amo lo que haces con tu lengua.

Rengoku se rió abiertamente.

Se besaron tranquilamente, permitiendo que el calor de la excitación volviera nuevamente con lentitud a sus cuerpos.

La euforia poco a poco fue menguando sus huesos.

Las manos delgadas de Tomioka viajaron por sus costados, sin dejar de besarle los labios. Sus palmas se detuvieron en la orilla del pantalón de vestir de Rengoku.

Oh, amaba esos pantalones.

Como lo indicaban las reglas del colegio, debía usar pantalones de color oscuros y de vestir. Y como todos los pantalones de vestir, se usaban hasta la caderas, con la camisa metida dentro. Le daba verguenza admitirlo, pero siempre que Rengoku volteaba en el colegio, él no podía evitar a mirarle ahí abajo. Y por delante era mejor aun. Se le notaba todo.

Siempre pensó que no iba a pasar de mirarlo avergonzado por los pasillos de la escuela.

Llegaba, arrepentido, a la casa de su hermano, sintiéndose un acosador.

Hasta que Rengoku llegó un dia a su oficina, diciéndole que estaba loco por él.

Siempre fue introvertido y con suerte había tenido la oportunidad de salir con Murata, quien también era un marginado en la escuela.

Por eso no podía creer que ahora tenia sus manos dentro del pantalón de Rengoku, tocando su ropa interior a punto de llevar sus dedos a ese preciado lugar.

Su novio levantó un poco la cadera para dejarlo hacer lo que quisiera, mientras besaba el cuello lentamente, dando leves chupones que no dejarían marcas.

Tomioka, por su parte, acariciaba el miembro por sobre la tela del boxer con la palma ahuecada. Cuando tuvo la suficiente valentia, metió su mano dentro, tocando y verificando lo acolorado que estaba en su celda de tela.

— Uhg, Giyuu... — El sonido ronco de Rengoku en su oído le hizo temblar las piernas.

Tuvo especial cuidado de no pasar a llevar el sensible órgano con sus uñas, no sería justo hacerle sentir dolor después de lo que le hizo con la lengua.

Oh, no, Tomioka estaba empeñado en hacerle sentir bien.

Acarició con delicadeza, sonriendo cada vez que sentía un besito o una lamida en su yugular.

¡Pero qué demo––!!

Giyuu sacó la mano casi como si hubiese tocado algo hirviendo.

— Ay, válgame. — Chilló de manera ahogada, mirando entre ellos el bulto sobresaliente.

— ¿Qué ocurre? — Rengoku siguió la mirada de su novio, estaba concentrado en eso de abajo claro.

— ¿Cómo es que eso...? — No continuó su pregunta, tapándose la boca con la mano.

El rubio creyó que algo iba mal, su novio hasta lo dio vuelta en la cama, sentándose sobre sus muslos.

— ¿Giyuu, qué demonios te ocurre? — El chico no le respondió y sólo se acomodó mejor entre sus piernas.

El pelinegro terminó por bajar todo el cierre y tomó las orillas del pantalón junto a la ropa interior para hacerla descender un poco, liberando el miembro al fin.

Se tapó la boca otra vez.

— Kyo, eso es... — No pudo seguir y se cubrió la cara con el cuello de la camisa.

De repente se sintió avergonzado por la reacción de su novio y rápidamente se subió la ropa interior.

— ¿¡Cómo se supone que lo meteré a mi boca!?

— ¡No lo hagas! — Rengoku temía que su novio se atragantara.

— ¡Kyo, tienes casi veinte centímetros ahí! — Las palabras de Tomioka se escucharon ahogadas estando aun detrás de su camisa.

— Veintiuno, de hecho.

Ante su respuesta, Giyuu bajó la camisa un poco, para dejar visibles sus ojos azules.

— ¿Lo has medido?

— Por curiosidad lo hice cuando adolescente. — Respondió rojo de verguenza. — Diecisiete flácido y veintiuno erecto.

— Dios mío. — Sacó todo su rostro. — Necesito mucho lubricante para eso...

Ahora Rengoku fue quien se tapó la cara de la vergüenza.

— Voy hacer algo. — Dijo él y sintió como volvía a bajar su pantalón.

No quiso quitar las manos de su cara, pero sintió un cosquilleo en su glande.

— ¡Dios, Giyuu! — Sacó las manos de la sorpresa.

Se encontró con su novio pasando su lengua sobre la punta de su pene, no parecía experimentado, no obstante, no estaba mal, se sentía un leve cosquilleo, caliente y baboso, no era áspero, se sentía suave con leves texturas.

— Servirá para lubricar un poco más. — Susurró Giyuu, sosteniendo el falo entre su mano cerca de sus labios. — ¿O quieres el lubricante artificial?

Los labios del pelinegro se curvaron un poco, sus cejas se arquearon hacia abajo.

Oh, estaba jugando.

Su rostro aniñado bajó cada vez más, la sensación babosa empezó desde la base y fue subiendo con lentitud.

— Prefiero el artificial... — Dijo, deteniendo a su novio. — Vamos, ¿No se supone que debes hacer todo lo que tu amo diga? — Tomó las mejillas blancas entre su mano, apretandolas levemente, eran suaves y tan moldeables.

Giyuu asintió y buscó la botellita en el colchón, encontrándolo justo detrás de él. La abrió y la olisqueó, un olor fuerte a cereza, le gustaba mucho, no sabía de dónde lo habia sacado, pero le pediría que fueran juntos a aquella tienda.

Vertió el líquido viscoso sobre el miembro, pasando su mano para expander el lubricante.

— Muy bien hecho. — La voz gruesa de Kyoujuro le daba leves descargas eléctricas en la espalda.

Se mordió el labio y se separó de su novio.

— Kyo, esta es la sorpresa que quería mostrarte.

Tomó la enorme camisa de las orillas y la subió lentamente, bajo la shockeada mirada de su novio.

Oh bien, sabia que tenía algo de cuero abajo, pero vaya...

Eran sólo cuerdas rodeándole el cuerpo, no tapaba absolutamente nada, es más destacaba hasta lo más mínimo del cuerpo de Tomioka.

Okey, en su cabeza recapituló.

Rengoku ha estado atontado por Tomioka desde hace tres años, y no fue hasta hace tres meses que tomó valentia para decírselo.

Primero fue una total admiración por su hermoso cuerpo y su carita que se quedó en la adolescencia.

Fue una tarde de verano, durante las vaciones, él iba con Senjuro caminando hacia el departamento y lo vio a lo lejos, estaba con su hermano, llevaba una camisa negra abajo de un haori de doble estampado, y unos pantalones que mostraba esas piernas tan largas como una carretera y tan bien formadas. En cuanto subió el haori pudo ver esa cintura, casi diminuta.

Quedó embobado, puesto que ese hombre sólo usaba ropa deportiva en la escuela y jamás habia visto tremendo monumento.

Y ahora lo tenía frente a él, decorado en cuerdas de cuero, que apretaban la piel, en especial los muslos gruesos. Las caderas estaban levemente enrojecidas por el roce del cuero sobre ella.

Y su pecho, vaya...

Tomioka era un atleta, eso se sabía por lo que no le sorprendía que tuviera unos pectorales bien definidos, un poco más pequeño que los suyos, pero esas cuerdas los hacían resaltar mucho más.

Los pezones era de un color durazno un poquito oscuro. Eran adorables.

No supo cuanto tiempo estuvo perdido en su cuerpo, pero, para cuando se dio cuenta, Giyuu ya tenía su miembro metido en la boca.

No pudo quejarse, la sensación era exquisita, babosa, calentita. Creyó que se derretiría dentro y apenas habia metido la mitad.

Tomó lo cabellos negruscos de su novio, uniéndolos en una cola sobre la cabeza. Poco a poco sintió como se deslizaba más abajo por su miembro, el apretón de la garganta lo hizo sollozar.

Subió y bajo lentamente, vaya qué sensación tan más delicioso.

Ciertamente se negaba a que Tomioka se lo metiera a la boca porque, ¡Vamos, eran veintiún centímetros!

Tratando de mantener eso en su cabeza e ignorando el placer, agarró el pelo negro y lo separó de su miembro.

Escuchó un jadeo y una respiración agitada, se notaba que habia estado aguantandose la respiración y contuvo una que otra arcada.

— ¡Te dije que no lo hicieras! — Lo tomó de los brazos, preocupado viendo la cara roja y los labios humedos. — ¡Pudiste ahogarte!

Tomioka limpió sus labios con los dedos, mirando los restos de líquido preseminal, los lamió, llenando su lengua con el sabor salado.

— Oh dios mio. — Trató de controlarse al ver eso. Entonces sus dedos se hundieron en la piel de Tomioka. — Te mereces un castigo.

En un chillido sorprendido, Giyuu fue puesto sobre el regazo Rengoku, se agarró a la pierna del rubio, tratando de ver lo que iba hacer.

Unos labios soplaron aire caliente sobre su oído.

— Lleva la cuenta.

No entendió para qué necesitaba hacer eso hasta que sintió un dolor punzante en su nalga derecha.

— No te escucho contar.

A Tomioka le temblaron las piernas.

—…Uno.

— Buen chico.

¡Paf!

— ¡Ahh! — Gimió. — Doss...

La palma reposó sobre su nalga y dio caricias en círculos.

— ¿Volverás a desobedecerme?

Apretó las piernas y se mantuvo en silencio.

¡Paf!

— ¡AhhTrrressss!

— Contéstame, Giyuu. — Le apretó la nalga casi cruelmente. — ¿Vas a desobedecerme?

Tomioka negó con la cabeza.

— Así me gusta.

¡Paf!

— Eso fue por no contestarme de inmediato. — ¡Paf! — Y eso porque el rojo te queda de maravilla.

༻༺

Creyó que su novio se limitaría a unas nalgadas y al tono autoritario de voz, pero no.

Trataba con toda sus fuerzas de mantener las manos en alto al lado de su cabeza, a pesar de que los musculos de sus brazos le ardían. Intentaba todo lo posible para no cerrar las piernas, tampoco es como si tuviera alguna oportunidad de cerrarlas, puesto Rengoku las separaba con sus propias rodillas.

Y cada vez que bajaba los brazos o apretaba las piernas...

— ¡Ay, Kyo!

Los dientes del rubio mascaban la carne de su cuello.

— Ya te dije que no quiero que bajes los brazos...

Era casi imposible acatar a esa orden, ya que los dedos viscosos estaban sobre su falo, acariciando toda la extensión con demasidad lentitud, mientras metía de a poco el vibrador por el canal empapado y caliente.

Dolía, dolía como el infierno lo lento que era, se sentía al borde del orgasmo, pero siempre que estaba al límite, Kyojuro sacaba sus dedos de su clítoris y apagaba el vibrador.

— ¡MierdaMierdaMierdaaaa! — Lloró, esforzándose por mantener las manos arriba. — ¡Kyo, por favoorr, deja que me vengaaa!

— Shhh... — Prendió el vibrador y lo puso sobre el glande. — Si evitas que tus brazos caigan, te dejaré venir...

Él apretó los puños e hizo su mejor esfuerzo nuevamente.

¡Vamos, Tomioka, eres profesor de educación física, vas al gimnasio cuatro veces a la semana, esto no es nada!

Rengoku, sin embargo, estaba dispuesto a destrozarle el cuerpo y burlarse de él.

Apretó el vibrador contra el miembro, haciéndolo chillar.

— ¡NooKyooo! — Esta vez no sólo bajó las manos para agarrar las muñecas de Rengoku, sino que también cerró las piernas.

El vibrador se apagó.

— Pero qué chico más desobediente... — Gruñó en su oído. — Tan malo...

Sacó sus manos, jadeando frustrado por no poder llegar a su anhelado orgasmo.

— Giyuu, dime lo que has hecho...

Tembló.

— Bajé las manos.

— ¿Y...?

— Y agarré tus muñecas.

Sintió las manos robustas de Kyojuro agarrar sus brazos, fuerte, enrojeciendo la piel.

— Esas manos son demasiado traviesas...

Cayó al colchón boca abajo, con las piernas separadas y el trasero en alto, de reojo vio al rubio quitarse la corbata con movimientos bruscos y seguros.

Se mordió el labio, Kyojuro lo estaba volviendo loco. Desde su voz gruesa que estaba constantemente en tono de amenaza, su manos duras, calientes y venosas, sus ojos flameantes que centelleaban divertidos y hambrientos, hasta esa seriedad que le daba un porte mucho más autoritario y alto de lo que realmente era.

Sólo se llevaban un centímetro y él era un año mayor, pero aun así Rengoku parecía una bestia hambrienta, un hombre al que no podía decirle que no, si no sentiría las consecuencias.

Sus antebrazos se unieron y sintió la tela lisa de la corbata rodearlos, unos cuantos apretones y no pudo separar sus brazos.

— ¿M-Me vas a amordazar? — No le molestaba, muy al contrario.

— Haz sido desobediente... — Murmuró Rengoku.

El rubio dirigió su mano al torso del chico para tomarlo y sentarlo, pero tentado, se mordió los labios y su mano se hundió en los cabellos negros.

— Una perra muy desobediente. — Dicho esto, tiró del cabello hasta dejarlo sentado sobre su regazo nuevamente.

— ¡! — Un chillido agudo fue lo único que salió de su garganta, golpeando su espalda contra el ancho pecho de Rengoku. — Lo siento... Lo siento...

Las disculpas lamentables salían de una manera tan sucia de su boca salivante que Rengoku no pudo evitar sonreír mientras se mordía los labios.

— Tu castigo aun no termina...

Entonces, Rengoku levantó facilmente la cadera de Tomioka, bajando su ropa interior para sacar su pobre miembro rojo y erecto. Volvió a sentar a su novio sobre su regazo, dejando que su pene rozaba el falo caliente y húmedo de Tomioka.

— Oww... — Gimió Giyuu casi de manera dolorosa al ver el pene tan cerca, pero tan lejos. — Kyo... Déjame tenerlo...

— Oh, lindo... ¿Acaso crees que te lo mereces? — Mordió el lóbulo de la oreja. — Te haz portado muy mal...

Tomioka sollozó, de verdad que necesitaba tenerlo dentro.

— Eres una perrita rebelde...

Los dedos del rubio pasaron por la parte interna de los muslos, separando los labios.

— ¿Qué eres, Yuu?

Gimió, viendo aun el pene entre sus piernas.

— Soy una perra rebelde.

— Precisamente, ¿Y de quién es esta perra?

Sentía que salivaba más de lo normal.

— Tuya, soy tu perrita.

Rengoku sonrió, mostrando todos sus lindos dientes, Tomioka tenía ganas de lamerlos.

Su mano buscó por la cama, topándose con la cadena delgada.

Oh, justo lo que quería.

Puso la cadena frente a ellos y Giyuu soltó un fuerte suspiro. Acercó una de las pinzas a uno de los pezones, pero su pecho se extendía y contraia demasiado.

— Quieto, no quiero hacerte daño. — Dio un beso humedo detrás de la oreja.

Tomioka controló su respiración, permitiendo que su novio pusiera perfectamente la pinza sobre su pezón. Apretaba fuerte, pero nada que él no pudiera soportar.

— ¿Se siente bien?

Asintió, lamiéndose los labios. Escuchar la voz gruesa de Rengoku le secaba la boca.

Un suspiro salió de sus labios cuando ambos pezones tuvieron las pinzas puestas.

— Parace que haz aprendido la lección. — Pasó su mano por las costillas blancas, tomó la cadena entre sus dedos, mientras la otra tomaba las mandíbulas de Tomioka. — ¿Verdad?

— Sí, Kyo… La he aprendido.

— Buen chico. — Metió su pulgar a la boca roja de su novio. — Oh, mírate, deseas tanto que te folle que hasta te pusiste a llorar... — Acarició el labio inferior con su pulgar mojado.

Tomioka asintió, poniendo hasta un puchero.

— Mi niño, aun debes rogarme... — Le dio un besito sobre los labios, no dejando que Tomioka lo siguiera. — Dime todo lo que quiero escuchar...

Realmente se estaba divirtiendo con esto, amaba ver a Tomioka vuelto loco por él, desesperado. Lo quería rogando, lo quería frustrado, lo quería llorando y gritando por y para él.

Le encantaba que el rostro tierno que casi siempre estaba en una mueca seria o aburrida ahora estaba rojo y húmedo, pidiendo que se la metiera ahora.

— ¿Qué... Qué quieres escuchar...? — Jadeó, mirándolo espectante.

— Di que eres mi perrita, di que eres mío...

Tomioka no pudo evitar un gemido sucio.

— Soy completamente tuyo, Kyo... — Frotó su espalda contra el pecho del otro. — Soy tu perrita obediente, tu zorrita... — Lamió la mejilla de su novio.

— Dime Papi...

Lo vio sonreír.

— Oh, papi... — Mordió la mandíbula del rubio y este respondió apretando fuerte su muslo. — MmmPapiii...

Las uñas cortas de Rengoku pasaron por el interior de su pierna, dejando cuatro lineas rojas que le ardían.

— Ahhhhh... — Soltó un gemido tendido como si se lo hubieran sacado del núcleo. — Papii... Por favor, seré bueno...

— ¿Lo serás? — Él asintió. — Oh, mi niño... Te lo mereces.

Soltó un gemido sorprendido, feliz por las palabras de su novio.

Entonces las manos de Rengoku fueron al interior de sus piernas, separó sus nalgas y tomó su propio miembro.

Estaban algo secos, así que acercó la botellita de lubricante con su talón, puso una buena cantidad sobre su pene y otra sobre una de sus manos, se aseguró de humedecer ambos sexos, no quería que fuera doloroso y menos causarle alguna herida a su novio.

Tuvo que levantar las caderas del chico para poder alinear su punta con el agujero, su tamaño a veces era un problema.

Su glande se hundió entre los pliegues, se sentía tan caliente y tan humedo, era todo muy suave. Bajó el cuerpo de Tomioka un poco más hasta que la parte más gruesa de su pene topó contra la piel del pubis.

— ¡Oh! — Soltó Giyuu, casi salta al sentir esa parte.

Ok, Rengoku si era largo, pero también era... Gordo. Era la parte intermedia del falo, con varias venas hinchadas, ya la había notado al hacerle el oral, meterlo no fue la gran cosa, sólo un leve dolor en las mandíbulas, pero ahora que estaba metiéndose por ahí debajo, era algo totalmente diferente.

Todo su canal sensible estaba siendo estirado y forzado.

— Muy... Muy grande... — Sollozó.

Rengoku se acercó a su rostro, preocupado por sus quejidos.

— Si quieres detenert—¡Mierda, ngg!

Habia caído de lleno sobre su cadera, enterrándose todo lo restante de miembro caliente.

Se sintió abrazado por un montón de pliegues mojados y líquido hirviendo. Jadeó y agarró el pelo negro para tirarlo hacia atrás.

— Creí que ya habías aprendido la lección, zorra. — Habló enojado, pudo haberse lastimado.

— Castígame otra vez. — Gimió, babeando. — Castígame... Hazlo, hazlo...

La bonita boca de Tomioka se curvó en una sonrisa, mientras sus cejas hacian un gesto triste.

— ¿Quieres que te casitgue? — Tiró más el cabello, haciendo que la espalda contraria se curvara de una forma hermosa. — ¿Quieres que te folle fuerte? ¿Quieres que te ahorque? ¿Que tire de tu lindo cabello?

Giyuu asentía ante cada pregunta que se le hacia.

— Oh, lindo... — Rengoku sonrió, sonrojándose más. — Te haré todo lo que mereces...

Depositó ambas manos en las caderas de Tomioka, hundiendo los dedos en la carne, haciendo presión hacia abajo, obligando a la cadera a moverse en círculos sobre él.

— Oh dioooossss...

Sintió espasmos musculares por sus piernas, mientras el vientre bajo le cosquilleaba casi de manera dolorosa.

De a poquito, Rengoku movía más rápido y arritmicamente las caderas redondas de Giyuu sobre él, haciendo que sus palabras se limitaran a un constante ah, ah, ah que cada vez se escuchaba más ahogado.

No dejó que Tomioka disfrutara mucho del movimiento y lo tiró al colchón boca abajo nuevamente.

— Junta las piernas... — Su voz se escuchó tan aterciopelada que hasta le pareció escuchar una petición y no una orden.

Sintió la mano grande de Kyojuro sobre su espalda haciendo presión hasta obligar a su cuerpo a arquearse y hundirse levemente en el colchón. Las piernas de su novio lo atraparon contra la cama, dejando cada miembro a un lado de sus muslos.

Kyojuro se movió más hacia el frente, casi quedando sobre él, sólo sosteniendo su cuerpo con su mano que apretaba a Giyuu contra el colchón, mientras la otra tomaba su pene y la redirigia a la entrada rosadita.

En cuanto el glande entró, se acomodó para dar una estocada fuerte, estrellando su pelvis contra las bonitas y sonrojadas nalgas de Giyuu. Dejó su miembro dentro, quieto unos cuantos, volvió a retroceder y entró nuevamente con violencia.

— ¡¡Nnnggg!! — Tomioka movió la cabeza en negación contra las sabanas, mientras golpeaba el colchón con sus pies. Eso era lo único que podía mover, lo demás estaba totalmente bajo el fuerte agarre de Rengoku, quien no permitía que se arrastrara ni un milímetro.

— Vamos, amor... G-Grita para mí... — Jadeó el rubio, retrocediendo. — Di.. Di mi nombre... — Arremetió adentro.

Tomioka negó.

— Los... ¡Ngg! Los v-vecinoosss... Mmm... — Dio como argumento, ocultando su cara en las sabanas.

— ¿Ellos... Son más importantes que yo...? — Se acercó a su oreja, mientras se hundía más en su interior. Sus manos acariciaron su cintura, pellizcando la piel y apretando la carne.

Sus ojos volteron a verlo, tenía un gesto inocente y una sonrisa tan tierna, esa sonrisa que lo enamoró. Se mordió el labio, sabía que lo estaba manipulando... Y eso le excitaba.

— No... Nadie es más importante que tú... — Le sonrió.

Rengoku le dio un besito en la mejilla.

— Buen chico... — Volvió a hacer presión contra su espalda. — Ahora grita para papi, quiero oir como te encanta...

Los ojos de Tomioka se fueron hacia atrás, de verdad que su novio lo estaba volviendo loco.

Entonces sintió la embestida contra él, estimulando todo su interior.

— ¡Ah, mierda...! — Una más. — ¡Oh, Kyo, Kyo...! — Y otra. — ¡Por Dios...!

Tomioka trataba desesperadamente de soltar sus brazos del amarre que le habia hecho Rengoku con la corbata, sintiendo el escozor sobre su piel.

De repente su novio comenzó meter y sacar su miembro mucho más rápido de su interior.

— ¡Ah, ah, ah...! — Apretó los ojos. — ¡Kyo, Kyo, Kyo...! — Sus ojos brillaron, apenas podía manterlos abiertos, mientras su saliva caía por la orilla de su boca. — ¡No pares, no pares...!

Rengoku acercó su boca a la nuca de su chico, encontró que la correa de cuero que rodeaba el cuello estaba unida por dos pequeños broches, lo agarró con los dientes y los soltó de un tirón. En cuanto vio la piel expuesta no dudó en lamerla y morderla fuerte.

— ¡Ahh, Kyojuro! — Escuchó el sonido de la tela rompiéndose, bajó su mirada topandose con los brazos de su novio libres de la prisión de su corbata. Esta yacía rota sobre la espalda. — Uh...

Los brazos delgados descansaron flexionados al lado del cuerpo de Giyuu.

— Alguien está emocionado... — Besó la mandíbula.

— Lo siento... — Le gustaba como se le veía esa corbata a su novio.

— Tranquilo. — Acarició sus costillas. — Mientras te tenga gritando, nada más me importa. — Sonrió.

Se sonrojó por ese comentario.

Sintió el miembro de Rengoku deslizándose hacia afuera.

— ¿Obedecerás a papi? — Él asintió. — Bien, entonces levanta tu lindo culito para mí.

Lo dejó libre, mientras él se acomodaba sobre sus codos y rodillas.

— Oh dios mio. — Exclamó el rubio, sonriendo, sonrojado, tapándose la cara. — No sabes cuantas veces soñé con tenerte justo así...

Sus manos pasaron por los muslos claros, regocijandose al ver que su mano se hundía contra la carne blandita. Paró cuando tuvo ambas nalgas atrapadas contra sus dedos.

— Estás tan expuesto. — Separó las nalgas. — Y eres mío...

— Sólo tuyo...

Rengoku se enterró en el cuerpo ajeno, los espasmos de los músculos internos de Tomioka sobre su miembro le dopaba las neuronas.

Se movió en círculos, apretandole las nalgas.

— Kyo... — Suspiró Giyuu. — Me gusta...

Su voz se escuchaba suavecita, bajita.

Le pareció tan tierno.

Entonces se vio en la obligación de darle una nalgada.

— ¡Ay, Kyo! — Apretó las sabanas entre sus dedos.

— Muévete, Yuu...

Dejó que el pelinegro guiara el ritmo, mientras él se mantenía atrás, dando una caricia y una nalgada fuerte.

Se maravilló con los movimientos suaves y flexibles de su cadera, yendo de atrás adelante, de lado a lado y en círculos perfectos.

Pudo divisar por poco segundos un ojo azul mirarle, con los pómulos rosaditos y unos lindos labios abiertos y brillantes.

Tomioka era una verdadera belleza.

Cuando sintió el cosquilleo en su vientre bajo, decidió que quería venirse viendo esa carita.

— Detente. — Agarró el trasero de su novio.

Salió de él y tomó una de sus piernas, volteandolo con rudeza, haciendo que el cuerpo claro rebotara en el colchón. Giyuu se tapó el pecho, mirándolo confundido.

Pasó sus brazos fuertes por debajo de los muslos de Giyuu, arrastrándolo por el colchón hasta pegarlo más a él, dejando las piernas sobre las suyas, abiertas de par en par.

Hacia calor, mucho calor.

Trató de deshabotonar la camisa, pero la calentura le ganaba y terminó por abrirla, tirando los botones por la cama, se sacó la camisa, tirándola al piso. Volvió su mirada al chico bajo él, mientras se pasaba la mano por su cabello sudado.

Giyuu le sonreía, mordiendo su labio, en un gesto compungido, rojo. Al parecer habia disfrutado de eso.

— Necesito verte la cara cuando te vengas. — Le dijo, quitando la correa de su cuello. — Para cuando esté solo, recordarte.

— Muy inocente de tu parte creer que dejaré que estés solo. — Acarició la mandíbula de su novio.

Sonrió, besando la palma de su mano. Sus ojos bajaron al pecho de su novio, aun tenía las pinzas puestas.

— Cierto... — Tomó la cadenita. — Rompiste mi corbata...

Y eso se ganaba un castigo.

— Chico malo. — Y tiró de la cadena, sacando las pinzas.

La cara de Tomioka se deformó en dolor, abriendo su linda boquita, mientras su pecho se cernía hacia arriba por la respiración fuerte que inhaló.

Oh si, definitivamente era mejor esta vista que la otra.

Tomó a su novio por las costillas para lamer sus maltratados pezones, dándoles algo de cariño.

Acarició ambos músculos con suavidad, mientras subía a su oído.

— Ahí voy. — Y entró nuevamente.

— Oh, Kyo...

Su mano se aventuró por el esternón hasta el cuello delgado, lo rodeó con sus dedos y dio un leve apretón.

Las uñas bien limadas de su novio se enterraron en su brazo que lo ahorcaba, sus ojos en blancos eran increíbles y como sus lindos dientes mordían su labio, ya estaban dejando una marca.

Exhaló moviéndose con más rapidez contra el cuerpo de su novio, haciendo que la cama se moviera, podía escuchar el respaldo chocar contra la pared.

¿Podría romper la pared sólo con el respaldo? Eso lo iba averiguar.

— ¡Kyo, Kyo, Kyo! — Su voz se escuchaba estrechada por su cuello apretado. — ¡Más fuerte, más fuerte!

Y obedeció con todo gusto, agarró las cuerdas de los muslos y lo levantó, dejando a Giyuu recostado en su espalda alta. Ambos se sacudían de atrás hacia adelante, Kyojuro estaba hipnotizado por el sonido de sus pieles, el sudor de la cara de Tomioka, su miembro desapareciendo entre las piernas regordetas de su chico, como esos ojos azules trataban de mantenerse abiertos, pero que simplemente fallaban en su propósito.

Escupió su mano, llevándola a la entrepierna de Giyuu, masturbandolo rápido.

— ¡Ahhhhhh!! ¡No, no, no, no! — Tomioka agarró su muñeca con ambas manos y aun así su agarre se sintió débil. — ¡Mierda, mierda, mierda! — Movió su mano más rápido y lo penetró con mucha más fuerza. — ¡Uhhh, Kyooo...!

Los hombros de Giyuu se encogieron, al mismo tiempo que su cuerpo entero temblaba, sus manos agarraron la muñeca de la mano que lo estimulaba, la apretaron con fuerza. Sintió los músculos internos dilatarse y estrecharse a su alrededor de una manera deliciosa. El pelinegro soltaba largos gemidos, casi parecidos a jadeos, mientras sus ojos se ponían en blanco.

Varios hilos de semen mancharon el pecho claro de su novio.

Sin perder el tiempo, dio tres fuertes estocadas contra Giyuu, usando tanta fuerza que hasta lo arrastró por el colchón, haciéndolo chillar.

— Oh, Giyuu... ¡Mierda, mierda...! — Apretó la mandíbula y los ojos, eyaculando por fin después de casi una hora de resistirse.

Su esperma cayó por entre las nalgas de Tomioka, manchando las sabanas.

Jadeó cansado, recostandose sobre el cuerpo caliente y sudado de su novio.

Tomioka lo abrazó, dándole unos cuantos besos en el cuello.

— Kyo... — Llamó. — Eres dueño de mis mejores orgasmos...

Rengoku rió, exhausto.

— Y tú eres la pareja sexual más divertida que he tenido... — Se separó para verle el rostro. — Sin mencionar tu carita cuando llegas al orgasmo... Oh, Yuu, podría sacarle una foto y llevarla de fondo en el celular.

La carcajada de su novio era musica para sus oídos.

— Te podría comer con batatas y unos dangos. — Le dio un beso en la boca. — Porque eres un manjar...

— Basta... — Tomioka apretó los labios, poniéndose rojo.

— Oh, no te pongas tímido ahora, soy tu novio. — Tomó su mentón. — Además, hace unos pocos minutos me pedías que te ahorcar–– Los dedos delgados de Giyuu le taparon la boca.

— Sólo fue el calor del momento. — Dijo bajo.

— Caliente o no, puedes llamarme papi cuando quieras. — Le guiñó un ojo.

Entre risas se besaron, abrazándose.

— Gracias por cumplir mis caprichos.

— Por tí, Yuu, mataría demonios.

— ¿Me darías cachetadas?

— ¡No! — Chilló asustado. — No, por favor, no podría golpear tu linda carita. — La abrazó fuerte, besando sus mejillas.

Dieron vuelta por el colchón, sin soltarse.

— Mmmm... — Rengoku miró a su novio sobre su cuerpo. — Ya que te cumplí tus caprichos, ¿Cumplirías el mío?

Tomioka asintió.

— Quiero que me montes, mientras usas una de mis camisas que utilizo para el trabajo.

El pelinegro hizo un gesto sorprendido, luego puso uno pensativo.

— Creo que haz dejado algunas aquí, podría ponérmela ahora. — Dijo sin más, viendo la cara emocionada de Kyojuro.

— ¿¡De verdad?! ¿¡Lo harías por mí!?

— Por tí, Kyo, mataría demonios.

— Pero, ¿No estás cansado?

Los ojos azules se vieron oscuros debajo de las pestañas y una sonrisa, pequeña, pero maliciosa se dibujó en sus labios.

— La noche aun es joven, papi...

Rengoku sintió un escalofrío en su columna vertebral.

De seguro su expresión fue chistosa, puesto que la risa escandalosa de su chico se escuchó por toda la habitación.

Tenía una hermosa cara, unos gestos delicados y todo él se mantenía en armonia.

Su belleza no era extravagante, su pelo era de un negro muy oscuro, pero poco peculiar, sus ojos no eran grandes ni de un color extravagante, sus labios eran pequeños y delgaditos, su nariz no era respingona, sino más bien recta.

Era una belleza limpia, sútil, totalmente etérea.

No obstante, su hermosura se acrecentaba cuando se reía y mostraba los dientes parecidos a perlitas, los pómulos se le ponían rosados y sus ojos se achinaban tiernamente. Los cabellos desordenados se le movían y exhalaba fuerte.

Era bonito, pero lo era aun más cuando era feliz.

Cuando se reía, cuando hablaba emocionada de algo en especial... Cuando la dopamina se le liberaba en el cuerpo.