Disclaimer: todos sabemos que nada me pertenece, así que no es necesario seguir aclarándolo.

Dedicado a Genee porque #Cumplí y a Mid porque #NoLoEsperaba.

¡Espero que disfruten este pequeño retazo!


Mentiras frutales


Inadmisible. Inaceptable. Un escándalo y una traición. Sí , un horror. Cómo era posible? Estaba ahí, frente a ella, sonriendo mientras se llevaba uno de sus estúpidos fideos a la boca. Despreocupado por la vida.

Algo de contexto: restaurante. Primera salida después de una pandemia que casi destruye a toda la humanidad y deshace los cimientos de... bueno, quizá no tanto, pero sí , después de no verse por bastante tiempo. Sonrisas, juegos, miradas coquetas. Jun había pasado dos horas en encontrar algo que ponerse que le gustara y que combinara con sus ojeras adquiridas por noches sin sue o, su peinado que había pasado de caótico a qué horror a ya no me importa, y su cansancio físico que podía notarse en sus hombros ca dos.

Dos.

Putas.

Horas.

Se había encontrado con Koushirou a la hora indicada, en el lugar indicado. Se habían abrazado como nunca antes, recuperando el impulso de esos dos a os que, lento pero seguro, se perfilaban a ser muchos más. Koushirou apenas se había sentido incómodo por la demostración de afecto en público. Y eso decía mucho de la situación que habían vivido. Caminaron, y Jun no podía evitar sentirse la protagonista de una película estadounidense de una pareja vagando por Tokyo. Aunque bueno, no estaban en Tokyo, no eran estadounidenses y... cómo era que terminaba esa película?

En fin, desvaríos. Caminaron sonrientes, disfrutando de la presencia del otro, sin hablar demasiado, hasta que, por fin, alcanzaron la puerta del restaurante que había presenciado su primera cita. Los recuerdos la llenaron a Jun, en una oleada incontrolable. Primer beso, primer polvo, primer chocolate compartido, primer regalo, primer aniversario. Qué fijación con las primeras veces, pensaba mientras recordaba movimiento a movimiento el primer d a en el que Koushirou, por fin, había eructado.

Se sentaron a la mesa de su primera cita, y Jun, en ese momento, supo que ten a al novio perfecto. Miraba la carta con una concentración inaudita, como quien analiza un complicado programa de computadoras. Koushirou se tomaba todo en serio, todo como un desafío. Y ella adoraba eso de él.

Había una sola forma de mejorar todo. De hacer que el momento perfecto culminara en el primer recuerdo de su vida marital. Había llegado, por fin. Jun se llevó la mano al bolsillo de su pantalón y, sin tener que hurgar demasiado, sacó una peque a caja de varios colores. La abrió, tomando de su interior algunos dulces redondos y blancos y llevándoselos a la boca. No pudo contener su expresión de satisfacción. El dulce derritiéndose sobre su lengua, mientras la saliva atacaba, haciendo que una suerte de jarabe llenara toda su boca. Cerró los ojos por un momento.

Los abrió.

—Quieres, Kou? —dijo, con una inmensa sonrisa, los dulces aun paseando por su boca. El tiempo se detuvo, los ángeles comenzaron su dulce canto, el cielo hizo que sus pocas nubes desaparecieran, el sol brilló con una fuerza que no se ve a desde que Chikamatsu* hubiera pisado el planeta.

Y Koushirou observó a su novia. Y la caja. Y la mano.

Y negó, con la cabeza.

—No gracias Jun. No sé qué son pero no me gustan las cosas tan dulces, menos antes de un almuerzo —dijo, con una soltura que casi lo hacía parecer inocente en su crimen.

Jun se quedó quieta. Petrificada. Anonadada.

Primero, y principal, no le gustaba comer dulce a su novio. Bueno, eso podía entenderlo, incluso podía llegar a aceptarlo. Vamos, que hay papilas gustativas que no son tan sofisticadas como otras.

Pero no, ese no era el problema. El problema estaba en el segundo punto, mucho más grave, mucho más desgarrador...

—No sabes QUÉ SON? —preguntó ella, sin poder evitar elevar su voz hacia el final en un agudo medio grito.

Koushirou parecía sorprendido por el cuestionamiento.

—Es que no leo bien, ¿cómo es que dice? ¿Mentiras frutales? —rió por lo bajo— Ese es un nombre ingenioso.

No...

No podía ser...

No...

Lo que nos lleva a un silencio sepulcral en la mesa, mientras Koushirou sorbe sin demasiado problema de un plato algo hondo. Jun ni siquiera ha tocado su comida. No se dijo una sola palabra desde ese entonces. Cuánto tiempo pasó desde el incidente? Una media hora, quizá poco más. El pelirrojo, al parecer, no quiere molestar a su novia. Y ella todavía está procesando la información. Él, sin embargo, ya no entiende qué sucede, así que se inclina por la decisión racional de todas:

—¿Pasó algo?

—¡MENTITAS FRUTALES, NO MENTIRAS! —Jun está fuera de sí. Y, por supuesto, aquí viene—. Mira Kou, yo sé que tu inteligencia supera ampliamente la de muchas personas. Me incluyo en esa lista. Pero, PERO, no puedo concebir algo de este tamaño. Si acaso todavía no desarrollaste el gusto necesario como para disfrutar de las mentitas, lo entiendo. Puedo ayudarte con eso. Puedo asistirte en tu problema. Un sencillo plan de acción que nos llevar a unos pocos d as antes de hacerte fanático. AHORA —Jun se detiene, en una pausa que llena el lugar de expectativa— ¡NO SABER EL NOMBRE! ¡IMPERDONABLE!

Algunas personas de algunas mesas se giran en dirección a la pareja. Koushirou parece no entender nada. Jun, Jun todavía parece querer seguir hablando.

—Es sólo un dulce... —Koushirou habla en un tono apaciguador, aunque, al mismo tiempo, algo tenso.

—Sólo un dulce es un terrón de azúcar en el té! Estamos hablando, ahora, de algo mucho más importante! Concentración, Koushirou, con cen tra ción!

Y siguieron.

Y siguieron.

Y siguieron.

Los diálogos en un momento de crisis de pareja no son importantes, más si tenemos en cuenta que esa discusión fue entre Jun y Koushirou. Y, aunque medio restaurant se haya enterado de lo que dijo el uno del otro, siempre fueron personas reservadas y prometí, ante todo, que no desarrollar a demasiado esa parte. Sólo así conseguí el permiso de escribirles esta anécdota.

Y cómo terminó todo? Bueno, como es lógico, Koushirou probó las famosas mentitas, no le gustaron, se empalagó, tuvo que tomar bastante agua, y, mientras tanto, Jun se terminó dos cajitas más.


Escrito de forma apresurada, así que, si se pasó algo, sepan disculpar.

¡Saludos!