Siete pétalos

Por

Kuraudea

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~Ese día me acordé de ti~

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«—Lo que se empieza por algo pequeño, siempre terminará grande»

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Su maldición siempre estaba vigente. No existía fecha de expedición, pues para él no había descanso porque su malestar lo perseguía segundo a segundo, tal y como su propia sombra. Solo que ésta con peso extra dificultando sus pasos, pues era de concreto: pesada y difícil de arrastrar consigo. Sin importar cuan feliz era, ese síntoma, tal cual gastritis, aparecía siempre «calandole» al pecho. Lo saludaba descaradamente con un «Hola» que por desgracia, no había manera de cambiarlo; ardía y dolía como limón en la herida, ¿Y qué más podía hacer? si al fin y al cabo ese sentimiento arraigado era parte de él.

Ese día, su hija Marien, cumplía su décimo cumpleaños. El jardín de la mansión de los Briefs lucía colorido por la exagerada decoración de globos dorados, serpentinas y botargas de oso que rondaban por el área con singular alegría, sumándole también el barullo de sus invitados y amigos más cercanos. Y claro, si de exuberancia se trataba los Briefs siempre dejaban huella en sus festejos. No importaba si el motivo de dicho evento fuese sencillo, la pequeña contaba con el apoyo incondicional de sus abuelas que sin importarles nada, echaban la casa por la ventana; pero nunca, nunca escatimaban en gastos.

—¡FELIZ CUMPLEAÑOS, MI CHIQUITINA ESPECIAL!—expresó gustosa la abuela Bunny quien en sus manos llevaba la delicia de un pastel exactamente con diez velitas pizpiretas en su superficie de betún azúl cielo. Pese acentuarse los años en ella, siempre lucía una gran sonrisa y buena actitud, todo un encanto. La mujer de crepé alto sería eternamente de las personas favoritas de padre e hija.

Tras colocar el pastel sobre el centro de la mesa que presumía de un mantel amarillo y un sinfín de obsequios a sus lados, la niña de overol rojo y coleta de caballo, que sin duda era el vil retrato de la tía Bra, preguntó por su progenitor— Abuela Bunny, ¿dónde está papá?—observaba para todos lados. Su mirada incluso esquivaba algunos de los presentes como el tío Goten, el abuelito Krillin y la abuela N18, pero no miraba a su padre por ningún lado.

Al morderse los labios y mostrarse impaciente, unas manos forradas por la elegancia de unos guantes negros de piel, sostuvieron sus hombros como buen apoyo para darle aliento: —No te preocupes pequeña Marien, tu padre solo está atendiendo una llamada.—Bulma siempre tan atinada en sus comentarios, le dio inmediata seguridad a la niña tras arrojarle un guiño.

—Sí, abuela Bulma—asintió con mejor humor.

Fue así, que en los interiores de la famosa mansión, se encontraba el hombre más aclamado del festejo. Había tomado prestado el despacho de su madre para atender una llamada del trabajo. Era de esperarse, la Corporación Cápsula siempre tan demandante.

—Rita, por favor me mandas los reportes a mi correo electrónico. Te encargo mucho a estos clientes, los dueños de industrias Isayama son originarios de la Capital del Sur y están muy interesados en adquirir refacciones de la Corporación para sus maquilas de barcos pesqueros—aflojó ligeramente con la mano el nudillo de su corbata, mientras que con un poco de maña, sus dedos sostenían un cigarrillo a medio acabar.—En cuanto me desocupe estaré por allá, ¿Hay novedades de la Sede Norte?

—El vicepresidente Domm tiene todo bajo control, Señor Brief. No se preocupe por eso. En cuento a industrias Isayama yo me encargo de todo, cualquier cosa yo le informo.—Rita siempre tan eficaz y confiable, no por algo era la mano derecha de Trunks.

Sin embargo, antes de culminar la llamada, las puertas del despacho se deslizaron de par en par dándole la bienvenida a su angelical presencia—Trunks, ¿Te falta mucho, mi amor?—era su Sol, tan radiante como siempre pues la frescura de su atuendo blanco y cabello dorado, la hacían lucir aún más bella—Marien está a punto de partir el pastel—le informó.

El azul se limitó de palabras, solo le echó una sensual mirada y negó con la cabeza— Entonces allá te veo— afirmó la rubia dándose la media vuelta.

La llamada continúo.

—Pásela bien, Señor Brief. Y le manda mis felicitaciones a Marien, espero que le haya gustado el album de hologramas de ponys que le obsequié.

Trunsks soltó una risa—Ja,ja,ja, dalo por hecho, Rita. Muchas gracias y cualquier cosa me marcas, ¿sí?

—Así será. Saludos a la familia— fue la última frase de su asistente y el hombre colgó llevando así el móvil al bolsillo de su camisa.

Tras tomar camino por los largos pasillos llenos de iluminación por sus cristales. El azul visualizaba poco a poco la entrada al jardin, con ello, mostró media sonrisa por el ambiente tan colorido que le esperaba y por su puesto, por el día tan especial a celebrar. Su pequeña Marien, tan parecida a él por sus ocurrencias y travesuras, el amor más testarudo de su vida, —«papi, por favor cómpramelo, por favor, ¿sí sí sí?»— fruto y resultado de la consumación con su Sol; ser padre era toda una locura. Pero sin duda, era su mayor riqueza y la experiencia más linda que había experimentado jamás.

Tras filtrarse al jardín, se percató que el personal de limpieza arrastraba hojas secas con la ayuda de rastrillos. Asimismo eran depositadas a un contenedor para después prenderles fuego.

—Buena tarde, Joven Brief.—saludó el hombre de uniforme naranja neón.

—Hola, qué tal …—recibió el saludo tras levantar su mano derecha.

Y el azul caminaba ocultando sus manos dentro de los bolsillos del pantalón. A paso firme pero lento, dejándose llevar por la seducción del aire que revoloteaba sus cabellos lilas de un lado a otro. Se dio el lujo de cerrar los ojos y respirar profundamente por algunos segundos; desvarío, puesto que el olor a hojas quemadas ya lo había consumido, ya había penetrado sus pulmones, sus entrañas, su sangre, su instinto, sus más bajos y ocultos pensamientos y por consecuencia: su corazón palpito con ese ritmo de necesidad y añoranza.

¿Dolía? …desde luego que sí. Porque sin importar cuántos años pasarán y que tan viejo se iba haciendo, su flor siempre se hacía presente, pese a todo.

SIEMPRE PRENSENTE.

–Mi flor…

Y así, meditaba, pensaba y reflexionaba con ligerezas de cabeza: que la vida nunca es perfecta. Y lo supo desde ese día en el muelle cuando la vio y se perdió en sus ojos negros, embriagándose de ese sabor tan tóxico. Recordando así las historias de su viejo amigo, su abuelo. Y le pedía siempre a la vida que nunca le faltara amor para los suyos. Porque era un infeliz, un desgraciado, estaba podrido pero él, a su abstracta manera de vivir, se sentía pleno.

Y lo supo, por recordar a su flor, porque existía y sabía dónde recurrir cuando la necesitara; la casa de las rosas azules siempre iba a estar presente para él, siempre estuvo todos estos años, guiándolo, aconsejándolo…amándolo. Siempre ahí. Así que pretextos sobraban para tenerla presente.

Como pretextos sobraban también para visualizar lo dichoso y bendecido que era cuando su cintura fue rodeada por esos pequeños brazos.

—Papi—le nombraron. Y la pequeña recargó su barbilla en el ombligo de su padre. Y él agachó su rostro con ternura y la palma de su mano acariciaba sus cabellos lacios.

—Feliz cumpleaños, mi amor—en definitivo se derretía de amor.

—Pensé que te faltaba mucho, ya estaba desesperada, papá—ambos se sonrieron—¡Ven!—jaló de su brazo—vamos a partir el pastel.

—Por supuesto—le lanzó un guiño.

Tras caminar de la mano de su hija, tras visualizar que de ese «lado» su vida también era linda; se deslumbró porque lo tenía todo ….y hasta un poco más.

Sonrió, tan cínico pero tan feliz.

Observó a Marron hecha una risión; siempre rubia, siempre plena y radiante como el mismísimo sol.

Y en una sola voz se escuchó—¡FELIZ CUMPLEAÑOS, MARIEN!

Fue así, que esa vez se volvió a perdonar a sí mismo. Porque pese a lo repugnante de su doble vida, siempre se necesitaría de la noche y del día para subsistir.

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FIN.

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Gracias por leer, saludos a todos

Besos y cariñps: Kuraudea R.