Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.
Una familia moderna.
Walburga ultimaba los detalles para le celebración que se llevaría a cabo ese día. La cubertería brillaba como un diamante en bruto, la carísima vajilla de porcelana china presidia la maravillosa mesa y las copas de cristal de murano se asemejaban más a artículos de exposición de un museo. Solo faltaba la deliciosa cena que se serviría a las siete en punto cuando todos los invitados estuvieran sentados. Puede que su familia ya no fuere lo que en antaño había sido, pero eso no indicaba que aún tuvieran el mismo gusto refinado. Contó los comensales que los elfos habían colocado, quince personas, todo estaba correcto.
A pesar de los cambios ocurridos desde que Andromeda les había contado que se iba a casar con un sangre sucia, "¡Ay Walburga! sangre sucia no… Sangre normal", se corrigió, la familia había caído en una espiral de transformación sin control. Cygnus y Druella, aunque reticentes, aceptaron al pretendiente de su hija, su hermano siempre había sido un blando y a Druella si las noticias se las bañabas con vino aceptaba cualquier cosa. El siguiente suceso que puso a la familia patas a arriba, fue cuando Sirius fue seleccionado en Gryffindor, aun seguía sin comprender que había hecho mal con ese chico, si al final iba a tener razón Orión en que no debería de haber comido aquellos dulces muggles durante el embarazo, seguro que los ingredientes afectaron al feto en sus fase de desarrollo y de ahí ese fanatismo de su hijo por los muggles. Pero, ¿qué podía haber hecho? Tenía antojos. Aunque, aún guardaba la esperanza de que ese chico volviera por el buen camino… Al menos que se casara, no pedía mucho.
Alphard fue el siguiente en revelarse, su hermano mediano siempre había sido el más descarriado de todos. Cuando decidió dejar de lado su envidiosa carrera en el ministerio no le sorprendió, lo que sí lo hizo fue cuando traspasó todo el dinero de la herencia de sus padres a Sirius y se fue a vivir a las montañas. Ahora era hippie, esperaba que al menos viniera con los pies limpios, porque eso era otra, decía que los zapatos era una forma de opresión de la sociedad mágica. Así que, llegados a ese punto ya se había hecho a la idea de que no quedaba nada de la familia que sus ancestros habían creado y que inevitablemente debían adaptarse a la era moderna.
Aunque siempre le quedaba su hijo pequeño y sus adoradas sobrinas, Bellatrix y Narcisa. Estas dos últimas sí que eran su mayor orgullo, casadas como la tradición mandaba, con dos sangres limpias de las mejores familias del país. Si que era cierto, que el compromiso de Bellatrix la había tomado un poco por sorpresa, esta era demasiado parecida a Sirius y siempre creyó que les acabaría dando un disgusto, pero el día que les presentó a Rodolphus Lestrange, un joven con grandes influencias en la sociedad mágica, pensó que no estaba todo perdido. Al poco tiempo Narcisa hizo algo parecido cuando un rubio de pelo largo comenzó a ser asiduo por la casa Black, Lucius Malfoy, ese sí que era un caballero y… rico. Los Malfoy habían hecho un gran negocio haya por el siglo pasado, negocio que aun seguía en pie y facturando muchos millones de galeones. Regulus, su pequeño Regulus, había comenzado a trabajar con ellos hacia solo unos meses. Lucius le contó que ya apuntaba maneras, y eso que había terminado hacia nada sus estudios en Hogwarts, con Regulus no había comido ningún dulce muggle.
–Se están retrasando. –El reloj de su padre marcaba las seis de la tarde. Les había indicado a todos que estuvieran puntuales. Cumplir los horarios era una cosa que aun pretendía conservar en esa familia.
–Será por los niños. –Druella le quitaba importancia mientras terminaba su tercera copa de vino.
–Por el amor de Merlín, Druella que tus nietos ya son capaces de conjurar hasta una maldición imperdonable. –Nymphadora, la hija de Andromeda y ese sangre normal, ya era una joven de quince años, y Draco, el hijo de Narcisa y del maravilloso Lucius, estaba por comenzar en Hogwarts el próximo año. –Además, ¿y el resto? –Sirius y Alphard tenía por descontado que llegarían tarde, pero ¿Bellatrix y Regulus?
Pero como si sus palabras hubieran sido un conjuro, la chimenea se iluminó de un verde intenso y de ella salió una persona. Sabía que Regulus nunca le fallaría.
–¡Mi pequeño! –Desde que se había mudado al centro de la ciudad apenas le veía.
–Madre… –Que soso era ese chico ni un beso ni nada. Era igual que Cygnus.
Esa interacción fue interrumpida por unos aporreos a la puerta. ¡Lo que faltaba! Algún vecino que les venía pedir el aguinaldo. Suspiró y se acercó a la puerta, obvio que les daría dinero, así verían que ella no tenían problemas de dinero. Pero cuando abrió la puerta, descubrió que no era ningún vecino.
–¡Hermana! –Alphard la envolvió en un apretado abrazo. Olía a incienso y pachuli. Le repugnaba.
Detrás de este se encontraba Sirius, al menos su hijo venia decentemente vestido, vaya porte. Haber cuando se casaba y le daba nietos. Su hermano sin embargo estaba como acostumbraba, es más mucho peor, no le sorprendió que viniera descalzo, a pesar de las tres cuartas de nieve, pero ese pelo que llegaba prácticamente a la cintura y esas barbas… "¡Morgana dame fuerzas!"
–Llevábamos llamando a la puerta desde hacia minutos. Pensamos que ya no éramos bienvenidos en esta casa.
Sirius pasó por su lado sin saludarla ni si quiera un pequeño gesto con la cabeza. Que hombre más soso.
–Haber utilizado la chimenea.
Alphard que se paseaba por el pasillo como si de una pasarela de modelos se tratase se paró en seco y se giró hacia ella.
–¡¿Acaso no eres consciente de lo mucho que contamina eso?! ¡No hay planeta B! –Levantó el puño en alto a modo de reivindicación.
Walburga negó, menos mal que había dejado de importarle lo que hiciera o diciese su hermano. Cuando volvió al salón sonrió feliz al ver a sus dos sobrinas favoritas y los maridos de estas, así como al pequeño Draco. Su hermano y su mujer no eran conscientes de la suerte que habían tenido.
–El loco ha bajado de la colina. –Bellatrix siempre era el altavoz de las palabras que ella debía de mantener para sí. –Mejor dicho, locos… –Nunca entendió como Bellatrix y Sirius pasaron de ser inseparables a llevarse tan mal.
–Prima, parece que hoy hay convención de locos, no ves que tú has llegado la primera. –Sirius, por supuesto que no iba a permanecer callado, esperaba que al menos se comportasen en la mesa.
Observó como Bellatrix apretaba la copa entre sus manos, estaba furiosa. Pero ahora no tenía tiempo para preocuparse por tonterías, tenía que ir a achuchar los cachetes de ese niño rubio que estaba molestando a uno de los elfos.
–¡Draco! –Comenzó a pellizcar esas mejillas sonrosadas. El chico se estaba revelando pero tenía muy claro que quizás ese fuera lo más parecido a un nieto que iba a tener. Cuando dejo al chico, se agachó a su altura y le deslizó un par de galeones en la mano. Acto seguido Draco se abalanzó a sus brazos y le dio un fuerte beso. Era igual que su madre, tampoco fallaba eso cuando era pequeña.
Los últimos invitados llegaron media hora más tarde. No entendía porque habían tardado tanto ya que por lo que según parecía, continuaban en pijama. Andromeda había adoptado la forma de vestirse de los muggles, había visto en algunas revistas la alta costura muggle y podía decirse que era bastante decente, pero lo que su sobrina llevaba era peor que lo que las baratas tienda del Callejón Diagon vendían. Su marido, el sangre normal, combinaba con ella y la hija de ambos, con lo afortunada que había sido con nacer metamorfomaga, utilizaba dicho don para optar por ese estilo "pinky" o "punky" o como se dijera, que llevaban ahora los jóvenes pobres.
El reloj marcó las siete.
Definitivamente están fuera del horario estipulado.
A pesar de todo, Walburga sonreía ampliamente al ver a toda su familia sentada a la mesa. Hizo que Kreacher encendiera el árbol de navidad, que para eso estaban celebrando ese veinticinco de diciembre juntos, y a continuación la cena fue servida.
Su marido y ella presidian la mesa, como era de esperar. Cygnus y Druella se encontraban junto a su marido, Regulus estaba sentado a su lado derecho y Alphard al izquierdo, así controlaría sus ganas de poner sus sucios pies sobre su caro mantel. Bellatrix y Narcisa, así como sus maridos y el hijo de esta última se sentaban a continuación de Regulus, mientras que Sirius, Andromeda, Ted y Nymphadora lo hacían en el lado opuesto.
–Regulus, cuéntale a la familia qué tal te va en el trabajo. –Orión intervino al comprobar que lo único que se escuchaba era el sonido de los cubiertos.
–Bien. –Dijo el joven escuetamente.
Walburga miró a su hijo menor y negó con la cabeza. Que chico más sin sustancia.
–Es excelente. –Lucius se limpió la boca con la servilleta y habló en nombre de Regulus. –Le puedo decir, que no tardará en ascender a un puesto directivo.
Walburga sonrió ampliamente. Su hijo podría ser poco hablador pero era todo un orgullo para ella.
–Lucius ha conseguido un contrato millonario con el gobierno mágico americano. –Narcisa disfrutaba alardeando de su matrimonio. Normal, seguro que era la envidia de sus hermanas.
Cygnus y Druella felicitaron a su yerno y a su hija, al igual que hicieron Rodolphus e incluso el mismo Ted. El sangre normal no debía estar acostumbrado a tanto éxito.
–A saber cuántos culos habrás tenido que besar…
No tenía ni que mirar para saber de quien habían salido esas palabras. Sirius se jartaba de sus propias gracias. ¿Por qué su hijo no se comportaba como un hombre decente?, encima utilizaba unas palabras de lo más vulgares.
Lucius y Narcisa se habían sorprendido por las palabras de Sirius, pero no dijeron nada. Ahí se marcaba quien tenía clase y quién no. Pensó que el tema iba a quedar zanjado por la distracción del siguiente plato, pero no fue así.
–A saber los que has besado tu, o mejor dicho a saber a quién se la has chupado para acabar siendo auror.
¡Ay no! Que su Bellatrix no se rebaje. Si Sirius lo único que busca siempre es crear ese tenso ambiente. Debe estar falto de atención, quizás debería de haber comprado más elfos para que le atendiesen cuando era un niño.
–¿Te digo a quien se las chupas tú? Porque tengo información de una fuente muy cercana.
–Dile a tu fuente que la próxima se vez se la va a chupar a sí mismo.
Cosas obscenas en su mesa no, cosas obscenas en su mesa no. Si hasta sus familiares en los retratos se habían ido al escuchar tales improperios.
–Aquí nadie le chupa nada a nadie. –Si es que era hasta soez la palabra saliendo de su boca. –Lucius enhorabuena por tu contrato, seguro que será un negocio exitoso. –Tenía que cambiar el rumbo de esa conversación. –Nymphadora… ¿Qué tal en Hogwarts?
La joven que aun estaba riéndose por la escena que acababan de vivir, cerró la boca y su cara se torno en ira.
–¡No me llames Nymphadora! –El pelo de la chica cambio a un rojo intensó.
Walburga por una vez en su vida se asustó. Era como ver a su abuela Violetta cuando le gritaba de pequeña.
–Tía Walburga. Discúlpala, está en una fase… Ahora prefiere que nos dirijamos a ella como Tonks.
Observó como la joven asentía y el pelo volvía a su color habitual.
–Yo también recuerdo una fase parecida… –Alphard se apoyaba contra el respaldo de la silla y miraba pensativo hacia el techo. –Teníamos unos trece años y Orión había venido a pasar el verano con nosotros, fue cuando encontramos unas revistas de padre que… Buff… menudas mujeres. Nos pasábamos cada dos días la revista entre nosotros tres.
Walburga ya estaba sudando, temía lo que iba a salir de la boca de su hermano, por eso llamo a Kreacher para que interrumpiera el momento cambiando la cubertería para tomar el postre, pero Alphard continuo.
–Yo asumí que todos las estábamos utilizando para… bueno, vosotros ya sabéis para que… –Sonrió con picardía.
Todos los presentes estaban atentos a la historia, ella no sabía de qué iba aquello, nunca le habían contado nada. Pero por el rabillo del ojo observó como su hermano se aguantaba la risa y su marido había quedado tan blanco como la vajilla.
–Hasta que un día Orión, va y nos dice que, tras analizar cada una de las páginas, había tenido una revelación y que a partir de ahora, ¡iba a ser mujer! –Alphard apenas pudo terminar su relato sin comenzar a reírse.
Para su sorpresa todos se unieron a las risas, todos menos el propio Orión y Narcisa que lo único que se preocupaba era de mantener tapados los oídos de su hijo con las manos.
–¡Y que le llamásemos Oriana!
Aquello fue lo que remató la cena, y para su sorpresa hasta ella termino riéndose. Orión se tapaba la cara con las manos, pero el movimiento de sus hombros indicaba que lo que estaba haciendo era aguantarse la risa. Druella también reía aunque más bien era por las dos botellas de vino que se había terminado, y Cygnus que a pesar de ser el más serio de todos, lloraba de la risa.
Cuando la cena dio por finalizada se fueron a uno de los salones para tomarse unas copas e intercambiar regalos. A pesar de los pequeños sobresaltos de la cena, la velaba estaba saliendo mejor de lo esperado.
Draco corría por la casa detrás de los juguetes que le habían regalado y Nymphadora estaba en otro de los salones tumbada en el sofá con un aparato pegado a las orejas de donde salía una música más bien parecida a los tambores del infierno. Regulus leía un libro ignorando a todos. Lucius, Rodolphus y Ted negociaban sobre un posible contrato con la empresa en la que trabajaba el último. Alphard, Cygnus y Orión continuaban contándose batallitas de cuando eran adolescentes. Por último Andromeda y Narcisa forcejeaban con su madre para quitarle la copa de vino. Los que estaban desaparecidos eran Sirius y Bellatrix, "Merlín escúchame y no permitas que se estén matando".
El intento de sus sobrinas para controlar a su madre resultó en vano y la copa que esta llevaba en su mano, acabó desperdigada por todo el suelo.
–¡Druella! ¡Esta alfombra vino importada de Marruecos! –Esa pieza valía más que todos los muebles de ese salón. –¡Kreacher! –Gritó.
El elfo de apareció a duras penas, llevaba todo el día cocinando y sirviéndoles.
–¡Limpia este desastre! –Le ordenó.
Kreacher se acercó a la mancha pero nada más llegar a ella cayó al suelo. No podía ni levantar la cabeza.
–Maldito… Elfo. –Druella arrastraba cada palabra que decía. –Te voy a cortar la cabeza. –Le apunto con la varita, pero sus hijas fueron más rápidas y aplacaron el movimiento.
Walburga negó con la cabeza. Al final fue ella la que se tuvo que levantar e ir a la cocina para buscar algo que limpiara esa mancha, ¡es que el vino no salía ni con un fregotego! Cuando encontró un producto muggle de limpieza en el fondo de unos de los armarios de la cocina salió al pasillo para volver al salón, pero cuanto estaba pasando por delante de la sala donde se encontraba el tapiz, un extraño ruido procedente del interior de esta le llamó la atención. La puerta no estaba cerrada por completo así que solo tuvo que acercarse para conocer lo que estaba ocurriendo.
Acababa de descubrir quién era la fuente tan directa de la que Sirius había hablado en la cena y por tanto quien era la persona a la que su sobrina Bellatrix le hacía eso que se había insinuado. Se apartó de la puerta alarmada y acabo apoyada en la pared del lado opuesto. No era la más indicada para sorprenderse, ella había acabado casada con su primo, pero nunca se le hubiera ocurrido hacer la clase de cosas que su hijo y su sobrina estaban haciendo en esos instantes, cuando cualquiera podía entrar, y por cualquiera quería decir el marido de esta última.
Y ella pensando que se odiaban. Obviamente cuando odias a alguien no acabas haciendo lo que los dos estaban haciendo.
Suspiró negando con la cabeza y lanzo un hechizo silenciador a la habitación. No quería tener que lidiar con el marido cornudo de su sobrina.
Volvió al salón y se arrodilló para limpiar el suelo.
–Madre, ¿estás bien?
Levantó la vista para encontrarse con la cara de preocupación de su hijo, cuando miró al resto todos tenían la misma cara, incluso Nymphadora y Draco que se habían vuelto unir a ellos.
–Por supuesto, ¿porque iba estar mal? –Walburga céntrate, no te tiene que sorprender lo que acabas de ver, cosas peores han pasado en esta familia.
–Estas limpiando. –Druella la miraba con total incredulidad y hasta la borrachera parecía que se le había esfumado.
Miró lo que estaba haciendo y se horrorizó.
–¿Qué está pasando?
Sirius y Bellatrix entraron al salón. Walburga se levantó rápidamente al verles, a simple vista no parecía que hubieran estado mantenido relaciones en la sala contigua, pero la rojez de su mejillas no podía escapar a su análisis.
–Madre está enferma. –Regulus se acercó a ella. ¡Qué hijo más protector! –Está limpiando.
Sirius rió y fue a servirse una copa. Bellatrix rodeó con los brazos la cintura de su marido.
Menuda familia que habían creado.
–Si no lo limpio yo quien lo va hacer, ¡sois una panda de desagradecidos!
Aquella contestación sirvió para que todos dejaran de prestarle atención y volvieran a sus conversaciones.
–Mi amor, ¿al final le demostraste a Sirius la importancia de ser puros? –Rodolphus acariciaba la cara de su mujer.
–Sí, solo tuve que mostrarle nuestro linaje. La sala del tapiz hizo que se viniera… Arriba con nuestros ideales.
¡Merlín! no sabía si iba a poder volver a mirarlos a la cara. Es que Walburga ¿por qué no los has encontrado torturando alguien? ¿Por qué los tienes que encontrar haciéndolo? Se apuntó en su mente ordenarles a los elfos que desinfectasen la sala del tapiz. Con lo que gustaba a ella ese lugar…
–Tía Walburga, nosotros nos vamos. Draco tiene que dormir. –Narcisa se había despedido ya de todos y solo faltaba ella.
–Estas jóvenes mentes necesitan descansar. –Asintió repetidamente. Viendo lo visto ya había perdido la esperanza en sus hijos y sus sobrinas, así que ahora esperaba que la siguiente generación estuviera más cuerda.
El matrimonio no se fue sin que antes les diese un sonoro beso a cada uno y en especial a Draco. Los siguientes en continuar la desbandada fueron Andromeda y su familia, en esta ocasión solo beso a su sobrina, al sangre normal no le daba ni la hora, no fuera a ser que eso de la sangre se pegase y al demonio que tenían por hija tampoco, a veces esa chica le daba miedo.
–Nosotros también nos vamos. –Bellatrix se levantó del sillón junto a su padre. –Roddy tiene que irse mañana a Francia a una reunión de negocios, así que es mejor que descanse.
Observó como su sobrina se iba despidiendo de todos los presentes, de todos menos de Sirius. No si ahora iban a ir como que no había pasado nada. De verdad, no entendía que les pasaba a estos jóvenes de hoy en día. Durmstrang, ahí es donde los tenían que haber mandado a todos.
El pobre Rodolphus se despidió de ella caballerosamente, menudo hombre, con ese porte y ese saber estar… Una enorme pena, el chico tenía unos cuernos tan grandes como esa casa.
Regulus se fue detrás de ellos haciendo un gesto con la cabeza a modo de despedida, que ser más insípido tenia por hijo, y eso que ella pensaba que Sirius era el poco cariñoso… Bueno, viendo lo que había visto, se debería de morder la lengua de todas las veces que le había dicho que fuera amable con sus primas, aunque no debió de entender la clase de amabilidad de la que ella hablaba. Se dirigió a él, el cual estaba sirviéndose copa tras copas, ya tenía bastante con tener a Druella en medio de un coma etílico como para encima tener que aguantar a Sirius.
–Que poca vergüenza tienes. –Le murmuró para que no le escuchasen los otros tres hombres que continuaban hablando animadamente. –Tendrás que darme las gracias de que no hubiera dicho nada.
Sirius la miró confuso, pero se encogió de hombros y se sirvió otra copa.
–¿Es que no vas a decir nada? –Le quitó la copa de la mano. –Te he visto con tu prima en la sala del tapiz. –Si se avergonzaba hasta ella de decirlo en voz alta.
Su hijo abrió tanto los ojos que parecía haber visto el fantasma de la tía Elladora, la cual se paseaba de vez cuando por la casa con las cabezas de los elfos que ella misma había cortado. Observó cómo se ajustó la corbata y tomaba una gran bocanada de aire.
–Eso no es de tu incumbencia. –Le dijo cortante.
¡Lo que faltaba! Que viniese a mancillar su casa y ahora quisiera ir dándole lecciones.
–Está casada –Intentaba no elevar la voz. –Como se entere su marido…
Sirius se la quedó mirando y comenzó a reírse.
No entendía nada.
–Primero, eso es su problema, como bien has dicho es ella la que está casada y segundo, solo estoy siendo cariñoso con mi prima, la pobre está muy necesitada en ese matrimonio. Roddy no da la talla. –Sirius se tomó de un sorbo lo que quedaba en la copa.
Observó como Sirius se separaba de ella y se unía al grupo de hombres. Ella optó por sentarse al lado de su cuñada, demasiada información había recibido y le estaba comenzado a doler la cabeza. Se podía haber tomado alguna de las pociones que tenia para acabar con ello, pero prefirió tomar de ese elixir alcohólico del que todos bebían. Quizás el vino curase todos sus dolores, no solo el de cabeza sino también el que su familia le estaba causando.
Regulus era un extraño, la cara de psicópata nunca le había pasado desapercibida pero ahora que había madurado era horripilante. Cuando comenzaron a ocurrir todos aquellos cambios debió de encerrarle en San Mungo. Maldito Orión que le dijo que tenían que aceptar lo que sus hijos querían…
Sirius, lo más sorprendente de Sirius era que no le sorprendía nada de lo que había hecho, pero que fuera capaz de enrollarse, como decían los jóvenes, con su prima casada, eso sí que no se lo esperaba. Cuando vio que era seleccionado en Gryffindor lo tenía que haber educado en casa. Pero, otra vez Orión le dijo que debían aceptar que las siguientes generaciones entrasen en otras casas.
Sus sobrinas, que decir de ellas. Andromeda continuaba siendo un ser ajeno para ella, porque su hermana y su cuñada la querían tener en casa… Que si fuera por ella la hubiera quemado del tapiz, mira que hay muggles y los hay bien guapos y atractivos, pero es que Ted era más feo que un ogro. Después estaba, la que hasta hace unas horas era su favorita, Bellatrix, siempre había alardeado de que era la que más se parecía a ella, pero no ahora sí que no, irte con otro hombre que no fuera tu marido era un gran pecado. Por muy liberales que fueran los jóvenes, eso no lo iba aceptar. Y por último, estaba Narcisa, esa era la única más normal de todos, aunque también había visto esa noche cosas que no le gustaban, quitarle al pobre Draco los dos galeones que le había dado no le había parecido nada bien, sabía que a su sobrina le gustaba el dinero, pero de ahí a pasar a quitarle dos míseros galeones a tu hijo, era demasiado hasta para ella. Beauxbaton, ahí las deberían de haber enviado para que aprendieran a ser unas damas.
Suspiró. Miró a los retratos que colgaban en el salón, la mayoría de sus familiares estaban dormidos. Se centró ellos para ignorar las tonterías que la borracha de su cuñada murmuraba así como no escuchar las obscenidades que decían los cuatro hombres. Como echaba de menos la disciplina de los Black, aquella que hacía que te colgaran por los pies del saliente del tejado para que aprendieras de tus errores, eso es lo que ella debería de haber hecho con todos… Pero cuando iba repasando cada uno de los cuadros se percató de algo, no toda su familia estaba presente. Faltaban todos los que habían sido repudiados.
Había escuchado a su padre lamentarse del día que echaron de casa a su hermano Marius, un squib o a su tío Phineas, defensor de los derechos muggles… Así que cuando su vista se fijo por último en la foto de todos los Black en la actualidad, se dio cuenta de lo afortunada que era, puede que ninguno hubiera resultado como ella esperaba, pero al menos, todos estaban juntos.
Al final le iba a tener que dar las gracias a Orión por obligarla a aceptar los cambios que se estaban produciendo.
A/N: ¡Hola! Espero que os haya gustado este one-shot que acaba de salir de mi cabeza. Hacía tiempo que estaba pensando en escribir algo centrado en los Black y especialmente en Walburga, la cual disfruto escribiendo, así que, aquí está el fruto. Me he divertido mucho con esta historia y espero que hayáis disfrutando leyéndola.
