Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


El Retorno de Walburga.

La celebración de la Pascua Mágica le confirmó que no podía continuar obviando la desgracia en la que había caído su familia. Es cierto que estaba agradecida de conservarlos a todos pero, había cosas que no podía aceptar y si no intervenía cuanto antes… ¡Que Merlín les pillase confesados!

La celebración se había llevado a cabo en casa de Narcisa, una casa preciosa por cierto. Los Malfoy continuaban llenando su bóveda de Gringotts y eso se notaba en las maravillas que poseían. ¡Que estilo! ¡Que elegancia!… Aquello estaba resultando demasiado hasta para ella. Había vuelto a darle un par de galeones a Draco para que este dejara que le achuchase. Para su sorpresa, había observado como su sobrina se acercaba al chico y le quitaba las monedas. Una vergüenza. Nunca creyó que Narcisa fuera tan superficial como para quitarle a su hijo una simple recompensa. La velaba también le hizo darse de bruces con la realidad de lo mal educada que era la familia de Andromeda. El sangre normal era coherente que se comportase así, sabía perfectamente que los muggles era unos incivilizados pero la niña… Esa niña era peor que una banshee. Por si no fuera poco, Andromeda no hacía nada para solventar el comportamiento de su hija, parecía que la alentaba. Una vergüenza. Después de lo bien que habían tratado a Andromeda cuando se presentó con ese sangre normal.

Regulus solo dijo dos cosas, hola y adiós. No era capaz de sacarle más que eso. Cada vez que lo veía, tenía claro que su hijo menor tenia algún problema psicológico. A su lado, Cygnus parecía el alma de la fiesta. El joven les ignoraba con toda la intención del mundo. En aquella ocasión descubrió que llevaba un encantamiento silenciador en sus oídos para no escucharles. Una vergüenza. ¿Dónde estaba el cariñoso bebe al que enviaba a Kreacher cuando lloraba? Desde luego, ahí en el cuerpo de ese joven escuálido no. Por último, estaban los dos mayores desastres que habían salido de aquella familia. Sirius y Bellatrix continuaban en las andadas, puede que los demás no se dieran cuenta pero ella si, y en el instante que supo que Rodolphus no iba compartir la celebración con ellos. Centró toda su atención en esos dos. Toda la comida estuvieron haciendo como que no se soportaban, y tal como acostumbraban, los insultos habían estado presentes en la mesa. Pero que bien los conocía, en cuanto los perdió de vista cuando Druella cayó inconsciente tras beberse una botella de whisky, desaparecieron de su radar. No tuvo que pensar mucho para saber qué era lo que estaban haciendo. Seguro que Sirius sabia que los estaba vigilando y lo había hecho adrede para molestarla. Una vergüenza. Encima esta vez cuando los pilló, era Sirius el que estaba chupando a saber que a Bellatrix.

Ya no aguantaba más. Tenía que hacerles ver a todos los descendientes de la familia Black que debían de volver por el camino marcado. No había marcha atrás… Bueno, al menos esperaba que en uno de los casos esta si estuviera siendo utilizada.

Comenzó su magnífico plan empezando por aquel que creía que le sería más fácil.

Regulus.

Le había mandado a su hijo infinidad de cartas para decirle que iba a ir a visitarle, pero este no había visto ninguna o las había ignorado. Pero Walburga Black no era de las que aceptaba un no por respuesta o la ausencia del mismo. Su hijo se había trasladado a un apartamento en el centro de Londres, al principio no le hizo mucha gracia que fuera en un barrio muggle pero debía de admitir que respecto a la arquitectura, estos podían ser grandiosos. Se tapó la nariz con un pañuelo cuando al ascender por las escaleras se encontró con algún que otro habitante del edificio. Aún tenía miedo de contagiarse y volverse squib o algo mucho peor. Apretó el bolso contra su pecho, no es que tuviera miedo a que le robasen, que también, pero es que allí llevaba la carta por la que San Mungo aceptaba hacerle un reconocimiento a su hijo para evaluar sus facultades cognitivas y decidir si era apto para internarle en el ala de psiquiatría.

Llamó a la puerta, lo hizo porque al intentar aparecerse dentro, un hechizo se lo impidió. Volvió a llamar repetidas veces. Nadie abrió. Suspiró pesadamente. Regulus no debía de estar en casa. Furiosa, bajo la escaleras. Aquella petición de San Mungo tenía un tiempo limitado si no era aceptada cuanto antes. Cuando llegó al portal del edificio se tapó otra la vez la nariz con un pañuelo, un hombre cargado de varias cajas cuadradas entraba por la puerta, vestía una chaqueta roja que conjuntaba con su gorra. En ambos artículos tenía escrita una extraña palabra "pizza".

–A este tal Regulus le va a dar un infarto con tanta pizza.

Al escuchar el nombre de su hijo se dirigió al hombre.

–Disculpe… ¿Viene a ver a Regulus Black?

El hombre se detuvo y se dirigió a ella.

–Señora, tengo prisa. Si no le entregó estas pizzas al tal Regulus me lo descontarán de mi salario. Además, ha estado llamando los últimos veinte minutos a mi trabajo quejándose de que estaba en casa y las pizzas no le llegaban.

Walburga frunció los labios. No sabía que era una pizza, pero lo que si se había dado cuenta es que su hijo estaba en casa. Una idea se le pasó por la cabeza...

–Le pago el doble por esas cajas si me deja entregárselas yo misma.

El hombre abrió los ojos de par en par y sin pensárselo dos veces se las dio. Walburga, que siempre salía con algo de dinero muggle, le entregó las libras. Volvió a subir los cinco tramos de escalera y llamó a la puerta de nuevo.

Esta vez si que abrieron.

Pensó que seria Regulus el que se iba a llevar la sorpresa, pero la sorpresa se la llevó ella. Ahí delante, se encontraba su hijo vestido con las ropas muggles mas mugrientas que jamas había visto. Si hasta a su lado Ted parecería de la alta sociedad. Esa camiseta llena de agujeros podía considerarse el traje de un elfo de familia decadente, el pantalón corto no llevaba una mancha más. Para su descanso estaba descalzo, pero lo que más le llamó la atención fue ese extraño objeto que llevaba en sus orejas y de los cuales salia algo en dirección a su boca.

–¡Madre! Gritó el joven.

Walburga aprovechó la confusión y entró en la casa. El estado de aquel lugar se asemejaba a las pintas de sus hijo. Todo revuelto y lleno de suciedad. Lo único que se veía impoluto era una cosa cuadrada al fondo que desprendía luz y ruido.

–¿Por que no me has abierto? ¡He estado golpeando a la puerta una hora!

Regulus la miraba como si el fantasma de la Elladora Black se hubiera presentado en su casa.

–¡¿Y que guarrada es esta?! Aquellas cajas desprendían un olor nauseabundo.

–Madre, yo… Se quitó eso que llevaba en la cabeza. ¿Por qué estas aquí? Es mi casa Dijo con desafío.

–¡Regulus Arturus Black, como me vuelvas hablar así te lanzo un cruciatus que te olvidarás hasta de tu nombre! Le apuntó con la varita. Orion siempre evitó que utilizara hechizos contra sus hijos o sobrinas, pero esa era la respuesta de porque se comportaban tan mal.

El chico agachó la cabeza mientras asentía repetidas veces.

–Disculpa madre. Tu presencia me ha sorprendido.

–No mientas a tu madre. Se que has estado aquí todo este tiempo y me has ignorado. Continuaba con la varita levantaba.

Observó como el chico la miraba con los ojos abiertos de par en par.

–Madre, no la he escuchado… Miró alrededor de la habitación. Es que mirá, ves esto. Señaló a eso que se había quitado de la cabeza. Lo tenía puesto y por ello sale música, sonidos, puedes hablar con la gente… Ahora señaló a otra parte del objeto. Y por aquí puedo hablar yo. Es muggle.

Walburga se tuvo que apoyar contra aquella mugrosa pared. Su hijo predilecto con cosas muggles. ¡Merlín llevame ya!

–Después lo conecto a aquello de allí. Señaló a la caja esa con luces y sonidos. Y me paso días así.

Ese vocabulario no lo entendía. Para ser sincera no entendía nada de lo que estaba viendo y escuchando.

–¿Días? ¿Y tu trabajo? Apretó el bolso contra sí. Menos mal que sus influencias en San Mungo le habían facilitado esa carta.

Pero lo más curioso sucedió a continuación y por primera vez en su vida, vio una sonrisa en el rostro de su hijo.

–¡Este es mi trabajo!

El chico se acercó a un sofá y se sentó frente a esa caja.

–Me dedico a jugar a videojuegos y después doy mi opinión sobre ellos, y... ¿Sabes? ¡Me pagan por ello!

¿Qué tipo de trabajo era ese? ¿Muggle? ¿Un Black haciendo trabajos de muggles? Si al final la que iba a tener que acabar en San Mungo iba a ser ella.

–Hijo, no te da vergüenza… Con todo lo que ha hecho Lucius por ti… Te contrato en su empresa sin tener experiencia. Ahora iba a tener que buscar una escusa creíble para no hacer que los Black quedasen como unos incongruentes.

Ese comentario hizo que su hijo se girase hacia ella con furia.

–¿Qué crees, que no se que le habéis dado dinero para que me mantenga en la empresa? Aquel era un secreto que le había hecho prometer a Lucius que no se lo contase a su hijo. Tenia dudas de si el huraño de su hijo iba a encontrar un trabajo. Lucius me lo contó todo y llegamos a un trato. Os haríamos creer a todos que trabajaba con él para que continuarais dándole dinero. Para mantener esta coartada, le tengo que dar una parte de mis beneficios. Ese rubio solo le interesa el dinero… Narcisa tampoco se queda atrás.

Walburga miraba esa caja en shock, realmente no entendía lo que dentro de esta sucedía. Estaba demasiado sorprendida por lo que su hijo menor acababa de confesar. Se sentía engañada pero no por Regulus, sino por Lucius. Siempre le había tenido en un pedestal y ahora se daba de bruces contra la realidad. Ese hombre solo estaba interesado en el dinero de los Black.

Pero hubo algo que hizo que su furia se esfumase.

–Madre no sabes lo que feliz que me hace haber confesado. Esto es lo que me gusta hacer. Se señaló a si mismo. Así, soy feliz.

Le miró. No sabia como reaccionar, pero era la primera vez que su hijo se mostraba cercano y eso le gustaba. Ese Regulus era un desconocido, pero le prefería mil veces más que al chico que apenas le hablaba.

–Esta bien hijo, me iré para que sigas… Trabajando.

El chico asintió y volvió a cubrirse las orejas con aquel extraño artículo muggle. En cuestión de segundos, Regulus se evadió del mundo y solo tenia ojos para esa caja luminosa.


Tras el encuentro con Regulus y darse cuenta que lo que a su hijo le pasaba no era que fuera más soso e insípido que un trozo de caucho, sino que su hijo del alma le tenia miedo. Tenia miedo de decirle cuales eran sus objetivo reales en la vida. Es cierto que le parecían horribles y que el trabajo con Lucius seria el ideal. Pero dentro de las desgracias con las que tenia que lidiar, aquella era la menos mala. Ahora, se dirigía a la casa de su sobrina, la que creyó que era su favorita. La verdad es que, había cambiado tantas veces de favoritismos que ya ni se acordaba de cuanto tiempo llevaba siéndolo.

La Mansión Malfoy impresionaba. Era mucho más enorme que la de los Black, pero que fuera tan grande no significaba que fuera mejor. Se presentó sin avisar, tal y como había ideado en su plan. Quería encontrar a toda esa panda de inútiles con las manos en la masa. Se apareció en medio del salón y se encontró con el pequeño Draco dándole patadas a sus juguetes. Que gracioso, en ese sentido era igual que Sirius. Nunca había logrado que conservase sus carisismos juguetes mas de dos días.

–¡Tía Walburga! El pequeño rubio dejó lo que estaba haciendo para correr hacia ella.

Estaba completamente enamorada de ese niño. Era lo más parecido a un nieto que iba a tener en su vida. Como de costumbre, le apretó lo sonrosados carillos.

–Draco, avisa a tus padres de que estoy aquí. Le sonrió al niño esperando recibir una obediencia absoluta, pero no fue así.

–No. Dijo tajante. Quiero mi dinero. Alzo la mano para que le depositase algo.

Frunció tanto los labios que estaba segura que cientos de arrugas se quedarían marcadas en su labio superior para siempre.

–No te voy a dar dinero. ¿Desde cuando un sangre limpia suplica por limosna?

–Mamá me dijo que siempre que me dieses un beso me tenias que dar dinero. El chico se cruzó de brazos indignado.

Eso le confirmada todo lo que pensaba de su sobrina.

–Draco hay que hablar con respecto a tus mayores… ¡La próxima vez que vuelvas a Grimmauld Place, te colgaré por los pies desde el saliente del tejado! Ahora llama a tus padres inmediatamente.

El chico salió corriendo.

Se ajustó la ropa, no le gustaba tener que verse en esa tesitura pero si podía encauzar la mala educación de ese niño, lo haría. Se paseó por el salón observando el lugar. Todo carísimo, pero mucha falta de educación. A Cygnus, sus hijas le habían salido unas gárrulas. El gen Rosier era peor que el de un muggle. Cuando llevaba una hora esperando, decidió que ella misma buscaría a su sobrina. Salió del salón y se dirigió al piso de arriba. Le extrañó mucho no encontrarse con ningún elfo. Paso por la habitación de Draco y allí se lo encontró dándole patadas a otros juguetes.

–Draco. Le llamó. No me has hecho caso, ahora no te daré ningún galeón. Rió. Se burlaba del crio, pero es que se lo merecía.

El chico enfadado se dirigió corriendo hacia la puerta y la cerró dando un portazo. Si es que tenia razón, se comportaba igual que Sirius.

–¡Draco! ¡No se dan portazos!

Del otro lado del pasillo su sobrina salia cubierta de una sustancia que tenia toda la pinta de ser asquerosa. No destilaba la imagen de alta clase que solía tener.

–¡Tía Walburga! Gritó sorprendida. ¡¿Qué estas haciendo en mi casa?!

Si encima se iba a enfadar con ella. Esa chica debería de besar el suelo que pisaba.

–Narcisa, ¿qué son esos gritos?

La siguiente escena que Walburga vio hizo que una sonora carcajada saliese de lo mas profundo de su garganta. Ahí, en frente de ella se encontraba Lucius Malfoy, con unas raíces negras que contrastaban con el resto de su pelo rubio platino. Ahora entendía la sustancia en la que Narcisa estaba cubierta. Lucius no era rubio natural, hacia que su mujer se lo tiñese. Si es que hasta tenia el pelo mas negro que un Black.

El grito que pego el rubio, no tan rubio, cuando la vio, podía haber despertado hasta a sus antepasados. Acto seguido, el hombre se ocultó detrás de una de las estatuas que presidian el largo pasillo.

–Narcisa dile a esa loca que se vaya de aquí ¡inmediatamente!

¡Oh! Eso si que no lo iba a tolerar, ella podría ser muchas cosas pero ¿loca? Los Black eran la familia mas cuerda de todo el mundo mágico.

–Por favor tía… Disculpale. Esa aptitud de su sobrina ya le gustaba más. A Lucius le ha sorprendido tu presencia.

–Narcisa, echala. El hombre continuaba escondido. ¡Nadie puede verme así!

Su sobrina puso los ojos en blanco y parecía contar mentalmente para calmarse.

–Disculpame un momento.

Observó como Narcisa se acercaba a la estatua de tres metros detrás de la cual, por mucho que Lucius se escondiese, era imposible no verle y sobretodo, no ver esas raíces negras.

–Echala. Escuchaba la voz de ese no tan rubio hombre.

–No puedo. Sabes que no podemos… La echaría pero… Nos quedaríamos sin dinero.

Era increíble como a esa chica le gustaba el dinero. Era cierto que les daba dinero. No solo por haber metido a Regulus en su empresa sino cada mes. Quería ayudar a todos los miembros de su familia.

Narcisa acudió a ella.

–Por favor tía. Dobby te llevará al salón del té. Nosotros enseguida acudiremos.

Asintió. Entendía que debían de terminar con el trabajo sobre el pelo de Lucius. El elfo que les había regalado por su boda le sirvió un te y se esfumó en cuanto tuvo oportunidad. Antes de que su bebida se enfriase, Lucius y Narcisa hicieron apto de presencia. El primero con una impoluta melena rubia.

–¡Tía Walburg! –Es que acaso ese hombre pensaba que se le había olvidado como la había tratado hacia tan solo unos minutos. –Perdoname por mi comportamiento de antes. Como verás guardo un secreto.

La verdad es que le entendía. Debía ser la mayor vergüenza para una familia. En la suya por mucho que le doliese, había algún que otro pelirrojo que hacia lo mismo.

–¿A que debemos tu presencia?

La pregunta de Narcisa hizo recordarle porque estaba ahí. Sacudió la cabeza. Que no se dejase evacuar por palabrerías y buena presencia. Lo que le había contado Regulus le había parecido mal. Su sobrina y su marido le robaban.

–Venia a interesarme por tu empresa Lucius. No iba a enseñar sus cartas tan pronto.

Observó como el rubio tragaba saliva antes de contestar.

–Muy bien, pero ¿por qué lo preguntas?

Narcisa asintió a las palabras de su marido.

–Curiosidad. Simplemente me cuesta ver a mi hijo Regulus trabajando allí. Con lo huraño que es, me parece imposible que sea capaz de relacionarse con otras personas.

Lucius sonrió. Era una sonrisa nerviosa.

–Pues se sorprendería si le viera. Es un excelente trabajador.

–No lo dudo. Es hijo mio. Lo que pasa, es que, tras nuestro acuerdo a través del cual invertiríamos dinero para que subsanases los inconvenientes que un trabajador sin experiencia pudiera ocasionar, y dado que Regulus ya se ha convertido en un excelente trabajador, ya no es necesario que continuemos dándote dinero.

Las caras de esos dos rubios era un autentico poema. No entendía porque, es cierto que era una buena suma de dinero, pero insignificante comparada con los beneficios que obtenían.

–Bueno… Regulus aun necesita más experiencia. Ese dinero es el que utilizamos para que se forme mejor. Es un dinero muy necesario.

Negó con la cabeza.

–Yo creo que no.

Lucius se tocaba el pelo nervioso.

–¿Sabes porque creo que no? Porque se que Regulus ya no trabaja en tu empresa. Tiene otro trabajo, otro que no entiendo pero dice que le hace feliz. Y se que me estabais engañando.

Narcisa comenzó a hiperventilar. Es cierto que era muy grave lo que estaba diciendo pero tampoco era para ponerse así.

–Obvio que no os voy a dar un galeón más. Y no solo eso, estoy cansada de que cada vez que le doy uno a Draco se lo quitéis. Es una simple moneda para un crio. Y porque jamás rompería mi propia palabra, sino os quitaría la asignación mensual.

De pronto Lucius se tiró a su pies.

–Por favor señora no haga eso. Es lo que nos mantiene. Nunca me disculparé lo suficiente por todo el daño causado, pero por favor no nos quite la asignación.

Le miró con incredulidad. Ellos ganaban millones…

–¿Por qué no? Se cruzó de brazos. A Walburga Black nadie le daba ordenes. Me habéis decepcionado y además, mirar que lujos. No necesitáis que os mantenga.

Narcisa comenzó a lloriquear. Era insufrible. Una Black no lloraba, una Black era fuerte. Ese gen Rosier era peor de lo que creía. A Cygnus le deberían de haber buscado otra esposa.

–Tía, no tenemos dinero. La empresa esta en quiebra. No tenemos nada, excepto el dinero que nos envías. Por eso le quitaba a Draco los galeones. Es muy difícil mantener esta casa y nuestro nivel de vida para no avergonzar a nuestro apellido.

Cerró los ojos y suspiró profundamente. Lo de Regulus era grave, pero esto, esto era peor. Aunque ahora entendía muchas conductas y compartía la opinión de que no podían dejar su nivel de vida. El apellido de dos familias estaba en juego.

Meditó varios segundos.

–De acuerdo, continuaré enviado vuestra asignación.

Las caras de esos dos rubios se iluminaron.

–¡Gracias! Gritaba Lucius. ¡Gracias! Tuvo toda la intención de acercarse a ella para besarla.

Se apartó. Como ese rubio se le ocurriera tocarla un pelo, le iba lanzar el peor de los cruciatus. ¡Que falta de educación! A una dama no se la besuqueaba de esa manera tan soez.

–Pero con una condición. Dijo levantándose. Necesita irse para su siguiente cometido. Si me volvéis a mentir… ¡Le contaré a todo el mundo que no sois rubios naturales!

Lucius y Narcisa se llevaron las manos al pelo alarmados.

Rió con satisfacción. Esta sobrina había dejado de ser su favorita. Ahora iría a probar con la siguiente.


Walburga no se podía creer donde se encontraba. Si el apartamento en medio de un barrio muggle de Regulus había sido una pesadilla. El lugar donde se encontraba ahora era el infierno en la tierra. Andromeda vivía en una casa no acorde a la de una dama de sangre limpia. El día de hoy estaba siendo agotador, pero necesitaba encarrilar a su familia. Miró dentro de su bolso y vio la carta de San Mungo, Regulus no la necesitaba, pero igual ella si…

Se acercó a la valla blanca que rodeaba la casa. La vivienda tenia un pequeño jardín que estaba lleno de objetos, todos muggles. Era deprimente. Se acercó a la puerta principal, saco un pañuelo y tapando su mano llamó a la puerta. Aún sospechaba que eso de la sangre sucia era contagioso. Enseguida alguien acudió abrirla, era esa adolescente malvada.

Observó como a la joven se le cambiaba el pelo al verla. Que don más mal utilizado.

–Niña, avisa a tu madre. Seguro que ella también era contagiosa.

La joven se cruzó de brazos malhumorada y se adentró en la casa. Unos segundo después Andromeda fue a su encuentro.

–¡Tía Walburga! Estaba sorprendida. Como para no, hasta ella estaba sorprendida de haber llegado hasta ese lugar sana y salva. Nunca nos visitas… ¿Quién ha muerto?

No le extrañaba esa pregunta. Su visita en esa casa, era la más peculiar de todas. Su sobrina la invitó a que se sentara.

–Nadie, por ahora… Si se quedaba viuda tampoco seria un mal tan grande.

Andromeda se cruzó de brazos.

–Entonces... ¿Qué quieres?

El tono de esa pregunta no le había gustado. Su sobrina era una maleducada. ¿Como se atrevía hablar a su tía de esa manera? Desde luego que el comportamiento de Nymphadora era culpa de su madre.

–Esa no es la forma de hablarle a tus mayores. Le recriminó.

Andromeda torció el gesto. Era la misma cara que ponía la hermana de Druella. Los Rosier eran lo peor.

–Es nuestra casa, mi madre puede hablarte como quiera. La pequeña banshee apareció por una de las puertas del fondo y se sentó junto a su madre. Aunque más bien se tiró y puso sus sucias botas sobre la mesa. Era una salvaje.

Walburga cerró los ojos y tomó una gran bocanada de aire. Sabia que ellos iban a ser los más difíciles. Sacudió la cabeza para intentar quitarse esos pensamientos asesinos que florecían en su mente.

–Voy a obviar lo que he escuchado, porque eso es exactamente de lo que venia hablarte querida… Puso su mejor sonrisa.

Su sobrina aun seguía mirándola de lado frunciendo el ceño. Al menos había tenido la mínima educación de no interrumpirla.

Se aclaró la garganta y comenzó.

–Andy… Utilizó el apodo cariñoso con el que el resto de la familia se dirigía a ella. Estoy horrorosamente preocupada. Tu comportamiento así como el de tu pequeño… Iba a llamarla demonio, pero ahí estaba para intentar arreglar la situación. Tu pequeña hija, me asusta. Nunca he visto mayor falta de educación que en ella, y he observando en nuestras últimas reuniones familiares que tu misma la alentas. Se que su padre no habrá recibido una exquisita educación, pero tu sí. Realmente estaba preocupada.

Su sobrina comenzó a reír y Nymphadora la imitó. Ahí estaba, sin duda esa niña estaba perturbada como su madre. Que pena le daba, quizás debería de haber asistido a Andromeda cuando nació su hija, le hubiera enseñado como ser una madre amorosa como ella.

–Anda Sirius, dejate de hacer el tonto. Esta vez me lo he creído. Continuaba riéndose. La poción multijugos te ha salido mejor y sigues pareciéndote a la vieja Walburga.

Un momento… ¿Creía que era su primogénito? Y lo peor de todo ¿Este ya se había convertido en ella más veces? ¡Merlín enviame fuerzas! Observó como Andromeda se acercaba a ella, y ponía su cara en frente de la suya.

–Esta súper bien hecha, y eso que eras penoso en pociones. Su sobrina le tocó la cara. Si es que hasta tiene las mismas verrugas.

¡Ay no! Eso si que no. ¡Walburga Black no tenia una sola verruga! Eso era de brujas viejas y enfermizas. Le dio un golpe en la mano para apartarla.

–¡Andromeda Black! No la iba a llamar por ese apellido muggle. ¡Te voy a lanzar tal cruciatus que suplicarás porque te mate! Gritó. Notaba que el ojo izquierdo le temblabada. Era la furia.

Andromeda retrocedió asustada.

–¿Tía Walburga? Preguntó temerosa.

–Sí, soy yo. Negó con la cabeza. La situación de tu familia esta mucho peor de lo que me esperaba… Venia hablarte para entender que pasaba. Pero esta claro que tu hija esta siendo infectada por tus tonterías y según lo que acabas de decir por las de Sirius también.

Andromeda se levantó del sofá.

–¡Ted!

Por el amor de Merlín, ¿acaso pensaba que ese sangre normal, le iba a producir algún tipo de miedo? Era asco más bien.

El hombre entró corriendo al salón.

–¡Mi tía se ha vuelto loca! Dijo acusándola con el dedo. Nymphadora a su lado ignoró la situación y se puso en la cabeza algo similar a lo que tenia Regulus, de ello se escuchaba unos ruidos infernales. Estaría invocando a mefistófeles.

–Señorita, yo no estoy loca. Se levantó también de su asiento. A ella no la intimidaba nadie. Simplemente he venido hablar contigo de una manera civilizada. ¿Sabes lo que es eso? ¿O ya lo has olvidado?

A partir de ese momento ambas comenzaron a gritarse. Realmente no entendía lo que su sobrina le decía, pero seguro que era algo horrible. Por eso ella tampoco se quedaba callada.

–Señoras… Ted se interpuso entre ambas. Señoras… Por favor. Comportémonos como los adultos que somos.

–¡Que se comporte ella! Que es la que ha venido a casa a insultarnos.

–Yo me he comportado como manda la tradición de nuestra ancestral familia Black. Se le llenaba la boca cada vez que decía su apellido.

Ted se cruzó de brazos y frunció el ceño.

–Andromeda, Walburga. Os habéis portado muy mal. Negó con la cabeza. Al rincón de pensar. Señaló hacia una esquina que estaba toda pintarrajeada y con marcas de zapatos. Si os comportáis como niñas, recibiréis el castigo de unas niñas.

Tanto ella como Andromeda iban a protestar, pero esta vez, Ted las apuntó con la varita y con un movimiento de muñeca hizo que se sentasen en dos silla que miraban hacia la grumosa pared.

–Con Dora solo son necesarios un par de minutos, pero estoy por asegurar que vosotras tardareis un capítulo de "Coronation Street" Miró el reloj. El cual, por cierto, acaba de comenzar y ¡no puedo perdérmelo!

El sangre normal corrió hacia el sofá y comenzó a mirar fijamente un artículo igual al que tenia Regulus en su casa. Intentó levantarse pero no pudo. Las sillas tenían un encantamiento que le impedía hacerlo.

–Hasta que no reflexionemos el hechizo no desaparecerá Andromeda puso los ojos en blanco. Lo creamos para que Dora aprendiera a ser paciente. Suspiró.

Mmmm… Interesante. Sonaba a tortura. Aquel era un castigo muy Black, aunque ella hubiera puesto las sillas mirando hacia el vacío en el tejado de Grimmauld Place. Era un comienzo, quizás su sobrina fueses más Black de lo que pensaba.

–Es útil. -Le confesó. Quizás te pida que me enseñes a ejecutarlo. Tenía a dos personas en mente con quienes lo podría utilizar. Tengo un hijo descarriado.

Andromeda giró la cabeza hacia a ella y asintió.

–Te entiendo. Eso era nuevo. A veces creo que lo único que ya puedo hacer por mi hija es evitar que entre en la cárcel.

Ese pensamiento siempre lo había tenido ella con Sirius. Lo logró… Por ahora.

–Tener hijos hormonados con magia es el peor momento para un padre. A las niñas les suele tardar más en salir la edad del pavo, pero cuando llega… ¡Que Merlín te tenga aprecio! La adolescencia de Regulus había sido horrible y de la de Sirius se la había desmemorizado para no recordarla. Pero la que sufrieron su hermano y su cuñada con sus hijas, no se lo deseaba ni a su peor enemigo. La casa se convirtió en continuos gritos y lloriqueos. Al menos tu solo tienes que lidiar con una.

Andromeda volvió a asentir.

–Ahora os comprendo, pero no quiero que mi hija crea que estoy coartando su libertad. Otra hippie. Por eso no le digo nada y dejo que haga lo que quiera. Es Ted el que intenta ser mas duro con ella. Ahora le caía bien Ted.

En ese instante se vio reflejada en su sobrina. Orion y ella habían tenido el mismo comportamiento con sus hijos, su marido era el que permitía que sus hijos hicieran lo que quisieran y ella era que ponía las reglas. Según lo que estaba viviendo en esos momentos, no había funcionado, así que se sentía con total experiencia para decirle a su sobrina que se estaban equivocando en la crianza de su hija.

–Tienes que ser más dura con ella. Se ha acostumbrado a que tu siempre estas ahí para defenderla de todas sus fechorías. Así era Orion. Pero tampoco debes de estigmatizarla por sus errores o faltas de comportamiento. Así había sido ella. Quizás había sido demasiado dura con sus hijos.

Andromeda levantó la mano y se la ofreció a su tía.

–Sabes, creo que no somos tan diferentes como siempre había pensado. Las dos hemos lidiado con delincuentes juveniles.

Ambas rieron. Alzó la mano y estrechó la de su sobrina entre la suya.

–Opino lo mismo. Se levantó de la silla, las piernas le estaban matando. Si necesitas consejo puedes visitarme. Echaba de menos tener a sus hijos y sobrinas en casa.

Por primera vez en muchos años su sobrina mayor le ofreció una sonrisa sincera. Ella hizo lo mismo. Quien lo iba a decir, si al final la que consideraba la más descarriada de todas, era la más sensata.

–¡Que alegría que hayais recapacitado! Ted gritó entusiasmado desde el sofá. El hechizo cumplió su objetivo.

Era cierto, se habían movido sin darse cuenta, y sobretodo habían hablado. Definitivamente le tenia que pedir a esa pareja que le enseñasen a utilizar ese encantamiento.


Llegó a su casa agotada. Se quitó los zapatos nada más se sentó en su antiquísimo sillón. No era lo más educado, pero el día había sido horrible. Todo el rato de una lado para otro de la ciudad. Suspiró cansadamente. Lo peor era que aún no había terminado. Miró el reloj que presidia la sala del té. Su hijo y su sobrina se retrasaban. Menos mal que Orion estaban con Cygnus en el Ministerio y Druella visitando a su familia. Quería hablar con esos dos muy seriamente. Había que cortar aquello de forma inmediata sino, no quería ni imaginarse lo que podría formarse si aquello salia a la luz.

Se volvió a poner los zapatos en el mismo instante que la chimenea de la sala se torno de color verdoso. A través del fuego, Bellatrix apareció. Era más puntual que Sirius. Sonrió de forma inconsciente, su sobrina era la más parecida a ella, no solo físicamente, sino en su forma de ser. Siempre se había sentido muy orgullosa de ella, hasta ahora.

–Esta bien, ¿donde esta el cuerpo? La joven miraba a su alrededor.

Le tuvo que que decir que había matado sin querer a un vendedor muggle a domicilio y que necesitaba de su ayuda para deshacerse del cadáver. Fue lo único que se le ocurrió para que Bellatrix acudiera sin hacer muchas preguntas.

–Pues… Ahora si que la habían pillado. Si el desobediente de su hijo estuviera allí no tendría que continuar con esa mentira. Dichoso Sirius, ahora a ver como entretenía a su sobrina. Kreacher se ha deshecho de la mayor parte, el resto lo repartirá en los jardines de los vecinos. Una pequeña broma. Rió forzadamente.

Tal como pensaba Bellatrix se unió a ella. Si es que eran idénticas. El sonido de la puerta principal abriéndose le indicó que Sirius había llegado, este era el único que utilizaba esas entradas muggles. Su sobrina, que se había sentado a su lado, se levantó sobresaltada al verle.

–¡¿Qué estas haciendo aquí traidor?!

–¡No! ¡¿Qué haces tu en mi casa loca desquiciada?!

–¡No me llames loca desquiciada!

–¡No me llames traidor!

Tuvo que apoyar su anciana cabeza contra el respaldo del sillón. Esos dos le daban un dolor de cabeza tremendo, y encima la querían tomar por estúpida. Ese teatrillo que se lo vendiesen a otros. Ella sabía perfectamente lo que estaba pasando.

–¡Os queréis callar la boca los dos! Ambos sois mentirosos y traidores.

Observó como Sirius ponía los ojos en blanco y como Bellatrix abría la boca de par en par. ¡Por Merlín que la cerrase ya! Había presenciado lo que le hacia con ella a su hijo y no quería tener que volver a recordarlo.

–¡Yo no soy ninguna traidora!

Su sobrina se le acercaba peligrosamente. Que no la tentase, que le metía un cruciatus en medio de toda la cara. Sirius había optado por abrir el armario del licor de Druella y se servia una copa.

–Eso díselo a tu marido. Negó con la cabeza. No se como no te da vergüenza. En esta casa no se te crió de esa manera. A ninguno de los dos, me estas escuchando Sirius. Aquella charla no solo iba dirigida a su sobrina. Tu también deberías de tener un poco de cabeza y saber que lo que estáis haciendo esta mal. A los Black nos podrán tachar de muchas cosas pero de infieles no, ¡eso jamás!

Su hijo se reía tras tomarse su… no sabia ni cuantos vasos de whisky llevaba. Bellatrix se llevaba una mano al pecho como si hubiera visto al fantasma de Elladora Black. Si lo hubiera visto no seria esa la cara que estaría poniendo. Elladora casi mata a su marido cuando le vio coquetear con otra mujer, así que si sabe que una Black le esta siendo infiel a su marido se volvería mas loca de lo que estaba.

–Yo no estoy siendo infiel a mi marido Dijo finalmente su sobrina. Y ya me parece una tontería que creas que le estoy siendo infiel con este… Que no le llega a mi Rody ni a la suela del zapato. Se cruzó de brazos haciéndose la indignada.

Iba contestarle que ella misma los había visto a ambos dentro de la sala del tapiz de su amado árbol genealógico, y en la sala del té de la casa de Narcisa, pero no tuvo falta de hacerlo, porque su hijo se le adelantó.

–¡¿Qué no le llego a Rodolphus ni a la suela del zapato?! Sirius soltó de malas formas su copa y se acercó a Bellatrix. Eso no era lo que decían tus gemidos esta mañana cuando te follaba en la cama que compartes con tu marido.

Que vulgaridad salia por la boca de su primogénito. En esos momentos estaba más horrorizada por eso, que por el hecho que se hubiera acostado con su prima casada.

–¡Estaba fingiendo!

–Ya por eso siempre me llamas diciendo "Sirius mi marido no esta y no llevo bragas" o "Sirius te estoy esperando completamente desnuda"

Ahora la que se levantó para llenarse un vaso de whisky era Walburga. La estaban ignorando por completo.

–Simplemente te utilizo. Además, acaso no recuerdas las veces que eres el tu el que me decia "Vayamos a la sala del tapiz que te voy a enseñar como de dura esta mi varita" o "Bella, te voy a provocar tantos orgasmos que vas a olvidar tu nombre"

Tras tomarse la botella de licor predilecta de su cuñada, ya ni escuchaba esa conversación tan subida de tono. De la boca de esos dos salían multitudes de practicas sexuales que ni si quiera sabia que existían. Se sorprendía de todas las cosas que hacían los jóvenes de hoy en día. Cerró los ojos para no tener que verles. El día no había resultado como ella esperaba, es cierto que había comprendido que no debía de forzar a que sus hijos y sus sobrinas siguieran el camino que ella quería. A los hechos se remitía, el mundo era muy distinto al que ella había crecido. Regulus le tenía miedo y por eso no le había dicho que era lo que realmente le hacia feliz en la vida. Eso no lo poda tolerar, había sido muy dura criandole con tanta presión. Narcisa se había convertido en una superficial porque ella había hecho que solamente valorasen lo material. Debía de haberles hecho ver que había cosas más importantes que la posición social. Andromeda había sido tratada de una manera tan dura por parte de todos que la hija de esta, se estaba volviendo una delincuente juvenil. Desde luego había sido una madre y una tía horrible.

Abrió los ojos. Quería decirles a Sirius y Bellatrix que no importaba lo que hicieran, que mientras fueran felices les debía importar bien poco lo que pensase la gente de su alrededor y que era muy triste tener que vivir escondidos. La imagen que se encontró, hizo que los volviera a cerrar de forma automáticamente.

¡Por eso ahora estaban tan callados!

Sirius y Bellatrix estaban tan metidos el uno por el otro que esperaba que al menos estuvieran teniendo la decencia de no estar practicando ningún acto sexual en su presencia. Con ver como sus lenguas se juntaban y se manoseaban como dos adolescentes hormonados, tenía más que suficiente.

–¡Sirius, Bellatrix! Les gritó.

Ambos se separaron alarmados. Se habían olvidado de ella. Le entraron ganas de reír al ver como todo el pintalabios de su sobrina había acabado en la cara de su hijo.

–Hacer lo que queráis. Suspiró. Pero por la poca estabilidad mental que me queda, hacerlo bien. Miró a su sobrina. Divorciate. Pero si deseáis continuar con esto a escondidas... Les señaló a ambos. ¡Usar protección! Como tenga que lidiar con un bastardo… ¡Os corto la cabeza a los dos!

Se levantó a duras penas del sillón. Definitivamente estaba borracha.

–¡Ahora me voy a ir a mi dormitorio. Comenzó a salir de la sala, pero antes de hacerlo se giró hacia ellos. Si queréis hacer eso que hacéis, tenéis esta casa a vuestra disposición. Hay suficiente sitio para que nadie se entere de que estáis aquí. Salió dejándolos completamente estupefactos.

Inevitablemente comenzó a reírse mientras subía hacia sus aposentos. Aún llevaba la carta de San Mungo en el bolsillo de su vestido, estaba completamente rasgada por la tensión que su mano había ejercido sobre ella por todos los acontecimientos vividos durante el día. Se tumbó en la cama, ahora entendía porque Druella bebía como un cosaco. El puntillo que te daba el alcohol era ideal. Todo le parecía perfecto, sin duda, comenzaría acompañar a su cuñada en sus sesiones de borrachera.

Suspiró pesadamente. Puede que su familia no era lo que ella había soñado pero, no la cambiaría ni por toda la pureza del mundo.


A/N: Hacia tiempo que había prometido una segunda parte de este fic. He tardado pero espero que haya merecido la pena.

Si os interesa he comenzado otro, "El deber llama": Un encuentro inesperado provoca que Sirius se tenga que embarcar en una misión suicida. Salvar la vida de un inocente es el cometido de todo gryffindor, pero el problema surge cuando la persona a la que debe rescatar es Bellatrix, y bajo ningún concepto, esta quiere que nadie lo haga.

¡Nos leemos!