Capítulo 1: Atrasando Sueños.
(Unos meses después, Ruta 230, Darach 16 años)
Darach cumplió con su promesa y viajó con Aidan alrededor de la isla. Tuvieron problemas para coordinar un fin de semana pero después de prueba y error durante unos meses, lograron atinar sus fechas de días libres.
El muchacho se sentía en la cima del mundo, sentir el viento en su cara mientras observaba el hermoso océano con la compañía de su Houndoom era glorioso. No tener uniforme puesto y dejar sus malditos guantes atrás se sintió liberador, extrañaba esta clase de libertad.
Su Pokemón tenía la lengua de fuera, disfrutando por completo la actividad física que le había faltado en los últimos tiempos. Darach le rascó cariñosamente la cabeza a su Pokemón, necesitaba organizarse mejor para no desatender a sus Pokemons.
Miró a su lado buscando a su amigo y se sorprendió encontrar a Aidan a unos metros de él jadeando fuertemente, honestamente su cara estaba tan rosada que parecía un globo a punto de explotar. El muchacho de cabello verde traía a su Weepinbell cerca, quien parecía más ocupado absorbiendo los rayos del sol que preocupándose de su propio entrenador.
—¿Estás bien? —le preguntó Darach preocupado.
—Sí, sí, de maravilla, —le respondió entre jadeos a su amigo, el muchacho se acercó a él y se estiró la espalda agotado—. Por Arceus, ¿esto se siente viajar?
—… —no habían recorrido mucho terreno, a penas habían salido del área de batalla en donde había un condominio con las casas de los empleados del castillo—. La verdad, es peor.
—¿En serio? Ugh… supongo que al final del día fue mejor que no viajara contigo, no creo que pueda caminar tanto… —se quejó Aidan respirando profundo—. Ok, veamos… ¿qué Pokemón podría atrapar? ¿Alguna recomendación del experto?
Honestamente se sentía bien estar afuera y lejos del castillo, que su amigo ahora lo tratara como un entrenador experto ayudaba mucho a sus ánimos.
—¿Qué Pokemón puedes mantener?
—¿Te refieres a mantener el control o mantener en la casa?
—En la casa, tipo así económicamente, —le explicó Darach, la verdad mucho de su sueldo lo estaba gastando en sus Pokemons. Los amaba con todo su corazón, pero por Arceus que se sorprendía cuánto podía salir su comida ahora que ya no tenía el descuento de niño entrenador—. Tengo cuatro Pokemons y a penas me alcanza con lo que nos pagan para mantenerlos.
—Meh… tiene sentido, —Aidan se rascó el cuello molesto y pensativo—. Ugh… eso que eres hijo único. Yo con mis cuatro hermanos y hermanas tengo suerte de tener un poco de dinero para mi… y eso que ya gasté mucho en mis hermanas…
Llevaba años de no visitar la casa de su amigo, pero Darach recordaba el caos que eran sus tres hermanas trillizas y su hermanito. Muchas veces preferían ir a explorar las áreas verdes del condominio antes de pasar un rato más entre los gritos y las peleas.
—Sería bueno un tipo planta… —dijo Aidan observando sus alrededores—. Son baratos de mantener. Solo darles mucha agua, poca fruta y un lugar con mucho sol. Deberían de haber más de esos Pokemóns por aquí. Fue aquí en donde mis papás me atraparon a Bellsprout.
—Juraría ver un Odish por allá, —le hubiera gustado recomendarle otro tipo de Pokemón, pero honestamente no importaba tanto la estrategia de batalla cuando vivías de cheque a cheque.
Los dos se pusieron a observar el terreno y Darach se distrajo más pensando en su situación actual. Su plan original era quedarse trabajando solamente un año, pero la situación se puso más complicada de lo que hubiera querido. No podía ahorrar tanto dinero como tenía planeado, sus Pokemons eran de alto mantenimiento y prefería atrasar su viaje antes que desatenderlos.
—¡ARCEUS! ¡DARACH! —gritó Aidan asustando al muchacho y a su Houndoom.
—¿Qué? —preguntó alertado, encontró a su amigo con una mano sobre su cara cubriéndose del sol y viendo para una dirección y su Houndoom dejó de mover su cola—. ¿Qué pasa?
—¿Viste eso?
—No genio, por algo te pregunto qué pasa.
—¡Un Wurmple! ¡Vi un Wurmple! —Darach no entendía la emoción de su amigo por un Pokemón tan insignificante.
—¿Y…?
—Tú no entiendes Darach, un Wurmple es perfecto para Aaron, ¿lo recuerdas? —le dijo Aidan mientras empezaba a bajar del monte que habían escalado, lo hacía con una lentitud que era casi ridícula. Su Weepinbell iba más adelante que él al saltar sin miedo entre el terreno.
—¿Tu hermanito? —la última vez que Darach lo vio, usaba pañales.
—Exacto, Aaron va a cumplir 7 en unos meses y Ana, Aideen y Ariel ya van a empezar su viaje en una semanas, ¿sabes lo que eso significa? —Aidan tenía la pésima costumbre de no decir las cosas y alargarlas con preguntas retóricas.
—¿Por fin habrá silencio en tu casa?
—No, no, que Aaron va a estar solo, —explicó Aidan empezando a buscar entre los arbustos al insecto—. Ese niño está obsesionado con los bichos, ¡imagínate lo feliz que sería con uno como su primer Pokemón!
Detuvo su búsqueda y miró muy asustado al vacío, tal parecía que había pensado en algo que no quería pensar.
—¿Crees que sea muy caro mantener un Wurmple…? —podía escuchar la vergüenza asomándose en su tono de voz, Darach le pareció ridículo ya que los dos estaban en una situación parecida y era su amigo.
—¿Tienes un jardín y plantas? —su amigo asintió—. Estás hecho entonces, tal vez necesitarás comida extra el día que Wurmple esté cerca de evolucionar.
—Gracias a Arceus, —puso su mano en su pecho aliviado y continuó caminando, encontró una piedra y la pateo fuertemente enviándola al agua—. Odio tener que pensar en plata, algún día tendré tanta que la gastaré en estupideces.
—Ojalá me prestes algo cuando lo logres, —le tiró en chiste Darach.
—Psh, ¿en qué lo gastarías? —le preguntó Aidan tomando otra piedra y lanzándola al agua, tal parecía que quería detenerse un segundo para descansar—. ¿En Ultra Balls que no vas a usar?
—En un ticket, me gustaría seguir viajando, —Darach se hincó un segundo para acariciar a su Houndoom, su Pokemón jadeó felizmente recibiendo el cariño de su entrenador.
—Ugh, si viajar involucra caminar tanto, prefiero gastármelo en comida, —dijo su amigo lanzando más piedras, los años seguían pasando pero su cuerpo parecía adelgazarse cada vez más—. Tal vez si gano peso conseguiré una linda chica.
La última piedra que lanzó hizo un ruido raro al caer al agua y ambos adolescentes vieron con horror cómo empezó a salir del océano un Gyarados. Aidan empezó a chasquear con sus dientes aterrado junto a su Weepinbell y Darach reaccionó rápido lanzándose sobre su amigo y su Pokemón. A penas habían logrado evadir un Hyper Beam de la bestia furiosa.
—¡Houndoom! ¡Thunder Fang! —gritó Darach fuertemente.
Su Pokemón empezó a correr y se lanzó al agua sobre el Pokemón mordiéndolo fuertemente. El ataque fue súper efectivo, pero no lo suficiente, Gyarados se lanzó al agua y antes que Houndoom pudiera evadirlo, Darach vio una sombra aproximarse en las aguas.
—¡Endure! —gritó el adolescente, el Pokemón salvaje le había pegado un Aqua Tail directo, pero Houndoom lo resistió con su último ataque—. ¡Ahora Reversal!
El cuerpo de Houndoom empezó a brillar y cuando el ataque se disparó al Gyarados, fue un golpe crítico. El Pokemón salvaje rugió asustado y se alejó hundiéndose de nuevo en el agua. Darach suspiró aliviado arreglando sus anteojos, eso estuvo demasiado cerca.
Escucharon unos aplausos que los hizo ver hacia el monte donde habían estado antes, se encontraron con un hombre adulto rubio con abrigo verde y una gran sonrisa. A su lado volaba un Dragonite que se veía curioso y juguetón.
—¡Esa fue una gran batalla! ¡Me impresionas! —dijo el hombre sin dejar de aplaudir—. La manera que aplicaste la estrategia de Endure y Reversal fue espectacular, rara vez veo que alguien lo use bien. ¿Quieres pelear?
Aidan miró sorprendido a Darach, había escuchado de él que había estado entrenando durante su viaje pero no esperaba que fuese alguien tan fuerte. Sabía de su pasión pero jamás se imaginó que también lograría ponerlo en práctica.
Por el otro lado, Darach miró furibundo al hombre y le gritó señalando a su Dragonite:
—¡¿Nos vio ser atacados por un Pokemón salvaje y no hizo nada?!
Eso pareció sorprender al hombre rubio, cambió su sonrisa por una cara seria.
—Lo lamento, honestamente no sentí que necesitaba meterme, —cruzó sus brazos y miró a Darach directamente a los ojos—. Tienes una mirada intensa, puedo decir sin duda alguna que eres un entrenador con experiencia.
—Y yo puedo decir que usted es un pedazo de mierda por no ayudarnos, —Darach ayudó a Aidan a levantarse y le dio la espalda al hombre.
Era raro cuando usaba malas palabras, en serio tenía que estar muy enojado para hacerlo y por Arceus que se sentía furioso en aquel momento. Antes de irse, se dio la vuelta para verlo a los ojos una última vez e hizo una reverencia furiosa como de burla:
—Espero que haya disfrutado el espectáculo.
Regresó a su Pokemón a su Pokebola y empezó a alejarse con Aidan.
—¡Espera! —honestamente pensó en ignorarlo, pero Aidan se detuvo y le permitió al hombre rubio acercarse—. Tu Houndoom está lastimado, usa esto.
Le presentó un Full Restore, Darach era alguien demasiado orgulloso y pensó seriamente en rechazar la ofrenda. Ya lo trataban como una porquería en el trabajo, no quería aceptar la lástima de un extraño que lo hacía sentir como entretenimiento barato.
—Muchas gracias, —dijo Aidan aceptando la medicina y tomando a su amigo del hombro—. Vámonos Darach.
Así los dos adolescentes se alejaron, dejando al hombre rubio atrás. Darach estaba tan enojado que Aidan juraba ver humos salir de sus orejas. No podía creer que el rubio imbécil los hubiera visto en peligro y no haberse involucrado, mucho menos la osadía de retarlo a una pelea después. Sí, pudo controlar la situación con Houndoom, ¿y si no hubiese sido así?
—Estuviste increíble allá atrás, —dijo Aidan después de caminar en silencio por un buen rato, le ofreció el Full Restore y Darach sí lo aceptó viniendo de él—. No sabía que eras tan bueno peleando.
—Supongo que aprendí un par de cosas en mi viaje, —Darach encogió sus hombros desinteresado mientras guardaba la medicina en su bolsillo, honestamente estaba teniendo problemas para no rematarle a su amigo. Seguía furioso con el rubio imbécil.
—Sabes, todos los meses los del condominio siguen organizando un mini torneo de peleas, ¿recuerdas que siempre íbamos a verlo después del colegio? —le recordó Aidan.
Darach sonrió, aunque su condominio estuviese habitado por muchas personas en una situación económica parecida al de él, no significaba que no hubiesen apasionados por las batallas.
—Eran una vez al mes, ¿verdad? —le preguntó Darach a su amigo, quien asintió ante su pregunta—. No sé si pertenezca a ese tipo de torneo.
—Vamos, hay varios que son fuertes, —dijo molesto Aidan—. Hay torneos juveniles y otros para más avanzados, podrías entrar al avanzado.
—Supongo que no le vendría mal a mis Pokemons estirar sus piernas, —razonó Darach en voz alta—. ¿Qué hay de tu entrenamiento?
—¿Estás bromeando? Después de hoy me quiero encerrar en mi casa y jamás volver a salir, —Darach soltó una carcajada y Aidan también—. El aventurero eres tú, yo solo quiero atrapar un Wurmple para mi hermano y un amigo para mi Weepinbell. ¿Crees que podamos buscar un Wurmple el próximo mes?
—¿Ya quieres volver a casa? —preguntó sorprendido Darach.
—Bueno, con lo que pasó hoy ya se me restaron cinco años a mi vida, no creo que mi corazón aguante tanta aventura.
—Eres un cobarde, —le dijo Darach con una sonrisa juguetona, le pegó un par de palmadas en su espalda—. Estamos en los últimos meses de primavera, todavía tenemos el verano para buscar ese Wurmple.
—Perfecto, el cumpleaños de Aaron es hasta Agosto así que tenemos tiempo.
(Darach, 17 años)
El Castillo Percila había estado durante muchos siglos establecido como el poder central de la isla que muchos conocían como la Isla de Sinnoh. Aunque el poder y las jerarquías cambiaron con el pasar de los años, la isla seguía teniendo evidencia de su historia tanto en su cultura como en la distribución de los habitantes.
Darach y muchos sirvientes vivían en condominios que originalmente estaban divididos por el trabajo de cada familia dentro del palacio. Hoy en día ya no era un área exclusiva para trabajadores del castillo y diferentes familias se habían mudado por el ambiente y su ubicación. También ya no estaba la división según las profesiones, eran cosas del pasado.
La familia de Darach y la de Aidan vivían cerca de un área verde que tenía un campo de batalla y unos columpios para los niños. Ambos podían recordar la cantidad de horas que se la pasaron columpiándose disfrutando la vista de la muralla del castillo o la Ruta 230 (dependiendo hacia donde apuntaban al sentarse en el columpio).
Darach se había vuelto en una clase de leyenda local entre los residentes, pues su talento en las batallas era un espectáculo para cualquiera que fuese a ver los torneos mensuales del condominio. El joven adulto no le molestaba la pequeña fama, pues siempre se le acercaban jóvenes pidiéndole peleas o niños buscando algún consejo. Mientras lo hicieran durante sus horas libres, siempre estaba feliz de ayudarlos. Le traía cierto consuelo a sus sueños fracasados.
En aquella tarde, Darach se encontraba caminando hacia el campo de batalla en el área verde con su Empoleon, esperaba encontrarse con su contrincante del día después de trabajar. Una de las hermanas de Aidan, Ariel si no estaba equivocado, finalmente regresó después de dos años de viaje y quería mostrarle lo mucho que había crecido. Por supuesto que aceptaría el reto, cualquier excusa para pelear con su amado equipo era bienvenido.
Al parecer se había esparcido el rumor de una buena pelea, pues habían varios espectadores sentados en los escalones hechos de madera vieja y metal oxidado. Darach saludó a todos cuando llegó al área verde y cuando su Empoleon salió corriendo hacia una de las pocas espectadoras, negó con su cabeza conmovido.
—Mamá, sabes que no tienes que venir a ver todas mis peleas, ¿verdad?
Desde que empezó a participar en los torneos de la comunidad, su mamá se esforzó por ir a todos. Lena, con un chal morado en sus hombros y una sonrisa agotada, recibió a Empoelon que esperaba mimos de la mujer.
—Tonterías, —dijo Lena sin parar de mimar a Empoleon—. Yo los cuidé a los dos antes que llegaran al mundo, es mi derecho estar aquí.
Darach negó con su cabeza molesto, su mamá había cuidado a Empoleon desde que era un simple huevo de Piplup y siempre usaba la misma excusa con los dos.
—¿Y que siempre tengas la tarde libre cuando son los torneos es una simple coincidencia?
—Bueno, tenía cita con el doctor hoy así que tenía el resto de la tarde libre, —Lena soltó una pequeña risa y Darach suspiró molesto—. Todo esta fríamente calculado, mi cielo.
—¿Qué te dijo el doctor?
—Nada serio, solo me aumentó la dosis de mi medicina, —Lena se frotó sus brazos y Darach se deprimió al notar lo delgada que se veía—. ¿Cómo vas con el trabajo?
—Bien, —Darach tenía algo importante que decirle, pero no creía que ahora fuera el mejor momento—. Te cuento todo más tarde, ¿está bien?
Le ajustó el chal morado en sus hombros y luego miró a su Pokemón:
—Empoleon, ¿me harías el favor de entretenerla mientras que arreglo el campo con los demás?
Su Pokemón respondió con un chillido alegre y se sentó frente a Lena. La mujer aplaudió suavemente, feliz de poder cuidarlo. Darach siempre escuchó de ella lo mucho que deseaba ser entrenadora de niña, se alegraba que por lo menos ahora pudiese vivir parcialmente ese sueño jugando con sus Pokemons.
Sacó de su bolsillo tres Pokebolas y el resto de su equipo salió. Staraptor estiró sus alas, Houndoom movió su cabeza con un pequeño estornudo y Gallade estiró sus brazos.
—Hola, ¿me podrían ayudar? —les preguntó Darach y sus Pokemons asintieron—. Perfecto, limpiemos juntos el campo de batalla antes que venga Ariel.
Staraptor empezó a volar y con sus ráfagas de viento limpió parte de la arena. Houndoom y Gallade empezaron a levantar ramas tiradas para hacer más espacio y Darach los ayudó también. Todavía con sus guantes puestos, el joven criado observó la arena del campo, necesitaba rastrillarlo… seguro algún vecino le podría prestar un rastrillo.
Vivía en una comunidad donde todos se ayudaban entre todos, limpiar el campo de batalla y el área verde era una de sus responsabilidades que él mismo se había impuesto.
Su Gallade se detuvo de recoger ramas y miró directamente a unos arbustos. Torció su cabeza confundido y dejó las ramas que tenía en sus brazos para investigar la vegetación. Darach paró también al notar el comportamiento de su Pokemón y se sorprendió cuando Houndoom corrió moviendo su cola emocionado.
El grito de una niña lo asustó y corrió hacia ellos dejando las ramas atrás. El grito fue sustituido por unas pequeñas risas y atrás de unos arbustos encontró a su Houndoom lamiendo sin parar a una niña.
—Houndoom, —llamó Darach a su Pokemón y el canino se detuvo para sentarse junto a su amo.
Darach miró más detalladamente a la niña y lo primero que notó era la cantidad ridícula de pelo café casi rubio que tenía. Por Arceus, era muchísimo pelo para una cabeza tan pequeña. Tampoco ayudaba que estuviera llena de ramas y hojas.
—Hola, —susurró la niña, tenía tantos pelos en la cara que apenas podía diferenciar su rostro. Solo veía la mitad de su cara y unos ojos increíblemente celestes.
—Hola… —respondió Darach confundido, no la reconocía. Si era honesto, no es que conociera tantos niños en su barrio, pero eso no quitaba que estaba frente a una desconocida—. ¿Qué haces aquí metida?
—Me escondo, —dijo la niña—. ¿Y tú?
—Limpio el campo de batalla…
—¿¡Batalla!? —gritó la niña emocionada sacando gran parte de su cuerpo de los arbustos y fue ahí cuando Darach encontró una Gothita apoyada en su hombro—. ¿¡Batallas con Pokemons?!
La emoción era tan evidente en su voz que lo encontró ridículamente tierno, le recordaba tanto a él cuando tenía su edad.
—Sí, ¿quieres ver? —le preguntó ofreciendo su mano enguantada.
—¡Sí! ¡Sí! —la niña saltó de su escondite, pero antes de tomar la mano de Darach, se volvió a sentar—. ¿Puedo ver la pelea aquí?
—¿Entre los arbustos? —Darach le pareció rarísima su propuesta—. No, es peligroso.
La cara desilusionada de la niña le afectó, por un segundo se preguntó si se estaba escondiendo de alguien y prefirió no interrumpir su juego:
—¿Por qué no te escondes con mi mamá? —dijo Darach hincándose a su lado—. Tiene un chal morado y lo puedes usar para esconder tu cabeza.
—Ok lo hago con una condición, —dijo la niña levantándose y sacudiéndose el vestido, era rosado y le llegaba hasta las rodillas—. Lo hago si me dejas acariciarlo.
Señaló a su Houndoom y Darach miró a su Pokemón, su cara de súplica era obvia y no fue muy difícil convencerlo.
—Te dejo después de que te sientes con mi mamá, ¿está bien?, —le ofreció una vez más su mano y la niña lo miró molesto.
—Tengo 10 años, no soy un bebé.
—Mil disculpas, —Darach ya había aprendido con las hermanas de Aidan que era más práctico seguirles la corriente. Ofreció su brazo como había aprendido en su clase de etiqueta y la niña lo aceptó—. ¿Mejor?
—Mejor.
Lena se encontraba jugando con Empoleon tratando de soplar sus burbujas y cuando miró a su hijo reaparecer de los arbustos con una niña tomándolo del brazo soltó una carcajada.
—Bueno Darach, veo que por fin me das el placer de verte con la compañía de una hermosa mujercita, —dijo Lena en broma, Darach le hizo una cara de odio que solamente la hizo reírse más.
La niña tenía sus propios planes y rápidamente soltó el brazo del muchacho para acercarse a los escalones.
—¡Un Empoleon! —dijo fascinada, dicho Pokemón solamente la vio curioso y empezó a soplar pequeñas burbujas hacia ella que la hicieron reír.
—Mamá, ¿le podrías prestar tu chal morado? —le explicó el muchacho—. Al parecer la encontré jugando escondite allá atrás y le prometí que podía ver mi pelea con Ariel si se sentaba aquí contigo.
—Oh, por supuesto, —Lena se quitó su chal y se corrió un poco en su asiento para darle espacio a la niña, quien rápidamente detectó lo que estaba pasando y se sentó junto a ella—. ¿Cómo te llamas, cariño?
—… —la niña se tardó mucho en contestar—. Caitlin.
—Por supuesto, como la princesa, —respondió Lena mientras le quitaba a la niña las hojas de su cabeza y le arreglaba un poco el cabello.
Darach no se sorprendió en absoluto, miles de personas le pusieron a sus hijas el mismo nombre desde que la princesa nació. Él ya conocía a otras siete niñas del área que se llamaban así.
Gothita se asomó del pelo de la niña curiosa al sentir el chal encima y Lena suspiró emocionada.
—¡Una Gothita! Jamás creí poder ver una en persona, —dijo la mujer presentando su mano ante la pequeña Pokemón, que tomó curiosa un dedo de la adulta y Darach notó la forma que Catilin la observó seriamente—. ¿Es tuya?
—Me la regaló mi papá, —explicó Caitlin tímidamente, Houndoom apoyó su cabeza en las piernas de la niña y Darach negó con su cabeza molesto, sus Pokemons adoraban la atención—. Hola Houndoom. ¿Cómo estás?
Gallade le tocó el hombro a Darach, seguro queriendo recordarle su tarea de limpiar el campo de batalla antes de la pelea.
—Con permiso, —dijo el muchacho para retirarse.
—No seas tóxico Darach, quédate con nosotras, —regañó su mamá mientras le arreglaba el chal morado en la cabeza de Caitlin—. Estoy segura que has peleado en peores condiciones que un par de ramas en el campo de batalla.
—¿Darach? ¿Tu nombre es Darach? —la cara incrédula de la niña fue casi ofensiva.
—Sí, así es, —respondió con su educación forzada.
—Qué nombre más raro…
—Significa roble, —le explicó su mamá y el muchacho solo quería que la tierra se lo tragara, odiaba cuando se ponía a hablar de cosas así con extraños—. Es una tradición en nuestras familias tener nombres relacionados a la naturaleza.
—¿Mi nombre tiene significado también?
—No lo sé, —oh no, él reconocía ese tono de voz que usaba su mamá, era cuando lo quería forzar a ser parte de la conversación—. ¿Tú que piensas, Darach?
El muchacho se arregló su corbata negra y trató de pensar una respuesta aceptable que lo dejara en paz.
—Creo que al final de día lo que importa es el significado que le demos nosotros mismos, —la respuesta asombró a la niña, pero no a Lena. La mujer conocía a su hijo y le hizo una cara molesta—. Pero no me sorprendería que fuera algo relacionado a flores. Muchos nombres de niñas son de flores…
—¡Darach! —escuchó a otra persona llamándolo y al ver a una chica de cabello verde correr hacia él con un Vileplume suspiró aliviado—. ¿Sabes quién soy? ¿Me reconoces?
—Por supuesto, —Darach sonrió e inclinó levemente la cabeza, todos en la familia de Aidan eran iguales—. Un gusto verte, Ariel.
—¡Ja! Veamos si estás igual de feliz cuando te patee el trasero en batalla, —Ariel escuchó a Caitlin reírse y se asustó al ver la mamá de Darach viéndola con una cara seria—. ¡Sra. Kokuran! Buenas tardes, perdón por mi mala educación.
—Está bien, veo que estás emocionada, —dijo Lena con una sonrisa paciente—. Hazme el favor de darme un buen espectáculo.
—¡Por supuesto! —Ariel empuñó su mano y Darach se preguntó si la chica podía prestarle algo de esa valentía a su amigo, Aidan seguía siendo un cobarde que evitaba cualquier aventura—. ¿Vamos a pelear?
—Después de usted, —por alguna razón, Caitlin encontró divertida la educación de Darach y la miró confundido cuando se rió.
—Perdón, —dijo Caitlin al verle la cara a Darach, soltó la cabeza de Houndoom y dicho Pokemón caminó hacia su entrenador—. Buena suerte Houndoom.
Houndoom miró a su entrenador con ojos de súplica y Darach lo entendió rápidamente.
—Caitlin, ¿podrías cuidar a mi Houndoom mientras que peleo?
—¡Sí! —la emoción de la niña desapareció cuando miró al Vileplume de Ariel—. ¿No lo necesitas en tu pelea de ahorita?
—Estaré bien con Empoleon y Staraptor.
—Pero Empoleon es tipo agua, —Caitlin cruzó sus brazos y miró molesta al muchacho, Darach solo estaba sorprendido por el tono franco y sabiondo que usaba la niña—. Vas a perder.
—¿Oh? ¿Segura? —Darach le dio una sonrisa confiada que la confundió—. Ya veremos si pierdo o no, pero para mientras, ¿cuidarías mi Houndoom?
—Ok… —seguía sin estar convencida.
—¡Que la pelea sea una batalla doble! —gritó Ariel desde su lado de la arena.
—Está bien, —respondió Darach tranquilo.
—Y que solo sean dos, así que no se vale cambiar, —continuó Ariel cruzando sus brazos tratando de intimidar a Darach.
—Me parece lógico, —su tranquilidad solo la irritaba más.
—¡Ugh! ¡Vamos Vileplume y Carnivine!
Tal parecía que Ariel seguía con la tradición de usar exclusivamente Pokemons tipo hierba. Darach llamó a su Staraptor y a su Empoleon, emocionando al público frente a ellos.
La pelea no fue muy larga, pero eso no significaba que fuese aburrida. Los gritos del público dejó claro lo emocionados que estaban todos, Darach se sorprendió que la mayoría de los gritos eran de Caitlin. Después de darle a Ariel pociones y medicina, ambos se acercaron a Lena y a la niña que saltaba en su asiento. Gothita estaba acostada en la cabeza de Houndoom sujetándose de sus cuernos, claramente disfrutando el calor que emitía el Pokemón.
—Felicidades ustedes dos, —dijo Lena con una sonrisa—. Esa fue una batalla maravillosa. Ariel, la verdad estoy impresionada.
—¿Aunque haya perdido? —preguntó enojada la niña de doce años.
—Perder es parte de ganar, —le dijo Darach rápidamente, entendía la depresión de la derrota pero no quería que la consumiera como le pasó a él—. Usa esta oportunidad para reflexionar tus habilidades.
—Mmm… más fácil decirlo que hacerlo… —Ariel dio un aplauso repentino, como si hubiese tenido una idea—. Ya sé por qué perdí, yo soy mejor coordinadora que entrenadora. ¡Darach! ¡Métete a un concurso Pokemón conmigo así te puedo ganar!
—Agradezco la invitación, pero honestamente los concursos no son mi estilo… —respondió Darach incómodo.
—Bueno te lo pierdes, —así la chica le sacó la lengua y luego se despidió de las demás.
En el momento que se alejó de ellos, Caitlin soltó un grito súper emocionado asustándolos por completo.
—¡Peleaste increíble! ¡27 CP! ¡Pensé que ibas a perder con Empoleon! ¡Pero usaste Blizzard que hizo que se alentaran mucho dándole la oportunidad a Staraptor de…! —la niña saltaba y hablaba tan rápido que tuvo problemas para entenderle.
Su cabello parecía moverse sin parar abajo del chal, seguro consecuencia de su Gothita.
Lena se echó a reír y empezó a acariciar a Empoleon.
—Definitivamente mis bebés son fuertes y muy, muy talentosos, —Lena comenzó a acariciar a Staraptor también y Darach solo suspiró frustrado, hablaba como si ella fuera su entrenadora—. También el entrenador es talentoso… y muy guapo, ¿verdad Caitlin?
—Me sigue sin gustar su nombre… aunque su pelo me da risa.
Lena se rió y el muchacho solo pudo respirar profundo, era por esto que prefería pasar su tiempo solo y lejos de las personas.
—Ya casi es de noche, —dijo Darach viendo al horizonte, luego miró a la niña que seguía energética casi saltando de la felicidad acariciando a Empoleon—. ¿En dónde vives? Te puedo llevar a casa.
—Gothita me puede llevar, ella me trajo aquí, —Caitlin se quitó el chal morado, lo dobló y se lo regresó a Lena con una pequeña reverencia tomando los extremos de su pequeño vestido.
Podía ser muy franca con lo que decía, pero todo su comportamiento gritaba una educación y etiqueta. Su pelo se infló de nuevo en el momento que ya no tenía el chal para sujetarlo, le logró sacar una pequeña risa.
La siguiente acción confundió a los dos, pues se acercó a él y tomó la mano de Darach. Luego de observarla, lo miró con la cara más enojada del mundo.
—Tienes guantes puestos, —dijo enojada.
—Bueno, es mi uniforme, —respondió confundido por la agresividad repentina de su voz.
—¿Te los puedes quitar?
Le pareció rara su propuesta y lo hizo sin pensarlo, no tenía idea qué esperar. Para su sorpresa, Caitlin tomó su mano derecha y le dio un pequeño beso en el dorso. Fue rápido e inocente, Darach la miró horrorizado como si lo hubieran mordido.
—¡Muy bien Darach! —dijo Caitlin con una sonrisa sin captar la cara horrorizada del muchacho.
—Caitlin, ¿besaste su mano? —le preguntó Lena con curiosidad, quería reírse pero prefirió ahorrarse la risa para después.
—Sí, mi papá siempre me la besa así cuando yo le gano en una batalla, —explicó Caitlin—. Siempre me dice que el beso es mi premio por ganar.
—Gracias Caitlin, —dijo Darach tratando de esconder su incomodidad, no era alguien que aceptara fácilmente contacto físico, mucho menos viniendo de una niña ocho años más pequeña que él—. Pero los besos suelen ser reservados solo para la familia.
—Oh… —Caitlin parecía confundida—. ¿Y para amigos no?
—… —Darach se preguntó si eso significaba que lo veía como uno—. Yo creo que no.
—Entonces perdóname Darach, —la niña se vio genuinamente arrepentida y su tono se tornó a uno más educado—. No quise ofenderte.
—Está bien, no te tienes que disculpar… —era una niña, los niños repetían las cosas que vivían sin saber los límites de sus acciones, por supuesto que no se iba a enojar con ella—. Agradezco mucho el gesto, Caitlin.
Eso le sacó una sonrisa y puso sus dos manos en la espalda como si estuviera tratando de contener una emoción intensa en ella. Gothita soltó un chillido extraño y eso trajo de regreso a la realidad a la niña.
—¡Ya me tengo que ir! —dijo Caitlin asustada, movió sus brazos como para tomar a Gothita de la cabeza de Houndoom, pero se detuvo a medio camino y pareció estar pensando en algo.
Se dio la vuelta y le dio una reverencia respetuosa a Lena.
—Le agradezco mucho su tiempo, Srta. Lena.
—¡Qué niña más educada! —dijo sorprendida la mujer—. Pero deja eso y ven a darme un abrazo.
—¿En serio? —preguntó emocionada, esa emoción deprimió a Darach, ¿acaso vivía en un lugar donde no le permitían los abrazos o qué?
—Obvio.
Así Caitlin se lanzó a abrazarla y la mujer la recibió muy feliz.
—Me encantan los abrazos, —dijo Caitlin sin soltarla.
—A todos nos encantan, —Lena se separó de la niña—. ¿Sabes a quién le encantan también? A los Pokemons de Darach.
—Excepto Gallade, —agregó el muchacho, por alguna razón su Pokemón psíquico evadía contacto físico a toda costa y dicho Pokemón asintió con su cabeza agradecido.
Caitlin volvió a sonreír y se despidió de cada uno con un abrazo. Staraptor no era muy fan de ellos, pero de igual manera lo aceptó ya que la niña tuvo cuidado de no lastimarlo. Antes de irse, Caitlin miró a Darach muy avergonzada.
—¿Te puedo abrazar a ti? No te quiero ofender otra vez…
La respuesta del muchacho fue abrir sus brazos y Caitlin se rió corriendo hacia él. Básicamente lo envistió y le sacó el aire, por Arceus esta niña era más fuerte de lo que aparentaba. Le dio un par de palmaditas en la espalda y luego la tomó de los hombros para alejarla.
—Me caes bien, —dijo Caitlin.
—Tú también, —Darach asintió con su cabeza—. Será mejor que regreses a casa, tus papás deben de estar preocupados.
—No lo creo… —dijo Caitlin triste y tanto Lena como Darach la vieron preocupados—. Pero sí, mejor vuelvo. ¡Adiós!
Tomó a Gothita de la cabeza de Houndoom y vieron cómo los ojos del Pokemón se iluminaron. Así se teletransportaron sin dejar rastro alguno. Darach recordó cómo la niña mencionó ganarle a su propio papá en peleas Pokemón, se imaginó que tenía alguna clase de experiencia en batallas y se preguntó si le podría enseñar algo algún día.
—Tienes una fan adorable, —dijo su mamá trayéndolo de regreso a la realidad—. La forma que gritó cuando estabas peleando era tan tierno, definitivamente le hiciste el día dejándola acariciar a tus Pokemons.
—Es lo menos que puedo hacer, —respondió Darach ofreciéndole su brazo a su mamá y ella lo tomó, ya estaba empezando a refrescar y sabía lo cansada que podía estar su madre a estas horas.
Empezaron a caminar por el condominio, pasando por casas pequeñas con jardines pequeños. Todas eran iguales: blancas, de un solo piso y con cuatro habitaciones. Lo que diferenciaba cada una eran las decoraciones del frente y pequeños números pegados en la pared de la entrada.
—Ya casi es tu cumpleaños, —dijo su mamá mientras recorrían las pequeñas calles del suburbio—. ¿Tienes planes con Aidan?
—Él y otros del equipo de limpieza en la torre atalaya me quieren llevar al área de supervivencia. Al parecer abrieron un café donde vienen entrenadores fuertes de toda la para pelear. Pero tendremos que hacerlo después de mi cumpleaños.
Originalmente querían llevarlo al pub, pero Aidan sugirió el café sabiendo lo antisocial que era su amigo. Darach agradecía tener a alguien que lo conocía.
—Ah, veo que los de la torre atalaya tampoco se zafaron del tiempo extra, —Lena suspiró y Darach asintió.
—¿Sabes por qué es? Nadie sabe en mi área sabe por qué y el mayordomo de nuestra torre está más histérico de lo normal.
—Bueno, tu padre ha estado muy ocupado organizando cenas oficiales… más seguido que de costumbre, eso significa que hay negociaciones en curso, —la mención de su papá hizo que se le retorcieran las tripas, lo prefería ocupado y lejos de casa—. Los rumores entre las mucamas de los niveles superiores de la torre del homenaje dicen que el Rey anda haciendo nuevos negocios con entrenadores fuertes afuera de la corte, tal parece que su dinero no es tan eterno como todos creen.
Escuchar que al mismísimo Rey le faltaba plata le trajo cierto consuelo, era bueno saber que no era el único sufriendo por el dinero.
—¿Qué harás después? —le preguntó su mamá.
—¿Después de qué?
—Tu cumpleaños, cumples 18 y ya serás oficialmente un adulto, —la esperanza que se asomaba en su voz lo deprimió muchísimo—. He estado ahorrando dinero para ti, cielo. No sé cuánto te sirva pero estoy segura que te ayudará a empezar de nuevo con tu carrera de entrenador.
—Mamá… —Darach se detuvo y miró a su madre, ya era más alto que ella y tenía que inclinar su cabeza hacia abajo para verla a los ojos—. ¿Recuerdas que te quería contar algo del trabajo?
Lena asintió.
—Bueno, es porque ahora que se me venza mi contrato temporal pienso tomar uno permanente, —la respuesta de su hijo fue como una daga en su corazón—. Ampliarán mis responsabilidades más allá de la limpieza del museo y también aumentarán mi sueldo…
—Pero mi cielo, tu viaje…
—Mi viaje puede esperar, —respondió Darach tomándola de las manos preocupado—. Pero tu salud no, te escuché el otro día hablando con tu doctor. Necesitas descansar y trabajar solo medio tiempo.
—No es nada serio…
—Yo sé que no es verdad. Podías engañarme de niño, pero ahora ya no lo soy.
Unas lágrimas se asomaron en sus ojos y Lena se cubrió la boca para empezar a llorar en silencio. Darach la abrazó sintiendo lágrimas también. Le dolía tomar esta decisión, pero la idea de abandonar a su mamá enferma era más que doloroso, era imperdonable.
—Lo lamento mucho Darach, en serio perdóname.
—No te disculpes, —el muchacho se separó un momento y le dio una sonrisa a su madre—. Discúlpate cuando engordes a mis Pokemons, espero que los puedas cuidar ahora que trabajarás medio tiempo pero tampoco quiero que los dejes gordos.
—Ellos son los gordos, no dejan de pedirme comida, —respondió con una pequeña risa la mujer, todavía con sus ojos hinchados—. Te quiero Darach.
—Yo también, mamá.
