Capítulo 2: El Duelo de las Tres Coronas (Parte 1)
—Ten cuidado con la mesita, —le advirtió Lena a su hijo.
—Tú ten cuidado, eres la que me está guiando, —respondió el muchacho soltando una pequeña risa.
Era la noche de su cumpleaños y cuando Darach regresó del trabajo, se encontró con su mamá esperándolo ansiosa en la entrada de la casa. Él ya no celebraba sus cumpleaños como antes, entre más crecía menos lo quería celebrar, pero su mamá, siendo ella, jamás lo permitiría. Siempre lograba hacerle algún tipo de celebración, por más pequeño que fuera.
Lo obligó a quitarse sus anteojos y le cubrió los ojos con un pañuelo, ahora se encontraba guiándolo por la pequeña sala hacia el comedor. Todavía llevaba puesto su uniforme y ahora ya era como una segunda piel, ya no se incomodaba de andar con saco y guantes durante tantas horas.
—Muy bien, ¿estás listo? —su mamá no esperó respuesta y le quitó el pañuelo, Darach se puso de regreso sus anteojos y se sorprendió de encontrar un pequeño pastel cubierto de almendras y sopa de champiñones frente a él—. ¡Feliz cumpleaños!
—Gracias mamá, —Darach después de un pequeño abrazo, ambos se sentaron en la mesa y se tomó el tiempo para disfrutar el olor, era más que exquisito—. No tenías que hacerlo, preferiría que descansaras.
—Está bien cielo, yo no cociné, —tan pronto dijo eso, Darach encontró a su papá saliendo de la cocina con unos panes recién salidos del horno—. Tu papá lo hizo.
—… —no sabía cómo procesarlo así que se limitó a ser educado y a quedarse con sus guantes puestos—. Gracias.
—De nada, —Shaw puso el pan sobre la mesa y se sentó con su familia—. Feliz cumpleaños.
Honestamente Darach tenía las esperanzas de no verlo durante la cena. Shaw pasó muchas noches de cumpleaños trabajando tiempo extra cuando era niño y verlo aquí en este tiempo tan ocupado y turbulento en el castillo lo desilusionó mucho.
Empezaron a comer en silencio, Darach odiaba admitirlo pero su papá era mucho mejor cocinero que su mamá. No era que Lena fuese una inútil en la cocina, sus tartas eran motivo de envidia entre los residentes del condominio, pero su papá era alguien estúpidamente talentoso con la comida. Se preguntó si ser mayordomo del comedor le daba alguna clase de experiencia culinaria.
—¡Oh Shaw! ¡Está delicioso! —dijo Lena felizmente bebiendo su sopa—. En verdad te luciste hoy con la comida.
—Es su favorito, —explicó el hombre mirando a su hijo al otro lado de la pequeña mesa—. Y hoy es su cumpleaños.
—Ojalá fuera su cumpleaños todos los días, —bromeó la mujer—. Si con eso consigo que me cocines sopas así…
—Te aburrirías rápido, —razonó el hombre, su tono seguía emitiendo una extraña frialdad que no parecían transmitirse a sus ojos al verla—. Tendría que hacerte una sopa diferente todos los días, querida.
—Siempre te gustaron los retos, querido.
La sonrisa de su papá era extrañamente incómoda, era como ver los músculos de su cara retorcerse de una forma artificial y se iba tan pronto aparecía. Darach juraba que nunca lo había visto sonreír por más de cinco segundos.
La sopa se terminó rápido y el pan que había hecho Shaw la complementaba muy bien. El pan casero siempre era el mejor… aunque viniera de alguien como su papá. Después de cortar el pastel, Lena se levantó un segundo para buscar su siguiente sorpresa.
Cuando Lena dejaba solos a Darach y a Shaw era como un mediador dejando la negociación de paz durante un conflicto armado. El muchacho se esforzó para que su silencio no molestara a su papá, mantuvo su cara firme y sin expresar emociones, por alguna razón era más difícil hacerlo cuando estaba en casa que cuando lo hacía en el trabajo. Ahora solo le quedaba rezar que su papá no tratara de tirar el primer golpe.
—Escuché de tu madre que renovarás contrato, —el muchacho maldijo en silencio, ni en su cumpleaños podía ahorrarse las molestias de hablar con él—. Dice que ahora quieres ser trabajador permanente.
—Sí, —responder con monosílabos siempre era una estrategia eficiente.
—Me alegro, —esa respuesta fue un golpe crítico—. Me tranquiliza ver que por fin entendiste la diferencia entre lo que es posible e imposible.
—Mi viaje no ha terminado.
Súper efectivo, la cara de su papá seguía igual pero Darach podía ver en sus ojos cómo levantó cierta furia y rencor dentro de él. Al parecer sus sueños eran un golpe directo a su orgullo.
—Por ahora…
—¡Darach! —llamó su mamá regresando al comedor y ambos hombres irguieron sus espaldas y guardaron sus armas—. Cierra los ojos.
—¿Otra vez? —preguntó en broma.
—Solo hazlo, quisquilloso, —agregó Lena molesta y Darach obedeció.
Cuando le dijeron que los abriera, se encontró con una pequeña caja blanca con un moño de listón rojo. Era una caja muy bonita.
Al abrirla se encontró con algo envuelto en un pañuelo, lo primero que hizo fue desenvolverlo con cuidado porque conocía a su mamá y estaba seguro que el pañuelo era parte del regalo. Al ver que el bordado era las siglas de su nombre con un tridente de Empoleon arriba sonrió mucho, claramente trabajo de su mamá.
Al ver lo que el pañuelo envolvía se sorprendió al encontrar algo que no esperaba: un reloj de bolsillo que parecía estar hecho de oro… o por lo menos de algo color dorado. Al levantarlo, se sorprendió por el peso, al verlo más de cerca concluyó que no estaba completamente hecho del material, pero claramente era uno cubierto de oro.
—Feliz cumpleaños, —dijo su mamá al mismo tiempo que lo abrazaba, Darach la abrazó pero no pudo evitar ver a su papá completamente confundido.
—Nuestra familia tiene la tradición de regalar relojes de bolsillo de cuarzo recubierto de oro cuando te vuelves en un adulto, —respondió su papá tranquilamente—. Y hoy, que cumples 18 años, te has vuelto en uno.
No sabía cómo preguntarles acerca del dinero, tenía miedo de ser irrespetuoso porque era el mejor regalo que había recibido en mucho tiempo.
—Y antes que te preocupes por el dinero, —agregó su mamá al verle la cara—. Tu papá comenzó a ahorrar para esto desde que eras un bebé. Así que no te preocupes.
—Muchas gracias, —su voz salió extrañamente baja—. En serio…
—Feliz cumpleaños, —dijo su papá inclinando levemente su cabeza, levantó los platos y dejó solo a su esposa con su hijo mientras se encargaba de limpiar la cocina.
Darach se tomó el momento para sentarse de nuevo y observar el reloj, en serio era uno lujoso y nunca pensó que tendría uno. Creció viendo el de su papá, era de esas cosas que no tenía permitido tocar bajo ninguna circunstancia. Lo más cerca que estuvo de tocarlo fue cuando era muy pequeño y su papá lo sentó en sus piernas para enseñárselo.
—¿Te gustó tus tres regalos? —preguntó su mamá sentándose a su lado.
—¿Tres…? —Darach miró el reloj y el pañuelo, ver el pastel frente a él le dio una pista—. Ah sí, en serio me encantó todo. La comida estaba muy rica.
—No me refería a la cena, —su mamá le dio una sonrisa pícara y le señaló al listón del regalo.
A primera vista parecía un simple listón rojo, pero al verlo mejor se sorprendió de tener un Focus Sash frente a él. Era un accesorio de batalla raro y lo primero que se preguntó fue en dónde encontró su mamá esto, no era algo que vendían en cualquier tienda y ella no podía caminar tanto.
—Ese regalo es de mí para ti cielo, —cuando puso su dedo frente a su boca Darach la entendió automáticamente, era su manera educada de decirle que no le dijera nada a su papá—. Que se quede entre nosotros.
—¿En dónde lo conseguiste?
—Bueno, el hijo de John empezará su viaje en unos meses, —le explicó su madre doblando el nuevo pañuelo de su hijo—. Y digamos que él y su esposa estaban teniendo problemas para encontrar su primer Pokemón para el nene. Decidí hacer un pequeño trueque.
John era uno de los agentes de seguridad privada de la Torre de homenaje y su mamá era parte de un programa de rescate de una guardería Pokemón. Básicamente aceptaba huevos que habían sido abandonados por sus entrenadores y los cuidaba hasta que nacieran. Así había conseguido a su Piplup y un Skorupi para el hermano de Aidan.
Los agentes de seguridad del castillo eran muy conocidos por ser unos obsesionados por las peleas Pokemón, desahogaban ahí toda su frustración de una vida aburrida. De niño Darach trató de relacionarse con niños que venían de familias de agentes, pues cualquier persona que hablaba de peleas Pokemons eran interesantes bajo su juicio. Con el tiempo aprendió que las familias de los agentes de seguridad preferían relacionarse entre ellos, al parecer no todos eran dignos de amar las peleas Pokemón como ellos.
—Huh, —Darach admitió sentirse conmovido, incluso ahora que ya había abandonado sus sueños de entrenador Pokemón su mamá lo seguía alentando—. Gracias mamá, en verdad lo aprecio muchísimo.
—Sé que vendiste la mayoría de tus accesorios de pelea, —le dijo su mamá casi regañándolo—. Así que ahora no podrás vender este porque es un regalo.
—Jamás pensaría en hacerlo, —el muchacho le dio una sonrisa genuina—. En verdad gracias.
(Darach, 18 años)
Una de las ventajas de ser un trabajador permanente en el Castillo Percila eran los casilleros que les daban. Eran mucho más grandes que los de los trabajadores temporales y su ubicación, cerca de una de las entradas de servicio del castillo, era más práctico.
Lo primero que hizo fue guardar su mochila y luego Darach colgó en su casillero el saco de su nuevo uniforme de trabajador permanente: un traje celeste con chaleco negro y corbata blanca. No era muy fanático de la combinación, pero tampoco disfrutaba su trabajo así que ya había aprendido a tragarse sus quejas. Mientras se arreglaba la corbata frente al espejo de su casillero escuchó a alguien abrir el suyo a unos metros de él.
—Buenos días Darach.
—Buenos días Aidan, —respondió el muchacho sin quitar su vista del reflejo, era un nudo complejo—. ¿Cómo estás?
Aidan también había hecho la misma transición que él y lo transfirieron a otra área del castillo. Iba a extrañarlo pero por lo menos lo seguía viendo en la mañana en los casilleros y durante la hora de almuerzo en el comedor de servicio.
—Cansado, odio todo ese proyecto de construcción de porquería que están haciendo, —se quejó el muchacho arreglándose su cabello verde, tenía cara de almohada—. Había escuchado que el Rey andaba corto de plata, pero no imaginé que vendería todo su maldito terreno.
—Por lo que entendí, solo vendió las hectáreas dentro de la muralla del castillo, —contó Darach poniéndose el saco celeste y estirando sus guantes blancos. Aseguró la cadena del reloj en su pantalón y sintió un extraño placer al sentir su peso, le traía cierto consuelo.
—Yo tengo suerte de tener un cuarto 10x10 en mi casa, ¿y ese maldito tiene hectáreas de sobra para vender? —tiró en chiste sacándole una sonrisa a su amigo—. En fin, ¿qué crees que anden haciendo?
—Mmm… —Darach cerró la puerta de su casillero pensando en voz alta—. ¿Mansiones?
—¿Propiedades para ricachones? No lo creo, —Aidan guardó su mochila en el casillero y luego se arregló el saco—. El otro día me fui a la punta de la torre atalaya para ver qué andan haciendo y el diseño parece como si fueran cuatro centros comerciales diferentes.
—Así que ahí fue a donde te fuiste a meter ayer, —dijo Darach, no lo había visto durante su hora de almuerzo y le había parecido raro.
—Oye, valió la pena subir la torre más alta, —empezaron a caminar hacia la entrada de los casilleros que conectaba al resto del castillo—. Quería saber qué estupidez nos ha estado arruinando las noches con sus máquinas de porquería. ¿Cómo puedes dormir con todo esto?
—Experiencia, —Darach y Aidan saludaron de lejos a varios trabajadores, muchos que habían empezado con ellos en el área temporal se habían pasado a la permanente también—. Cuando estaba viajando de adolescente me tocó acampar en un motel de Veilstone City.
—¿Acampar?
—El motel era tan barato y sucio que me dio miedo tocar la cama, preferí sacar mi tienda de acampar y armarla adentro del cuarto, —explicó Darach—. Este lugar quedaba en el área más ruidosa de Veilstone, a lado del los casinos. El ruido de las máquinas de construcción no se compara con el otro, te juro que hasta escuché tiroteos ahí.
—Ish, en serio viajar como adolescente o adulto es una porquería, —dijo Aidan asqueado—. Supongo que es la forma que tiene el sistema para ponernos a trabajar. Mis hermanas deberían de agradecer que se puedan quedar gratis en un Centro Pokemón.
—Algún día lo apreciarán…
Ambos adolescentes se detuvieron al ver un grupo de compañeros en la entrada, todos estaban observando fijamente la enorme puerta de la entrada al castillo. Se acercaron y encontraron una hoja pegada en la puerta y esta leía:
"23 de agosto de 2002
Circular Nº 24601
REF.: 1° CAMPEONATO MIXTO
DE DUELO DE LAS TRES CORONAS
PROGRAMA DE DESARROLLO INTERNO
DEL FRENTE BATALLA
Llamado a inscripción
Respetables miembros del Castillo Percila, reciban un cordial saludo de parte de su real majestad el Rey Anselio IV y la Reina Betilia II. Tenemos el placer de comunicar a partir de este medio el inicio del llamado a inscripciones para participar en el 1° Campeonato Mixto de Duelo de las Tres Coronas en el marco del Programa de Desarrollo Interno del Frente de Batalla.
Se les invita atentamente a cualquier trabajador que sea entrenador o entrenadora Pokemón a participar en el evento, con el fin de esparcir el espíritu deportivo histórico de nuestra respetable corte y coronar al mejor combatiente del reino. Se adjunta con el documento una planilla donde el participante tendrá que poner su nombre completo, apellido, un número de identificación personal y su ocupación dentro del establecimiento.
Al momento de la inscripción, el participante deberá tener un mínimo de 3 Pokemóns fichados bajo su nombre y número de identidad. En caso de no cumplirse este requisito, no se validará la inscripción al Campeonato. El plazo para inscribirse vence el próximo viernes 6 de septiembre, a la hora 10:00.
Es importante aclarar que todos los que cumplan con los requisitos nombrados tienen el derecho a participar, sin importar su puesto de trabajo en el castillo. Así mismo se les invita a todos los miembros de la comunidad para asistir al primer campeonato mixto de la historia de la corte.
Gracias por su bondadosa e importante atención.
Anselio IV de Todos los Beatos de Percila, Rey de la Isla Sinnoh
Betilia II de Cyllage, Reina Consorte de la Isla Sinnoh"
Con la firma de los reyes y el sello de la familia real, quedaron convencidos que el documento que tenían frente a ellos no era falso. Todos estaban atónitos, susurrando entre ellos sin poderlo creer, era la primera vez que los invitaban a participar en este deporte.
El Duelo de las Tres Coronas, también llamado el Campeonato de las Tres Coronas, era un estilo de batalla deportiva histórica en el castillo. Era un torneo de siete duelos consecutivos en donde se premiaba al ganador de cada pelea con puntos del castillo (CP). En teoría, un miembro de la corte real estaba obligado a ser el responsable de repartir los puntos, pero los tiempos cambian y la responsabilidad caía en el que estuviera haciendo de réferi durante la pelea. Esos puntos se gastan en diferentes accesorios para las batallas que siguen (medicina, bayas, objetos o información de tu próximo contrincante) o para atender las heridas de tu propio Pokemón.
Cada uno participa con un equipo de tres Pokemons porque, según aprendió en el colegio, representan el símbolo de las tres coronas que se usaban para coronar a los antiguos emperadores: una de hierro representando firmeza, una de plata representando esperanza y una de oro que significaba prosperidad.
En otras palabras: era un deporte de aristócratas, uno que en el presente era jugado solamente por personas con mucho dinero. Era la clase de actividad excluyente que solo las personas de élite podían participar.
—¿En serio dejarán participar a cualquier trabajador con 3 Pokemons? —preguntó una mucama de uniforme rojo.
—¿Será en serio? —preguntó otro criado de saco celeste—. ¿Nos dejarán participar aunque seamos criados?
—Seguro es una broma de los de arriba, —concluyó otro—. Deben de estar aburridos.
—¿Tú qué piensas Darach? —le preguntó Aidan entre todos los murmullos de sus compañeros.
—Que llegaré tarde si no me voy ahora, —respondió cínicamente el muchacho abriéndose paso en el grupo y empujando la puerta, los murmullos se calmaron y la mayoría lo siguió para dirigirse a su trabajo.
Aidan logró alcanzar a su amigo entre el grupo de trabajadores.
—¿Sabes qué creo? —le preguntó sin esperar una respuesta—. Creo que se quedaron sin gente para jugar y buscan carne de cañón, deben de saber que todos somos malos en las peleas y buscan humillarnos para entretenerse.
Darach negó con su cabeza molesto, era una posibilidad muy probable.
—¿Vas a participar? —le preguntó Aidan genuinamente curioso—. Si somos realistas, tú eres quien tiene el mejor chance de la torre atalaya. Maldición, seguro de todos los criados del maldito castillo si somos realistas.
—No gracias, —si de algo podía estar seguro el muchacho era que los aristócratas no eran buenos perdedores—. No me quiero quedar sin trabajo.
—Ish, menos ahora que por fin conseguimos un contrato fijo.
No podía haberlo dicho mejor.
Una semana después y la planilla seguía tan vacía como el primer día. Algo que notó Darach es que alguien se tomó la libertad de resaltar la parte donde decía que cualquier persona podía participar con subrayador amarillo. No tenía idea de quién fue, pero si en verdad esperaba que alguien lo hiciera claramente no conocía a los que trabajaban en este castillo.
Participar en un campeonato, incluso en los de la Liga Pokemón, significaba ser alguien que deseaba sobresalir y encontrar la gloria. Todos los que trabajaban en este castillo no buscaban eso, solo quieren sobrevivir y llevar pan a la mesa.
En la madrugada del último día de inscripciones, Darach se fijó por última vez en la planilla de la circular antes de empezar su turno. Seguía vacía. Parte de él sintió lástima, su lado luchador y competitivo le hubiera encantado ver a alguien con las agallas de anotarse en el campeonato. Su lado adulto le decía que tal vez era lo mejor, nadie merecía poner en peligro su trabajo con tal de demostrar su habilidad en peleas Pokemón.
Esa misma tarde, cuando se encontraba recogiendo su almuerzo en el comedor de empleados, Darach notó algo extraño. Por alguna razón, todos lo observaban fijamente, con miradas curiosas y tímidas que se desviaban tan pronto lograba cruzar mirada con alguno.
Darach se detuvo con la bandeja de comida en su mano preguntándose si se había manchado el saco, honestamente no sabía por qué lo estaban mirando tanto. Nunca llamó la atención; sí, su pelo era raro, pero llevaba años trabajando aquí y nadie nunca le comentó algo acerca de su apariencia.
Al sentarse, notó que todos en su mesa lo estaban viendo.
—¿Se les ofrece algo? —preguntó finalmente, irritado de tener tanta atención sobre él.
Todos desviaron sus miradas de regreso a su comida y el muchacho se sacó los anteojos para limpiarse la cara con su pañuelo nuevo. Lo que sea que tuviese ahí, esperaba habérselo quitado.
Comenzó a beber su sopa cuando sintió que alguien le dio una palmada fuertísima en su espalda, casi escupió todo del susto.
—¡Eres un maldito hijo de tu madre Darach! —dijo Aidan entre carcajadas ruidosas y joviales sentándose a su lado—. ¡Un maldito desquiciado! ¡Sabía que eras el único loco que lo haría!
—¿De qué estás hablando?
—Nah, deja de bromear loco, ¡en serio me sorprendiste!
—No genio, en serio no entiendo.
Darach notó que lo seguían viendo y harto de ser el centro de atención, tomó a Aidan de la camisa y lo sacó de la cafetería de empleados. Estaban en un pasillo que los conectaba a unos corredores de servicio.
—Loco, ¡loco, loco, loco! —dijo Aidan entre risas pegándole puños amistosos a su amigo en el brazo.
—Aidan, en serio no sé de qué me hablas.
El chico de cabello verde se rió, pero al verle la cara a su amigo se dio cuenta que genuinamente estaba confundido.
—Un momento, ¿no sabes que estás inscrito en el campeonato de las tres coronas?
—¿¡Estoy inscrito en el campeonato de las tres coronas?!
Sin esperar una respuesta, Darach corrió hacia los casilleros de empleados y maldijo en voz alta al ver que la puerta ya no tenía la circular. ¿Acaso alguien le estaba jugando una broma pesada? Aidan se tardó en alcanzarlo y cuando lo hizo, Darach lo vio con una furia definitiva.
—¿Fuiste tú? —preguntó furioso Darach sujetándolo del cuello de su chaleco.
—¿Qué? ¡No! —respondió aterrado levantando sus manos—. Jamás te haría eso amigo, mucho menos con tu mamá enferma.
El muchacho lo soltó y se alejó aterrado, no sabía cómo procesar esto y tampoco podía estar seguro si en serio lo habían hecho.
—Yo me enteré por Sean, que lo escuchó de Conor quien dice que lo leyó en la lista, —Aidan chasqueó sus dedos—. ¡Tu casillero! ¡En teoría deberían de dejarte una carta para confirmar tu inscripción en tu casillero!
—¿Cómo lo sabes? —le preguntó Darach mientras corría a su casillero.
—El hermano de Brody sí se inscribió y me contó que así le dieron la carta para confirmar su inscripción, —explicó Aidan atrás de él—. Al parecer muchos trabajadores del área de seguridad se metieron en el campeonato.
Tenía sentido, los que trabajaban para seguridad eran conocidos por ser unos egocéntricos y locos por las batallas Pokemón. Encontró su casillero y cuando la abrió con su llave, se aterró al encontrar un sobre que cayó al piso. Aidan lo recogió por él y se lo entregó en la mano.
Inclinó un poco su cabeza de agradecimiento y abrió la carta:
"6 de septiembre, 2002
REF.: 1° CAMPEONATO MIXTO
DE DUELO DE LAS TRES CORONAS
PROGRAMA DE DESARROLLO INTERNO
DEL FRENTE BATALLA
Inscripciones
Estimado Participante
Por este medio confirmamos que el entrenador/a Kokuran Darach con el documento personal de entrenador 2714702 y el puesto de trabajo Operario de Limpieza de la torre atalaya queda inscripto en el 1° Campeonato Mixto de Duelo de las Tres Coronas. Se espera su presencia en el lobby de la Torre de Batalla el día viernes 13 de septiembre a las 7:30 horas.
Concurrir al lugar acordado con este documento y su identificación para ingresar al campeonato.
Esperamos ansiosamente su participación.
Anselio IV de Todos los Beatos de Percila, Rey de la Isla Sinnoh
Betilia II de Cyllage, Reina Consorte de la Isla Sinnoh"
Decir que perdió su aliento no hacía justicia al pánico que sintió. No tenía sentido, literalmente había revisado la planilla antes de empezar su turno esa misma mañana y estaba vacía. Aidan le quitó la carta y la empezó a leerla. Darach solamente se apoyó contra el casillero y se deslizó para sentarse en el piso, en serio estaba cerca de tener un ataque de pánico.
La última vez que se sintió así fue cuando no le alcanzó el dinero para comprar algo de la máquina expendedora de la Liga Pokemón…
—Por Arceus Darach… —su amigo se puso tan pálido como fantasma—. ¿Qué vas a hacer? No te puedes desinscribir ahora… ¿En serio no fuiste tú?
—Obviamente no, —respondió enojado—. ¿Tengo cara de querer pelear con unos ricachones y ser humillado?
Aidan se sentó en suelo a su lado y observó la carta una vez más.
—Quien sea que lo hizo, sabe mucho de ti, —agregó Aidan seriamente—. ¿Tienes tu D.P.E contigo?
—Siempre, —respondió Darach sacando su billetera del bolsillo y ahí vieron los dos su tarjeta de identificación de entrenador, la misma que le dieron cuando era niño—. Llevo años de no sacarlo de aquí.
—Entonces fue alguien que se sabía tu número de memoria… —concluyó su amigo arreglándose su cabello verde.
—¿Pero quién? —preguntó frustrado Darach—. Me refiero viajé solo y siempre hice mis trámites por mi cuenta, claro mi mamá me ayudó al principio con algunos porque era niño pero…
Oh…
(Esa noche)
Lena se encontraba bordando un pañuelo con orquídeas rosadas al mismo tiempo que veía televisión en la sala. Estaba muy cómoda en el sillón con la compañía de Staraptor, quien parecía haber armado un pequeño nido de bufandas y trapos a su lado y descansaba felizmente disfrutando la compañía. No era tan meloso como Empoleon o Houndoom, pero Lena era feliz de tenerlo cerca.
Desde que empezó a trabajar medio tiempo, se encargaba de cuidar a los Pokemons de su hijo. Ella aceptaba que cada uno era diferente y era feliz.
—¡Mamá! —gritó furioso Darach entrando por la puerta.
Lena miró a Staraptor, el ave torció su cabeza confundido y ella solamente le guiñó el ojo.
—Hola cielo, ¿qué tal el trabajo? —Darach ignoró su pregunta y lanzó su mochila al piso, se paró frente a ella y cruzó sus brazos enojado.
La mujer ignoró su cara furiosa y presumió el pañuelo blanco que bordaba:
—Mira, le estoy haciendo un pequeño regalo a tu fan #1. Investigué un poco el origen de su nombre y al parecer Caitlin significa un tipo de orquídeas. Todavía no la ubiqué en el barrio, al parecer nadie la conoce… me pregunto cuándo volverá a aparecer.
—Mamá, ¿fuiste tú quién me inscribió al campeonato de las tres coronas?
—¿Yo? Cómo osas acusar a tu pobre madre, —dijo la mujer con tono desinteresado mientras continuaba trabajando con el hilo rosado y la aguja.
—Mamá… —no levantó su voz, solamente la agravó para sonar más amenazante.
—Todo está fríamente calculado, mi cielo.
No supo si gritar del enojo o del miedo, pero salió un ruido raro de su garganta que logró hacer volar a su Staraptor del susto. Lena lo ignoró y continuó trabajando, viendo con el rabillo del ojo la manera que Darach caminaba en círculos frente a ellos. Staraptor se apoyó en el cojín del sillón torciendo más su cabeza, tratando de interpretar el comportamiento físico de su entrenador.
—¿Por qué, por qué, por qué, por qué, POR QUÉ? —preguntó furioso el muchacho sin parar de dar vueltas.
—Es una gran oportunidad y te gusta pelear, me pareció lo más lógico inscribirte, —respondió su madre con voz inocente, bajó un segundo sus instrumentos para acariciar el plumaje del pecho de Staraptor—. Además, no les vendría mal más ejercicio a tus Pokemons. Entiendo que andes más ocupado pero debes de hacer más tiempo para ellos…
—¿No tienes idea de lo que hiciste? —detuvo sus vueltas para verla furioso—. Esto no es la Liga Pokemón, aquí tengo que perder para no… perder mi trabajo.
—Tonterías, —Lena miró seriamente a su hijo frunciendo ligeramente su ceño—. Escuché de Victoria que el Rey y uno de sus asociados estaban hablando de los felices que estaban de tener a un representante de varias áreas del castillo.
Darach se detuvo y miró incrédulo a su mamá.
—Como entrenador y por respeto a tus contrincantes tienes que pelear con todo sin dejarte ganar, —agregó Lena sin cambiar su rostro serio—. Es por tu honor.
—¿¡Qué honor voy a tener yo mamá?! —gritó frustrado Darach señalando su uniforme manchado—. ¡Mi vida es limpiar la suciedad del piso! ¡Alguien como yo no tiene honor!
—¡Darach Kokuran! —dejando sus instrumentos en el sillón, Lena se levantó furiosa y miró a su hijo a los ojos—. ¡Jamás digas eso!
—Pero es verdad.
—¡No! —llevaba años de no gritarle así—. El honor no es algo de dinero, es algo que uno arma con una vida honesta y un corazón valiente. Y tú tienes mucho de esos dos, tienes honor y eso nadie te lo arrebata, mucho menos algo tan insignificante como el dinero. ¿Entendiste?
Sus palabras cayeron en oídos sordos, seguía demasiado enojado como para tomar en serio lo que decía. Se limitó a lanzarse en uno de los sillones de la sala y cubrirse la cara, todo esto era demasiado… no tenía ni las ganas o las energías para lidiar con su mamá.
—Tienes talento Darach y por primera vez se ha presentado una oportunidad en nuestro hogar para mostrarlo, —le dijo Lena acercándose a él—. Los mismos reyes invitaron a cualquier trabajador del castillo, no estás haciendo algo ilegal.
—Mamá… en serio tengo miedo de perder mi trabajo si le gano a alguien de la corte, —le dijo su hijo con una preocupación genuina—. No estamos en una posición para que me despidan.
—Ok, entonces pensemos en el peor de los casos, —Lena se sentó en el brazo redondo del sillón donde estaba su hijo y lo tomó del hombro—. Digamos que ganas el torneo y el Rey está tan ofendido de haber perdido en una pelea limpia que decide planear un ataque personal en tu contra y despedirte.
Sonaba ridículo cuando lo ponía así, pero Darach sabía que existían muchas personas ridículas allá afuera.
—Siempre puedes volver a ser entrenador, —le dijo su madre con una sonrisa—. Hay rumores de muchos más torneos para adultos y nuevas oportunidades con facultades nuevas de peleas. Esas facultades necesitarán empleados con experiencia en batallas…
—Si en serio eso es verdad, estoy seguro que contratarán personas con conexiones y no por talento…
—Darach, no seas tan cínico, —lo regañó su mamá.
Ella le decía cínico, él lo llamaba ser realista.
—Podrías dedicarte a una guardería, —propuso su mamá—. Te he visto cuidando a los niños de los vecinos cuando van a jugar contigo durante los torneos locales. Eres bueno con los niños.
—Mamá…
—Yo sé, yo sé, te dejo tranquilo, —la mujer se levantó del brazo del sillón y pensó en dejar a su hijo solo, necesitaba reflexionar y no podía hacerlo con ella molestándolo.
Antes de irse, recogió sus instrumentos y cuando quiso despedirse se preocupó enormemente por la cara que tenía su hijo. Parecía estar perdido, viendo al vacío de la casa con un temor absoluto en sus ojos.
—Darach, yo sé que te afectó mucho no poder ganar el título de campeón en tu viaje y desde que regresaste, siento que actúas como si no merecieras ser feliz, —las palabras de su madre eran molestas pero verdaderas, Darach no quitó la vista del vacío—.Te lo debes a ti mismo, mi cielo, te debes el placer de poder luchar y encontrar tu propia gloria… es tu pasión y tus sueños, no lo dejes morir por algo como el miedo o el dinero.
Le dio un beso en la cabeza y lo dejó solo en la sala. Staraptor saltó de su sillón hacia el otro donde estaba Darach. Al hacerlo, el muchacho observó a su Pokemón y notó lo diferente que se miraba. Cuando viajaba, estaba en mejor forma y aunque no estuviera gordo, definitivamente se le veía más perezoso. Era su culpa, su culpa por tener Pokemóns competitivos y nunca permitirles pelear como debían.
Pensó en las palabras de su madre, en cómo le decía que sí tenía honor… negó su cabeza molesto, el honor era para las personas que sí habían logrado hacer algo con su vida. Él tenía 18 y ya había echado todo a perder al no haber ganado la Elite Four…
Staraptor soltó un chillido y empezó a picotearle suavemente el marco de sus anteojos, quería llamar su atención y lo había logrado. Era una mala costumbre suya de atacar sus lentes desde que era un Starly. El ave todavía tenía una chispa de pasión en sus ojos y Darach quedó convencido de algo:
Tal vez no tenía honor propio, pero sí tenía el honor de tener Pokemons tan maravillosos como los suyos.
Por el resto de la semana logró mantener una compostura semi-convincente que no mostraba estar al borde del pánico. Aidan prometió no contar nada acerca de la carta y Darach disfrutó un par de días más de tranquilidad en donde nadie sabía si era cierto o no que había quedado inscrito.
Pero en la mañana del lunes todo cambió cuando pegaron en diferentes áreas de empleados el cronograma de duelos. Mostraban cuáles serían las peleas de la primera ronda y todos en los casilleros de los empleados de limpieza se asombraron al leer el nombre de Darach ahí. De los 128 inscriptos, Darach era el único trabajador afuera del área de seguridad que estaba participando.
Ya no había escapatoria, ahora todos sabían que iba a participar en el Campeonato de las Tres Coronas.
En la madrugada del martes, Darach se encontraba comenzando su turno en la torre atalaya organizando unos panfletos en la entrada del museo. Tal vez ya no estaba encargado de pulir todas las armaduras, pero tenía la responsabilidad de mantener todo presentable y limpio.
Escuchó unos pasos y rezó que fuera alguien que lo ignorara, todavía estaba sufriendo de las miradas de sus compañeros por todo lo del campeonato. Se horrorizó al darse cuenta que era su papá y se le veía furioso.
—Estoy decepcionado, —dijo Shaw tratando de lastimar a su hijo con sus palabras, Darach no sintió dolor alguno porque jamás pensó que estaría orgulloso de él aunque ganara la lotería—. Pensé que eras un adulto, claramente no mereces llevar ese reloj si andas delirando con tus sueños de niño.
—Los reyes fueron los que invitaron a participar a cualquier trabajador del castillo, no estoy haciendo nada ilegal, —Darach empezó a caminar hacia el interior del museo—. Tengo trabajo que hacer, con permiso.
Cuando trató de retirarse, su papá lo tomó firmemente del brazo. No fue doloroso y aunque ya fueran casi de la misma estatura, Shaw todavía tenía el agarre de un Kingler enojado.
—Si te dejas ganar tal vez te dejen quedarte con tu trabajo, —le dijo sin levantar la voz.
—Dejarse ganar es la peor falta de respeto que puedes hacer contra tu contrincante, —Darach se soltó de su agarre y lo vio a los ojos furioso—. Si pierdo será por mi falta de habilidad, pero nunca por falta de honor. Con permiso.
Se sintió veinte veces más liviano cuando caminó de regreso al museo. Ahora se sentía más determinado que nunca para darlo con todo.
Tristemente esa determinación no duró hasta la mañana del campeonato. Darach se levantó con una acidez horrenda y no era por la falta de comida, su mamá se encargó de alimentarlo bien y de darle uno de sus pañuelos de la suerte antes de enviarlo al castillo. Debido a su participación en el campeonato, su mayordomo del área le permitió faltar para que pudiera prepararse para el duelo.
No le deseó suerte, el mayordomo encargado del museo no era alguien exactamente amable, pero sí se tomó la libertad de darle unas palmaditas en el hombro. Era la primera y única vez que mostró alguna clase de lenguaje corporal casual con él y se preguntó si era su manera de desearle suerte.
Aunque no tuviera que presentarse a trabajar, de igual manera se dirigió a los casilleros a la hora de siempre antes de su turno. Esperaba dejar su mochila, asegurarse que su saco y sus guantes del uniforme se vieran presentables y quedarse el resto del tiempo reflexionando sus posibles estrategias.
Nunca revisó el cronograma del campeonato y no tenía idea contra quién iría a pelear. No porque no quisiera, su estrés y su pánico no se lo permitieron.
Cuando entró a los casilleros, muchos trabajadores se encontraban en los suyos preparándose para el día. Todos se detuvieron para verlo y Darach solo caminó rápido, quería irse de aquí lo antes posible.
—Umm… ¿Darach? —el muchacho se dio la vuelta para ver quién lo había llamado, se sorprendió al encontrar a una chica de su área, una que limpiaba el museo—. Te deseo mucha suerte hoy.
—Umm… gracias…
Trató de tomar su camino otra vez y se sorprendió que alguien estiró su brazo para detenerlo. Era un jardinero que siempre se cruzaba cuando iba a trabajar.
—Dales duro, ¿heh? —el joven jardinero le dio un pequeño golpe amistoso en el hombro y forzó una sonrisa, Darach forzó una también.
Antes de poder continuar, alguien más lo detuvo, esta vez era otra de su área.
—Hoy en la noche nos juntaremos a celebrar el campeonato en el pub, es en tu honor, —dijo la chica muy tímida—. Te queríamos avisar antes pero Aidan perdió su teléfono…
—… —no se le ocurría por qué alguien afuera de su círculo íntimo querría celebrarle algo—. ¿Lo organizó mi mamá?
—Err… no, —dijo extrañada la chica—. Fuimos los del museo con Aidan y otros de la torre, no te recomiendo llevar a tu mamá, es algo entre nosotros.
—Claro, claro, —ahora se sentía como un idiota—. Perdón.
—Está bien, mucha suerte hoy.
Muchos de los trabajadores que seguían en sus casilleros empezaron a desearle suerte también, eran tantas personas apoyándolo que se sintió abrumado. Eran demasiadas personas para decepcionar.
Cuando finalmente terminó de guardar sus cosas en su casillero, Darach se miró en el reflejo para arreglarse el uniforme. No le especificaron si tenía que llevarlo puesto o no, pero si era honesto era la ropa más elegante que tenía. Se arregló su corbata blanca y su saco celeste, si se iba a presentar como Operario de Limpieza, lo haría con dignidad.
—¡Darach! —reconoció la voz de Aidan asomándose por su pasillo de casilleros, se le tiró encima y le dio un abrazo rápido—. ¿Listo para hoy?
—No…
—Vamos, tú fuiste el que se metió a miles de torneos cuando viajabas, ¿cierto? —Aidan lo llevó del hombro mientras lo guiaba hacia la salida que daba a la Torre de Batalla—. Estoy seguro que lo de hoy será fácil.
—En los torneos de la liga peleaba contra extraños, —explicó nervioso—. Aquí podría terminar peleando contra mi jefe, el mismo que firma mis cheques…
—Nah, deja de ser dramático. Vi el cronograma y solo reconocí el nombre de un par de seguridad, algunos Lords y otros que no tengo idea de quienes son. Para tu suerte, el Rey no estaba en el campeonato.
Por lo menos era una persona menos de quien preocuparse. En otro momento se hubiese sorprendido de no encontrar al Rey, su majestad era conocido por ser un gran fanático del Duelo de las Tres Coronas y las peleas Pokemón en general. Había viajado gran parte de su vida entrenando a su equipo y, si mal no recordaba, fue durante uno de sus viajes a Kalos donde conoció a la reina.
—Solo espero que mis Pokemons se diviertan…
—¡Esa es la actitud! —su amigo le dio unas últimas palmadas para alentarlo—. Trataré de ir a ver todas las peleas que pueda, nos dijeron que podíamos turnarnos para ver así que seguro solo podré ver las del principio.
—Gracias, —tenerlo en el público lo tranquilizaría, sabía que su mamá llegaría pero siempre era bueno encontrar caras conocidas en el público—. En serio.
—De nada, pero me tengo que ir, —Aidan se alejó corriendo y lo miró una última vez—. ¡No dejes que los malditos de seguridad se diviertan demasiado!
—¡Haré lo que pueda! —dijo Darach levantando su mano con una gran sonrisa, por lo menos era contagioso su buen sentido del humor.
Se encontraba en uno de los jardines del interior del castillo y buscó la famosa Torre de Batalla. Históricamente era la torre donde los generales recibían al rey para discutir acerca de planes estratégicos durante el tiempo de las antiguas guerras. Hoy en día era una torre dedicada al entrenamiento Pokemón, el Rey pasaba mucho de su tiempo ahí al igual que muchos de la corte. Los de seguridad entrenaban en otra torre, la Torre Cuadrada para ser más precisos.
Darach buscó la entrada y al ver las escaleras que descendían respiró profundo, parte de él se sentía como el niño que estaba a punto de entrar al túnel para empezar la Liga Pokemón. Otra parte de él se sentía como el adulto aterrado que era pero trató de ignorarlo, trató de encontrar a ese niño en su corazón y al sentir su cincho con sus tres Pokebolas, sintió valor.
Sí… era hora de pelear una vez más.
Notas del Autor: pasé demasiado tiempo investigando el lenguaje que se usa para redactar una circular oficial... Odio que Fanfic tenga formato tan limitado...
