Advertencia: ¡Capítulo extremadamente largo!
¡Disfruten!
Capítulo 3: El Duelo de las Tres Coronas (Parte 2)
El Castillo Percila está compuesto por 4 torres que la dividían: la Torre Atalaya (la torre más alta) que quedaba en un extremo y en la actualidad era usada como museo; la Torre del Homenaje en donde vivía la familia real (con diferentes niveles dedicados a oficinas y cuartos de huéspedes), la Torre Cuadrada y la Torre de Batalla, ambas cumplían la función de ser un centro de entrenamiento y pelea. Lo que las diferenciaba era que la Torre de Batalla era para los miembros de la corte al ser más lujosa y mejor equipada mientras que la Torre Cuadrada eran para los agentes de seguridad.
Darach caminó con un paso fijo hasta la famosa torre, si se alentaba por un segundo seguramente colapsaría del miedo. Formar parte del 1° Campeonato Mixto de Duelo de las Tres Coronas era un honor sin ninguna duda, pero eso no quitaba el estrés que sentía.
Llegó al lobby de la Torre de Batalla y no se sorprendió de encontrarlo vacío, era demasiado temprano como para ver alguno de sus contrincantes y solo habían dos recepcionistas. Los uniformes eran de falda con un saco y una clase de boina, lo que las diferenciaba era el color: una roja y otra verde. Darach no las conocía, pero juraría haberlas visto más de alguna vez en la cafetería.
Caminó por la hermosa alfombra dorada y apreció con el rabillo del ojo algunas de las esculturas lujosas hechas de mármol y cristal negro. Al llegar hasta abajo de las escaleras, las recepcionistas se encontraban atrás de unos postes dorados y separadores rojos.
—Hola, —dijo una de las señoritas con una sonrisa amistosa y sorprendentemente casual—. Ya no necesitamos limpieza en la recepción, vino otro operario para encargarse del incidente con el Rhyperior.
Bueno, traía puesto su uniforme, no las podía culpar. También sintió curiosidad acerca del incidente, pero buscar hablar de chismes era de mal gusto.
—En realidad me presento para participar en el Campeonato de las Tres Coronas, —dijo Darach entregando la carta y su documento de identificación, las dos recepcionistas se asombraron al leer la hoja.
—M-me disculpo enormemente por la equivocación… señor, —dijo la señorita dando una profunda reverencia, su compañera mantuvo una cara neutral pero Darach podía ver el dolor ajeno en sus ojos.
—Está bien… —Darach pensó en algo para aligerar el ambiente, no le gustaba sentirse superior con sus propios compañeros (mucho menos que lo llamaran señor cuando parecían tener la misma edad)—. ¿Almuerzas entre las 12 y la 1? Juraría verte por la cafetería.
Los ojos de la recepcionista se calmaron y volvió a una sonrisa amistosa y casual.
—Sí, ya sabía que me parecía conocido tu cabello, es muy único, —tomó el documento y copió el número en una hoja con una sonrisa mucho más tranquila—. Eres el quinto en presentarte, solo falta que se presenten 123 más para empezar el campeonato.
—… —sacó su reloj de bolsillo y notó que eran las seis de la mañana, se sorprendió que alguien llegara antes que él—. ¿Quiénes llegaron?
—Unos socios del rey, bueno, entre tú y yo no estoy segura si son socios de verdad, —dijo la recepcionista reconociendo a Darach como uno de los suyos—. Dos eran adultos, un hombre y una mujer, la otra era como de nuestra edad y el último era un niño… la verdad no sé si sean una familia…
—Sería una familia muy rara, —comentó la otra recepcionista con un susurro y un brillo en sus ojos, feliz de participar entre los chismes—. Ni si quiera se parecen.
—Pero tampoco parecen ser parte de la corte, —comentó la chica pensativa—. O por lo menos no les importa las apariencias…
—La mujer del saco rojo sí parecía una dama, —argumentó la otra—. El niño traía una máquina que se veía cara.
—Sí, pero la chica de jeans rotos y perlas en la cabeza no. Y el hombre adulto tenía parches en su abrigo.
—¿El loco del Rypherior?
—¡Sí! —la chica del saco rojo miró a Darach incrédula—. ¿Me podrías creer que ese tipo se le ocurrió sacar a su Rypherior para gritar a media recepción? Al parecer es un ritual suyo antes de cada torneo y su Pokemón se emocionó tanto que lanzó una onda de arena por toda la recepción.
Eso explicaba el famoso incidente. Darach solamente respiró profundo, al abrir un canal de confianza les dio el lugar para chismear. No es que aborreciera los chismes, trabajar para un castillo significaba lidiar con esto todos los día… era solo que hoy no se sentía con el espíritu de unirse a la charla.
—Gracias por pasarme el chisme, —dijo Darach con un tono educado—. Pero temo que me tengo que retirar, necesito prepararme para el campeonato.
—¡Claro! ¡Perdón! —la chica quitó la cinta en la entrada y lo dejó pasar—. Estamos emocionadas por el campeonato, es la primera vez que atendemos a alguien de los nuestros.
—Se siente bien, —admitió la otra—. Más te vale darle con todo, escuchamos rumores sobre ti que decían que te dejarías ganar para no perder tu trabajo.
Ah… ahora ya se había vuelto parte del rodeo. Se preguntó qué otros rumores habrían sobre él pero concluyó rápidamente que seguro no era nada que valiera la pena. No había mucha cosa interesante con un operario de limpieza como él.
—Les prometo que no lo haré, —no le quería dar el gusto a su papá—. Aunque tratara, mis Pokemons no me lo permitirían, son muy orgullosos.
—Nosotras también, así que más te vale patearle el trasero a los de seguridad… —dijo la chica del saco verde, puso una mano sobre su mejilla y se acercó al oído de Darach—. También alguno de la corte, estoy harta de escucharlos hablar de sus salones y joyería Pokemón.
Se tuvo que tapar la boca para no reírse, Darach encontró divertida la actitud sorprendentemente ruda viniendo de alguien con apariencia tan presentable y amistosa. Era de las pocas cosas que apreciaba de su trabajo: todos se trataban como iguales. Pasaban toda una vida siendo inferiores ante los ojos de sus empleadores, pero entre los empleados todos eran una familia. Una familia ruidosa, chismosa y siempre al tanto de todo.
—¿Cómo se llaman?
—Jessica, —dijo la del saco verde.
—Jena, —respondió la del saco rojo.
—Jessica, Jena, —Darach les dio una sonrisa confiada, sintiendo al niño entrenador latiendo en su corazón—. Les prometo que les daré algo de qué hablar hoy.
—¡Ooh! —Jessica parecía apreciar el espíritu luchador en él—. Más te vale.
Con una última sonrisa, Darach se retiró donde lo guiaron las dos recepcionistas. En el deporte del Duelo de las Tres Coronas, cada contrincante estaba aislado en su propia sala de espera. Era un cuarto simple con varias sillas y algunos bocadillos, era tan lujoso como la recepción pero su tamaño significativamente pequeño.
Tomó una de las sillas rojas y contempló a su equipo: Staraptor, Gallade y Empoleon. Tenía que darle crédito a su mamá, cuando lo inscribió eligió su equipo de 3 favorito. Aunque amara a Houndoom, admitía que Staraptor era mejor para tenerlo en frente de todo su equipo: era rápido, poderoso e intocable —si lograba establecer bien su estrategia de Double Team.
No le molestaba esperar un par de horas, le daba tiempo para re-evaluar sus estrategias y pensar en la parte central de este estilo de batalla: los CP. En el Duelo de las Tres Coronas se repartían puntos para gastar en la siguiente pelea, esta regla era la forma de los Lords para presumir su buen manejo y gasto de recursos. Si algo había aprendido Darach con los años fue a manejar cuidadosamente su dinero, crecer con una situación económica complicada le traía cierta ventaja al final.
En teoría se le asigna a cada participante del campeonato su propio Valet para acompañar al Lord durante todo el proceso y Darach solo rezó que pudiera establecer una relación casual como lo había logrado con las recepcionistas. Se sentía tan poco natural tener a alguien sirviéndole a él… hasta se sentía incorrecto en cierto sentido.
Respiró profundo y volvió a pensar en los CP, tenía que tener un plan del qué hacer con los puntos que fuera recibiendo.
Estaba tan nervioso que no sintió las horas pasando en su reloj de bolsillo y cuando alguien tocó la puerta, se levantó rápidamente esperando algún superior. En realidad era un hombre, uno de edad avanzada que podría ser su abuelo: cabello blanco, arrugas pronunciadas y postura encorvada por la edad. Estaba vestido con un saco negro con alas azules, chaleco blanco, moño negro y pantalones azul oscuro. Sintió horrenda envidia, ojalá su uniforme se viera tan bien como ese.
—Buenos días, mi nombre es Finley y el día de hoy seré su valet, mi señor, —el hombre le dio una profunda reverencia y antes que Darach pudiese intervenir, lo dejó terminar con su guión. Él también tenía el suyo cuando trabajaba y detestaba cuando lo interrumpían—. Así que si necesita mi asistencia, maestro Kokuran, será un honor servirle.
—Gracias Finley, —dijo el muchacho—. Lo primero que quisiera pedirle es que me trate como un compañero más, usted y yo trabajamos bajo el mismo techo y aunque aprecie enormemente su etiqueta, preferiría que nuestro trato fuese más casual.
—Como usted desee… Sr. Kokuran.
—Solo Darach por favor, —dijo el muchacho horrorizado, Sr. Kokuran sonaba como su padre.
—Alejándote de la sombra de tu padre, —dijo con una sonrisa torcida el anciano—. Esto será interesante muchacho. Le presento con sus primeros puntos: 10 CP. ¿Sabe las gloriosas reglas de este deporte o te los explico?
—Las sé, —volvió a tomar su asiento.
—Bueno, eso nos ahorra tiempo, —Finley continuaba con su sonrisa torcida que se veía extrañamente amistosa entre tantas arrugas—. De igual manera déjame contarte que debido a la cantidad de participantes que se inscribieron hubo un pequeño cambio en las reglas: la primera ronda será pelea de uno contra uno, su majestad ama el deporte pero no creo que tenga la paciencia para ver 64 peleas con equipos de 3.
Darach asintió, no le sorprendía el cambio. Típicamente los campeonatos eran entre grupos pequeños, supuso que era parte del encanto aristocrático exclusivo.
—En la segunda ronda las peleas serán con equipo de 2 y en lo que queda serán de 3. ¿Entiende? —Darach asintió ante su pregunta—. Perfecto, también hubo un cambio de precios así que le recomiendo que piense bien antes de gastarlo. Ahora, ¿qué desea hacer con sus puntos?
Darach miró al reloj y eran las 8:10 en punto. No esperaba iniciar el juego tan rápido.
—¿Tan pronto?
—Su majestad ya dio la ceremonia de apertura a las 7:50 y usted, señor no veo cronogramas, será la primera pelea del campeonato.
El sarcasmo en su voz fue ignorada cuando escuchó que sería el primero. ¿Acaso alguien del cielo, Arceus todo poderoso, quería torturarlo? Se puso tan pálido que pensó que se mezclaría con las paredes blancas de la pequeña sala.
—Hijo, creo que estarás bien, —el anciano le dio una palmada en su hombro y lo animó a levantarse—. Como Valet de la Torre de Batalla, he visto muchos Lords y señores poderosos entrar aquí para jugar el deporte real. En mis 50 años de trabajar aquí jamás pensé que vería un campeonato entre burgueses y prole. Que tú seas el único trabajador afuera del área de seguridad participando hoy muestra que tienes algo que muchos carecen.
—¿Qué cosa?
—Agallas, —Finley lo guió hacia la entrada de la pequeña sala y antes de abrir la puerta, soltó un gruñido—. Ah, se me olvidó preguntarte, ¿quieres gastar algo de tus 10 CP?
—No, los guardaré por ahora, —Darach sabía que un punto clave para la victoria era ahorrar al principio sus CPs.
—Jeje, buen muchacho, —Finley le dio una última palmada en su espalda guiándolo a la puerta—. Ahora, vete y limpia el piso con tu oponente.
Desde que era niño, Darach odiaba entrar al campo de batalla. Siempre fue alguien nervioso y sufría con cada fibra de su cuerpo la anticipación de algún evento grande aproximándose en el horizonte. Cuando empezó a viajar, ese evento solía ser alguna pelea difícil o sus enfrentamientos contra una temeraria campeona y su Garchomp.
Ahora, siendo un adulto con su propio reloj dorado en el bolsillo, ese evento era un simple campeonato, uno en donde había más que solamente su honor en la línea. Había toda una sombra atrás de él que lo arrastraba, una que empezó a agrandarse con cada año que pasaba sin el título deseado de campeón de Sinnoh.
Hoy no se presentó como Darach, el niño entrenador prodigio; era Darach, Operario de Limpieza de la Torre Atalaya.
Respiró profundo… buscó en su corazón ese valor que tenía de niño para entrar en todos los torneos humanamente posible. Al principio de su viaje, lo impulsó la pasión y aunque al final fuese la necesidad, esa flama nunca se apagó. Al salir y ver el campo de batalla Pokemón, su llama se avivó.
Sí… definitivamente sus Pokemons se iban a divertir muchísimo hoy.
El réferi estaba vestido con un uniforme parecido al de Finley, no lo reconocía. Limitó su vista al público, eso siempre lo ponía nervioso pero quería ver si podía reconocer a alguien. Sabía que en teoría la realeza estaba en lo más alto del campo de batalla acompañado de su corte o cualquier otro invitado de honor. A penas levantó la cabeza y vio el trono con alguien sentado, rápidamente desvió su vista. Tenía miedo de cruzarse con la del rey y dar una mala impresión. Encontró varios lugares abajo y supuso que era la sección popular, no parecía estar separado o lujosamente decorado como el trono de arriba. No pudo reconocer a nadie de ahí, estaba demasiado nervioso.
Caminó al centro del campo y se encontró con su primer contrincante: un muchacho joven de cabello café y traje lujoso.
El muchacho se tomó un momento para verlo de pies a cabeza, claramente confundido ante su primer oponente. Darach dio una sonrisa educada y luego se paró a lado del réferi, participó en tantos torneos que ya se sabía todo el ritual de memoria.
Primero, el réferi presentó a cada contrincante. Presentó a su oponente de traje lujoso, William Hunter Tercero y escuchó unos aplausos suaves entre el público. Cuando dijo su nombre, Darach escuchó aplausos educados y un par de gritos llamándolo. Sonrió al reconocer a su mamá sentada en la sección popular con su chal morado, su sonrisa desapareció cuando notó que Lena venía con su esposo y lo tomaba del brazo emocionada.
El réferi le dijo algo, no le puso atención pero sabía que ahora le tocaba intercambiar un par de palabras con su oponente. Se vieron frente a frente y el muchacho le dio una sonrisa cínica estirando su mano sin decir una palabra. Él la estrechó educadamente, pensando que se salvaría de una conversación innecesaria.
—Oh, tienes guantes, —le dijo el muchacho sin cambiar su sonrisa—. Me alegro, odio empezar mis peleas con las manos sucias.
Ah… insultos antes de una pelea. Clásico.
—Mucha suerte a usted también, —respondió el muchacho agrandando su sonrisa pensando en Finley.
En serio iba a disfrutar limpiar el piso con este tipo sin duda alguna.
—¡La pelea será uno contra uno! —gritó el réferi—. ¡Empiecen!
—Furfrou, hora del show, —dijo el muchacho lanzando su Poke Ball dorada y un Pokemón canino salió con un estilo particular de cabello que parecía el sombrero de un lord.
Darach había leído de ellos, juraría que —irónicamente— lo llamaban estilo Dandy.
—¡Staraptor! —cuando su Pokemón salió al campo de batalla, el corazón de Darach se reavivó con una pasión intensa.
—¡Brilla ante todos con Work Up! —dijo el joven apasionadamente—. ¡Luego encántalo usando Captivate!
La forma que daba comandos le dijo a Darach que el muchacho no era un entrenador, era un coordinador. Daba toda una lista para que su Pokemón cumpliera y usaba oraciones largas para hacerlo. Claramente no estaba peleando por estrategia sino apariencia.
—¡Return!
Darach ni le dio tiempo a su oponente a poner en ejecución su lista de comandos, cuando Furfrou empezó a usar Work Up, Staraptor ya se encontraba frente a él. Con un golpe crítico, envió volando al perro al otro lado del campo de batalla y cayó noqueado.
Su oponente soltó un grito horrorizado y Darach quedó estupefacto.
¿En qué nivel estaba ese Pokemón? Claramente nunca había tenido una pelea, ni siquiera trató de evadirlo.
En una pelea de la Liga Pokemón, un réferi anunciaría el fin de la batalla y ahí terminaba todo. Pero en el Duelo de las Tres Coronas, era el Rey quien tenía la última palabra al anunciar los puntos ganados.
Darach miró hacia arriba, buscando el trono, y se encontró con el famoso Rey. Desde su ángulo podía ver que estaba acompañado de su familia, a lado de su trono habían otras sillas con su esposa y otra silla a su lado con una niña quien supuso que era la princesa. Usaba anteojos y no exactamente con su graduación correcta, así que no podía ver detalladamente su cara.
—29 CP, —gritó el Rey con una sonrisa.
Se volvió a sentar en su trono y Darach se sintió en las nubes. Le dieron un puntaje casi perfecto y regresó a su Staraptor con una gran sonrisa. Miró una vez más al público y encontró a su mamá aplaudiéndole felizmente y también reconoció a Aidan y a las recepcionistas. Cuando movían frenéticamente sus brazos era fácil de reconocerlos.
Se limitó a saludarlos moviendo un poco su cabeza, ahora todos sabían que jamás se dejaría ganar. Su oponente no pareció tomar muy bien su derrota, aunque le diera la mano pudo notar que la apretó más de lo necesario. Antes que le dijera algo, Darach decidió dejar salir su lado niño entrenador malcriado diciendo:
—¿Y sus manos? ¿Siguen limpias?
No esperó una respuesta y se dio la vuelta para regresar al túnel, encontró a Finley esperándolo con una sonrisa. Al recibirlo, lo guió de regreso a la sala de espera.
—No cantes gloria hasta el fin de la victoria, —Finley seguía con su tono amistoso, pero podía detectar la advertencia escondida en sus palabras—. Todavía te quedan seis peleas más para ganar el campeonato.
Parte de Darach encontró tierna la idea de Finley, como si tuviera la oportunidad de ganar algo después de pasar tanto tiempo fracasando como entrenador. Ya se había convencido de no dejarse ganar, pero tampoco quería delirar con sueños de gloria después de tanto tiempo sin entrenar en serio.
—Y ahora, ¿qué desea hacer con sus CPs?
La segunda batalla fue contra un agente de seguridad, estuvo un poco más difícil pero sus Pokemons lograron ganar sin problemas. Staraptor y Gallade eran rápidos y lograron evadir todos sus ataques sin salir heridos. El agente de seguridad que peleó contra él era un tipo alto, gritón pero sorprendentemente amistoso.
Su victoria le ganó 27 CP y la tercera pelea tuvo un resultado parecido, aunque estuviera feliz de haberlo logrado, Darach se encontró con su primer inconveniente antes de su cuarta batalla.
—¿Qué desea hacer con sus CPs? —le preguntó Finley—. Ahorrar no es sólo guardar, sino saber gastar.
Darach se acarició la barbilla pensativo. La forma que se gastaban puntos en este deporte era clave para ganar y Darach empezó ahorrando todo lo que podía, al principio es fácil, pero ahora que sus Pokemons ya se le notaban cansados empezó a dudar de su plan. Para poder recuperar por completo a sus Pokemons (HP y PP) necesitaba subir de categoría.
Al subirla no solo tendría más acceso a accesorios, sino también el precio para curar a sus Pokemons era mucho más barato y podía recuperar HP y PP al mismo tiempo en lugar de ser dos acciones separadas. El problema era que para subir de categoría necesitaba 50 puntos y actualmente tenía 56. Según sus cálculos, si lograba ganar la siguiente pelea y conseguir por lo menos 16, tendría la oportunidad de subir de categoría y curar a sus tres Pokemons (cada recuperación completa de HP Y PP costaba 6 puntos).
Con ese cálculo se dio cuenta que en teoría le sobraría 4 CPs y trató de pensar en qué lo podría gastar ahora. Aunque Gallade y Staraptor estuviesen bien, ya los empezaba a notar cansados.
—Deseo usar 3 puntos para ver cada Pokemón de mi oponente.
Su lógica le dijo que si no podía gastar en recuperar a sus Pokemons, miraría el equipo de su oponente para ver si se las podía arreglar con Empoleon.
—Su próximo oponente tiene un equipo compuesto de Brozong, Porygon2 y Tyranitar.
Era un buen equipo… Darach se lamentó por un segundo de no traer a Houndoom pero al mismo tiempo supo que tenía otras cosas en qué pensar.
—Ok, —ordenó a su equipo para sacar a Empoleon primero, con solo sujetar su Pokebola podía sentir la emoción de su Pokemón. Eso le trajo valor—. Estoy listo.
Entró de nuevo a la arena de batalla, determinado a seguir ganando cuanta batalla le fuese posible. Le pareció rarísimo no encontrar a su contrincante en su lado del campo y al darse la vuelta para ver al público, se asustó al ver un aparato en su cara.
Dio un salto para atrás, claramente asustado y sujetándose del pecho. Se encontró con un niño que seguía apuntándolo con algo que parecía un Pokedex modificado.
—Análisis del 63%… no me gustan estos números, —dijo el niño. Vestía con un traje gris y unos shorts verdes, le hacían juego con su cabello que parecía una mezcla entre esos dos colores y al verlo mejor, no le podía calcular más de 13 años—. Mmm… bueno, tendré que arreglármelas con este cálculo. O podría tratar de agilizar el RAM eliminando…
El niño empezó a hablar en lenguas y claramente lo estaba ignorando. Darach aclaró su garganta, esperando llamar su atención… tal parecía que no funcionó ya que seguía viendo su máquina sin parar de murmullar para él mismo.
—¡THORTON! —escuchó un grito en el público y al verlo, Darach pudo ver a una señora de saco rojo y cabello morado furiosa entre los espectadores VIP.
—Ya voy Argenta, ya voy, —dijo el niño irritado dándole unos golpecitos a su máquina, refunfuñó algo y miró a Darach—. Ignora mis cálculos, empecemos con la batalla.
Cada uno tomó su lado y cuando el niño, supuso que su nombre sería Thorton, sacó su primer Pokemón, Darach se preparó con el suyo.
—¡Vamos Zeta!—gritó revelando un Porygon2.
—¡Empoleon!
—¡Ja! ¡Hipótesis corroborada! —gritó feliz el niño—. ¡Supuse que empezarías con Empoelon! ¡Zeta, usa Discharge!
—Empoelon, —gritó Darach nervioso—. ¡Signal Beam! ¡Rápido!
La velocidad de su primer Pokemón resultó ser devastadora, pues logró lanzar al otro lado del campo a Porygon2.
—¡Discharge! —gritó frustrado el niño y al ver que su Pokemón se pegó a él mismo, Darach miró su oportunidad de atacar—. ¡Magnet Rise!
—¡Usa Surf entonces!
El ataque logró noquear al Pokemón y Darach maldijo en voz baja. Si Thorton le había ordenado a su Pokemón usar Magnet Rise, eso significaba que sabía que Empoleon era capaz de usar Earthquake. Seguro había usado sus puntos para analizar sus Pokemons y ahora sabía qué ataques tenía.
—Huh, más rápido de lo que esperaba, —dijo Thorton sacando su segundo Pokemón, un Bronzor. Darach notó que se le veía ligeramente debilitado, pero claramente estaba en mejor forma que sus propios Pokemons—. ¡Sunny Day!
El Pokemón tipo metal soltó una esfera que iluminó todo el campo, Darach supuso que quería debilitar sus ataques tipo agua, pero no tenía sentido viniendo de un Pokemón que no era débil contra tipo agua… a menos que…
—¡Empoleon! ¡Earthquake! ¡Rápido!
Bronzor lo evadió fácil y Darach se sintió como un idiota, los nervios lo hizo olvidar su habilidad.
—¡Ja! ¡El conocimiento es mi fuerte y el tuyo no! —gritó el niño feliz y confiado—. ¡La habilidad de Bronzor es Levitate! ¡Usa Solar Beam!
—¡Empoleon! ¡Desvíalo con Signal Beam!
Esa estrategia no buscaba pegarle al oponente, Empoleon lo sabía y rápidamente lanzó el rayo más fuerte que pudo para hacer que el Solar Beam explotara a medio campo.
—¡Solar Beam otra vez!
—¡Desvíalo!
Esta vez no funcionó su estrategia, pues el Signal Beam fue fácilmente atravesado por el rayo solar. Empeoleon pensó rápido por su cuenta y logró evadirlo, no tuvo un golpe directo pero sí uno que lo dejó gravemente debilitado. Darach empezó a sudar, Empoleon no podría seguir así por mucho tiempo.
—¡Regresa! —Darach sacó otra Pokebola y la lanzó—. ¡Gallade! ¡Usa Night Slash!
—¡Payback!
El ataque de Gallade no fue crítico, pero logró debilitarlo. El problema fue cuando Bronzor logró pegarle a su Pokemón, Payback hacía el doble del daño cuando había sido atacado primero y Gallade ya se le notaba debilitado. Sus tres Pokemons ya estaban debilitados y Thorton todavía tenía dos más y uno de ellos sin sacarlo. Darach maldijo una vez más, empezó a sentir su corazón latiendo en su cabeza, estaba perdiendo.
—¡Gallade! ¡Close Combat! —si iba a perder, lo haría con dignidad. Daría todo hasta el último respiro.
—¡No lo dejes! ¡Usa Extrasensory!
El ataque psíquico llegó antes que el suyo y Gallade no pudo atacar. Darach notó algo en el ambiente y pensó rápido, esta batalla aún no acababa.
—¡Ja! ¡Extrasensory lo retrocedió! —gritó felizmente Thorton y Darach decidió regresarlo rápido sacando a su Empoleon una vez más—. ¿Huh? ¿Sacando a Empoleon otra vez? Bueno, si así lo quieres, ¡Solar Beam!
Algo que Thorton no entendió era por qué su Pokemón empezó a cargar el ataque, en teoría debería de hacerlo instantáneamente con Sunny Day.
—¡Usa Surf!
El ataque fue mucho más fuerte de lo que Thorton esperaba y soltó un grito raro. Miró a su Bronzor noqueado y de nuevo a Empoleon, estaba buscando entender qué había pasado.
—Sunny Day solamente dura unos turnos, —explicó finalmente Darach, quería terminar con esta pelea rápido.
—Ah… y como ya no estaba eso Solar Beam se tarda un turno para cargarse y viendo eso, sacaste a tu Empoleon para obligarme a usar Solar Beam… —Thorton se rascó la cabeza pensativo regresando a su Pokemón y mirando al techo—. Ugh… ni lo noté.
El público miraba fascinado la pelea, pero entre ellos se podía ver a Lena sujetando preocupada el brazo de su marido. Darach estaba en aprietos y aunque lograra vencer a los primeros dos, le preocupaba su tercero. Lena había visto las peleas y reconocía que el niño era un entrenador espectacular: vio que los primeros dos que había usado (Porygon2 y Bronzor) eran Pokemons que ya estaban debilitados, el tercero era uno que tenía todo su HP y PP recuperado.
—¡Vamos Tyranitar! —cuando el Pokemón se materializó en el campo de batalla, una gran tormenta de arena los rodeó a todos.
Aquí Darach pensó seriamente en qué hacer.
—¡Earthquake! —gritó Thorton.
—¡Regresa! —gritó Darach—. ¡Vamos Staraptor!
Para su buena suerte, logró predecir el ataque de Thorton y usó esa oportunidad para sacar a su Pokemón. Staraptor era el que más estaba debilitado de los 3 y Darach decidió usar eso como su ultimátum.
—¡Return! —el ataque fue fuerte, pero no lo suficiente y aunque Darach supiera lo que se aproximaba, se horrorizó cuando miró las rocas asomarse.
—¡Stone Edge! —gritó Thorton.
No supo cómo pasó, en serio sintió algo que iba más allá del alcance de todos los dioses, pero Staraptor logró evadirlo y Thorton se puso pálido.
—¡Stone Edge otra vez!
—¡Endure!
El ataque dejó a Staraptor en estado crítico y un brillo se asomó en los ojos de Darach.
—¡Endeavor! —el grito de Darach le tarjo valor a su Pokemón de dar su último esfuerzo.
El ataque de Staraptor logró su objetivo y después de lanzar un rayo al Pokemón, quedaron los dos en el mismo estado crítico. Tristemente Staraptor no soportó un turno más y cayó vencido.
—Nada mal, pero Sand Storm terminó esta pelea, —dijo Thorton empezando a jalar el cuello de su camisa de botones cerrada, claramente sintiéndose sofocado por el calor—. Esto todavía no termina.
El niño era un excelente entrenador, Darach odiaba admitirlo cuando se encontraba atrapado entre la espada y la pared. No podía sacar a Gallade, un golpe de la tormenta lo terminaría acabando y solo quedó darse a la fe y confiar en su mejor Pokemón.
—¡Empoleon! —gritó Darach determinado y su Pokemón se materializó, claramente cansado, soltando un chillido amenazante.
—¡Aquí termina! —gritó Thorton—. ¡Earthquake!
—¡Surf!
El agua llegó más rápido que la tierra y Tyranitar cayó vencido en el campo de batalla. Ambos entrenadores jadeaban y Darach le costó recuperar su aliento. Cuando el muchacho se atrevió a ver hacia el trono, encontró al Rey levantando su mano.
—¡15 CP! —gritó su majestad y el público estalló en aplausos.
Darach no se sintió tan feliz como deseaba, en serio estuvo demasiado cerca y había sido su culpa. Tuvo una suerte ridícula de haber ganado. Si tan solo hubiese recordado que Bronzor tenía la habilidad Levitate, seguro hubiese podido manejar mejor la batalla y dejar que su Staraptor fuese noqueado había sido de pésimo gusto.
Su Pokemón no merecía sufrir por sus errores.
Empoleon corrió hacia su entrenador, claramente feliz de haber ganado y Darach le acarició con cariño su pico. En verdad tenía Pokemons maravillosos… Empoleon miró hacia el público y soltó un chillido feliz, Darach se dio la vuelta en la dirección que miraba su Pokemón y encontró a su mamá aplaudiendo felizmente. Su papá estaba con ella, pero se limitó a verlo con muchísima decepción… seguro había notado sus errores durante la batalla.
—Hmmm… odio perder, en serio me cae mal, —dijo el niño mirando su máquina al mismo tiempo que se acercaba a Darach, luego levantó la vista para verlo, Empoelon miró con curiosidad el niño torciendo su cabeza—. Pero odio admitirlo, si no me hubieses engañado con eso del Solar Beam, seguro te hubiera ganado… pero no me sirve fijarme en datos probables comparado con los datos sólidos de esta batalla. Usaste bien a tus Pokemons y me ganaste en velocidad.
—Y yo admito que tú has sido de las batallas más difíciles que me he topado en mi vida, —aunque Darach se sentía de mal humor por su pésimo manejo, no estaba dispuesto a tratar mal a su contrincante (mucho menos cuando era un niño)—. Me siento honrado de haber luchado contra ti, tienes un talento superlativo en las batallas.
—Más que talento tengo mucho conocimiento, —dijo Thorton rascándose la cabeza un poco avergonzado—. Se me olvidó que también hay un factor de suerte en las peleas y no todo está calculado.
Para que el niño reconociera la suerte que tuvo durante su pelea…
—La suerte no quita tu talento, —Darach no quería desanimarlo, siempre que le ganaba a alguien más buscaba consolarlo lo más posible entendiendo lo horrible que era perder… sobretodo cuando eres niño.
—Err… gracias, —Thorton extendió su mano avergonzado—. No eres mi amigo porque eres un extraño y hablas raro, pero eres un buen entrenador.
—Muchas gracias, —Darach la aceptó y se dieron la mano.
Una vez que regresó a la sala de espera, se lanzó sobre la silla para descansar. Había sido una pelea intensa y sacó su pañuelo celeste de la suerte para limpiarse una pequeña capa de sudor que se asomaba en su frente. Finley le presentó un vaso de agua fría y Darach lo aceptó con gratitud.
—Bueno, eso fue una pelea interesante, —dijo Finley tratando de sonar más amistoso—. No fue perfecta, pero interesante sin duda alguna.
—Tuve demasiada suerte, —respondió enojado Darach—. Casi pierdo.
—Meh, concéntrate en el ahora hijo, —le respondió el Valet dándole una palmada en su espalda—. Llora cuando pierdas, no porque casi pierdes. O cuando ganes, un hombre puede llorar ante la victoria también.
Respiró profundo y pensó en lo que tenía que hacer ahora: con los 15 CP que ganó y el punto que le sobró, ya podría hacer lo que había planeado:
—Deseo subir de categoría, —dijo Darach sin esperar que Finley le preguntara—. Y con los puntos restantes recuperar el HP a mis Pokemons.
—Jeje, ¿tienes un plan, eh? —la sonrisa torcida de Finley era siniestra pero simpática, sacó su aparato que usaba para registrar los gastos y la suma de CP—. Muy bien, ahora con esta categoría podrá recuperar a sus Pokemons por menos cantidad de puntos y tiene acceso a nuevos accesorios de batalla. Dame tus Pokebolas para que los cure.
Se las entregó y se retiró un momento del cuarto, Darach se tomó el tiempo para terminarse el vaso de agua. Estaba seguro que las siguientes peleas serían más difíciles y más intensas….
Ese reto solamente logró avivar la llama adentro de él, dio una gran sonrisa emocionado por su siguiente pelea.
De alguna forma lo había logrado: llegó al final del campeonato de las 3 coronas. Honestamente tuvo la suerte que los siguientes contrincantes no fueron tan difíciles como Thorton. Sí, fueron buenas peleas… pero la verdad el niño fue tan ingenioso que lograba minimizar el talento de los otros.
Tenía en total 66 CP, había logrado ahorrar mucho al solamente recuperar un Pokemón por pelea. Su Staraptor siempre fue el primero en su línea de batalla y era el mejor cuando se trataba de noquear a tus oponentes rápido. Pensaba usar 24 CP para recuperar el HP y PP de Staraptor, y el PP del resto de su equipo (al no haber peleado en las otras batallas, solo necesitaban recuperar su PP ya que era la final).
Le restaban 42 puntos y cuando Finley le preguntó qué haría con ellos, le pidió que le pasara una lista de accesorios.
—Jeje, al parecer te está saliendo tu plan de maravilla.
Darach solo negó con su cabeza aliviado, tuvo mucha suerte que sus demás contrincantes fuesen fáciles comparado con Thorton.
—¿Qué desea hacer con su CP?
Después de planear todo y de entregar a Finley sus Pokebolas para que los recuperara, se tomó el tiempo para dirigirse al baño. Este quedaba cerca de las salas de espera donde estaban los participantes y cuando caminaba hacia el lugar, pasó a lado de una fila de armaduras.
—Pst.
Se detuvo un segundo, juraría haber escuchado algo… seguro fue su imaginación.
—¡Pssst! —fue más insistente ahora y notó a alguien escondiéndose atrás de las armaduras—. Darach… aquí…
Se acercó a una de las armaduras y se sorprendió de encontrarse con Aidan, el muchacho seguía con su uniforme y se le veía nervioso.
—¿Qué haces aquí? —los dos sabían que los únicos que podían estar en el área eran participantes del campeonato.
—Necesito decirte algo, —susurró Aidan sin salir de su pésimo escondite—. Primero: ¡eres increíble cuatro-ojos! Todos los trabajadores te apoyan, incluso los de seguridad quieren que ganes el campeonato, ¡así de genial están tus peleas amigo! ¡Eres increíble!
No pudo evitar sonrojarse, saber que tenía el apoyo de tantas personas lo conmovió. No esperaba que incluso los de seguridad estuvieran ahí… un momento… la única forma que lo apoyaría alguien del área de seguridad era que su pelea final fuese contra alguien que no fuera de su equipo…
—Gracias… en serio… —Darach trató de acortar la conversación y cuando trató de irse, Aidan lo detuvo.
—Espera, —le susurró su amigo—. Vine porque tengo que decirte algo: la persona con la que pelearás es…
—Aidan, aprecio que vengas hasta aquí para hablarme, pero no estoy dispuesto a hacer trampa, —Darach se tomaba demasiado en serio las reglas, si no gastaba CP para saber quién sería su siguiente contrincante, no tenía derecho de saberlo—. Mejor regresa antes que te atrapen.
—No, no, no te quiero decir sus Pokemons, no es eso, —Aidan trató de decirle, pero Darach se cubrió las orejas con sus dedos—. Tu contrincante es…
—No oigo, oigo soy de palo, —dijo Darach enojado, se sentía como cuando eran niños y Aidan lo molestaba con decirle spoilers del episodio que se perdió—. Tengo orejas de pescado.
Darach se fue ignorándolo, quien le rogaba que lo escuchara. Cuando entró al baño, Aidan casi se muerde las uñas a través de los guantes… Arceus sabía que había tratado de advertirle.
Finalmente llegó la hora: la final del 1° Campeonato Mixto de Duelo de las Tres Coronas. Jamás pensó que llegaría tan lejos, pero tampoco quería quitarle crédito a sus Pokemons, la única razón por la cual había llegado hasta aquí se debía a ellos.
En el momento que Finley lo guió hacia la entrada a la arena de la batalla, Darach sintió una ligera capa de sudor frío formarse alrededor de su cuerpo. Estaba nervioso, no sabía qué iba a pasar si ganaba o si perdía.
Por alguna razón tenía una sensación única, un presentimiento que le gritaba que todo iba a cambiar después de esta batalla.
No sabía por qué se sentía así, pero no había nada que hacer para evitarlo.
—Dales con todo muchacho, —le dijo Finley tomándolo del hombro—. Fue un honor trabajar contigo, Darach.
Decir que se sentía conmovido era poca cosa, en serio apreció mucho la actitud del viejo Valet y esperaba algún día poder compensárselo. Se limitó a alejarse por un momento y darle una profunda reverencia, una que le sacó una sonrisa torcida al señor.
—Ya vete, es de mal gusto dejar al público esperando.
Con una última sonrisa, Darach se dio la vuelta para empezar a caminar a través del túnel.
Al salir y llegar al campo de batalla, Darach fue recibido con grandes aplausos. Se atrevió a ver al público y, fiel a la palabra de Aidan, estaban casi lleno exclusivamente de trabajadores del castillo. Todos con sus uniformes, todos gritándole y animándolo a que siguiera hacia adelante. Operarios de limpieza, jardineros, mucamas, agentes de seguridad y muchos más.
Por supuesto que entre ellos estaban sus papás, Lena aplaudía felizmente mientras que lo saludaba y su papá seguía tan serio y estoico como siempre. También reconoció a Aidan y a las chicas de la recepción (Jessica y Jenna), casualmente estaban sentados en la misma fila de asientos con uno de sus últimos contrincantes (el del área de seguridad grandote y gritón).
Caminó hacia la arena y se vio frente a frente con su último contrincante: era un hombre rubio, alto y con saco verde… un momento…
—Mucho gusto, —dijo el hombre dándole la mano.
Darach rezó que no lo hubiese reconocido, por la manera que le habló supuso que no. Era el mismo hombre que había insultado hace meses cuando viajó con Aidan por la ruta 230. Tal vez no lo reconocía ahora que llevaba puesto su uniforme…
En ese momento entendió lo que Aidan quería decirle, seguro le quería advertir y él, siendo el idiota que es, lo ignoró.
—Mi nombre es Palmer Jericor, ¡y espero que le des con todo!
Darach se limitó a sonreír, no estaba seguro si fuese capaz de decir algo en ese momento. ¿Qué hacía este hombre aquí? ¿Y si era uno de los asociados del rey adinerado? ¿Y él lo insultó como si fuera nada hace un tiempo? ¿Y si recuerda lo que le dijo y—?
—¡Empiecen! —gritó el réferi trayéndolo de regreso a la realidad.
Se tragó su miedo y dejó que sus instintos tomaran el timón. Sacó su primera Pokebola revelando a Staraptor. Palmer reveló un Milotic.
—¡Hydro Pump! —gritó Palmer.
—¡Double Team!
Staraptor logró evadirlo rápidamente, Darach supuso que este hombre peleaba de forma muy agresiva y necesitaba terminarlo rápido.
—¡Aerial Ace!
—¡Dragon Pulse!
El ave voló por el campo de batalla, evadiendo con dificultad los rayos agresivos que disparaba Milotic. Cuando finalmente logró tener contacto y lastimarlo, Darach maldijo al saber que no iba a causarle mucho daño. Milotic era conocido por tener defensa alta.
—Puedo seguir todo el día, —gritó el hombre determinado—. ¡Milotic! ¡Sigue con Dragon Pulse!
—¡Aerial Ace!
Este ataque tuvo más efecto en Milotic, fue directo y crítico, pero su Dragon Pulse logró alcanzarlo y Darach notó cómo Staraptor tuvo problemas para mantenerse en el aire. Maldijo una vez más, Staraptor no era el más resistente y lo sabía, necesitaba pensar bien en su próximo ataque.
Su instinto se hizo presente y le dijo que atacara, se dejó guiar por esa voz.
—¡Aerial Ace!
—Huh, si así lo quieres, —Palmer sonrió confiado—. ¡Milotic! ¡Usa Hydro Pump!
Algo extraño pasó, cuando el ataque de Staraptor tuvo contacto con Milotic, Palmer notó que su Pokemón no se movió y retrocedió adolorida.
—¡Return!
Ese fue un golpe crítico que logró noquear a Milotic. Darach jadeó agotado, a penas un Pokemón abajo y ya sentía como si hubiera corrido una maratón. Staraptor respiraba demasiado rápido, claramente debilitado.
—¡Milotic no puede continuar! —declaró el referi—. ¡Staraptor gana!
—Ja… King's Rock, —Palmer regresó a Milotic a su Pokebola y miró a Staraptor—. Un accesorio que tiene la probabilidad de retroceder a tu contrincante con un ataque físico… eso explica por qué seguías con Aerial Ace, es un ataque físico que nunca falla.
Que este hombre pudiese leerlo tan fácilmente e inferir sus estrategias lo intimidaba. Claramente sabía de lo que hablaba y Darach rezó que no tuviese al Dragonite que le había visto.
En la audiencia todos parecieron asombrarse ante el uso aparentemente inteligente de accesorios. Finley también observaba todo desde el túnel y sabía que la estrategia que usó Darach fue demasiado suicida, las probabilidades que funcionara el King's Rock era baja y a esta altura no sabía si el muchacho era inteligente o estúpidamente suertudo.
—¡Vamos Rhyperior!
Cuando la bestia de piedra se materializó y cayó sobre la arena, levantó varias rocas del piso con un fuerte rugido. Varios de los espectadores temblaron del miedo y Darach trató de pensar rápido.
—¡Staraptor! ¡Usa Endevor!
—Lo sabía… —Palmer le dio una sonrisa que lo asustó—. ¡Bloquéalo usando Rock Wrecker!
Lo que vio sorprendió a todos: Rhyperior formó una roca entre sus patas rapidísimo y cuando Staraptor intentó tener contacto físico con él, Rhyperior lo recibió con un piedrazo.
Un golpe crítico y el ave cayó vencida.
—Staraptor no puede continuar, Rhyperior gana.
—Gracias Staraptor, —Darach lo regresó con remordimiento, debió haberse dado cuenta de la desventaja contra Rhyperior y le costó la salud de su Pokemón. Antes de caer en pánico al reconocer un enemigo fuerte, algo más fuerte gritó adentro de él que siguiera luchando—. ¡Gallade!
Así lanzó su segundo Pokemón, quien se materializó determinado.
—¡Thunderbolt! —gritó Palmer.
—¡Leaf Blade! —el grito de Darach fue fuerte y urgente—. ¡Con todo!
Gallade entendió y después de esquivar el rayo, golpeó con todas sus fuerzas a su contrincante. El sable de su brazo brilló de color verde y le dio un golpe directo al pecho de Rhyperior con un sonido explosivo levantando capas de polvo.
Rhyperior gritó adolorido y el golpe fue tan fuerte que lo empujó un poco, logró mover con un golpe a una bestia de cientos de kilos. Darach pensó que lo noquearía al instante, pero Rhyperior rugió y tomó con sus brazos el de Gallade.
—¡Flamethrower! —gritó Palmer.
El Pokemón lanzó una flama espantosa que le dio a Gallade, la manera que le sujetó el brazo no le permitió que escapara del golpe directo. Las llamas no paraban y Gallade seguía atrapado.
—¡Usa Psycho Cut para liberarte! —necesitaba alejarlo rápido.
Aún con las llamas sobre él, Gallade logró formar una onda psíquica que le pegó al brazo de Rhyperior. Dio un salto atrás para alejarse y Darach se asustó al encontrar a Gallade quemado.
—Tu Gallade es fuerte, —dijo Palmer cruzando sus brazos, era raro cuando alguien le hablaba durante una batalla y Darach se tomó el tiempo para pensar en algo rápido—. Pero mi Rhyperior lo es más. ¿Sabes por qué?
—Solid Rock, —respondió Darach y cuando Palmer le respondió con otra sonrisa, maldijo en voz baja.
El público estaba entre murmullos, claramente tratando de absorber hasta la última palabra que se intercambiaba en el campo de batalla.
—¿Pero qué es eso? ¿De qué hablan? —preguntó Jena a Jessica.
—¿Será un ataque? —respondió con duda su amiga recepcionista.
—No, es una habilidad, —ambas vieron un muchacho de pelo verde cerca de su edad responderles a su lado, era un operario de limpieza que parecía muy absorbido en la batalla. Aidan empuñó sus manos frustrado—. Es una habilidad que protege al Pokemón de ataques que le hacen súper-efecto…
Tanto Jena como Jessica vieron preocupadas a Darach, ¿cómo iba a salir de esta?
—No va a perder, —dijo una cuarta voz entrando a la conversación. Aidan, Jessica y Jena vieron a un tipo de seguridad sentado al lado del muchacho empuñando su mano frustrado. Era altísimo y sus músculos presentes se podían ver a través de su traje—. Ese maldito cuatro-ojos me ganó y no puede perder después de haberme ganado. ¡Ese cuatro-ojos va a ganar!
Aidan sonrió y asintió determinado, lo había visto reaccionar rápido contra un Gyarados salvaje. Si lo había salvado aquel día, seguro salvaría esta pelea.
Entre el público, Lena sujetó su pecho con nerviosismo. Después de haber visto a su hijo pelear tantas veces por televisión era capaz de reconocer cuando estaba en problemas. Ahora claramente lo estaba y no pudo evitar asustarse. Shawn la tomó del hombro y se lo acarició con cariño, sin compartir una sola palabra.
—¡Gallade! ¡Leaf Blade una vez más!
—¡Thunderbolt!
—¡Detente! —gritó Darach al detectar el peligro.
Su Gallade estuvo a punto de hacer contacto físico con Rhyperior y el Pokemón se envolvió en ondas eléctricas para recibirlo. Por suerte Gallade saltó dando una pirueta en el cielo, volando sobre el enorme Pokemón tipo tierra evadiendo su ataque. El problema fue que le dio espacio para dejarlo vulnerable en el aire y Palmer lo detectó rapidísimo.
—¡Flamethrower!
Y así disparó una flama tan fuerte que estalló el campo de batalla con una luz imponente. Gallade salió disparado al otro lado del campo, pero Rhyperior no paró de lanzarle sus llamas poderosas.
Darach pudo distinguir la silueta de Gallade entre tanto fuego y se horrorizó de verlo sufrir así. Pero hubo algo más que pudo detectar entre todas las llamas: sus ojos, los ojos rojos de Gallade que vieron a los suyos a través del infierno…
Le gritaban que no estaba dispuesto a perder así.
—¡Close Combat! —gritó Darach entre todo el calor agobiante.
Todavía quemándose vivo, Gallade soltó un grito determinado que llegó a asustar a los espectadores.
—¡No te detengas! —ordenó Palmer sorprendido de ver cómo el Pokemón resistía adentro de tanto fuego—. ¡Sigue así Rhyperior!
Darach soltó un grito, uno que pareció llegar hasta Gallade quien también rugió en sincronía. Todavía envuelto en llamas, el Pokemón salió corriendo hacia su contrincante a toda velocidad.
Su puño se iluminó al punto de ser más brillante que las llamas que lo rodeaban y antes que Rhyperior pudiese evadirlo, el puño del Pokemón sable azotó la cara del Pokemón tipo tierra.
Las llamas cesaron y el campo de batalla quedó con un Gallade clavando su puño en la cara de Rhyperior. Ninguno de los Pokemons se movió. El público estaba en silencio al igual que sus entrenadores.
Finalmente hubo un movimiento y fue el de los dos Pokemons cayendo vencidos en el campo de batalla.
—Gallade y Rhyperior no pueden continuar.
Ambos regresaron a sus Pokemons, cada uno jadeando fuertemente.
—Operario de limpieza tu madre, —dijo Palmer, sonreía con tanta felicidad que era casi espeluznante, pasó su mano por la frente levantando una capa de sudor de su rostro y gritó a todo pulmón—. ¡Eres un entrenador élite! ¡Uno que voy a vencer!
Desde los asientos VIP, Palmer era observado atentamente por sus tres compañeros: Thorton, una señora con saco rojo y lentes oscuros y una muchachita de blusa amarilla y perlas en la cabeza. Todos estaban en silencio, jamás habían visto a su jefe así de apasionado por una pelea.
Levantó una Pokebola sobre su cabeza y respiró profundo, parecía una clase de ritual. Palmer pensaba que había pasado mucho tiempo desde que alguien lo puso entre la espada y la pared; en lugar de sentir miedo, se emocionó de sentir esa incertidumbre que lo llenaba de valor.
Sacó a su último Pokemón revelando a un Dragonite y ambos soltaron un grito de guerra que lo intimidó enormemente. La pasión de este hombre era obvia, pero la pasión de Darach lo era también. Preparó su última Pokebola y la acercó a su rostro, respiró profundo casi rezándole a su Pokemón que se preparara.
—¡Vamos Empoleon!
Sacó a su mejor Pokemón, a su primer compañero que lo acompañó en las buenas y en las malas, a su amigo que lo vio crecer a su lado… su amigo que lucharía con él aunque fuese una basura corriente.
La tensión de la arena estaba tan presente que se podía cortar con una tijera. Todo el público veía en silencio la batalla, un silencio que llenaba a todos de una expectativa impresionante que jamás habían presenciado.
—¡Empiecen! —gritó el réferi.
—¡Usa Dragon Dance!
—¡Empoleon! ¡Blizzard!
Dragonite no tuvo tiempo de empezar su baile ya que se vio obligado a esquivar las ráfagas de viento helado. Darach notó que la velocidad de Dragonite era especialmente rapidísima para su especie…
—Un Quick Claw, huh, —dijo Palmer notando el accesorio de Empoleon, Darach seguía frustrándose que pudiesen leerlo—. Supongo que en esta pelea no podré depender de la velocidad. ¡Usa Thunder Punch!
—Empoleon, espera… —dijo Darach, su Pokemón se paró en una posición defensiva y esperó la señal, Dragonite venía a toda velocidad con su puño envuelto en electricidad y cuando estaba cerca encontró la oportunidad—. ¡Signal Beam!
Dragonite se lanzó a atacarlo y Empoleon logró pegarle con Signal Beam. No le afectó mucho el ataque, pero fue lo suficientemente fuerte para alejarlo de él y esquivar el ataque eléctrico.
En el público, Lena sujetó el brazo de su esposo más fuerte.
—Debió usar Blizzard, —dijo Shaw emitiendo sus primeras palabras del día.
—No, no puede abusar de Blizzard, solo tiene 5 PP y ahora le quedan 4 Blizzards, —le respondió Lena seriamente sin quitar su vista de la pelea—. Y no puede usar Surf contra él cuando usa ataques tipo eléctrico… mucho menos su Earthquake que no le afecta al ser tipo volador.
—Si Darach no logra manejar su propio estrés, perderá, —dijo Shaw notando la cara de su hijo, lo había visto con esa misma expresión en torneos cuando era niño a través del televisor—. El Sr. Jericor tiene mucha más experiencia que él.
—Pero nuestro hijo es un luchador.
—Tú lo llamas luchador querida, yo solo veo a un necio.
Darach sintió unas náuseas conocidas en su estómago, sentía eso cuando tenía el presentimiento que iba a perder. Recordaba ese sentimiento demasiado bien, siempre lo sufría cuando peleaba contra la campeona y su espeluznante Garchomp.
Sujetó su estómago furibundo, no era hora de dudar. Se sintió tan afuera del momento que pudo sentir una gota de sudor caer de su nariz…
Sudor…
Frío…
Agua…
—¡Empoleon! ¡Usa Surf!
Su Pokemón lanzó una ola de agua que Dragonite evadió fácilmente, haciendo que gran parte del campo de batalla se inundara. Empoleon miró a su entrenador detectando el ataque inútil pero Darach solamente asintió, tenía una idea. Empoleon le asintió de regreso, confiaba en él.
—¡Mala idea! —gritó Palmer—. ¡Dragonite! ¡Usa Thunder punch en el suelo!
Habían momentos en las peleas que Darach se sentía en el lugar de su Pokemón. No sabía cómo explicarlo… Su respiración entraba en sincronía con la de ellos y durante unos segundos, sus ojos se volvían en los suyos. Vio, casi en cámara lenta, la forma que Dragonite torció su cuerpo y se preparó para pegarle al piso y cuando sintió la proximidad del golpe, gritó:
—¡Ahora!
Sin duda alguna, Empoleon saltó del piso para desatar un Earthquake tremendo, uno que levantó rocas del piso que logró pegarle a Dragonite antes que pudiese completar el ataque. El dragón rugió adolorido, fue un golpe directo de un ataque poderosa.
El público se sujetó de sus asientos, fue un terremoto fuerte.
—Me guiaste al piso para atacar, maldito desquiciado, —la sonrisa de Palmer seguía sin desaparecer—. ¡Aerial Ace!
En un abrir y cerrar de ojos, Dragonite voló de su lado del campo y le pegó a Empoleon, no fue tan fuerte como para debilitarlo pero sí para regresarlo al enorme charco de agua.
—¡Thunder punch!
—¡Surf una vez más!
Dragonite voló para esquivar el agua y logró darle un puñetazo potente a la cara de Empoleon. Fue lo suficientemente fuerte para lanzar al Pokemón contra el piso y cuando el pingüino cayó sobre el charco, Dragonite volaba sobre él.
Todos los espectadores se asustaron, fue un golpe crítico y Lena gritó horrorizada ante el sonido explosivo que escuchó. Pensaron que la pelea terminaría ahí, pero Empoleon soltó un rugido y se levantó con valor.
—¡Blizzard! —gritó Darach—. ¡No pares!
Dragonite volvió a evadirlo fácilmente, el público se preguntó por qué Empoleon seguía usando Blizzard cuando claramente su contrincante lo evadía tranquilamente volando por el campo de batalla. Lena contó preocupada, le quedaba uno.
—¡Esto termina aquí! —Palmer empuñó su propia mano y lanzó un puño al aire—. ¡No vamos a perder!
Dragonite envolvió su mano una vez más en rayos eléctricos y gritó junto a su entrenador. Cuando lanzó el golpe a Empoleon, dicho Pokemón lo evadió con demasiada facilidad deslizándose afuera de su camino. Fue ahí cuando Palmer se dio cuenta que todo el campo, que unos momentos atrás era un enorme charco por los múltiples Surfs, estaba cubierto con hielo.
Empoleon se deslizaba fácilmente entre los pilares de hielos formados y lo hacía con una gracia absoluta que logró emocionar al público.
—¡Usa Signal Beam! —gritó Darach moviendo su brazo determinado—. ¡Sigue así!
Empoleon lo entendió y continuó deslizándose por el hielo, usando Signal Beam para lastimar a Dragonite y aunque no le causaba mucho daño, lograba pegarle y al mismo tiempo impulsar su velocidad por los témpanos de hielo.
—¡Dragonite! ¡Atrápalo!
El dragón rugió frustrado y comenzó una persecución agresiva contra él tratando de pegarle con Thunder Punch. Empoleon continuó evadiéndolo fácilmente, aprovechando su habilidad de moverse entre el hielo y hubo un momento que su corazón se detuvo.
Sus pupilas se dilataron cuando vio que Dragonite estaba a punto de pegarle y encontró con Empoleon una apertura.
—¡Blizzard!
Empoleon giró en el hielo y con un fuerte aletazo saltó, evadió el puñetazo de Dragonite y mientras giraba en el cielo, lanzó un Blizzard directo que le pegó a la espalda del dragón. Fue tan fuerte que una onda helada azotó el campo. Darach y Palmer tuvieron que cubrirse sus caras con sus brazos y el público sufrió también al sentir una ventisca helada azotando sus rostros.
Aidan cerró sus ojos aterrado, Jena y Jessica gritaron, Shaw cubrió a su esposa, pero Lena continuó viendo el campo apoyando su cabeza sobre el pecho de su esposo. Finley cerró sus ojos enojado, no podía creer lo loco que estaba este muchacho. El Rey miró sin parpadear, su hija tomaba su mano nerviosa pero también se rehusaba a quitar la vista de la batalla.
La ventisca se detuvo y el público miró ansioso al campo de batalla: estaba envuelto con una capa de niebla que incluso había llegado a los entrenadores y al referi. Palmer movió su cabeza, con hielo cayendo de su cabello, buscando a su Pokemón jadeando vaho, Darach se quitó los anteojos empañados para buscar a Empoleon también, no le importaba ver todo borroso e ignoró el frío que recorrió su cuerpo al tener parte de su saco congelado.
—¡Miren! —gritó alguien del público señalando hacia el campo de batalla.
Habían dos sombras, dos siluetas: una de pie y otra en el piso. Una vez que la capa de niebla desvaneció reveló que Empoleon se encontraba mirando a un Dragonite noqueado frente a él.
—¡Dragonite no puede continuar! —gritó el réferi—. ¡Empoleon gana! ¡El ganador es Darach Kokuran!
Una explosión de gritos y aplausos invadió el campo. Fue uno fuerte, apasionado y lleno de emoción. Aidan lloraba sin dejar de gritar junto al agente de seguridad, con Jena y Jessica gritando también sin parar.
—¡Loco! ¡En verdad lo lograste, maldito cuatro-ojos! —gritó Aidan abrazando al de seguridad, quien también lloraba fuertemente a su lado abrazándolo también.
Finley lo miró todo, desde el otro lado del túnel podía ver algo que no pensó que vería alguna vez en su vida: un cambio. Creció entre servidores y sirvientes, Lords y Ladies que jamás se habían molestado a ver a sus empleados a los ojos.
Pero ahí se encontraba ahora, viejo y arrugado, viendo por primera vez como gente de la clase alta aplaudía sin parar ante el nuevo campeón del Duelo de las Tres Coronas: un plebeyo, un simple operario de limpieza. También encontró adorable la manera que la pequeña princesa no dejaba de saltar en su asiento, aplaudiendo sin parar al mismo tiempo que lloraba emocionada y su cabello volaba en el aire.
—Jeje, —dijo Finley en voz baja al mismo tiempo que dio una sonrisa torcida—. Esto será interesante… buen trabajo, muchacho…
Entre el público general, Lena aplaudía con lágrimas en sus ojos, el orgullo que sentía por él era abrumador y no podía parar de llorar.
—Te lo dije, —dijo Shaw sacando un pañuelo y limpiándole las lágrimas a su esposa—. Nuestro hijo es un necio, no es un buen perdedor.
Darach, sintiendo lágrimas en sus ojos, corrió hacia Empoleon al notar que se andaba tambaleando. Antes que su Pokemón cayera al piso, Darach lo sujetó con todas sus fuerzas. Hubo algo en esta pelea, algo de pura catarsis que logró desatar algo en su corazón: todas sus dudas, su vergüenza, todo el peso de sus fracasos anteriores parecieron quedarse atrás en esta última pelea.
—Gracias Empoleon, —dijo Darach entre lágrimas, su Pokemón bajó su cabeza esperando mimos y el muchacho lo abrazó con demasiada felicidad—. ¡En serio gracias!
Palmer corrió hacia su Dragonite y al ver que se levantó enojado, su entrenador le acarició la cabeza con muchísimo cariño.
—Ganaremos la próxima, campeón, —le dijo Palmer a su Dragonite, el dragón solo gruñó molesto—. Yo sé… pero creo que podemos vivir después de esto, ¿verdad? Aprendimos mucho.
Dragonite lo miró enojado y Palmer se rió, seguía siendo el mismo gruñón que era como cuando lo encontró siendo un simple Dratini bravo.
—Está bien grandote, —Palmer le rascó con cariño su cabeza y eso logró calmarlo—. En serio gracias…
Dragonite le dio una sonrisa agotada y el entrenador finalmente lo regresó a su Pokebola. Notó cómo Darach continuaba abrazando a su Empoleon, todas las lágrimas que salían de sus ojos le decía que esto había sido más que una simple pelea para él. Le alegraba, le alegraba encontrar entrenadores tan apasionados y esperaba que este fuese el primer paso para conocer a más entrenadores como él.
—Regresa Empoleon, en serio gracias… —Darach sacó su Pokebola y luego de regresarlo, sacó su pañuelo para pasárselo por la cara rápido.
No podía creer lo que recién había vivido, había sido la pelea más intensa que había tenido en demasiado tiempo. Que hubiese ganado el torneo todavía se sentía irreal y miró al techo. Su corazón latía fuerte… ¿así se sentía ganar un torneo? Casi lo había olvidado…
Palmer aclaró su garganta y Darach se dio la vuelta, rápidamente se puso sus anteojos y se encontró con su contrincante. El hombre todavía sonreía, pero ahora era cálida y serena que le daba la bienvenida. Darach se preguntó cómo era posible que tuviese tantas formas para sonreír y transmitir sentimientos tan diferentes.
—Perder contra un entrenador como tú… —Palmer le extendió su mano—. Puedo vivir con eso.
Darach le tomó la mano, se sintió tan débil que se asustó de la fuerza que usó el rubio para apretársela. Por Arceus, este torneo había logrado absorber hasta la última gota de energía que tenía… ¿cómo pensaba regresar a trabajar mañana?
No, no iba a pensar ahora en el trabajo. Sonrió y decidió vivir el momento.
—Gracias Sr. Palmer, en serio nuestra pelea fue la mejor que he tenido en mi vida, —admitió Darach—. Su talento es más que superlativo, es increíble y no puedo esperar a tener otra oportunidad para luchar contra usted.
—Nada mal para un pedazo de mierda, ¿verdad?
Aunque el hombre sonriera y su tono fuese juguetón, Darach se puso pálido. Santo Arceus, después de todo sí lo recordaba y ahora sintió una enorme vergüenza de haber perdido la calma frente al hombre el otro día.
Palmer soltó una carcajada y lo abrazó del hombro.
—Está bien, si somos honestos puedo ser bien porquería sin darme cuenta, —admitió Palmer sin dejar de reírse—. Dejemos el pequeño incidente atrás, ¿te parece?
Darach solo respiró profundo, tratando de calmar su corazón. Demasiadas emociones en tan poco tiempo tampoco podía ser sano para su salud…
Pasaron unos minutos en donde limpiaron el campo de batalla y pusieron una pequeña tarima con Darach parado en medio. El muchacho estaba nervioso, frente a él estaban todos los participantes del campeonato y todavía encontraba irreal ver a todos ellos abajo… Lords, Ladies, duques, duquesas, agentes de seguridad y Palmer acompañado de cuatro entrenadores incluyendo a Thorton. De todos ellos, solo él fue capaz de ganar siete batallas consecutivas.
El público aplaudía y Darach encontró a sus amigos saludándolo con toda la felicidad del mundo. Encontrar a su mamá llorando mares por él le trajo una extraña clase de consuelo… después de 18 años, finalmente había logrado algo.
El público se detuvo al escuchar los golpes de un bastón, un hombre apareció con uniforme rojo tradicional y gritó a todo pulmón:
—Su alteza real: el Rey Anselio IV de Todos los Beatos de Percila.
Y ahí lo vio, un hombre con uniforme blanco y dorado entrando a la arena con los aplausos de sus súbitos. Darach creció viendo fotografías de él y lo había visto un par de veces durante el torneo… pero tenerlo ahora tan cerca se sentía tan irreal. Era rubio, con varias canas asomándose en su cabeza, una nariz firme y unos ojos celestes que brillaban como celestinas.
Por alguna razón, sus ojos lo distrajeron… juraría haber visto ese color antes.
Cuando el Rey subió a la tarima con él, Darach irguió su postura tanto como su espalda se lo permitía. Tenía el parado profesional de un trabajador de museo y lo primero que le enseñaron era no hacer contacto visual.
—Darach Kokuran, —dijo el Rey llamando su atención, le hablaba con un tono bajo, claramente tratando de tener una conversación personal con él. El muchacho finalmente se atrevió a verlo a los ojos y aunque fuesen amistosos, no podía evitar sentirse incómodo, como si estuviera viendo algo prohibido—. Quiero que sepas que he viajado por muchos lugares en este mundo y jamás, jamás vi un talento como el tuyo.
—Mil gracias su majestad, —Darach dio una reverencia innecesariamente profunda—. Pero solo soy un operario de limpieza con buenos Pokemons.
—Levanta la cabeza, muchacho, —era una orden del mismísimo Rey y cuando finalmente atrevió a dar la cara, notó que buscaba contacto visual con él—. Los ojos no saben guardar secretos, claramente eres un luchador de corazón. Espero que algún día tenga el honor de luchar contra usted, Darach Kokuran.
—P-por supuesto, —el pobre casi se atragantó con su propia saliva—. Su majestad…
El Rey Anselio lo tomó del hombro y le dio una sacudida amistosa, jamás pensó ver un trato tan casual viniendo de él. Siempre lo vio tan formal, tan serio y tan… fuera de alcance…
El hombre se dio la vuelta y miró al público, muchos empezaron a aplaudir y el Rey levantó una mano. Todos inmediatamente guardaron silencio ante la palabra de su real majestad.
—El día de hoy es el fin, —que comenzara así su discurso hizo que algo se le retorciera algo adentro de su cuerpo—. Pero cada fin trae consigo un nuevo comienzo. Este torneo es ese comienzo a una era de inclusión, nuevas tradiciones y nuevos horizontes llenos de pasión, una pasión que no pertenece a una sola clase. Hoy, en esta ceremonia, creo que no hubiera podido pedir mejor campeón que el que tenemos frente a nosotros. No es un operario de limpieza, tampoco un trabajador del castillo… sino un entrenador Pokemón, un entrenador determinado y lleno de honor que logró sobrepasar cada reto.
Abrió un estuche que traía con él, era una pequeña medalla dorada que tenía el dibujo de tres coronas. Levantó la medalla sobre su cabeza y dijo:
—¡Este será la última medalla del Duelo de las Tres Coronas! ¡Ahora en adelante entraremos a una nueva era en donde cualquiera podrá participar bajo nuevas reglas! ¡Reglas de un nuevo futuro! ¡El Frente Batalla!
Se acercó a Darach y le puso la medalla en su saco.
—Que esta medalla nos recuerde nuestra historia y nuestros nuevos anhelos. ¡Qué viva el campeón!
Una nueva ola de aplausos estalló en la arena y Darach tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no llorar ahí. En serio parecía una clase de sueño hecho realidad…
Notas del Autor: La verdad tengo que admitirlo, este fue uno de mis capítulos favoritos que he escrito en mi vida en esta página. La peleas fueron súper divertidas de pensarlo, sobretodo Darach vs. Palmer. En serio espero que haya logrado transmitir esa emoción y suspenso. Aún con todo el caos encontré un poco de tiempo para escribir, no prometo nada igual para la próxima XD
Pregunta seria: ¿cómo prefieren los capítulos? ¿Largos o cortos? Originalmente quería dividir este capítulo en 2 pero decidí poner a prueba esto.
Muchas gracias por leer
