Capítulo 4: La Princesa y su Valet
(Esa noche, después del Campeonato)
Palmer escuchó de un pub a las afueras del castillo, cerca de un condominio donde viven muchos trabajadores. Después de sobrevivir a una cena oficial elegante con su socio real, el rubio decidió escaparse y explorar el famoso lugar al haber escuchado rumores de una celebración.
Entró acompañado de dos mujeres y al hacerlo, sonrió ante el alboroto que había adentro del pub. Era un bar pequeño, dividido en tres partes y una barra para servir tragos. Todo tenía un concepto abierto, así que al entrar pudo ver a un grupo de muchachos, todos con uniformes del castillo, lanzando a alguien al aire para celebrar.
Los gritos horrorizados de la víctima le dio una idea de quién podía ser.
—Hoy invito a los tragos, —dijo Palmer a sus dos acompañantes, era una señora de saco rojo y una chica de jeans y suéter amarillo.
Los ojos de su acompañante más joven se iluminaron de la felicidad, demasiado para el gusto de Palmer.
—El trago, no te quiero ebria Dahlia, —aclaró el rubio molesto señalándola—. No quiero dar una mala impresión con el rey.
—Ugh, tengo 19 Palmer, sé cómo medirme con el licor, —le respondió indignada Dahlia empujando a su compañera de saco rojo hacia adentro—. Vamos Argenta, necesitamos un momento de chicas lejos de este anciano.
—Quiero que sepas que soy mayor que este anciano, querida, —respondió en broma Argenta.
—Sí, pero tú sí sabes divertirte, querida.
Ambas mujeres se rieron y se alejaron a la barra. Palmer no pudo evitar sonreír conmovido, llevaba unos meses trabajando con ellas y podía sentir que la conexión era fuerte y honesta. Estaba orgulloso de haber encontrado personas buenas para trabajar en su sueño y se sintió muy afortunado de su nueva amistad con Argenta y Dahlia. También Thorton, pero su relación era diferente ya que era mucho más joven que ellos. El niño no tenía edad para estar aquí en un bar y se aseguraron de dejarlo en su cuarto de invitado en el castillo antes de venir aquí.
Se adentró más al bar, acercándose al grupo de muchachos que lanzaban al otro entre todos y cuando finalmente liberaron a su víctima, alguien más apareció para vaciar una botella de champán sobre él. Ver a Darach horrorizado y mojado le sacó una carcajada, este muchacho tenía cara de pez fuera de agua y algo le decía que no estaba muy acostumbrado a los bares.
—¡Para el hijo de puta que me ganó! —gritó un agente de seguridad abrazando a Darach al mismo tiempo que levantaba un vaso de cerveza—. Igual eres un buen hijo de puta, ¿podemos ser amigos?
—C-claro, —Darach no se atrevía a decirle que no a un tipo que le sacaba una cabeza con licor en la mano.
—Jeje, eres el mejor cuatro-ojos. Me llamo Chuck.
—Mucho gusto…
El agente lo abrazó y Darach finalmente se liberó alejándose hacia la barra buscando un poco de tranquilidad. Muy enojado sacó un pañuelo para secar sus anteojos. Ya había sido una pesadilla cuando lo empezaron a tirar al aire para celebrar su victoria pero con todo el champán que le tiraron encima terminaron manchando sus anteojos y uniforme… tenían suerte que el Rey declarara que tenían el fin de semana libre…
—Hey, Darach, —Aidan apareció en la barra y se apoyó en la mesa—. Escuché por ahí que el Rey te fue a buscar después de la ceremonia. ¿Es cierto?
—Sí, —a esta altura no estaba sorprendido que se corriera la voz—. Me dijo que quiere hablar conmigo el lunes, al parecer me quiere hacer una clase de propuesta.
—Mmm… seguro pensará que es un desperdicio que andes limpiando suciedad del piso cuando puedes limpiar el piso con tus contrincantes en una pelea Pokemón, —Aidan se acarició la barbilla pensativo—. Sabes, tal vez lograrás ascender en la jerarquía de trabajos.
—Por ahora estoy feliz de no haber perdido el que tengo, —Darach tomó un pequeño plato de manías y empezó a comer.
—Sabes, no te pediré que me ayudes en eso, es de mal gusto andar metiendo tus amigos en cosas del trabajo, —Aidan se acercó y pudo sentir el olor a cerveza muy fuerte en su aliento—. ¿Pero sabes qué no es de mal gusto?
—Dime, —Darach se pasó la mano por su pelo y se asqueó al notar lo pegajoso que se puso con la mezcla de fijador de cabello y champán.
Aidan seguía con la pésima costumbre de las preguntas retóricas.
—Ayudar a un amigo, —Aidan lo abrazó del hombro y luego señaló hacia una de las mesas—. Esas chicas te estuvieron gritando durante toda la pelea y estaban sentadas a mi lado. ¿Las conoces?
—Las conocí hoy, ¿por qué?
—Te diré por qué, —Aidan lo miró con una sonrisa espeluznante—. Porque los amigos se ayudan entre amigos y tu amigo quiere conocer mejor a la chica del saco rojo. Se sentó a mi lado hoy y me pareció muy, pero muuuy linda. Dime, ¿qué sabes de ella?
Honestamente esperaba que le pidiera presentarlos, pero prefería mil veces compartirle información para evadir cualquier interacción social.
—Le gusta chismear.
—Perfecto.
Dándole un último trago a su vaso de cerveza, Aidan se alejó hacia la mesa donde estaban Jessica y Jena. Darach pensó que le pediría que lo presentara, pero supuso que el trago le dio el valor a su amigo para hacerlo solo. Ambas chicas parecieron incomodarse por un momento, pero luego se empezaron a reír e invitaron a su amigo a que se sentara con ellas. Bien por él, a ver si ahora por fin conseguía novia.
Cuando Darach pensó que por fin tendría un momento de paz y tranquilidad, notó que alguien se sentó a su lado… el problema era que podía sentir que lo estaban viendo. Finalmente decidió darse la vuelta y se incomodó muchísimo al encontrar a su último contrincante del campeonato.
—Hey, pedazo de mierda, —saludó Palmer en tono de broma y la cara de Darach fue lo suficientemente incómoda para sacarle una risa—. Creo que deberíamos encontrar una mejor manera para saludarnos, ¿heh?
Le dio un golpe amistoso en su espalda.
—Sería conveniente, —le respondió incómodo acariciando donde lo había golpeado.
Ambos se quedaron en silencio por un momento, claramente tratando de pensar cómo mantener una conversación educada.
—Así que… ¿celebrando tu victoria? —preguntó Palmer apuntando a lo obvio.
Darach lo miró enojado empapado en champán y cerveza.
—Sí, —respondió finalmente.
—Me pareció raro no encontrarte en la cena oficial, —no le quiso mencionar que lo buscó entre todos los invitados, varios le dieron miradas raras al verlo buscando a alguien por todo el salón.
—La invitación fue a último minuto y la verdad… —Darach miró a la mesa de Aidan, Jena y Jessica, al parecer el de seguridad (Chuck se recordó a él mismo) se les unió también—. Prefería celebrarlo con mis amigos.
—Lo entiendo, —Palmer miró a sus alrededores, como si quisiera asegurarse que nadie los estuviera escuchando—. Entre tú y yo: nunca fui muy fan de esas cenas caras.
Traía puesto un saco verde con parches y cabello completamente despeinado, era un poco obvio.
—Pero el Rey Anselio tiene un modo de vivir muy diferente al mío y bueno, tengo que ser educado con él si vamos a ser socios, —Palmer levantó su mano y habló con el cantinero, honestamente Darach se preguntó si tenía derecho de escuchar de lo que le hablaba en ese momento.
—¿Qué clase de socios? —la curiosidad se lo estaba comiendo vivo.
—Ya sabes, de trabajo, —le trajeron un vaso con cerveza y le dio un pequeño trago—. Estamos trabajando en muchas cosas y este torneo lo organizó el Rey como que si fuera "un final de una vieja era" o algo así. ¿Quieres que te pida algo de tomar?
Darach quería seguir hablando con él, así que decidió participar en el juego.
—Una cerveza suave, si está bien, —no tenía idea de cómo funcionaban los tragos y Palmer le hizo una cara de ternura, como si estuviera viendo un niño tratando de montar una bicicleta por primera vez.
—Te pediré una rubia, —levantó su mano y llamó al bartender.
El hombre en la barra miró a Darach y antes de retirarse para traer los tragos, le pidió que le enseñara su identificación. El muchacho sintió una vergüenza absoluta y le mostró la tarjeta sonrojándose muchísimo, Palmer se tuvo que morder la lengua para no reírse, era cierto que Darach parecía mucho más joven y su actitud tímida no ayudaba.
No tenía idea qué esperar pero una vez que le trajeron el vaso, Darach bebió de ella y tosió un poco, se impresionó de lo fuerte que era el sabor.
—La mía es negra, así que es más fuerte todavía, —Palmer le mostró su vaso—. ¿Quieres probar?
—Estoy bien, —soltó un tosido más y aprendió su primera lección de tomar cerveza: poco a poco. Sintió un poco más confianza entre ellos y decidió aprovecharlo—. Debe de ser muy especial si puede asociarse con alguien como el Rey.
—Nah, no me pongas en un pedestal, —le dijo Palmer desinteresado tomando otro trago de su cerveza—. Solo soy un entrenador ambicioso.
Darach lo miró un poco incrédulo, seguramente era fácil hacerse el humilde cuando seguramente tenía una vida asegurada.
—Si usted lo dice… —dio otro sorbo a su vaso.
—Hey, no creas que no vi eso, —le respondió molesto Palmer señalándolo—. Para tu información: no soy alguien rico. Si te soy honesto, solo soy un tipo con suerte que ama las peleas Pokemón y sabe ahorrar.
Había algo muy genuino en su voz y parte de él quería creerle.
—¿De dónde viene usted?
—Twinleaf Town, ahí vive mi esposa con mi hijo, —sacó una billetera y le mostró una pequeña foto con una señora de pelo café y un niño rubio, era espeluznante lo mucho que se parecía el pequeño a su papá—. Viajo mucho así que siempre traigo muchas fotos de ellos conmigo. Quiero armar un lugar donde pueda mostrarle a mi hijo que es posible ser un entrenador y vivir de eso, sin tener que ser líder del gimnasio o miembro de la Elite Four.
Esto se estaba poniendo interesante.
—Suena como si tuviera un problema con la liga Pokemón, —dijo Darach tratando de sacarle lo interesante.
—Huh, necesitaría diez de estos para decirte cada uno de mis problemas, —respondió Palmer levantando su vaso de cerveza—. Pero para ahorrarte el dinero en tragos: sí, no soy fanático del monopolio que tienen con el negocio de batallas Pokemón.
Darach levantó su vaso, completamente de acuerdo.
—¿Entonces su proyecto será la nueva competencia de la liga?
—No, no, me caen mal pero soy realista cuatro-ojos, —respondió con una risa Palmer—. Lo que quiero hacer es ofrecer una nueva opción para los entrenadores asociándome con los de la liga, armé planes preliminares en Hoenn con otro socio pero él tiene otras ideas. Así que yo estoy aquí para armar algo propio, algo que le permitirá a cualquier entrenador de cualquier edad participar.
Eso le llamó la atención.
—Entonces está dirigido para niños y para adultos, —agregó sorprendido, era raro encontrar algo así hoy en día.
—Por supuesto, la liga está diseñada pensando en jóvenes pero una vez que llegan a la adultez, el sistema se vuelve muy hostil. Nuestro proyecto apunta para todos quienes tengan talento, no importa de dónde vengan o su edad, —Palmer se dio la vuelta en su silla e invitó a Darach que lo siguiera—. ¿Ves a la chica de suéter amarillo de ahí?
—Sí, —Darach admitía que era linda, claramente fuera de su liga pero igual era bonita.
—Su nombre es Dahlia, la conocí trabajando para una compañía de productos de belleza como vendedora en una de sus sucursales, —Palmer sonrió orgulloso—. Tiene una creatividad ridícula al momento de pelear, me pateó el trasero cuando la reté hace unos meses y desde entonces trabajamos juntos. Es otra de mis socias.
Asintió interesado, ¿cómo habría reaccionado la Reina al momento que vio a su esposo asociándose con adolescentes con perlas en su cabeza?
—La que está a su lado, la del saco rojo, se llama Argenta, —continuó Palmer—. Es abogada de Jubilife City, era parte de una firma muy poderosa de la ciudad. También me pateó el trasero, pero ella tiene un hobby único: entrenó a nivel competitivo a 18 Pokemons.
Eso sorprendió a Darach, él apenas pudo entrenar cuatro Pokemons, no se quería imaginar lo que sería hacerlo 18. Ese número era demasiado específico y cuando trató de pensar la razón, notó a Palmer sonriéndole.
—Sabes lo que significa, ¿verdad?
—¿Entrenó a un Pokemón de cada tipo? —Palmer asintió y Darach miró asombrado a la mujer de saco rojo, quien se encontraba riéndose a carcajadas con la chica de suéter amarillo al mismo tiempo que bebía de una copa—. ¿En serio?
—Oh sí, Argenta es excelente como criadora Pokemón, tiene la creencia que siempre se puede competir con cualquier Pokemón, solo necesita ser tu favorito, —Palmer dejó a un lado el vaso, no se lo quería terminar tan rápido—. ¿Recuerdas a Thorton? Me mencionó durante la cena oficial que peleaste contra él.
Jamás lo olvidaría después de la pelea que le dio.
—Él es hijo de un representante de ventas de alguien de la Silph Co. de Kanto, un niño prodigio que logra diseñar máquinas y sistemas complejos en un abrir y cerrar de ojos, —Palmer sonreía con orgullo—. ¿Entiendes a lo que quiero llegar?
La verdad no tenía idea y se limitó a encoger sus hombros.
—Todos nosotros, incluyendo al Rey, venimos de lugares muy distintos y lo que nos une es el amor hacia las batallas Pokemón, —Palmer tomó a Darach del hombro—. Jamás dejes que algo apague tu propia llama de pasión por las peleas Pokemón. En serio espero poder compartir contigo algo más que una buena batalla, ¿te parece intercambiar números?
Se preguntó si estaba hablando Palmer o el trago, igual decidió aprovechar la oportunidad.
—Por supuesto.
—Espero algún día poderte presentar a mi hijo, —le dijo Palmer durante la conversación—. Él ama los Pokemons y estoy seguro que te agradaría, es un buen muchacho.
Ojalá su papá hablara así de él a sus espaldas.
—Ahora, hablemos de cosas importantes, —Palmer lo miró seriamente a los ojos—. ¿Quién es mejor en estrategias ofensivas? ¿Lance de Kanto o Mustard de Galar?
Oh el error de Palmer, ahora Darach no lo dejaría en paz por el resto de la noche. Pasaron horas hablando de Pokemons y peleas, Darach admitía que el hombre rubio era menos molesto de lo que esperaba y su cerveza le aflojó la timidez así que pudo mantener una conversación sin silencios incómodos. Era raro cuando podía hablar así acerca de peleas Pokemons y estrategias, nadie nunca le daba esta clase de atención.
Darach pasó el resto de la noche hablando de Pokemons y en algún punto terminó sentándose en la mesa con Aidan, Jessica, Jena y Chuck. Seguro estaba más ebrio de lo recordaba, porque no podía recapitular lo que habían hablado. Al parecer fue lo suficientemente personal como para compartir su número con los demás, pues cuando se levantó al día siguiente en su casa, Darach se encontró con varios mensajes de Chuck y las chicas.
Supuso que ahora tenía nuevos amigos.
(Castillo Percila, unos días después)
Darach llegó al castillo con su uniforme puesto y después de dejar las cosas en su casillero, caminó hacia la Torre de Homenaje sintiendo unos nervios espantosos en su estómago.
El Rey le pidió una reunión a las 9 am y había llegado quince minutos antes. No sabía en dónde esperarlo, la Torre del Homenaje era territorio nuevo para él: era mucho más lujoso, con muchos sirvientes limpiando y viéndolo de reojo y tampoco ayudaba saber que su papá trabajaba ahí. Seguro no se lo toparía en el piso donde se encontraba, pues el comedor estaba un piso abajo, pero saber que estaba compartiendo el mismo espacio físico con su papá lo ponía mal.
Por lo menos si se lo topaba, llevaba puestos sus mejores guantes. Su mamá casi lo vistió en la mañana cuando se levantó, le había planchado todo y hasta se ofreció para ayudarlo a peinarse.
Entendía por qué estaba emocionada por él, pero tampoco era un niño.
Uno de los mayordomos del rey lo guió hacia la oficina real y le pidió que esperara en una pequeña sala que daba hacia la oficina. La sala estaba exquisitamente decorada: cuadros lujosos, espejos con marcos elaborados, unos sillones lujosos con almohadas bordadas de seda y una pequeña mesa entre los sillones con bocadillos y dulces en una copa de vidrio.
—Se puede sentar, —le dijo el mayordomo.
Darach asintió con gratitud pero ni loco se sentaría en esos sillones, se veían demasiado lujosos para él.
No tuvo que esperar mucho tiempo parado, apareció el Rey con una sonrisa amistosa acompañado de un tipo enorme de seguridad siguiéndolo de cerca. El Rey llevaba puesto un uniforme azul oscuro, con hombreras amarillas y lo reconoció como uno de los atuendos reales.
—Darach Kokuran, bienvenido, —le ofreció su mano y la tomó, agradecido de haberse puesto guantes—. No tenías que haber traído tu uniforme, no estás trabajando ahora. Llegaste más temprano de lo que esperaba.
—Lo lamento, su majestad, —no tenía idea de cómo responderle.
—No te disculpes muchacho, entra, —lo invitó al estudio y se encontró con un escritorio viejo en medio de una pequeña biblioteca, una enorme ventana que daba a un balcón iluminaba todo de manera exquisita—. ¿Quieres algo de tomar? Tengo licor y otras bebidas, por si eso le incomoda.
—Me encuentro bien, muchas gracias, —Darach tragó saliva—. Su majestad.
—Respeto tu etiqueta, pero estás hablando de hombre a hombre, —el Rey se sentó en su lado del escritorio y Darach tomó la silla frente a él—. Y también soy un entrenador como tú, así que trata de relajarte un poco.
Fácil decirlo, imposible de hacerlo. Tampoco ayudaba que el de seguridad lo viera como una presa.
—No tengas miedo, el Sr. Walsh es un buen hombre, —le dijo el Rey al notar su miedo—. ¿Te puedo llamar Darach?
Si quería podía llamarlo Mister Bidoof, pero se limitó a asentir dando su permiso.
—Darach, te seré honesto: no entiendo como alguien de tu talento trabaja para la Torre Atalaya, no lo digo con son de ofensa, hablé con tus superiores y todos dicen lo excelente que eres en tu trabajo, pero me impresiona que alguien tan bueno en las peleas Pokemón se dedique a limpiar armaduras y dar tours por el museo, —el Rey lo miró a los ojos—. ¿Qué haces aquí?
—Mi familia trabaja en el castillo…
—Lo sé, tu papá es mayordomo del comedor y tu mamá es una de las mucamas de la torre, —el Rey sabía quien era su familia—. Excelentes trabajadores también.
—Muchas gracias…
Hubo un momento de silencio entre los dos, Darach sentía que en cualquier momento moriría del miedo. ¿Qué se suponía que iba a decirle? ¿Que estaba aquí porque no pudo ganarle a la campeona? ¿Que no era tan bueno como todos decían? En el reino de ciegos, el tuerto es el rey; no es que fuese un entrenador élite como los de la liga.
—Darach, la razón por la cual te llamé es simple: quiero darte una oferta de trabajo que esté más alineado a tus talentos, —el Rey se levantó de su silla y se dirigió a la puerta—. Necesito que me esperes aquí mientras que busco la propuesta, ¿te molesta esperar?
—Por supuesto que no, su majestad.
—Excelente, ahora vuelvo.
Salió de la oficina acompañado del hombre de seguridad y Darach se preguntó qué estaba pasando, todavía sentía irreal el hecho que estuviera hablando con el Rey acerca de propuestas de trabajo. ¿Qué le iría a ofrecer? ¿Tal vez algo relacionado con el proyecto de Palmer? ¿O tal vez lo pondría como Valet de la Torre de Batalla? No tenía idea y entre más lo pensaba, peor se ponía de los nervios.
Escuchó a alguien abriendo la puerta y se levantó de su lugar para, según él, recibir al rey. Para su sorpresa, se encontró con alguien que jamás pensó que se cruzaría en este lugar.
—¡Darach!
—¿Caitlin? —preguntó confundido.
La niña que había conocido hace unas semanas en el torneo de su condominio se encontraba frente a él. Su pelo café estaba perfectamente bien peinado, traía puesto un vestido rosado corto y un suéter blanco abierto. No entendía qué estaba haciendo aquí, pero la niña rápidamente corrió para abrazarlo enterrando su cara en su estómago.
—¡Te extrañé! —dijo la niña, Darach rápidamente la tomó de los hombros y la separó—. ¡Te vi el otro día en el Duelo de las Tres Coronas! ¡Estuviste genial! Cuando Empoleon saltó yo estaba como que ¡"aah"! Pero luego tú estabas como que ¡"Blizzard"! y Empoelon hizo "woosh" y luego…
Darach notó que el pelo de la niña empezó a flotar, ¿acaso tendría a su Gothita por algún lado escondida? No la veía por ninguna parte.
—Caitlin, Caitlin, —interrumpió Darach hincándose a su altura, respiró profundo tratando de calmarse y Caitlin lo imitó, casualmente el cabello de la niña dejó de flotar después de imitarlo—. ¿Qué haces aquí?
—Es mi casa.
Eso hizo que se le helara la sangre.
—¿Por casa te refieres a que vives aquí?
—¡Sip! Aquí no, pero vivo en mi cuarto.
Si su nombre era Caitlin… y si vivía en este castillo…
—Por casualidad… ¿tienes algún título? —no lo podía creer.
—Mi papá dice que soy Princesa y también algo que suena como infante y algo de un Beto, —Caitlin puso sus manos atrás de su espalda y se balanceaba con una sonrisa inocente sobre sus zapatos—. No me recuerdo cómo iba.
—Princesa Caitlin I de todos los Beatos de Percila, infanta de la Isla de Sinnoh y heredera a la corona.
—¡Eso! —respondió emocionada.
Darach solamente se aterró ante la idea que tuvo un encuentro casual con la mismísima princesa de Sinnoh hace unas semanas. ¿Qué estaba haciendo sola en un condominio de trabajadores? ¿Acaso sus papás sabían lo que había hecho? ¿Era algo normal que una niña de la realeza viniera a hablarle así a los trabajadores?
¿Qué demonios estaba pasando?
—Mi papá me dijo que hoy hablaría contigo, quería verte, —le dijo emocionada Caitlin—. ¿Podemos jugar con Houndoom?
Esa pregunta lo trajo de regreso a la realidad.
—No, no, —ni de chiste sacaría un Pokemón en una oficina, era de pésimo gusto hacer eso en un ambiente profesional—. Ahorita estoy esperando al Rey para hablar cosas de adultos.
—Pero tú no eres adulto, eres como yo, —dijo enojada cruzando sus brazos—. Eres niño y los niños juegan con Pokemons.
—No, —corrigió Darach rápidamente, tratando de adoptar el tono más paciente que podía tener cuando estaba cerca de entrar en pánico—. Yo soy un adulto, tengo 18 años.
—Pero tu cara es de niño, —respondió Caitlin molesta señalándolo—. Eso te hace niño como yo, aunque yo tengo 10 y cumpliré 11 en unos meses, así que no soy tan niña como tú.
Sabía que tenía una cara juvenil, pero no le daba gracia que se lo dijeran de esa manera.
—Bueno, igual soy mayor que tú, —dijo Darach cruzando sus brazos con autoridad—. Además, Houndoom es mi Pokemón, si yo digo que no, es no.
Eso pareció convencer a Caitlin, infló sus mejillas enojada pero Darach no estaba dispuesto a obedecerla ciegamente. Sí, ella era una princesa, pero para él era una niña que necesitaba entender que había un lugar y un momento para las cosas.
—¡¿CAITLIN?!
El grito de una mujer llamó su atención y Darach notó como la niña corrió para esconderse atrás de él. El grito venía de los pasillos y la puerta de la oficina estaba cerrada, así que quien sea que andaba buscando a la princesa, no vendría acá adentro. El muchacho se paró y le llamó la atención la manera que Caitlin sujetaba su traje con un miedo absoluto, algo no se sintió bien.
—¿Qué pasa? —le preguntó Darach.
—Es mi tutora, la odio, —su voz tembló.
Ahora que pensaba mejor en su primer encuentro, la recordaba oculta entre los arbusto.
—Cuando te conocí, te escondías de ella, ¿verdad?
Caitlin asintió y Darach se dio la vuelta para verla de nuevo hincándose a su altura. Notó que empezaron a formarse lágrimas en sus ojos.
—¿Qué te hizo? —le preguntó preocupado.
—Me gritó y me quitó a Gothita, —le respondió Caitlin casi llorando—. Siempre me la quita cuando toco mal el piano, también cuando no hago mi tarea como me dijo. No quería hacerlo mal, traté de disculparme pero nunca me escucha.
Eso explicaba por qué no había visto su Pokemón.
—También me jala el pelo cuando me peina ¡y lo odio! ¡No quiero que me siga jalando el pelo! ¡No me gusta su regla de madera! —notó que el pelo de la niña empezó a flotar, haciendo que su peinado perfecto se desarreglara un poco, y sus lágrimas se intensificaron—. ¡No quiero ir! ¡Quería decirte hola a ti y a tus Pokemons pero me dijo que no! ¡Nunca me deja salir! ¡Me jala el pelo cuando le digo no! ¡Me rompe mi tarea cuando no le gusta! ¡Me pega con su regla! ¡Odio su regla! ¡Me odia! ¡La odio!
Lo que dijo lo horrorizó y Darach se preocupó más cuando se dio cuenta que los libros en las libreras empezaron a temblar, algo en el ambiente se intensificó con las emociones de la niña y las lágrimas se intensificaron.
—Y ahora me va a castigar y no quiero que me pegue, no quiero tocar el piano no quiero irme de aquí, —cerró sus ojos y sus palabras empezaron a mezclarse con sus lloriqueos, haciendo que se volvieran incomprensibles.
Ahora también los muebles empezaron a temblar y Darach no tenía idea de lo que estaba pasando.
Tuvo miedo, por Arceus que tenía miedo de estar en esta situación que no podía entender. Pero había algo que sí tenía claro: Caitlin estaba cerca de tener un ataque de pánico y necesitaba ayudarla.
—Caitlin… —dijo Darach.
—¡No! —empezó a zapatear furiosa y varios libros volaron de su lugar, su cabello flotó más haciendo que se le cayeran todos los ganchos que lo sujetaban antes—. ¡No quiero! ¡No quiero!
Darach la tomó de los hombros y eso obligó a que abriera sus ojos, cuando tuvieron contacto visual, Darach empezó a respirar profundo. Inhalaba por la nariz, exhalaba por la boca.
Caitlin lo miró, todavía llorando, y trató de imitarlo, pero soltó un grito y sujetó su cabeza con muchísimo dolor.
Por Arcues, la pobre niña estaba sufriendo.
—Conmigo Caitlin, —dijo Darach llamando su atención sacudiéndola suavemente de los hombros—. Tú puedes.
Inhaló por la nariz y exhaló por la boca, haciendo su máximo esfuerzo para ignorar la horrenda presión en el ambiente que lo atormentaba. Caitlin empezó a hacerlo, con los ojos cerrados, inhaló y exhaló rápido.
Poco a poco fue imitándolo, inhalando y exhalando, inhalando y exhalando…
Finalmente la presión del ambiente desapareció y el cabello de Caitlin regresó a su lugar. La niña abrió los ojos y miró sus alrededores aterrada, sin previo aviso, se lanzó sobre Darach para abrazarlo y empezó a sollozar.
—¡Perdón! ¡Perdón! —dijo la niña entre lágrimas.
Darach permitió que lo abrazaran, se sentía incómodo pero Caitlin lo necesitaba. Mientras la pequeña lloraba, Darach observó todo el estudio, asombrado de lo que recién había vivido. La oficina estaba completamente desordenada, con libros tirados en el piso y los muebles fuera de su lugar.
¿Acaso Caitlin tenía poderes psíquicos? Siempre escuchó rumores de personas alrededor del mundo con poderes, pero jamás pensó que se cruzaría con algo así en su vida.
—Está bien Caitlin… está bien, —le dio un par de palmaditas en su espalda, tratando de imitar a su propia madre cuando lo consolaba a él de niño—. No llores, no llores.
Caitlin se separó de él y empezó a secarse la cara con sus mangas del suéter blanco. Darach rápidamente sacó su pañuelo y se lo dio, pero la niña no paraba de llorar.
Necesitaba hacer algo para calmarla.
—Mira Caitlin, podemos recoger los libros, —Darach se acercó a uno y lo tomó, luego lo puso en la librera vacía—. ¿Ves? ¿Me quieres ayudar a ponerlos en su lugar?
La niña asintió con su cabeza y empezó a recoger libros también. Parte de él se sentía nervioso de estar con alguien capaz de tener poderes psíquicos, estaba en alerta. Pero gran parte de él sentía lástima por la niña, no podía imaginarse lo que habrá sufrido con esa tutora y lo sola que se debía de sentir.
Después de recoger todos los libros, Darach se aseguró que Caitlin se hubiera limpiado bien la cara con su pañuelo. Se lo quería pedir de regreso, pero no tuvo el corazón de pedírselo al ver la forma que la niña se aferraba a él.
—Perdón, —no dejaba de disculparse.
—Está bien, —Darach trató de pensar en cómo seguir esta conversación sin ponerla nerviosa, no quería tener otro incidente—. Cuando tengas miedo, respira profundo como te enseñé. Eso me ayuda cuando yo…
—¡Aquí estás! —dijo alguien abriendo la puerta de la oficina de forma agresiva y Darach se encontró con una mujer alta, delgada, ropa lujosa y una enorme regla de madera que sujetaba en su mano.
Caitlin corrió para esconderse atrás de él.
—¿Qué haces aquí? Una princesa como tú no debería escaparse así de sus lecciones de piano. Mucho menos con extraños.
Cuando la mujer, la famosa tutora supuso, trató de acercarse, Darach dio unos pasos atrás ocultando más a Caitlin atrás de él. La pobre niña se aferró a su traje como si su vida dependiera de eso.
No era un experto, pero algo se sentía mal.
—¿Qué crees que estás haciendo? —le respondió furiosa la mujer—. ¿Tienes idea a quién estás tocando con tus sucias manos de corriente? ¡Es la princesa de este castillo y yo soy su tutora! ¡Quítate!
Darach se mantuvo firme y continuó ocultando a Caitlin atrás de él; no era a una princesa, era una niña asustada.
—Yo sé quién eres, tu papá es mayordomo del comedor y si no te quitas, haré que lo despidan.
Darach conocía a su papá, prefería mil veces enfrentarse a la furia de Shaw antes que entregar una niña a una mujer loca.
—Quítate, —le gritó la mujer con una voz amenazante, pero él no se movió—. ¡Qué te quites!
Levantó su regla de madera y Caitlin gritó asustada, Darach se preparó para recibir el golpe.
—¡SUFICIENTE!
El grito vino de la puerta y los tres se encontraron con el mismísimo Rey Anselio con la compañía del grandote de seguridad. El Rey Anselio traía en su mano una carpeta de cuero, pero sus ojos tenían fuego, una llama furiosa que miraba con enojo a la mujer.
Tan pronto vio al rey, la señora bajó la regla y se acercó con una reverencia al hombre.
—Su majestad, esta rata secuestró a su hija y lo detuve antes que hiciera algo con ella, —dijo la mujer, Caitlin trató de intervenir pero Darach la detuvo—. Tú, seguridad, saca a esta rata de aquí.
El Señor Walsh no movió un solo músculo, lo único que hacía era verla a ella como si estuviera a punto de atacarla.
—Retírese.
—¿Qué?
—Le ordeno que se retire del castillo, —le dijo furioso el Rey—. También queda despedida de sus cargos como institutriz de mi hija. No tiene permitido volver a este castillo, ¡nunca jamás!
Su grito fue firme, amenazante y honestamente aterrador. La mujer miró el piso confundida y cuando trató de irse, Darach recordó algo:
—¡Devuélvale a Caitlin su Pokemón! —dijo furioso.
El Rey miró al muchacho y luego a la mujer, quien se puso más pálida y asustada. Anselio estiró su mano y la mujer sacó la Pokebola del bolsillo de su falda para dársela. Eso enojó más a su majestad.
—Señor Walsh, por favor escolte a la Sra. Collins afuera del castillo.
El de seguridad asintió y luego se retiró de la oficina con la mujer. Darach finalmente suspiró aliviado, por Arceus, todo esto era demasiado.
Caitlin corrió a su papá y el hombre le entregó su Pokebola. La niña sujetó la esfera contra su pecho, llorando con demasiado alivio en sus lágrimas.
—Papá, yo…
Antes que Caitlin pudiera explicar algo, el Rey la miró enojado. Tan pronto intercambiaron miradas, la pequeña miró al piso muy triste y se quedó callada.
Darach no podía creer lo que estaba viendo, trató de decir algo pero el Rey levantó su mano para detenerlo.
—Mañana, quiero que vuelva mañana para continuar nuestra conversación, —le dijo el Rey—. Tómate el resto del día, Darach.
Le hubiera encantado discutirle, pero no veía razón alguna para hacerlo: la mujer loca había sido despedida y ahora Caitlin estaría a salvo. Aunque le doliera, reconocía que lo que tocara después ya no era asunto suyo.
Le respondió con una profunda reverencia y salió de la oficina, Caitlin lo miraba muy asustada. A medio pasillo, escuchó al rey llamando a su hija y se dio cuenta que la niña corrió atrás de él.
—Tu pañuelo, —le dijo Caitlin estirando su mano.
Darach le dio una pequeña sonrisa.
—¿Ves este bordado? —Darach señaló las siglas y el tridente de Empoleon—. Esto lo hizo mi mamá.
—¿Lena hizo esto? —preguntó asombrada Caitlin.
—Sí.
—Tu mamá es muy buena, me cae bien y es bonita.
Ya se podía imaginar a su mamá muriéndose de amor cuando le contara esto.
—¿Me podrías guardar el pañuelo? —Darach alejó su mano delicadamente—. Regrésamelo hasta la próxima vez que nos veamos.
—Ok… —Caitlin se lanzó a abrazarlo otra vez y el muchacho se puso nervioso al sentir los ojos del Rey sobre él—. Gracias Darach.
—De nada Caitlin, —la alejó rápidamente y con una última reverencia, se retiró del castillo.
Una vez afuera, Darach sintió que en cualquier momento se desmayaría. Todavía no podía creer lo que había pasado.
Regresó a su casa y encontró a su mamá en la sala, Lena se encontraba en el sillón cepillando a Houndoom. El Pokemón estaba feliz con la lengua afuera, moviendo su cola y disfrutando la atención.
El Pokemón levantó sus orejas al escucharlo entrar y rápidamente corrió para recibirlo. Darach lo acarició rápido y dejó su mochila en el piso de la entrada.
—Eso fue rápido, —le dijo su mamá mirando al reloj de la sala, ni siquiera era medio día—. ¿Cómo te fue?
—Bien… —le respondió—. Mamá, ¿terminaste de bordar el pañuelo de Caitlin?
—Hace días lo terminé, ¿por qué? —los ojos de Lena se iluminaron—. ¿Por fin te topaste con ella otra vez? Llevo días queriendo volverla a ver.
La única respuesta que pudo darle fue levantar sus cejas agotado, su mamá no le creería lo que le iba a contar.
Aidan, Jessica y Jena le mandaron mensajes preguntándole cómo le fue. No le sorprendía el mensaje de su amigo, pero no pudo evitar preguntarse por las recepcionistas. ¿Estarían buscando chismes o en serio querían apoyarlo?
Se limitó a decirles una verdad a medias: les contaría otro día porque se pospuso su entrevista.
Su mamá también había escuchado una verdad a medias, Darach se ahorró el detalle de los poderes de la niña pero sí le contó la actitud agresiva de su ex-tutora.
—Esa mujer siempre me dio mala espina, —le comentó su mamá enojada mientras comían juntos el almuerzo—. Me la crucé un par de veces mientras limpiaba la sala de invitados, odiosa y engreída.
—También muy agresiva, —comentó Darach.
—Me alegro que la hayan despedido, —dijo Lena sirviéndose más ensalada, en el camino también le sirvió más a su hijo y Darach la miró enojado por tratarlo como niño, la mujer lo ignoró—. No puedo creer que sus papás no hayan intervenido antes, si alguna profesora te hubiera golpeado con una regla de madera, le hubiera arrancado el gaznate.
No lo dudaba, su mamá siempre tuvo una actitud protectora.
—Debe de sentirse muy sola, —dijo Darach.
—Seguramente, pobrecita, —Lena miró muy triste su plato—. Ya me parecía raro que reaccionara tan feliz cuando le dije que me diera un abrazo. Supongo que los reyes no tienen tiempo de ser papás.
Supuso que no.
El resto del día estuvo ayudando a su mamá con el jardín. También la ayudó a empacar el pañuelo de Caitlin y casi murió de ternura cuando le contó lo que dijo de ella. Esperaba poderla ver otra vez, por lo menos tenía el consuelo que tendría su pañuelo para asegurarle que no estaba enojado con ella.
Estando en el jardín, decidió jugar un rato con sus Pokemóns. Aunque Gallade no era muy fanático de perseguir la pelota como Empoleon y Houndoom, por lo menos apreciaba sentarse a su lado para relajarse. Staraptor hizo algo parecido sentándose a lado de su mamá, de vez en cuando estirando las alas para volar con Empoleon y Houndoom.
Palmer le envió un mensaje, al parecer quería que se juntaran el fin de semana para ver la Liga Pokemón de Sinnoh juntos en el bar. Al principio quiso rechazar la oferta, cometió el error de leerlo cuando estaba con su mamá en el jardín así que ella lo obligó a socializar.
Le dijo a Caitlin que era un adulto de 18 años, su mamá actuaba como si fuese un niño.
No tenía idea de lo que pasaría mañana y eso lo aterraba, lo que sí lo tranquilizaba era saber que Caitlin no volvería a pasar un minuto más con esa institutriz loca.
Esperaba que los reyes usaran esta experiencia como una oportunidad para cuidar mejor a su hija.
Al día siguiente, Darach llegó una vez más al castillo. El mayordomo lo guió por los lujosos pasillos de la Torre del Homenaje. Para su sorpresa, no lo llevó al estudio de la última vez, sino a un jardín privado que quedaba en una esquina escondida del castillo.
Había escuchado rumores de este lugar: el jardín secreto de los reyes.
Tenía un tamaño decente, uno un poco más grande que su casa y estaba repleto de hermosas flores organizadas y arbustos bien cuidados. Tenía una clase de porche en medio, una pequeña cúpula envuelta en redaderas y flores. Había una fuente al fondo del jardín, una que sacaba agua cristalina que iba a un pequeño arroyo que recorría todo el lugar.
El mayordomo lo guió hacia la cúpula del medio y encontró al Rey sentado en frente de una mesa leyendo de una carpeta de cuero. Al verlo, se levantó para saludarlo.
—Darach, siéntate por favor.
Lo obedeció sin dudarlo, se sentía casi irreal encontrarse en este jardín. Estaba seguro que solo la familia real se le permitía entrar aquí.
—Quiero hablarte del incidente que ocurrió ayer, —no le sorprendía que empezara la conversación con eso—. Dime, ¿qué fue lo que pasó?
Pensó muy bien en lo que diría, no quería comentarle de su primer encuentro con su hija afuera del castillo.
—La princesa apareció en la oficina, luego vino su institutriz y cuando noté el miedo que sentía su alteza real, la protegí.
—¿La protegiste?
—Así es, su majestad, —respondió Darach—. No sabía quien era la mujer pero sí pude ver el miedo de la princesa y la regla de madera en su mano, no sabía qué estaba pasando pero…
No supo como terminar la oración.
—Te diré esto, no como el rey del castillo, sino como un padre: muchas gracias por proteger a mi hija, mi esposa y yo no teníamos idea de la clase de abuso que sufría nuestra hija.
Por Arceus, ¿cómo no se dieron cuenta? ¿Acaso Caitlin nunca les dijo? ¿No le habrían visto algún signo de los golpes? ¿Su miedo ante la mujer? Darach respiró profundo para calmarse y se mordió la lengua para mantenerse callado.
—Te seré honesto, muchacho, originalmente te quería ofrecer un puesto en un proyecto que estoy trabajando con unos socios, —el hombre le presentó la carpeta de cuero y después de abrirlo, se lo pasó—. El Frente de Batalla, un lugar de peleas en donde abriremos diferentes facultades para que el público tenga la oportunidad de experimentar y probar sus límites a través de batallas Pokemón.
Le mostró un documento con la foto del castillo.
—La torre de Batalla se volvería en una facultad: El Castillo de Batalla, yo actuaría como el Frontier Brain. Originalmente quería ofrecerte un puesto, aunque la idea era que los visitantes pelearan entre ellos, también planeaba integrar trabajadores del castillo en los niveles más altos.
Sonaba como una propuesta interesante, pero algo le decía que el Rey tenía otros planes.
—Ese era el plan, pero luego ocurrió el incidente de ayer, —el hombre cerró la carpeta y lo miró a los ojos—. Algo me dice que usted vio algo que nadie más ha visto afuera de nuestro círculo íntimo dentro de nuestra familia. Dígame, ¿qué piensa al respecto?
Eso fue un poco ambiguo, pero lo entendió a la perfección.
—Que su majestad, la princesa Caitlin, tiene un extraño talento, uno que puede lastimarla, —dijo Darach pensando en el miedo que vio en los ojos de la niña—. Necesita ayuda.
—Tiene razón, la necesita y por eso contratamos originalmente la institutriz, —dijo el Rey adoptando una posición más casual apoyándose en su asiento—. Fue recomendada por una conocida de mi esposa, decía que tenía experiencia con niños con habilidades especiales, al parecer ayudó a la líder Sabrina de Kanto a controlar mejor sus poderes, según decía.
Darach no estaba muy metido en la farándula, pero sabía que esta tal Sabrina era una mujer con muchos problemas personales por la cantidad de veces que fue criticada por su actitud fría e indiferente. Si tenía una institutriz así al crecer, no estaba sorprendido que terminara así.
—Cuando Caitlin empezó a mostrar su… talento, no podíamos controlarlo y la aislamos del mundo para protegerla, —dijo el Rey, algo le decía a Darach que tenía más que ver con mantener una imagen, pero se mordió una vez más la lengua—. La Sra. Collins logró detener sus rabietas por un tiempo pero… si hubiese sabido que su estrategia era asustarla con violencia física… la hubiera despedido antes…
Se le retorció el estómago del enojo, ¿cómo era alguien capaz de pegarle a un niño para educarlo? Ni siquiera su papá, que lo consideraba la peor basura del mundo, llegó a esos extremos.
—Pero tú, Darach, lograste calmarla, —miró sorprendido al Rey y el hombre le dio una pequeña sonrisa—. Vi las grabaciones de las cámaras de seguridad, miré y escuché toda su interacción con ella y me asombró su manera de manejar la situación. Actuó muy tranquilo para alguien que descubrió una niña con poderes psíquicos.
—Me preocupé más por su salud, —respondió honestamente—. Parecía como si estuviera sufriendo.
—Oh sí, mi hija significa mucho para mí y me duele saber que su talento la hace sufrir tanto, —su voz estaba lleno de tristeza, seguramente se sentía muy imponente ante esta situación—. Yo estoy dispuesto a ayudarla y por eso lo invité aquí: déjeme hacerle dos propuestas Darach.
Le presentó la carpeta de cuero con los planos del Frente de Batalla
—Opción uno: trabajar en la facultad en el Castillo de Batalla. Opción dos: trabajar como el Valet personal de mi hija.
Esa propuesta no la esperaba y miró asombrado al Rey.
—Lo sé, suena como una locura, —dijo el hombre al verle la cara—. Pero los ojos no mienten, tú claramente muestras preocupación por mi hija y eso la ayudó a controlar sus emociones mejor que nunca. Ella es muy aislada y no reacciona muy bien con los extraños. Por alguna razón, reaccionó muy bien contigo y no la había visto así antes.
No sabía qué pensar al respecto, ser Valet significaba ser como el mayordomo personal de alguien y le intimidaba la idea de volverse en el sirviente de un miembro de la familia real.
—Si aceptas mi segunda propuesta, te ayudaré en todo lo que necesita para hacer el trabajo: capacitación, mejor sueldo y muchos beneficios, —el Rey lo miró seriamente—. Yo sé que suena como una locura y honestamente mi esposa no está muy feliz con esto, tendría que hacer un período de prueba durante unos meses para convencerla y no le puedo prometer que la capacitación sería algo fácil y…
—Acepto, —interrumpió Darach.
El Rey Anselio lo miró sorprendido.
—¿Te molesta si te pregunto por qué?
No estaba muy seguro, decidió ser honesto.
—No puedo darle la espalda a alguien que necesita mi ayuda, —dijo Darach—. Si sé que ella confía en mi y que yo puedo hacer una diferencia, lo haré. Las batallas Pokemón siempre existirán; pero la oportunidades para ayudar a alguien, no.
—Eres alguien noble Darach, —el Rey le ofreció la mano y el muchacho la tomó—. Muchas gracias.
—Gracias a usted, su majestad.
Como si fuera a dejar a la niña con las mismas personas que permitieron que sufriera en las manos de alguien más. No creía que fuese hacer mucha diferencia pero sí podía protegerla. Se prometió a él mismo que se concentraría en hacerla la niña más feliz en un mundo injusto e hipócrita.
Su primer día de capacitación empezó en la Torre Cuadrada, el centro de entrenamiento para los trabajadores de seguridad. Darach se preguntó si lo pondrían a prueba peleando con otros de seguridad, pero luego descartó la idea tan pronto recordó el torneo de las Tres Coronas.
El Señor Walsh lo estaba esperando en la entrada y lo primero que hizo fue darle su nuevo uniforme: un saco negro con alas azules, chaleco blanco, moño negro y pantalones azul oscuro. Por alguna razón, sentía que había visto este uniforme antes.
—Te llevaré con tu instructor, —dijo el Señor Walsh, Darach se sorprendió oírlo hablar, parecía un mudo cuando lo conoció ayer.
Lo guió adentro de la torre y la entrada tenía una recepción pequeña, la parte interesante vino cuando subieron por el elevador al octavo piso. Ahí se encontró con un gimnasio en donde muchos hombres se encontraban en máquinas entrenando músculos e incluso algunos traían a sus Pokemons a su lado (quienes entrenaban también).
El Señor Walsh medía casi dos metros, tenía cabello rubio y piel morena, su cara era amenazante y su paso era rápido. Darach parecía un Ducklett siguiendo un maldito Machamp, era ridícula la diferencia entre los dos. Llegaron a una puerta cerrada y el muchacho escuchó algo metálico chocando contra algo metálico.
—Llegamos, —anunció el Señor Walsh tomando la perilla.
Abrió la puerta y se encontró con un campo de esgrima y dos personas peleando en ella. Espada chocando con espada, un par de hombres con el mismo uniforme que él viendo el espectáculo y un Darach extremadamente confundido tratando de pensar qué tenía que ver esto con ser Valet.
—Señor, traje su nuevo aprendiz, —el Señor Walsh lo miró por última vez y el muchacho casi tiembla del miedo al cruzar miradas con él—. Buena suerte, la necesitarás.
Se dio la vuelta y lo dejó en el cuarto de esgrima. Darach no supo qué hacer y cuando notó que todos, incluyendo los que estaban peleando, se detuvieron para verlo, sintió mucha vergüenza. Se sentía fuera de lugar.
—Jeje, no pensé que te volvería a ver tan pronto, —dijo una voz saliendo del grupo de muchachos con uniformes y Darach se sorprendió al ver una cara conocida.
—¿Finley? —preguntó asombrado, no esperaba encontrarse con el mismo Valet que lo atendió en el torneo de las Tres Coronas.
—Qué tal muchacho, me contaron que hoy te unirías como mi nuevo aprendiz, —el anciano se acercó a Darach y lo tomó del hombro con una sonrisa sombría—. No te alcanzó con ganar el torneo, ¿verdad? Que sepas que la mitad de mis alumnos te odian por estar aquí y la otra mitad te detesta por ser el niño recomendado por el Rey.
Tragó saliva nervioso, eso explicaba por qué lo miraban tan enojados.
—¿Sabes esgrima? —le preguntó Finley.
—No, —respondió asustado Darach.
—Bueno, ponte el traje y te enseñamos, —le dio unas palmadas en su hombro—. No te prometo que saldrás ileso de esto.
Por Arceus, esto iba a ser un día largo, ¿verdad?
Un día largo no empezaría a describir lo que sufrió en las primeras horas. Los pusieron en parejas para practicar y al parecer sus compañeros se organizaron para que Darach quedara con el experto de la clase: Ron. Ron no era tan alto, pero sus movimientos en esgrima eran infernales y pateó el trasero de Darach sin piedad.
No podía creer que lo estuvieran acosando, pensó que ya había terminado con estas porquerías cuando terminó la escuela primaria de niño.
Por lo menos tuvo su venganza cuando llegó el momento de practicar peleas Pokemón, nadie pudo ni siquiera rozar a Staraptor durante las batallas. Finley siempre lo miró de lejos y le daba una sonrisa torcida para felicitarlo.
La hora de almuerzo llegó y Darach admitió sentirse triste al darse cuenta que ya no iba a la misma cafetería que Aidan, Jenna y Jessica. Ahora almorzaba en la Torre Cuadrada y cuando se dio cuenta que sus compañeros se alejaron de él, se sintió muy solo.
—¡Hey! —escuchó un grito y antes de poder registrar quién lo llamaba, sintió a alguien dándole un abrazo asesino rodeando su cuello—. ¡Cuatro ojos!
—¿Chuck? —no podía creer que se iba a cruzar con él después de la celebración en el bar.
—¿Qué haces aquí? Pensé que eras operario de limpieza, —Chuck se sentó a su lado y miró su uniforme—. Ohh, ¿ahora eres Valet? Uff, buena suerte con eso. Todos los que se están capacitando para eso son muy odiosos.
Odiosos era una palabra más educada para describirlos, Darach tenía otras sugerencias pero se ahorró los comentarios comiendo su almuerzo. Chuck traía con él una clase de batido en un recipiente de plástico y bebió de él tranquilamente.
—¿Cómo te están tratando? —le preguntó Chuck.
—¿Huh?
—Tus compañeros, —el muchacho lo abrazó del hombro y se le acercó al oído para susurrarle—. No quiero preocuparte, pero tengo la impresión que no les agradas.
Pasaron 45 minutos pinchándolo con espadas y burlándose de él a sus espaldas, incluso Finley se lo advirtió, obviamente no les caía bien.
—Da igual, —respondió Darach molesto—. Si no les caigo bien, su problema. Tal vez me ganaron en esgrima, pero soy el mejor en Batallas Pokemón.
—Ja, me ganaste a mí así que tienes para presumir, si algún día te molestan, avísame y yo los asusto, —Chuck soltó una carcajada y Darach se sintió mal de haberlo juzgado mucho cuando lo conoció en el bar—. Hey ahora que lo mencionas, cuando tengas tiempo, ¿quieres practicar? Necesito alguien bueno en batallas Pokemón para asegurarme que no me afloje.
—Todos los meses hago un torneo en mi condominio, no es mucho pero ahí podemos practicar.
—¡Bien! ¡Mándame la fecha por mensaje y voy!
El resto del almuerzo estuvo tranquilo, por lo menos se sentía bien tener a un conocido en un lugar tan hostil. Una vez que Chuck empezó a hablarle de otros temas, Darach se sorprendió de lo amable que era el agente de seguridad. En serio necesitaba trabajar en su actitud tan prejuiciosa.
El resto del día estuvieron en clases de etiqueta que iba más alineado a lo que Darach esperaba. Muchos de sus compañeros tenían la esperanza de verlo sufrir en esta sección también, pues la institutriz no tenía piedad y ansiaban verla regañando al tipo nuevo. Lo que no sabían era que Darach era hijo del mayordomo del comedor real, así que ya sabía muchas cosas por vivir con alguien como Shaw.
Al final de su primer día de capacitación, Darach buscó a Finley y lo encontró limpiando las espadas de esgrima en el piso del gimnasio. El anciano lo miró con una sonrisa torcida y le tiró un trapo, el muchacho lo entendió y se sentó a su lado para ayudarlo a limpiar espadas.
—Tienes experiencia en limpiar espadas, ¿verdad? —le preguntó el anciano.
—Cuando era operario de limpieza en la Torre Atalaya, pulía las armaduras, —respondió Darach—. Eso incluía sus armas.
—Jeje, me di cuenta que disfrutaste mucho tu primer día, —dijo Finley limpiando la siguiente espada—. ¿Sabes por qué practicamos esgrima como parte de nuestro programa de capacitación?
Negó con su cabeza, porque honestamente no tenía idea.
—Tradición, pero también es por sus principios que se alinean mucho a los nuestros: elegancia, precisión y disciplina, lo que un Valet necesita ser, —Finley pinchó a un Darach distraído con la espada que sujetaba y el muchacho lo miró enojado sujetando su brazo—. También alerta, jeje.
—Solo espero lograr hacer bien mi trabajo, —respondió Darach acariciando su brazo enojado.
—Tu capacitación durará unos meses, pero tendrás unos días durante la semana para trabajar con la princesa, —Finley miró a sus alrededores y al ver que el gimnasio estaba vacío miró al muchacho seriamente—. Sabes a lo que te estás metiendo, ¿verdad?
Se preguntó si Finley sabía de los poderes de Caitlin.
—Existe una razón por la cual casi nadie sabe de su talento, muchacho, —continuó el anciano—. Los reyes saben cómo encerrar a su princesa en la torre. Me agradas así que te diré por qué estás aquí: serás su nuevo juguete, su nuevo entretenimiento hasta que ya no les seas útil.
Eso enojó a Darach, tal vez no conocía muy bien a Caitlin pero sabía que ella no era así.
—La Princesa es una niña, —dijo enojado Darach.
—Oh, no estaba hablando de ella, —agregó Finley con una sonrisa sombría—. Recuerda que yo he estado en este castillo durante mucho tiempo y conozco a los reyes que lo gobiernan. El Rey ama las batallas y la Reina adora educarse con sus libros gordos, ambos aman la idea de tener una hija. Creo que tú y yo sabemos que les gusta más la idea de ser papás que la responsabilidad que conlleva.
—¿Por qué lo dice? —él ya lo había notado por su cuenta, pero quería escuchar lo que tenía que decir el anciano.
—Jeje, buen intento muchacho, pero tendrás que esforzarte más para sacarme mis secretos, —Finley trató de pincharlo otra vez, pero esta vez Darach lo detuvo sujetando la hoja sin filo con la mano—. Bien, mantente siempre alerta. Lo necesitarás si en serio quieres ayudar a la pequeña princesa.
—¿Me puede ayudar a entrenar ahora? Siento que no aprendí mucho en la clase de hoy.
No sabía si alguien de la edad de Finley todavía podía hacer esgrima, pero Darach concluyó que tal vez podría aprender algo que lo ayudara para la próxima. En serio odiaba hacer el ridículo frente a sus compañeros odiosos y pretensiosos.
La sonrisa espeluznante de Finley se volvió a asomar en sus labios y se levantó del piso sin mucha dificultad.
—Ponte el traje y empecemos con lo básico.
Lo obedeció y se preparó en su lado de la arena, cuando Darach notó la posición experta que tomó Finley frente a él, supo que estaba en problemas.
—No prometo que salgas ileso de esto, —le dijo Finley moviendo su espada con facilidad—. ¡En garde!
