Capítulo 5: La Elegante Amenaza de una Reina Frustrada

Durante mucho tiempo Darach pensó que el reto más difícil de su vida fue aceptar que tenía que dejar ir su sueño de ser campeón de la liga de Sinnoh. Fue difícil, deprimente y dotado de un dolor que seguía atormentándolo en pesadillas recurrentes despertándolo con estrés en algunas madrugadas.

Afortunadamente esas pesadillas quedaron atrás ya que ahora simplemente ya no tenía el tiempo para pensar en eso. La capacitación para volverse en el Valet de la princesa mostró ser más que un simple currículum exigente.

Todos quienes lo conocían admiraban con preocupación la determinación del muchacho. Aidan se esforzaba por hablarle, aunque fuera solo por teléfono, una vez a la semana y Chuck siempre lo obligaba a comer más cuando almorzaban juntos en la Torre Cuadrada. Palmer lo llamaba muy de vez en cuando para preguntarle cómo estaba, no es que Darach le hablara mucho pero el rubio respetaba su timidez al no forzarlo a tener una conversación larga. Palmer se conformaba con un simple "bien muchas gracias" o "un poco cansado", no lo presionaba a que le dijera más.

Lena hacía lo que podía ya que era una madre y entendía que su hijo no era un niño, no podía forzarlo a que le hablara de sus sentimientos o ayudarlo a hacer su tarea. Se limitaba a hacer que la vida de Darach fuera lo más cómoda posible lavando su ropa y planchándosela, cocinándole buena comida y cuidar a sus Pokemons cuando no los llevaba con él. Tal vez no cocinaba tan bien como su esposo, pero estaba segura que Darach apreciaba comer comida caliente cada noche que regresaba de la capacitación.

Esa noche, Lena recibió a su hijo con un quiche de tomates secos y queso de Gogoat. El muchacho básicamente se arrastró por la entrada para sentarse a cenar con su familia, todavía con el uniforme puesto. Había sido un día largo: lecciones largas de historia cultural del castillo y filosofía avanzada, también tenía que agregar las prácticas extras de esgrima con Finley así que además de estar cansado, venía con el trasero pateado por un anciano que casi tosía polvo.

Darach se sentó a cenar con su familia; su mamá lo recibió con el plato servido y Shaw básicamente lo ignoró disfrutando su propio pedazo. Darach ni se molestó en saludar a su papá, era mejor cuando no hablaban.

—Oh Shaw, ¿no estás orgulloso de Darach? —era una lástima que su mamá no entendiera eso—. Está trabajando muy duro como futuro Valet de la familia real.

—Es parte del trabajo soportar la fatiga y todavía no es Valet, y se llega a hacerlo tendrá que madurar y aguantarse el cansancio, —respondió el hombre tranquilamente sirviéndose otro pedazo—. Te quedó espectacular la cena, querida.

—Gracias, querido…

La mamá miró a su hijo preocupada, Darach solamente siguió comiendo sin sentirse ofendido. Le podía caer un rayo y su papá seguiría tan desinteresado como siempre.

—Sé que lo vas a lograr Darach, estoy muy orgullosa de ti.

De niño Darach odiaba como su mamá buscaba compensar la negligencia emocional de su papá, pero ahora que era adulto y entendía mejor su comportamiento, apreciaba el esfuerzo.

—Gracias mamá, —el muchacho miró a su papá y sus miradas se cruzaron—. Aunque ser Valet no es mi meta final.

—¿Sigues con tus ilusiones infantiles de entrenador profesional?

—Mi viaje todavía no termina.

La tensión se intensificaba con cada segundo y Lena ya se estaba preparando mentalmente para manejar la situación cuando explotaran. Por suerte Shaw se limitó a terminar su cena, decir buen provecho y levantar sus platos de la mesa. Una vez que desapareció del pequeño comedor hacia su cuarto, Lena miró enojada a su hijo.

—¿Qué? —le preguntó Darach incómodo al verle la cara—. ¿No eres tú la que me dice que siga soñando?

—Puedes soñar sin buscar provocar a tu papá, mi cielo. Tu papá ahora está más ocupado que nunca organizando todo en el comedor del castillo, te habrás dado cuenta que está cansado.

Se ahorró la respuesta insolente de "aguantar la fatiga es parte del trabajo" comiendo otro bocado del quiche. El cansancio de su papá explicaba la falta de respuesta deprimente que le solía dar cada vez que el tema de su viaje salía al aire.

—Mañana te toca cuidar a Caitlin, ¿verdad? —le dijo su mamá cambiando el tema.

—Sí, —respondió al mismo tiempo que se cubrió la boca para bostezar—. Será la primera vez que la cuido desde que se levante hasta la hora de cenar.

Las últimas semanas se limitó a vigilarla durante sus horas de clases con sus tutores personales y mañana sería la primera vez que lo haría todo el día.

—¿Crees que se molestará alguien si te presentas con un regalo?

—¿Regalo?

Su mamá le enseñó el pañuelo que le había bordado a Caitlin, tenía que admitir que era de los mejores que había hecho su mamá ya que estaba repleto de flores en un patrón que lograba mezclar los colores de forma armónica y elegante.

—Qué lindo mamá… —Darach le dolía tener que decir lo que tenía que decir—. Pero no creo que sea buena idea llegar mañana con un regalo, no quiero dar una mala impresión.

—Aaww, —dijo decepcionada la mujer guardando el pañuelo—. Sabía que dirías algo como eso, igual lo guardaré para dárselo algún día.

Típico de su mamá, Darach quería darle el pañuelo a la niña y esperaba que pronto se presentara un mejor momento para hacerlo. Pero ahora se encontraba a media capacitación, tenía que dejar lo personal a un lado y concentrarse en lo profesional.

Tal vez ser Valet no era su sueño y no tenía planeado ser uno por el resto de su vida, pero por ahora aprovecharía la oportunidad para ahorrar y ayudar a su familia con lo que pudiera.

—¿Cómo te sientes mamá? —preguntó el muchacho con un tono preocupado.

—Oh mi cielo, no te preocupes por mi, —le dijo su mamá moviendo su mano desinteresada—. Ahora que ya no trabajo, tengo tiempo de sobra para descansar.

Su papá la convenció de dejar el trabajo y Darach, por primera vez en toda su vida, estuvo de acuerdo con él y también lo ayudó para convencerla.

—No es lo que te pregunté, —le dijo un poco molesto, odiaba la manera que su mamá evadía la pregunta—. Es en serio mamá, quiero saber si te sientes mejor o peor.

Lena miró a su hijo resignada, recordando que ya no caía en sus mentiras como cuando era pequeño.

—Ahí voy, mi cielo, la verdad es difícil decir que estoy estoy curándome cuando me siento cansada todo el día, —Lena miró con culpabilidad el pañuelo de Caitlin—. Quisiera ser más útil pero… me canso muy rápido.

Darach siempre conoció a su mamá como una mujer activa. De pequeño, la mujer tomó el turno nocturno de limpieza para poder cuidarlo durante el día y jamás mostró cansancio frente a él. Incluso después de ser diagnosticada, seguía buscando una manera de hacer algo para ayudar.

—¿Qué hay del nuevo tratamiento que te mencionó el doctor? —le preguntó Darach—. ¿Ya lo empezaste?

—Tu papá y yo ya discutimos eso, —Lena le acarició con cariño su mano que descansaba en la mesa—. No te preocupes.

Darach sabía que su papá lo odiaba pero incluso él reconocía una única verdad extraña que admiraba de Shaw: amaba perdidamente su esposa y siempre hacía todo para ayudarla. Si todavía no habían empezado el tratamiento que le había ofrecido el doctor, seguramente era porque en serio no podían hacerlo por cuestiones de dinero.

—Si me vuelvo Valet, mi sueldo va aumentar a proporciones ridículas, —le dijo su hijo y su madre la miró preocupado—. Ya aumentó ahora con la capacitación y puedo poner parte de mi dinero para que empieces con el tratamiento.

—No.

—¿Por qué no? —preguntó enojado Darach—. Mamá, si fuera yo el enfermo, donarías tus dos riñones para pagarlo.

—Pero yo soy tu madre y la que se encarga de cuidar soy yo.

—Mamá, somos familia y yo soy adulto, —el muchacho se puso firme con su convicción y Lena se impresionó al ver mucho de Shaw en las palabras de su hijo—. Me pagarán la próxima semana y hablaré con papá para pagarlo todo.

—Pero tu viaje…

—Puede esperar, —ya habían tenido esta conversación y Darach se sorprendió que su voz temblara por un momento—. No quiero que tu enfermedad empeore y que tú…

La simple idea de perder a su mamá era una que no había pensado seriamente hasta ese momento. No, no podía pensar en eso cuando la tenía viva frente a él con una salud relativamente estable. El medicamento seguiría atrasando lo inevitable y no le importaba endeudarse con tal que le diera más años a su mamá.

Lena detectó ese momento de vulnerabilidad de su hijo y se levantó de su silla para abrazarlo fuertemente.

—Te aseguro, mi cielo, que no pienso morir pronto, —le dio un beso en la frente a su hijo y siguió abrazándolo—. Gracias por cuidarme, te prometo que me cuidaré más para que estés tranquilo. Te quiero, Darach.

—Y yo a ti, mamá.

No quedaban dudas al respecto, su viaje todavía no había terminado pero no pensaba abandonar a las personas que lo necesitaban. Su mamá necesitaba dinero para el tratamiento y Caitlin necesitaba a alguien quien la cuidara. Dos pájaros de un tiro, Darach sabía reconocer una oportunidad y pensaba aprovecharla todo lo posible.


(Al día siguiente, Torre del Homenaje)

Darach fue recibido por el Sr. Walsh en la entrada del castillo y lo guió por toda la Torre del Homenaje. Varios criados y sirvientes cruzaron miradas con el muchacho y Darach se limitó a darles una sonrisa educada. Ellos le sonrieron también aunque podía ver perfectamente bien lo vacías que estaban.

Darach conocía demasiado bien esas sonrisas profesionalmente vacías.

—Antes de empezar tu turno, me pidieron llevarlo con su alteza para discutir unas cuestiones importantes, —le dijo el agente de seguridad, su voz ronca seguía intimidándolo aunque tratara de sonar amigable.

No sabía que el Rey Anselio quisiera hablar con él, pero Darach concluyó que era de esperarse después de todo lo que había pasado en tan poco tiempo. Lo guió hacia el mismo jardín privado escondido entre una esquina del castillo, el mismo donde hablaron la última vez.

El Sr. Walsh le abrió la puerta y esperó que pasara, Darach lo hizo y esperó que lo guiara por el jardín pero el de seguridad se limitó a cerrarle la puerta en la cara.

Por un momento se quedó congelado sin moverse de su lugar, ¿acaso el Sr. Walsh lo había dejado afuera por su cuenta o lo echó del castillo? Antes de poder lograr formular una respuesta coherente, escuchó una campanita resonar en el ambiente. Al darse la vuelta, encontró a la Reina Betilla sentada en la misma cúpula donde había tenido la conversación con el Rey hace unos días, pero ahora se encontraba sola y volvió a sonar la pequeña campanita que tenía en la mesa de piedra.

Rápidamente se acercó a la cúpula blanca del jardín llena de redaderas y rosas que protegían a su alteza real del sol. Darach se paró frente a la reina e inclinó su cuerpo con una respetuosa reverencia ante la mujer.

La Reina Betilla tenía todos los rasgos de una belleza de Kalos: ojos verdes, cabello castaño y una piel tan blanca como las tazas de porcelana que tenía frente a ella. La clase que mostraba la reina era mayor a la de una pintura renacentista con una superioridad elegante que lo intimidaba, pero no se dejó llevar por el miedo y puso en acción toda la etiqueta que había aprendido en su capacitación.

—Su majestad, —dijo Darach presentándose.

—Sírveme té, —le ordenó la reina Betilla acomodando una servilleta de seda en sus piernas—. Media taza de leche y dos cucharadas de azúcar.

Sus manos se movieron antes que su cabeza y mientras que Darach se encontraba preparando la bebida de la mujer, pensó en lo diferente que era comparada con su esposo. Lo primero que hizo el Rey la mañana que le habló en ese mismo lugar fue invitarlo a que se sentara con él.

Su lado cínico le recordó que era un Valet y servir el té era parte de su trabajo.

Le presentó la bebida frente a ella y la mujer la tomó para analizarla, parecía buscar si había manchado con té la taza. No hubo un "muchas gracias" cuando lo recibió, pero tampoco hubo quejas así que Darach se trató de conformar.

—Dime tu nombre.

No se lo dijo como una pregunta, Darach había pasado demasiado tiempo siendo tratado como alguien inferior y podía reconocer cuándo alguien le daba una orden.

—Darach Kokuran, su majestad.

—Edad.

—18 años.

—Intenciones.

Esa orden lo dejó confundido y Darach prefirió seguir el consejo que le había dado el otro día Finley: "cuando tengas dudas es mejor callar que decir algo tonto, aunque ten cuidado porque el silencio también puede ser la respuesta equivocada".

Mantuvo la frente en alto y la cabeza firme, no podía dejar ver su confusión. La reina tomó ese silencio como una invitación y dejando el té a un lado, dijo:

—Mi esposo habla demasiado bien de ti, teniendo muchas esperanzas en alguien como tú: un don nadie que debería de quedarse limpiando el piso y jugando a tener batallas con el resto de la chusma. Sé que mi esposo te ofreció un trabajo en su nuevo capricho del Frente de Batalla, ¿por qué aceptarías ser el Valet de la princesa en lugar de aceptar el trabajo que estás hecho para hacer? ¿Cuáles son tus intenciones?

Siguió manteniendo silencio, no porque quisiera sino porque Darach no podía encontrar palabras para darle una respuesta coherente.

La reina lo vio de pies a cabeza, despreciando cada centímetro del muchacho que tenía parado frente a ella: anteojos viejos, cuerpo escuálido y rostro esquelético con un cabello vulgarmente extraño.

—¿Tu silencio es un reto o una muestra de tu estupidez?

Darach respiró profundo y respondió:

—Una muestra de respeto y educación hacia usted, su majestad, —forzó un tono tranquilo que la Reina pudo detectar fácilmente—. Mis intenciones es aceptar la propuesta de trabajo que el Rey Anselio me ofreció hace unos días.

El rostro de la Reina quedó igual de desinteresado como la encontró, pero su desinterés era intrusivo, intimidante y lleno de furia que lo aterrorizaba con una sola mirada.

—Podrás engañar a mi esposo, pero a mí no, —le respondió la reina con un tono firme—. Dejaré de desperdiciar mi tiempo contigo y te diré lo que te quiero decir: conozco tu tipo, pervertidos que buscan ascender en la escala monárquica a través de métodos vulgares y te puedo asegurar que haré todo lo que está a mi alcance para proteger a mi hija, la princesa.

No podía creer lo que estaba escuchando, pero la reina a penas había empezado:

—La princesa Caitlin está destinada a la grandeza, su educación y elegancia la llevarán lejos y tuvo la buena fortuna de nacer tan hermosa como sus padres. No importa que naciera como un fenómeno, todos podemos aprender a esconder nuestros defectos aunque involucre poderes psíquicos. Caitlin tiene el destino de ser la imagen de la perfección en la monarquía Percila y yo me aseguraré de que logre esa bella perfección, la que la volverá inmortal por el resto de la historia.

Finley le advirtió muchas veces que no pensara en sus emociones cuando trabajara, que por más que uno tratara de esconder sus sentimientos, los ojos siempre te delataban. En aquel momento, Darach fue incapaz de reprimir su enojo y la reina parecía disfrutar detectar ese pequeño brillo feroz de sus ojos.

—Nada pasa en este castillo sin que yo me entere y te juro por todos los dioses de la creación que si haces cualquier acto inapropiado con mi hija o intervienes en su misión de la elegancia perfecta, seré yo la primera que se enterará y seré yo la primera de asegurarme de arruinarte la vida con la peor humillación humanamente posible. ¿Entiendes lo que quiero decir?

—Por supuesto, su majestad, —mantuvo el tono educado apretando un poco sus dientes.

—Perfecto, —la reina se arregló un poco la falda y tomó otra taza para servirse ella misma el té, negando tocar el que recién le había hecho Darach—. Puedes retirarte.

Con una última reverencia, el muchacho se dio la vuelta para salir de la cúpula del jardín.

Pero el toque de una campanita lo detuvo y al darse la vuelta se encontró con la reina llamándolo una vez más. Humillado y tragándose el orgullo, Darach se acercó a la cúpula una vez más.

—Deténte, —le dijo la reina y Darach lo obedeció—. Vuelve para acá.

La ira que sintió en su estómago quemaba el resto de su cuerpo, pero Darach la obedeció en silencio.

—Quítate los anteojos.

Lo hizo.

—Póntelos de regreso.

Lo hizo.

—Arranca una rosa del rosal y tráemela.

Había una a lado de la cúpula y tomó una rosa rosada, se pinchó con varias espinas pero se aguantó el dolor para cumplir con su orden. Le presentó la rosa y la reina la tomó desinteresada, el tallo estaba un poco torcido por haberla arrancado con la mano.

—Jamás olvides tu lugar, —le dijo la reina botando la hermosa rosa sana al piso—. Puedes retirarte.

Si hubiera podido correr de ahí lo hubiera hecho, pero Darach decidió ser más inteligente y se retiró con una simple reverencia para caminar de regreso a la entrada del jardín. El Sr. Walsh lo estaba esperando al otro lado de la puerta y se veía tan estoico como siempre, alguien que seguramente estaba acostumbrado a la Reina Betilla.

—Sígueme, la princesa lo espera en su habitación.

Mientras recorrieron los pasillos del castillo, Darach pensó con muchísima furia lo que recién había vivido. Quería descargar su cabeza de pensamientos negativos para poder cuidar mejor a Caitlin. Esa mujer, la Reina Betilla, en verdad era de las peores personas que se había cruzado en su vida. Casi tan mala como su papá.

Le pareció tan irónico que la mujer le advirtiera que no pasaba nada en su castillo sin que ella se enterara cuando Caitlin sufrió durante meses el abuso emocional de su institutriz loca.

¿Quién se creía ella para determinar el destino de Caitlin? La manera que habló de ella sonaba más como una inversionista que como una madre y parte de él deseaba tanto poder traer a la suya para que tuvieran una conversación "amistosa" entre las dos. Estaba seguro que su mamá le arrancaría el gaznate a la reina si hablase así en frente de ella.

Por ahora se limitó a dejar sus fantasías y enojo atrás, pues ya había llegado al cuarto en los últimos pisos de la Torre del Homenaje y se imaginaba quien lo esperaba adentro. Con una reverencia se despidió del Sr. Walsh y el agente de seguridad se limitó a mover su cabeza. Desapareció en el pasillo y Darach tocó la puerta de la habitación.


Abrió un poco la puerta y se encontró con un enorme cuarto blanco, En el centro había una cama con cortinas rosadas, un escritorio en una esquina y varias libreras repletas de libros con pocos peluches decorándola. Una enorme ventana se encontraba al otro lado con una cortina igual al de la cama y Darach se adentró cerrando la puerta teniendo en cuenta la advertencia que le habían dado la última criada de Caitlin: la niña era pésima para levantarse y tenía un sueño pesado.

—Lady Caitlin, despierte, —Darach se acercó a la cama y dio unos pequeños golpes al marco de madera para hacer un ruido, escuchó a la niña adentro de la cortina quejándose—. Mi Lady, su primera clase es en dos horas, necesita levantarse y prepararse para el día.

Escuchó unos ruidos incoherentes adentro.

—¿Darach? —escuchó a Caitlin atrás de las cortinas bostezando—. ¿Qué haces aquí?

—Estoy aquí para servirle, mi Lady, —era raro ser tan profesional con ella cuando la conoció afuera del castillo, pero ahora estaba trabajando para ella así que era necesario actuar así—. Y vine para despertarla, necesita bañarse y prepararse para el día.

—5 minutos más…

Darach no quería abrir las cortinas para levantarla, era una niña y necesitaba su privacidad, así que decidió ser más listo y suspiró en voz alta diciendo:

—Es una lástima que no se quiera levantar, mi Lady, Houndoom es mañanero y quería decirle buenos días antes de empezar el…

—¡Ya me levanté! —dijo Caitlin emocionada abriendo las cortinas de su cama, tenía todo su cabello revuelto en su cabeza y aunque varios mechones de cabello le cubría la frente, se podían ver sus ojos brillando con pura emoción. Pero al no encontrar al Pokemón, miró enojada a Darach y se acostó de regreso en la cama cruzando sus brazos—. Oye, me dijiste que Houndoom me levantaría.

Revisando por última vez el cuarto (y asegurándose que no había nadie observándolos), Darach sacó una Pokebola y Houndoom se materializó frente a ellos. Caitlin se alegró y el muchacho notó la manera que la cola de su Pokemón se movió con emoción, pero se mantuvo sentado y obediente como siempre.

—Houndoom, —Darach le dio unas palmadas al colchón y su Pokemón reconoció el comando que hizo al ser el mismo que le hacía su dueño cuando lo dejaba subirse a la cama—. Salude.

Muy emocionado, Houndoom saltó a la cama y empezó a saludar a Caitlin lamiendo su cara. La niña se rió a carcajadas y mientras se saludaban, Darach realizó su siguiente tarea: sacar la ropa del día para la princesa y prepararle la ducha. Houndoom se encargaría de levantarla mientras que él abrió el armario para buscar el conjunto del día y luego entró al baño para llenar la tina y dejarle la ropa elegida en el baño para que se vistiera. Por suerte le habían dejado una guía muy detallada de cómo hacer las cosas así que no se sentía perdido mientras que cumplía con cada uno de los pasos.

Una vez que terminó de llenar la tina con agua caliente y se aseguró de dejarle la ropa en el tocador, Darach salió del baño y regresó frente a la cama de la princesa, quien seguía acariciando muy emocionada a Houndoom.

—Buenos días, mi Lady.

—Buenos días Darach, —la niña de casi once años lo miró molesta por un momento, con Houndoom felizmente apoyado su cabeza sobre la suya a su lado—. ¿Por qué me sigues llamando Lady? Ya te dije que me llames solo Caitlin.

—Lo hablamos el otro día, Lady Caitlin, —le recordó Darach—. Ahora en adelante la llamaré con el título real que le pertenece.

—Ugh, ¿te puedo llamar entonces Lord Darach?

—… —la imagen de la reina escupiéndole veneno se hizo presente en la mente del muchacho—. No.

—Ugh, odio esto, —Caitlin se levantó de la cama con pereza y Darach encontró a Gothita durmiendo profundamente sobre una almohada en la cama, se miraba demasiado cómoda el Pokemón y Houndoom se acostó a su lado—. Se escucha raro cuando tú me llamas así.

—Le aseguro que con el tiempo se acostumbrará, mi Lady, —Darach puso sus manos en la espalda la empujó suavemente hacia el baño—. Ahora báñese y prepárese para el día, en media hora vendrá la Srta. Meryweather a peinarla.

—¿Qué haces aquí tan temprano? —le preguntó la niña caminando hacia el baño—. ¿Ya eres mi Valet?

—Todavía no, —le dijo el muchacho y la niña se desilusionó—. Pero ahora estoy trabajando para serlo, por eso tengo que asegurarme que esté lista para el día y cumplir con mis tareas lo mejor posible.

—Ohh… ¡ya entendí! —Caitlin corrió hacia el baño y cerró la puerta fuertemente, la escuchó hablar desde el otro lado de la puerta—. ¡Me portaré bien para que te quedes Darach!

No pudo evitar negar con su cabeza conmovido, ¿cómo una niña de tan buen corazón podía ser la hija de una mujer tan espantosa como su madre?

Bajó a Houndoom de la cama fácilmente chasqueando sus dedos y cuando trató de tomar a Gothita, la Pokemón lo miró con cara amenazante. Darach la entendió fácilmente y tomó la almohada donde estaba acostada Gothita sin levantarla y la acomodó en el piso. El Pokemón apreció el gesto y volvió a bostezar para seguir durmiendo. Con una sonrisa, Darach empezó a quitar las sábanas y sacudirlas para arreglar la cama, pero se extrañó al escuchar la puerta del baño abrirse. Caitlin salió todavía con su ropa de dormir puesta y Darach pensó que habría olvidado algo.

—¿Pasa algo, mi Lady?

—¿Por qué quieres ser mi Valet? —le preguntó Caitlin cruzando sus brazos incómoda.

Le pareció rara su pregunta, pero buscó una respuesta rápida para no preocuparla.

—Porque es mi trabajo.

—No, no es verdad, —la actitud de Caitlin era una triste y Darach honestamente no entendía ese cambio repentino de humor—. ¿Es porque me tienes miedo?

—¿Por qué tendría miedo de usted, mi Lady?

—Porque no soy normal, mi mamá siempre me regaña cuando se me sale, —era preocupante lo que decía—. Soy un fenómeno.

Darach sabía lo que se sentía ser rechazado por un papá, pero no podía decir lo mismo con una mamá. Lo que sí podía entender era la tristeza de Caitlin y trató de pensar en algo para consolarla. Dejó las sábanas en la cama y se acercó a la princesa, todavía manteniendo su postura profesional, se paró frente a ella con la espalda erguida.

—Lady Caitlin, quiero que me escuches bien, —la niña pareció sorprenderse al escuchar el tono que usaba el muchacho—. Tú no eres un fenómeno, eres una niña con poderes extraordinarios y quiero que entiendas que yo no te tengo miedo.

—¿Aunque sea un monstruo?

¿Quién le dijo algo así para que pensara en eso?

—¿Un monstruo? Tonterías, si somos realistas, necesitamos analizar las cosas empíricamente, —Darach se puso una mano en su barbilla y caminó alrededor del cuarto, tratando de recordar cada instante que Lena lo ayudó a él durante momentos críticos de su niñez—. Veamos… tú eres muy buena tocando el piano. Dime, ¿los monstruos tocan el piano?

—El piano es estúpido, —contestó enojada, Darach se sintió como idiota al recordar que la niña claramente sufría durante sus lecciones forzadas cuando la acompañó—. Pero no, supongo que un monstruo no puede tocar el piano.

—No, no puede, —necesitaba cambiar la dirección de la conversación, chasqueó sus dedos llamando la atención de la niña—. ¡Ajá! ¡Ya sé qué es lo que no me cuadra aquí?

—¿De qué hablas? —Caitlin la miró confundida—. No me trates como niña, ya soy grande.

—Lo que hablo es que no me cuadra esa idea que seas un monstruo porque la verdad pienso que eres más bien una futura entrenadora Pokemón.

Esa declaración pareció emocionar a Caitlin, su cabello desarreglado se levantó levemente pero Darach no sintió alguna presión viniendo de ella… más bien juraría sentir algo jovial en el ambiente.

—¿Una entrenadora Pokemón? ¿Es en serio? —Caitlin se cubrió la boca tratando de esconder su sonrisa, pero luego frunció el ceño insegura—. ¿Por qué dices eso?

—Porque yo soy un entrenador y puedo reconocer a uno cuando lo veo, —Darach la miró de pies a cabeza asintiendo con su cabeza convencido—. Definitivamente tienes potencial, te llevas muy bien con mis Pokemons y Gothita está muy bien cuidada.

—¿En serio? ¡Papá dice lo mismo! —Caitlin dio un pequeño salto emocionada y tomó a Gothita de su almohada—. Amo pelear con Gothita… me refiero, papá está muy ocupado pero cuando lo hago, me gusta mucho y siempre trato de ganar porque es genial las peleas y quiero hacer muchas estrategias que…

Sus palabras eran rápidas y su cabello no dejaba de flotar, Darach empezó a entender que sus poderes no solamente se relacionaban con emociones negativas. Respiró profundo y movió su mano tratando de decirle a Caitlin que lo imitara, ella lo hizo y su cabello dejó de flotar al momento que soltó el aire con él.

—Perdón… —Caitlin dejó a Gothita en la cama y miró muy apenada al suelo—. Es que… no sé por qué sigues aquí, todos se van muy rápido y no vuelven.

¿Cuántas veces le pasó para que entendiera lo que se sentía que alguien la dejara atrás? Darach se le acercó una vez más y le dio una reverencia, aceptando su rol profesional en la vida de la pequeña diciendo:

—Yo soy su Valet y eso significa que estaré aquí en las buenas y en las malas. Nunca le tendré miedo y me quedaré aquí todo el tiempo que me necesite. Le doy mi palabra, Lady Caitlin.

La niña pareció conmovida ante las palabras del muchacho y en el momento que Darach se levantó de darle al reverencia, le compartió una sonrisa genuina que la hizo llorar.

Se lanzó a él y lo abrazó muy fuerte escondiendo su cara abajo de su pecho aferrándose a él con su vida.

—Mi Lady… —le dijo incómodo el muchacho tratando de tomarla de los hombros y separarla de él—. Ya hablamos de esto, soy su Valet ahora y no me puede abrazar.

—¡Solo déjame por hoy por favor! —suplicó la niña llorando sobre su camisa—. ¡No me dejes!

No tuvo el corazón para separarla y se limitó a darle unas palmaditas en su espalda sin abrazarla de regreso.

—Te prometo que no me iré a ninguna parte, Caitlin.

La pequeña lloró un poco más y Darach la dejó llorar, quién sabe cuántas veces sufrió por falta de atención en esta jaula de cristal. Mientras la seguía consolando, Darach pensó su verdadera intensión que lo trajo a trabajar aquí: cuidar a la niña que había conocido y ayudarla a controlar sus poderes.

No sabía cuándo podría regresar a viajar por la región para seguir batallando, ese sueño todavía no había muerto, pero por ahora se concentraría en ahorrar dinero, cuidar a su mamá enferma y ayudar a la pequeña princesa que lo necesitaba. Jamás abandonaría a alguien que lo necesitara, aunque eso significara sacrificar algo suyo a cambio.