El cosquilleo en el estómago no puede ser más que hambre, jodida hambre que aparece de la nada.
Me he quedado quieto unos instantes frente a las escaleras, no entiendo el motivo y me molesta no saberlo con perfección. Bajando de ellas viene Hermione Granger con un montón de libros que le cubre la vista ¿Y se supone que es la más inteligente de las brujas? Si no ve por donde camina se va a caer y yo… No la voy a ayudar.
El cosquilleo en mi estómago se intensifica a tal nivel que tengo náuseas ¿Comí algún caramelo con algún hechizo estúpido?
Sigo de pie frente a las escaleras viendo a Granger bajar con cuidado de no caer
¿El imbécil de su novio no la puede ayudar ? ¿En donde está? Lo más probable es que este moviendole la cola a Potter.
— ¿Ese noviecito tuyo no es capaz de ayudarte?
Ella se detiene a tres escalones de distancia, no puedo ver su rostro pero de seguro está fastidiada de escucharme. Sonrió y cruzo mis brazos.
— ¿No tienes otro lugar donde ir a molestar?
Típico de Granger, siempre a la defensiva.
— El castillo es grande y libre, puedo estar aquí, allá o…
—¡Que te trague un basilisco y no vuelvas aparecer en mi camino! —solo puedo escuchar su voz pero ya debe tener su rostro rojo y no precisamente por timidez.
— Eres un completo caso, Granger pero bueno, no me importa de igual forma.
No escucho nada y permanezco de pie, veo que ella comienza a bajar pero su pies se tuerce y pierde el equilibrio. No sé exactamente cómo ocurrió, todo fue tan rápido, en un parpadeo Granger estaba sobre mi cuerpo y yo en el piso.
Se cayó y me llevó con ella.
—¡Demonios, Granger, demonios!
La intentó empujar sin éxito ya que parecía petrificada sobre mis piernas, una posición bastante comprometedora. Cuando observo sus ojos no he podido apartarle la mirada. Esos leves detalles que a simple vista no puedes ver ahora yo los he notado, sus mejillas sonrojadas, sus labios rosas entreabiertos y unos pequeños destellos en los ojos, simplemente maravilloso. Por inercia he apartado un mechón de su cabello de aquel rostro tan… Granger.
Ella se ruborizó completamente al darse cuenta de nuestro estado actual, aparta la vista y titubea unos segundos para luego levantarse con rapidez.
Sentado en el piso aún la sigo observando como limpia de forma torpe el polvo inexistente.
Niego con la cabeza y vuelvo a colocarme de pie frente a ella.
— Lo siento, Malfoy. -- dice en un murmuro, no me mira, mantiene la vista en el piso.—Fue un accidente.
— Claro que fue un accidente. No lo hiciste a propósito para caer en mis brazos, Granger, para eso tienes a la mascota de Potter… Digo, Weasley.
No me responde y sigue sin mirarme. Eso me cabrea más de lo que creí. La veo recoger los libros de forma apresurada y cuando está apunto de salir corriendo le tomó el brazo, evitando que siga con su cometido.
— ¿Y no hay un gracias? Mínimo ¿No?
— Gracias Malfoy… Tengo cosas que hacer, debo irme.
— ¿Con el intento de novio que tienes? Déjame decirte Granger pero eres mucho para un simple idiota como Weasley.
Granger se suelta de mi brazo y me encara con su rostro rojo, sus cabellos rebeldes me tientan a pasar mis dedos por entre ellos. La chica me mira como si tuviera una discusión interna con ella misma.
— No quiero seguir perdiendo el tiempo contigo, Malfoy.
Mete la mano en su túnica y de ella saca una manzana roja. Elevo una ceja.
Granger me coloca la fruta en la mano y se da media vuelta para salir corriendo.
Algo confundido observó la fruta y luego a Granger que me observa sonriente desde la otra punta del pasillo.
