Disclaimer: los personajes usados para este fic son propiedad de J.K. Rowling.

Esta historia participa en el reto "Arcoíris Mágico del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.

Los personajes sorteados son Millicent Bulstrode y Marcus Flint.

DETERMINACIÓN


4º curso.

"Es tan varonil, tan intenso…" Esos eran los pensamientos de Marcus Flint cada vez que veía a Oliver Wood. No podía evitarlo, lo seguía constantemente con la mirada, hacía lo imposible para poder tocarlo, aunque fueran empujones traicioneros, solo para poder saber cómo se sentía su tacto…

Llevaba enamorado de él dos años, desde su segundo curso en Hogwarts y le había visto con el uniforme de quidditch, ¡le quedaba tan bien!

No todo fue fácil, le llevó mucho tiempo asimilarlo: en vez de gustarle las chicas, lo que le gustaba, lo que hacía reaccionar su cuerpo, era un chico, porque sí, solo era él, podría estar con todo su equipo en el vestuario y no importarle, pero en cuanto obtenía un vistazo de Oliver…

Ese año lo pasó fatal, no sabía si sus sentimientos estaban bien o no, si era aceptable por la sociedad, si era lo normal…

En las navidades, de vuelta a su casa, intentó sacar el tema con sus padres, les habló hipotéticamente, mencionando a un conocido de su casa y lo que sucedió fue peor de lo que pensaba.

Su madre le dio una bofetada como si la situación le estuviese pasando a él, que era así, pero en teoría le estaba contando que era un compañero.

Su padre le gritó y le dejó sin comer durante dos días.

Todo eso le llevó a una conclusión: ser gay no era aceptable en su casa, no lo aceptarían si, llegado el caso, tuviera una relación con un chico.


5º curso.

Pasó tiempo indagando en el colegio, disimuladamente preguntaba a sus mayores que opinaban, que creían que era lo mejor y ellos no lo decepcionaron.

La sociedad lo aceptaba, era raro, ya que lo que la mayoría de los sangre pura querían era un heredero para continuar el apellido, pero era aceptable al descubrirse soluciones para ello.

Eso lo hizo más feliz que nada.

Desde ese momento de descubrimiento, tanto hacia sí mismo, su familia y la sociedad en general, se hizo la promesa de que en cuanto acabara el colegio sería el mismo, un hombre gay y orgulloso, a ser posible con Oliver a su lado.

—Es bueno tener esperanzas, pero no sé yo si tu deseo se hará realidad, no parece querer nada de ti, salvo derrotarte en quidditch.

—Milly…

—Lo dijiste en voz alta, solo he hecho un comentario de lo que estabas murmurando.

—Eres de lo que no hay, de verdad.

Millicent Bulstrode, una chica de primer año que conocía desde siempre. Sus familias eran amigas y por lo tanto siempre habían estado juntos. Marcus, de hecho, le mandó una carta cuando decidió cambiar su vida, una carta que le costó más que decírselo en persona a sus padres ya que para él, Millicent, era la persona más importante de su vida.


5º curso.

Ese año se puso en forma, practicó mucho y empezó a cuidar su aspecto, quería hacer todo lo posible para que Oliver lo notara. Dejó de meterse con él fuera de los partidos, de orquestar enfrentamientos sin sentido o frenando los que veía.

Toda su situación personal le dio una nueva perspectiva sobre la sociedad mágica: para los magos sangre pura lo único que importaba era la sangre, las generaciones de sangre mágica que corrían por sus venas, no su valía en un área, no su mente brillante o su esfuerzo, sólo la sangre. Lo mismo pasaba en Hogwarts, las casas estaban enfrentadas entre sí, no había colaboración, ni siquiera entre los de los primeros años en los que apenas se conocía la dinámica del colegio…

Eso era triste, niños que por cosas ridículas se odiaban, se peleaban, y se perdían la compañía de diferentes personas solo por las opiniones sesgadas de las casas.

Desde las sombras, después de todo, hasta los 17 tenía que ser el chico perfecto sangre pura, intentó un cambio entre sus compañeros.

Disimuladamente les empezó a meter en la cabeza sus propias ideas, sus pensamientos acerca del colegio y la sociedad, y con el paso del tiempo, ya tenía un grupo en el que podía confiar y con el que compartía su pensamiento.

—Creo que llevas toda la razón, toda esta separación es innecesaria, cuando salgamos de aquí a nadie más le importará si entraste en una casa u otra— le dijo Millicent un día mientras estaban dando un paseo por los terrenos.

—Por eso es que estoy haciendo esto, porque no es correcto dejarse guiar tanto por unos colores, es decir, veo bien que nos separen, veo bien que fomenten el compañerismo con la casa, pero lo que no veo bien es que enfrenten a los alumnos, si, está bien ser competitivos, pero lo que está pasando entre Gryffindor y Slytherin es pasarse de la raya.

—Ya lo sé, mira a Potter y Malfoy, llevan las diferencias al extremo.

—Y tanto, tienen demasiados prejuicios, en Malfoy causados por su familia y en Potter a saber por qué….

—Se dice que vivió con muggles hasta que le llegó la carta del colegio.

—Pues entonces de su propia casa en contra de los demás. Esto es demasiado triste…


6º curso, en el tren.

Era su objetivo, ese año tenía que salir con Oliver.

Con el paso de los meses, su atracción por el Gryffindor cambió, ya no era un simple gusto por él. Descubrió pequeños detalles que hacían que fuese fascinante para él y que sus sentimientos fuesen poco a poco cambiando: como sonreía cada vez que se montaba en una escoba, como fruncía el ceño cuando algo no le salía en clase o…

—Sí, sí, sí, deja de soñar despierto en cierto león, que tenemos que cambiarnos para salir del tren.

—Milly no sé cómo te las apañas que siempre me destrozas las fantasías.

—Es un don, ¿no lo sabías?

Marcus negó con la cabeza frustrado con la chica y empezó a quitarse la ropa, justo cuando el tren se detuvo y alguien abrió la puerta precipitadamente.

—Oh, lo siento, me empujaron contra ella.

Para su buena, o mala suerte, según se mirara, quien estaba en la puerta era su amor secreto, Oliver Wood.

—No pasa nada, se le pasó el tiempo y se tiene que cambiar— comentó a la ligera Milly, haciendo que automáticamente los ojos de Oliver se fueran a su cuerpo y no precisamente con asco.

—Sí, bueno, me tengo que ir. Lo siento otra vez.

—No pasa nada — consiguió decir con timidez— te veré por ahí.

—Sí, ya nos veremos…

Con lentitud se giró hacia la puerta y dándole una última mirada, se fue.

—Vaya, creo que te debo una disculpa.

—¿Qué? ¿Por qué? — Marcus todavía estaba en la luna, después de la visita de Oliver.

—Por la forma en la que te estaba mirando, no era asco precisamente.

—¿De verdad? — Preguntó ilusionado— a ver, yo no le noté nada malo, pero no estaba seguro…

—De verdad, te estaba comiendo con los ojos.

Con eso, Marcus fue el chico más feliz del mundo.


6º curso, durante el primer o segundo mes

A raíz de ese encuentro, tanto Marcus como Milly se dieron cuenta que el comportamiento del Gryffindor era distinto a otros años: no lo miraba con asco, ni con rencor, aunque habían ganado algunos partidos de quidditch, era más curiosidad que otra cosa.

Pero lo que más le llamó la atención a Milly fue como al pasar de los días, las miradas fueron cambiando, primero curiosidad, después frustración, confusión y la que más le gustó, aceptación, y cuando vio esa, sonrió satisfecha, se acercaban tiempos buenos.


6º curso, Navidad

Marcus poco a poco se fue frustrando, había intentado tener conversaciones con Oliver, ya fuese de quidditch o de las clases o del tiempo, el gryffindor no le daba tregua, en cuanto le oía decir su nombre, se daba la vuelta y no lo volvía a ver durante un par de días, por un momento creyó imaginarse la mirada que le dio en el tren.

Nada lo hubiera preparado para el día de Navidad.

Después del fiasco de las vacaciones del año anterior, Marucus prefirió quedarse en Hogwarts con sus amigos en vez de ir a casa, no estaba dispuesto a una repetición del verano, que fue de total indiferencia hacia él, así que en vez de amargarse y quedarse en su sala común, ese día en concreto, se fue al campo de quidditch para volar un rato.

Pero nada de lo que había planeado salió bien, aunque si se lo preguntases ahora, fue todavía mejor.

Estaba yendo hacia los vestuarios, cuando le dieron un empujón, metiéndolo directamente en el vestuario de los chicos, aún con su desorientación, oyó el clic característico de una cerradura bloqueándose y al darse la vuelta, vio el rostro sonrojado de Oliver Wood. Antes de que pudiera decir cualquier palabra, el moreno negó con la cabeza, dándole a entender que tenía algo que importante que decir primero.

—Antes de nada quiero disculparme por mi comportamiento, he sido un total idiota contigo estos meses, pero tenía algunas cosas que pensar y quería estar seguro de ello.

—Tú dirás…— acertó a decir Marcus un poco descentrado por la conversación tan inverosímil que estaban teniendo.

—Bueno, para empezar…— Oliver se empezó a pasear con nerviosismo por el cuarto, parecía que las palabras le habían abandonado.

—Wood…

—¡No! Quiero decirte una cosa, así que déjame hacerlo— Marcus se encogió de hombros y esperó— primero, quiero que me llames Oliver, sé que nunca nos hemos llamado por nuestros nombres, pero después de lo que tengo que decir, es lo más acertado y segundo, creo que me he enamorado de ti.

Marcus se quedó helado al oír la declaración del gryffindor, ni en sus mejores sueños eso pasaba, ¡no sabía cómo reaccionar!

— ¿Estas bien? Sé que es mucho para asimilar, que tu rival se te declare, pero después de verte todo este tiempo, pensé que…

—¡Sí! Yo… también estoy enamorado de ti.

La mirada de incertidumbre de Oliver cambió a una de alegría infinita, para deleite de Marcus, que suspiró aliviado.

—Así que… tú estás enamorado de mí, y yo estoy enamorado de ti, creo que eso significa algo, ¿no?

—Sí, creo que sí.

Con lentitud, se fueron acercando, hasta que estuvieron a meros centímetros.

—Para empezar, creo que un beso sería lo adecuado.

—Sí, eso creo yo también…

Y si, en ese maloliente vestuario de quidditch, Oliver Wood y Marcus Flint se dieron su primer beso, para burla de Milly cuando su amigo se lo contó todo emocionado.

—Nunca me imaginé que fuese así.

—Así, ¿cómo?

—Tan intenso, tan, no sé… especial.

Oliver lo recompensó por sus palabras con una gran sonrisa.

—Bueno, no es que yo haya tenido mucha experiencia, pero besos sí que he dado y sí, éste ha sido el más especial de todos, quizás tiene que ver con los sentimientos, más que con las acciones, ¿no crees?

—Sí, puede ser… y ya te digo que yo no tengo ninguna experiencia, por decirlo de alguna manera, tenía la esperanza… de que tu fueras…

Oliver no le dejó terminar la frase ya que lo abrazó y lo besó con todas sus fuerzas. Riendo por la acción del moreno, Marcus lo abrazó a su vez.

Estuvieron así un montón de rato, hasta que Marcus, con gran pesar lo detuvo, tenía que contarle sobre su familia, no podía dejarlo, ya que eso iba a influir negativamente en su relación, si es que Oliver después de escucharlo, quería seguir estando con él.

—No quiero ser aguafiestas, pero tengo que decirte algo antes de que hagamos algo más o pasemos más tiempo juntos, es algo importante que te puede hacer cambiar de opinión una vez que lo oigas, pero tengo que decírtelo.

Con gran pesar, Marcus se lo contó todo, sus sentimientos hacia él desde hacía tanto tiempo, como lo sobrellevo, sus dudas hacia el mismo por no ser "normal", la reacción de sus padres ante esa situación, todo. Quería empezar siendo sincero con él, no dejarse nada que pudiera perjudicar lo que podrían tener entre ellos.

Después de su discurso, Oliver no dijo nada, solo se le quedó mirando, hasta que después de un rato, se le acercó, le acarició la mejilla y sonrió con cariño.

— ¿Sabes una cosa? Nunca pensé que fueras así, tan sincero, tan directo, tan… tan tú. Llevo desde que te vi en el tren imaginándome como sería estar contigo físicamente, tu sabes, al principio pensé que mi cuerpo y mi mente estaban locos, ¿Cómo después de tanta rivalidad, tanto rencor entre ambos podía reaccionar así ante ti? Pero con el paso del tiempo, no fue solo físico. Te vi a ti, no al jugador buenísimo (en todos los sentidos) de quidditch, sino que vi a la persona que se preocupa de sus compañeros menores, la persona que se queda sin descanso para poder explicarle a un amigo la tarea, vi a la persona caritativa y amable, nada como yo pensé que fueras. Y eso me llegó, porque sin más, me empezaste a gustar, me gustó tu comportamiento, tus tímidos intentos de llegar a mí, tú, entero. Y eso me convenció de que valías la pena, de que quería estar contigo, así que estas navidades han sido las primeras que paso en el colegio, que dejo a mi familia, porque quería estar contigo, quería que nos diéramos una oportunidad, me da igual que tenga que ser en secreto, que nadie lo pueda saber— se encogió de hombros mientras seguía acariciándole con ternura— mientras esté contigo, no me importa.

Marcus sólo cerró los ojos, respirando fuerte, y lo volvió a abrazar, sintiendo esa sensación de sentirse querido, de saber que le importaba a alguien tanto para que se sacrificase por él.

Cuando volvió esa noche a la sala común, no tuvo que decirle nada a Milly, ésta al verle solo sonrió con alegría y lo abrazó.


6º curso, Navidad

—Es excitante encontrarnos a escondidas, ¿no crees, Marcus?

—Ahora sí, ya veremos dentro de un tiempo…

—Eres demasiado negativo.

—Y tu demasiado optimista.

—Y así me quieres, ¿no?

—¡Que remedio!

—¡Oye!

Marcus sólo lo abrazó más fuerte y le dio un beso, la verdad es que el secretismo era como un afrodisíaco, pero aun así, estaba preocupado, no lo podía evitar.

—¿Entonces mañana nos vemos otra vez?

—¡Por supuesto! Y pasado mañana y al día siguiente, y si de mí dependiera todos los días.

—A veces eres un romántico…


6º curso, abril

—Te deseo mucho, Oli…

—Y yo… ¡Merlín y yo!

—¿Esta noche?

—¡Vale!

Se separaron con dificultad del abrazo en el que estaban y con un último beso se despidieron.

Cuando Marcus se reunió con Milly más tarde ese día, estaba pletórico de alegría.

—¿Por fin vais a estar juntos?

Marcus la miró con espanto.

—Deja de pensar en esas cosas, eres demasiado pequeña para eso ¡te lo prohíbo!

—Como si pudieras, además, te ves solo de esa manera, anhelando contacto.

Y con esa frase, salió corriendo, riéndose del moreno que la miraba como si estuviese loca, pero lo dejó pasar, ya que ese día era el DIA y no quería que nada ni nadie se lo estropease.

Se fue con tiempo a su rincón secreto, que era nada más que una habitación alejada de todo el mundo, polvorienta y llena de trastos inservibles. Así que con paciencia la empezó a limpiar y a recoger, cosa que le venía bien para practicar sus hechizos domésticos ya que, si todo iba bien, se iría de casa nada más finalizar su último año en el colegio y no tendría elfos para que le ayudaran con los quehaceres domésticos.

Tardó dos horas, pero la mirada de su novio cuando vio el cambio en su rincón secreto, valió la pena el esfuerzo.

—Marcus…

—Te lo mereces, Oli, ésto y mucho más, ven aquí, anda.

Con lentitud observando la habitación, se acercó a la gran cama que la presidia, donde ya estaba ubicado su novio. Sintiéndose travieso, se fue quitando la ropa poco a poco, ocasionando que la respiración de Marcus se dificultara al ir viendo su cuerpo desnudo.

—También te tendrás que desnudar, ¿no crees?

Asintiendo, Marcus se fue quitando la ropa, para deleite del gryffindor que se tumbó, ya desnudo, para observar el espectáculo. Cuando ambos lo estuvieron, Oliver se acercó a él, se tumbó encima y le besó con fuerza.

—Eres tan guapo… tan seductor, Merlín, Marc, como me pones.

Con lentitud le fue besando las mejillas, el cuello, el torso, todo lo que estaba a su alcance, no podía parar, era adictivo.

Por su parte, Marcus, empezó a acariciarle el cuello, la espalda, el culo, sintiendo la sedosidad de su piel, la dureza de sus músculos.

Con ternura, Oliver le mordió las tetillas, disfrutando de su textura y sabor, del placer que él le estaba provocando.

Marcus lo estaba sintiendo todo, como lo acariciaba, como lo lamía… todo y sabía que sólo era el comienzo. Oliver siguió bajando hasta que encontró su pene erecto y con un murmullo de placer, empezó a lamerlo, torturándolo por el placer que sentía, siguió así durante un rato, hasta que Marcus no pudo más y con fuerza le cogió la cabeza para que hiciera algo, logrando solamente una risa burlona, pero, compadeciéndose, volvió a coger la erección y se la tragó entera, chupando con fuerza, alternando algunos mordisquitos suaves, cuyo único propósito era enervar al slytherin, el cual se corrió a los pocos minutos.

-¡Dios! ¡Oliver!- gritó él, cayendo de golpe en la cama, respirando irregularmente, a lo que contestó con un beso, impregnado de su propia esencia.

Con un poco de ayuda de Oliver, Marcus pronto estuvo a punto y preparado para poder recibir a su novio. Y así fue, en la misma postura en la que estaban (Oliver tumbado en la cama y Marcus a horcajadas sobre él), se empezó a introducir lentamente el miembro de su novio, cuando estuvo completamente dentro de él, esperó un poco para acostumbrarse a la intromisión, cuando estuvo listo, se acercó a Oliver para darle un beso y con su ayuda pudo empezar a moverse a un ritmo bastante rápido, pero profundo.

—Marcus, Oh, Merlín.

—¡Oliver!

Eso era lo único que se oía en la habitación, eso y la respiración acelerada de ambos.

Duraron poco, ya que Oliver empezó a masturbarlo y no pudo soportarlo más, Marcus se corrió en la mano del gryffindor, siendo imitado al momento por él. Luego, cayó sobre la cama, siendo recibido por Oliver gustosamente, dándole un beso bastante apasionado

—Te amo, Oliver.

—Creo que yo lo hago más, Marcus, mucho más.

Con un último beso, se quedaron dormidos, esa había sido la mejor noche de sus vidas


El tiempo fue pasando, se veían cuando podían, cuando sus obligaciones no les ocupaban todo el día o sus amigos los entretenían. Era difícil escaparse, pero su círculo de amigos ya habían dado por su puesto su relación con una chica tímida que no quería ser presentada, así que por ese lado su relación estaba a salvo, con la excepción de Milly, por supuesto, que lo había sabido desde el principio y la había aprobado.

Todavía no quería que sus padres lo supieran, así que callaba. Pero había días mejores y otros peores, días en los que se culpaba por la situación…


7º curso

En mitad del pasillo del tercer piso, dos chicos se encontraban entablando una conversación un tanto extraña para personas ajenas a ella.

— ¿Tienes tiempo esta noche? Quiero verte…

—No puedo hoy, tengo entrenamiento y luego comentaremos las tácticas y lo demás. ¿Qué tal mañana?

—No… mañana me toca a mí el entrenamiento.

—Vaya…

—Esto es una mierda, ¿por qué no podemos ser como las demás parejas que pueden estar sin ningún problema en público? No es justo, quiero poder pasear contigo de la mano, quiero abrazarte en cualquier momento, quiero…

—Lo sé, Oliver, lo sé.

Dio un vistazo a su alrededor y al no ver a nadie más que a ellos, se acercó y lo abrazó con fuerza.

—Lo siento, Oli, lo siento, si no fuese por mi familia….

El Gryffindor no dijo nada más, sólo lo sujetó con fuerza, no queriendo separarse de él.


Y días en los que solo quería gritarlo al mundo…


7º curso, Navidad

—Hoy es un día especial, Milly, hoy hacemos 1 año juntos, ¿no es genial?

Marcus estaba feliz, después de muchos problemas, de muchas dificultades seguían juntos y no deseaba más que estar con él, sentirse querido por él.

—Sí, me enteré cuando me lo dijiste por quinta vez.

—Lo siento, es que estoy muy feliz.

Ella lo miró con cariño y sonrió

—Lo sé, ve con tu galán, anda, que te estará esperando.

—Te quiero, renacuaja, lo sabes, ¿verdad?

—Sí, lo sé ¡y no me llames renacuaja!

Con una carcajada, Marcus se dirigió a su habitación secreta, consiguió llegar antes que Oliver y la arregló como quería, después de todo, un año, era una cifra muy especial.

—Te ves genial hoy Marc. ¿Celebramos algo? — le preguntó con burla Oliver cuando entró en la habitación.

—No lo sé, dímelo tú.

Fingió pensar durante un rato y negó con la cabeza.

—No, lo siento, no se me ocurre nada.

—Anda, ven aquí y deja de jugar.

Con una carcajada, Oliver se dejó guiar y lo abrazó.

—Un año, ¿verdad?

—Y los que nos quedan, Oli, y los que nos quedan.

—Si…

Después de hacer el amor, cuando ya estaban medio dormidos, Marcus hizo la pregunta más importante para su futuro.

—Oli, ¿quieres vivir conmigo cuando acabemos el colegio?

Medio dormido como estaba el gryffindor no reaccionó, pero al descifrar lo que su novio había dicho, se incorporó rápidamente, mirándolo con atención.

—En cuanto llegue a casa en las vacaciones de verano se lo voy a decir a mis padres, ellos me echarán, desheredarán y no sé qué más, pero tengo dinero ahorrado tanto de mis regalos de cumpleaños y navidad como de una herencia que me dejó mi abuela, puedo alquilar un apartamento o si lo prefieres una casa y podríamos vivir juntos ahí.

Oliver siguió sin decir nada, poniendo demasiado nervioso a Marcus, que empezó a balbucear.

—Bueno, si no te parece buena idea podemos dejarlo, igual piensas que somos muy jóvenes o no se lo has dicho a tus padres y no quieres vivir con nadie o…

Con lentitud Oliver le puso un dedo en los labios, callando lo siguiente que fuese a decir, tomando él la palabra.

—Para empezar, te amo, Marc y sé que no te lo he dicho, pero le conté todo a mis padres en el verano, en cuanto llegamos, así que, si, saben de ti. Por otro lado ha sido un poco a traición que me lo preguntaras así, cuando ya estaba medio dormido y no pude reaccionar, porque si te hubieras atrevido a preguntármelo antes, te hubiera respondido al instante que sí. Qué es lo que más quiero en el mundo, aparte que el P.U. me fiche, por supuesto— Marcus sonrió ante el comentario ya que ya estaba fichado por el equipo, al igual que él por los F.F. pero dejó de sonreír al procesar la palabra que había dicho antes: SI.

— ¿Si?

—Sí, Marcus, sí.

—¡Sí!

Se incorporó y lo abrazó con fuerza, demostrando así, lo feliz que le había hecho, lo alegre que estaba de que para el moreno, su relación fuese tan importante… No es que no lo supiera, pero esto era la confirmación que necesitaba para poder salir ante sus padres.

—Te amo, Oli, no sabes cuánto.

—Creo que sí, Marc, creo que sí.


Epílogo

Y eso hicieron.

Después de que acabase el colegio, Marcus se fue de su casa, desheredado, tal y como había anticipado, pero feliz de estar fuera de su control. Juntos, miraron pisos, apartamentos y casas y al final se decidieron por un ático muy céntrico en el Londres muggle. Con ayuda de los padres de Oliver se mudaron y empezaron a vivir allí juntos.

Al principio todos sus amigos y conocidos se lo tomaron fatal, no creyendo que unas personas tan distintas, tan opuestas en muchas cosas hubieran forjado una relación como la que ellos tenían, pero el tiempo les dio la razón, eran el uno para el otro.


—Sabes que me debes un buen regalo, ¿verdad?

—¿Por qué?

—Porque gracias a mi estamos aquí hoy.

Marcus miró a Milly con burla y negó con la cabeza.

—Creo recordar que Oliver me empujó a los vestuarios cuando empezamos a salir.

—Sí, pero gracias a que te desnudaste en el tren y a mi comentario, Oliver se fijó en ti.

—No, Oli me dijo que ya me había notado de antes.

—Eso no te lo crees ni tú.

Milly le sacó la lengua y se dirigió hacia el novio, ahora marido, de Marcus para discutir ciertos detalles. Y la estampa le encantó: como tenía la suerte de tener a esas dos personas tan queridas para él en su vida. En ese momento, Oliver se giró para verle.

—Te amo.

—Yo te amo más.

Sí, tenía mucha suerte, pero más que suerte, lo que hizo que tuviera lo que ahora disfrutaba era la determinación de no querer cambiar, de seguir siendo el mismo y de seguir pensando como él lo hacía, sin dejarse influenciar por la gente a su alrededor.

FIN