EL JUEGO MÁS IMPORTANTE en la carrera de un lanzador novato que todavía no ha debutado. Es su seguimiento. La segunda ronda. Donde tiene que demostrar que es consistente. Confiable.
Hoy es mi juego de seguimiento. El día que le demuestro a Candy que ella no se va a deshacer de mí y que yo soy un infierno de jugador. Comencé con algo simple. Elegante. Algo menos en-tu-cara que The Three Man Band. Después de todo, no siempre necesitas una bomba atómica para ganar la guerra.
Conseguí que la oficina de Candy esté llena de globos.
Miles de ellos.
Cada uno impreso con un LO SIENTO.
¿Demasiado? No creo eso tampoco.
Luego hice que entregaran un pequeño regalo a su oficina. De Tiffany. Una pequeña caja azul con una nota:
Ya tienes el mío.
Terry
Dentro de la caja, en una cadena de platino, está un impecable corazón de diamantes de dos quilates.
¿Sensiblero? Claro que sí. Pero las mujeres aman esa mierda cursi. Al menos según las películas que me quedé viendo hasta las tres de la madrugada.
Espero que esto derribe a Candy de sus pies. Justo sobre su espalda, y estoy seguro de que no tengo que decirte cuánto me gusta en esa posición.
Es broma.
Algo así.
Además, tengo la sensación que Candy no está acostumbrada a recibir regalos, al menos no de ese calibre. Y debería estarlo. Merece ser consentida. Tener cosas hermosas. Cosas bellas. Su ex novio idiota no podía permitírselo y probablemente no habrá pensado en dárselos.
Cosas que yo puedo. Y hare.
Quería estar ahí cuando ella lo abriera. Para ver la mirada en su cara. Pero tengo una reunión.
—Terrence Grandchester. Sigues tan guapo como el mismísimo diablo. ¿Cómo has estado, mi chico?
¿Ves a esa mujer abrazándome en mi oficina? Sí, la de pelo castaño, ojos azules, que sigue siendo un nocaut, incluso en sus cincuenta. Ella solía ser mi maestra de sexto. En aquel entonces, su piel era tan suave y cremosa como su acento irlandés. Y tenía un cuerpo que rogaba por el pecado. Montones y montones de pecado.
Fue mi primer amor. La primera mujer con la que alguna vez me masturbé.
Mi primera fantasía como-la-señora-Robinson, en una mujer mayor.
Hermana Maria Beatrice Dugan.
Sí, me has oído bien — es una monja. Pero no cualquier monja, niños. La hermana Beatrice era una NILF. No necesito deletrear eso por ti, ¿verdad? A nun I'd like to fuck - Una monja que me gustaría follar
En esos días, era la monja más joven que alguno de nosotros había visto, a diferencia de las brujas amargas, de toga negra que parecían lo suficientemente viejas como para haber estado alrededor cuando Jesús vivía. El hecho de que era una de mujer hábito —prohibida— y en una posición de poder sobre nosotros los traviesos católicos sólo lo hizo mucho más erótico.
Ella podría haberme pegado con una regla en cualquier momento.
Y no era el único que lo pensaba. Pregúntale a Archie.
Cuando teníamos trece, Estelle notó que Archie estaba haciendo gestos de dolor cuando caminaba. Ella lo arrastro con quejas y gemidos al médico, donde rápidamente fue diagnosticado con CPS.
Síndrome de pene demasiado gastado.
El doctor le dijo a Estelle que la condición había sido causada por permanecer mucho tiempo en el bañador húmedo. Y ella le creyó. Aunque era noviembre. El pene de Archie estaba en carne viva, pero no era por culpa de un puto traje de baño.
Fue por la hermana Beatrice.
—Esta tan impresionante como siempre, hermana B. ¿Se ha decidido a dejar la orden ya?
No voy a la iglesia. Ahora ya no. Soy un montón de cosas, pero un hipócrita no es una de ellas. Si no vas a jugar según las reglas, no apareces en las reuniones del equipo. Sin embargo, durante los años, he seguido en contacto con la hermana Beatrice. Es la principal en St. Mary ahora, y mi familia siempre ha donado generosamente.
Ella da una palmadita en mi cara. —Chico atrevido.
Guiño el ojo. —Vamos, hermana, seamos justos. Dios la ha tenido, ¿por qué? ¿Treinta años? ¿No cree que sea tiempo de darle al resto de nosotros una oportunidad?
Sacude la cabeza y sonríe. —Ah, Terrence, esos encantos tentarían la virtud de un santo.
Le entrego una taza de té y nos sentamos en mi sofá sin adulterar.
—Me sorprendió tu llamada. Y estoy un poco más que curiosa. ¿En qué hueco te has metido, mi chico?
La llamé ayer. Y le dije que necesitaba ayuda.
—Tengo un amigo con el que me gustaría que hablara.
Sus ojos centellearon. —¿Sería este amigo una dama?
Sonrío. —Sí. Candice White.
—Siempre fuiste de los que besaban a las chicas y después las hacia llorar. ¿Y sobre que te gustaría que hablara con la señorita Candice? No te has metido en el camino de una familia, ¿cierto?
—Cristo, no.
Ella levanta una severa ceja hacia mí.
—Lo siento.
Asiente con la cabeza y sigue. —Esperaba que pudiera hablar con ella... del perdón. Segundas oportunidades. Redención.
Toma un sorbo de té y parece pensativa. — Errar es humano; perdonar, divino.
Exactamente. He pensado en enviar a Archie o Albert para defender mi causa. Pero ellos están demasiado parciales. Candy nunca lo compraría. Y antes de que preguntes —no— nunca enviaría a La Perra. Es muy riesgoso. Cuando se trata de persuasión, mi hermana es como un león de mascota. ¿Dulce y juguetón un minuto, pero si haces el movimiento equivocado? Ella podría arrancar tu puta cara.
La hermana Beatrice es una mujer religiosa. Amable. Honesta. Si alguien puede convencer a Candy de que los hombres —de que yo— soy capaz de cambiar, es ella. El hecho de que me adore casi tanto como la mujer que me dio a luz no duele tanto.
—¿Y que podría estar necesitando la jovencita perdonar?
Levanto mi mano. —Eso sería yo.
—Jugando las cartas, ¿cierto?
Me encojo de hombros afirmativamente. —Y he intentado todo lo que puedo pensar para compensarlo. —Aparte de tatuarme su nombre en mi culo y
correr desnudo por el estadio Yankee.
Lo guardaba para la próxima semana.
—A menudo los hombres quieren lo que ya no tienen, Terrence. Me gustaría pensar que no eres ese tipo de hombre. Si voy a hablar con la joven y convencerla de que puede confiar en ti con su corazón, ¿qué vas a intentar hacer con eso?
Miro en sus ojos celestes. Y hablo sin rastro de duda:
—Lo apreciaría. Voy a hacer cualquier cosa que tenga que hacer para que ella sea feliz. Durante el tiempo que me deje.
Una sonrisa lenta se propaga a través de la cara de la hermana Beatrice. —Y dicen que los milagros no suceden más. — Deja su taza a un lado y se levanta—.Parece que tengo trabajo por hacer al señor. ¿Dónde estás escondiendo a la querida niña? ¿Está esperándome?
—Me tomé la libertad de hablar con la secretaria de Candy. Está esperando a alguien. No sabe que eres tú.
Ella ríe. —¿No crees que eso agitara sus plumas un poco?
—Probablemente. Pero no se desquitara contigo. Ahorrará todas sus plumas para mí.
Nos dirigimos hacia la puerta.
—¿Has probado rezar, Terrence? La oración es una cosa muy poderosa.
—Creo que sus oraciones son un poco más potentes que las mías en estos días.
Ella sonríe y toca mi mejilla como lo haría una madre.
—Todos somos pecadores, mi chico. Solo que algunos de nosotros disfrutan más que otros.
Me echo a reír mientras abro la puerta.
Y luego la sonrisa se desliza de mi cara cuando miro a Val. Está de pie delante de mi oficina con los brazos extendidos. Bloqueando. La mujer que esta frente a ella.
Quién resulta ser Annika Britter.
Después de que Val acompaña a la hermana B a la oficina de Candy, me giro hacia Annika. Lleva un corpiño negro, pantalones de cuero ajustados y tacones de aguja rojos. Si esto es lo que usa para trabajar, no puedo imaginar lo que lleva en el dormitorio. Debe ser interesante.
Albert pasea hacia nosotros, sus ojos sobre la figura en retirada por el pasillo.
—¿Era esa la Hermana Beatrice?
—Sí.
Él asiente apreciativamente. —Genial.
¿Ves? NILF. Te lo dije.
Sonríe malévolamente a Annika. —Oye, Anni, ¿Archie te conto sobre la hermana B?
—Más o menos. Él nos presentó en la iglesia la semana pasada.
A diferencia de mí, Archie aún atiende a la iglesia regularmente. Le gusta mantener sus bases cubiertas, por si acaso.
La sonrisa de Albert se vuelve más amplia. Como un niño que va a delatar a un hermano.
—¿Te dijo acerca de la CPS?
Su frente se arruga. —¿Qué es CPS?
—Pregúntale a Archie. Él te dirá. Es un experto en eso. — Él me empuja con el codo—. Karen y Mackenzie vienen más tarde. ¿Quieres unirte a nosotros para el almuerzo?
Me rasco detrás de la oreja. —No puedo. Tengo una reunión con un tipo...acerca de algo.
Es un Skywriter. Se supone va a volar por encima del edificio a las cuatro.
Sólo necesito idear que es lo que va a escribir. Pero no quiero que Annika lo sepa.
Tengo que evitar que advierta a Candy antes de tiempo.
Albert asiente con la cabeza. —Muy bien. Más tarde.
Miro a Annika en los ojos. Y le enseño una de mis clásicas sonrisas.
Ella sólo me fulmina de nuevo.
Debo estar perdiendo mi toque.
—Tenemos que hablar.
Hay sólo unas cuantas razones del por qué Annika Britter quiera hablar conmigo en este momento de mi vida. Ninguna de ellas es agradable.
Señalo hacia mi oficina. —Entra.
Así es cómo se debe sentir invitar a un vampiro en tu casa.
Me siento detrás de mi escritorio. Ella se queda de pie.
¿Alguna vez viste Animal Planet? Las mujeres son como una manada de elefantes. Se mantienen juntas por protección. ¿Y si uno percibe peligro? Todos hacen una estampida.
Tengo que jugar esto con cuidado.
—¿Qué puedo hacer por ti, Annika?
—La castración sería genial. Pero me conformo con que te tires desde un puente. He oído que Brooklyn es agradable en esta época del año.
Sí, esto va a ser divertido.
—A parte de eso.
Apoya sus manos en mi escritorio y se inclina, como una serpiente preparándose para atacar—. Puedes dejar de joder con la cabeza de mi mejor amiga.
No hay problema. La cabeza de Candy no es la parte del cuerpo que estoy buscando joder en este momento. ¿Crees que debería decirle eso? Probablemente no.
—No sé de lo que estás hablando.
—Hablo de la semana pasada, cuando la tratabas como un condón usado. Y ahora, de repente, eres todo flores, notas de música y amor.
Escucho hablar de eso, ¿verdad? Es una buena señal.
—Así que estoy pensando o que tienes un desorden de personalidad, causado por la furiosa sífilis circulando por tu torrente sanguíneo o tienes un picor por un buen reto. En cualquier caso, quítate, imbécil. Candy no está interesada.
No me van los desafíos. Cuando Candy me rechazo la primera noche en REM, ¿la perseguí? No, me fui con la cosa segura. La salida fácil.
O en ese caso en particular, el doble juego.
—Dejémonos de mierda. Ambos sabemos que Candy está muy interesada. No estarías tan ansiosa si ella no lo estuviera. En cuanto al resto de tus preocupaciones, yo no juego con la cabeza de nadie. Y hay una línea de mujeres en todo el edificio dispuesta a rascar cualquier picazón que yo pueda tener. Esto no es sobre sexo
Me inclino hacia adelante en mi escritorio. Y mi tono es suave y persuasivo, como si se tratara de un cliente. Uno que necesito convencer de estar a mi lado. — Admito que mis sentimientos por Candy me pillaron desprevenido y al principio, me encargue mal de las cosas. Es por eso que estoy haciendo todo esto, para demostrarle que me preocupo por ella.
—Te preocupas por tu polla.
Realmente no puedo discutir con eso.
Se sienta frente a mí—. Candy y yo somos como hermanas. Más cercanas incluso. Ella no es el tipo de chica de una aventura de una noche, nunca lo fue. Es del tipo de una relación. Es muy importante para mí que esté con alguien que la trate bien. Un hombre.
No podía estar más de acuerdo. La mayoría de los chicos estarían dispuestos a sacrificar una extremidad por alguna sustanciosa acción de chica con chica.
Excita, en grande. ¿Pero cuando se trata de Candy? No planeo compartir. Con uno u otro sexo.
—La última vez que revisé, eso soy yo.
—No. Eres un perro. Ella necesita un buen hombre. Un hombre agradable.
Los buenos son aburridos. Necesitas un poco de mal para mantener bien las cosas. ¿Y los agradables? Los agradables tienen algo que esconder.
Los vecinos de Jeffrey Dahmer pensaban que era un buen tipo. Hasta que encontraron las cabezas en su congelador.
Cruza sus brazos y su voz se vuelve triunfante. Presumida. —Y conozco a alguien que es perfecto para ella. Trabaja en el laboratorio. Es inteligente. Es gracioso. Su nombre es Bert.
¿Bert?
¿Está bromeando? ¿Qué clase de enfermo hijo de puta llama a su hijo Bert en este día y edad? Eso es cruel.
—Él demostrara a Candy un buen rato. Planeo presentarlos este fin de semana.
Y planeo esposarme al tobillo de Candy y comerme la clave. Vamos a ver qué clase de buen momento Bert puede mostrarle a Candy cuando me esté arrastrando detrás de ella como un gemelo siamés.
—Tengo una idea mejor. Qué tal vamos doble. Tú y Archie, Candy y yo.
Vamos a salir. Me dará la oportunidad de mostrarte cómo de perfectos Candy y yo somos el uno para el otro.
—Está bien, ahora suenas como un acosador. Tuviste tu oportunidad, la cagaste, supéralo. Elige algún otro número de tu libreta y deja en paz a Candy.
Me levanto. —Contrariamente a lo que crees que sabes, yo no soy una escoria serial. No voy detrás de las mujeres, no lo necesito. ¿Quieres que le diga a Candy que lo siento? Lo estoy haciendo. ¿Quieres una garantía de que nunca le haré daño otra vez? Te lo puedo pasar por escrito, y lo firmaremos en sangre si te hace feliz. Pero no me pidas que la deje sola, porque no lo haré. No puedo.
Ella no se mueve. Su rostro está inmóvil y tan duro como una estatua enojada. Y mi argumento está haciendo mella casi tanto como un puto palillo de dientes.
—¿Archie te dijo cómo estaba? ¿Parezco el tipo de persona que va catatónico por cualquier mujer? Dios, Annika, yo jodidamente la adoro.
Ella resopla. —Hoy. La adoras hoy. Pero ¿qué pasa si ella cede? ¿Cuándo pase la novedad y el sexo se vuelva aburrido? ¿Y alguna nueva perra en celo se cruce en tu camino y quiera que tu olisquees su culo?
El sexo no es aburrido. No si lo estás haciendo bien.
—No quiero a nadie más. Y no veo que eso vaya a cambiar en cualquier momento... nunca.
—Creo que estás lleno de mierda.
—Estoy seguro que lo haces. Si tu jodes a Archie de la manera que yo lo hice con Candy, también te escribiría. Pero lo que tú piensas no cambian lo que Candy quiere. Y en el fondo, aunque ella no lo admita sin embargo, ese soy yo, cariño.
—¿Podrías estar más pagado de ti mismo? Puedes tener dinero, pero no puedes comprar clase. O integridad. No estas ni siquiera cerca de ser lo suficientemente bueno para Candy.
—Pero ¿crees que tu primo si?
—No, nunca. Neal es un idiota inmaduro, y sé que esa relación no iba para ninguna parte durante mucho tiempo. Durante años intenté hablar con ella. Hacerle ver que ella y su relación se habían vuelto más sobre la amistad que el amor verdadero. Pero por ese entonces nuestras vidas, nuestras familias, estaban tan entrelazadas, que creo que ambos tenían miedo de romper y perder más que el uno al otro. Pero él lo hizo, la amo. Estoy segura de eso. Sólo que siempre ha amado a su guitarra más.
Ella empieza a pasearse frente a mi escritorio. Como una profesora en el salón de clases.
—Terry, hay tres clases de hombres en este mundo: niños, chicos y hombres. Los niños, como Neal, nunca crecen, no toman nada en serio. Sólo se preocupan por ellos mismos, su música, sus coches. Los chicos, como tú, son solo números y variedad. Como una línea de ensamblaje, es una aventura de una noche tras otra. Luego hay hombres, como Archie. No son perfectos, pero aprecian a las mujeres más que por su flexibilidad y la succión de su boca.
No está equivocada. Deberías escucharla.
La única parte que no entiende, sin embargo, es que a veces uno no puede ser un hombre hasta que no ha conocido a la mujer correcta.
—No puedes juzgarme. Apenas me conoces.
—Oh, te conozco. Créeme. Fui concebida por un tipo como tú.
Mierda. Problemas de papi. Son los peores.
—Candy y yo nos cuidamos entre las dos. — continúa ella. —Siempre lo hemos hecho. Y no voy a dejar que sea otra muesca en tu cama revestida de ETS.
¿Nunca te has golpeado la cabeza contra una pared?
¿No?
Observa con atención. Así es como se ve.
—Ella no lo es. ¡Eso es lo que he estado tratando de decirte! ¿En qué puto idioma te gustaría oírlo?
—No lo sé. ¿Hablas algo más que imbécil?
Pellizco el puente de mi nariz. Siento que un aneurisma se aproximara.
—Estas bien, mira, ¿no me crees? Genial. Habla con Archie. Confías en él, ¿no? A él no le gustaría que este jodiendo alrededor de la mejor amiga de su novia si yo no estuviera jugando seguro.
Ella agita la mano en el aire. —Eso no prueba nada. Los penes se mantienen juntos.
Jesús, María y José.
Restriego mi mano en mi cara. Entonces tomo una tranquilizadora y profunda respiración. Es hora de dejarlo en la línea. Poner las cartas sobre la mesa.
Lanzar el pase Hail Mary.
Camino hacia la ventana, juntando mis pensamientos mientras observo el tráfico abajo. Aun lo estoy viendo cuando le digo—. ¿Sabes lo que vi ayer cuando iba a venir a trabajar? Vi a una mujer embarazada, un taxi... Solía pensar que las mujeres embarazadas eran algo grotescas. Deformes.
Debiste ver a Karen. Cuando ella estaba embarazada con Mackenzie, parecía que había comido Humpty Dumpty para desayunar. Y por la forma en que estaba comiendo en ese momento, podría totalmente haberlo hecho.
—.. .y en todo en lo que podía pensar era en lo adorable que Candy estaría embarazada. Y sobre como quiero hacer cosas por ella. Como... si se enferma, quiero ser el hombre que le haga su té y le lleve sus pañuelos. Quiero saber cómo llegó esa pequeña cicatriz en su barbilla y si tiene miedo de las arañas... y lo que sueña en la noche. Todo. Es una jodida locura, no creas que no lo sé. Nunca me pasó antes. Y no quiero que suceda con otra, con nadie más. Sólo con Kate.
Alejo mi cabeza de la ventana y la miro a los ojos.
Si alguna vez estás en el bosque y te encuentras cara a cara con una enojada mamá oso, siempre es mejor mirarla a los ojos. ¿Echar a correr? Serás el alimento de los cachorros. Un brazo a la vez. Pero si te quedas en tu terreno, tal vez puedas salir con vida.
—¿Quieres oír que Candy me tiene azotado? Porque lo hace. Me tiene de rodillas y bajo su pulgar, y no quiero salir.
Estamos tranquilos después de eso. Annika solo me mira fijamente. Por un momento. Buscando en mi cara... algo. No estoy seguro de lo que es, pero sé en qué momento lo encuentra. Porque algo cambia en sus ojos. Se vuelven más suaves. Sólo un poco. Y relaja los hombros. Y entonces asiente con la cabeza.
—Bueno, entonces.
En algunas batallas no hay un ganador. A veces lo mejor que un buen general puede esperar es un cese al fuego.
—Candy toma sus propias decisiones— dice —. Y si esas decisiones resultan ser las equivocadas, entonces yo le ayudo limpiar el desorden. Porque eso es lo que hacen los mejores amigos, ayudar a enterrar el cuerpo.
Se levanta. Camina unos pasos hasta la puerta. Luego se detiene y se da vuelta con el dedo apuntando hacia mí.
—Sólo recuerda una cosa, amigo. No me importa si pasan diez días o diez años, te voy a estar observando. ¿Y si alguna vez descubro que la has cagado? Voy a hacer que lo sientas. Y trabajo en un laboratorio, Terry. Con productos químicos.
Inodoros, insípidos, químicos que pueden permanentemente encoger tas pelotas tan pequeñas, que tendrás que empezar a llamarte Terrysilla. ¿Entendido?
Archie está jodidamente loca Annika Britter es aterradora. Una definida y potencial psico-zorra. Karen y ella deberían salir.
Y ella ha pensado demasiado en ese plan para mi gusto.
Trago duro. —Como el cristal.
Asiente con la cabeza otra vez. —Me alegro que nos entendamos.
Y con eso, sale de mi oficina. Colapso en mi silla y miro el techo.
Cristo.
Esa mierda de la relación es agotador. Creo que corrí un maratón. Con vallas.
Pero ¿sabes qué? Estoy casi seguro de que la línea de meta está la vista.
