Capítulo 1

Un joven dentro de una cabina telefónica intentaba llamar insistentemente a un número que sonaba ocupado, no cejaba en su intento y al parecer ya llevaba varios minutos así, ya que afuera de la cabina, habían tres personas desesperadas por hacer sus llamadas.

Al grupo de personas se unió un hombre que llevaba mucha prisa pues al ver a la gente formada empezó a gritar; -¡Que desesperación!...es imposible hablar por teléfono en Chicago.- se dirigió a la última persona en la fila.

-¿Y que quiere que yo haga?.- contestó la mujer con cara de fastidio.

Al ver que el joven con bocina en mano marcaba y marcaba sin obtener respuesta, se desesperó más y siguió reclamando, -¡Pero esto es un abuso!.

-Y con éste ya van ocho intentos.- comentó una anciana que estaba en primer lugar de la fila.

-Y ni siquiera le han contestado, parece que está hablando a la luna, ¿no cree?.- contesto otra.

-¡Ya me cansé de estar esperando!.- dijo el recién llegado y se dirigió a la última persona formada, -¿Es posible que usted acepte un dólar por su lugar?.-

-Pero claro que acepto.-

El que seguía en la fila era un hombre inmerso en la lectura de su periódico, –A usted también le ofrezco un dólar por su lugar,- el hombre recibió el billete de mala gana y simplemente se movió hacia atrás.

-Perdóneme madame, le ofrezco un dólar por su lugar.-

-Mi lugar es el primero, así que le va a costar tres dólares.-

-Está bien…aquí tiene y muchas gracias.- la anciana solo tomó los billetes y se hizo a un lado.

Una vez junto a la cabina se asomó y vió que el joven seguía insistiendo en marcar el número que seguía ocupado, decidió entrar al reducido espacio, pero justo en ese momento entró su llamada y el aparato al otro lado de la línea comenzó a repicar.

La chica rubia que estaba acostada en su cama tomó la bocina.

-¿Hola?.-

-Hola querida, soy Neil.-

-Ah eres tú, ¿qué es lo que quieres?.- contestó con fastidio mientras se acomodaba en las mullidas almohadas.

-Quisiera verte hoy.-

-Lo siento esta noche no podré, estoy ocupada, tengo un compromiso.-

-¿Un compromiso?, pero eso mismo me dijiste ayer.-

-Neil es imposible.-

-Tiene que ser hoy por favor, ¿sabes? Es mi cumpleaños y quisiera pasar unos momentos contigo, estoy absolutamente desesperado, necesito verte…¡te amo!.-

-¿A si?, no lo sabia, pero aún así ya te dije que no puedo, debes entender, estás portándote como un niño caprichoso, quizá la semana que entra…o dentro de un mes, felicidades y adiós.-

-¡No no, espera!.- háblame más por favor cuando menos quiero escuchar tu voz.-

-¿Quieres oírme? Está bien como quieras…mmm, ¿Por qué no compras un pasaje en un cohete que vaya a la luna y te quedas por allá a celebrar tu cumpleaños?.- y colgó sin darle oportunidad de responder.

Neil retiró la bocina de su oído con desilusión y el hombre al ver que había terminado su llamada trató de arrebatársela.- Es mi turno…usted ya terminó,- pero el moreno la sostenía con fuerza.

-¡Todavía no!, tengo que volver a llamar…se cortó la comunicación.-

-¡No por favor tengo mucha urgencia de hacer mi llamada!.-

-Yo también la tengo.- discutían mientras forcejeaban por el aparato.

-Mire joven, no vale la pena que siga insistiendo, usted tiene un problema y no lo arreglará por teléfono, escuché todo y esto resolverá su problema, estoy seguro que podrá ayudarlo, no encontrará a nadie más que pueda hacerlo, acuda a esta dirección y ya verá.- dijo mientras sacaba de su saco una tarjeta y se la entregaba al confundido chico.

-¡No…no!, ¿de que rayos está hablando?.-

Finalmente pudo arrebatarle la bocina, lo sacó a empujones y cerró la cabina, mientras afuera Neil no entendía de que hablaba ese impaciente hombre, después de un momento empezó a leer la tarjeta y aún incrédulo, después de mucho pensarlo, decidió acudir a la dirección escrita en ella, total, tal vez ese hombre tuviera razón y no perdería nada con averiguarlo, un rayo de esperanza llegó a su mente, lo intentará todo con tal de lograr su propósito de que Candy lo acepte.

Llego a la casa marcada con el numero 22 de la Avenida East Coast, se veía indeciso y después de breves momentos frente la puerta, decidió tocar el timbre, pero antes de que lo hiciera, ésta lentamente se empezó a abrir de par en par, se asomó con cautela y ante él había un pasillo completamente obscuro y al fondo de éste, otra puerta que tenía luz propia y parecía que levitaba en el aire. Empezó a caminar por el pasillo hasta llegar a ella e igualmente sin siquiera tocarla, se empezó a abrir ante el asombro del moreno.

Lo que vió ante sus ojos lo dejó más confundido, se trataba de una habitación no muy grande con infinidad de anaqueles de piso a techo conteniendo miles de libros y al fondo de la misma, sentado en un banco leyendo un libro, un anciano con gafas y bufanda.

Neil se adentró y al notar la presencia del joven, el hombre levantó la vista.

-Ya está bien…ya está bien, dígame a que ha venido.-

-Señor, es que estaba viendo todo esto.- decía mientras alzaba la cara y pasaba la vista por los libros.

-Pero usted no ha venido solo a "ver todo esto" y vamos, siéntese ahí.- le indicó una pila de libros acomodados cerca de él.

Neil se sentó mecánicamente, mientras él se acomodaba las gafas y lo miraba intrigado.- Dígame, ¿lo conozco a usted jovencito?.-

-No señor, realmente yo…-

-Bueno estoy seguro que usted no vino a comprar un par de guantes.-

-¿Guantes?, no realmente yo…-

-Bueno entonces dígame a que ha venido.-

-Pues realmente yo…-

-¡Es mejor que deje de repetir eso y vaya al grano!.-

-Es que no sé a qué he venido, verá, un desconocido me dio esta tarjeta…es ésta mírela.- dijo mientras extendía la mano y se la mostraba.

-¡Ah sí!, seguro es uno de mis clientes satisfechos.-

-Si pero no sé a que he venido, mire usted, estaba yo en una…-

-¡Cómo que no sabe a qué ha venido!...entonces ¿Quién va a saberlo?,- dijo interrumpiéndolo y empezando a perder la paciencia.

-Es que no sé a que se dedica usted…aparte de vender libros por lo que veo.-

-A preparar toda clase de ungüentos, pomadas, polvos maravillosos y remedios mágicos para todos los usos tóxicos, antitóxicos y otras pócimas…eso sí, todo absolutamente garantizado.-

-Ya entendí….pero yo no necesito nada de eso.-

-Pero por algo ha venido.-

-No necesito ninguna medicina.- él insistía.

-Pero va a necesitar algo de eso…se vé que tiene fiebre.- lo dijo escudriñando el rostro del moreno.

Neil se levantó de su improvisado asiento y le dio la espalda tocándose la frente. –Bueno esto es algo como…como…¡yo no tengo nada!.- dijo molesto.

-Vamos vamos jovencito, no se altere, mire le voy a mostrar mi especialidad, es el remedio que va a aliviar ese "nada"…usted es ambicioso ¿no es asi?, usted quiere éxito, fortuna, ser admirado, tener el mundo a sus pies, poder…claro eso es, ¡quiere poder!.-

-No nada se eso ¿sabe?, soy miembro de una de las más adineradas familias de los Estados Unidos y heredero de una gran fortuna, se podría decir que lo tengo todo, pero lo único que quiero en este mundo es a mi Candy.-

-¡¿Candy?!.-

-Si, con Candy tendré todo lo que anhelo.- le explicó mientras una sonrisa se formaba en su rostro.

-Candy…debí haberlo supuesto, lo único que quiere es a Candy…le ofrezco prácticamente el mundo y lo único que quiere es a esa Candy.-

-Si y no hay nada que usted pueda hacer al respecto.- dijo agachando la cabeza con desesperanza.

-¡Bah!...es lo más simple de todo, es lo más elemental de mi ciencia…usted me ha decepcionado.-

-No me ha entendido, verá; yo estoy enamorado como un loco de Candy, pero ella no me quiere, no le intereso en absoluto, asi que….¡ay pero no sé porque le estoy diciendo todo esto!.-

-Bien, porque yo puedo hacer que ella lo ame.-

-¡¿Cómo?!.-a Neil se le abrieron los ojos como platos.

-Con mi remedio maravilloso le aseguro que ella jamás se apartará de usted, cuando no le esté diciendo que lo ama, lo estará contemplando amorosamente, ni siquiera comerá si usted no se lo pide y nada de lo que usted le pida será demasiado para ella, lo adorará como a un Dios, vivirá implorando sus besos, su amor y sus caricias y si en el futuro usted se fijara en otra chica o algo más que "fijarse", ella lo perdonará todo y lo seguirá amando igual que siempre, puedo asegurarle que se convertirá en su perrito faldero, vivirá pendiente de todo lo que usted haga.-

-¡Eso sería maravilloso!, lo único que quiero en este mundo es que Candy me ame.-

-"Que Candy lo ame"…no sabe decir otra cosa…le estoy ofreciendo ser el hombre más poderoso del mundo y usted solo quiere "que Candy lo ame".- dijo en son de burla.

-Pero dígame jovencito, ¿no se interesaría en el "limpia corazones" que yo preparo?, se llama de varias formas, inclusive "el erradicador", verá, mi "limpia corazones" es agradable, no puede describirse, es limpio, inoloro, incoloro y muy efectivo.-

Neil no sabía de lo que ese extraño hombre le estaba hablando, -No señor, simplemente no me interesa ese "limpia corazones".-

-¿Qué no?, es rápido, no deja rastro, es perfecto para su propósito.-

-¿Eh?...creo que usted está equivocado.-

-Mi amigo yo no me equivoco, ¿por qué cree que sigo soltero?...entonces ¿de verdad no quiere probar el "limpia corazones"?, eso le ayudaría a sacar de su corazón y curarse de su obsesión por esa tal Candy.-

-¡No es ninguna obsesión!, yo estoy genuinamente enamorado de ella y definitivamente no me interesa.-

El hombre al ver que el joven seguía insistiendo en su propósito, tomó una escalera, subió con cuidado y de un armario sacó una pequeña botella poniéndola en la mano de Neil, -Aunque a decir verdad, este remedio es muy caro…esta botellita cuesta $10,000.00 dólares, claro que usted es un hombre rico y puede pagarla facilmente.-

-¡$10,000.00 dólares! ¿y todos sus precios son como ese?.-

-Algunos sí, otros no tanto.-

-Y el remedio que hará que Candy me ame…¿Cuánto cuesta?, dígame, estoy dispuesto a pagar lo que sea, inclusive el doble de esa cantidad.-

-¡Ah usted insiste!...bien, ese le costará un dólar.-

-¡¿Un dólar?!.- no daba crédito a lo que estaba escuchando.

-Mis pócimas para hacerse amar son las más baratas, hasta las podría regalar.-

-¿Sólo un dólar por el amor de Candy? y eso ¿no le afectará?.-

-Si alguien resultará afectado, será usted amigo, aunque no espero que me lo crea.- así que ante la insistencia del joven, el hombre se dirigió a otra pequeña vitrina y sacó la botella que le entregó en sus manos, Neil sacó su billetera y le pagó con un billete de a dólar.-

-Déselo en la sopa, en un refresco, en cualquier alimento que usted eija, todo resultará como se lo dije y como usted lo quiere, ¡Ah! y el efecto es inmediato.-

-Aunque realmente tengo mis dudas, lo intentaré, haré cualquier cosa por obtener su amor…si esto resulta seré el hombre más…-

-¡Si si, el hombre más feliz de la tierra!…ande ande váyase.- lo despidió el anciano con unas palmadas en el hombro.

-¡Gracias profesor!.- respondió apresurándose a salir de ese extraño lugar.

Continuará…