Ese mismo día en la tarde, Neil se armó con un enorme ramo de rosas rojas, una botella de champagne y dos copas de cristal cortado, decidido a llevar a cabo su plan sin perder más tiempo, definitivamente llegará de sorpresa a casa de Candy, esperanzado en que ella quiera atenderlo.

¡RRRRRING!

Candy atendió al llamado y en cuanto abrió y vió la sonriente cara de Neil saludándola, se apresuró a empujar la puerta, pero el chico lo impidió metiendo la punta del zapato para evitar que ella cerrara.

-¡Neil que haces aquí te dije que estoy ocupada!...además no quiero verte y no estoy en condiciones de recibirte.-

-¡Espera un minuto, solo uno por favor!...mira te traje flores.- al momento de decirlo introdujo el ramo de rosas rojas por el reducido espacio que había entre la puerta y la pared.

Candy que seguía empujando la puerta impidiéndole el paso, decidió tomar las flores y despedirlo de inmediato. -Gracias Neil…ahora puedes irte ya.-

-Nena no me pidas que me vaya, tú no sabes lo que es amar a alguien desesperadamente como yo te amo a ti.- diciendo esto metió la mano enseñándole la botella junto con dos copas.

-Traje una botella de champagne…solo te pido que aceptes tomar una copa conmigo, unos minutos solamente, no creo que sea mucho pedir que dediques un poco de tu tiempo para tomar un par de tragos conmigo para celebrar mi cumpleaños, ¿o si?.-

-Neil estás actuando como un necio y un zoquete.-

-¡Te amo mucho Candy por favor acepta!, me harías muy feliz en este día especial para mí.-

-No me sigas diciendo esas tonterías que bien sabes que no me interesa a lo que hayas venido.- Neil no contestó nada, hubo unos instantes de silencio en los que ella lo pensó un poco y al fin decidió aceptar, después de todo, un par de tragos no se le niegan a nadie.

-Bueno está bien…solo una copa, cinco minutos y luego te irás, ¿de acuerdo?.- dijo abriendo la puerta para que pudiera pasar.

-Si como tú digas Candy, gracias.- el chico una vez dentro del departamento empezó a seguir a la rubia que se disponía a poner las flores en agua, pero al darse cuenta que iba tras ella, lo paró en seco.

-¡Que haces Neil!, voy a mi recamara, como puedes ver estoy en bata, necesito vestirme, espérame aquí.-

-¡Oh si perdón!, descuida…mientras prepararé las copas.- ¡Esto es algo en lo que me tengo que apurar!.- pensó y rápidamente mientras Candy se metía a su habitación y cerraba la puerta tras de ella, corrió a destapar la botella, sirvió la champagne en ambas copas y con mucho sigilo sacó la pócima que el anciano le entregó para vaciarla en la copa que estaría destinada para la chica, así que una vez hecho esto, se sentó en el sillón a esperar pacientemente a su amada.

Después de unos minutos, apareció Candy ante él con un hermoso vestido floreado muy entallado y una llamativa pañoleta en el cuello que la hacía lucir encantadora, los ojos de Neil al verla brillaron de emoción, pero no dijo nada, solo se acomodó para que ella se sentara a su lado.

Tomó ambas copas y la que preparó para ella se la entregó en la mano, una vez que estuvieron cómodos, ella se dirigió a él chocando las finas copas de cristal cortado, -Bueno, pues que sea a tu salud.- antes de beber de su propia copa, Neil la observaba para asegurarse que ella no dejara ni una sola gota de su bebida, lo cual sucedió en pocos segundos, pues pareciera que Candy tuviera prisa en terminársela y despedir a su molesta visita cuanto antes. El entonces con calma tomo la suya al mismo tiempo que una sonrisa de satisfacción se dibujaba en su rostro.

En cuanto ella dejó su copa vacía sobre la mesa de la sala, miró su reloj, -Bueno, tu tiempo se ha terminado, muchas gracias por las flores y el champagne, que pases un feliz cumpleaños y ahora adiós.- pero antes de que se levantara él le contestó mientras la miraba insistentemente a los ojos;- Excelente champagne…¿no es cierto?.-

-Bueno…no estuvo mal, ¿pero porque me miras de esa forma?.-

-Porque quizá no vuelva a hacerlo.-

-Eso es cierto…¿terminaste?, ahora vete.-

Ambos se levantaron y se dirigieron a la puerta, pero él se volteó y le preguntó; -¿No hay un beso de despedida para el cumpleañero?.-

-Neil por favor no alarguemos más este asunto, te dije que tengo un compromiso, acordamos que solo un trago y ya se terminaron tus cinco minutos.-

Neil se dio cuenta que no obtendría nada más de ella y se dio la vuelta para dirigirse a la puerta cuando escuchó que lo llamó; -¿Neil?...bueno, está bien.- la rubia se acercó y le dio un fugaz beso en la mejilla, -para que no te vayas disgustado…y espero que ya no pidas nada más.-

El se volvió a acercar a la entrada y súbitamente se preguntó extrañado; -¿A que hora hará efecto la mentada pócima? el anciano dijo que el efecto era inmediato, no, no, si yo ya sospechaba que ese tipo es un charlatán.- se recriminaba mentalmente.

Mientras tanto ella seguía parada en medio de la sala observando a Neil marcharse, súbitamente se tocó los labios, parecía extrañada y sin saber porque, le gritó; -¡Neil aguarda un momento!,- se acercó y lo tomó del brazo, -es posible que haya sido un poco cruel, tienes que perdonarme.-

-Si claro, no te preocupes, gracias por tu tiempo ya me voy.- él se encaminó e nuevo hacia la salida dispuesto a retirarse y desilusionado por haber sido vilmente engañado por ese anciano marrullero, no estaba dispuesto a seguir aguantando más humillaciones, pero en cuanto tomó el pomo de la puerta, escuchó el grito de la rubia;

-¡Neil espera!...déjame…repetir la despedida.- se acercó a él y tomó su cara con sus manos, cubrió completamente sus varoniles labios con los suyos en un apasionado beso mientras acariciaba su rostro, él se quedó de una sola pieza sin saber cómo reaccionar a semejante arrebato de la rubia, Candy se retiró un instante y sin soltarlo lo miraba fijamente, de repente sintió como si un velo fuera apartado de sus ojos y se revelara el atractivo hombre frente a ella, pero no pasaron ni dos segundos cuando ya estaba enrollando sus brazos por su cuello abrazándolo estrechamente y volviéndolo a besar con más pasión que antes, Neil al fin reaccionó y se dio cuenta de lo que le estaba pasando a la pecosa e igualmente la abrazó fuertemente y así poder corresponder a los furiosos besos que ella le daba.

Cuando se retiraron pues les estaba empezando a faltar el aire, ella completamente aturdida se empezó a preguntar; -¿Pero qué es lo que me pasa?...¿qué es lo que está pasando?.-

-No lo sé Candy…¡pero ven a mis brazos!.-

Se volvieron a fundir en un fuerte abrazo, los besos que Neil le daba la hacían sentirse en la gloria, ni que decir de él que por fin sentía que su sueño largamente acariciado por fin se estaba convirtiendo en realidad, pues de los besos pasaron a las caricias más apasionadas, pasión que los hizo trasladarse a la recamara y una vez dentro, empezaron a despojarse mutuamente de la estorbosa ropa mientras que la temperatura de sus cuerpos seguía subiendo, una prenda tras otra voló a piso, ese mutuo deseo en ambos y tanto el amor que ya sentía Neil por ella como la atracción y el sentimiento repentino que Candy empezó a descubrir por el, dieron como resultado que se entregaran una y otra vez, así pasaron varias horas hasta que ya cansados y satisfechos yacían uno en brazos del otro, Neil miró al objeto de su amor que dormitaba encima de su pecho mientras que acariciaba suavemente sus suaves rizos dorados y un suspiro se escapó de su pecho; -Candy, me has hecho el hombre más feliz de la tierra al entregarme tu amor, sabes que te amo y te haré feliz.- le dijo en un suspiro.

Candy lo miró con dulzura y tomó una vez más su rostro entre sus manos, -Lo sé cariño, estos momentos junto a ti me han hecho darme cuenta lo ciega que he estado todo este tiempo, que tenía la felicidad frente a mi y me negaba a darte una oportunidad, ahora sé que yo también te amo y nunca me apartaré de tu lado.-

Neil jamás se imaginó, ni en sus más locos sueños, que semejante regalo le fuera dado justo el día de su cumpleaños.

Continuará…