Seis meses después…

Una tarde, Neil estaba sentado en el sillón de su sala leyendo el periódico, pero al sentir la presencia de Candy, lo hizo a un lado y la vió hincada a sus pies mirándolo con veneración.

-Candy que haces ahí hincada, ¿no podrías sentarte en una silla?.-

-Claro cariñito, si podría…siento mucho molestarte tanto, pero adoro arrodillarme a tus pies.-

-Pues arrodíllate en una silla.-

-Si amorcito como quieras,- se levantó para tomar una silla del comedor, pero se volvió para preguntarle; -¿pero en que silla?.-

-Pues no sé, en la que quieras, dá igual.-

Pero en lugar de eso, Candy se volvió a arrodillar frente a Neil y con cariño empezó a acariciar sus pies que tenía recargados en un taburete; -amorcito ¿no quieres que te quite los zapatos?.-

El volvió a retirar el periódico y le contestó; - no gracias, tengo los pies calientes.-

-Bueno entonces si quieres me puedo mojar las manos y darte un masaje para que se te enfríen.-

Neil inmediatamente bajó los pies del taburete -¡No, no!, déjalo, así está bien.-

-Querido, ¿quieres fumar tu pipa?.- la rubia lo único que quería era complacerlo pues así se sentía feliz, así que abrió la caja donde la tenía guardada y se la ofreció.-

-No Candy, me lastima la lengua, la boquilla está un poco defectuosa.-

-Oh Neil, me sentiría muy feliz si pudiera arreglártela, si quieres puedo traer una lija y limarla todo el día para que en la noche cuando vuelvas, la puedas usar.-

-Gracias querida, no te molestes, no es necesario.-

-Si amor…como tu ordenes.-

Neil aventó el periódico en el sillón e hizo un ademán de buscar algo en su saco y ella que no lo perdía de vista ni un segundo se apresuró a decirle; -¡oh cariño perdóname!.- corrió a sacar la cajetilla de cigarros que tenía guardada en el cajón de una vitrina, la abrió y le ofreció un cigarro, él lo tomó y lo puso en sus labios, en el instante Candy ya tenía un fosforo listo para encenderlo.

-Estaba segura que había cigarros en la mesita junto a tu sillón, pero de ahora en adelante, nunca volverán a faltar, perdóname.- le dijo apenada.

-No hace falta que te disculpes tanto querida, no hay problema.- se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta, Candy aprovechó para acercarse a él por detrás y tomarlo por los hombros.

-Amorcito mío, ¿quieres que te dé un masaje en la espalda?.-

-Candy, hace menos de cinco minutos que lo hiciste.- puso los ojos en blanco fastidiado.

-Si pero adoro estarte tocando, si quieres puedo volver a hacerlo las veces que tú quieras.-

El solo la miró le sonrió forzadamente y se volvió a sentar en el sillón para fumar su cigarro, en un segundo Candy se sentó muy cerca de él y lo abrazó cariñosamente; -amorcito, ¿te estoy molestado?.- dijo mientras acariciaba su cabello.

-No,- Contestó secamente.

-¿Te molesta si te pregunto si te estoy molestando?.-

-¡No!, claro que no.-

-¡Oh querido!, es que te amo tanto, me hace tan feliz estar a tu lado.- El solo le sonreía y levantaba los ojos al cielo implorando paciencia.

-Me encanta decirte que te amo, que tú eres el amor de mi vida y me encanta amarte mi cielo.-

Neil la abrazó y acarició su cabello con ternura y la miró a los ojos, -Candy, yo también te amo, lo sabes bien pero resulta que ahora te tengo que dejar ¿eh?, había olvidado tengo que salir con urgencia…a un negocio tu sabes.-

-Cariño…¿vas a tardar mucho?.- ella volvió a aferrarse a su brazo.

-No…pero ya me voy, de verdad no tardo.-

-¿Quieres que vaya contigo?.-

-¡No no!, te digo que no tardaré, espérame aquí, mira porque no abrazas mi saco mientras regreso.- dijo mientras se quitaba la prenda y se la entregaba.-

-Pero cariño, está haciendo un poco de fresco afuera, ¿cómo vas a salir asi?, puedo tomar otro de tu closet… ¿no vas a tardar mucho verdad?.-

-Bueno…bueno ya me voy ¿eh?...-

-Mientras tanto mi amor seguirá creciendo para cuando tú vuelvas.- la rubia lo despedía lanzándole besos con la mano.

Neil empezó a reir nerviosamente; - ja ja ja, si claro, nos vemos nena.-

En cuanto el joven Leagan salío, Candy corrió a la puerta, una vez cerrada se recargó en ella para besarla mientras abrazaba y acariciaba el saco de Neil.

Apenas estuvo fuera del departamento, el moreno respiró aliviado, la verdad es que las muestras de amor de Candy ya lo tenían un poco o más bien bastante fastidiado, lo pensó un poco, vaciló, pero ya lo había decidido. Se dirigió a la dirección del profesor que meses atrás le había vendido la pócima maravillosa y que le funcionó a las mil maravillas…demasiado diría él.

Se paró frente a la puerta la cual se abrió mágicamente igual que la vez anterior, recorrió el obscuro pasillo hasta llegar a la segunda misteriosa puerta y ésta le dio el paso, entró muy decidido sabiendo adonde encontraría al anciano.

-Hola profesor.- dijo en cuanto lo vió.

-¡Oh es usted!...lo estaba esperando.-

-Si mire…mmm...pasé por aquí y pensé en visitarlo y contarle como van las cosas.-

-¿Y cómo van las cosas?.-

-Lo que me dio, hizo su efecto.-

-Ya lo sé…no podía haber sido de otra forma.- contestó el anciano.

-Y usted…¿Cómo ha estado profesor?.-

-Mi persona no ha sufrido cambios en muchos años.-

-No parecen estar bien las cosas en…Nueva York, ¿no es asi?.- pregunto Neil.

-A usted tampoco le va muy bien, ¿eh?.-

-¿A mi?...¡No!...yo estoy muy bien, por eso pase por aquí para decirle que estoy muy bien.-

-Bueno, me alegra que lo diga.- el anciano dejó a un lado el libro que estaba leyendo y se dirigió a la vitrina a sacar una botella del "limpia corazones", en cuanto la tuvo en la mano, se la mostró al chico.

-Ja ja ja, ah vamos…es el "limpia corazones" y dígame, ¿vende usted muchos de esos?.- preguntó Neil.

-Pues si, bastantes.-

-Bueno…¿y que contiene?.-

-No pensará usted que le voy a revelar la formula, solo le diré que es limpio, inoloro, insaboro, no deja rastro y sobre todo muy efectivo…¡$10,000.00 dólares!…¿por eso vino aquí verdad?.-

-¿Yo?...no, para nada…pero, ¿perjudica al que lo ingiere?.- preguntó con curiosidad.

-No claro que no, es perfecto para su propósito, no hay nada igual en el mundo.-

-Vaya, que interesante.-

-Su Candy lo ama tanto como dije que lo haría, ¿no es así? con un amor tan constante que nada lo altera, indudablemente lo adora y lo sigue a todos lados.- dijo el hombre acomodándose los lentes y esperado la reacción del joven.

Neil por fin estalló.- ¡Si…si, ya no aguanto más!, ¡esta situación me está volviendo loco!, ya no puedo sostenerla más…yo no quería que me amara tanto así, es como un amor enfermizo, es empalagosa en grado superlativo, me asfixia…los únicos momentos que tengo privacidad es cuando estoy en la oficina, pero una vez en casa, no hay manera de apartarla de mi lado…¿no hay alguna forma de apaciguarla un poco?.- dijo el moreno esperanzado en la respuesta del profesor.

-No.- fue su tajante respuesta.

-¿No hay una pócima que pueda cambiar su amor por otra cosa?…¿por ejemplo por un perrito o un gatito?.-

-No hay ninguna, ella es completamente suya en cuerpo y alma.-reiteró.

-Candy es muy buena conmigo…¡demasiado!.- dijo paseándose por la habitación.

-Yo lo sé…el "limpia corazones" es la única solución.-

-Es que no quiero hacer eso, es un remedio muy radical…debe de haber otra forma.-

-Esta es la única forma…$10,000.00 dólares...-agitó la botella frente a los ojos del chico.

-¡Es que usted no sabe lo que es eso!...¡a todas horas, amor, amor!, estoy harto.-

-Si sé lo que es eso, si no ¿cómo iba yo a inventar este maravilloso "limpia corazones"?.-

-Pero es demasiado caro.-

-Si lo sé, todos dicen lo mismo…limpio, inoloro, insaboro y muy efectivo.- decía mientras agitaba la pequeña botella frente a los ojos de Neil.

-¡Está bien!.- contestó arrebatándole la botella de la mano y al mismo tiempo sacando un cheque de la bolsa de su camisa.

-¡Ah!...¿ya lo traía hecho eh?, solo quiero advertirle una cosa muy importante; debe usarlo de inmediato y sobre todo cerciorese de que tome hasta la última gota de la pócima…¿entendió?.-

-¿De inmediato? Porqué…¿se descompone?.-

-No, pero usted si, si no lo usa como le digo será hombre perdido y si falla en la primera ocasión no tendrá el valor de intentarlo de nuevo, créame.-

-Esta bien, entendí…bueno, pues gracias y me retiro, que tenga usted buena tarde.-

-Hasta luego jovencito…y mucha suerte con su Candy.-

En cuanto Neil salió el anciano empezó a reir, -Ja ja ja ja…igual que siempre, primero el estimulante barato y después compran el antídoto caro, nunca falla.-

Continuará…