Neil regresó a su casa y al entrar a la habitación, se encontró a Candy en el mismo lugar en que la había dejado; parada enfrente de la puerta abrazando su saco.
-¡Mi cielo!...que bueno que regresaste.-
-Candy, ¿pero que haces? ¿has estado ahí parada desde que me fui?... ven mira lo que te traje.- puso frente a sus ojos un ramo de rosas rojas y una botella de champagne.
-¡Oh mi vida gracias, me haces tan feliz!.-
-Bueno, después de todo, no todos los días se cumplen seis meses de feliz matrimonio, ¿no crees?.-
-Mi amor, no pensé que fueras a regresar tan pronto y con tan maravillosa sorpresa, ¡champagne y flores!.- dijo tomando el ramo abrazándolo efusivamente y oliendo el hermoso aroma que despedían las rosas.
-¿Podrías traer unas copas?, no podemos brindar sin ellas.-
-¡Claro cielo!...como la primera ocasión, solo que esta vez no tienes que rogar para quedarte,-
-Cierto, como olvidarlo.-
-Voy corriendo por las copas mi vida, no tardo.-
Una vez que Neil las tuvo en sus manos le señaló el sillón de la sala; -Querida, que te parece si mientras yo sirvo el champagne tú me esperas ahí sentadita, ¿de acuerdo?.-
-¡Si por supuesto, lo que tu ordenes amorcito!, ¿quieres que apague las luces y encienda las velas?.-
-Si, si, como quieras, prende y apaga lo que quieras pero espérame en la sala ¿si?.-
El abrió la botella y sirvió la bebida generosamente en las copas, se cercioró que Candy estuviera distraída y como lo hizo seis meses atrás, volvió a verter la pócima en la copa de su ahora esposa.
Candy prendió las velas y se creó un ambiente absolutamente romántico con el cual quedó encantada. -¡Ay amorcito es tan maravilloso ser tu esposa!, me siento tan completamente feliz que ahora solo vivo para amarte, nada más que para amarte.-
-Candy eso es tan halagador.-
-Mi vida ¿cómo fue que te acordaste que cumplimos meses?.-
-No podría olvidarlo por nada del mundo nena.- se dirigió a la rubia con las copas servidas para sentarse junto a ella.
-Cielito, me acuerdo la primera vez que trajiste champagne, ¡cómo te adoro!, tus ojos estaban llenos de cariño y me veías brindar tristemente porque creías que ese sería nuestro último brindis, ¿recuerdas?.-
-¡Claro que me acuerdo! Y ahora todo es completamente diferente.-
-Amorcito de mi vida, acércate, quiero sentirte más cerca de mí.- una vez que estuvieron muy juntos ella lo abrazó y empezó a acariciar su rostro y a llenarlo de besos, mientras él seguía sosteniendo las copas esperando el momento oportuno para ofrecérsela y brindar, pero esa lluvia de besos parecía no tener final.
-Mi vida….te tengo una sorpresita,-decía entre beso y beso.- ¿sabes?, iba a decírtelo más adelante pero aprovechando este día que vamos a brindar por los seis meses más felices de nuestras vidas, te daré la buena noticia…¡vamos a tener un bebé!.- lo dijo mientras le mostraba un par de zapatitos que ella misma estaba tejiendo.
-¡¿Un bebé?!.- gritó Neil volteando a mirar con sorpresa lo que le estaba enseñando y en ese mismo instante sintió como si un rayo fulminante hubiera caído a sus pies, fue tanta la impresión que dejó caer las copas al piso, se rompieron en mil pedazos y todo el líquido se esparció a su alrededor, sus ojos tenían tal expresión de horror que Candy se apresuró a calmarlo.
-¡Oh cariño!, te has emocionado tanto, ¡que lindo!, sabía que era la mejor noticia que te podría dar, asi que no te fijes no vamos a apurarnos por esto, no necesitamos champagne si me tienes a tu lado.-
Neil seguía en shock pero después de unos cuantos segundos reaccionó; -¡realmente nunca hubiera podido hacer este brindis!.-
Ella volvió a rodearlo con sus brazos y tiernamente le dijo al oído - ¿Eres feliz querido? Y esto es solo el principio, quiero tener cuando menos seis hijitos que sea parezcan a ti mi vida y viviremos así por el resto de nuestra vida…amándonos cada día más.-
-¡¿Por el resto de la vida!?...¡NOOOOO!. –
Candy sintió como su amado esposo inerte se desvanecía entre sus brazos.- ¿Neil?...¡que te sucede!...¡oh despierta cariño!...¡Neil!.-
FIN
Neil Leagan descubrió cuando ya era tarde que el amor llega a ser tan molesto y fastidioso que puede convertirse en una pesadilla, ahora que su ilusión terminó por aburrirlo y a desear nunca haberla conocido.
