Disclaimer: Nada de Harry Potter es de mi propiedad, los personajes y lo relacionado a la historia "canon" que pueda aparecer, a excepción de lo creado y modificado por mi persona, pertenecen a J.K. Rowling.
Como siempre muchas gracias a Mary Eagle Med y Alexandrina Romanov por sus correcciones y recomendaciones.
Fleur Delacour estaba teniendo un verano sin muchas novedades en su mansión en Toulouse. Su madre, que hacía un par de años había dejado de ser sanadora en el hospital mágico, se quedaba en casa. Mientras que su padre, al ocupar el cargo de jefe del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, tenía responsabilidades que le demandaban gran parte de su tiempo. Por último, estaba su adorada hermana menor, Gabrielle, la que por regla general pero en particular en verano, resultaba insufrible.
Dado que el año anterior Fleur había concluido con su educación en Beauxbatons, ahora le tocaba elegir cuál iba a ser su siguiente paso. Ella tenía dos grandes intereses: por un lado, podía ser una sanadora como su madre, o, por otro, dedicarse a romper maldiciones para Gringotts. Aunque ambas opciones estaban disponibles para ella en Francia, Fleur deseaba ir a Inglaterra a realizar dichos estudios. Uno de sus motivos para querer ir a dicho país, era por el nivel superior que existía allá. Sin embargo, el motivo principal era porque quería apoyar a Harry Potter en la guerra que se avecinaba.
Aunque se lo quisiese negar a sí misma, ella se había encariñado mucho con el joven mago, quien le había demostrado en innumerables ocasiones que no era un niño pequeño. Luego de escuchar de primera mano sus aventuras en Hogwarts, y conociendo a Harry como lo conocía, con seguridad, sus relatos estaban mucho más minimizados que la realidad. Él ya había probado ser mucho más de lo que muchos hombres jamás podrían imaginar ser.
A todo eso, se sumaba que era inmune a su aura, lo que lo convertía en el primer hombre con el cual podía llegar a tener una relación, aunque sea de amistad. A excepción de su padre, por supuesto. Otras acciones no menores, habían sido el rescate a su hermanita del fondo del lago y cómo la salvo a ella misma durante la tercera prueba. Estos dos últimos actos generaron un acercamiento entre ambos, y, para fin de año, Fleur ya podía considerarlo su amigo. El único amigo hombre que tenía.
Aún recordaba con alegría sus primeras conversaciones juntos, y con tristeza, su última conversación un día antes de partir.
Flashback
Fleur se encontraba caminando por los terrenos de Hogwarts en su último día allí. Los alrededores del colegio, aunque no se lo reconociera a nadie, eran bellísimos y le traían una sensación paz que sólo conseguía en los jardines de su mansión en Francia. Los jardines y bosques de Hogwarts eran mucho más bellos que los terrenos que rodeaban su propia escuela.
Durante los últimos meses, dedicó mucho tiempo a esta actividad. Aún recordaba el inicio del año escolar, con el anuncio de la reinauguración del Torneo de los Tres Magos. Al principio, estaba emocionada y ansiosa como el resto de los alumnos por el torneo. De hecho, ella quería participar para demostrar que no sólo era una cara bonita y una chica parte veela cuyo único poder consistía en su aura y belleza. A diferencia de lo que mucha gente creía, no había grandes disimilitudes entre las veelas y los humanos. Estas no eran criaturas meramente sexuales, y sus deudas de vida eran iguales a la de los magos comunes. Sólo que, como los metamorfomagos o los hablantes de pársel, ellas tenían habilidades y características especiales de su raza, como su aura y en determinadas situaciones, la posibilidad de convertirse en una especie de harpía.
Así que Fleur, vio esta oportunidad para demostrar a todo su colegio que ella era una bruja excepcional por mérito propio. Este fue uno de los motivos por el cual, cuando se anunció que Harry competiría, reaccionó violentamente. Sintió que le quitaba prestigio al torneo que compitiera un niño de catorce años, y todos estarían centrados en él al ser una celebridad.
Pero, con el paso del tiempo, ella se dio cuenta que el chico en cuestión odiaba ser el centro de atención, y que, por su personalidad, la cual era muy tímida, no parecía que él mismo hubiese querido entrar al torneo. Fleur quedó fascinada y aterrada cuando Harry superó al dragón más vicioso y peligroso de todos, el colacuerno húngaro, de una forma con la que jamás hubiese imaginado que alguien pudiese lograrlo: volando.
Pero su mayor admiración llegó, cuando ella no pudo rescatar a su hermanita durante la segunda prueba, pero aun así la vio emerger a la superficie junto con un pelirrojo y el cuarto campeón, Harry. Cuando subieron a la orilla, se cercioró de que su hermana estuviera bien. Besando a los dos chicos en la mejilla, corroboró que él era inmune a su aura. A diferencia de su amigo pelirrojo, se notaba que Harry tenía suficiente autocontrol y pesar de sonrojarse, no había rastro de lujuria en su mirada, lo cual la terminó de convencer para tratar de conocer al cuarto campeón mejor y, hasta quizá, poder crear su primer lazo de amistad real luego de llegar a la pubertad y que parte de sus características de veela surgieran.
Un par de días después, decidió enviarle una carta para encontrarse solos en los terrenos y poder conversar. Cuando el momento de la reunión llegó y se encontraron en el lugar acordado, se dieron cuenta de que no sabían cómo realmente relacionarse el uno con el otro. Aparentemente, Harry no tenía mucha experiencia con el sexo opuesto, ya que estaba muy nervioso y avergonzado. Aunque ella tampoco podía decir que tenía experiencia, pues siempre trataba de permanecer lo más alejada posible de los hombres.
—Hola, Harry, ¿cómo estás?
—Bien, bien, gracias, ¿y tú? —respondió Harry con su voz un poco temblorosa.
—Muy bien. —Sonrió ella—. Te preguntarás por qué te he pedido reunirnos, ¿no?
—Sí, la verdad que sí —reconoció él—, pero si es por rescatar a tu hermanita, no fue nada. Como escuchaste, nunca estuvieron en grave peligro —dijo Harry, encogiéndose de hombros.
—Bueno, es verdad que parte de la razón es esa, pero, incluso aunque nunca estuvo en peligro, nosotros no lo sabíamos —dijo Fleur—. Por tanto, no le quita mérito a tu heroísmo. De hecho, Gabrielle estaría deleitada de estar aquí —agregó divertida—. Te volviste su héroe y se muere por conocerte. Te advierto que puede ser muy persistente —dijo de forma graciosa—. Pero, en verdad, te quería conocer; conocer a quién está detrás de la leyenda. —Hizo una pausa, mirándolo—. He de reconocer, que al principio, no me caíste bien, entrando como una celebridad y cuarto campeón a un torneo en el que realmente quería participar para demostrar mi valía —confesó contrariada—. Pero, mientras más pasaba el tiempo, me daba cuenta de que en verdad no había indicación que hayas hecho trampa o quieras llamar la atención —dijo, mirándolo a los ojos. Advirtió que estos eran de color verde muy intenso. No recordaba haber visto ojos así antes.
—Muy bien, pero ¿por qué esperar hasta ahora? o ¿por qué querer conocerme? —preguntó Harry con genuina curiosidad, sin ningún atisbo de molestia en su voz.
Fleur suspiró.
—Sinceramente, rescatar a mi hermanita fue un factor determinante —admitió, apartando la mirada—. Demostraste ser nada de lo que los medios te retrataban, y, al ver que puedes resistir mi aura y ver destellos de tu personalidad, quise conocerte mejor.
—Entiendo… —dijo Harry, pensativo—. Bueno, así que ¿borrón y cuenta nueva, no? —Unos segundos luego de pensar, Harry extendió su mano. Fleur la aceptó—. Harry James Potter, un gusto conocerla, bella dama —saludó con total seriedad en su voz, mientras besaba sus nudillos.
Fleur no pudo evitar soltar una carcajada. Quizá había sido una buena decisión querer conocerlo.
—Fleur Isabelle Delacour, buen caballero.
Harry sonrió.
—Así que querías conocer a la grandeza detrás de la leyenda, ¿no? —Harry realmente no sabía de dónde salía toda esta confianza, ni tampoco porque estaba actuando así, pero no iba a quejarse.
—Jajaja —rio ella con gracia—, bueno, parece que tu humildad es lo que más destaca, ¿no, niño? —dijo, recordando sus palabras luego de la selección de los campeones
—Bueno, ya vas a seguir conociendo más sobre mí. ¿Tienes otros hermanos además de Gabrielle? —preguntó Harry, aún con una sonrisa en su rostro.
Y así siguieron conversando por un largo tiempo, para que, a la hora de partir, prometieran verse esa misma semana otra vez.
Mantuvieron estas conversaciones varias veces durante las semanas previas a la tercera prueba, durante las cuales cada uno se iba abriendo más, contando secretos, deseos, preocupaciones. Fleur le comentó cómo, después de la segunda prueba, empezó a priorizar otras cosas y a querer que el torneo acabara de una buena vez. Al parecer, poner en riesgo a tu hermanita, tiene esos efectos. Mientras, Harry le contaba parte de sus años anteriores en Hogwarts.
Pero Fleur sabía que eso estaba en el pasado. La tercera prueba cambió muchas cosas, y todas estaban alrededor de su amigo Harry, persona que no había visto desde que la rescató en el laberinto. Deseaba verlo, saber su versión de los hechos, pero no sabía dónde encontrarlo. Hasta que una voz masculina muy conocida por ella la sacó de sus pensamientos.
—Fleur, ¿cómo te encuentras?, las heridas sanaron ¿no? —preguntó Harry preocupado pero, por sobre todo, débil.
Cuando Fleur levantó su cabeza, vio algo que nunca había visto, ni creyó que jamás vería en los ojos de Harry: resignación y tristeza. Sin pensarlo, se paró y lo rodeó con sus brazos en un abrazo apretado. Al principio, él se puso rígido, pero luego, ocurrió otra cosa que Fleur jamás pensó presenciar: la persona más fuerte que conocía, después de su padre, quebrándose entre sus brazos. Un hombre que enfrentó las dificultades que le puso la vida en su camino y las superó. Donde otros hombres se hubiesen quebrado, él se alzó alto. De situaciones de las que otros hombres hubiesen huido, él les plantó cara solo porque consideraba que era lo correcto. Ella sabía que eran muy similares. Envidiados. Queridos por cosas que ellos no podían controlar. Personas que pasaron gran parte de su vida sin amigos. Y los dos valoraban y aspiraban, por sobre todo, una familia propia, aunque por distintos motivos. Pero reconocía que él siempre sería más fuerte de lo que ella jamás podría soñar.
Fleur nunca había sentido gran empatía por nadie fuera de su familia, pero, ahí, en sus brazos, se encontraba su amigo llorando por todas las injusticias que sufrió, por las personas que murieron, por el temor y la incertidumbre de lo que ocurriría en su futuro y, por sobre todas las cosas, las lágrimas que nunca logró derramar en su infancia. Esas penas que nunca pudo exteriorizar con otros, por considerarlo una debilidad. Ella, en ese momento, decidió para sí misma demostrarle que incluso los héroes, las personas más fuertes, a veces necesitan llorar. Fleur sabía que ahora Harry necesitaba desahogo y hablaría cuando estuviera listo, por lo que sólo lo sostuvo hasta que sus respiraciones se normalizaron.
—¿Quieres hablar de lo que ocurrió? —le preguntó Fleur dulcemente.
—Lo vi morir —susurró Harry, limpiándose las lágrimas con el dorso de su mano—. Vi cómo lo mataban a sangre fría —Fleur notó que él estaba temblando—. ¡No lo pude salvar! —exclamó Harry con dolor antes de volver a sollozar.
Fleur lo abrazó con más fuerza, acariciando sus hombros.
—Ni se te ocurra echarte la culpa, Harry —le advirtió—. Eres una sola persona. No puedes salvar a todos. Es un milagro que hayas podido escapar con vida, e, incluso en todo ese desastre, fuiste capaz de pensar en Cedric y traerle su cuerpo a la familia para que pueda ser enterrado de forma digna, demostrando nuevamente tu carácter noble y valiente —exclamó Fleur entre furiosa y apenada por su amigo.
Harry, intelectualmente, sabía que no era su culpa y que Fleur tenía razón. Pero años de que sus familiares lo culparan de todos los males sufridos, le dejaron secuelas psicológicas mayores de las que mostraba.
—No me siento valiente —reconoció Harry—. Estaba aterrorizado. Nunca sentí tanto temor en toda mi vida —El recuerdo le hizo temblar nuevamente—. En sus ojos rojos sólo podía ver el placer que tenía de torturarme. Y cómo sus seguidores lo aplaudían y alentaban a que siguiera… —Tragó e intentó controlar sus temblores—. Sentí que estaba frente a la maldad encarnada. Toda humanidad que podía llegar a tener, ya no está. Ahora es sólo un monstruo sin escrúpulos —dijo con asco y pesar—. Tengo miedo —reconoció—. Sé que vendrá por mí. No sé porqué ni tampoco cuándo, pero más temprano que tarde, él vendrá y no sé cómo poder defenderme o defender a los que amo. Por más que me esfuerce, nunca podré ser su igual, ni en poder, ni en conocimiento —dijo Harry derrotado.
Fleur no entendía porque, pero sabía que si alguien era capaz de derrotar al Señor Tenebroso, ese era su amigo. Harry ya había superado dificultades que otros no imaginarían, ni siquiera en sus pesadillas. Ella confiaba que, esta vez, tampoco fallaría.
—Harry —susurró con ternura—, ser valiente no es no temer. Ser valiente es lo que tú lograste esa noche y tantas otras. Es que, a pesar de estar aterrado, incluso cuando las probabilidades estaban en tu contra, luches, lo des todo y te superes. —Recordó las aventuras que él le había relatado semanas atrás—. No era posible que sobrevivieras a un basilisco y su veneno. Sin embargo, aquí estás —exclamó con una sonrisa—. No era imaginable que con un solo patronus, a tus trece años, lograses que más de cien dementores huyeran. No era posible que ganaras el torneo diseñado para gente mayor. Pero, aun así, lo hiciste —insistió, buscando sus ojos, sin éxito—. A pesar de estar aterrado y desamparado en cada una de esas situaciones. Y recuerda: tú nunca serás su igual. Nunca matarías ni torturarías por el placer de hacerlo —terminó Fleur de forma suave mientras acariciaba a Harry.
—Pero siempre tuve ayuda de los demás —replicó él—, o mucha suerte, ¡o ambas! —replicó Harry de modo defensivo y sonrojándose por los halagos. Obvió el hecho de haber matado una vez, aunque hubiese sido en defensa propia. No necesitaba traer eso a su memoria en ese momento.
—Harry, todas las personas reciben ayuda: sea mediante un tutor, un amigo o la familia. Y la suerte hay que saber utilizarla en su momento más conveniente —siguió Fleur sabiamente—. Lo que dices es verdad, pero supiste usar tus habilidades y las situaciones más afortunadas de forma tal que pudiste salir victorioso. —Esbozó una sonrisa reconfortante y, finalmente, él le devolvió la mirada. Advirtió que estaba levemente sonrojado—. Nadie ha logrado nada sin algún tipo de ayuda. Siempre alguien que nos enseña o apoya. Recuerda eso.
Harry le devolvió la sonrisa.
Fin del Flashback
Mientras seguía divagando en sus pensamientos, el ruido de una lechuza en frente suyo la sacó de sus ideas con la intención de darle una carta.
«¿De quién podría ser?», pensó, hasta que vio el nombre en el sobre.
Harry J. Potter.
Ansiosa y emocionada para ver que le quería contar su amigo, abrió el sobre y, luego de leer la carta y enviar su respuesta con la esperanza que se siguieran escribiendo, tomó su decisión.
Era ya la noche del mismo día que recibió la carta, cuando, en la cena con sus padres, les comentó que tenía en mente.
—Mamá, papá —llamó su atención—, he tomado una decisión: voy a proseguir con mis estudios de rompedora de maldiciones en Inglaterra —anunció con voz firme.
—Pero, Fleur, ¿por qué ir tan lejos y a un lugar donde no conoces a nadie, si puedes seguir tu carrera aquí en Francia? —inquirió su madre.
—Es el lugar donde deseo estar y en donde siento que me van a necesitar —dijo simplemente Fleur.
—Es por ese chico, ¿no? ¿Potter? —preguntó su padre, entrecerrando sus ojos.
—En parte, sí —afirmó ella—. Como él me ayudó a mí en un momento de necesidad, creo que es momento de devolverle, por lo menos, de alguna forma, los favores que nos hizo a nosotros —dijo con convencimiento—. Ahora todo el país está en contra suyo, así que necesita apoyo, aunque sea emocional, de todos los que podamos.
Sus padres la miraron con orgullo. Intercambiando miradas, asintieron.
—Bueno, mi amor, si es lo que realmente deseas, sabes que siempre vas a tener nuestro apoyo —dijo su padre—. Pero —continuó, enseriando el tono—, si llega a pasar algo con ese Harry Potter, soy el primero en enterarme para tener una pequeña conversación con él. —Su tono protector hizo sonreír sin querer a Fleur—. Y exijo mínimo una carta cada tres días —siguió— y una llamada por semana —finalizó su padre.
—Por supuesto que sí —asintió Fleur, incapaz de contener su alegría.
A pesar de querer independizarse de su familia, los amaba mucho y era muy apegada a ellos. No sabía con certeza si su relación con Harry iba a evolucionar más allá de la amistad, pero ella no lo iba a forzar para ningún lado.
El trece de agosto, durante el desayuno, a Harry le llegaron cuatro cartas. Dos venían con su leal lechuza, Hedwig. Una la traía una hermosa lechuza negra con manchas blancas, la cual, asumía, era de Fleur. Y, por último, la típica lechuza de Hogwarts, grande y marrón, trayendo su carta de aceptación de este año.
Para poder leer el resto de las cartas en la privacidad de su cuarto, optó por solamente abrir la carta de Hogwarts. Para su sorpresa, cuando abrió el sobre, cayó una insignia con la palabra «prefecto» escrito en color rojo, y con el borde dorado.
En ese momento, Sirius lo empezó a felicitar, aunque con falsa decepción por no haberlo podido corromper en su momento. Aun así, sus ojos demostraban lo verdaderamente orgulloso que estaba. El resto de los comensales siguieron felicitándolo por su reciente honor. Entonces, pudo ver claramente los celos en el rostro de Ronald. Por buena fortuna, también Hermione había sido nombrada prefecta, por lo que sólo tendría que lidiar con un celoso y no dos.
Dentro del sobre, además, había dos cartas: la normal de Hogwarts, con todos los libros y demás cosas requeridas, y una nota de McGonagall.
"Estimado señor Potter,
Espero que esta carta lo encuentre en buena salud. A pesar de mi mejor entendimiento, lo he nombrado prefecto, ya que es la persona de quinto año más capacitada. Sólo espero que mantenga su conducta y sea el ejemplo de los cursos inferiores. No necesito cincuenta Potter buscando problemas, bastantes canas me salieron ya por su culpa.
Sinceramente,
Minerva McGonagall."
Luego de escribir su aceptación a su puesto de prefecto y una carta para pedirle a McGonagall poder abandonar Adivinación e inscribirse a Runas Antiguas y Aritmancia, subió a su cuarto muy feliz y orgulloso de ser prefecto. Su madre lo había sido.
De todos modos, estaba más ansioso por abrir el resto de las cartas de sus posibles amigos y aliados. Ya que era una apuesta segura, abrió primero la carta de Neville.
A Lord Potter-Black:
El Presunto heredero, Neville Frank Longbottom, envía sus saludos.
Con suma alegría respondo esta carta. Lamento nunca haberle informado de su estación entre las más altas esferas de nuestra sociedad, pero asumí que la familia Weasley, al ser una familia sangre pura, le había comentado toda la información relevante respecto a su título. Visto mi error, quisiera disculparme por mi actitud, esperando que esto no afecte a nuestra alianza tan longeva. Será mi placer, poder ultimar los detalles en el Expreso de Hogwarts.
Con grandes expectativas al futuro.
Atentamente,
Neville Frank Longbottom
Presunto Heredero de La Más Noble y Ancestral Casa Longbottom
Decus et tutamen in armis
PD: Muy feliz cumpleaños atrasado. Adjunto te mando un set de cuidado de escobas de quidditch como regalo de cumpleaños, sabiendo tu fascinación con el juego.
«Bueno», pensó Harry, «al menos Neville aceptó mi propuesta. Esperemos que mi suerte siga así».
A Lord Potter-Black:
La Presunta heredera, Susan Amelia Bones, envía sus saludos.
Con gran regocijo me encuentro escribiendo esta carta. A pesar de que nunca hayamos tenido una relación cercana durante estos cuatro años en la escuela de Hogwarts, la alianza de nuestras familias data por ya varios siglos. Considerando sus propias advertencias, más las claras señales que mi tía, la actual jefa del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica y Regente de la Casa Bones, Amelia Susan Bones, es pertinente unir nuestras familias de la forma que estuvieron unidas en el pasado, para poder enfrentar este enemigo común que nos amenaza con la extinción de nuestras familias.
Por lo cual, va a ser mi placer y honor poder conversar con usted durante nuestro viaje, cuando sea de su conveniencia.
Con grandes expectativas al futuro.
Atentamente,
Susan Amelia Bones
Presunta Heredera de La Noble y Ancestral Casa Bones
Officium et Jus
Con una sonrisa en su rostro, Harry se dio cuenta de que ya había obtenido dos valiosos y poderosos aliados, tanto mágicamente como en el ámbito político. Era su esperanza poder generar una relación de amistad con los dos herederos. Sin embargo, él no era ningún ingenuo. Sabía que los tendría de aliados por objetivos comunes y su relación, en principio, se basaría únicamente en un beneficio mutuo.
Aún necesitaba tratar de conseguir aliados del sector más neutral del Wizengamot para apoyar su causa. Sabía, por Sirius, que unas familias históricamente neutrales eran los Shafiq y Slughorn. El problema con estas familias, era que ninguna poseía herederos que estudiaran en Hogwarts, y Harry, era el único capaz de negociar estas alianzas, ya que Sirius seguía siendo prófugo de la ley.
Otra familia que se mantuvo neutral por ya varios años eran los Greengrass. Harry sabía que ésta tenía dos herederas en Hogwarts: una en su curso, Daphne, y la otra dos años menor llamada, Astoria. Harry consideraba, que si jugaba sus cartas correctamente, podía llegar a relacionarse con la mayor.
Ahora tocaba una carta sin intereses políticos. O, por lo menos, no inmediatos. Sabía que Sebastián Delacour era el jefe del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica en Francia.
La verdad, la carta que le escribió a Fleur era sinceramente con el interés de entablar una amistad más profunda. Y estaba realmente ansioso por leer su respuesta.
"Cher Harry,
Primero, lamento mucho tu situación con los ingleses. Sabes que, si quieres dejar tu patria, siempre serás bienvenido aquí. Por este lado, mis vacaciones están siendo aburridas y densas. Mi familia está muy bien, aunque yo estoy un poco ansiosa, ya que todavía no decidí que carrera voy a elegir. La verdad, mi elección es reducida, pero son opciones tan diferentes… Lo único que sé es que vamos a poder vernos más seguidos al comienzo de tus clases. Tomé la decisión de, para mejorar mi inglés, ir a estudiar a Inglaterra, aunque estoy dudando si aplicar para trabajar en Gringotts como rompedora de maldiciones o trabajar como sanadora.
Cambiando de tema, ¿que más te ocurrió este verano?, ¿alguna novedad que sea más alegre?, ¿quizá alguna chica en tu vida?
Nos veremos pronto,
Fleur."
Harry no sabía qué pensar. Estaba exaltado porque su amiga estuviera por volver a Inglaterra a completar sus estudios, y de esa forma, estar en contacto con mayor frecuencia con él. Su lado racional estaba gritando que la convenciera de no pisar el suelo británico por la amenaza que estaba surgiendo. Odiaba que se tomaran decisiones por él, y además, Fleur era una adulta que podía hacer lo que creyera conveniente. Por lo cual, resolvió escribirle una carta donde expresara sus puntos, y que a partir de allí, ella decidiera, pero con toda la información en la mesa.
Fleur estaba en su cuarto, descansando. Hacía ya unos días que había mandado su respuesta a Harry, ella realmente estaba ansiosa por saber su reacción a las noticias que iba a instalarse en Inglaterra y realmente deseaba que él compartiese su entusiasmo. Cuando escucho el ulular de una lechuza, de forma entusiasta levantó la vista y vio a la lechuza más hermosa que conoció, una lechuza totalmente blanca con tonalidad nieve con un aire de superioridad a cualquier otra que haya conocido, como si supiera para quién trabajaba y que era la más hermosa entre el resto de su especie.
Cuando se acercó al ave para ver a quién pertenecía, no pudo esconder la sonrisa que se le formaba cada vez que veía ese nombre Harry J. Potter mientras acariciaba a la lechuza desenvolvía con la otra mano el sobre, una vez libre de su carga se posó en su escritorio para descansar mientras esperaba la respuesta para su amo.
"Querida Fleur,
Me alegro mucho de que hayas recibido mi carta y encuentre a toda tu familia bien. Tengo que reconocer, que a pesar de los altibajos ocurridos este verano, puedo decir, sin dudar, que es el mejor verano que he pasado. Aunque me he distanciado más de lo que me gustaría de mis amigos, he logrado hacer nuevos o tratar de mejorar las relaciones con otros.
Este verano, me he entrenado física como mágicamente, además de repasar la mayoría de las materias con el objetivo de, por lo menos, perfeccionar todos los hechizos, encantamientos, transfiguraciones y pociones aprendidas hasta quinto año. He empezado a estudiar Runas Antiguas y Aritmancia, que gracias a Merlín, me vino muy fácil. Por ello, decidí inscribirme en las materias y así dar un examen de nivelación y que decidan dónde ponerme.
Pero quería hablarte un poco de la situación en Inglaterra. Tengo que reconocer que la idea de que te asientes en este lado del charco me complace muchísimo y me entusiasma la idea de pasar más tiempo juntos. Pero tengo que advertirte que la situación se está volviendo cada vez más peligrosa. Gente ha desaparecido. Hay ataques a lugares muggles. Por lo que me han contado sobre la primera guerra mágica, pareciera que se está repitiendo… sólo que, esta vez, no es que el Ministerio es inútil, sino que directamente niegan los hechos o los encubren.
Hay gente que está tratando de detenerlos, pero no son suficientes, y la mayoría no tiene la actitud mental necesaria para combatir una guerra. Mi objetivo con esta carta es que estés enterada de la realidad británica, y advertirte que sólo va a ir a peor. A pesar de que mi parte más egoísta está extasiado de que hayas decidido venir, me siento obligado a informarte de la situación que vive el país. Con esta información, sé que tomarás la decisión correcta.
Con cariño,
Harry."
Fleur estaba contenta. Se notaba que Harry estaba igual de emocionado que ella respecto a su mudanza. Lo que logró la advertencia de Harry al final de su carta fue únicamente aumentar su determinación por ir a ayudarlo. La guerra no la gana un solo hombre, y él iba a necesitar todo el apoyo que pudiese conseguir. Por lo cual, Fleur decidió responderle con una carta muy corta.
"Lo sé, por eso voy a apoyarte en estos tiempos difíciles.
Besos,
Fleur."
Dos semanas después de la llegada de sus cartas, Harry decidió que iba a ir él mismo a comprar sus útiles para su nuevo año, ropa nueva -ya que necesitaba-, un par de libros extras y "adquirir" sus lentes de contacto.
Cuando estaba por salir y usar el autobús noctámbulo para llegar al caldero chorreante, escuchó la voz de la señora Weasley:
—Harry, querido, ¿a dónde vas?
—Estoy por ir a comprar mis cosas al callejón Diagon. Iba a tomar el autobús noctámbulo —dijo Harry de forma tranquila.
—Pero, Harry —dijo la señora Weasley, preocupada—, es muy peligroso. Con Quien-Tú-Sabes de regreso, no puedes salir.
En ese momento, Harry vio a Tonks acercarse y aprovechó su oportunidad.
—Hola, Tonks, ¿quisieras salir conmigo a Callejón Diagon?
—Usted sí que va rápido, señor Potter —se burló Tonks—. Hace un par de días que practicamos duelo y ya me invita a salir —dijo con una falsa voz de indignación.
—No, tranquila, no te emociones —le dijo Harry, divertido—. Lo último que me falta es que El Profeta escriba: "Harry Potter seduce inocente aurora del ministerio". Sólo necesito que me acompañes a comprar lo necesario para el curso escolar. Además, podría necesitar un ojo femenino para mi cambio de vestuario —agregó graciosamente.
Tonks se rio.
—Pues, si ese es el caso, por supuesto que sí —asintió ella—. ¿Cuándo planeabas ir?
—De hecho, en este preciso momento. Así que, si estas libre, podemos ir yendo.
Luego de despedirse de una señora Weasley boquiabierta, salieron con dirección al Callejón Diagon.
Antes de aparecerse en el callejón, Harry le comentó a Tonks que también quería comprar ropa en lado muggle de Londres. Una vez que la convenció de que ese lado era más seguro que el lado mágico, ya que Voldemort no lo buscaría ahí, marcharon hacia una zona más comercial que Tonks conocía. Harry decidió que iba renovar totalmente su vestuario, desde su ropa interior hasta la ropa elegante estilo muggle, con todo lo que había en el medio.
De hecho, Harry ya no lucía flacucho ni era tan bajo.
Luego del ritual y de sus tantas horas de entrenamiento, su cuerpo era el de un deportista, con un abdomen, brazos y piernas bien marcados. Ahora era bastante alto, llegando al metro ochenta. Parecía un poco más grande que su edad, quince años. En cuanto terminaron con las compras, se dirigieron al callejón Diagon.
Ya en el callejón, Harry y Tonks visitaron la tienda de Madame Malkin. Harry, a pesar de nunca importarle mucho la moda, quería tener ropa propia, además de poder vivir a la altura de su legado familiar. Así que, luego de comprar túnicas nuevas para Hogwarts y un par de túnicas más elegantes con las crestas de la familia Potter y Black, fueron a comprar los libros necesarios para su nuevo curso.
Pero cuando vieron el libro para Defensa Contra las Artes Oscuras, Harry se decepcionó. Igualmente, lo compró a pesar de parecerle absurdo. A su vez, compró un par de libros extras en la materia, ya que, pensó, este año, como en sus dos primeros, el profesor no se veía muy prometedor.
Una vez finalizado su recorrido por el resto de las tiendas, incluyendo el "oculista" mientras Tonks le compraba sus ingredientes para pociones, decidieron ir a comer algo antes de retornar a los cuarteles.
—Así que, Harry, dime, ¿qué es lo que más ansias este año? —le preguntó Tonks mientras comía sus papas fritas.
—La verdad, es que con todo lo que se está diciendo de mí en la prensa, espero algo de tranquilidad —suspiró Harry—. Ya me ocurrió en segundo, las personas temían de mí por poder hablar con serpientes, y gran parte del colegio el año pasado creía que había burlado las protecciones de Dumbledore para entrar al Torneo.
—Siempre es muy tranquilo alrededor tuyo ¿no? —comentó Tonks burlonamente.
Harry rio entre dientes.
—No tienes idea —dijo con una sonrisa—. Pero este año me siento mejor preparado. Ahora que mi entendimiento y conocimiento en la magia es superior.
—Harry —dijo Tonks, apoyando sus codos en la mesa e inclinándose un poco a él—, este verano has avanzado mucho más que cualquier persona podría jamás soñar. Ya incluso nos has derrotado a mí y a Sirius —su voz sonaba fingidamente molesta—, cosa que jamás reconoceremos en público, por supuesto. —Harry rió otra vez—. Pero, a día de hoy, en lo único que lo que no nos vences es en la experiencia que poseemos por nuestros trabajos. Sé con seguridad que no hay nadie en Hogwarts dentro del alumnado que hoy pueda ganarte —terminó explicó Tonks con seguridad y algo de orgullo.
—Sí, pero no es suficiente, todavía tengo un largo camino por recorrer —dijo Harry con algo de frustración.
—Harry —dijo Tonks, tomándole el brazo, con el rostro serio—, escúchame. Es verdad que todavía puedes mejorar, como todos, pero te he visto usar transfiguración y también conjurar objetos que nadie de tu edad, o incluso mayores, imaginarían usar en batalla —expresó, mirándolo a los ojos—. Creo que solamente Dumbledore podría jamás pensarlo. Y cada hechizo que aprendes… Eres capaz de lanzarlo de forma casi perfecta, luego de un par de horas de práctica, incluso puedes hacerlo de forma silenciosa —comentó asombrada—. Solamente sigue exigiéndote como lo haces aquí, pero no te olvides de disfrutar Hogwarts, de hacer más amigos y, no lo sé, empezar a salir con alguna chica —agregó, guiñándole graciosamente un ojo. Harry sonrió como sin quererlo—. Recuerda no abandonar tu adolescencia ni vivir tu vida solamente en pos de la venganza o el miedo.
Luego de esa charla con Tonks y volver a los cuarteles, Harry se encontró con mayor motivación para mejorar. Él quería sobrevivir esta guerra. Quería que el sacrificio de sus padres haya valido la pena para que pueda disfrutar y no solamente sobrevivir. En sus entrenamientos, empezó a tener otro tipo de mentalidad. A pesar que desde afuera todo se viese igual, algo en Harry había cambiado.
Pd. Como siempre todos los comentarios y sugerencias no son solamente aceptados sino que se incentivan.
