Actualizado el 2/9/2020
Disclaimer: Nada de Harry Potter es de mi propiedad, los personajes y lo relacionado a la historia "canon" que pueda aparecer, a excepción de lo creado y modificado por mi persona, pertenecen a J.K. Rowling.
Como siempre muchas gracias a Alexandrina Romanov y Naraya por sus correcciones y recomendaciones.
Harry se levantó al día siguiente temprano en la mañana, como se había acostumbrado durante su vida con los Dursley y en particular el verano anterior, aprovechando aun el calor que septiembre ofrecía, decidió salir a correr por los alrededores del lago, y una vez terminada su rutina, aún le quedaban dos horas para llevar a los de primer año a desayunar, por lo que aprovechó ese periodo de tiempo para volver a su dormitorio, arreglarse y escribirle una carta a Fleur, luego habló con Sirius para poder contarle los acontecimientos del día anterior.
"Querida Fleur
¿Cómo estás? Asumo que ya llegaste a Inglaterra, ¿Gringotts te acepto?, ¿ya empezaste a trabajar?, ¿cuándo vas a ir a todos esos sitios antiguos que van los rompe maldiciones?
Por aquí todo normal, ayer llegue a Hogwarts; aunque durante los fines de semana no tenemos clases, creo que mañana tendré que tomar mis exámenes de Runas y Aritmancia para poder determinar en qué nivel estoy, aunque aún tengo que confirmar con la directora adjunta cuando los rendiré, de todos modos, me siento bastante confiado de aprobarlos.
¿Tú dónde te has mudado? ¿cómo te estas acoplando a tu nuevo hogar? Saludos,
Harry.
Pd. Espero verte pronto."
Con la carta ya terminada, decidió utilizar el espejo encantado ya que quería informar a Sirius de sus avances.
—Canuto
—¡Harry! ¿Cómo estás? ¿Cómo fue tu primera noche en Hogwarts?
—Muy bien gracias, ¿tú cómo estás?
—Aquí encerrado, de momento todavía están los Weasley y Tonks, así que por lo menos no me encuentro solo —sonaba resignado —. Basta de mí, estoy ansioso en que me cuentes las novedades de las conversaciones que debías tener ayer, así que empieza —terminó un poco más alegre.
—Ambas fueron muy bien, aunque sin mayores avances —el aburrimiento, claro en la voz de Harry —, sabemos que no puedo hacer mucho hasta que rinda mis TIMOS, por lo que fueron conversaciones mayormente para ponernos al día, mientras, al mismo tiempo tratábamos de generar una mejor relación entre nosotros, aunque sí mencioné el deseo de aliarnos con las familias neutrales —finalizó tratando de zanjar el tema.
—Muy bien, de momento no te preocupes tanto por politizar —comenzó con cierta empatía —, por lo que veo, te pareces mucho a tu abuelo, el único motivo por el que no usaba un representante en el Wizengamot, era por el respeto que él imponía, y sabía que las cosas saldrían mejor cuando él estaba involucrado en ellas —con cariño continuó —. En el fondo, odiaba quedarse ahí sentado por horas discutiendo generalmente tema irrelevantes.
—Sí, ya lo sé —dijo cansado —, pero necesitamos el mayor apoyo posible para cuando sea el momento de tu juicio —con un poco más de humor siguió —. Nunca creí que le tendría que agradecer una segunda vez a Snape —al apreciar la cara su cara de confusión, no pudo evitar soltar una carcajada.
Más calmado terminó.
—La Heredera Greengrass fue nombrada prefecta, y para mejorar aún más la situación, Dumbledore consideró oportuno incrementar la unidad entre las casas, por lo que compartiré patrulla con ella los lunes y jueves.
Con clara excitación Sirius dijo.
—Qué bien Harry, parece que el destino nos empieza a sonreír.
—El problema es que, aún no sé cómo empezar a relacionarme con ella —inició derrotado —, aunque ya no me pongo tan nervioso frente a chicas, no quiero arruinar algo antes de que siquiera comience.
—Primero —su padrino se puso en modo profesor —, no debes mostrar nerviosismo, tienes que mostrarte seguro de ti mismo, nunca debes empezar una negociación sino tienes la ventaja —en tono reproche continuó —. Recuerda no parecer una persona muy arrogante, trata de manifestar tu lado más humilde, sin llegar a permitir que te pase por encima, de esa forma ganaras su respeto fácilmente —en su tono más serio posible concluyó —. Recuerda que, cuando quieras cortejar a alguna dama, aplican los mismos trucos, mi querido ahijado.
—Sí, como digas — dijo harto de los chistes de su padrino —, tratare de ver si logro investigar un poco más sobre su personalidad y ver exactamente con qué tipo de gente se junta, de lo único que estoy seguro por el momento, es que no es del grupo de Malfoy y sus asociados.
—Está bien, el resto está en tus manos, esta es tu primera negociación real en un clima no muy favorable. Recuerda, mantén la calma y todo saldrá bien.
Con eso, dieron por finalizada su conversación. Aunque Harry ya tenía algunos consejos de como comenzar, era demasiado difícil llevarlos a la práctica, definitivamente, las mujeres y política eran temas muy complicados y aún peores si se mezclaban.
Dolores estaba en sus nuevos aposentos en Hogwarts, aunque nunca fue una alumna sobresaliente, luego de esfuerzo, amenazas, chantaje y atribuirse logros ajenos; incluso siendo una mestiza, hija de un mago y una muggle, logró subir rangos dentro del ministerio, aunque para eso también tuvo que convencer a su padre de retirarse, para ella crear un linaje de una rama menor de alguna de las familias pertenecientes al Wizengamot.
Ella no tuvo una infancia fácil, en su casa siempre había peleas, y la sangre sucia de su madre y el squib de su hermano, se terminaron yendo de la casa para nunca volver, aunque no es que a Dolores le importase, ya que ella sabía que era superior a ellos.
Su situación en Hogwarts no fue la mejor tampoco, debido a su apariencia y a no sobresalir en ninguna rama de la magia, los otros alumnos la maltrataban, y en especial, los que se hacían llamar a sí mismos los merodeadores. Estos últimos no la tomaban de diana como a Snape, pero si había sido víctima de muchas de sus "bromas".
Dolores sabía, que el mejor lugar para estar en ese momento era Hogwarts. A pesar de no soportar niños, y menos a Dumbledore, ella reconocía que algo de verdad debía haber en sus aclamaciones, y de momento, el mejor rumbo de acción para ella era mantenerse de alguna forma neutral.
Ella tenía que apoyar al ministro a toda costa, no porque fuera particular simpatizante del mismo, ya que lo consideraba un idiota muy fácil de manipular, sino por todas las influencias que ella tenía en su gestión, y si quería mantener el poder que poseía, se tendría que mantener a su lado. Y, estando en el colegio, ella podría ganarse favores con un par de alumnos cuyas familias eran conocidas como seguidores del Señor Tenebroso.
Sin embargo, uno de los motivos que más influyeron en tomar la decisión de moverse a Hogwarts, era su posibilidad de ejercer venganza por los maltratos que sufrió cuando era niña en la escuela y, en particular, quería hacer sufrir a Potter, aunque no lo haría de inmediato.
Primero, observaría, y luego, actuaría con esa información. Mas eso no le impedía ver sufrir a algunos alumnos durante la espera, ella tenía pensada una tortura que durase, sin que dejará mayores secuelas físicas, aunque si podía llegar a generar mayores daños psicológicos: el uso de plumas de sangre.
Sabía, que debía tener mucho cuidado con el uso de las mismas, para que ningún alumno la pudiera acusar, «con un obliviate, me olvidó del problema». Con eso en mente, decidió bajar a desayunar al gran comedor para poder tener una idea general de cómo estaban los ánimos dentro del castillo y actuar acorde.
El transcurso del fin de semana fue muy tranquilo. Luego del sábado, llevar a los alumnos de primer año al comedor, Harry salió en búsqueda de algún lugar en el cual pudiera entrenar sin ser molestado.
Luego de varias horas, recordó que las aulas en el tercer piso aún no se usaban, por lo que decidió utilizar alguna de ellas para su uso personal, aunque creía que Dumbledore podía detectar si alguien añadía un par de defensas en el castillo, incluso si estas estaban ubicadas en un pequeño sector sin afectar nada más; aun así, determinó que lo mejor era colocar un par de runas defensivas simples para que los alumnos no entraran al aula, aunque estas no servirían de mucho frente a un profesor.
Durante el domingo, volvió con su rutina diaria, para luego, en su espacio privado transfigurar un par de equipos para ejercitarse. Aún estaba el problema de no tener con quien practicar combate, por ese motivo, decidió que, de momento, hasta que encontrara a algún posible alumno que fuera un reto, perfeccionaría sus hechizos y precisión con maniquíes conjurados por él, además de tratar de utilizar la transfiguración de las maneras más creativas que pudiera imaginar.
Luego de su rutina, fue al gran comedor a desayunar, donde vio que Hedwig venía con una carta, la cual Harry asumía era la respuesta de Fleur, por lo cual, luego de darle un bocadillo a su lechuza, se la guardó para leer más tarde. Al final del desayuno, McGonagall se le acercó para informarle, que a las 16:00 de la tarde tendría sus dos exámenes niveladores y que estaba contenta que, aunque fuera cuatro años después, empezara a tomar más enserio sus estudios. Por lo que, luego del desayuno, decidió darles un repaso a ambas materias, por supuesto, después de su práctica con magia.
Dumbledore estaba en su oficina, luego del incidente durante el banquete de bienvenida y aprovechando que era viernes y las clases oficialmente no comenzarían hasta el lunes, trató de disfrutar un poco del tiempo libre que tenía, algo de lo que últimamente no podía.
Él se sentía, por primera vez en más de cincuenta años acorralado, igual que como se sentía antes de su duelo con Gellert; por un lado, estaba Tom reagrupando sus fuerzas. Su principal preocupación era que aún no había recibido noticias ni de Rubeus, ni de Remus, mientras que Severus le informaba que Tom estaba bastante satisfecho por cómo iban las negociaciones con los gigantes y hombres lobo, lo que incrementaba su preocupación.
De momento, Dumbledore no sabía de ningún acercamiento hacia los vampiros, o magos y brujas de Europa continental por parte de Tom o sus asociados. El problema era que él no tenía forma de contactar con los vampiros y su imagen en el exterior tampoco era muy buena, por lo que, de momento, solo era un juego de paciencia y observar los movimientos del enemigo.
A otro lado, no menos preocupante, estaba el ministerio, Cornelius se negaba a aceptar que Tom podría haber vuelto. A Dumbledore no le molestaba el miedo del ministro, con el historial de la primera guerra mágica era más que entendible que no lo quisiera hacer público, pero por lo menos, pensó que Fudge iniciaría una investigación o trataría de aumentar el fondo de seguridad, sin embargo, él estaba en la negación, y siendo su consejero Lucius Malfoy, era muy fácil de manipular a favor de los planes de Tom.
Ahora tenía que centrarse en Hogwarts y sus alumnos, en especial, hacer lo posible para protegerlos de Dolores, a la que aún recordaba de su tiempo en Hogwarts, la cual, ya al final de su educación se había vuelto sádica y muy en contra de los nacidos de muggles o mestizos. Dumbledore no se preocupó mucho, ya que a pesar de sus ideologías no era muy poderosa, aunque sí muy astuta, característica que le sirvió para poder ascender en el poder muy rápido. Dumbledore lamentaba tener sus manos atadas, su único objetivo era poder aligerar el golpe, sin arriesgarse él mismo o su personal a perder su puesto, y que todo fuese a peor, realmente necesitaba un año sabático cuando todo esto acabara.
Aunque durante el sábado pudo relajarse un poco más, cuando ya estaba anocheciendo, sintió como las protecciones de Hogwarts lo alertaban de una inclusión de algún tipo de defensas leves en el tercer piso. Dumbledore sabía por el altercado con la señorita Granger y el señor Weasley, que Harry ya estaba incursionando en runas, y de hecho, podía encantar zonas u objetos con ciertas protecciones básicas, cosa que luego confirmó con Minerva, al aceptar el pedido de cursar runas por parte de Harry. Por lo que Dumbledore asumió que su alumno quería proteger, aunque fuera de manera simple su zona de entrenamiento, por lo que solo decidió ir a echar un vistazo y ver que no hubiese nada realmente peligroso.
Cuando llegó al aula afectada e hizo los chequeos correspondientes, pudo percibir las runas de protección, así como la de proximidad, la que tuvo que desactivar para no alertar a Harry, y una última protección para ser pasada por alto; por lo visto, Harry había aprendido muchísimo durante estos últimos meses.
Una vez dentro de la clase, él pudo ver distintos tipos de aparatos muggles para ejercitarse, además de un par de sillas y un escritorio, todos los objetos tenían una precisión envidiable, al parecer, Harry también había mejorado de forma increíble en otras ramas de la magia. Dumbledore estaba complacido por los avances de su alumno, quizás una vez que lograra determinar que ocurrió con su cicatriz, pudiera compartir la profecía con él; eso solo ocurriría hasta luego de las navidades.
Una vez llegadas las cuatro de la tarde, Harry ya se encontraba fuera de la oficina de su jefa de casa, por lo que luego de tocar la puerta, este fue recibido por ella y dos profesoras más.
—Bien, señor Potter, puntual. Le presento a la profesora Bathsheda Babbling, de runas antiguas, y a la profesora Séptima Vector, de aritmancia.
—Un placer— Respondió Harry de manera respetuosa.
—Antes de comenzar, me gustaría preguntarle, ¿a qué se debe este repentino interés en estas dos materias?, si sabe la fama que tienen entre los alumnos ¿no? —Preguntó interesada McGonagall.
—Bueno, este verano, tuve la posibilidad de estudiar e investigar sobre ambas materias y me resultaron muy interesantes, por lo cual, decidí probar y seguir estudiándolas aquí en Hogwarts —dijo sin darle mayor importancia.
Harry, dejó de lado, que todo conocimiento que poseyese era para tener mayores chances de sobrevivir a un maniático, quien lo quería muerto, lo cual, por regla general, sería suficiente motivo para incentivar a cualquiera; por el rostro de McGonagall, ella parecía sospecharlo, pero si lo hizo, no lo mencionó.
—No hay problema, Minerva, sea cual sea su motivo, aquí está. Señor Potter, usted dará el examen final de tercero y cuarto año, para ver si posee los conocimientos suficientes para cursar con sus respectivos compañeros, tanto aritmancia como runas— Explicó la profesora Vector.
Harry comenzó a hacer sus exámenes, por el lado de aritmancia, eran puramente teóricos ya que creación de hechizos solo se empezaba a mencionar a finales de sexto año, el examen de tercero fue bastante fácil, mientras que el de cuarto le costó un poco más, y terminándolo con el tiempo justo.
Ambos exámenes de runas, solo constaban en traducir las runas de los alfabetos que se estudiaban en los primeros dos años, apenas mencionando sus posibles utilidades en el examen de cuarto curso. Estos, le resultaron bastante más simples que los de aritmancia, ya que para Harry, que en sus exámenes de runas no había parte práctica, la teoría le era más fácil de visualizar por su aplicación en encantamientos, la cual él ya había logrado con éxito.
Un par de horas después, con sus exámenes ya finalizados y corregidos, las profesoras comenzaron a hablar.
—Bueno, señor Potter, parece que podrá concurrir a mis clases para los TIMOS este año, en sus exámenes, tanto de tercero como de cuarto obtuvo un extraordinario, felicitaciones. Luego Minerva, le entregará los horarios para mis clases, mucha suerte— y con eso Babbling, saludó a sus colegas y salió de la oficina.
—Tengo que decir, que a mí también me sorprendió. En su examen de tercer año obtuvo un extraordinario, mientras que en el de cuarto, sacó supera las expectativas, por lo cual, también podrá concurrir a mis clases con sus compañeros de año este curso— y con eso, Vector, imitando a su colega, también salió.
—Reconozco que usted me asombró, parece ser, que maduró bastante en el transcurso del verano, y mi decisión de nombrarlo prefecto no fue mala. Felicitaciones señor Potter, estoy segura que sus padres estarían muy orgullosos de usted.
—Muchas gracias, profesora, espero no decepcionarla.
—Dudo que lo haga, aunque si me permite el atrevimiento, su nueva predisposición hacia los estudios ¿Se debe al regreso del innombrable?
—Sí, gran parte es debido a eso, aunque mi padrino también me influenció, al comentarme los grandes alumnos que eran mis padres e incluso mis abuelos —con nostalgia termino —, y también decidí honrarlos dando lo mejor de mí en clases— por un momento, Harry vio una expresión de arrepentimiento y culpa en el rostro de su profesora.
—Muy bien, aquí tiene sus horarios para todas sus clases. Si necesita cualquier cosa, puede venir a mí por ayuda, mi oficina siempre estará abierta.
Harry solamente pudo asentir mientras guardaba sus horarios en su bolsillo, pero cuando estaba a punto de salir, escuchó a McGonagall decirle.
—Harry, lo digo en serio, cualquiera sea tu problema puedes acudir a mí.
Esos últimos meses, habían sido muy reveladores para Minerva McGonagall. Luego de ver al hijo de sus dos alumnos preferidos, con la copa del torneo en sus manos, su primera reacción fue alegría, frente a todo pronóstico, uno de sus alumnos, incluso con su participación forzosa y sin ser favorito, logró ganar el torneo. Esa alegría se desvaneció rápidamente, cuando escuchó el llanto y lamento de su alumno, mientras veía el cuerpo del otro campeón de Hogwarts inmóvil en el suelo.
Luego de esos eventos, algo cambió en Harry, ella lo veía de pasada en las reuniones de la Orden, y se notaba que ahora tenía una mayor confianza en sí mismo, eso más sus recientes cambios físicos, hicieron que Minerva no lo viese más como un niño, sino como un joven con una gran carga sobre sus hombros.
A pesar de ocultarlo bien, bajo la fachada de una persona segura en sí misma, Minerva no había sido profesora varias décadas por nada, los ojos de su alumno reflejaban cierto dolor, hasta, cierta culpa.
Eso la llevó a realizar un poco de introspección sobre sus propias acciones en el pasado. Minerva se dio cuenta, que luego del incidente con la piedra durante el primer año de Harry, este nunca fue en busca de su ayuda.
No durante el fiasco de la Cámara de los Secretos, como tampoco durante el torneo el año anterior, aunque era cierto que no lo podía ayudar, ella le podría haber indicado el camino de forma indirecta si hubiese acudido por su ayuda, como hicieron el resto de las escuelas.
Incluso aunque las situaciones fuesen mortales, nunca más fue por su ayuda, de hecho, se dio cuenta que casi ninguno de sus alumnos iba con sus problemas a ella. Parecía que había fallado como jefa de casa, ya que ninguno de sus pupilos confiaba en ella para ayudarlos.
Por eso, antes del comienzo de clases, se prometió dedicar mayor tiempo a sus deberes como jefa de Gryffindor, e iba a empezar a tratar de recuperar la confianza de Harry.
Debido a eso, cuando recibió su carta en la que mencionaba su deseo de tomar las clases de aritmancia y runas, se dio cuenta que la resurrección del Innombrable generó un cambio profundo en su alumno; ella aun recordaba la primera guerra mágica y lo terrible que fue para Gran Bretaña, tanto a nivel personal como a nivel nacional. Por lo que Harry, necesitaría toda la ayuda posible para prepararse, a eso apuntaba ella con su oferta, solo esperaba que la tomara, y acudiera a ella y no tratara de hacer todo solo.
Lo único que temía Minerva ese año para Harry, eran los problemas que Umbridge pudiese causarle. Si este no podía mantener su cabeza gacha y temperamento controlado, Dolores le haría la vida un infierno.
Era sabido por todo el personal, que el único motivo por el cual ella obtuvo el trabajo, fue por la coacción del ministerio a Dumbledore, y Minerva sabía que, en un futuro no muy lejano, Umbridge poseería mayor poder dentro de Hogwarts que cualquier otro profesor, incluso quizá pudiendo desautorizar al mismísimo director.
Por eso, el personal docente sabía, que ellos también deberán mantener una actitud más sumisa para no ser despedidos por algún motivo, por más simple que sea, y de esa forma, por lo menos tratar de aliviar el problema que generaría Umbridge.
Ella deseaba que Harry hubiera logrado heredar la sutileza de la familia Black y pudiera ponerla en práctica. Si no recibía ayuda por parte de los profesores no solo perdería toda su fe en ellos, que desde el punto de vista de un alumno sería lo razonable, sino que Minerva temía lo que podía llegar a hacer este nuevo Harry a Umbridge.
Él no le tenía ningún resentimiento por el curso anterior, sabía que los profesores no tenían permitido ayudar a ninguno de sus alumnos, quizás incluso habían tenido que firmar algún tipo de acuerdo con este objetivo con ciertos tipos de consecuencias desagradables. Además, las insignias no mostraban nada ofensivo en frente de los profesores, por lo que su falta de confianza en ella se debía al incidente con la piedra. La respetaba como prodigio en transfiguración y poder enseñar de manera adecuada su materia, nada más por el momento.
El problema era que Harry, nunca tuvo un adulto que se preocupara realmente por él durante su infancia, por lo que su respeto y confianza en figuras de autoridad era muy endeble, y una vez que se sentía decepcionado, era muy difícil que volviera a apoyarse en ellos.
Debido a esto, las últimas palabras de McGonagall lo descolocaron y no sabía cómo actuar; por un lado, si lo podía ayudar con transfiguración en batalla, que sería muy útil para él, pero no sabía si podía confiar del todo en ella, por lo que decidió, de momento esperar, y luego decidir qué hacer con esa oferta. Ahora tenía cosas más importantes que hacer, como leer la respuesta de Fleur.
"Cher Harry:
Yo estoy très bien. Hace un par de días llegué a Inglaterra. En Gringotts ya me aceptaron, aunque estoy empezando como todos, primero con trabajo de escritorio y aprendiendo el oficio de un superior.
Ya me logré acomodar, de hecho, me mudé a Hogsmeade ya que no encontré nada de mi agrado en la zona residencial del Callejón Diagon y prefiero vivir entre magos, ya que, a pesar que la mayoría de los hombres no posee résistance à moi aura, aun así, se logran controlar mucho más que los muggles, y si se llega a lo peor, me puedo defender sin temor al estatuto del secreto.
Así que, espero que pongas a buen uso esa capa tuya con el mapa que me mostraste, y me vengas a visitar a mi nuevo hogar en Hogsmeade, ya que, de momento, eres el único ami que tengo en estas tierras.
Bises,
Fleur."
Decir que Harry estaba feliz, no hacía justicia a la verdadera magnitud del sentimiento que estaba experimentando; él estaba emocionado cuando Fleur le dijo que vendría a Inglaterra, pero sabía que solo la podría ver durante los fines de semana de Hogsmeade, que no eran tantos, y además también pasaría tiempo con Tonks, por lo cual, no sabía cuántos momentos podrían pasar juntos. Aunque ahora que viviría en el pueblo, Harry la podría ver tan seguido como él quisiera y ella lo permitiera.
Harry, no sabía con exactitud de dónde venía esa ilusión de querer verla, incluso aunque extrañaba a Tonks, con ella no sentía la misma anticipación que con Fleur. Por supuesto, que Fleur era muy atractiva, empero para Harry, Cho también lo era, además de muchas otras chicas; quizás el motivo era por el acercamiento que tuvieron durante el torneo, lo único que sabía Harry con exactitud, era que estaba muy nervioso.
Era verdad que, durante el verano, perdió bastante la vergüenza con el sexo femenino y aumentó la confianza en sí mismo; él sabía que, si su conversación con Susan hubiese sido antes del verano, no habría podido actuar con la confianza que actuó, incluso cuando no tenía ninguna atracción hacia ella.
Para su sorpresa, tampoco sentía esta clase de nerviosismo por lo que sería la primera conversación con Daphne, a pesar de considerarla muy bonita, tenía el temor de actuar de una forma tal, que posibles negociaciones con su familia se hicieran imposibles.
Con Fleur era distinto y no sabía porque, solo esperaba que todo saliera bien; un poco antes de que empezara su primera patrulla, decidió ir a la lechucería para responder a Fleur que estaría encantado de visitarla, y que sólo le indicara cuando le vendría bien a ella.
Fleur estaba contenta, hacía ya un par de días que había llegado a Inglaterra y se estaba adaptando bien. Había decidido mudarse a Hogsmeade, porque sabía que de esa forma podría verse más con Harry, aunque extrañaba a su familia, sabía que estando cerca de él no estaría completamente sola; por eso, cuando recibió su carta, decidió invitarlo a su casa para volverlo a ver y ponerse al día, ya que durante el verano no intercambiaron mucha correspondencia.
Ella sabía, que él conocía todas las formas para salir del castillo y llegar a Hogsmeade sin ser detectado, por lo que se podrían ver bastante seguido. Fleur no lo quería meter en problemas, por supuesto, pero también sabía, que para Harry no era difícil escabullirse y no tendría mayores inconvenientes en hacerlo.
Durante el domingo, recibió la respuesta de Harry, por lo que decidió invitarlo para el día siguiente a cenar.
"Harry, te invito chez moi para cenar mañana lunes, asumo que como va a ser tu primer día de clases, no tendrás mucha tarea que hacer, por lo que te espero alrededor de las 18:30. Si surge algún inconveniente, solo avísame.
La dirección es Mopsus 7, doblando a la derecha de Las Tres Escobas, un par de metros en la calle colateral a la avenida principal.
Bises,
Fleur."
Con eso, decidió acomodar un poco más su departamento. A pesar de que ya estaba amoblado casi por completo, sentía que le faltaba un toque más hogareño, que asumía, le llegaría con el tiempo.
Harry no sabía qué pensar de los lunes en general, y este en particular. Su día empezaba de forma normal, tratando de mantener su rutina del verano lo mejor posible, aunque físicamente sabía que no habría mayores problemas, ya que aquí también tendría los entrenamientos de Quidditch, por lo que practicaría en su mayoría, magia. Ese no era el inconveniente, el verdadero terror eran las clases que tendría los lunes, empezando con doble periodo de defensa, seguido de un doble bloque con Snape, para en la tarde terminar con un doble periodo de Historia de la magia, y un bloque de Aritmancia; en especial, ese primer lunes sería más agotador, porque tendría una cena con Fleur, y para culminar, ese día sería su primer acercamiento con Daphne.
Harry creía, que sería una buena idea pedirle algún consejo a Fleur respecto a sus negociaciones, por un lado, le podría dar una perspectiva femenina y por el otro, ella tenía mayores experiencias en el ámbito político por el puesto que ocupaba su padre; mas Harry, no quería que Fleur creyera que él estaba interesado de forma romántica en Daphne, aunque aún no entendía el motivo de ese sentimiento.
—Buenos días, chicos— saludó Umbridge, a lo cual sólo se escuchó un murmullo como respuesta.
—No, así no funciona. Cuando yo saludo o pregunto algo, se me tiene que responder de forma correcta y respetuosa. Probemos de nuevo, buenos días, chicos— Marcando el final de la forma más lenta e infantil posible.
—Buenos días, madame Umbridge—
Con eso, Umbridge indicó que leerían el capítulo 1 del libro hasta el final de la clase, en voz baja. Harry estaba agradecido por esa instrucción, de esa forma, podría estudiar el libro que le prestó Tonks, ya que este estaba encantado para lucir como teoría de magia defensiva, el libro el cual los alumnos debían tener para esa clase.
Todo estaba muy tranquilo en la clase, la mayoría de los alumnos estaban haciendo lo posible para no quedarse dormidos, aunque Hermione parecía estar molesta con el contenido del libro, algo por lo que Harry no la podía culpar. Durante el verano, le echó una ojeada al libro, con el nombre de algunos capítulos, ya sabía que ese libro era una pérdida de tiempo, nombres como "razones para las respuestas no agresivas a los ataques mágicos" o "respuesta pacífica y negociación" no indicaban gran uso de magia práctica para la clase.
Lo peor, era la opinión del autor respecto a los embrujos y sus contra embrujos, él consideraba que contra-embrujos no era un nombre correcto, porque creía que el término contra-embrujo era utilizado para hacer que los hechizos parecieran más aceptables.
—Ya he leído todo el libro, y en ninguna parte habla de utilizar la magia de manera defensiva —comenzó exasperada —. El consejo que da el autor, es negociar con el atacante, e incluso la mejor opción es llamar a los especialistas del ministerio. Entonces quisiera saber ¿cuál es el objetivo de esta clase sino aprender a defendernos? —Preguntó Hermione, luego de tener alzada la mano y ser ignorada por cinco minutos.
—No entiendo, ¿acaso cree, señorita…?
—Granger, Hermione Granger.
—¿Acaso cree, señorita Granger, que va a ser atacada en mi clase? —Finalizó con una falsa dulzura en su voz, Umbridge.
—Pero, ¿acaso en los TIMOS, no hay parte práctica?, ¿cómo pasaremos si no practicamos los hechizos en clase? —Preguntó Zabini.
—Ejem. Primero, en mi clase se levanta la mano antes de preguntar, y se espera hasta que yo de permiso para que hable, señor…— terminó Umbridge con una voz muy aguda e irritante.
—Zabini— respondió de forma simple.
—Estén tranquilos que, con la simple teoría, ustedes van a poder aprobar también la parte práctica de sus exámenes.
—Sí, pero ¿cómo aprenderemos a defendernos cuando salgamos de la escuela? —preguntó molesto Ron.
—Diez puntos menos para Gryffindor, se levanta la mano antes de hablar, señor Weasley.
» Se ve que hay gente que cree los dichos de algunas personas, que lo único que desean es desestabilizar el ministerio para sus propios fines. No tienen de qué preocuparse, déjenme asegurarles, que no hay ninguna amenaza real en este momento, más que las personas que mienten para su propio beneficio. Mientras que la muerte del joven Diggory, fue realmente una tragedia, que estoy segura que fue un accidente sin ninguna malicia— terminó Umbridge mirando fijamente a Harry.
Harry sabía cuál era el juego de la profesora, tratar de hacerlo saltar, para luego castigarlo y ridiculizarlo, él ya tenía experiencia en ese tipo de situaciones gracias a los Dursley, y esto no era muy diferente. Él podía aceptar y tragar que se lo trate de mentiroso, ahora que se le acuse, aunque sea de manera sutil, de asesinar a alguien, no lo iba a aceptar.
—Cedric fue asesinado a sangre fría y su muerte no fue ningún accidente— Exclamó furioso Harry.
—Señor Potter, veinticinco puntos menos para Gryffindor por faltarle el respeto a la autoridad, y recuerde, que el único presente y testigo es usted, que por lo que parece, es un poco desequilibrado. La próxima vez que me falte el respeto, irá a detención. Clase finalizada.
Harry estaba muy estresado luego de la clase de defensa, sabía que podría haber ido mucho peor, pero no logró controlarse lo suficiente; la muerte de Cedric, todavía le causaba angustia y era un tema muy sensible en él. Estaba agradecido de haber logrado mejorar mucho en su elaboración de pociones, por lo menos la clase de Snape no fue un infierno, ya que el profesor no pudo encontrar ningún defecto en su poción.
Luego del almuerzo, decidió saltarse Historia de la Magia, para poder ir a la oficina de McGonagall y tratar de encontrar una solución a su problema con defensa; ya que no creía que, si todas las clases fuesen de esa forma, podría mantener su temperamento controlado, e intuía, que las detenciones no serían placenteras con esa mujer.
—Señor Potter, no esperaba verlo aquí el primer día, aún menos en horario de clases. Espero, que tenga una buena excusa para eso.
—Profesora, hoy tuve mi primera clase con Umbridge.
La única respuesta de su jefa de casa, fue una especie de lamento, por lo que Harry tomó eso como señal para contar su versión de los hechos.
—Harry, tú mismo entendiste cuál era el fin detrás de sus palabras. Esta vez no te salió muy caro, no podremos decir cómo será la próxima, tienes que mantener la cabeza gacha.
—Lo entiendo perfectamente profesora, yo puedo soportar que me llamen mentiroso y desequilibrado, pero no puedo permitir, ni la más mínima insinuación de ser un asesino, ni el Profeta escribió eso de mí. Necesito una solución que no incluya asesinato— Dijo Harry tratando de mantener su enojo a raya.
—Tu próxima clase es el miércoles ¿cierto?
—Sí, así es.
—Bueno, Potter, tenme paciencia y para tu próxima clase tendré una solución para este problema.
Minerva sabía que tenía que encontrar una solución a ese asunto lo más rápido posible, Albus también estaba con las manos atadas respecto a Dolores, pero si ella le explicaba la situación, podían hallar un desenlace favorable para todos.
Ese año ya traía demasiados problemas, y no había terminado ni siquiera el primer día.
Luego de su última clase del día, aritmancia, la cual, para sorpresa de Harry, dejó gran cantidad de tarea, aunque ahora comprendía mejor la fama, tanto de la materia como de la profesora. Aprovechando que la tarea era para presentar el miércoles, subió a su dormitorio para dejar todos sus materiales, llevar consigo su capa de invisibilidad y su mapa, para no tener que responder preguntas que no quería.
Harry se tenía que apurar ya que, a paso normal, usar el pasadizo de la bruja tuerta que llevaba a Honeydukes le tomaba una hora, por lo que apresuraría su ritmo para poder llegar alrededor de las siete a la casa de Fleur.
Una vez fuera del pasadizo, se apuró para llegar a la dirección que le indico Fleur; una vez afuera, pudo ver una casa simple con un solo piso, confirmando su ubicación, decidió golpear la puerta.
—Harry, temía que no ibas a poder llegar. Pasa, ponte cómodo.
Cuando entró, pudo ver que, así como la casa se veía simple desde afuera, adentro tampoco era muy sofisticada. El comedor tenía una mesa sencilla con cuatro sillas y una chimenea, que de momento estaba apagada, una puerta que aparentemente llevaba a la cocina, y a la izquierda de la entrada, había un pasillo no muy largo con una puerta a cada lado y, por último, una al fondo del pasillo, en verdad una casa muy simple, que se sentía acogedora.
Fleur estaba muy sorprendida, aunque trato de no demostrarlo, Harry había cambiado mucho en los meses que no se vieron; por un lado, sus ojos sobresalían, incluso más que antes, por su falta de lentes, físicamente también había crecido muchísimo, se lo veía con más músculo y Harry la superaba por un par de centímetros. Parecía que este año, iba a ser un rompecorazones; el año anterior, ya mostraba que sería muy guapo en el futuro… en esta versión era mucho más de lo que imaginaba.
—Perdona, Fleur. Mis clases terminan a las 17:45 y luego tuve que ir a mi habitación para dejar las cosas y cambiarme a algo más cómodo —dijo un poco agitado.
—No pasa nada, tranquilo, aún no he terminado de cocinar la cena, ¿te ofrezco algo de tomar?
—Sí, una cerveza de mantequilla estaría bien.
—Ven, pasa a la cocina, así conversamos mientras termino de cocinar.
La mayor parte de su charla, fue para ponerse al día, no se tocaron temas de mucha relevancia, y la verdad, era que Harry estaba muy agradecido porque necesitaba un descanso de lo que fue su día, y lo que aún le faltaba. Harry le contó cómo fue su día, y Fleur estaba furiosa con Umbridge por sus falsas acusaciones.
El transcurso de la cena también fue muy tranquilo, Harry prefirió no hablar de sus futuras negociaciones con la familia Greengrass, o de política en general, por lo que la plática fue muy tranquila. Harry pensaba que eso era algo que le faltaba en su vida, por lo menos en Hogwarts, un momento para poder relajarse sin preocupaciones, por lo cual, apreciaba mucho que Fleur estuviera igual de distendida.
—Muchas gracias Fleur, por esta maravillosa cena. La verdad necesitaba relajarme más de lo que creía, espero lo podamos repetir pronto.
—Señor Potter, usted si es bastante atrevido, aún no terminamos la cena y ya está invitándome a una segunda cita en mi propia casa— dijo Fleur de manera muy seria.
—Fleur… tu sabes que no me refería a eso— Murmuró Harry, recordando la reacción similar que tuvo Susan con él en el tren.
—Ah, o sea que no fui suficientemente buena compañía, como para una segunda cita con el gran Harry Potter— exclamó Fleur con tono de indignación.
—No… no es eso… la pasé muy bien contigo y lo sabes— dijo Harry rojo de vergüenza.
—Entonces, es que no soy lo suficientemente atractiva, o es que tienes una novia por ahí de la que no me hablaste y se pondría celosa.
—No, no tengo ninguna novia, y considero que eres realmente hermosa— en ese punto de la conversación, Harry ya estaba pensando que prefería enfrentar de nuevo un dragón, Sirius no lo preparó para esto.
—Oh, entonces consideras que soy hermosa, qué lindo de tu parte— Fleur se estaba divirtiendo mucho frustrando a Harry, ella aun no sabía qué rumbo quería tomar con esa relación, o en su caso, qué es lo que quería Harry. De momento se divertiría lo máximo posible.
—No hay forma de que logre decir algo sin perder más la dignidad ¿no es así? —preguntó débilmente Harry.
—Sí, no hay forma alguna, aunque parece que por lo menos algo estás aprendiendo— terminó Fleur mientras se reía, y un par de segundos después, Harry se le unió.
Quedaron en mantenerse en contacto para ver si podrían repetir esta cena durante esa misma semana, por lo que luego de un abrazo afectuoso, Harry fue de camino a Hogwarts, aún tenía una larga noche.
Daphne estaba ansiosa, esa sería la primera charla que tendría con Potter, y estaba preocupada porque no lo vio en la cena y tampoco en la biblioteca, más le valía presentarse para sus deberes, porque si no se encargaría de que fuera el último de su familia.
A ellos les tocaba patrullar los corredores del segundo y tercer piso, por lo cual, a las diez de la noche, cuando llegó donde empezaba su recorrido, Daphne vio a Potter perdido en su mundo.
—Potter ¿estás listo? ¿O necesitas unos minutos más? —Preguntó Daphne de manera neutral.
—Greengrass, si tú estás lista, podemos comenzar.
No hubo mayores altercados, más que un par de parejas en los armarios del segundo piso. En el ambiente había cierta incomodidad, ninguno de los dos sabía cómo conversar con el otro, y menos aún, cómo iniciar un acercamiento político. Daphne, en ese momento, se dio cuenta la desventaja que tenía al no haber recibido ningún tipo de preparación política de su padre, por lo menos, tenía el consuelo de que Potter no estaba mejor. Por lo que decidió comenzar a entablar una conversación por los temas más "seguros".
—Mi amiga Tracey, me comentó que este año, estas cursando con ella aritmancia, a pesar de no haber ido a esas clases los dos cursos anteriores.
—Sí, es verdad. Este verano, tomé interés tanto en aritmancia, como en runas antiguas; por lo que luego de consultarlo con McGonagall, tomé el examen de nivelación.
Ahora Daphne estaba sorprendida, por lo que ella sabía, Potter siempre fue un alumno promedio, exceptuando por defensa donde sobresalía. Al parecer, era más inteligente de lo que demostraba en clase, ya que no cualquiera podía estudiar material de dos años en un solo verano.
Su comentario la hizo encender una chispa de interés, porque a pesar de no ser la mejor alumna en su curso, ella tenía una fascinación por runas, por lo que ese podía ser un terreno común entre ambos.
—Así que también vas a estar en runas este año, y dime ¿qué te parecen?
—Cómo te mencione antes, las encuentro fascinantes, incluso más que la Aritmancia, ya que de momento solo estamos viendo teoría. Pero las runas son idiomas de civilizaciones antiguas, solo que no hace falta el habla para utilizarlas— Harry decía mientras se rascaba la cabeza.
Luego de una breve pausa, siguió.
—Hoy en día, se podrían utilizar de manera muy parecida a como usamos el latín en los hechizos, solo que demoraría más y sería más complicado, eso entiendo, es el motivo por el que solo es una materia optativa, ya que su mayor uso es para grabar encantamientos en objetos o zonas.
A decir verdad, Daphne nunca había pensado las runas desde ese ángulo, pero no parecía erróneo, quizá una amistad con Potter fuera más beneficiosa que solo en el ámbito político.
—Bueno, Potter, muy interesante conversación, pero nuestra patrulla ha terminado.
—Cierto, ¿entonces nos vemos mañana en Runas?
—Sí, estaré ahí— mientras Daphne se daba la vuelta para marcharse, escuchó.
—¡Ah! y Daphne, llámame Harry.
—Está bien, creo que puedo hacer eso.
En su cuarto, Harry no estaba muy contento sobre cómo fue su primer acercamiento con Daphne, ambos estuvieron bastante incómodos durante casi todo el transcurso de la patrulla, a excepción del momento en el cual conversaron sobre runas; al parecer, Daphne también sentía cierta pasión por ellas.
Por lo menos, Harry ya había encontrado un terreno común para empezar una relación de amistad, incluso, quizá podría convencerla de hacer pareja en clase de runas al día siguiente. La verdad, es que pudo haber ido mucho peor. Sin que él lo supiera, en las mazmorras del castillo, había otra persona pensando exactamente lo mismo.
Pd. Como siempre los comentarios y sugerencias no son solo bienvenidos sino también incentivados.
