Actualizado el 9/9/2020

Disclaimer: Nada de Harry Potter es de mi propiedad, los personajes y lo relacionado a la historia "canon" que pueda aparecer, a excepción de lo creado y modificado por mi persona, pertenecen a J.K. Rowling.

Como siempre muchas gracias a Alexandrina Romanov y Naraya por sus correcciones y recomendaciones.


La primera semana en Hogwarts fue bastante caótica para Harry. Entre las clases nuevas, todos los profesores advirtiéndoles sobre la importancia de este año por los TIMOS y los rumores que corrían sobre él en los pasillos, no encontraba momentos para relajarse aparte de los que pasaba entrenando solo.

No todo era malo, en su primera clase de runas decidió pedirle a Daphne ser su pareja en clase como había pensado, a lo cual, ella sin mucha vacilación aceptó. Eso no quería decir que eran grandes amigos, pero eran los primeros pasos para formar una relación de amistad entre ambos; a veces, pensaba lo simple que era hacer amigos o enemigos cuando uno era niño, no había que calcular tanto, como tampoco se temía de traiciones, el mundo era mucho más simple.

Conforme uno crecía, por lo menos en el mundo mágico, uno tenía que cuidarse más de con quien se relacionaba, incluso los que antes eran tus amigos, tenían sus deslices con mayores consecuencias, lo que generaba tensiones importantes en sus relaciones, el mundo de la adolescencia de un mago pensaba Harry.

Esta misma técnica trató de aplicarla en el resto de sus clases, en herbología le pidió a Neville ser su pareja, como así también en pociones, en aritmancia y transfiguración se juntó con Susan y para encantamientos con Padma. Harry se dio cuenta que no era mala idea ampliar su círculo de amistades, aunque no confiara en ellos completamente, necesitaba socializar más para aunque fuera para mantener la poca salud mental que aún le quedaba.

También, Harry se dio cuenta, que todo su esfuerzo durante el verano, incluso aunque este no se centró en adelantar en sus clases sino en un estudio más generalizado, notaba que tanto las transfiguraciones como los encantamientos le resultaban bastante más fáciles de ejecutar. Algunas de las transfiguraciones que jamás había practicado, las lograba hacer al primer o segundo intento.

Su más grata sorpresa llegó al final del martes, cuando fue citado a la oficina de McGonagall. Harry esperaba que su jefa de casa hubiera llegado a una solución sobre su problema.

—Buenas noches, señor Potter. Pase, tome asiento —indicándole la silla frente a ella —, creo que sabe el motivo de porqué lo cité ¿no?

—Buenas noches —respondió de manera respetuosa mientras se sentaba —. Asumo que por mi pequeño problema con la clase de defensa —no había ninguna necesidad de dilatar el asunto.

—Así es —comenzó derrotada —, Dolores está aquí tanto por ti como por Dumbledore, por lo que mi primera solución a tu problema va a resultar imposible —soltó un largo suspiro, para luego dar un sorbo a su té.

Harry, la miró con curiosidad por lo que ella continuó.

—Al principio, pensé que la mejor solución era que abandonases la clase de manera oficial —resignada siguió —, el problema es, que el profesor también necesita autorizarlo —su cara debía reflejar su sorpresa y, antes que la pudiera interrumpir, siguió —esto se debe a que es una materia obligatoria, por lo menos hasta finalizar quinto año.

Harry estaba pensativo, él sabía que no sería nada fácil para él salir de las garras de Umbridge, pero se quedó con lo último que dijo McGonagall sobre los TIMOS, quizás si jugaba bien sus cartas podía matar dos pájaros de un tiro.

Para poder reclamar sus votos en el Wizengamot necesitaba por lo menos tres TIMOS de las materias obligatorias y si tomaba entre ellos el examen de Defensa no habría necesidad de seguir asistiendo a las clases de Umbridge.

—Profesora —empezó pensativo —, usted dice que mientras aún no haya rendido mis TIMOS tengo que seguir asistiendo a sus clases ¿Tal vez haya una manera de poderlos hacer antes de la fecha oficial?

Su cara no mostraba mucha confianza.

—Entiendo, señor Potter, que esta es su mejor materia —las dudas eran notorias en su voz —, sin embargo, tiene que tomar en cuenta que no es posible tomar de vuelta estos exámenes —su tono no mostraba enojo, más bien advertencia —y tiene que estar seguro de estar preparado, porque estos definirán su futuro.

—Sí, lo entiendo, pero quizá en un par de meses me pueda terminar de preparar —estaba desesperado porque McGonagall lo acepara y se notaba —. De todas formas, con Umbridge como profesora, necesitaré estudiar por mi cuenta, solo que de esta forma podré hacerlo antes —precisaba convencerla de que se lo permitiera hacer.

—Por lo que sé de mi tiempo en el ministerio, los alumnos podían tomar sus TIMOS o EXTASIS en el ministerio si así deseaban, durante el receso de navidad —no parecía muy complacida con su idea —. Es bastante costoso, además, estos alumnos debían rendir un mínimo de cinco exámenes de las materias obligatorias para poder ser aceptados —dándole un último sorbo a su té —y el ministro hará lo imposible para impedir que lo hagas.

Harry entendía que era una proeza difícil de lograr, a pesar de que su entendimiento en varias materias era muy amplio, durante el verano no se había centrado de manera específica en los TIMOS, por lo que tendría que investigar sobre los exámenes y ver si estaba capacitado para tomarlos, en especial la parte teórica.

Aunque creía que sin grandes esfuerzos podría sacar muy buenas notas en defensa, transfiguración y encantamientos e incluso practicando más fuera de clase, pociones. El problema era que no había estudiado ni herbología, astronomía o historia durante las vacaciones y para colmo no eran sus materias favoritas.

—Gracias, profesora —dijo con total sinceridad —, me dio mucho en lo que pensar.

—Me alegra que haya recurrido a mí por ayuda, cualquier otra cosa sabe dónde encontrarme —cambiando a un tono más informal —y Harry, quizá vivir un poco el legado de tu padre no haría mucho daño — terminó McGonagall con una imperceptible sonrisa.

Antes de salir Harry se dio vuelta para una última cosa.

—Gracias por tratar de ayudarme, lo aprecio mucho.

De la oficina salió con dos pensamientos «no es la aventura más peligrosa en la que me haya metido y que tal vez era hora del renacimiento de los merodeadores».


Harry decidió aconsejarse sobre su decisión relacionada a los TIMOS de momento con Sirius, también deseaba mandarle una carta a Tonks, ya que era en las dos personas que más confiaba, aunque ese tema lo hablaría cuando se vieran en el fin de semana de Hogsmeade y no por carta.

—Canuto.

—¡Harry! —la alegría clara en su voz —¿Tan aburrido está Hogwarts que en tu segundo día de clases que ya me estás volviendo a llamar, o es que extrañas a tu padrino favorito?

—Sirius, eres mi único padrino — dijo Harry exasperado.

—Detalles, bueno, entonces dime, ¿a qué debo el placer de esta llamada? —con orgullo preguntó —, ¿acaso buscas en mi vasta sabiduría más consejos sobre cómo conquistar damas?

—Sirius —soltó un quejido —, es serio necesito tu consejo sobre temas un poco más urgentes e importantes, que como acostarme con mujeres y luego desaparecer —terminó de forma sarcástica.

Sirius estaba horrorizado que un adolescente considerara algo más importante que eso, pero recordó que estaba hablando con Harry, y que su ahijado nunca entraba dentro de lo que se podía considerar normal, por lo que decidió dejarlo ahí.

—Está bien Harry, ¿qué necesitas?

Harry le comentó todo su problema con Umbridge y la posible solución que encontró gracias a McGonagall, luego de un par de segundos en los que Sirius se lo veía muy pensativo, dijo.

—Yo creo que lo deberías hacer —no sonaba muy contento —. Tal vez genere cierta envidia entre algunos, a pesar de todo, tus verdaderos amigos entenderán tu situación y te apoyaran —terminó con un tono tranquilizador.

Antes que él lo pueda interrumpir, con una sonrisa triste, Sirius siguió.

—Desearía que no fuera necesario, no tendríamos que contemplar estas opciones. Sin embargo, si queremos progresar, es algo que tenemos que hacer.

» Al sapo aún la recuerdo del colegio, no muy capaz con una varita, su virtud era imbuir las características de los Slytherin de manera casi perfecta. Es una enemiga poderosa, Harry, de momento trata de mantenerte lo más alejado posible de ella — terminó diciendo el final con gran énfasis.

—Es lo que pensé —Harry, con cansancio, siguió —, se ve que pasaré gran parte de mi tiempo en la biblioteca.

—Así es Harry —sonriendo de manera malévola, continuó —. Recuerda que, un poco de venganza contra Umbridge puede ser muy satisfactoria, espera para atacar en el momento justo, saca a relucir tu lado más Slytherin. No olvides la diferencia entre algo bueno y algo asombroso.

—No ser señalado como el responsable —dijo rodando sus ojos —, ya lo sé, Sirius.

Luego de su conversación, viendo que aún tenía tiempo antes de su patrulla, le escribiría una carta a Tonks.


La vida de Tonks se había vuelto bastante monótona y aburrida, luego de un verano donde había forjado una relación fraternal con Harry, extrañaba sus conversaciones, así como sus duelos con el joven mago, solo esperaba que en Hogwarts Harry pudiera seguir mejorando.

Ella estaba muy fastidiada que el ministerio siguiera en negación, pero no había nada que pudiera hacer al respecto, su tarea se limitaba a papeleo y trabajo de escritorio, lo cual la ponía aún más irritada. Mientras se estaba acomodando en su departamento al final de otro aburrido día de trabajo, vio entrar a una lechuza blanca. «Harry me envió una carta» pensó, bueno, solo esperaba que hubiera buenas nuevas, aunque sea de parte de Harry.


"Querida Tonks.

¿Cómo estás? ¿Cómo te está tratando el ministerio?, ¿alguna novedad? Espero que todo vaya bien por ahí.

Aquí en Hogwarts, está como me advertiste, Umbridge resultó ser peor de lo que podía imaginar, ¿puedes creer que insinuó que yo mate a Cedric?, además de llamarme mentiroso y desequilibrado durante su clase. He llevado el tema con McGonagall, pero ella no pudo encontrar una solución inmediata a este problema que tengo.

Hablando de temas más alegres, ¿recuerdas que te hable de Fleur, la campeona francesa?, bueno, ya llegó a Inglaterra y se mudó a Hogsmeade, de hecho, ya cenamos juntos el lunes, aún no sé qué siento respecto a ella. El tenerla cerca me da esperanza de que logre generar un vínculo más profundo, aunque sea de amistad con ella; preferiría que no hables de esto con Sirius y agradecería mucho que me puedas dar algún consejo sobre cómo llevar esta relación con Fleur.

Pd. El fin de semana de Hogsmeade es el 28 de octubre, espero que tu visita aún esté en pie.

Harry."


«Al parecer Harry está teniendo problemas con chicas», pensó Tonks, «al fin hace algo que corresponde a su edad», pero como era de esperar con Harry no podía ser normal, ya en su primera relación buscaba a alguien mayor y por sobre todas las cosas una veela. Luego de mayor consideración, ella creía que los problemas de Harry no podían ser tratados por una chica de su edad.

A Tonks le parecía divertido que pese a toda la madurez que Harry tenía, este aún no tenía mucha experiencia sobre cómo funcionaban las chicas, incluso luego de todas las instrucciones dadas por ella y Sirius. Algo le resultaba raro sobre Fleur, al parecer la bruja francesa tenía puesto el ojo en su hermanito honorario, si no, ¿por qué más se mudaría a Hogsmeade?

Tonks estaba emocionada, al parecer podría actuar como una verdadera hermana mayor e ir con esta tal Fleur para averiguar sus verdaderas intenciones con Harry, no le contaría nada a Sirius de momento, porque, aunque tener un padrino fugitivo podría ser bastante intimidante, seguía siendo Sirius y no ayudaría mucho más que para avergonzar a Harry. Esta misión resultaría bastante más interesante que cualquier otra que le daba el ministerio.

Tonks escribió la respuesta a Harry diciendo que tendría que esperar hasta verla para saber todas las novedades y que no tratara de acelerar nada con la francesa.


Harry decidió que, de momento, ignoraría por completo a Umbridge durante sus clases, por lo que no hubo mayores incidentes durante la primera semana. Pero al parecer, el ministerio tenía otras intenciones y consideraba que no era suficiente tener a Umbridge como profesora, sino que anunció un decreto en el que ella se convertía en suma inquisidora de Hogwarts. El decreto en la pared decía "Dolores Jane Umbridge ha sido nombrada para el puesto de Suprema Inquisidora de Hogwarts." Aunque nadie entendía bien qué significaba eso, por la cara de pura satisfacción que ella tenía, Harry sabía que no era nada bueno.

El resto de septiembre pasó sin mayores novedades, Umbridge dictaminaba decretos cada vez más absurdos, como mínimas muestras de afecto en público y otras. Por su parte Harry se pasaba los días estudiando o entrenando y tratando de socializar lo más posible. Comió varias veces más en la casa de Fleur y estaba agradecido por su compañía, era un respiro necesario por cómo estaba la situación en Hogwarts, aunque aún no sabía bien que era lo que quería con esa relación, y por lo que veía en Fleur, ella estaba igual de insegura. Esperaría ver a Tonks y preguntarle en persona que le aconsejaba hacer.

En su aula privada del tercer piso, añadió un caldero para practicar su preparación de pociones, Harry estaba determinado a lograr sus cinco TIMOS para poder deshacerse de Umbridge y poder tener un representante dentro del Wizengamot para el momento del juicio de Sirius.

Pero durante todo el mes, Harry tenía tres grandes preocupaciones: por un lado, él no sabía qué hacer para ayudar a sus compañeros en defensa, con la cantidad de profesores deficientes que tuvieron durante sus años escolares anteriores sumando este curso, el cual calificaría como el peor de todos, en el peor momento posible; ya que más temprano que tarde, Voldemort se revelaría y no estarían preparados ni siquiera para poder lograr escapar, aunque ya había pensado bastante ese aspecto, aún no había hallado una solución que lo convenciera.

Por otro lado, aún no sabía cómo lograría convencer los 16 hipotéticos votos que le faltarían una vez lograra una alianza con Greengrass, sin esos votos, Sirius no podría ser exonerado incluso con tanta evidencia; al fin y al cabo, esos votos eran hereditarios, así que no corrían grandes riesgos incluso cuando su voto generara cierto descontento social, Harry no sabía, ni quería saber, que pediría a cambio de una alianza temporal el otro bloque neutral del Wizengamot.

Pero su preocupación más inmediata, era la falta de noticias que seguía habiendo tanto de Remus, como de Hagrid, sus elfos no lo habían contactado en todo ese tiempo y Harry temía lo peor, esperaba recibir noticias pronto.


Lord Voldemort se encontraba pensando en sus aposentos sin ninguno de sus leales seguidores. Esos últimos meses desde la creación de su nuevo cuerpo, lo tuvieron ocupado entre dos actividades, reunir mayor cantidad de seguidores e idear un plan para liberar a los que estaban encerrados en Azkaban lo antes posible, de momento, Lucius estaba manejando las políticas detrás de escena haciendo todo más fácil una vez que él se revelara al público.

Por otro lado, también pasaba gran parte de su tiempo estudiando, uno creería que luego de todo lo que abarcó en sus casi setenta años sería suficiente, pero siempre había más. Era cierto que su nuevo cuerpo era más resistente que el de un simple humano, deshaciéndose de todas las cosas innecesarias, convirtiéndose en el humano perfecto.

La mayor desventaja que traía, era el no poder utilizar rituales para volverlo casi indestructible como lo era su yo anterior, por lo que estaba tratando cada vez más de ahondar en artes a las que antes no les había dado tanta importancia, más que para un par de cosas, la necromancia. Él ya se había rendido con las magias del alma, porque la suya estaba en su límite, lo que no le permitiría hacer otro Horrocrux.

Pero estaba frustrado, la necromancia era una magia sin mucha información disponible, de hecho, incluso por los practicantes de magia oscura era evitada. Pero él estaba por encima del hombre, él no se mediría por simples morales de los mortales, al fin y al cabo, Lord Voldemort era inmortal.

De momento tendría que esperar, no es que hubiese un mago con la suficiente habilidad para poder siquiera lanzarle un hechizo, solo Dumbledore, que conociéndolo no tenía las agallas de utilizar magias letales e incluso que las tuviera, ya era muy anciano para ser una verdadera amenaza, solo era un estorbo.

La única amenaza real que podía llegar a tener, que aún no entendía cómo o porqué, era Potter. Él no creía en la adivinación per se, pero de todos modos era otra rama de la magia, y él no podía tener algún cabo suelto que resultara en un posible peligro para su régimen, por lo tanto, tenía que escuchar esa profecía por completo. Por más que por el momento no fuera un rival poderoso, Voldemort concedía a lo que Potter se podía llegar a convertir si se lo dejase crecer.

Él no basaba su información ni en su espía, que parecía odiar más a Potter de lo que él mismo lo hacía, como así tampoco en las palabras de los Malfoy, las cuales también estaban sesgadas por algún motivo sin trascendencia. Lord Voldemort no era tan egocéntrico como Dumbledore creía, solo sabía que su poder, habilidad y conocimiento era muy superior al de casi todos, con la única posible excepción del director mismo, sin embargo, él no estaba dispuesto a usarla, por lo que no era un inconveniente.

Su mayor problema era, que el destino le había designado un posible enemigo, el cual en el futuro podría llegar a ser una amenaza. Debido a eso, estaba centrado en eliminar a Potter de forma permanente. Destruyéndolo, no solo mataba a su único posible enemigo real, sino también dejaba a Gran Bretaña sin un salvador, con una moral y autoestima baja, de esa forma, su objetivo sería aún más fácil de lograr.

Por el momento, su mayor preocupación estaba siendo lograr los mismos números que tuvo en su apogeo, con las criaturas mágicas no había habido mayores inconvenientes y estaban seguras de su lado, como así lo estaban los dementores en el momento que lo indicara. Aún no estaba seguro si negociar con los vampiros, no había ninguno conocido por estas tierras y no era probable conseguir que se movieran a gran escala sin un claro beneficio para ellos. Por ahora no los contactaría.

Aún necesitaba mayor cantidad de varitas bien entrenadas, los reclutamientos iban bien. Lucius, de manera discreta, había logrado convencer de que el Heredero Flint se uniera a sus rangos, a pesar de no ser una persona muy brillante, tenía un manejo decente de las artes oscuras, por lo que si era correctamente entrenado, podría ser un buen soldado.

La mejor opción para el puesto sería Bellatrix, por lo tanto, tenía que acelerar su plan de escape masivo de Azkaban por más que no fuera de su mayor agrado. Voldemort sabía que Flint era una adición muy importante a sus filas, ya que su familia era una que lideraba una facción importante en el Wizengamot, y su padre ya había sido simpatizante e incluso había apoyado la causa con bastante dinero, pero sin tomar la marca tenebrosa.

Voldemort sabía que no podía marcar a todos sus seguidores, por un lado, no todos eran dignos, por el otro, si marcaba a los herederos, los jefes de las familias estarían impunes, logrando así que en el peor de los casos, no perder los votos con los que contaba su causa, este era el caso por ejemplo del padre de Lucius, el jefe de la familia Lestrange y Nott, ambos aún con vida, por lo que como predijo su influencia era incluso mayor de lo que había sido en el pasado.


Con el comienzo de octubre también comenzaron las prácticas de quidditch por lo que Harry ya no entrenaba tanto en el aspecto físico, ya que uno de los cambios que ocurrieron este año fue que solo se podría reservar el campo para practicar durante los fines de semana por un máximo de tres horas por equipo. Durante la semana, cada equipo tendría un uso máximo de dos horas, tres días a la semana, para que todos los equipos pudieran entrenar de forma más o menos equitativa y no hubieran mayores desentendidos entre los equipos.

El capitán solo se encargaría de reservar en su día el horario de preferencia. Cada vez parecía que Harry estaba más ocupado, pero incluso así, no lograba despreocuparse de todos los problemas que tenía.

Era el primer viernes de octubre, cuando luego de casi dos meses Dobby y Kreacher le pidieron que los acompañara porque parecía que habían encontrado a Remus. Por lo que luego de dejar una ilusión suya en su cama, la cual simulaba estar durmiendo, sus elfos con un simple pop lo aparecieron en lo que parecía ser un bosque, pero se escuchaban voces que venían de lo más profundo, comprendiendo que se encontraba en territorio enemigo, se desilusionó y enmascaró su aroma para no llamar la atención, así como silenciar sus pies para no alertar a nadie de un posible intruso.

Lo que Harry vio en la tienda en el centro del campamento lo dejó sin palabras, provocando que casi vomitara, frenándose a tiempo para no alertar a nadie de su presencia. En la entrada de la tienda se encontraba colgada la cabeza, solo la cabeza, del que fue su profesor de defensa y amigo de sus padres, Remus.

Harry no sabía qué hacer, su lógica le indicaba que no podía hacer nada, al parecer había demasiada gente como para vengar al que en algún momento fue uno de los mejores amigos de su padre. Es cierto que Harry no había tenido mucha relación con él, pero aun lo apreciaba por la ayuda que le brindó en su tercer año, así como lo consideraba una especie de conexión con sus padres, pero ahora estaba muerto, no había podido ni siquiera tener un entierro digno.

Harry no podía estar más tiempo presente ahí, estaba en estado de shock y sabía que si se quedaba más tiempo ahí, haría una estupidez de la cual no saldría vivo, pero se juró así mismo en ese momento entrenar más duro de lo que había estado haciendo hasta ese momento.

Por ahora, él tendría que decirle a su padrino la verdad y ver como lograba que Dumbledore no se enterara que fue él quien le pasó la información.


Sirius no se sentía útil, estaba deprimido, a pesar de haber pasado bastante tiempo con su ahijado, ahora no tenía en quien ocuparse, de momento, la orden tenía mayores cosas que hacer que buscar a la rata, por lo que él no sabía cuándo podría ser un hombre libre, si es que en algún momento lo lograba.

Él trataba de esconder lo miserable que se sentía de todo el mundo, no necesitaba las miradas con pena o simpatía, él necesitaba ayudar a Harry. Y para empeorar la situación, ni siquiera podía contar con lunático, ya que hacía un par de meses había salido en una misión y aún no había noticias de él, Sirius ya no sabía qué pensar.

Mientras se estaba lamentando escuchó un suave pop, lo cual lo sorprendió, ya que por lo general los elfos trabajan y aparecían tratando de no ser vistos por los magos. Pero su sorpresa se hizo aún más grande cuando vio a Harry junto a los elfos y no se lo veía nada bien.

—Sirius —dijo un agitado Harry —, lo siento tanto —sus sollozos y sus respiraciones entrecortadas no dejaban entender lo que decía —, cuando llegué ya no había nada más que hacer, perdón.

— ¿Qué pasó Harry?, ¿estás herido?, ¡dime, maldita sea, ¿qué pasó?! — Sirius sabía que algo trágico había pasado, pero no entendía qué y le estaba preocupando mucho.

— ¡REMUS!, Remus fue decapitado, los elfos lo encontraron —terminó Harry sin poder controlar sus emociones.

Él estaba más dolido por el dolor de Sirius, porque sabía que ahora más que nunca su padrino se sentiría aún más solo, él era el último merodeador.

En ese momento, Sirius se desconectó de la realidad, su último verdadero amigo había sido asesinado por los seguidores de Voldemort. Su primer instinto fue tomar su varita y de la misma forma que hace casi 14 años, ir en busca de los culpables, sin importarle las consecuencias.

Pero vio la cara de su ahijado, de la única persona que le quedaba, la persona que amaba como si fuera su propio hijo desde el momento que lo sostuvo por primera vez, la persona por la que daría la vida sin pestañear.

Su mirada no era de compasión sino de entendimiento. Esos ojos que habían visto cosas que nadie jamás debería. Esos ojos le rogaban de forma silenciosa que no lo abandonara, que por favor se quedara con él.

—Sirius —su voz ronca —, Sirius, por favor —finalizó con un débil susurro, mientras lo tomaba de la mano.

En ese momento Sirius sintió compasión, y vio cómo su ahijado a pesar de lo poderoso que era, y lo seguro que se mostraba a sí mismo, aún era el niño en la alacena debajo de las escaleras que lo que más deseaba era una familia por sobre todas las cosas. «Por Cornamenta y Lunático» pensó para sí mismo, mientras abrazaba a Harry, derramando sus primeras lágrimas en mucho tiempo.

—Tranquilo, Harry, enfrentaremos esto juntos, no te abandonaré —concluyó Sirius, luego de un par de minutos en un silencio casi absoluto, donde sólo se oían los sollozos del merodeador.

Harry aún se encontraba en Grimmauld Place, por la ventana, la luna no estaba a la vista, era una noche nublada, una noche muy oscura.

Luego de unos minutos de intenso silencio, él vio a su padrino yendo al gabinete donde se guardaba el whiskey de fuego y lo veía sacando dos vasos. En ese punto, con todas las emociones vividas, no iba negarse a algo más fuerte de lo que estaba acostumbrado, Harry sabía por el dolor que estaba pasando Sirius y lo acompañaría en su lamento.

—Toma, Harry —dijo extendiendo un vaso —, me gustaría que nuestro primer brindis sea por alguna alegría, pero creo que debemos honrar el recuerdo de Remus de la mejor forma posible.

Harry solo pudo asentir, mientras tomaba el vaso con la bebida en su mano.

—Por Lunático, por los verdaderos merodeadores—brindó Sirius, mientras que una única lágrima bajaba por su mejilla.

—Por Lunático, por los verdaderos merodeadores —lo siguió Harry.


Pd. Como siempre, los comentarios no son solo bienvenidos sino incentivados.