4: Malas intenciones

"¿Había nacido con la promesa de mantener la paz o para conocer la vergüenza?
Antes de que me deseches, dame mi ordinario nombre", Bad man's world, Jenna Lewis

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Rey abrió sus ojos en un cuarto blanco lleno de luz, sentía un dolor agudo en la cabeza, así mismo sentía un par de golpes en los brazos a causa de la caída. Frente a ella el señor Solo, quien esperaba sentado en una silla a que ella despertase.

―Señora Dameron, ¿Cómo se siente?

― ¿Qué pasó? ―preguntaba confundida y adormilada.

―Se desmayó en el escenario ―dijo Ben levantándose de la silla–. ¿Cómo se siente?

―Mejor ―intentaba levantarse.

―No lo intente, no se esfuerce por favor.

La chica solo se limitó a sentarse ―Usted me trajo, ¿No es así?

―Me tomé la libertad aunque no sé dónde pueda localizar a su marido.

―Es mejor así ―soltó con la mirada perdida después de haber guardado silencio por un par de segundos.

El señor Ben miró los brazos de la chica asi como su rostro y era claro que algo había sucedido, esa criatura no lucía para nada bien, su mente pensaba cosas malas, era un don, curioso era el lema que lo regía "Siempre espera lo peor"

― ¿Qué le pasó en la cara? ―preguntó con intriga.

Rey se tocó la mejilla y se vio a si misma con una bata de hospital que dejaba expuestos sus frágiles y débiles brazos llenos de moretones y marcas. Como un gesto de protección se abrazó a si misma sintiéndose vulnerable ante todo.

―Un pequeño accidente ―respondió desviando la mirada.

― ¿Con su esposo? ―adivinando.

―No ―interrumpió rápidamente.

―No soy tonto y cualquiera puede sospechar a qué se debe tan repentino "accidente" como usted lo llama ―expresó de manera perspicaz.

Rey no tenía explicaciones, no tenía palabras para justificar lo sucedido la noche anterior, solo le quedaba ponerse a la defensiva―. ¿Porque sigue aquí? ―preguntó totalmente avergonzada.

―Quería cerciorarme que usted se encontraba bien ―respondió Ben.

―Pues lo estoy ―dijo cruzándose de brazos―. Le agradezco su preocupación, pero no es necesario que esté cuidándome.

―No lo tome a mal ―le sonrió.

―No, no lo hago, le agradezco que se haya ocupado de mi percance, pero… ya puede irse.

Ben no quiso insistir mas, estaba claro que no se encontraba en condición de contar lo sucedido con confianza, de hecho parecía no querer contarle nada de nada. Dejó a la chica y se fue del hospital. Por supuesto no se iba a quedar de brazos cruzados sin hacer nada, rápidamente buscó un teléfono público para contactar a su colega Hux.

Rey se sintió sumamente avergonzada de que ese hombre al que apenas conocía la viera así, toda marcada por la furia de su marido imbécil y violento.

―Sra. Dameron ―un hombre con bata blanca había roto el silencio de la habitación, al parecer era el medico encargado―. ¿Cómo se siente?―preguntó.

―Bien, creo… ―aún seguía incrédula por lo sucedido―. ¿Pero que me pasó?

―Bueno al parecer solo es algo de anemia, no ha cuidado su alimentación estos días, ¿Verdad?

―Si le soy sincera, ni siquiera he podido dormir.

―Bueno ―el doctor apuntaba en su tabla de registro―. Ahí tiene la explicación de porqué se desmayó, debe cuidar su alimentación y sus horas de sueño.

―Ya.

― ¿Por qué es que no ha podido dormir? ―indagaba el médico―. ¿Algún malestar que la esté aquejando?

―No ―mintió con certeza―. Solo el estrés del trabajo.

―Debe cuidar más de su salud.

―Claro ―respondió cabizbaja, no queriendo recordar más de lo ocurrido, solo quería salir de ese lugar y retomar su vida diaria, fingir como si nada hubiese pasado en realidad, por desgracia para ella, tal deseo, a ese punto era imposible de volverse real.

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En alguna parte del centro de la ciudad, dentro de un pequeño bar en la esquina de una calle. Poe se encontraba sentado a la barra de bebidas; una botella vacía a la mitad y un vaso de vidrio lleno de hielo, ambos frente a él mientras que en su mano sostenía un cigarrillo consumido casi por completo; solo una pequeña y rojiza luz en la punta del pequeño cilindro de papel, misma que poco a poco empezó a perder fulgor hasta que simplemente perdió su brillo entre el humo que desprendió.

―¿Sabes? Es poco común de tu parte venir a lugares así ―sonó una voz detrás de él―. Normalmente eres más… "elegante" con los bares que elijes.

―Necesitaba un trago, eso es todo. Y este era el lugar más cercano ―respondió el imbécil aplastando la colilla de cigarro contra el cenicero que se encontraba a su derecha ―. ¿Cómo me encontraste Will?

El otro hombre se sentó al lado de Poe recargando su espalda contra la barra.

―No te estaba buscando, vengo aquí a menudo, a diferencia de ti yo no soy quisquilloso con este tipo de cosas, y si diste a parar a este bar de tercera, algo grave debió pasar.

Poe frunció el ceño al escucharlo, para Will fue fácil leerlo desde ese punto. Entrecerró los ojos y dibujó una sonrisa en su rostro.

―¿Fue tu... esposa?- ―inquirió viéndolo de reojo.

―Tal vez.

―¿Qué pasó eh? ¿Al fin tuvo el cerebro para escapar? ―se burló mientras metía un cigarro en su boca.

―No.

―¿Entonces? ¿Vamos qué pasa? ¿Alguien ha querido robártela?

De un fuerte apretón Poe logró romper el vaso que sostenía en su mano; el hielo se esparció a los lados mientras que el líquido escurrió por la barra hasta el suelo. El encargado del lugar estuvo por protestar, pero entonces Will asomó un arma por encima de su saco, el barman que se encontraba al otro lado de la barra rápidamente retrocedió.

―Entonces ¿Hay un "ladron"? ―preguntó su amigo, ésta vez con más seriedad.

―Debo deshacerme de ella ―respondió Poe―. Esto está enpezando a fastidiarme, consígueme un comprador.

―Wow, ¿Qué pasó con lo de "Compartirla"? Creí que la conservarías.

―Ya la retuve bastante tiempo, ya no me sirve más ―declaró al levantarse de su asiento.

―Bien, ya entendí. Te llamaré cuando consiga a alguien.

Poe se fue rápidamente mientras que William se quedó sentado por un tiempo más, en cierta manera tratando de evaluar la situación de su camarada; algo no andaba bien y si se le salía de las manos, podría perjudicarlo a él también.

A tan solo unos metros un pelirrojo escuchaba la conversación de aquellos amigos, al parecer estaban involucrados en algo muy serio y peligroso, terminó lo último de su trago y enseguida siguió a Poe.

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Después de algunos minutos Rey había salido del hospital y aunque tal vez nunca lo admitiría, ni siquiera a sí misma, en ese momento deseaba estar con el señor Solo. Aquél enigmático hombre tenía algo que la hacía sentir a salvo, una cálida sensación de compañía y cariño aun sin siquiera conocerlo a fondo.

Al salir del hospital se vio en un pequeño predicamento, podía regresar a casa y descansar hasta que Poe decidiera regresar, su colapso en el bar era una buena excusa para darse un día libre, sin embargo, la idea de tener que ver a sus esposo era… De alguna manera aterradora, temía regresar a casa y ser interrogada, ¿Por qué había vuelto tan temprano? ¿Por qué no estaba en el bar? Rey frotó su mejilla suavemente ante la idea de ser golpeada nuevamente.

Estaba sola, nadie cuidaba de ella realmente, o al menos así se sentía. Se encontraba frente al lugar que solía llamar hogar, en donde sus primeros meses de matrimonio habían sido pura felicidad, pero ahora, solo veía una casa vacía. Bajó la mirada y empezó a caminar en dirección contraria no iba a volver aún.

Estacionado frente al bar donde la chica trabajaba, Ben vigilaba desde su auto la entrada, no lo hacía en vano y no esperaba por alguien que fuera a salir, sino por alguien que iba a entrar.

Rey sentía que estaba completamente sola, pero erróneamente creía eso, puesto que desde el momento en que abandonó el hospital, su "Ángel guardián" había seguido sus pasos, muy bien oculto, siempre vigilándola y no tardó en deducir que regresaría al bar.

Ahí estaba, caminando con el rostro aún cubierto por sus lentes y su sombrero. Un gran nudo se formó en su garganta al verla así, pero como todo caballero, el señor Ben tenía un código y Rey era casada y para mayor desgracia no tenía pruebas sólidas de que ese tal Poe Dameron hubiese ocasionado el malestar de la chica.

En cuanto se aseguró de que Rey entrase en el bar rápidamente él bajó de su auto y se dirigió a un teléfono público, rápidamente marcó los números y aguardó por la respuesta.

―¿Hux? ―habló.

―¿Qué es lo que quieres Solo? ―respondió la voz al otro lado de la línea.

―¿Encontraste algo? ―preguntó.

―¿Sabes que no hago milagros verdad? Esto toma tiempo, pero me alegra que llamaras. Tu madre quiere verte.

Un pequeño escalofrío le recorrió la espina a Ben. Su madre, la Madame, como él le llamaba, ella nunca solicitaba su presencia por algo bueno, normalmente era él quien regresaba a casa. Las únicas veces que demandaba su presencia era para reprenderlo por algún error.

―¿Hicimos algo mal? ―inquirió.

―Querrás decir hiciste, no me ha dicho nada así que te aconsejo que te des prisa.

La llamada se cortó. Ben dejó escapar un prolongado suspiro, no podía llevar la contra a su madre, era una terrible idea y por experiencia propia daba veracidad a sus propias palabras. Por otro lado estaba Rey; contempló la entrada del bar una última vez y resignado se fue.

Mientras tanto Rey llevaba cerca de media hora sentada en la barra, Finn no se encontraba y no se atrevía a entrar en los camerinos sin el permiso de alguno de sus superiores. Ocultaba su rostro de las otras meseras, a sí mismo de los clientes del lugar. No se había molestado en prestar demasiada atención a su alrededor, hasta que en un momento de breve silencio escuchó la voz de su amigo que debería estar en la barra, aunque éste no se encontraba solo.

―No puede despedirla señor ―decía.

―Si no puede mantenerse despierta por todo el turno entonces no me sirve de nada, varios de los clientes murmuran sobre cómo tratamos a nuestros empleados y todo por su culpa ―le respondió una gruesa voz que Rey no escuchaba con mucha frecuencia.

―"¿Será él?" ―pensó en si era la voz del dueño.

―Pero ella ha venido todos los días, a veces horas extras, tuvo un mal día y ya ―Finn se esmeraba en defenderla pero al parecer la postura del jefe era demasiado firme.

―Aquí no hay lugar para malos días, tenemos una imagen qué mantener.

A simple vista cualquiera diría que el tipo malacara solo estaba exagerando, pero había un poco más de trasfondo en su obsesión por deshacerse de Rey, al fin y al cabo, él jamás la habría contratado de no ser por Poe, jamás quiso tener a otra mujer estorbando en su bar, Rey se acercó con sigilo hacia la oficina.

―¿Entonces simplemente va a echarla a la calle y ya?

―Por favor… ―musitó una tenue y suave voz―. No se volverá a repetir, se lo juro ―habló Rey en el umbral de la oficina.

―Lo siento señora Dameron, pero errores así no son aceptables.

―E… Es el único empleo que tengo, he estado trabajando aquí mucho tiempo, nunca he llegado tarde, nunca me he ido antes. Por favor deme otra oportunidad ―suplicó temerosa.

―No debiste tener ni la primera

―Rey… ―trató de decir Finn

―¿Puedes dejarnos en privado? ―le pidió a Finn.

El muchacho se mostró reacio pero obedeció dejándolos solos, Rey cerró la puerta, suspiró profundamente por lo que iba a hacer, estaba asustada y era su única esperanza en conseguir ayuda.

―Señor... ―se quitó las gafas y su sombrero―. Necesito su ayuda.

El hombre iba a mostrar indiferencia ante la petición de Rey pero al verle el rostro su expresión cambió radicalemente.

―¿Qué fue lo que te pasó, muchacha?

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Al cabo de muchos minutos de viaje por carretera, Ben estaba por llegar a casa, lejos de la ciudad en donde había conocido a su frágil amiga. Era pasado el mediodía y la anaranjada luz del ocaso golpeaba los espejos del auto. Mientras conducía y dejaba al viento chocar contra su cabello, pensaba en el motivo por el cuál su madre podría estar molesta ¿A caso dejaron algún testigo en el trabajo del muelle? No, tanto él como Hux habían tomado todas las medidas para evitar ese tipo de percances, ¿Qué había salido mal?

Aunque no ponía toda su atención en ello, por el contrario, Rey era quien abarcaba casi todos sus pensamientos; dejarla sola, haberla abandonado a su suerte así, ya no sabía qué esperar ¿Qué era ese sentimiento que lo ahogaba al estar cerca de ella? ¿Amor?

Al fin llegó, el mismo ritual de cada ocasión se repitió; estacionó su vehículo, abrieron la puerta y los guardaespaldas vigilaban todo. Ben ignoraba eso, tenía la mente en las nubes y al entrar a la gran mansión no fue recibido por alguno de los protegidos de la Madame.

―¿Hux?

―Llegas tarde.

―Tuve que atender otros asuntos ―respondió con desgano―. ¿Qué quiere madre de mí?

―Es sobre la chica.

Ben se detuvo en seco, mirando a su amigo con asombro ― ¿Le contaste?

―¿Por qué te importa tanto eh? ―le interrogó.

―Yo…

―Me temía esto desde esa noche en el bar ―interrumpió dándole la espalda.

―¿De qué hablas? ―cuestionó Ben caminando detrás de Hux.

―La chica esa, no te quedaste hasta tarde en el bar por las bebidas eso te lo aseguro ―le respondió con molestia.

Mientras discutían caminaban por algunos pasillos, pero no los que dirigían a la sala principal, Ben ni siquiera se había percatado de ello; no se dirigía donde su madre, por el contrario Hux por alguna razón lo llevaba a la planta alta de la mansión.

―Escúchame bien Hux, eres mi aprendiz, tú no me dices cómo vivir mi vida, y más importante, no eres nadie para asegurar nada sobre mí.

―¿Niegas entonces sentir algo por esa mesera? ―le reprochó.

― ¡Claro que lo niego! ―exclamó furioso.

―Bien, entonces no vuelvas a esa ciudad ―siguió adelante.

―¿Qué?

―Tenemos trabajo Solo, en distintas partes del mundo y lo más importante, ese no es nuestro hogar, es éste ―señaló el pelirrojo.

Finalmente llegaron a un balcón, entonces fue cuando Ben abrió los ojos claramente y se percató de en dónde se encontraba.

―Pero… No íbamos a ver a…

―Este es nuestro hogar ―habló Hux―. Este pequeño castillo como tu madre lo llama, ha sido dirigido tu familia por generaciones, no puedes deshonrar a la familia ―Le dijo con seriedad―. Todos los subordinados que ves confían plenamente en ti y en la Madame. La familia es primero.

Ben no supo responder, solamente se recargó en el barandal mirando hacia el anaranjado atardecer.

―Métete en la cabeza que al acercarte demasiado a esa chica no solo la dañas a ella y a ti… Sino a todos nosotros. Pero como ya dijiste, no sientes nada por ella ―sacó un puro de su bolsillo―. No hay de qué preocuparnos entonces.

Ben frunció el ceño ante el comentario, no iba a dejarse mangonear por nadie, ni siquiera por su mejor amigo.

―¿Y qué si siento algo por ella? ―le reprochó.

―Entonces eres un problema ―respondió sin titubear.

―Señor Solo ―se escuchó detrás de ellos. Al girar se toparon con un mozo―. Madame quiere verle.

―En verdad le contaste todo... Ni siquiera estabas seguro de nada ―comentó Ben.

―¿Vas a decir que mentí? ―inquirió Hux soplando el humo del tabaco.

―No vuelvas a meterte en mis asuntos.

Hux lo siguió con la mirada hasta que desapareció detrás de la puerta, luego de eso permaneció un tiempo parado en el lugar pensaba en lo que haría a continuación ¿Qué era más importante? ¿La familia o un amigo? La respuesta era clara como el agua.

―¿Pediste verme Madame? ―ahora Ben se encontraba en el gran salón una vez más.

―Así es ―asintió Madame―. Hux dijo que el trabajo fue realizado correctamente.

―Es cierto, ya lo habíamos notificado ―respondió.

Con lentitud la anciana se levantó de su asiento, siempre sosteniéndose con un bastón para mantenerse en equilibrio; miraba a Ben con seriedad pero también preocupación.

―¿Algo más que deba saber Ben? ―cuestionó.

―No Madame… ―mintió con pesar.

―Entonces tendré qué castigar a Hux por mentirme. Aseguró que habías entablado cierta "Amistad" con una chica.

―Eso no es del todo una mentira ―se defendió.

―¿Del todo? ¿Qué no me estás diciendo?

―Nada que sea relevante ―vaciló.

Con fastidio Madame barrió a su hijo con la mirada y con un largo suspiro y la mirada fija en la pintura que se encontraba sobre uno de los muros, habló.

―Sabes de las repercusiones que una relación en nuestra posición puede tener, ¿cierto?

Los ojos de Ben se abrieron como platos al escucharlo. Tragó en seco antes de lograr articular palabra alguna para defenderse.

―El amor Ben... ―prosiguió su madre―. Es la cosa más peligrosa que puede haber en el mundo. En la historia de nuestro "mundo" ha ocasionado más de una tragedia a gran escala. No buscas eso para tu familia ¿O sí?

―Pero yo…

―¿Lo buscas? ―insistió.

―Claro que no Madame ―respondió resignado.

―Mentiría si dijera que nunca me vi envuelta en una situación así ―Madame entrelazaba sus manos recordando―. Aunque claro, sabes que nada es para siempre.

―La vida nunca está de tu lado… ―murmuró Ben, recordaba ese momento.

―La vida nunca está de tu lado, así es. Todos en esta casa saben cómo terminó esa historia.

―Mi padre ―murmuró Ben

―Tu padre ―asintió Madame―. Lo que trato de decirte es ¿Qué desenlace podría tener un romance como el tuyo? Ambos de mundos distintos.

―Prefiero no pensarlo.

Madame tomó a Ben por los hombros con firmeza, pero dedicándole una mueca de comprensión.

―Eres un orgullo para mí Benny ―lo tomo de la mejilla―. Pero hay riesgos que prefiero no verte correr. No cometas mis errores ¿Quedó claro?

―Sí madre.

―Puedes retirarte.

Con una pequeña reverencia Ben abandonó el lugar. Madame regresó a su asiento a descansar un momento antes de ir a otra parte, Hux alcanzo a ver a Ben retirarse, sabia a la perfección el tipo de conversación que tuvieron.

―Sabes que lo hará de todas formas ¿Verdad? ―comentó el pelirrojo al pie del umbral.

―Lo sé, es curioso, es muy parecido a mí.

―¿Qué hacemos con la chica? ―insinuó Hux.

―Siempre les he dicho que la familia es primero, y si él cree que ella debe formar parte… Entonces también será nuestro trabajo cuidar de ella. Pero para eso Ben debe estar muy seguro de lo que hará.

―¿Seguirás prohibiéndoselo entonces?

―Sí, y si su voluntad es tan fuerte para ir en contra de mí, entonces tomó la decisión correcta.

―Va un poco en contra de nuestras reglas ¿No? ―preguntó.

―Así es. Yo daría todo por la familia, pero Ben, él es libre de hacer lo que le plazca, nada lo ha ligado a este lugar realmente, ni siquiera debe ser mi sucesor si no lo desea. De hecho, me gustaría saber que al final de sus días, logró apartarse de esta vida tan atribulada.

―Como diga Madame.

Hux también se fue, Madame sonrió al verlos partir solo para después levantarse e irse de igual manera.

Ben lleno de conmoción y nostalgia se dirige a la terraza para prender un cigarro, se pasó dándole mil vueltas a la conversación de su madre, a los recuerdos, a su madre pero finalmente se detuvo en Rey, siempre en ella. Tenía muy en claro lo que haría, y pese a que las palabras de su madre eran intimidantes, tenía más miedo a abandonar a Rey un día más. Esa chica se le estaba metiendo demasiado en los ojos, mente y poco a poco su corazón.

―Solo, espera ―escuchó tras suyo.

―No vas a detenerme, Hux.

―Lo sé ―respondió plantándose frente a su amigo―. Me pediste que buscara algo por ti ¿No es cierto?

―Y dijiste que tomaría tiempo ―replicó.

―Así como te dije que no volvieras a esa ciudad ―respondió entregando un sobre de papel.

―¿Qué es esto? ―inquirió Ben.

―Todo sobre ese tal Poe Damerom, o al menos lo que pude encontrar, no sé cómo pero es bueno cubriendo sus huellas ―declaró Hux.

―Eso es mala señal para un simple ciudadano ―mencionó Ben mientras abría el sobre.

―Pude encontrarle en un bar con un amigo suyo, y ambos andan en algo muy turbio.

―¿Estás seguro? ―preguntó con seriedad.

―Ni siquiera esta registrado el matrimonio con la chica, no existen documentos que lo liguen a su matrimonio, algunas chicas estuvieron con el y ninguna de ellas... terminó bien ―dijo señalando el sobre.

El hombre arqueó la ceja ante la revelación, entre algunos papeles había un par de fotografías; al verlas Ben sintió una gran náusea al contemplar el horror que podría depararle a Rey, ningún ser humano civilizado era capaz de tales atrocidades. Fue como haber muerto por unos segundos, al menos de alguna manera Ben estaba seguro de haber sentido su corazón detenerse por completo.

―Me huele a negocios de la mafia italiana, el tráfico de mujeres es su especialidad ―insinuó Hux.

Eso bastó para querer salir huyendo e ir por la pobre chica.

―Tengo que volver ya.

―Ben.

Rara vez lo llamaba por su nombre, usualmente era su apellido lo que salía de sus labios.

―¿Ahora qué Hux?

―Escuché que que quiere deshacerse de tu chica, le van a conseguir un comprador.

Continuará...