5: Peores problemas.

"Estoy buscando algo que no puedo alcanzar", Ghost, Halsey

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Poe aguardaba entre la sombras de su oscuro despacho, apenas permitía que la luz se filtrara entre las persianas, se recargaba en su mullida silla revisando algunos documentos, todos ellos de suma importancia. Su concentración se vio interrumpida por el ominoso sonido del teléfono que reposaba en la esquina del escritorio. Rodó sus ojos con fastidio y descolgó el aparato.

—Poe.

—No debes llamar aquí —interrumpió molesto.

—Ya conseguí un comprador.

El maldito arqueó una ceja no logrando ocultar su satisfacción. Las habilidades de su colega eran más eficientes de lo que contemplaba —Vaya eso fue rápido —contestó con un hilo de sorpresa en su voz.

—Es un contacto foráneo, se mostró bastante interesado en tu chica.

—Perfecto.

—No debiste retenerla tanto tiempo —le reprendió Will.

—No estamos para reclamos Will, lo importante es que ella ya no será un problema —Poe asomaba la mirada entre las persianas de su despacho—. ¿Te dijo cuándo quiere venir por ella?

—Dijo que en unas 3 semanas estaría aquí, mandará a alguien por ella, así que te aconsejo que la prepares bien, dudo mucho que le guste la mercancía en mal estado.

—3 semanas es demasiado tiempo.

— ¿Quieres que se haga el trato o no? —indicó Will—. Agradece que esto tardó menos de lo que esperaba, no hago milagros.

—Sí, está bien —suspiró malhumorado.

Poe se levantó de la silla echando humos, odiaba cuando las cosas no salían como planeaba o que los imprevistos obstaculizaran sus planes, detestaba perder la sensación de control que regía su vida, lo hacía sentir… Preocupado. Reacomodó el papeleo de su escritorio guardándolo en el último cajón de su escritorio bajo llave. Pronto, Rey dejaría de ser un problema para él.

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Ben estaba recargado en la barda del balcón, dejando descansar su cabeza sobre sus brazos con un mirar adormilado y algo melancólico también, aun recordando las palabras de Madame pero también en la noticia que Hux le había dado. Debía elegir entre qué era más importante; su familia o una chica que recién había conocido. Una decisión a simple vista sencilla pero para él, era un martirio el sólo pensar en ella.

—¿Qué debería hacer? —se preguntó en voz baja.

—¿Ben? —escuchó detrás de él.

—Madame —respondió exaltado. Se enderezó y acomodó su ropa para luego darse vuelta y verlo de frente.

—Te noto algo decaído ¿Pasa algo?

—No, por supuesto que no —mintió con certeza–. Sólo pensaba en lo de hace rato.

—Ya veo, escuché que ibas a salir, pero veo que decidiste quedarte.

—Sólo iba a buscar… Algo —respondió bajando la mirada, no sabiendo qué más inventar.

—Quiero que pienses bien en lo que te dije, hijo, me alegra saber que no te dejaste llevar por tus emociones tan fácilmente —expresó Madame—. ¿Irás a algún lado hoy?

—Aún no lo sé —suspiró Ben pensativo.

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—Y así haremos las cosas —le indicó el jefe a Rey.

Ambos acordaron una cosa: el iba a darle su sueldo a ella, y el sueldo que se supone, reclama Poe, asi ella tendría la oportunidad de juntar lo suficiente para huir lejos, era un doble gasto para su jefe, pero aunque no quisiera reconocerlo gracias a la muchacha como él le decía, su negocio era de los mas prósperos de la ciudad, se lo debía, al fin de cuentas se lo debía, no estaba tan de acuerdo que el vago de Dameron se quedara con lo que por ley era de Rey, su sueldo, su esfuerzo, su trabajo, y él se llevará todo el crédito.

Así transcurrieron 2 semanas, semanas en las cuales sin falta el señor Ben hacía acto de presencia en el bar para verle actuar en el escenario; las cosas entre ella y Poe se habían calmado pero a la vez estaban tensas, ella rechazaba cualquier manifestación de afecto que él intentaba, pero lo hacía por supervivencia más que por desprecio, aunque en el fondo sintiera que poco a poco le estaba odiando.

La idea entre la amistad de Ben y Rey se fue vislumbrando para Poe, ya que este estaba demasiado ocupado en sus negocios que le tenían noches enteras fuera de casa, a decir verdad que ella viése a otro hombre le tenía sin cuidado, a final de cuentas ella iba a pasar a manos de otro.

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La mañana apenas vislumbraba la enorme habitación, Rey se despertó como de costumbre aunque empezaba a acostumbrarse a la rutina matinal de esos últimos días sin la presencia de su marido, no le preocupaba que Poe no apareciera, de hecho era mejor así, no tendría que lidiar con un macho violento y borracho.

Aún no se levantaba de la cama, estaba algo adormilada aun cuando visualizo la ventana y los rayos del sol golpearon su rostro.

Se levantó a duras penas y caminó casi en círculos por la habitación, entró al baño para ducharse y terminar de despertar. Se vio aquellas marcas que ya casi no podían percibirse pero que al verlas, casi podía sentir los golpes de aquella noche. Miró el empañado espejo y con una toalla lo limpió para ver su rostro que finalmente había tomado su apariencia normal, se la pasó cinco minutos observándose en el espejo, rutina que comenzó hacer desde ese día trágico, aunque ya las marcas se habían ido ella parecía que seguía viéndolas tan presentes.

Bajó su mirada y prosiguió para buscar un atuendo que usar, miraba en el enorme espejo de la habitación. Al terminar de ponerse la falda notó algo peculiar en sí misma. Giraba de un lado al otro para notar que esa ropa lucía tan ceñida, un sentimiento de miedo le recorrió el cuerpo al rozar su mano sobre la prominente barriga que le empezaba a crecer.

Era algo que no podía suceder, mas sin embargo tenía que asegurarse, apenas terminó de arreglarse salió a toda prisa en rumbo al hospital

—El que esté aquí de nuevo tan pronto no puede ser buena señal señora Dameron—indico el médico.

—No, tampoco creo que lo sea —aseguró—. Más por que lo que me trae aquí es algo por lo que mi marido me trajo hace semanas.

—Y bien dígame que le aqueja —preguntó el doctor.

—Esto —la chica se pone de perfil para mostrarle al médico lo que le estaba sucediendo.

—Ya veo —se pone los lentes—. Recuéstese en la camilla, por favor.

Rey obedeció, el medico sólo palpó su vientre y por desgracia no era algo difícil dar con el diagnóstico correcto.

—Sí —asintió.

— ¿Si? —sólo había conmoción en su rostro, pánico también.

—Está embarazada.

—¿Cómo? ¿Tan pronto? —dijo con asombro.

—No le hicimos ninguna prueba de orina o algún físico y me había dicho que sus periodos son bastante irregulares.

La conmocion se apoderó de su ser, quería pellizcarse para despertar de ese mal sueño.

—Déjeme ver —habló el doctor mientras palpaba su vientre para calcular el tiempo—. Vaya me parece que tiene cerca de tres meses.

—¿Tres meses? —casí gritó atónita—. ¿Tanto? ¿Como pude no saberlo?

—Sus malestares ya eran evidentes desde hace semanas, todo tiene sentido, lo atribuyó al estrés y el trabajo pero ahora sabemos a que se debe realmente... felicidades.

Continuaba palpando el vientre de Rey mientras tomaba el estetoscopio para intentar escuchar mejor.

El corazón de Rey se aceleró, definitivamente no quería ese bebé, ya no quería nada más que la atara a ese desgraciado. Ese bebé vendría a estropeárselo todo, venía a pisotear todos sus sueños o lo poco que quedaba de ellos que ya estaban más que enterrados.

—Parece que todo está bien —anunció el doctor—. Por favor, cuídese, le mandaré algunos medicamentos y una lista de alimentos.

La chica asintió con desgane, en cuanto el doctor salió de la habitación, no pudo más que maldecirse a sí misma, se pasó las manos sobre la cabeza lamentándose.

—Esto no puede estar pasando —se decía en voz baja—. No ahora… no.

Agachó su cabeza sobre la almohada, se sentía atrapada, acorralada, asustada, solo un pensamiento le cruzaba por la mente y de eso estaba completamente segura, de ninguna manera Poe no debía enterarse de esto.

Tan pronto salió del hospital, tomó un taxi sin rumbo fijo.

Mientras contemplaba en la ventana del auto, pensaba, no sabía exactamente qué hacer aunque dos cosas eran seguras: No quería ese hijo y no quería que Poe se enterara. La idea de huir lejos parecía ser lo más prudente,
Finalmente pidió que la bajasen frente al bar, quedó del otro lado de la acera, abrochó su abrigo y contempló el lugar recordando con nostalgia lo mucho que vivió ahí, todo se estaba yendo al carajo.

— ¿Que hace aquí tan temprano? —una voz masculina interrumpió tras ella.

—Señor Solo —respondió algo sorprendida, sin duda ese hombre podía aparecerse en los momentos más oportunos.

—Señora Dameron —saludó—. ¿Cómo está?

—Bien —respondió dibujando una falsa sonrisa.

— ¿Que hace aquí afuera con este clima? —interrogó.

—Pensando —miraba hacia el frente mientras metía sus manos a los bolsillos de su abrigo.

— ¿Pensando? —preguntó Ben confundido.

—Sí, es que ya no creo poder trabajar en el bar.

— ¿Y eso a que se debe?

—Algunos desacuerdos laborales —mintió.

—Entonces, si hoy no tiene nada que hacer —aprovechaba la situación—. ¿Qué le parece si toma hoy mi invitación para cenar?

— ¿Hoy?

—Si tiene algún plan...

—No, no, no —interrumpió riéndose —. Está bien, avisaré que saldré antes —dijo temerosa.

— ¿Entonces nos vemos a las 6? —le tendió la mano con una sonrisa.

Ni siquiera ella sabe porque accedió a cenar con él, fue como el impulso de decir: Sí, el sólo verlo, la hacía olvidar sus problemas. Ahora se sintió con algo de culpa de haber sido grosera en el hospital hacía semanas, después de todo, él fue el único que se preocupó por llevarla y esperar a que despertase, debía agradecerle de la manera correcta.

Ambos reían en un rincón del restaurante más elegante de la ciudad, platicaban de cosas sin importancia, sus juventudes, sus sueños, Ben conoció gran parte de la vida de Rey; una chica sola y sin familia, sin el apoyo de nadie buscando un sueño, uno que se esfumó al casarse con un hijo de puta estafador y traficante de mujeres aunque claro… ella no sabía eso.

Una vez más Ben Solo se perdió entre la dulce y exquisita voz de Rey, escucharla era como una droga para él, invariablemente si cantaba o no. Una mirada genuina y devota de él hacía que Rey olvidara todo por completo.

Esa noche en aquel restaurante solo estaba ella y al frente Ben… El señor Solo, solos los dos, no había Poe, no había bebé, no había sueños rotos…

—Óigame ahora señor Solo. Ya me escuchó en casi toda la velada, no paré de hablar de mí y honestamente me parece algo grosero no permitirle hablar sobre usted, dígame, ¿Qué puede contarme? —dijo a punto de beber del vaso de whisky, el cual detuvo a escasos centímetros de sus labios.

—Bueno —vacilaba con una sonrisa—. No hay mucho que contar sobre mí.

—Todos tenemos una historia señor Solo.

Ben sintió una punzada en el pecho con esa frase y por desgracia lo que decía era cierto, así como Rey, su vida también, en cierto modo, era desgraciada, no tenía la mejor vida del mundo, arriesgándose cada día, la muerte podría estar a la vuelta de la esquina.

—Bueno, a diferencia de usted, crecí con mi madre.

— ¿Y hermanos?

—No. Soy hijo único, ayudo a mi madre en el negocio de la familia.

— ¿Qué tipo de negocio?

—En el mercado de exportación e importación.

— ¿De qué? —Rey estaba cuestionando demasiado.

Ben odiaba mentir, en especial a ella —De textiles.

—Ya veo.

— ¿Qué le parece si hacemos un brindis? —dijo levantando la copa.

—No, no ya no puedo tomar, el doctor me lo prohibió.

—Eso no es problema —respondió sirviendo su copa con limonada—. Brindemos Rey, por nuestra amistad.

Rey chocó su copa con la de él, ambos terminaron de degustar la cena, se levantaron y la llevó a casa. Durante el camino Ben entró a la realidad, tenía que llevarse a esa chica lo más pronto posible, antes de que Poe llegara, buscaba en la manera de decirle con suavidad y tacto que su "marido" era un malnacido delincuente que planeaba venderla, tenía que ser sutil, pudiera ser que ella no quisiera irse con él tan fácil. Aparcó afuera de la casa, Rey vio las luces apagadas, por fortuna el malnacido aún no estaba.
Ben bajó del auto y corrió rápidamente a abrir la puerta de Rey, ella no recordaba la última vez que Poe hizo eso por ella, al levantarse sintió como perdía el equilibrio y la vista se le nublaba.

— ¿Está bien?—decía preocupado sosteniéndola.

—Sí, sólo es un pequeño malestar.

— ¿Segura que está bien?

—Sí, sí, no se preocupe —le sonreía

—Gracias por la velada de esta noche, señora Dameron —agradeció, la miraba con una sonrisa.

—Gracias a usted por invitarme —dijo con la mirada baja.

Ben la tomó de la barbilla delicadamente y la alzó para verla a los ojos.

—Nunca deje que nada baje su mirada, usted debe estar orgullosa de quien es.

Ella lo miró, sintió un escalofrío en todo el cuerpo perdiéndose en sus ojos, en sus penetrantes ojos ámbar, sentía un impulso de besar esos labios tan tentadores, unas ganas tremendas de abrazarlo, de poder acariciar su rostro, pero en lugar de realizar alguna de sus fantasías, solo logró sonrojarse ante la declaración.

—Tome —le da una tarjeta con un número escrito en ella—. Estaré en un hotel cerca de aquí, este es el número y la extensión, si necesita ayuda o si tiene algún problema, llámeme y acudiré enseguida—expresó con una sonrisa.

¿Ayuda? ¿Problema? Pensó Rey con ironía, sólo asintió con la cabeza y tomó la tarjeta con sus enguantadas manos, le dedicó la más inocente de las sonrisas haciéndole estremecer.

—Buenas noches, señor Solo —volviendo a la realidad.

—Buenas noches, señora Dameron —tomó su mano y besó sus nudillos—. La veré mañana —aún sostenía su mano.

Rey sonrió, si no fuera por la oscuridad de la noche, Ben habría visto que ella estaba más roja que un tomate, pareciese que estuvieron demasiado tiempo ahí parados; él sosteniendo su mano, Rey la retiró con gentileza y subió al pórtico de la casa, miró hacia atrás para verlo, él estaba ahí parado con una sonrisa en el rostro mientras se despedía con un ademán, ella le sonrió y entró a casa silenciosamente. La puerta ni siquiera hizo ruido al cerrar, estaba por subir a la segunda planta cuando de entre la oscuridad escuchó una voz.

— ¿Te divertiste querida?

Continuará…