12: La fugitiva.
"Todas las promesas que he hecho solo para no dejarte caer, creíste en mi pero estoy roto, no me queda nada y todo lo que siento es este cruel querer..." Lost in paradise, Evanescence.
.
.
.
La mano de Rey temblaba, jamás en su vida había tomado un arma ni mucho menos apuntado a alguien, tampoco estaba segura si sería capaz de disparar, aunque tratándose de su vida las posibilidades de aumentar esa capacidad se veían grandes.
Ben la miró, ella estaba aterrada y confundida, comprendía su comportamiento, asi que bajó con lentitud sus manos, movimientos bruscos podría causar que ella disparase, la observó con detenimiento, dio un largo suspiro antes de poder hablar.
—¿Esto es lo que quiere Rey? —le preguntó.
—¿Qué? —esa pregunta la desubicó de sus pensamientos.
—¿Quiere ser igual a nosotros? —avanzó un paso con lentitud hacia ella.
—No soy una asesina —Rey continuaba apuntándole con el arma.
—Disculpeme pero es usted la que está apuntándome con esa pistola.
—Es diferente —se excusó.
—¿Va a matarme?
La chica temblaba por los nervios, se notaba en sus manos sosteniendo esa arma, el corazón parecía querer salirse de su cuerpo.
—¿Rey, va a dispararme?
—No lo sé —respondió—. Solo déjeme ir.
—Rey, intento protegerla, hacerle daño es lo último que yo haría.
—No le creo —seguía mostrándose nerviosa.
—Rey —avanzó de nuevo hacia ella.
—No —puso firmeza en sus manos al apuntarle con más determinación.
—¿Va a dispararme entonces? —él se acercó a ella.
—No se acerque más —lo amenazó.
—Hágalo —Ben se puso frente al cañón del arma—. Dispáreme entonces —la miró a los ojos.
Lo miraba con nerviosismo, seguía sosteniendo aquella arma, su respiración se aceleraba más a cada segundo. ¿Realmente sería capaz de dispararle?
—Hágalo aquí —apuntó donde estaba la herida en su pecho—. Ya está hecha la herida, solo ábrala más.
El silencio entre ambos se manifestó, ella era incapaz de dispararle y él no iba a quitarse de en medio.
—¡Vamos Rey, hágalo! —exclamó provocando que ella diera un brinco de sorpresa—. ¡Dispáreme ya!
Las lágrimas hicieron acto de presencia en los ojos de aquella chica, estaba aturdida, confundida y con miedo, no iba a disparar esa arma, no iba a matar al señor Solo.
—Solo quiero que me deje ir —fue lo que pudo decir.
—Deme eso —puso con delicadeza sus manos sobre las de ella—. No quiero que se lastime.
Rey se resistió con torpeza pero finalmente él logró quitarle el arma de las manos, dio un suspiro para mirarla, seguía aterrada, odiaba verla de esa manera, verla insegura, asustada y triste.
—¿Va a romper un juramento?
—¿Qué juramento?
—Me juro que no se iría de mi lado.
Oh si, Ben en verdad no estaba delirando, en verdad le había pedido que no se fuera.
—Yo no... —Rey recordó.
—Dijo que no se iría.
—Era diferente —dijo mirándole con temor—. Estaba herido y...
—Sigo herido y terminará de hacerlo más si se va.
—Esto es una locura —Rey recobraba la compostura—¿Esta consciente de lo que dice? ¿Quiere que me quede con usted? No tiene sentido, esto jamás va a funcionar...
—¿Entonces lo pensaba? —el se agachó para estar a su altura—. También lo pensaba.
—Yo no... —quedó atrapada en sus palabras—. Yo no pensaba nada.
—Míreme a los ojos y dígame que no siente nada.
—No voy a jugar a esto —quería evadirlo y quería irse pero los brazos de Ben la regresaron a su sitio.
—Míreme a los ojos y dígamelo —le pidió.
—¿Por qué hace esto? —lo miraba con los ojos vidriosos.
Suspiró antes de poder decirle —Para poder dejarla ir.
—No siento nada por usted señor Solo —murmuró.
—Dígamelo viéndome a la cara —la tomó de las mejillas obligándola a mirarle.
—No siento nada por usted señor Solo —repitió.
Él la soltó y se levantó —No le creo.
—Entonces no sé qué más pueda hacer —avanzó lento pero seguro a través del pasillo.
—Yo la quiero —interrumpió la caminata de la chica.
Rey se detuvo sin mirar atrás, sintió una enorme punzada al escucharle decir esas palabras, no pudo evitar soltar algunas lágrimas, pero no debía olvidar que la última vez que alguien le dijo eso termino siendo vendida y maltratada. Eso no iba a cambiar nada, aunque ella le quisiera, el simple hecho que ambos son de diferentes mundos, era suficiente para renunciar a todo lo que su mente imaginaba; algo fuera de lo común y en contra de las normas, ella una mujer casada y embarazada y él un matón a sueldo. Se giró a verle y se acercó a él, Ben esperaba alguna respuesta ante la declaración, la esperanza aún seguía en su mente.
—Devuélvame el arma —le pidió.
—No la necesitará.
—Esa arma no es suya.
—Ni suya.
—Entonces, deme sus llaves —casi sonaba como una exigencia.
Eso lo desconcertó —¿Qué?
—Las llaves de su auto.
—¿A dónde va a ir? ¿Sabe conducir siquiera?
—Solo deme sus llaves.
—Pídale a Hux que la lleve a donde desee.
—No necesito una nana —comentó.
—Es eso si quiere irse —terminó de decir para dejarla en el pasillo.
Rey quedó inmóvil algunos segundos antes de avanzar y buscar por su cuenta las dichosas llaves.
Por otro lado, Ben se reunió con Hux en el despacho, estaban llevándose el cadáver del traidor, él se recargó en el umbral de la puerta contemplando una y otra vez la discusión con Rey.
—Un desafortunado evento —comentó Madame.
—Va a irse.
—Creo que es lo mejor, Benny.
—No, no lo es —murmuró—. Pero no la retendré a la fuerza.
—Lo lamento —tomó el hombro de su hijo.
—Hux quiero que la sigas.
—¿Qué? —dijo exaltado—. No voy a ir tras una mujer.
—Hazme ese favor, Hux, estará sola, embarazada y asustada, no quiero que aquel imbécil la encuentre.
—¿Por qué no vas tu?
—¿Es broma cierto? — entrecerró los ojos mirando a su amigo.
—¿Madame está consciente de lo que éste está diciendo? —miró a Madame con cierta indignación.
—A decir verdad no es mala idea, Hux —comentó.
—Oh vamos —expresó fastidiado acercándose a la ventana—. Estas perdiendo la cabeza por esa mujer, Solo.
—Ve Hux —le pidió Madame—. Está expuesta a ser encontrada y si la encuentran puede delatarnos, sé que no será intencional, pero esos hijos de puta, así como nosotros, saben cómo sacar la información.
—Me deberás una enorme por esto —respondió malhumorado.
—Ve por ella Ben.
—No, prefiero que vayas tu o Hux, no quiero verla ahora —agachó la cabeza.
—Hay que darse prisa a encontrarla —comentó Hux mirando por la ventana.
—¿Por qué? —preguntó Madame.
—Está por salir por la reja principal en el auto de Solo.
Ben se apresuró a mirar también a través de la ventana —Vamos Hux, ve tras ella.
—Cauteloso y sin levantar sospecha —pidió Madame.
—Como siempre —afirmó Hux saliendo corriendo del despacho.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Era difícil para Rey decir cuánto tiempo había pasado ya desde que abandonó la mansión Solo. Después de casi cuatro viajando en tren, afrontando las náuseas y los malestares del embarazo, finalmente podía ver la ciudad que albergaba su hogar siendo iluminada por el sol de la mañana.
—Pronto estaremos en casa —habló acariciando su vientre.
Miró hacia el horizonte pensando en su última semana, algo que le estaba pareciendo surrealista ¿el señor Solo y ella? ¿Juntos? ¿Un futuro de ellos con un hijo de ella? Negó con su cabeza ante tales ideas, ya era momento de renunciar a sueños absurdos, tenía que regresar a la realidad.
Rey no lo creía, sentía que su corazón saldría disparado de su pecho pues aunque no lo hubiese aceptado frente a Ben o Poe, ella extrañaba a su familia del orfanato más que a nada en el mundo y la idea de por fin volver a verlos era algo de fantasía para ella; después de tanto dolor, tanta agonía y sufrimiento, después de tantas mentiras al fin, al fin estaría a salvo otra vez. Ya no importaba lo que dijeran de ella, si la insultaban o regañaban, estaría en casa y bien sabía que su gente la seguiría amando.
Y entonces ahí, justo al doblar en una pequeña colina, se detuvo.
No había sonrisa, no había euforia ni alegría en su rostro, de pronto todo se desmaterializó cuando por fin estaba frente al edificio.
—No debe estar aquí, Rey —comentó Hux—. Es peligroso permanecer aquí.
El pelirrojo apuntó hacia la puerta principal de donde iban saliendo Poe Dameron y su amigo William. Rápidamente Hux la jaló con delicadeza para ocultarse de ellos.
— ¿Porqué está siguiéndome? —exigió casi a gritos por la respuesta
—Rey.
— ¡No! —interrumpió furiosa—. ¡No me toque!
Hux alzó sus manos retrocediendo —De acuerdo.
— ¿Porqué está aquí?
—No es el momento de preguntas —dijo Hux vigilando que Poe y su amigo estaban cada vez más cerca.
—Pierde su tiempo señor, si cree que me hará volver —amenazó
—Por mi puede irse al carajo —masculló Hux al ver el comportamiento de la chica—. No crea que me agrada estar vigilando las faldas de una mujer.
—¿Entonces?
—Estoy aquí, por Ben Solo.
—No debería hacerle favores a su amigo —respondió con hostilidad.
—Debe calmarse Rey —sugirió Hux, odiaba discutir y más con una mujer—. Debemos irnos de aquí. Tengo órdenes.
—¡Me importan un bledo sus órdenes! —interrumpió.
—Rey quiero que se calme, por favor —la sostuvo de los hombros para hacerla entrar en razón—. Sé que está furiosa y lo que sucedió en casa de Madame fue terrible para usted pero no es seguro estar aquí, por favor, su esposo tendrá toda la intención de matarla.
—No me importa —contestó molesta—. Que Poe venga a matarme.
— ¿Y su hijo? ¿Qué hay de él? —inquirió Hux percatándose fácilmente de cómo Rey le evadía la mirada.
—Este embarazo no me ha traído más que desgracias.
— ¿Es desgracia para usted llevar al hijo de quien claramente la ama?
Rey se detuvo a pensar con desconcierto, ese pelirrojo no sabía que ese hijo no era del señor Solo, solo pudo bajar la cabeza, no sabía porqué, pero era incapaz de desmentir que ese hijo no era de Ben; quiza porque en el fondo ella misma quería creer que lo era, pero era demasiado cobarde para admitirselo.
—Lleva ahí al hijo de Solo —le recordó—. A quien considero como un hermano, Madame ha dicho siempre que debemos cuidar a la familia, si bien, usted no es parte de la mía, el hijo que lleva aquí —apuntó a su vientre—. Es hijo de mi hermano, lo que lo hace mi familia.
Rey le miró al rostro soltando unas escasas lágrimas de conmoción, la realidad es que a ella la habían tratado espléndidamente pero tal vez eso no justificaba la atrocidad que había presenciado. No sabía que palabras usar ni que más decir, no había un plan B, no había nada en lo que hubiese pensado antes; creía firmemente que al regresar al orfanato todos sus problemas habrían terminado, pero no, ahora que Poe estaba rondando ahí al acecho, lo había perdido completamente todo.
—Ya lastimó a Solo abandonándolo cuando él lo único que quería hacer era protegerla —le reprendió—. No sea egoísta, tal vez a usted no le interese ese niño, pero a él sí —la soltó para retroceder un paso—. No vine a protegerla a usted, vine para proteger a mi sobrino.
Rey se limpió las lágrimas para pasar la mano por su vientre y dejó escapar un prologando suspiro antes de volver a hablar.
El pelirrojo vio que Poe se dirigía en dirección a ellos, era el momento de esfumarse de ahí
—Es mejor irnos de aquí —dijo Hux señalando con la cabeza hacia Poe y compañía—. Entonces, ¿viene conmigo o no? —preguntó tendiendo su mano.
Continuará…
