14: El amor prohibido.
"Encontré esto demasiado fácil para ser verdad, me encontré a mí mismo en soledad cada día, y si, admito, que estoy loco por ti, porque eres mía..." I walk the line, Johnny Cash.
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-Espero que Hux no haya sido demasiado... Tosco -agregó aflojando levemente el nudo de su corbata y dando media vuelta. Rey inmediatamente bajó la mirada al verlo, cosa que Ben no pasó por alto
- ¿La he ofendido? -preguntó con pesar.
-No, no, es solo que -suspiró antes de soltar las favor perdóneme señor Solo -sollozó.
- ¿Yo? -habló confundido.
-Usted... Ha sido el único que me ha visto con esos ojos en mucho tiempo, tan llenos de cariño, la manera en que me trata, en cómo me habla... Y yo solo busqué alejarme de usted -decía mientras regresaba al interior de la habitación. Él fue tras ella pero se detuvo en el umbral-. Parecía imposible, después de Poe, creí que ningún hombre podría mirarme así y ser sincero... No quería caer en cosas así otra vez y sin embargo usted lo logró; logró hacerme creer que sentía algo -se sentó en la cama, ya no podía soportar el cansancio de permanecer en pie tanto tiempo. Ben por su parte permaneció en silencio aunque acercándose a ella.
-Por supuesto que la quiero -interrumpió tomando las manos de Rey-. Y no tengo pena alguna en decirlo al mundo, estoy enamorado de usted.
Las lágrimas empezaban a brotar de los ojos de la chica, su voz se entrecortaba y sentía que se ahogaba, todo en un intento fallido de contenerse.
-Lo sé -musitó recordando la última declaración hecha por el señor Solo.
- ¿Entonces por qué huyó de mí? -le preguntó dolido.
Rey aguardó unos segundo antes de poder responder, sabía que ella huía de él por miedo, pero no sabía si su temor era dirigido al hombre, a su protector, a la idea de morir por sus balas o si temía a enamorarse de nuevo -Porque buscaba un defecto en usted.
- ¿Qué?
-Quería encontrar su engaño señor Solo... Si era tan bueno, claro que debía haber algo mal y me esmeré tanto en encontrarlo pero al mismo tiempo seguí cayendo por usted -Ben sonrió con satisfacción ante la declaración, los sentimientos de ella hacia él no eran tan indiferentes como él imaginaba-. Cuando al fin lo descubrí, fue doloroso para mí aceptarlo, aceptar que me había mentido todo ese tiempo... No quería creerlo, no quería alejarme de usted, pero debe entenderme, todo esto que me ha ocurrido es...
-Lo sé -justificó él tomándola del rostro.
-Perdóneme por ser grosera...
-Rey no -la interrumpió.
-¿Por qué no pude conocerlo antes que a Poe? ¿Por qué este hijo no es suyo? -decía no pudiendo soportar más todo ese dolor-. ¿Por qué, dígame por qué? -clamó empezando a llorar.
Para Ben era un tormento por igual; verla así, tanto dolor en una mujer tan frágil era imposible de creer. Tragó un bulto muy grueso y con delicadeza la abrazó; la sentía temblar y la humedad generándose en su ropa. Ben acariciaba su cabeza con suavidad, buscaba hacerla sentir segura, hacerla sentir querida.
-Yo me he hecho esas preguntas también -habló-. Y la respuesta es muy simple... El amor no es fácil, la vida no es fácil ni justa tampoco.
- ¿Por qué debo estar tan asustada de quererlo? -preguntó aún con el rostro clavado en el pecho del señor Solo.
-Porque es algo prohibido, pero yo no tengo miedo de hacerlo, y jamás lo tendré -aseguró apartándola levemente, pudiendo así verla a los ojos; esos destellos marrones llenos de lágrimas, de temor, pero también de ingenuidad. Era extraño, curioso en realidad, después de todo lo que pasó, después de tanta desgracia en su vida ese destello de inocencia no había abandonado sus ojos aún-. En contra de mi familia, de la sociedad... Yo quiero estar con usted... Pero no puedo forzarla a querer lo mismo ¿Entiende? Y me duele como no tiene idea el pensar que... Que no me ama, que no siente lo mismo -suspiró tragándose su orgullo.
-Claro que lo quiero -respondió temblando viendo el semblante de su señor Solo.
Sin remordimiento, sin pensar, sin culpa, sin temor, solo amor. Palabras tan sinceras, tan tristes y alegres a la vez. Ya ambos habían esperado demasiado, no lo harían más. Ben acarició con suavidad la mejilla de Rey, limpió sus lágrimas y lentamente acercó su rostro para al fin conseguir lo que tanto tiempo había anhelado, el amor de aquella camarera que lo tenía despierto toda la noche. Todo unido en un largo y profundo beso.
Rey se perdió entre el beso lleno de anhelo y alivio, rodeó el cuello de Ben con sus brazos aferrándose a él, no quería soltarle nunca más, a su lado se sentía a salvo, se sentía completa. Ambos tenían que separarse para recuperar el aliento, seguido de eso unieron sus frentes sonriendo ligeramente.
-El depredador se enamoró de la presa -comentó Ben acariciando la mejilla de Rey.
-Que presa tan torpe -respondió Rey sonriente.
-Agh, por favor no hagan eso en mi presencia -bromeó Hux en la entrada de la puerta
Rey y Ben se separaron con un fallido disimulo, no logrando ocultar el rubor recién generado en sus mejillas.
-Tranquilo, galán -vaciló entrando a la habitación-. No los acusare con mamá -se burló.
- ¿Qué quieres Hux? -Ben se rascó la nuca.
-Madame quiere verlos -respondió mirándolos-. A ambos.
- ¿Pasa algo? -preguntó Rey con un tono de angustia.
-Vayan a averiguarlo -apuntó el índice al aire.
Rey y Ben se miraron con cierta preocupación. ¿Habrá pasado algo malo?
-Hay que ir -Ben ayudó a la chica a bajar de la cama.
- ¿Será algo acerca de esto?
-Tranquila -la calmó-. Creo saber qué es lo que va a decirnos.
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El segundero del reloj parecía retumbar con fuerza en los oídos de Poe, quien yacía sentado en un mullido sofá junto a la ventana, bebiendo como siempre, estaba frustrado, malhumorado y pensativo. Su visita al orfanato donde Rey había crecido lo habia dejado sin pistas qué seguir, ya no tenía más idea de donde podría buscarla, comenzaba a sentir su fin acercándose, ya podía sentir la bala del arma de Buzz atravesándole el pecho.
-¿Vas a volver a emborracharte? -interrumpió una voz femenina que entró a la habitación.
Poe alzó los hombros con desgane ante la pregunta de la mujer que permanecía en el umbral. En realidad esa mujer era su mujer, aquella mujer rubia, alta y bastante atractiva, no es que fuera su esposa real, pero era lo más cercano a ello, llevaban años en el concubinato; a decir verdad Poe podía desaparecer semanas o incluso meses, volver como si nada y esa mujer siempre le recibía con los brazos abiertos, la amante perfecta, cómplice y confidente, Gwen era su nombre.
-No la haz encontrado -adivinó la rubia.
-Es inminente que aquí acaba todo -respondió Poe-. Tengo que desaparecer un tiempo.
-¿Te vas de nuevo? Apenas volviste.
-Si no hubiera sido por esa huérfana, no tendría que irme pero si me ven aquí, tu también corres peligro.
-Iré contigo...
-No -interrumpió Poe levantándose del sofá-. Claro que no, dejé todo preparado por si algo me sucede, no te quedarás desamparada...
-¡Eso a mi no me importa! -exclamó Gwen acercándose a él-. El dinero no compensará tu ausencia.
-Si sigo con vida después de 3 meses, mandaré a Will por ti, lo prometo.
-¿Por qué no llamas a LaRusso? El solucionaría todo en un parpadeo.
-No voy a molestarlo con esta pequeñez.
-Tu eres como un hijo para él, no va a negarse a hacerte ese favor.
-No voy a lloriquearle que me anda persiguiendo un matón, Buzz no es cualquier sujeto.
-Los hombres y su orgullo -dijo con fastidio-. Prefieren morir que pedir ayuda.
Poe le dio la espalda ante el comentario, claro que había pensado en hablar con su alto mando sobre la situación, era tan sencillo que solo una llamada telefónica solucionaría todo en menos de 24 horas; sin embargo quería encontrarla quería hallarla a ella, a Rey, quería verla de frente y demostrarle que no iba a poder huir de él ni de su destino, que nadie se burlaba de él, quería que ella sufriera, no antes de arrebatarle al bastardo que llevaba en el vientre. La duda a veces lo carcomía, la posibilidad de que ese hijo fuése suyo lo hizo pensar más, pero llegó a la conclusión de que fuera él o no el padre, él se lo quitaría, un dolor más que iba a causarle a ella.
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Los cuatro yacían en el despacho; Rey aguardaba sentada en una mullida silla, Hux estaba sentado junto a la ventana mientras jugueteaba con un revólver y Ben estaba de pie justo detrás de la silla en donde Rey se encontraba, mientras que Madame estaba sentada frente al escritorio golpeando con sus dedos sobre la mesa. Habían pasado algunos minutos de silencio, nadie decía nada y la tensión que Rey sentía aumentaba a cada segundo, no sabía lo que sucedía en la mente de aquella mujer mayor.
-Y bien madre -Ben rompió el silencio mientras jugueteaba con sus dedos-. ¿Para qué nos llamaste?
-Verás Benny -finalmente su madre habló-. Ya que Rey va a formar parte de nuestra familia, me parece lo más sensato que esté al tanto de lo que sucede en esta casa.
-Creo que quedó claro lo que sucede -contestó con desgano.
-No siempre pasa eso aquí, Rey -se dirigió Madame a la chica-. Lo que has presenciado hace días fue algo... inusual. Pero quiero que estés consciente de todo.
Rey asintió al ver a la madre de Ben
-Bien, somos unos matones -aseguró Madame sin siquiera titubear-. No somos santos, pero lo que es seguro es que jamás dejaremos que algo malo te ocurra a ti y a ese niño.
-Entiendo -respondió Rey.
-Otra cuestión es que cuando estés en condiciones vamos a enseñarte a defenderte...
-No, madre -interrumpió Ben, esta vez sin vacilar, era claro que hablaba muy en serio-. No quiero que ella se involucre en esto.
-Benny esto no está a discusión, si ella estará con nosotros está en riesgo de que alguien atente contra ella -aclaró.
-Yo estaré para protegerla.
-No dudo de eso -dijo mirando a su hijo-. Es para prevenir que alguien intente hacerle daño, si aprende a defenderse no podrá darle esa ventaja.
-Haré lo que sea necesario -Rey estaba de acuerdo, en cierto modo, ya no quería seguir siendo una tonta indefensa.
-No, no voy a ponerla en riesgo.
-Solo, sé sensato -le habló Hux-. La chica debe saber defenderse, no siempre podrás estar tras ella, te recuerdo que constantemente tenemos que salir de la ciudad por trabajo.
-Está bien -Rey tomó la mano de Ben-. Creo que es lo mejor.
-No quiero que tenga un arma en sus manos... de nuevo -recordó bajando la mirada.
-No es como que vaya a dispararte, Benny -rio Madame levantándose de la silla- No lo harás ¿Verdad? -se dirigió a Rey quien soltó una pequeña risa.
-Madre...
-No va a hacer ningún trabajo con ustedes, Ben, solo quiero que esté preparada para protegerse cuando no se encuentren cerca, recuerda que no solo se estará cuidando a si misma.
Ben rodó sus ojos no teniendo más opción que resignarse, tenía que darle gusto a su madre, aunque la idea no le agradaba era algo que sin duda iba a ayudar, Poe podría aparecerse tarde o temprano.
-Otra cosa que quería discutir con ustedes es la próxima celebración -Madame se paseaba por el despacho.
-Tan pronto ha pasado el año -comentó Hux.
-Así es -Madame miraba su reloj-. El tiempo pasa rápido.
- ¿Celebración? -preguntó Rey confundida.
-El cumpleaños de mi madre es en un par de meses -respondió Ben-. Cada año se hace una gran celebración.
-Madame no creo que sea prudente hacerla este año -habló Hux.
-De hecho creo que no deberíamos dar a entender que algo malo sucede -sugirió Ben-. Debemos aparentar que nada ha cambiado.
- ¿Qué hacen en esa celebración? -indagó Rey.
-Es una gran cena, se invitan a personalidades importantes, hay música en vivo y es una gran fachada para concretar negocios -Ben hizo un gesto de comillas con sus dedos.
-Negocios -insinuó Rey pensando en el tipo de negocios.
-Benny no te mintió del todo, pequeña -sonrió Madame-. En realidad si tenemos un comercio textil.
-Y lo usan para cubrir el negocio real -intuyó.
-Exacto -contestó.
-De hecho Madame -interrumpió Hux-. Ella puede ayudar.
-Hux -Ben miró fulminantemente al pelirrojo.
-Ella puede estar en el escenario -explicó.
- ¿Yo cantando? -adivinó-. No, no -dijo avergonzada.
-No es mala idea -Ben lo pensó mejor-. Creo que ella haría la velada más disfrutable.
-No me siento con ánimos de hacerlo -expresó con melancolía.
-Oh vamos -la animó Ben-. No le niegue a mi madre el privilegio de escuchar su voz.
Rey desvió su atención hacia Madame, sonreía mientras miraba a través de la ventana, se le notaba algo pensativa y dispersa también, sumida entre fantasías y recuerdos quizá. Finalmente la chica accedió a hacerlo, desilusionar a una jefe de la mafia no parecía una decisión muy sensata.
-Está bien, lo haré -dijo resignada.
-Espléndido -agradeció Ben-. Solo no olvide brindarme las canciones que interpretará, así los músicos podrán prepararse con anticipación -agregó.
El pequeño grupo abandonó el despacho dejando a Madame a solas, envuelto entre sus pensamientos; la situación de Ben y Rey se le hacía de una manera muy familiar.
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Ben aguardaba en la terraza a la espera de la cena, había pasado un breve período de tiempo desde que llegó al lugar, no había hecho nada más que admirar el paisaje y sentir la brisa hondear su cabello. Dejó escapar un pequeño suspiro y sonrió a la suerte que había tenido en los últimos días, no solo de haber salido con vida de aquél incidente, sino que ahora volvía a estar con Rey, y ésta había correspondido sus sentimientos, de alguna manera debía celebrarlo.
Llevaba en su mano un puro desde que llegó a la terraza, aunque había permanecido apagado desde entonces, ahora finalmente lo había llevado a su boca, sacó su encendedor y la llama estaba por encender la punta, pero entonces se detuvo.
-¿Lo interrumpo? -preguntó Rey detrás de él.
-Para nada -respondió dando media vuelta, aun con el puro en la boca y por supuesto apagado.
-¿Sabía que era yo?
-Mi sexto sentido me lo dijo -vaciló.
-¿Sabe? Creo que la manera correcta de usarlo, es encendido -comentó Rey con una sonrisa.
-Es cierto -rio Ben, finalmente sacando el cilindro de su boca-. Lo haré más tarde.
-¿Por qué no ahora?
-No tengo intención alguna de perjudicar a mi hijo, y mucho menos a usted -le dijo con gentileza-. El humo puede ser muy dañino ¿Sabe?
-En ese caso procuraré estar cerca de usted más tiempo-insinuó Rey mientras caminaba hacia él.
-¿Y eso por qué?
-Así jamás volverá a fumar -le respondió mirándolo.
-Oh ¿No le gusta que lo haga entonces? -le preguntó sonriente.
-Claro que no, podría matarlo tarde o temprano y yo no quiero eso -contestó.
-Haré mi mejor esfuerzo entonces -quería darle gusto a su chica-. Pero no puedo prometerle mucho.
-Puedo obligarlo entonces -coqueteó con inocencia.
Ahora había un pequeño silencio aunque para nada incómodo, a decir verdad era algo más placentero que hablar, no se lo explicaban pero se estaban diciendo mucho más sin siquiera abrir la boca, se entendían a la perfección.
- ¿Puedo preguntarle algo? -la chica rompió el silencio.
- ¿Va a dejar de hablarme de usted? -sonrió.
-No lo sé -rio con dulzura-. Supongo que es costumbre.
- ¿Cuándo vamos a dejar los formalismos?
-Me gusta así, señor Solo -sonrió Rey.
- ¿Y es lo único que le gusta de mí? -insinuó Ben.
Ese hombre sí que lograba hacerla sonrojar en un instante -No -se ruborizó ligeramente-. No es lo único -acariciaba su barriga.
- ¿Sucede algo? -preguntó al notar el gesto-. ¿Se siente bien?
-Sí, estoy bien, solo... -hizo una pausa -. Ya es bastante evidente que aquí crece alguien.
Ben sonrió y se acercó a ella, la miró por unos segundos, su vientre ya sobresalía lo suficiente, de hecho demasiado para el tiempo que tenía. Le gustaba contemplarla asi, lucía tan tierna y radiante, el hecho que él no fuése el padre biológico le tenía sin cuidado, ese hijo era suyo al igual que ella.
Continuará...
