Akane cayó velozmente ganando heridas y rasguños, pudiendo oír el crujido de la madera y hojas, además de sus gritos desesperados, no supo cuánto tiempo duró el desplome, pero lo sintió como una eternidad, cerro los ojos esperado lo peor.
Kuno por fin se encontraba en libertad, duró un buen rato desenredando el lazo de su hermana, ahora solo necesitaba seguir la pista de la pareja, tenía que apresurarse, corrió en línea recta, y un rayo iluminó el sendero, pudo ver movimiento entre las copas de los pinos, se dirigió lo más rápido que pudo hacia los árboles, se detuvo debajo de ellos esperando escuchar algo, levanto la cabeza, pero la maleza y la oscuridad no le dejaban mucho que contemplar. Creo que lo imaginé.
- ¡¿PERO ¡¿QUÉ?!- No tuvo tiempo de huir, en menos de un segundo el objeto causante de los ruidos, se encontraba encima suyo.
Con el corazón acelerado y los ojos aún cerrados, Akane se sorprendió al no sentir impacto, al separar lentamente los parpados, pudo divisar que estaba a un lado del sendero, pero también notó que se encontraba sobre algo, quiso averiguar de que se trataba cuando escuchó una voz que la llamaba. - ¡Akane! - Era Ranma, quien bajo rápidamente del árbol.
- ¡Ranma aquí estoy! – Le hizo señas y este la encontró.
- ¿Te hiciste daño? – Corrió hacia ella y la recogió, llevándola nuevamente a sus brazos.
- No, tampoco toqué el suelo, caí sobre algo suave- De repente se escucharon los quejidos de Kuno, quien yacía inconsciente en el césped. Ella lo miró con sorpresa y preocupación, pero fuera del golpe, el chico parecía estar bien. Lo observaron por unos instantes.
-Gracias- Murmuró Ranma, para luego pasar a Akane a su espalda y continuar la carrera.
Las amazonas eran una tribu guerrera, se guiaban por códigos de conducta que eran seguidos sin excusas, el doblegarse era señal de debilidad, y la debilidad causaba tragedias, respetar las costumbres otorgaba fortaleza que enaltecía a los cohabitantes de su comunidad. La familia de Shampoo era reconocida por contar con las mujeres más fuertes de la hermandad, en la sangre de la joven corrían generaciones de guerreras de alta categoría. La ley era muy clara, únicamente la desposaría un hombre que pudiera vencerla en combate, si en su tribu no había varones dignos, entonces no valía la pena perder el tiempo con hombres de baja estirpe.
Shampoo cumplió su obligación aventurándose en tierras extranjeras, buscando a la causante de su deshonra, la mujer por la que fue humillada en un combate tan fugaz como vergonzoso, que sorpresas tenía el destino al descubrir al esposo ideal disfrazado de la causa de su desdicha. Correría directo a sus brazos y proclamaría su amor a los cuatro vientos, se desposarían inmediatamente para que el resto de sus hermanas compartieran su dicha. Pero existía un inconveniente, el único hombre digno de su afecto, ya estaba comprometido con una mujer menos fuerte que ella, también carecía de dotes culinarios y la encontraba muy histérica, de ninguna manera podría hacer feliz a su esposo.
Todos los días se repetía así misma estos pensamientos, recordándose la inferioridad de su rival, aquella mujer a medias no era la compañera adecuada para Ranma, y se lo decía con más dureza al verlos juntos, especialmente cuando percibía interés por parte de ambos. Era imposible siquiera pensar que algo sucediera entre ellos, aún si se manifestaran cariño mutuo, el carácter explosivo de ella generaba en su futuro esposo arrebatos de irá, por lo que era sencillo concluir que su matrimonio sería un desastre. Era su deber como legitima novia, liberarlo de sus ataduras.
El trío se dividió nuevamente, Shampoo merodearía el sendero, Kodashi buscaría entre las copas de los pinos y Ukyo esperaría en las escaleras. Su alianza era por mera conveniencia, una vez que Akane fuera removida del camino, el equipo se rompería y cada una intentaría abrirse paso hacia el verdadero objetivo: el título oficial como la única prometida de Ranma Saotome.
Parecía que la suerte finalmente les sonreía, luego de una tediosa caminata entre los árboles y arbustos, se encontraban a un lado de las escaleras, la dicha se apoderó de ambos y de dirigieron raudos a ellas, pero llegaron al mismo tiempo que Ukyo, tan pronto se encararon, ella saltó hasta el décimo escalón señalándolos retadoramente con la espátula.
- Ukyo, somos amigos, no quiero pelear contigo- Ranma era sincero, lo que la hizo dudar por unos segundos, pero no se movió y sin perder contacto visual llamó a las demás.
- ¡Los encontré! ¡Vengan a las escaleras!
Akane apretó los labios, y se enganchó lo más que pudo a las ropas de Ranma, quien frunció el ceño y cerró los puños.
-Si eso quieres.
Atrás de ellos se escucharon pasos cada es más cercanos, seguidos por el sonido metálico de cadenas siendo lanzadas al aire, de un movimiento y sin girarse Ranma atrapó el extremo del dai chiu y acto seguido lo jaló bruscamente contra él, trayendo consigo a Shampoo, quien terminó en el suelo frente a ellos. Era turno de Kodashi, que se decidió por una serie de ataques aéreos con sus rosas explosivas, Ranma se volteó y corrió directamente a las bombas. – Está es, ¡La versión Saotome del Gourmet fa du gra! – Sin tener tiempo de parpadear, las rosas negras ahora eran regresadas a Kodashi, debido a la velocidad de los disparos le fue imposible esquivarlos.
La única que seguía en pie era Ukyo, actuó rápido y lanzó bombas de harina en los alrededores, bloqueando la visión de su oponente, optó por arrojar sus mini espátulas, pero se percató que tan pronto los proyectiles entraban a la nube de harina, estos eran expulsados fuera de ella. El truco de las castañas calientes era el favorito de Ranma y su técnica más refinada. Decidió usar todas las bombas que tenía para ganar tiempo, corrió hacia Shampoo quien ya estaba de pie.
- No los detendré por mucho, ¿alguna idea?
- Chica gimnasta y Ukyo entretener a Ranma, Shampoo ir contra novia.
- ¿Tu y Akane? Pero… - Ukyo sabía que tendrían que embestir a Akane, ese era el plan inicial, pero Shampoo era despiadada en sus ataques y podría ir más allá, Ukyo quiso impedírselo, pero la amazona ya había descifrado sus intenciones. - ¡Tu ser muy blanda! ¡Kodashi, atacar airen y Shampoo eliminar a chica violenta!
- Será un placer querida ¡Ranma, amor mío! ¡Esto es por tu bien! – Tan pronto el polvo se desvaneció, Kodashi comenzó a girar su banda, provocando una lluvia de pétalos negros, que, si bien no provocaban una verdadera amenaza, le impedían abrir los ojos completamente a Ranma.
- ¡Ukyo, es tu turno! No me dejes todo el trabajo- La cocinera trago saliva y deseó con todas sus fuerzas que las intenciones de Shampoo se limitaran a deshacer el abrazo de Akane. Tomó su espátula y corrió hacia Ranma, comenzando una batallosa lucha contra las veloces manos de su prometido.
Shampoo se encontraba tanteando la manera de acometer contra Akane, Ranma se movía a todos lados y su esposa se le adhirió como un chicle, no había forma de herirla sin herir a Ranma. El velo. La delicada pieza transparente era la única prenda de la chica que se ondeaba con el movimiento, una simple embestida a la tela y tendría a la joven en su merced, el golpe podría desviarse más de la cuenta y mataría dos pájaros de un tiro. Tomó la cadena de su arma, e hizo círculos en el aire con un extremo del dai chui, listo para dar en el blanco, más no pudo completarse la acción al ser despojada de su instrumento. La sombrilla de Ryoga regresó a la mano de su dueño, a la vez que Moousse se le unía.
- Moousse ser entrometido, ¿Pero tú que hacer aquí?
- Más bien, ¿qué haces tú aquí? – Ryoga estaba por propiciarle otro ataque, pero Moousse lo detuvo. – No Ryoga, está es mi pelea, tu ve con los demás- Este asintió y corrió al grupo más grande.
Los dos amazones mostraron su pose de combate, esperando que uno diera el primer golpe, Shampoo, demostrando su dominancia sobre el muchacho, atacó primero lanzando una serie de patadas, pero Moousse las bloqueo con agilidad. Logró sujetarla del tobillo y la arrojó lejos, Shampoo aterrizó sobre sus manos y tomó impulso para lanzarse nuevamente, pero Moousse la esquivo. La chica se reincorporó -Shampoo ocupada, Moousse estorbar- Decidió ir nuevamente con Ranma, pero Moousse la interceptó de un salto.
- ¡Dejar pasar a Shampoo! – Trató de sonar amenazante, sin embargo, fue inmovilizada por las cadenas del joven, para después ser lanzada hacia los árboles, Moousse procedió a correr a donde fue a dar la amazona.
Ukyo estaba agotada, más de una vez, tanto Kodashi como ella trataron de llegar a Akane, pero Ranma siempre las emboscaba. Había sido empujada y resbaló en el suelo rocoso al menos cinco metros, se apoyó con la espátula y trató de pararse, pero sus piernas fueron barridas y nuevamente cayó. Levantó la cabeza y parado frente a ella se encontraba Ryoga, tenía una expresión seria y cruzaba los brazos. -Pensé que tú eras la más cuerda- Se reincorporó lentamente y saltó hacia atrás, sus bombas y espátulas compactas se habían terminado, pero seguía empuñando la espátula gigante. – Estoy lista- Ryoga no se movió.
- ¡¿Qué esperas niño cerdo?! ¡Ataca! – Intentó provocarlo.
- No es necesario – Dijo señalando hacia donde estaban los demás. Kodashi yacía noqueada entre pétalos y listones, la pareja los observaba. -Ukyo, por favor- En la súplica de Akane había compasión y empatía, todos los presentes sabían que el combate ya estaba ganado. Ukyo oprimió su espátula, pasando los ojos de un lado a otro, ante la indecisión de la chica, los dos muchachos tomaron su postura de pelea.
El silencio se rompió cuando Shampoo salió de la maleza, corriendo a toda velocidad en dirección a Akane, dispuesta a brindarle su golpe final.
El baño de agua fue tan repentino, que Shampoo tardó en darse cuenta que corría en cuatro patas, ahora el centro de atención era la gata fiera siendo recogida del suelo por Moousse. – Te devuelvo el favor de hace unas horas Shampoo- Sacó de su otra manga un paraguas, sabiendo que no tardaría en llover. Antes de partir se giró a los esposos. -Felicidades por su matrimonio- y los dejó para perderse en la noche.
Luego de aquel número, Ukyo bajo la mirada, guardó su arma y suspiró. – Ya es tarde, mañana abro a primera hora- Estaba tan triste como resignada, todo había terminado.
- Ukyo- Los truenos interrumpieron a Ranma, las gotas ya caían sobre ellos.
- ¡No! – Pero el agua no lo tocó, fueron cubiertos por la sombrilla de Ryoga, el chico no podía parpadear, quiso devolverla, pero su amigo la colocó en su mano. Miró a Akane, quien también lo miraba. – No puedo permitir que una novia tan hermosa pase frío- Ella iba a responder, pero la lluvia lo terminó de empapar.
- P-chan… - El cerdo estaba por echarse a correr, pero el llamado de Akane lo detuvo, no podía seguir huyendo. Ranma lo sujetó y lo acercó a su esposa, el corazón de Ryoga latía fuertemente, esperando reclamos y golpes, pero estos jamás llegaron, en su lugar lo recibió una mirada cargada de ternura.
- Gracias por todo, Ryoga- Acto seguido besó su nariz, como solía hacerlo cuando todavía era su queridísima mascota.
- Bueno – Interrumpió Ukyo en un tono más animado. – Será mejor que me lleve a este cerdito, si no, jamás dará con Akari- Hizo un ademan para recibir a Ryoga y pasó a sus brazos, le sonrió a la pareja y dio media vuelta. – A propósito, deberían apurarse, no creo que pare de llover en lo que resta de la noche- Y se marchó.
Ya a una distancia lejana, sus lágrimas comenzaron a brotar.
– No me mires así, al menos yo salí caminando en dos piernas, ¿No es así P-chan?
