Hasta ahora me doy cuenta que nunca puse la leyenda de: "Ranma 1/2 no me pertenece, esto fue hecho por una fan meramente para bla, bla, bla..." ya conocen el resto.


Ranma se apresuró en subir las escaleras, la sombrilla de Ryoga era pequeña, y la lluvia caía con más fuerza, por fin dieron con el hotel, entraron tan acelerados que ignoraron toda palabra del recepcionista, más allá del "bienvenidos" y "segundo piso tercer puerta". Akane creyó escucharle decir algo antes de que dejaran la recepción, pero el ruido de la tormenta y la prisa de su esposo no le permitieron escuchar.

Ya estaban frente a la puerta, nervioso metió la llave en la cerradura y la giró, abrió lentamente y entraron. Era una habitación amplia, contaba con lo que parecía ser un baño, había un televisor mediano y las ventanas tenían vista del bosque, también había una mesita de noche, sus maletas se encontraban acomodadas debajo de la cama matrimonial, la que observaron temerosos.

Al notar que su marido continuaba estático, Akane habló: - Creo que sería mejor si me llevaras en brazos, pa-para que sea más fácil dejarme en la cama.

Automáticamente la pasó a sus brazos y movió las piernas de forma mecánica. A tres pasos de llegar al lecho Ranma sintió un líquido frío que le mojaba la cabeza. El cuarto tenía una gotera sin reparar, fue lo que el recepcionista intentó decirles. La joven pelirroja continuó avanzando, el nerviosismo desapareció, su semblante se apagó volviéndose inexpresivo, siguió caminando hasta que topó con la cama, depositó delicadamente a su esposa en el lecho y luego se sentó en la orilla del colchón.

A diferencia de Ranma, Akane estaba satisfecha, estiró sus entumecidas piernas y brazos y luego se incorporó. Analizó la cara de su ahora esposa, y tímidamente le dio las gracias.

- ¿Eh?

- Porque me cargaste hasta aquí, gracias-.

Le dedicó una leve sonrisa y volvió a mirar la alfombra. – Deberíamos dormir, yo… dormiré en el suelo- Su orgullo y hombría estaban casi extintos, dando paso al autodesprecio, no se sentía digno ni de dormir a lado de su mujer. De todas las noches, tenía que ser está.

- Seguro, si eso quieres, pero antes quiero desempacar, tráeme mi maleta, ¿sí?-

Se agacho desganado y colocó la valija en medio de la cama, Akane se apresuró por abrir el cierre y hurgar entre sus ropas, esto despertó la curiosidad de Ranma.

- ¿Un termo?-

Enseguida volvió a ser mojado por el agua caliente del recipiente, regresando a su forma masculina, las medidas de su esposa lo hicieron ruborizar, pero ella no le permitió siquiera abrir la boca, puesto que ya lo estaba roseando con una botella de agua fría. Ese fue el colmo, no aceptaría más humillaciones, mucho menos por parte de Akane.

- ¡OYE ¡¿CUÁL ES TU PROBLEMA?!- Calló bruscamente, su voz era gruesa, se llevó las manos a la cara, luego al pelo, siguió palmándose hasta llegar al pecho, plano, sus propias manos eran las de un varón.

- Soy… - Su voz se había quebrado, lloró, rio, gritó. - ¡SOY YO! – Sacudió a su esposa de los hombros, ella le sonreía complacida – Es mi regalo de bodas- La abrazó con fuerza, pensando que si la soltaba desaparecería, poco a poco se separó de ella, tenía muchas cosas que decirle, quería agradecerle toda su vida.

- Akane, yo-…- pero nuevamente, ella no le permitió hablar.

- Quería dártelo antes de la boda.

- Akane…

- Pero entonces, nadie nos dejaba solos ni por un minuto, ¡Y LUEGO! – Pauso por unos instantes– Y luego nos casamos.

- Akane.

- No quería forzarte a nada, odio las condiciones, ¡Así que, si no quieres que sea tu esposa, está bien! Prefi- …-

- ¡CALLATE! ¡Déjame hablar, maldición! No hay persona en este mundo que pueda obligar a Ranma Saotome a hacer algo, ¡Me case contigo porque me dio la gana! Tú eres la única que… la única que…- El coraje lo abandonó, las palabras le pesaban y su lengua se trababa. -Ve-veras yo…-Tomó una bocanada de aire, pero nada salía.

- También te amo – Su esposo continuaba mudo y petrificado. Ella cruzó los brazos y fingió molestia.

-No puedo creer que yo tuve que decirlo primero, aún casado eres un cobarde.

- ¿Cobarde? ¡Estaba por decirlo cuando me interrumpiste!

- ¡¿Y por qué no lo has dicho?!- Lo estaba retando, era verdad, Akane tuvo más valor que él, tenían que ponerse a la par.

Chasqueó la lengua -Bien- Se acomodaron para quedar de frente, Ranma se aclaró la garganta y habló:

- Akane, yo amo… - Otra pausa, la paciencia de la muchacha desapareció y fruncía el entrecejo. ¿Y bien?- Tu comida venenosa- Golpe bajo, tenía talento para sacarla de sus casillas, pero Ranma le tapó la boca y continuó.

- Amo que seas poco femenina, brusca, torpe, violenta y gruñona- A este punto Akane ardía de autentica cólera, luchaba por quitarse la mano de Ranma, pero la sujetaba firmeza, tampoco se callaba.

- ¡AMO LO LINDA QUE TE VEZ CUANDO TE ENOJAS! – Dejó de luchar al instante.

–Amo tu lealtad, amo que seas tan transparente, amo tu pasión. ¡Oh! Me encanta que seas testaruda, nunca rechazas una pelea, amo que no te importe arriesgar tu vida por los que amas, incluso si… - Reprimió una risa -Incluso si se trata de mí. Amo todo de ti, eres la única mujer con la que puedo casarme- Toda su confesión fue improvisada, se quedaron sorprendidos por lo que era capaz de expresar, pero siguió: - Te amo Akane.

Las manos de Ranma ya no se encontraban forcejando con Akane, ahora descansaban en sus mejillas, contempló cada detalle de la cara de la novia: sus ojos brillaban humedecidos a punto de desbordarse, sus mejillas antes blancas, ahora teñidas de rosado, los labios estaban entreabiertos. Tomó sus manos con ternura, y las examino, eran más pequeñas y delgadas que las suyas, pálidas y suaves, tenían arañazos y raspones, consecuencia de la caída, pudo sentirlas temblorosas. También notó que su bello vestido, antes blanco, tenía manchas de tierra y algunas rasgaduras. Regresó a inspeccionar su rostro, el cabello estaba un poco revuelto y en su frente había sudor, la atrapó mirándolo ansiosa. Concluyó en que era la criatura más hermosa sobre la faz de la tierra, nuevamente posó las manos sobre su rostro. – Amo como te ves está noche- La acercó con gentileza, y en un susurro, casi inaudible, expiró. -Todo el día he muerto de ganas por hacer esto- Finalmente la besó, Akane cerró los ojos, dejando salir un par de lágrimas, y rodeo el cuello de su esposo temiendo perder el contacto. Ranma.

El reloj marcaba las diez de la mañana, la tormenta no había parado, entraba un poco de luz por las ventanas, teniendo una buena vista del verde del bosque. Akane dormía pacíficamente en el pecho de su marido, Ranma había despertado hacía diez minutos, tenía el cabello suelto, sus mechones descansaban sobre la almohada, ver la lluvia le era entretenido. – Me pregunto- Buscó la mano de su esposa y la entrelazó con la suya, sin dejar de mirar por la ventana. – Cuando fue la última vez que no le tuve miedo a un día lluvioso.


FIN


No se que decir, estoy honrada de que les gustara tanto este fic, también estoy satisfecha, hacía MUCHO que quería escribir está historia, de hecho, ya la tenía escrita desde rato, pero no me atrevía a publicarla.

En fin, gracias infinitas por sus bellos comentarios, de verdad me alegraron de día.

Y... ¡oh sí! Para quien preguntó quien era Akari, es la prometida de Ryoga, es un personaje exclusivo del manga, y es genial la dinámica que tienen porque ella y su familia AMAN a los cerdos, literalmente son su vida, por eso está tan enamorada de Ryoga, entre otras cosas jaja.