HOLA, BUENAS TARDES. Gracias por seguir mi historia, este capítulo es algo importante. También tengo noticias, sí todo avanza cómo tengo en mi mente Percy Jackson, hijo de Poseidón va a existir, o sea, la trama de Rick Riordan va a estar ligeramente cambiada.
–Vuelve a explicarme por qué no podemos mandar al tártaro a las dudas– contesta Zeus, aún dudando.
–Porque se han mantenido neutrales en la guerra, una diferencia de la otra hija de Atlas, Calipso, que participó abiertamente en los planos de su padre. –Dijo Atenea.
–Además, son sol o ninfas. No representa ninguna amenaza, luego les pondremos a hacer alguna tarea o algo de eso - dijo Hades, dando la razón a su hermano y sobrina.
–¿Lo apruebas hermano? - le dijo Perseo a Zeus. Este último asintió.
–Claro hermano, confío en ti y en Atenea.
–Me alegra escuchar eso entonces– dije con una sonrisa.
Lapso de tiempo
Monte Otris, la Hélade, último año de la guerra. Aproximadamente medio día.
Ya ubicados a las afueras de la fortaleza titán. Sus imponentes muros no dejaban ver nada de lo que pasaba dentro de ellos, mientras que arriba estaba resguardada por Dracaenaes arqueras.
–Mierda– dijo Helios detrás de mí– Primero se cazaban a los monstruos y ahora se los domésticos y se usan para defenderse. Que bajo tiene caído tío.
Yo dirigía un pequeño grupo conformado por Helios, Selene, Atenea y la diosa del río Estigia, nuestra primera gran Aliada. Nos acercamos a unos trescientos metros del muro cuando cinco chicas nos interceptaron, parecían de distintas edades, pero sabía perfectamente qué tenían por lo menos 1500 años.
–No sé que hacen aquí pero si no quieren tener una muerte lenta les recomiendo que se vayan –dijo la mayor.
–¿Qué tal si nos saltamos la parte de las amenazas? Hades AHORA –grande justo cuando una cadena de bronce celeste las envolvió dejándolas incapacitadas. Hades se sacó el yelmo de la oscuridad y yo guiñó un ojo.
–Está hecho hermano.
–¡DEJENNOS SALIR! –Gritó la más pequeña.
Me acerqué a la niña y me arrodille a su lado.– Tienes suerte de que hayamos optado por hacer esto y no enviarlas al tártaro por ser hija del general titán– me volví hacia la titanide de la luna– Selena, ¿quieres llevarlas en tu carro hacia el monte? Diles a los ciclopes que si les pueden llevar una mano encima sufrirán la ira del dios de la tierra.
–Sí general– dijo ella– las llevaré a mi palacio para decidir qué hacer con ellas más tarde– yo asentí y volví a mirar a la más pequeña.
–Siento que tú en el futuro vas a hacer grandes cosas, solo tienes que elegir el camino correcto.– me levanté y me aproximé a Atenea.
–Padre, ¿Qué quisiste decir con eso? - me informó curiosa.
–No sé, una corazonada. –Dije, sin saber en realidad por qué había dicho eso.
"Zeus, Poseidón, ¿están listos?" esto le pensé, pero hace un tiempo descubrimos que si decimos nuestros nombres podríamos entablar una conexión mental. Aguardé unos segundos hasta que escuché dos sonoros "sí". Perfecto, pensé, "Zeus, esperamos tus órdenes".
Después de lo que pareció una eternidad alguien grito en mi mente "AHORA", y ese fue el momento en el que todo se fue a la mierda. Para los titanes obviamente.
El cielo despejado cambió rápidamente a uno nublado y tormentoso, grandes nubes grises cargadas de agua se chocaban en Urano. Empezaron a sonar rayos aquí y allá.
–Helios, baja la intensidad del carro solar, necesitamos ser invisibles– el asintió con la cabeza y alzó las manos, y rápidamente la claridad descendió drásticamente.
Niebla se alzaba rápidamente, obra de mi hermano Poseidón, pensé. "ARQUEROS, PREPARAR A LA SEÑAL" gritó Atenea en la mente, obviamente para todos. Yo desplegué mi lanza y mi hija sacó la suya. "Zeus, tu turno de hacer historia hermano" dije solo para el menor de los hijos de Kronos, que estaban del otro lado de la fortaleza.
Preparé mi cuerpo para dar un terremoto, el alcalde de los que alguna vez pude dar, pero en lugar de dirigirlo hacia el suelo, dirigirse hacia mi lanza, mi símbolo de poder, que esperaba ser lanzada en mi mano derecha.
Luego de un par de relámpagos y pequeñas tormentas, llegó la fiesta. El rayo maestro de Zeus se hizo presente cayendo de manera muy bien dirigida sobre la fortaleza, destruyendo casi por completo. Gritos ensordecedores llegaron desde la muralla de la fortaleza ya casi destruida, gritos para mantener el orden u otros de ataque.
Luego se oyeron pasos y pisotones a montones, obviamente del ejecito que viene hacia nosotros. Sentí destellos a mi lado, Zeus, Hades, Poseidón, Metis, Atenea, y los otros titanes estaban a mi lado, listos para ganar o morir. Zeus grito – ¡ARQUEROS! FUEGO
Flechas tras flecha llegaron al ejército enemigo generando una tormenta de polvos dorados, balanceé mi lanza hacia atrás y cerré los ojos. Me concentré en alguna energía divina y apunte a la más poderosa y lancé.
Abrí los ojos y sentí que la energía se desvaneció, invoqué una sonrisa en mi rostro y cargué.
Mientras corría saqué mi Xiphos, que los cíclopes amablemente me hicieron, de la vaina y comencé con mi pequeña masacre, apuñalando, cortando, rajando y pronto poco quedaba del ejército enemigo. Giré mi cabeza para estudiar la zona de batalla y vi a Atenea derrotando un par de cíclopes como si fuera la cosa de todos los días. Ella puso su vista en mí y yo sonrío, pero su rostro flaqueó y su mirada reflejó miedo. Seguí su vista y vi a donde apuntaba. Detrás de mi estaba corriendo ni más ni menos que Atlas, el titán de la fuerza. Extendió una columna que había recogido y me golpeó como un bate.
Volé alrededor de 70 metros, hasta aterrizar cerca de una roca flotando. De repente, sé cuál es este lugar. Donde Urano se unió a Gea 12 veces para engendrar a los titanes. Golpe de suerte, supongo.
Un ruido sordo a mi derecha perdió la atención, miré en que problema me determinó ahora. Atlas aterrizó a unos 20 metros de mí y yo convoqué mi lanza. Esta va a ser duro.
–Em, Perseo, un placer - dije tratando de ganar tiempo para idear una estrategia o en el caso más drástico, esperar ayuda. Lo observa mejor y vi que era solo un poco más alto que yo, cabello negro que combina con sus ojos y piel pálida.
–Sé quién eres hijo de Kronos– dijo, escupiendo veneno en cada palabra.
–Supongo que eres Atlas, el hijo de Jápeto, ¿verdad? –Dije como si fuera obvio. Soy un mal hablador. Pero parece estar dando resultados, porque veo una Atenea acercándose de manera sigilosa.
–Bravo Perseo, dime como lo supiste, ¿aparezco en un libro o algo así? - dijo sarcasmo mientras sacaba una espada y avanza hacia mí.
Me puse en posición de pelea. –Oh claro que no, tu importancia es mínima para tu nombre específico– su sonrisa flaqueo en ira pero no abandonó su rostro. Vamos con el golpe bajo. –¿Quieres saber cómo lo supe? Me lo dijeron tus hijas antes de que las atravesara con mi lanza borrándolas de la faz de la tierra– dije dando la sonrisa más enferma que encontré.
Como esperaba, su sonrisa de suficiencia se borró completamente en un segundo para ser remplaza con una cara llena de odio. Él gritó y cargó contra mí.
Salte hacia mi derecha para esquivar su primer corte, luego con mi espada rechazó otro pero su fuerza era demasiada. Me arrastró 5 metros con la onda expansiva y mi brazo tembló un segundo. De repente Atlas estaba en el suelo con Atenea sobre el golpeándolo con su escudo. Él reaccionó rápidamente arrojándola lejos de él.
Me puse furioso, puede golpearme con un pilar o con la mismísima luna, pero a mi hija nadie la toca. Invoque mi lanza y se lanza lanza incrustándose en su rodilla izquierda obligando a perder su equilibrio. Corrí con mi Xiphos en mano para terminar de una vez con todos con este idiota. La batalla mano a mano llevó alrededor de 15 minutos y mi ira no flaqueó ni un segundo.
El cayó de rodillas, ya rendido. Lo agarre del cuello y lo puse de pie, y atravesé su muslo con mi Xiphos, luego el otro. Nunca lo dejes volver a caer de rodillas.
Mi espada descansaba en su muslo derecho. La agarré y arrastré hasta llegar a su rodilla. Un gran tajo en su pierna e icor dorado bañó el suelo. –Pagarás por eso maldito hijo de puta– dije con odio en mi voz.
La batalla ya estaba exactamente ganada para mi, y justo en el momento que estaba por enviarlo al tártaro Atenea gritó.
–PADRE, SIGUE EL PLAN.
Mi mente volvió a la batalla. Casi cometo un error garrafal que nos podría costar todo. Agarre del cuello a un casi inconsciente Atlas y lo puse debajo de la roca que flota.
–Fue un placer primo, disfruta tu castigo eterno– llevé toda la potencia que tenía a mi lanza y la clave en la roca. Hubo un terremoto en todas las partes, y yo como dios de la tierra puedo decir que fue en toda la tierra conocida. Atlas gritó de dolor mientras soporta la roca sobre sus brazos y sus hombros, saqué mi lado misericordioso al aire y le conoció una barra de ambrosía para curarles las heridas.
–¿QUÉ ES ESTO? SACAMELO DE ENCIMA POR FAVOR– dijo con dolor. Él admitió que pudo haber sido un gran aliado, pero él eligió su bando.
–Calma campeón, solo serán unos 10 milenios– dije mientras le cacheteaba el rostro.
Me acerqué a mi hija aún dolorida, ayudé a ponerse de pie y pasé un brazo sobre los suyos para poder ayudar a caminar.
–Casi lo mataste– dijo sin emociones.
–Nadie toca a mi hija y sale impune. Lo siento, perdí el control. –Ella se detuvo y me abrazó con fuerza, te devolví el abrazo y nos quedamos en esa posición en esos momentos.– Te amo papá, pero él admitió que era muy oscuro lo que hiciste ahí.
No respondí, supe que tenía razón. Nunca había perdido el control de esa forma, y esperaba no volver a hacerlo.
Le di ambrosía y ella rápidamente se recuperó, lista para otra batalla.
–Princesa, ¿viste a tu madre en algún lado? - le pregunté volviéndome a ella. No sabía nada de nadie desde que había empezado la lucha.
–No me llames princesa, y menos en el campo de batalla.– dijo fulminándome con la mirada– Estaba con Zeus, Hades y Poseidón luchando contra Krios.
Seguimos caminando lentamente hasta donde estaba la fortaleza titan, y solo quedaba uno en pie. Ni más ni menos que Kronos. Estaba luchando contra Poseidón, Zeus y Hades al mismo tiempo. Antes de correr hacia ellos le dije a Atenea que se prepare.
Mientras corría hacia mi padre traté de entender su patrón de pelea, era impredecible y denota su experiencia en peleas. Que peleara con su guadaña tampoco ayudó. Esa misma guadaña cortó en pedacitos a un primordial del poder de Urano, dejándolo prácticamente desvanecido.
Estaba solo en metros cuando fui derribado por Hades volando hacia mi pecho. Me deshice del cuerpo inconsciente de mi hermano y cargué con mi Xiphos. Él notificó mi llegada y su ritmo se intensificó igual que su sonrisa.
Pronto solo quedamos Zeus y yo luchando contra él. La pelea no duro mucho, él, en pocas palabras pasó el piso con nosotros.
–Vaya, el menor y el alcalde de mis hijos. Los tuve que haber lanzado al vacío en lugar de haberlos comido. Ambos son una decepción. - dijo con claro odio en cada palabra.
Dejó de mirarnos y enfocó su vista en Atenea, parada a unos 30 metros de nosotros– Vaya, la hija de Perseo. Tan linda
–Estás enfermo Kronos– le grité poniéndome de pie - la pelea es entre nosotros, deja a ella afuera.
–Oh, eso es una lástima. Yo planeaba divertirme con ella. Dile adiós a tu hija Perseo– No supe qué quiso decir con eso hasta que balanceó la guadaña hacia atrás y la suerte como si fuera una daga hacia Atenea.
–NOOOO– grité mientras intente correr hacia ella. Por razones obvias no fui lo suficientemente rápido porque Kronos me sostuvo para que observara como la guadaña volaba a mi hija.
Hubo un brillo al lado de Atenea, y no pude ver nada. Todo estaba brillando demasiado.
Cuando el brillo se detuvo, noté para mi alivio que Atenea estaba bien, pero estaba en shock mirando a donde la guadaña estaba clavada, sobre un cuerpo. Sostuve la mirada sobre el cuerpo para saber quién recibió el golpe por mi hija.
Todos estaban expectantes, Hera había aparecido estaba ya un rato junto con Deméter y Hestia. Las 3 corrieron hacia el cuerpo en el suelo, gimoteando de manera desesperada. Y fue cuando Atenea gritó que el mundo tembló, muy literal. –MADRE.
Atenea se arrodilló dónde estaba su madre y ella se desvaneció en polvo. Atenea lloró desconsoladamente. Yo me giré hacia Hestia.
—Hermana, llévatela, ¡AHORA! - le grité. Ella asintió, sujeto a Atenea por ambos codos y se desvaneció en fuego.
—Vaya vaya eso fue interesant ... —Kronos trató de decir pero fue interrumpido por un golpe de un Zeus furioso. Eso me liberó y me puse de pie rápidamente.
Recogí a mi Xiphos del suelo y cargué contra un Kronos ahora desarmado, corte aquí, corte allá. Y pronto nuestro padre estaba tirado jadeando y escupiendo icor.
—Hades, hermano. —Zeus eligió y el nombró con su yelmo.— Tráeme cadenas.
—Enseguida— dijo con voz tenebrosa pero ligeramente quebrada. Desapareció y alrededor de 10 segundos más tarde volveremos con las cadenas.
Atamos a nuestro padre y yo volví a donde estaban los restos del polvo del cuerpo de Metis. Recogí la guadaña y me volví hacia mi padre.
—Toda tu vida viviendo con miedo por la profecía de tu padre Urano, dime, ¿qué se siente saber que en 5 minutos vas a estar al borde del desvanecimiento? - dijo Zeus con odio en sus ojos. Yo no puedo palabras articulares. —Perseo, ¿quieres hacer los honores?
Yo negué con la cabeza. No hermano, mi hija me necesita.
Y diciendo eso, desapareció en una nube de polvo de tierra.
Aparecí en el monte Olimpo, gritos de júbilo y exaltación de oían por todas las partes. Es claro que nuestra victoria corrió rápidamente en el área de rumores.
Nadie se me acercaba, es claro que lo que le pasó a la mujer que amo, que ahora se encuentra en el Tártaro para una larga y dolorosa reformación.
Caminé hacia mi pequeño palacio cerca de la sala del trono en construcción, y entré. Camine a través de la sala de estar para entrar a mi habitación.
—Sabía que estarías aquí— dije mirando a la cabellera rubia acostada boca abajo en mi cama.
Ya llevó su típica toga blanca, descalza y despeinada. Levantó la vista y me miró.
—Fue mi culpa, sí, no habría estado allí ella no ...— se interrumpió cuando se quebró en llanto.
No mi niña, no fue tu culpa. No te culpes, fue su decisión y yo tuve eco lo mismo— le dije cambiandome de ropa y acostándome junto a ella— En todo caso, no fui lo suficientemente fuerte para cuidarlos a todos, eres muy joven aún, nunca tuve que haberte metido en esto.
Ella me abrazó con fuerza, llorando más fuerte y de repente se quedó dormida. Yo la rodeé con mis brazos en un abrazo y nos dormimos juntos como cuando era niña.
Lapso de tiempo.
Ya hizo unas pocas décadas después de la Titanomaquia. Muchas cosas ya han cambiado. Yo junto con Prometeo re creamos a los mortales a partir del barro.
Zeus se casó con Hera, convirtiéndola en la reina del Olimpo. Juntos tuvieron a Ares dios de la guerra sangrienta ya Hebe, la diosa de la juventud. (Tienen muchos hijos, pero se van a ir añadiendo una medida que la trama los necesita) Aunque claramente Zeus no pudo dejar el pájaro guardado en la jaula y recurrió a muchas infidelidades. Fruto de estás infidelidades nació Hermes, nuestro mensaje oficial.
Atenea se alivió sola, para mí alivio, pero nunca fue la misma. Conmigo casi no cambio pero con los demás fue seca y fría.
Yo en cambio, casi no cambié después de la llegada al Tártaro de Metis. Me mantuve cortés con todos como siempre. Pero sí más distante. Mi paciencia se mantiene pero cuando me enojo pierdo el control fácilmente. Claro ejemplo de esto fue Tifón. El gigante tormenta enviado por Gea para destruirnos en venganza. Padre de todos los monstruos.
Hubo un destello en mi habitación, de ella salió Hermes. —Señor Perseo, nuestro rey solicita tu presencia en el consejo olímpico.
Lo miré frunciendo el ceño - ¿Se me solicita o se me exige?
El joven dios se tensó —Yy-o no lo s-sé señor.— respondió entre tartamudeos.
Yo solté una sonora carcajada— Vamos sobrino, ¿tanto intimido? Ambos estamos en el consejo, no me tengas miedo.
Ante eso Hermes se relajó— Lo sé, pero esas bromas tuyas no son graciosas.
—Oh ¡vamos !, siempre haces bromas.
—Pero es solo que tú pareces tan serio - respondió mirando sus sandalias aladas.
Le puse una mano en el hombro - Ay sobrino, si supieras.
Más tarde en el consejo Aparecí ya en mi trono, junto a mi hija Atenea. Ella estaba leyendo un libro.
—Hola niña, ¿cómo estás? - Le pregunté sonriéndole solo como a ella lo hago. Ella consideró la vista y me dedicó una sonrisa similar.
—Hola padre, bien. ¿Sabes porque citaron este consejo?
No tengo idea, estoy tan sorprendido cómo tú. —Ni bien terminé de decir qué Zeus hizo su entrada dramática a la sala del trono.
Tomó asiento y comenzó la diatriba— Los he citado aquí porque como saben Tifón acaba de ser destruido y envió las profundidades del Tártaro. Él y el monstruo Echidna, han engendrado muchos monstruos. ¿Qué debemos hacer con ellos?
Atenea debería la mano y se les concedió la palabra— Con la nueva creación de Prometeo y Lord Perseo allá en la tierra, deberíamos dejarlos para que presenten un desafío. Muchos de ellos quieren nuestra atención, y estoy de acuerdo que se la tienen que ganar.
Hubo unas olas de asentimiento en concordancia con lo que acaba de decir mi hija.
—Pero no podemos dejar suelto a Cerbero ya Ladón, hijo muy peligroso hasta para muchos dioses menores afectados Deméter dando en el clavo.
Hermes se mueve de su asiento - Yo cómo mensajero también muevo las almas de los mortales hacia Caronte, pero muchas huyen. Propongo enviar a Cerbero con Hades para resguardar las almas en su lugar.
¿Todos un favor? - solicitó Zeus con evidente aburrimiento.
7/9 manos se alzaron.
—Muy bien, y tú propongo un Ladón para cuidar el árbol de las manzanas de oro en el Jardín de las Hespérides— dijo Hera— Las manzanas son muy valiosas para estar desprotegidas.
Hubo otra ola de asentimiento, con claras ganas de dejar la sala del trono.
Perfecto, pensé, buen momento para proponer lo mío.
—Yo quiero proponer algo - dije— La liberación de Prometeo.
Hubo un silencio demasiado incómodo. Zeus saltó de su trono ya con su rayo maestro en la mano.
—¿COMO PUEDES PEDIR LA LIBERACIÓN DE UN TITÁN ENCERRADO POR SUS CRIMENES? - me gritó Zeus.
Yo me tensé. Calma, Perseo.
Me puse de pie— Primero, baja tu arma porque sabes perfectamente que conmigo no tienes oportunidad, y segundo: el robot para el fuego de los mortales, su creación y mía. Yo les puse la esencia de la vida a esas pequeñas criaturas. Y quedó claro que con su adoración somos más fuertes. ¿Entonces, que hizo mal?
Zeus dejó su rayo maestro al lado de su trono y se sentó.
—Pero lo hizo sin nuestro consentimiento, y no vamos a parecer debiles liberando a un prisionero.
—Pero hermano, se razonable ...
—Dije que no y listo. Consejo despedido. — y casi todos desaparecieron excepto yo y Atenea.
—Tranquilo papá, pronto se hará justicia y Zeus entrará en razón —ella puse su mano en mi hombro.
—Gracias mi niña— dije abrazándola.
Ella trató de liberarse pero no pudo —Papá, no en público— se zafó de mi agarre y me fulminó con la mirada— te odio.
—Yo también te amo hija mía— dije dedicándole una sonrisa.
Gracias por leerlo, espero algunos comentarios. Muchas gracias mis queridos lectores. Voy a tratar de actualizar, y lo más probable es que de saltos en la historia de vez en cuando. El próximo capítulo va a ser del nacimiento de Artemisa y Apolo, cómo también más mitos ligeramente cambiados para Perseo tenga participación en estos. Capaz también comience con Troya, que tengo grandes planos para esta, y díganme, ¿Qué nombre ROMANO le gustaría que tuviera que perseguir? Está va a ser una cara importante para nuestro dios.
