HOLA, BUENAS NOCHES. Este es el capítulo más largo que él escribió y también el que más disfruté. Sé que no a todos los va a gustar la nueva faceta que estoy proponiendo para nuestro Perseo, pero en lo personal a mi me encanta.

Voy a responder un comentario en el capítulo 4.

SpaceBlood: Espero con ganas ¿y la lucha contra Tifón? ¿Y el imperio romano? me gustaría saber su papel.

Para responder a eso, me equivoqué fuerte con respecto a Tifón, tuve ganas de hacerlo. Pero confundí el orden cuando publiqué los capítulos y ya no los puedo corregir. Asi que, Tifón sucedió pero no lo relaté. En el futuro va a haber menciones de eso y parte de la historia.

Y respecto al imperio romano: Tengo grandes aviones, pero antes nos falta Troya. Troya es la cuna del imperio Romano ya que con la huída de Eneas, hijo de Afrodita, hacia la península itálica llevó a cabo los inicios de Roma.

Estaba paseando por las calles del Olimpo. Puede que no entienda mucho de arquitectura como Hestia o Atenea, pero en verdad me resulta muy interesante. El uso excesivo de mármol le da el toque lujoso.

Llegué a mi destino. El palacio de Hermes se alzaba majestuosamente sobre el final de la calle de la sala del trono. Llamé a la puerta y esperé un segundo hasta que un muchacho de cabello negro con ojos azules atendió la puerta.

–Señor Perseo– dijo con una leve inclinación.

–Hermes– dije inclinando la cabeza en señal de respeto. No siempre lo hago, pero este muchacho no ha perdido mi respeto. Aun. - ¿Ya fuiste por Ladón?

–Oh no, aún no. Me estaba preparando.

–Genial, me gustaría acompañarte si no es molestia.

–¿Acompañarme? Pero Lord Perseo no hace falta ... –lo interrumpí

–Sí, si hace falta. Deja toda esa mierda de Lord cuando estamos en privado Hermes, aunque en público si voy a pedir que mantengas el título. Quiero estar cuando lleves a Ladón, quiero visitar un viejo amigo - dije con una sonrisa maquiavélica.

–Eh, si, claro. Vamos entonces .Ladón se encuentra en una península al oeste de aquí.

Cerré los ojos con fuerza para concentrarse en presencia de algún monstruo poderoso, ubiqué uno sobre la península itálica.

–Creo que lo ubiqué con exactitud– comenté después de abrir los ojos.

–¿Cómo puedes hacer eso? ¿Me puedes enseñar? - Asumí con los ojos muy abiertos.

–Dios de la tierra, ¿lo olvidas? Como Hades siente cualquier presencia extranjera en el Érebo, yo puedo sentirla sobre la tierra. Y dudo que puedas aprender, ahora, prepárate, el dragón es venenoso hasta para los inmortales. No nos va a matar, pero va a hacer como el Hades– tengo que dejar de usar el nombre de mi hermano para insultar. Lo sé

Hermes asintió con la cabeza y nos teletransportamos a 500 metros de un enorme dragón de 100 cabezas, que según dicen, cada una habla un idioma distinto.

–Muy bien Perseo, esto es interesante. ¿Algún plan para someterlo? - preguntas Hermes con cautela, ya que era la primera vez que no usaba el título en su tío.

- Claro que sí sobrino, observa y aprende.

Me adelanté un paso, alcé las manos y la tierra se movió. Paredes de tierra surgió alrededor de Ladón encerrándolo en un cubo gigante de tierra.

–Wow, él admitió que eso fue efectivo– dijo el mensajero con asombro.

–Sí, lo fue. Ahora vámonos.

Ambos aparecidos al pie del monte Otris, la antigua base titán. El lugar que soporta una de las peores batallas divinas que han existido. Y también un lugar que alberga un duro recuerdo. La pérdida de un amor.

Parpadeé con fuerza para sacar esos recuerdos de mi cabeza.

Comenzamos a subir por el monte hacia el jardín sin pensar qué pensarían los mortales, dos dioses que uno es de los denominados "Los grandes" arrastrando mágicamente un cubo de tierra del tamaño de una casa.

Me convertí en mi forma de 15 años solo para evitar que las dudas me reconocieran a la primera, Hermes no tenía 17 años. Nos acercamos al jardín y un hermoso árbol se cernía en el medio del jardín. No sé si fue una coincidencia o no, pero el hermoso árbol con frutos dorados estaba justo en el lugar donde Metis había caído. Era la primera vez que volvía después de ese día fatídico.

- ¿Te puedes encargar de amenazar al dragón diciéndole toda la diatriba de que los dioses exigen sus servicios y toda la mierda? - Le pregunté a Hermes. El asintió notando ya mi humor.

Comencé a acercarme al árbol antes de que para mi sorpresa, no aparecieron las 5 hespérides, solo una.

–Mortal, te tienes que alejar de este lugar, los dioses no te quieren aquí. - Dijo la niña que no aparentaba más de 14 años, aunque tuvieron muchos más. Es una bella muchacha de largo cabello negro con una horquilla, piel cobriza, una nariz ligeramente doblada hacia arriba y ojos negros como rocas volcánicas, una tapada muy común en las mujeres, y sandalias de combate. Me quedé hipnotizado por un momento.

–Juraría que ustedes eran 5, ¿qué pasó? - pregunté con intriga. Ella solo me miró amenazante.

–Soy la mejor luchadora de las cinco, así que yo me encargo de separar a los hombres que creen que pueden obtener la inmortalidad.

Yo clavé la mirada en sus ojos, amenazas un brillo amenazante. Me abofeteé mentalmente y sacudí la cabeza.

–No quiere nada tuyo Hespéride, solo quiero acercarme al árbol– dije recomponiéndome de mi hipnosis.

Ella solo me miró y extendió la mano a su cabeza sujetando la horquilla que sostenía su cabello. El retiro de su cabeza y mágicamente se convirtió en una espada de bronce celestial.

Perseo admiró la espada con un brillo en sus ojos. Si bien la lanza es mi símbolo de poder siempre tuve una fuerte fascinación por las espadas.

–Una hermosa arma para una hermosa mujer, suena justa– dije dando una sonrisa pícara. Ella solo me miró con aún más odio que antes. Pero en sus ojos pude ver un ligero brillo, se halagada.

–No quiero pelear contigo mortal, pero si no te alejas no me quedara otra alternativa.

–Yo tampoco quiero pelear. Te diré la razón principal por la que estoy aquí, ¿por qué el árbol está ubicado en el medio del jardín y no en una esquina mejor escondido?

Ella me observa con un rostro confundido. –Vaya, eres un idiota, ¿solo viniste aquí para eso? - yo asentí, no puedo enojarme con la muchacha, pocas mujeres tienen ese carácter y me encanta– Una noble guerrera perdió su vida ahí, ahora está en el tártaro reformándose lentamente dolorosamente ¿Por qué quieres saber eso?

–Meh, simple curiosidad, supongo. Y mi razón secundaria por la que estoy aquí es para traer un compañero para ayudarte a cuidar el árbol– ella me miró confundida, señalé a mi izquierda donde a unos 50 metros estaba Hermes amenazando al dragón. Ella abrió los ojos.

–¿Ese es Hermes? ¿Qué haces con un dios? - preguntas con curiosidad. Yo ignoré la pregunta y solo hice que mis ojos grises emanaran un brillo gris más potente.

Me giré hacia Hermes– SOBRINO– grité, el se volvió y se acercó a mí– ¿Ya terminamos? Tengo que hablar con mi hija– el solo asintió.

–Si Perseo, ya nos podemos ir– miró a Zoë que tenía la boca abierta de asombro y luego a mí– Te veo en la entrada del jardín cuando termina– el me dedicó una sonrisa pícara. Se fue hacia la entrada.

–Espera… - dijo Zoë uniendo engranajes– ¿eres ese Perseo, el dios de la tierra, el olímpico?

–Duh, ¿hay algún otro Perseo? - dije como si fuera lo más obvio, sonriendo pícaramente. El miedo cruzó su rostro y cayó de rodillas soltando la espada.

–Mi señor, lo siento, no lo reconoí. Le pido disculpas y espero que tengas avaro ... - la interrumpí.

Me arrodillé a su lado, agarré su espada y ella se tensó aún más si eso es posible– No me temas Zoë, mucho mucho no tuve una conversación sin títulos y toda esa mierda– yo me paré pero ella aún seguía de rodillas, con la diferencia que ahora me miraba con asombro.

Giré la espada y la sostuve por la hoja– Levántate– ordené– un guerrero no tiene que estar de rodillas.– le entregué su espada y ella se levanto. Di un paso más cerca de ella, tan cerca que podría sentir su respiración acelerada. Yo sonreí ante esto.

–Hoy ha hecho un buen amigo Zoë, siempre que necesita ayuda, solo piensa en mí.

Giré sobre mis pies para marchar hacia Hermes que estaba esperando dejándola pasmada de la sorpresa. Me alejé unos metros, me detuve y volteé para verla una última vez y le guiñé el ojo, el sonrojó en su rostro se pudo haber confundido con un tomate. Me volteé y seguí mi camino hacia el mensajero.

Hermes me miraba con sus ojos bromistas –¿Qué? - pregunté.

–¿Qué fue eso? Me tienes que enseñar - yo extiendo mi sonrisa. Le puse una mano sobre su hombro.

–No me reconoce al principio por lo que me trató como trata a todos. No siempre tengo el gusto de pasar desapercibido. Y ella es muy linda, ¿acaso no la viste? - dije como si fuera obvio.

–Sí, verdaderamente lo es. Maldición, tengo tanto que aprender– dijo provocando una carcajada por mi parte.

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Poco tiempo después (un par de años), Monte Pelión

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–Hija, realmente te luciste– dije pasándole un brazo por sus hombros, viendo la belleza que tenía frente a mí.

Mi vista estaba en un palacio no muy grande pero es exactamente como lo quería. El mármol, columnas, un pequeño templo. Todo lo necesario.

- ¿Te gusta? - me espera esperanzada.

- ¿Gustarme? Me encanta, gracias mi niña– la abracé, aún sabiendo que no le gustan las demostraciones de cariño en público. Ella frunció el ceño pero aún así aceptó el abrazo y lo correspondió.

–Oye mi niña, ¿cómo llevan el asunto los semidioses?

–¿A qué te refieres? - pregunto la diosa de la sabiduría.

–Digo, ¿cómo sobreviven?

Ella frunció el ceño - Rara vez llegó a los 12 años, ¿por qué?

–Simple curiosidad, nada más. - dije sentenciando el tema.

–¿Pero porque te importa? Digo, los mortales te dan igual, porque te molestarías en ... PAPÁ– ella gritó la última palabra con entendimiento.

Yo me rasqué la cabeza, quería que ella se diera cuenta, pero obviamente no esperaba que reaccionara así.

–Escúchame antes que hagas tus juicios morales… - ella me abofeteó.

–¿CÓMO PUDISTE? ESTUPIDO ESTUPIDO– cada palabra, significaba un golpe– ESTÁS DESHONRANDO A MAMÁ.

Eso dolió. Pero es justo. –No la estoy deshonrando, niña, solo escuchame…

-Atenea– murmuró.

–¿Qué dijiste?

–QUE ME LLAMÓ ATENEA, NO NIÑA– gritó.

La tomé por los hombros y nos aparecimos en una aldea.

–¿Dónde me trajiste? - dijo mostrando tanto odio como curiosidad.

–Venga a presentarte a alguien, hace ya un par de años que no la veo.– dije con tristeza - pero antes de que me juzgues, lo que dijiste antes es cierto. Los mortales no son de mis nombramientos, pero extraño esto– dije señalando a una mujer con una niña de no más de 10 años.

–¿Ella es tu hija? ¿La niña?

-Si. Su nombre es Halia, hija de Irene. Y para responder a tu primera pregunta: estamos en un pequeño poblado que ayude a fundar. Volví fértiles sus tierras y ellos erigieron el primer templo en mi honor - dije señalando el edificio más alto y más hermoso de toda la pequeña ciudad. Al lado había uno en construcción.

- Es muy hermoso pero ¿Para qué necesitas dos templos vecinos? - Necesidades con curiosidad.

–Ya lo veras hija mía. Sígueme, es hora de que conozcas a mi primer sacerdote. Yo le susurro mi voluntad y ella lo transmite al pueblo. Ahora, antes de descender a la aldea, ¿podemos transformarnos en adolescentes o algo por el estilo? No me gusta llamar la atención.

Atenea asintió y se transformo en una bella joven de 15 años, con un tapado blanco hasta las rodillas. Yo me convertí en un hombre de alrededor de 30 años, conservando mi apariencia. Toga blanca con sandalias atadas.

Nos adentramos en la ciudad y yo señalé un monte, el monte Pelión, mi casa– ¿ves? Estoy más cerca de lo que piensan.

Seguimos nuestro camino y nos adentramos, al templo alzado en mi nombre. La piedra tallada en las paredes era hermosa, junto con el techo con pinturas de él en la titanomaquia –Las pinturas no se parecen a ti y menos las esculturas. Lo único que siempre es igual a tus ojos, grises.

- Vengo poco por aquí. En mis susurros le dije que tengo muchas formas y cuerpos, pero mis ojos siempre serán grises. En general vengo disfrazado de anciano o algo de eso. Los mortales se desesperan un poco por la presencia divina, pero con respecto a mi sacerdote, no te enfades si no nos reconoce. Siempre le hablé, pero nunca me presente físicamente como Perseo. - dije riéndome.

Ella asintió y se sujetó de mi brazo, haciendo que la fachada del padre e hija sea más convincente. Aunque en realidad sean eso, son el parentesco más famoso del Olimpo y el mundo conocido.

Más dentro del palacio había un altar para sacrificios, donde una mujer estaba invocando el nombre de Perseo. Oh mar, yo.

–Hola sacerdotisa Falana– dije con una sonrisa. La mujer se dio la vuelta. Es morena con pelo pelirrojo. Ojos marrones claros. Ella sonrío complicadamente.

–¡Hola forasteros! Bienvenidos al tempo de nuestro Lord Perseo, dios de la tierra, el conocimiento, la sabiduría y el valor. Patrón de los padres y el primer dios del Olimpo.

–Wow– murmuró Atenea con una sonrisa mientras abrazaba mi brazo– ¿patrón de los padres?

–Ese título es el único que no me adjudiqué- comenté mientras le besaba la frente.

–¿Cómo son sus nombres así los puedo ayudar? - solicite la sacerdotisa con interés.

–¿En serio Falana? No te hablo por ¿cuánto? ¿1 semana, y ya te olvidaste de mi voz? - dije con obviedad, pero con una sonrisa en mi cara. Ella observa mi rostro con más entretenimiento.

–Esos ojos… oh dioses– cayeron sobre sus rodillas haciendo una reverencia– ¡oh santa Hera! Lo siento mi señor, no quise no reconocerlo, pero sus ojos son inconfundibles.

Yo sonreí ante esto, si bien no soy partidario del respeto tan exagerado es bien recibido una vez cada tanto - Todo perdonado, ahora de pie, sacerdotisa.

Ella prácticamente saltó de nuevo sonriendo con nerviosismo, como si su sueño se hubiera cumplido. –¿En qué puedo servirlo a usted mi señor Perseo ya ...? - se concentró en el rostro de Atenea y cayó de rodillas haciendo una reverencia, de nuevo.

–Lady Atenea, un placer conocerla. Su padre, mi señor, la nombrar mucho, incluso se está ... –la interrumpí.

–Falana, guarda silencio por favor. Ahora se lo estaba por decir. – dije en tono serio. Ella de inmediato cerró su boca.

Atenea me miró por un momento –Un gusto conocerla sacerdotisa, siempre es bueno conocer a los fieles seguidores de mi padre.

–¿A que debo el honor de tener dos olímpicos ante mi presencia? - declaran la sacerdotisa cuidando cada palabra que deciden.

- Estaba paseando junto con mi hija mostrándole la maravillosa ciudad de Yolcos. Pero ya que estamos aquí quisiera que en el momento en el que nosotros crucemos los límites de la ciudad, un mensaje. Yolcos tiene el favor de los dioses, apuren el crecimiento de la civilización y la construcción de los templos, especialmente a los que ya sabes.

–Así será señor.– dijo con una reverencia haciendo un arco.

–Ven hija mía, quiero mostrarte algo.

–Adiós sacerdotisa, un placer.– dijo Atenea con una sonrisa.

–El gusto es mío, mi señora .– Dijo con otra inclinación.

Salimos de mi templo y nos adentramos en el templo vecino, una diferencia del mío este tenía figuras femeninas, pinturas de un hombre y una mujer luchando contra alguien grande y feo, lo único destacable en este hombre y mujer son sus ojos. Ambos pares grises como una tormenta.

–¿Este templo es mío? - duda la diosa esperanzada. Yo asentí

Ella me abrazó con fuerza, demasiada fuerza. –Calma niña, me vas a hacer desvanecer.

–Te amo maldito vejestorio– dijo mientras hundía su cabeza en mi pecho.

Pasó horas admirando, y criticando obviamente, el trabajo de los artesanos en su templo, hasta se ofreció personalmente elegir a su sacerdotisa. Después de horas yo necesité hacer algo antes de marcharnos.

Luego le expliqué como pude sobre la razón de tener hijos semidioses, de propagar la adoración al Olimpo, a mi ya Atenea. Pareció entendido, pero aún se le nota reacia al tema.

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Unos días después, casa de Perseo, Monte Pelión.

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–¿Que quieres hermano? - respondieron Zeus.

–Ay que humor que traemos hoy. Te quería mostrar algo, sé que a pesar de que finjas que no te importa lo que pase a tus hijos mortales, sé que si te preucupas.– dijo poniendo una mano en su hombro.

–Si ya lo sabes, ¿A dónde quieres llegar?

–Tengo la solución a nuestros problemas con nuestros hijos semidioses que se mueren tan jóvenes.

Abrí la puerta para mostrarle a Zeus la mejor de mis creaciones. Era cuerpo de caballo blanco con el torso de un humano.– Hermano, te presento a mi mejor creación. ¡El centauro Quirón!

El centauro se incló hacia su rey y su creador. –Un placer conocerlo, mi rey.

–Antes de que te enojes quiero explicar la razón de su creación. Tiene mis habilidades en armas, pero no mi habilidad. Es justo el maestro que necesitamos.

–Pero, ¿a donde lo vas a establecer? - pregunto el rey.

–Aquí en el monte Pelión espacio nos sobra, mi casa está oculta una vista simple y los pocos mortales con vista que han encontrado sufrieron una muerte rápida. A demás entrenar a tus hijos sería un gran beneficio, eres el dios más poderoso ergo tus hijos son los más fuertes– la sonrisa de suficiencia en el rostro de Zeus dijo que lo había convencido.

–Muy bien Perseo, te doy las gracias en nombre de todo el consejo. Cuando nazca el más fuerte de mis hijos, lleva tu nombre para honrarte. –Dijo Zeus. Yo asentí agradecido– Ahora, me gustaría comentarte otra cosa.

–¿Qué pasa hermano?

–Yo hmmm, tuve una aventura con Leto– dijo Zeus avergonzado.

–Ya entiendo a donde lleva esta charla. Está embarazada y quieres que el oculto de Hera, ¿no?

–Sí y no. Hera ya la encontró y le prohibió dar una luz en la tierra. La convertí en un ave porque mi esposa envió a Pitón tras ella.– dijo derrotado.

Yo abrí los ojos con sorpresa. Pitón fue una de mis primeras creaciones, me es fiel pero es influenciable. La madre tierra es una de las que pueden controlar.

–Bueno, entonces tengo una idea. A Poseidón no le va a gustar pero es lo mejor. –Dije.

–Haz lo que tengas que tengas que hacer, yo lidiaré con nuestro hermano.

Zeus destelló en un brillo y desapareció.

Luego de un trabajo excepcional de mi parte, perdón, no soy modesto, levanté un gran trozo de tierra e hice que flotara, sin estar arraigado a la tierra.

Leto no demoró demasiado en aterrizar para convertirse nuevamente en su forma humana. Yo me acerqué a ella rápidamente.

–Leto, déjame ayudarte– dije intentando agacharme junto a ella para ayudarla a dar una luz, ya que parecía que el tiempo de gestación se había excedido.

Ella se espantó y se alejó de mí rápidamente arrastrándose, luego se detuvo rendida para llorar desconsoladamente. –Basta por favor, no sé qué hice para merecer tanto odio, ¿qué te hice Perseo? ¿Por qué enviar ese monstruo tuyo?

Se me rompió el corazón, insulté en silencio a Hera por someterla a tal sufrimiento ya Zeus por evitar pasar este calvario. –Yo no envié a Pitón, Leto. Fue Hera, yo la descuidé y la reina la puso a trabajar. Pero por favor déjame ayudarte a dar a la luz, deja de sufrir.

Ella me miró con miedo pero su dolor lo superó. Asintió con la cabeza y se puso en pose de parto.

Luego de unos 15 minutos salió una niña ya grande, desnuda, y por su cara bastante aterrorizada. Saltó unos 10 metros más allá.

–¿QUÉ LE HACES A MI MADRE? SUELTALA - mágicamente un arco desarrollado en sus manos. Y sin esperar respuesta, disparó.

La flecha viajo hacia mi rostro donde con un movimiento la atrapé antes de que golpeara mi rostro. Me enojé, no soy fan de la gratitud extrema, pero tampoco me gusta que me ataquen después de ayudarlos. La miré con furia.

–Mantén tus manos quietas niña– con un movimiento de cabeza tierra quirúrgica entre sus piernas y quedó atrapada. Volteé a Leto. –Vamos querida, todavía nos falta uno más.

Ella gritó muy fuerte y después de unos minutos y muchos insultos que nunca antes había escuchado por parte de la niña, murió el segundo. Un muchacho rubio con piel bronceada salió de su madre.

Lo encerré en el momento en el que un arco dorado apareció en su mano.

–Ay Leto, temo que heredaron el temperamento del padre. Mala suerte– dije con una sonrisa para calmarla. Pareció dar resultado porque sospechó aliviada y me devolvió la sonrisa. Se sentó y yo abrazó con fuerza.

–¿Por qué nos ayudaste Perseo? No tenías por qué– dijo Leto con curiosidad y agradecimiento mientras se separaba. Yo le puse una mano en la mejilla.

–Zeus me puso al tanto de la situación y decidí actuar. Te preguntaras como pudiste dar a luz en tierra. Pues, estamos en Ortigia, sé qué tengo que cambiar el nombre. Pero no está unido a la tierra a pesar de ser tierra.

Ella volvió a darme las gracias mil veces más, luego la ayude a ponerla de pie y caminamos hacia los niños que estaban callados y la cabeza abajo. Oyeron nuestra conversación, pensé.

–Niños, discúlpense con Lord Perseo– dijo Leto con gravedad– si no fuera por él aún no hubieran nacido.

Ambos niños me miraron con arrepentimiento– lo sentimos Lord Perseo– sentimos al mismo tiempo.

–Disculpas aceptadas– dije con una sonrisa. Un destello atrás nuestro reveló una persona y una serpiente enorme.

–PERSEO - gritó Hera– ¿POR QUÉ TE PONES DE SU LADO HERMANO?

Los niños jadearon con miedo "¿hermano?" murmuraron Yo los liberé. Le hablé a Leto en la mente. "Nos vemos en el monte Pelión, díganle al centauro que yo los envié", con un movimiento de mi mano se hundieron en la tierra.

Me volví hacia Hera, cerré los ojos y me concentré hasta que encontré lo que buscaba - No vas a salir impune de esto, reina del Olimpo, hermana o no. - me volví hacia la serpiente - y tu serpiente asquerosa, disuélvete en la tierra, ya vamos a conversar.

La serpiente se disolvió en polvo y se unió con la tierra.

Hera se acercó y levanto su mano para abofetearme pero agarre su muñeca, la doble y la arrojé contra el piso. Ella cayó en bruces al suelo, cuando trató de levantarse se encontró con mi pie en su cuello. –Tú y yo vamos a dar un paseo.

Destellamos aún en la misma posición sobre un monte, que estaba sobre una ciudad avanzada, muy hermosa. –Es hermosa Mesenia, ¿verdad? ¿Cuántos habitantes tiene? ¿40.000, 50.000? - ella palideció– Linda zona El Peloponeso, pero recibo poca adoración por aquí. Dime hermana– escupí con asco– esta ciudad tiene unos 500 templos dedicados a ti, pero casi ninguno a los otros olímpicos.

–Sueltame, ¿A dónde quieres llegar? - me pregunto con miedo, sabiendo lo que estaba por hacer.

–Ah la linda Mesenia– dije con un suspiro– pronto se enteraran de tener una patrona tan bruja no les va a servir. Yo les voy a mostrar el verdadero camino a los verdaderos dioses, o sea, a cualquiera menos a ti.– retiré el pie de su cuello y me volví hacia la ciudad. Me concentré en todos los sacerdotes y sacerdotisas Mesenia "aprendan a elegir a sus patrones" les susurre.

–¡Espera Perseo, no lo hagas! - dijo Hera pero ya es muy tarde. Estire mis brazos hacia la ciudad y susurré "abajo".

La tierra templo por todas las partes, gritos de auxilio y dolor se oían por todas las partes, edificios se caían mientras la tierra temblaba. Pasados 15 minutos no quedaba nada más que los templos de los otros juegos olímpicos, excepto los de Hera que estaban en pedazos.

Me volví a ver a Hera que estaba arrodillada con lágrimas en los ojos, acepté una de mis sonrisas mas retorcidas de mi arsenal.

–Eso pasa, mi querida hermana, cuando interpones en MI dominio y MI territorio– dije resaltando la palabra "mi" - no me importa tus venganzas contra tu esposo o que asesinas a sus hijos. Pero no puedes entrometer a mis bestias y menos maldecir sobre mi territorio– me agaché junto a ella, apoyé mi mano sobre su mentón para forzar su vista a mis ojos. Ella se estremeció. –¿Quedó claro?

Ella asintió con miedo. - Y espero nunca enterarme de que tus hijos buscan algún tipo de venganza en tu nombre porque todas las Pollas van a un polvo más lento hasta que te desvanezcas.– Dije para finalizar nuestra hermosa conversación.

Me puse de pie, y me volví para ver mi destrucción. Con eso en mente, destellé hacia mi hogar.

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No siempre Perseo va a ser así, pero les voy a anunciar: Perseo tiene mal temperamento. Muy parecido a como fue Poseidón dentro de la mitología.

Va a tener hijos semidiosis, pero luego algo va a cambiar porque me gustaría darle una esposa. ¿Qué dicen? ¿Quién piensa que va a ser su esposa? me gustaría escuchar sus opiniones al respecto.

Muchas gracias, espero sugerencias :)