Hola, buenas tardes queridísimos lectores. Les traigo otro capítulo pero esta vez escrito en tercera persona para variar un poco. ¿Qué les parece? Espero sus comentarios!
Explicación: Kore es el verdadero nombre de Perséfone, que en griego significa "Muchacha", luego de estar en el inframundo y convertirse en su reina adquiere una personalidad más oscura por lo tanto decide cambiar su nombre a Perséfone que en griego significa "La que trae la muerte "
Perseo aparentemente en su palacio sobre el monte Pelión, en el jardín trasero diseñado personalmente por la misma Deméter y su hija Kore. Enviado en un banco a reflexionar, esto va a traer consecuencias y van a ser graves. Suspiró
–¿Perseo? - se oyó una voz desde el interior de la propiedad.
–Aquí afuera– contestó el dios. Alzó la vista hacia donde vino la voz y se sorprendió, allí estaba Leto con su cabello pelirrojo y ojos plateados, limpia y con ropa nueva. El señor de la tierra simplemente le sonrío.
-¿Que Paso? Dime que no te metiste en problemas por ayudarme, ¿verdad? - ella dijo preocupada. Palmeé el banco a mi lado para que tome asiento, ella lo hizo.
–Tranquila, no hice nada que no mereciera– dijo Perseo tranquilizándola. Leto solo sonrío de manera tranquila.
–¿Y ese temblor que sentimos? - le pidió al de cabello negro.
Perseo se congeló un momento y comenzó a rascarse la nuca –¿q-que temblor? - preguntó tartamudeando. Ella abrió fuertemente los ojos.
–¿Qué hiciste Perseo?
–Puede que haya tirado abajo a toda Mesenia– dijo tapándose el rostro con las manos en señal de cansancio.
Leto abrió la boca sorprendida, pero antes que diga algo Perseo la interrumpió - No quiero charlas sobre pobres mortales y bla bla, ¿exageré? Puede que un poco. ¿Lo volvería a hacer? Claro que sí. Lo que te hizo no tiene precio Leto, eso no se hace. Ah, y también irrumpió en mi dominio y arroja maldiciones en mi tierra. Yo no voy al Olimpo y comienzo a tirar terremotos a diestra y siniestra.
Leto aparentemente al borde las lágrimas.
–¿Por qué? - le preguntó el dios a la titánide.
Ella frunció el ceño en señal de confusión– ¿Por qué, qué?
–¿Por qué Zeus? Sabías que eso era imposible que terminara bien– con eso Leto se rompió y comenzó a llorar. Perseo alzó la vista hacia ella y la pasó el brazo por sus hombros– oye, lo siento. No quise incomodar.
Leto se secó las lágrimas– No. Está bien. Yo todavía no entiendo por qué estuve con él. Él me prometió que iba a dejar de sufrir, dejar de ser discriminado por el hecho de ser un titán ... Yo no sé cómo pude haber sido tan estúpida.
El dios presionó el abrazo– tranquila, ahora hay que pensar en el futuro, no hay que arrepentirse.
Leto lo miró y lo abrazó con fuerza– No me arrepiento, me han dado lo mejor de la vida, mis pequeños Artemisa y Apolo.
–Ajá, los pequeños demonios ya tienen nombre– dijo con una sonrisa. Ella rompió el abrazo y lo golpeó en el hombro con humor.
–Oye, estaban confundidos– dijo con una sonrisa.
–Hablando de eso, ¿Dónde están ahora?
–Están con tu centauro, les está enseñando sobre historia– el dios tuvo una sonrisa de auténtica satisfacción– ¿por qué tanta alegría?
–Está cumpliendo su propósito, por eso lo cree y le transmití todas mis enseñanzas. Los semidioses merecen alguien que les enseñe sobre nosotros y los preparamos para la vida.
Ella lo miró con una mirada extraña. - Siempre te respeté Perseo, pero a la vez siempre te temí.
Perseo suspiró con fuerza – No eres la primera persona en decirme esto, espero que alguna vez puedas cambiar esa percepción sobre mí.
–Oh, ya lo hice– dijo Leto con una sonrisa apoyando su cabeza en mi hombro.
Estuvieron unos minutos en esa posición en silencio, pero no incomodo. Esos silencios que se disfrutan. Pero para lástima de ambos, alguien aclarándose la garganta llamada su atención. Ambos voltearon pero sus reacciones fueron distintas. Perseo asintió con la cabeza hacia la diosa pero Leto se puso de pie y le dedicó una reverencia, los ojos grises de la diosa son gélidos y serios.
–Lady Atenea, un placer verla– dijo Leto con una sonrisa solo para ser ignorada completamente por la diosa.
–Padre, hablemos– dijo Atenea a Perseo, luego giró los ojos a Leto– en privado.
Leto rápidamente entendió la indirecta y se retiró con la cabeza gacha, no sin antes despedirse con una reverencia para ambos dioses.
La diosa de la sabiduría sostuvo la mirada con su padre, hasta que este último rompió la tensión.
–¿Qué pasa hija? - Perseo poniéndose de pie.
–Yo no tengo nada para decir. Solamente quería pasar a ver a mi padre para entender por qué mierda derribó una de las ciudades más avanzadas de toda la Hélade– dijo intentando controlar su tono– pero en cambio llego a tu palacio y mi encuentro con ... –apunto su mano derecha hacia el banco - esto.
Perseo la miró con cansancio– Atenea, no pasó nada.
–Aún. - replicó la diosa.
–Eso no viene al caso– contestó tajante.
Ella lo identificó unos momentos más y se volteó la lista para irse. –Espera hija, lo siento.
Atenea se detiene parada de espaldas hasta que consideró voltearse y ablandar su mirada– No papá, tienes razón. Estos temas no los entiendo y no me incumben. Solo que ... - se detuvo.
Ella resopló fuerte para evitar las lágrimas que se asomaban en la esquina de sus ojos. De repente, se vio sobre su padre y lo abrazó con fuerza.
–Temo que no puedas manejar otra decepción, cuando perdimos a mamá la pasaste muy mal.
Perseo ya al borde de las lágrimas, le besó el frente y pensé que los padres tenían miedo de preocuparse por los hijos. Dijo con una sonrisa.
Ella presionó más el abrazo para que se callara. –Auch, ya entendí.
–Pero en mi defensa, solo la estaba consolando, tuve unos días muy difíciles, pero te juro por el río Estigia que no sucedió nada, aún.– dijo el señor de la tierra cuando un rayo retumbó en el cielo.
–Por cierto, buen espectáculo el de hoy– dijo Atenea rompiendo el abrazo, sonríendo– la bruja de Hera está desconsolada del llanto. Pero ten cuidado padre, ella es vengativa y peligrosa.
- ¿Asombrada por mis habilidades? ¿Acaso la orgullosa Atenea, diosa de la guerra, la sabiduría y las artesanías dijo que hice algo bien?
Ella frunció el ceño. –No me hagas retirar lo que dije.
Todo perfectamente perfectamente entre padre e hija, hablando de cosas triviales. Atanea le contó que Zeus le molestó poco lo que hizo, pero está agradecido por salvar a sus hijos.
Atenea personalmente recordar algo– Ahora que lo pienso aún no he dicho la verdadera razón por la que estoy aquí.
Perseo se puso una mano en el pecho fingiendo dolor– y uno acá pensando que solo querías verme.
–Oh solo cállate idiota– dijo ella sonriendo mientras le golpeaba el hombro– quería invitar a un evento.
El dios alzó una ceja– Dime por favor que no te vas a casar porque te juro que ...
-¿What? No papá, claro que no. Ni lo sueñes. - Dijo de inmediato para alivio de Perseo– Es una pequeña competencia por la ciudad más próspera de toda la Hélade.
Perseo abrió los ojos– ¿hablas de esa pequeña belleza que está en el Ática? –Atenea asintió con la cabeza – ¿y cómo se llama?
–Aún no tiene nombre, pero espero conseguirla. Todo depende de ellos –dijo con nerviosismo– la competencia por la ciudad es contra Poseidón.
Y por segunda vez en esta conversación, Perseo se sorprendió– Es obvio que vas a ganar, eres el símbolo de la guerra en la Hélade. Pero sabes que Poseidón no se va a quedar en su lugar. Dudo que te ataque directamente oa la ciudad, porque no solo va a desatar mi ira, sino también a Zeus, que no es ningún secreto de que eres su favorito sobre sus hijos.
–Lo sé, y dudo que puedas vencerme en una mano a mano, pero va a buscar venganza por otra parte.
–Voy a estar allí disfrazado, para evitar que te ataque, será divertido. Pero espero que entiendas que si Poseidón quiere inundar el Ática, no hay nada que yo pueda hacer para evitarlo.
Ya en la ciudad sin nombre, Perseo se paseó por toda la ciudad disfrazado de un adolescente de unos 16 años, usando un tapado de indigente que cubría solo de cintura para abajo, sosteniendo el torso desnudo, llamando la atención de tanto mujeres como hombres ( Sí chicos, antes de la homosexualidad era más común que en tiempos posteriores). Se detuvo en una esquina para observar la belleza de la ciudad, esperando específicamente que mi niña la consiga.
–Hola guapo– escuché a alguien diciendo de atrás, volteé para encontrarme con una hermosa mortal, alta, piel morena que acompaña su cabello negro con unos hermosos ojos marrones. Lleva un tapado revelador –¿Cómo te llamas?
Perseo usó una de las sonrisas que pocas personas se resisten– Anker, ¿y tú?
Ellla sonrío –¿Eso importa? Ven, sígueme– dijo mientras lo tomaba de la mano. Perseo, como todo buen caballero se dejó llevar a una habitación en un edificio.
Luego, de lo que Perseo llamaría a un día productivo, se lo llamaría de la cama y se vistió, para irse lo más rápido posible.
–¿A dónde vas Anker? - quizás la morena aún recostada en la cama– hace mucho no el paso tan bien, quédate– dijo mientras se enfocaba en los ojos grises de Perseo que la observaban– que bonitos ojos.
Perseo sonrío– Gracias señorita sin nombre, pero tengo que llegar a la competencia de los dioses.
–¿Por qué tanto entusiasmo por la competencia?
–Mi hija va a estar allí– dijo con una sonrisa resaltante.
–¿Hija? Por los dioses no pareces más de 16 años. Con esos bellos ojos grises ... –Perseo esperó, ya sabiendo que se había dado cuenta– espera, dijiste que a tu hija… oh por todos los cielos– se hincó en el suelo temblando.
–Levántate, nieta de Hermes.
–Pero Lord Perseo, discúlpeme si lo incomodado de alguna forma, yo no quise molestarlo. Pero si no le incomoda la pregunta, ¿Cómo supo que soy nieta del gran Hermes?
–Sé quién eres Reina Casiopea, hija de Arabia, esposa de Cefeo rey de la gran Etiopía Después de todo soy el dios del conocimiento y la sabiduría. Y no tienes que temer, se que los rumores de Mesenia corren rápido, sí, son ciertos. Pero si no te mate antes, ¿por qué hacerlo ahora? - dijo el dios como si fuera lo más obvio.
Ella se puso de pie con una sonrisa tímida en los labios - Espero que lo haya complacido Lord Perseo.
Él notó el sonrojo en la reina –y vaya que lo hiciste– le devolví la sonrisa– ¿Qué hacías paseando por las calles de esta bella ciudad?
–Escuché del duelo del gran Poseidón contra su hija, la sabia Atenea y quise venir a presenciar dichoso enfrentamiento– se detuvo. Perseo aguardó un segundo pero no podría su historia.
–Pero eso no responde como terminamos en esta –dijo señalando la cama con la mano– situación.
Ella se volvió a sonrojar: Digamos que Cefeo no es el mejor marido del mundo. Así que cuando llegamos aquí me escapo vestida como plebeya para experimentar algo de emoción y fue cuando encontré la mejor experiencia de mi vida, a usted mi señor.
–Me halagan sus palabras Reina Casiopea, pero realmente debo irme. Váyase mientras pueda, dudo que mi hija le guste nuestra aventura. Y por cierto, cierre los ojos. –Ella obedeció. Él dejó a Casiopea con una sonrisa en los ojos, por fin había logrado llamar la atención de los dioses.
Perseo se encontró en un callejón cerca del monte donde se iba a llevar a cabo el desafío. La gente estaba de rodillas rezando mientras dos figuras se posaban sobre el monte. Allí estaba Atenea, con su armadura, su lanza y su escudo. A unos 10 metros estaba parado parado Poseidón, con un simple tapado blanco y su tridente en la mano.
Ambos descendieron hasta quedar a 30 metros de los mortales, ambos hicieron que los mortales se pusieran de pie para que puedan juzgar correctamente. Atenea alzó las manos generando un "oh" del público y aplaudió. Un hermoso Olivo listo para ser cosechado quirúrgico a su lado, todas las mujeres exclamaron en apoyo. Poseidón vio esto con enojo y le dijo algo que no se logro oír. Luego, el dios de los mares golpeó su tridente, ligeramente ya su lado quirúrgico, una fuente de agua salada, esta vez, todos los hombres vitorearon.
Pronto, todos los hombres se pusieron del lado de Poseidón y las mujeres del lado de Atenea.
Uno de los sacerdotes comenzó a contar proclamando como ganadora a Atenea, la diosa de la sabiduría. Perseo sonrío ante esto poniéndose contento por su hija. Poseidón está furioso pero el dios de la tierra se mantiene atento a cualquier movimiento.
Poseidón alza su tridente con el propósito de lanzarlo, la gente se levanta asustada, y cuando está a punto de lanzarlo una lanza cayó del cielo, el suelo tembló fuertemente ante el contacto y muchos mortales cayeron al suelo. Muchos se pusieron de pie pero cuando observaron la lanza, jadearon y cayendo de rodillas, temiendo la ira del señor de la tierra.
–Yo no haría eso hermano– dijo Perseo caminando entre los mortales, ahora con su armadura de guerra. Poseidón le sostuvo la mirada, verde mar contra gris tormentoso.
–No interfieras Perseo, este asunto es entre Atenea y yo– dijo Poseidón con furia, golpeando su tridente contra el suelo.
–En el momento en el que alzaste tu tridente contra mi hija se convirtió en mi asunto. No dejaré que nadie dañe a Atenea, ni el rey de los mares. –Dijo desvainando su espada. Poseidón no flaqueó su mirada.
–No quiero luchar contra ti hermano– dijo Poseidón desapareciendo su tridente.
-Me neither. Mi palacio en el monte Pelión, ahora. - Dijo el alcalde desapareciendo la lanza y mi xiphos.
Se giró hacia los personajes –cierren sus ojos mortales. - y destellaron hacia el monte Pelión.
Ambos caminaron en silencio hacia una sala donde convocador dos sillones, donde tomaron asiento.
–Lo siento– dijo Poseidón– no estaba pensando y no iba a lastimar, quería invocar una ola para inundar todo.
–No te preocupes hermano, todo perdona y olvidado. Pero yo interferí y me gustaría compensar.
–Hay algo que puedes hacer– dijo Poseidón– hay un nuevo Rey en Creta, uno de los hijos de Zeus con Europa.
–¿Qué quieres que haga con él? - Le pedimos con cautela Perseo.
–Necesito un toro, y como es tu animal consagrado pensé que podrías ser útil. Este rey quiere mi apoyo para el pueblo y me prometió sacrificar el toro en mi nombre luego.
Perseo asintió– Puedo crear el mejor toro nunca visto, más fuerte que cualquiera pero me llevará un tiempo hermano. Por lo menos un año.
–Que tarde lo que tenga que tardar, hermano– dijo Poseidón poniéndose de pie.
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Tres meses después
La creación del mejor toro que el mundo haya visto requiere un trabajo de locos, según Perseo. Estos tres meses han ido de locos en el Olimpo, Apolo y Artemisa se afianzaron como dioses olímpicos y dejaron mi palacio. Leto se fue a Delos donde Hefestos construyo su casa.
¿Se preguntaran quien es Hefestos? Nació hace un par de años, hijo de Zeus y Hera, pero la última lo arrojó del monte Olimpo por feo. Hace poco tiempo en una reunión cuando volvió y como ofrenda de paz ofreció construirle un trono mejor a Hera. Ella aceptó.
El trono fue la cosa más preciosa que el Olimpo alguna vez vio, pero en el momento en el que el asiento nunca se pudo levantar, solo el mismo Hefestos podría liberarla. Ares trató de forzarlo a liberar a su madre a golpes pero pronto se encontró con el puño de Perseo que estaba de verdad entretenido con la situación. Ya hace dos meses que está atrapada en su trono y Hefestos no cede, y Perseo no lo presiona.
Durante cada reunión, Perseo se burlaba de su hermana ganándose mucho odio por su lado. Pero esas bromas fueron cuando Hades, secuestró a Kore, la hija de Deméter y Zeus, y la hizo su reina. Deméter vagó todo ese tiempo por la tierra buscando a su hija hasta que Hécate lo guío hasta Helios que estaba a punto de desvanecerse. El titán del Sol le dijo a Deméter que Hades la raptó y Zeus dejó que lo hiciese. La tierra comenzó a secarse, y la gente pasaba hambre.
Y otra pésima noticia es que la hija mortal de Perseo, Halia, llegó con Quirón, luego de meses de entrenamiento resultó que estaba lista para el mundo real pero no duró ni 2 meses sola, fue asaltada por un grupo de bandidos y golpeada hasta la muerte
–Atenea– perdió en voz alta Perseo– vamos a dar un paseo.
Un destello de luz alumbró el monte Pelión– ¿A dónde padre?
–Hace poco hablando con Poseidón– Atenea frunció el ceño– contó sobre una isla muy bonita, ya en el final del mar de los monstruos. Ven, vamos. –Perseo estiró su brazo para que ella lo tomase por el codo. Así hizo y pronto destellaron en una pequeña isla.
–Atenea, bienvenida a la isla de Chipre.– la isla es espectacular, rodeada de playas y pequeños montes con bosques.
–Papá, ¿por qué estamos aquí?
Perseo suspiró– Necesitamos un plan para liberar a una Hera de su trono.
Atenea parpadeó en sorpresa pero después comprendió– Sé que la odias y ella te odia a ti, pero es cierto. Sigue siendo nuestra reina.
–Yo lo entiendo a Hefestos, ya sé que es feo y todo eso, pero que ni tu propia madre te quiere ser la diosa de la familia y todo, debe ser triste– dijo Perseo con profunda tristeza.
–Entonces vamos a conseguirle una esposa. - dijo Atenea con simpleza.
–¿En serio crees que alguien en su sano juicio lo va a desposar voluntariamente? - comprometidos el dios.
Atenea determinado un segundo antes de responder– No tiene que ser voluntario, se pueden casar y vivir separados. No es como los dioses sean los seres más fieles del mundo.
Perseo se sentó en la playa junto al mar, a pesar de ser el dios de la tierra ver las olas del mar le generos tranquilidad. Cuando no se sienta a nadie sentarse a su lado se volteó y vio a su hija pensando.
–Padre, tengo que irme. Mis deberes y esas cosas. - y desapareció en un destello.
El dios cambió el mar por lo que parecieron horas, su vista solo se rompió cuando una persona se envió a su lado. –Linda vista, ¿verdad? - dijo una melodiosa voz.
Perseo, que no sabía de quien era la voz, se volteó y lo que vio lo dejó hipnotizado. Era una hermosa mujer, cabello pelirrojo y unos ojos verdes que te hipnotizan. La mejor parte, según Perseo, es que está desnuda.
–La vista del mar es hermosa, pero mi vista acaba de mejorar– dijo el dios mientras observaba. La mujer giró su cabeza para buscar lo que el dios dijo pero se encontró con su mirada puesta en ella y su cuerpo.
–Wow, ¿alguna vez te funcionó eso? - dijo la muchacha con una sonrisa coqueta.
–No sé, ¿funciona?
–Podría estar mejor, pero algo es algo. - dijo con una risa. El dios de la tierra cuando oyó la hermosa risa instantáneas ganas de lanzársele encima y estar con ella en este instante.
–Dime ¿Qué hace una mortal cómo estás en esta isla deshabitada?
La joven aparentemente ofendida– No soy ninguna mortal, soy hija de Urano, cuando Kronos arrojó los testículos de mi padre al mar, nací yo. ¡Y ualá! - dijo con una sonrisa.
Perseo consideró pensativo pero lo aceptó. Más de uno había nacido desde esa espuma –Oye, y esa chica que estaba allí contigo, ¿es tu novia o algo así?
El dios aparentemente atragantarse con su propia lengua– ¿Atenea? No no. Ella es mi hija.
–Entonces no se va a enojar si hago esto– dijo mientras se lanzaba a él a besarlo. Y como dicen por ahí, un beso no se le niega a nadie.
Después de un par de horas, ambos estaban descansando desnudos y abrazados en la arena.
–Oye, también sé tu nombre– dijo ella, con la cabeza apoyada en su pecho.
–Me llamo Perseo, ¿y tu? - dijo el dios. Ella abrió los ojos sorprendida.
–Oh, eres ese que cuando se enoja mueve la tierra, ¿no? –Dijo con una sonrisa.
–Por supuesto, ¿eso supone algún problema? - pregunté con cautela.
–¿Por qué lo haría? –Dijo mientras me besaba. Se separó y dijo en mi oído– yo me llamo Afrodita, diosa del amor.
–Ya veo por qué– dije en un susurro.– Afrodita, me gustas pero necesito volver a casa, tengo cosas que hacer.
Afrodita apretó el pecho con más fuerza– Un rato más, nunca viene nadie.
–Ven conmigo, hay bastante lugar en mi palacio. Pero primero ponte ropa.
La mujer puso cara pensativa, pero pronto dijo –Voy a ir contigo– con una sonrisa– pero me sentí cómodamente.
–A mí también me gustaría verte así siempre pero si mi hija te ve así te va a atravesar con una lanza– dijo Perseo con una sonrisa. Le tomó la mano y destellaron.
Aparecieron en la sala de estar donde fueron recibidos por una lluvia de flechas plateadas. Rápidamente el dios cubrió a Afrodita y todas las flechas golpearon en su espalda.
Volteó para encontrar una diosa de la caza sorprendida y asustada por lo que hizo– ARTEMISA – dijo Perseo en voz alta. –¿Qué te digo siempre?
–Verificar que sea un intruso tenga malas intenciones– dijo mirando hacia abajo.
–¿Y qué acabas de hacer?
–Vi una luz y disparé– dijo claramente avergonzada.
Un dolor lo hizo flaquear las rodillas pero me sostuve. Afrodita había sacado una de las flechas.
–No seas duro con ella Perseo, solo se asustó– dijo la pelirroja– ahora vamos a tu habitación para sacar las otras flechas.– se volteó hacia la muchacha de ojos plateados– un gusto, soy Afrodita.
–Artemisa– dijo de manera seca la diosa de la caza, con notable disgusto– déjame a mí, yo lo ayudo.– Afrodita la miró un segundo estudiándola pero luego asintió.
–Te veré luego Perseo– dijo susurrándole al oído, lo besó en la mejilla y salió hacia los jardines.
Ya en la habitación el dios se acostó boca abajo mientras Artemisa - Lo siento– dijo la diosa mientras sacaba una flecha.
–Ya deja de lamentarte niña– dijo Perseo– pero tienes que controlar eso, no puedes disparar a lo primero que veas.
-Si lo se. - guardó silencio un segundo de más– Mira lo que Zeus hizo con mi madre, yo no quiero eso. ¿Alguna vez ha ido al mundo de los mortales?
–Si, él estado muchas veces. Y sé a lo que quieres llegar, hay hombres malos por ahí. Lo sé de primera mano.
–¿Qué pasó? - perdió Artemisa con preocupación.
–Bueno, Quirón ya lo conociste, el es el entrenador de héroes oficial del Olimpo– Artemisa asintió– él entrenó a una de mis primeras hijas semidioses…
–Espera, ¿siempre hijas? ¿Nunca tuviste hijos hombres?
–Ni un hombre. Tuve alrededor de 10 hijas semidiosas y todas sufrieron por un hombre. Y yo aquí sin poder intervenir.
–Pero yo sí– dijo Artemisa pensante.
–¿Tú? ¿Cómo? - interesados interesados.
–Mi dominio. Soy la diosa de la caza, las doncellas, etc. Podría hacer un grupo de caza para doncellas o niñas agredidas por un hombre.
Perseo lo jugado por un segundo– Es una idea estupenda y una muy sabia de tu parte. ¿Estás segura que eres mi hija? - dijo el dios riendo.
–Después de observar tu relación con Atenea, me gustaron ser tu hija Perseo– dijo poniéndose de pie. Hizo una nive inclinación y salió de la habitación.
¿Qué les parece la 3ra persona como forma de relato? Me gusta escribir así pero me cuesta.
Aquí termina el capítulo de hoy, después de considerar mucho alguna mortal, diosa o titánide como esposa para Perseo, va por encima Hécate. Y la verdad que a mí también me gusta porque es un personaje que tiene una personalidad "genérica" en los libros de Rick Riordan, por lo tanto le puedo forzar una personalidad creada por mí.
¿Por qué piensan que hice que Perseo esté con Casiopea? Pista: fijarse en la descendencia de esta.
