¡Hola!

Hoy les traigo una nueva actualización, que fue muy difícil de escribir para evitar tanto relleno.

Después de que Artemisa salió de la habitación Perseo se quedó recostado un tiempo, hasta que oyó un grito proveniente de los jardines. Destelló con rapidez y la escena que se desarrolló al frente de él no tiene precio. Atenea, con su lanza en la mano derecha y su égida en la izquierda, presionaba a una débil Afrodita contra el suelo, ya que tenía un pie sobre el cuello de la diosa del amor.

Pronto escuchó pasos y vio a Artemisa y a Apolo llegar, el último casi hipnotizado.

–Vaya– dijo Apolo– esto es, excitante– Artemisa lo golpeo en la cabeza para que se calle.

–¿Qué demonios está pasando aquí por todos los dioses? – dijo Perseo ya cansado de los disturbios.

–QUE HACE ESTA CHICA EN TU PALACIO PADRE– dijo Atenea con odio, con sus penetrantes ojos grises fijos en Afrodita.

–Asique tu eres Atenea, eh– dijo la diosa en el suelo con descaro– ahora veo el parecido.

Atenea balanceó la lanza para perforar a Afrodita pero pronto una flecha voló y golpeó la lanza desviándola antes de llegar a su objetivo. Perseo se volteó hacia el origen de la flecha y vio a Artemisa con el arco preparado.

–Atenea, ¿qué demonios estás haciendo?–preguntó Perseo.

Atenea dejó ir a Afrodita que pronto corrió detrás del dios– Yo estaba oliendo tranquilamente las flores cuando alguien me derribó– dijo la diosa del amor con miedo.

–¿Qué hace ella aquí? – dijo Atenea.

Perseo la miró fijamente, con una mirada muy fría– Ven conmigo.

Atenea siguió a su padre hasta la sala donde comúnmente recibe a los mortales o semidioses que llegan. Solo uno o dos han visto este lugar, ya que Perseo no tiene la fama de la misericordia con los mortales, por ende, evitan el lugar.

Ambos se pararon en el medio de la habitación y se miraron profundamente.

–¿Qué pasa hija? – dijo Perseo que, para sorpresa de Atenea, habló con cariño y comprensión.

La diosa lo observó estupefacta– A mi no me sucede nada, ¿Qué sucede contigo que traes mujeres aquí?

–Yo ya estoy acostumbrado a tus celos contra mis amantes e hijos, pero necesito saber que sucede contigo. Algo te atormenta, nunca te comportas así.

–Poseidón– dijo Atenea.

–¿Qué hizo ahora?– pregunté ya cansado de la rivalidad.

Atenea notó mi tono y frunció el ceño– Ya sé que estás cansado de esta rivalidad pero tu también tienes la tuya con Hera.

–Touché– dijo solamente el dios– ahora dime, ¿Qué hizo ese cesos de alga?

–Violó a mi sacerdotisa, EN MI TEMPLO– dijo la diosa gritando lo último mientras las lágrimas salían de sus ojos.

Perseo pronto la abrazó mientras Atenea lloraba en su hombro– Que idiota, lo siento mucho querida. ¿Qué hiciste?

–¿A él? Nada. No puedo iniciar una lucha contra todo su poder– dijo Atenea con tristeza mientras separaban el abrazo– pero castigué a la sacerdotisa, la convertí en un monstruo y la envié a una cueva con sus hermanas.

Perseo la miró incrédulo– ¿Hermanas? ¿Quién es ella?

–Es una de las gorgonas, pero la bella doncella, al menos lo era.

Perseo pareció pensativo por un segundo. –Eso va a ser un difícil duelo para muchos héroes, muchos perecerán pero el que logre derrotarla se llevará la gloria eterna.

–No pensé en ese pero tienes razón. También tengo otra noticia para decirte.

–¿Cuál es?– preguntó curioso el dios.

–Zeus tuvo un hijo con Dánae, pero su padre Acrisio, rey de Argos, la arrojó al mar por una profecía y Poseidón la guío hasta la isla de Serifos donde el rey Polidectes los acogió.– dijo finalizando. Perseo estaba más que confundido.

–¿Y lo que les pase a los semidioses de mis hermanos me importa desde…?– dijo el dios dándole hincapié a que prosiguiera su explicación.

–Lo más llamativo es su nombre– dijo haciendo una pausa– su nombre es Perseo.

Una semana después

El maldito toro parece estar costándole mucho más de lo que esperaba. Pero Perseo es un hombre de palabra. El día estaba bien, según Perseo, hasta que algo lo tuvo que arruinar.

"Ni el propio Perseo, sacudidor de tierras, podrá derribar la muralla que protege nuestra ciudad."

–Con que una ofensa– dijo Perseo con oído– les voy a mostrar lo que es una ofensa.

Destelló en una colina cerca de la ciudad de Mileto, donde su rey y fundador Milano, presentaba la finalización de la muralla que rodea la acrópolis. El acto se llevó a cabo a las afueras de la muralla.

Todos el pueblo en cuanto oyeron la ofensa al dios Perseo, temieron por sus vidas, aún la destrucción completa de Mesenia seguía latente en el corazón de los Helenos. El pueblo se arrodilló orando al sacudidor de tierras para que perdonaran a su familia. El rey y su numerosa familia estaban tranquilos, confiados.

La tierra se sacudió y la gente rezó más fuerte mientras lloraba. El rey dándose cuenta de su error se puso de rodillas, al igual que su familia y comenzaron a orar a Perseo.

Perseo consideró este momento para su entrada dramática. Salto desde el monte hasta unos 20 de donde estaba ubicado el Rey, es un salto de 1000 metros de altura aproximadamente. En el momento en el que hizo contacto con el suelo, pequeños edificios se derrumbaron y los templos a Hera se cayeron a pedazos.

Perseo, hizo aparecer su lanza y miró al rey de Mileto– Como te atreves a dar esa ofensa– dijo el dios con veneno.

El rey se inclinó tanto que casi estaba acostado en el suelo, temblando de miedo– Lo siento mi señor, por favor perdónenos y juramos lealtad a usted.

–Oh tranquilo rey, el pueblo no pagará con sangre–dijo Perseo, lo que hizo que el rey se pusiera de rodillas y sonría agradecido repitiendo "gracias señor".

–Como dije, el pueblo no pagará, pero sí la familia real.– el pueblo estuvo aliviado pero la familia real, de rodillas detrás del rey comenzaron a llorar con fuerza– oh, no lloren mortales, esto es su culpa también. Pero antes–se volteó hacia la muralla– dime Milano, ¿Qué decías? –dijo mientras puso una mano en la muralla.

Hubo un fuerte temblor, la muralla comenzó a resquebrajarse por doquier. La gente tropezaba y abrazaba a los más pequeños para evitar que se cayeran. Y la muralla se desplomó. El rey estaba con la boca abierta temblando de miedo mientras intentaba disculparse.

Perseo se volteó hacia la familia real– Y a ustedes. Yo Perseo, dios de la tierra, el conocimiento, la sabiduría, y el valor, LOS MALDIGO– dijo comenzando a gritar– VAGARAN POR EL MUNDO, SIN PIERNAS Y SIN BRAZOS, COMERAN LOS QUE LE DE EL DESIERTO Y SIEMPRE SERAN TEMIDOS POR SUS ESPANTOSAS FORMAS– Perseo alzó sus manos transformando a la familia entera que consta de unos 15 integrantes en serpientes, exceptuando a un joven niño de unos 7 años. Perseo lo miró con severidad.

–Principe Calio, hijo de Milano, fuiste el único perdonado porque también has sido el único el disculparte por tamaña ofensa. Ostentarás el título de Rey hasta que mi única descendencia varón pise esta tierra y allí sabrás que debes entregar tu trono a mi hijo. Hazlo o sufre las consecuencias.

El príncipe enseguida asintió e hizo una profunda reverencia temblando de miedo. El dios se volvió hacia el pueblo.

–Que esto sirva como ejemplo. Los dioses están y siempre lo estarán. Aquí mismo, construirán un templo dedicado a todos los dioses. Serán de las ciudades más prósperas si juran la lealtad a los dioses del Olimpo y a mí– dijo antes de hundirse en la tierra y desaparecer.

Volvió a aparecer en el monte de donde saltó y una luz destello a su lado, de ella salió Afrodita –Bonito show– dijo la diosa.

–¿Te gustó?– preguntó Perseo acercándose a ella.

–Oh sí, es excitante– dijo ella.

Se besaron un segundo antes de que Perseo sintiera la llamada del consejo.

–Discúlpame, los deberes llaman– dijo el dios dándole un último beso y destellar hacia la sala del trono.

Pronto Zeus, Poseidón, Hestia, Deméter, Perseo, Atenea, Artemisa, Apolo, Ares y Hermes destellaron y se sentaron en sus tronos.

Hera, ya estaba sentada allí desde hace meses por la maldición de Hefestos.

–Muy bien– dijo Zeus, girándose hacia Artemisa– hija mía, ¿por qué has citado este consejo?

Pronto, procedió a explicar sus planes. Formar un grupo de doncellas semi–inmortales para la caza, jurando ser siempre vírgenes y jurarse en Lealtad al Olimpo y a la Diosa Artemisa.

La gran mayoría votó a favor, solo se abstuvo Deméter que parece tener la mente en otra parte, Hera y Ares votaron en contra.

–¿Algún tema más para discutir?– preguntó Zeus.

Hera alzó la mano con una sonrisa maquiavélica. Zeus le otorgó la palabra– Hace unos meses Atenea vino con un plan ideado junto a su padre–dijo señalando al lugar del dios de la tierra– para que Hefestos me deje libre. El plan consiste en casarlo con la mujer más hermosa que encontremos y otorgarle a ambos un lugar aquí en el consejo.

Ares pidió palabra– ¿Tienes alguna candidata para el feo, madre?

Hera sonrío a su hijo– Claro que tengo una candidata hijo mío, pero creo que Perseo la conoce, ¿verdad hermano?

Perseo se tensó en su trono pero rápidamente se puso de pie– ¿Qué significa esto Hera? ¿Quieres entregarle a la mujer que estoy viendo a tu hijo?

Hera levantó las manos en señal de inocencia– Yo solo digo, hay pocas inmortales que incluso le lleguen a los talones en belleza.

Zeus rápidamente intercedió– Perseo, siéntate por favor. Hablemos como personas civilizadas. Ahora explica porque esta chica es inmortal y quien es.

Perseo obedeció y tomó asiento– Su nombre es Afrodita, es la diosa del amor, su origen se remonta…– procedió a explicar el origen de Afrodita.

–Quiero que la traigan aquí al frente del consejo para conocerla– dijo Zeus con curiosidad.

–Yo iré– dijo rápidamente Perseo. Hera se interpuso.

–No creo que deba ir él, esposo, no es imparcial. – dijo la reina con malicia.

Zeus la observó un momento y luego se volvió a Perseo– Tiene razón hermano, envía a alguien a buscarla por favor.

Perseo frunció el ceño pero asintió y se volvió a Atenea– Lady Atenea, ¿me haría el favor?– su hija rápidamente asintió y desapareció.

Después de 15 segundos volvió con una mujer hermosa, esta vez traía el pelo castaño con unos ojos marrones muy hermosos, traía un tapado azul claro que combina con sus sandalias del mismo color. Se veía sumamente confundida.

–Atenea, ¿Dónde me has traído?– preguntó, giro la cabeza para observar los rostros de las personas gigantes sentadas frente a ella, su mirada se detuvo en Perseo– Perseo, ¿dónde estoy?

Perseo vio los rostros de los hombres en la sala del trono, la cara de Ares muestra unas ganas de saltarle encima a la pobre mujer, la de Hermes es soñadora, la de Apolo indiferente porque ya la conocía, en cambio la de Poseidón y Zeus, no son muy distintas a las de Ares.

Perseo la observó un segundo antes de responder –Afrodita lo siento tanto. Ahora por favor, haz una reverencia. Estás ante el consejo Olímpico.

Ella rápidamente obedeció y se arrodilló. Pronto iniciaron las discusiones. Zeus y Hera querían casarla con Hefestos para poder liberar a la reina. Zeus también decía que podía traer discordia entre los hombres tenerla soltera. Ares quería llevársela y Perseo peleaba con todos porque ella estaba con él y no tenían derecho a elegir un esposo sin su consentimiento.

–BASTA– gritó Zeus– ahora vamos a votaciones. Alce la mano aquellos que piensan que tengamos que casar a la hija de Urano con Hefestos– pronto, la mano de Deméter, Poseidón, Hestia, Zeus, Hera y Ares se alzaron.

–En contra– dijo Zeus. Perseo y Atenea alzaron sus manos inmediatamente luego los siguieron Artemisa y Apolo. Hermes se abstuvo.

–El consejo ha hablado. Afrodita, te vas a casar con Hefestos– dijo el dios de los cielos.

Perseo no pudo soportarlo más – Afrodita, lo siento. Más tarde te hablo. Artemisa, ve a mi casa, tengo que hablar contigo– y destelló sin esperar respuesta.

Un destello color plata inundó el jardín, de este salió Artemisa que rápidamente caminó hacia Perseo – Tío, ¿por qué me llamaste?

Perseo a pesar de su malestar logró sonreír– Necesito un favor tuyo, y creo que puede que te agrade.

– ¿Y ese favor es?

–Creo que tengo tu primer recluta. – dijo el dios con una sonrisa.

Artemisa dudo–¿Por qué crees que es apta?

–Hace un tiempo su tío intento tocarla, ella huyó y se las ha arreglado sola desde hace 4 meses. A la semana que escapó la ubiqué, y la ayudé.

–¿Cómo la ayudaste?– preguntó curiosa.

–Le envié un arco plegable con un carcaj eterno, de lo último que inventó Hefestos, también le envié unas viejas dagas de aleación de bronce celestial y bronce común. Es una estupenda rastreadora y coordina con lo que buscas: Buena cazadora, autosuficiente y lo más importante, su odio por los hombres parece ser infinito– hizo una pausa para tomar aire–Cuando le hablé en sueños me insultó y me quiso golpear.

Artemisa pensó un segundo antes de formular la próxima pregunta– ¿y por qué tanto interés en esta niña? ¿Cómo se llama?

–Su nombre es Phoebe, y mi interés radica en que es mi hija– dijo Perseo. Artemisa alzó una mano y le dio una cachetada.

–¿POR QUÉ MIERDA NO ME AVISASTE ANTES?– grito la diosa de la luna– pude haberla ayudado mucho antes.

–Me merezco más de una cachetada pero vi que lo estaba haciendo perfectamente sola. Nunca dejaría que le suceda nada.

Otra cachetada llegó al rostro del dios de la tierra–Ouch, ¿y eso por qué fue?

–Tú dijiste que merecías más y cumplí tus deseos. Ahora dime, ¿Dónde la encontramos?

– ¿Encontramos? No puedo ir contigo, ella me debe odiar. – dijo Perseo

–No lo sabremos si no la buscamos– dijo Artemisa con severidad– ¿Dónde está?

–Ahora mismo está en el bosque que está cerca de Argos, está acampando– puso una mano sobre el hombro de Artemisa y juntos destellaron a hacia el bosque.

La humedad del atardecer pronto los inundó junto con la oscuridad del bosque. Solo una luz se veía a lo lejos, la de una fogata. Artemisa se volvió a su forma de 12 años y Perseo se puso una edad de unos 15.

Se acercaron un poco de manera sigilosa para observar a una hermosa muchacha de no más de 14 años, su cabello pelirrojo brilla junto al fuego, sus temibles ojos grises hacían temblar a cualquier que se acerque. Estaba vestida con unos 3 tapados por el frío que le cubría casi todo el cuerpo.

–No hay nada en su fuego– dijo Artemisa susurrando– este bosque está sobre explotado.

–Vamos a solucionar eso, y también te voy a demostrar que no exagero en las habilidades de mi hija– Perseo se puso de rodillas y estiró las manos a la tierra. De ella surgió una liebre muy bien alimentada– vamos pequeño bugs, muéstrate– dijo cuando soltó la liebre.

La pequeña criatura corrió zigzagueando los arboles hasta que un silbido corto el aire y una flecha lo atravesó, matando a la liebre.

–Por fin– rezongó la joven pelirroja mientras se colgaba el arco en su espalda. Artemisa abrió los ojos en sorpresa.

–En serio es buena– dijo la diosa de la caza.

–Claro que es buena, es mi hija– dijo dando un paso atrás, que sin darse cuenta, partió una pequeña rama.

Pronto una flecha se incrustó en su hombro y otra en su rodilla – Ouch, si, también me merezco eso.

–¿Quién anda ahí? MUESTRATE MACHO ASQUEROSO, YA OÍ TU VOZ– dijo Phoebe, sacando sus dagas mientras se acerca cautelosamente a los dioses. Dio un salto para quedar frente a una niña de 12 años, vestida con un atuendo hasta las rodillas, cabello castaño y ojos plateados. Al lado había un niño en el suelo con el cabello negro, tenía una flecha en el hombro y una en la rodilla.

Rápidamente Phoebe se acercó a la niña y le puso las manos sobre los hombros– Oye, ¿estás bien? ¿te hizo algo?

Artemisa pensó su respuesta, con ánimo de probar a la muchacha – ¿Qué vas a hacer si lo hizo?

–Castrarlo, y posteriormente lo mato.

–Ves Artemisa, te dije que era buena– dijo Perseo poniéndose de pie, retirando las flechas de su cuerpo.

Phoebe se puso en frente de Artemisa para defenderla del macho, sacó sus cuchillos de bronce y se posicionó en defensa –Aléjate de ella, chico– dijo observándolo mejor– ¿me escuchaste? Vete antes de que te mate… –se detuvo, Perseo presionó su mirada más sobre su hija, gris contra gris– ¿Padre?

Perseo sonrío y dijo– te tomo más tiempo de lo normal hija– pero ella no se inmuto.

–¿Qué haces con esta niña?– preguntó con veneno– ¿qué le ibas a hacer?

Perseo la miró de forma calculadora– Bueno, por más que seas mi hija no puedes hablarme así, sigo siendo un olímpico. Y yo nunca le pondría una mano encima a una mujer sin consentimiento, lo juro por el río Estigia. – un trueno retumbó en la lejanía.

–Te creo– dijo bajando las armas y haciendo una ligera inclinación–Lord Perseo o padre, ¿qué hacías con esta niña en un bosque?

Artemisa soltó una pequeña risita desde detrás de Phoebe. –Oh nada, solo estábamos buscándote.

Phoebe parecía más confundida que nunca, se volteó a la niña– ¿Quién eres?

–Hija, ella es Febe Artemisa, diosa de la caza y muchas cosas más. Bueno, ella tiene algo que proponerte asique los dejo solos, espero que las armas hayan sido útiles– dijo el dios mientras se hundía en la tierra y desaparecía.

14 años después

El toro fue todo un éxito y un total fracaso, cuando se lo entregó a Poseidón para que se los diera a Minos, hijo de Zeus, este no lo sacrificó a su nombre y sacrifico un toro cualquiera. Esto desató la ira del dios de los mares y maldijo a Pasifae, una hija del ya desvanecido Helios y esposa de Minos. Ella se enamoró del toro y contrató a Dédalo, un hijo de Atenea exiliado allí en Creta por asesinar a su sobrino en Atenas.

Este le construyó una vaca de madera para que Pasifae pudiera introducirse desnuda dentro de la máquina para que el toro pudiera montarla. De este hecho tan grotesco nació el minotauro, un niño común con cabeza de toro que le gusta comer carne humana.

Minos llamó a Dédalo, nuevamente, para que construya un laberinto para resguardar a la bestia. Luego el toro que hizo Perseo, huyó en un barco hacia el Peloponeso donde hizo desastres, para volver a las manos de su creador que ahora lo tiene en un corral en su palacio.

Hace tiempo Perseo tuvo gemelos con la misma mujer, Casiopea: Andrómeda y sorprendentemente tuvo a Fénix, el primer hijo varón de Perseo. Ambos príncipe y princesa de Etiopía.

Ya hace un mes, Apolo se contactó con Perseo sobre una profecía que involucra a Fénix y a Perseo, el hijo de Zeus, que aún reside en la isla de Serifos. Perseo susurró en el oído de Fénix para que se dirija al oráculo, que le dijo que parta rumbo a Serifos para buscar al hombre cuyo nombre es igual al de su padre. Fénix pronto partió rumbo hacia la isla.

Perseo estaba aburrido en su palacio escondido en el monte Pelión, oyendo las plegarias de Fénix, su hijo. "Padre, mi señor, ya estoy en la isla de Serifos, por favor, guía mi camino hacia aquel que lleva tu nombre". El dios sonrió ante esto y se hundió en la tierra.

Apareció en la playa de la isla, rápidamente se transformó en un anciano de unos 60 años, con cabello pelirrojo y sus ojos grises, ya tapados con las arrugar. Comenzó a caminar por la isla hasta donde las plegarias de su hijo se oyeron. Allí había una fotocopia del dios, un muchacho alto con músculos bien formados, cabello negro y ojos grises tormentosos. Llevaba un tapado que solo cubría sus piernas dejando su pecho desnudo.

El dios en su disfraz de anciano vagabundo se acercó y lo chocó a propósito. El joven rápidamente se puso de pie y se acercó al anciano para ayudar a levantarlo– ¿Se encuentra bien, señor?– preguntó el semidiós. Perseo sonrío para sus adentros por la educación y cortesía del joven.

Fénix ayudo al anciano a levantarlo– Si, me encuentro bien. Muchas gracias joven caballero.–dijo Perseo– ¿tendrá alguna moneda para este viejo vagabundo?

El semidiós sonrío– Claro que sí– sacó una bolsa con monedas de oro y le entregó más de la mitad– espero que pueda seguir adelante señor. Si algún día está por el reino de Etiopía no dude en preguntar por el príncipe Fénix.

–Es usted muy noble joven príncipe, su ayuda será muy bien recompensada. ¿Vino usted a ver a Perseo, el hijo de Zeus?– preguntó el anciano.

El joven asintió y el anciano señaló detrás del joven, donde un muchacho de unos 15 años estaba caminando. Es rubio con ojos azules eléctricos, vestido de manera muy similar a Fénix.

Cuando Fénix se volvió para agradecerle al anciano, este ya no estaba. El semidiós se encogió de hombros y marchó hacia el hijo de Zeus.

–Oye, Perseo– gritó Fénix– ven un segundo.

El joven rubio se volteo y lo miró amablemente, y comenzó a dirigirse al moreno.–¿En que te puedo ayudar?

–El oráculo de Etiopía, me envió contigo para ayudarte en la búsqueda que tienes que hacer, de la cual no sé nada– dijo Fénix centrándose únicamente en el hijo de Zeus.

– ¿y cómo sabes que soy yo al que buscas?

–El oráculo me envió a buscar al hombre cuyo nombre coincide con el de mi padre– dijo en voz baja.

Perseo abrió los ojos con sorpresa– Espera… ¿Eres hijo de Perseo?

–Shhh que la gente se va a espantar. Lo respetan pero le temen.

–Y deberían, después de lo de Mesenia y Mileto– dijo el hijo de Zeus con una sonrisa.

–Habló el hijo de cuyo padre inundó todo el planeta.– dijo Fénix devolviendo la sonrisa.

–Touché– dijo Perseo- ¿cómo te llamas? Espero que estés preparado para una gran búsqueda, ya tengo una profecía.

–Mi nombre es Fénix, príncipe de Etiopía. ¿Qué dice la profecía?

–Aquí va– dijo Perseo

Dos partirán hacia oeste

Ambos sabios ayudarán

Al viajero has de seguir para tu objetivo alcanzar

El amor hallarás pero madres errores cometen

Que la furia del mar, desatará.

–Odio las profecías. Es claro que nosotros somos los dos que partiremos hacia el oeste, para visitar a los dos sabios– dijo Fénix con seguridad.

–Pero ¿Quiénes son los dos sabios?– pregunto el semidiós del rayo.

–Primero, ¿en que consta nuestra misión?– dijo Fénix.

Perseo lo miró para saber su reacción– vamos a buscar a Medusa y arrancarle la cabeza.

El hijo de la tierra lo miró aturdido, esperando a que diga que es un chiste –Bueno, nada que no podamos hacer. Uno de los sabios tiene que ser la mujer que la convirtió en monstruo, Pallas Atenea, la diosa de la sabiduría.

–Pero ¿Cómo vamos a contactarla? Es casi imposible, no tiene una morada en la tierra.

Fénix pensó por unos segundos– Necesitamos a alguien para contactarla.

Perseo chasqueó la lengua– Idiota. ¿Quién es el dios más cercano a Pallas Atenea?

El semidiós más joven se dio cuenta a lo que se refería– Mi padre, demonios, hay que pasar a ver a Perseo, el sacudidor de tierras.

Desde un monte cercano, un anciano sonrío.

Diganme, ¿por qué creen que hice a Andrómeda hija de Perseo? Si unen cabos se van a dar cuenta.

Nunca me gustaron las profecías de los fanfics hasta que descubrí lo difícil que es escribirlas.

Después de considerar seriamente decidí no darle esposa a Perseo, aún no. Y diganme, ¿consideran a Dioniso importante? Porque la verdad es que no me nace escribirlo y menos imitar la personalidad. Considero que con la introducción de Hefestos y Afrodita al consejo me parece suficiente, y también dejamos los 12 miembros, sin tener que retirar a Hestia.

Disculpen si ven errores, pero el Doc Manager de Fanfiction me cambia las palabras.

(Fénix es un personaje de mi invención, no existe dentro del mito de Perseo)

pd: Me decidí por Hécate, ya veré como agregarla a la historia.