Capítulo 2: El Padrino
Como les decía, mi familia es de lo más peculiar. En especial porque, técnicamente, la gran parte de ellos no son mi familia. Pero la vida y cientos de experiencias compartidas nos han convertido en familiares. Siempre los he considerado de tal manera, y sé que ellos piensan en mí de igual modo.
Si he de empezar a hablar del resto de los miembros de ésta familia, creo que tengo que empezar por mi padrino. Harry Potter ha estado en mi vida desde que tengo recuerdos. Y algunos de los mejores momentos de éstos veinte años los he vivido con él. Con el tiempo, creo que Harry se ha convertido en mucho más que un padrino para mí. En cierta forma, es el padre que nunca tuve. Mis recuerdos más temprano del héroe moderno se remontan a cuando yo debía de tener tres años, o talvez incluso menos. Como he dicho, Harry siempre ha estado ahí.
El viernes siempre fue mi día favorito. Y tenía una explicación completamente lógica de porqué. Todos los viernes, sin excepción alguna, Harry Potter se tomaba la tarde libre y pasaba por mi casa.
A pesar de que Harry es un mago, y de que nuestra casa está conectada a las Redes Flú, él nunca llegaba a través de ellas. Mi abuela se lo recordaba todos los viernes, y le insistía en que podía usar la chimenea cuando quisiera para visitarme. Pero Harry Potter siempre meneaba la cabeza, y argumentaba que prefería aparecerse en la puerta. Creo que se trataba de una cuestión de respeto. Por más que Harry era de la familia, y por más que Andrómeda insistiera en que se comportara en nuestra casa como si fuera suya, Harry siempre guardó el respeto tanto con la casa como con mi abuela.
En cambio, se aparecía en la entrada de la casa y tocaba tres veces el timbre, seguidas, y yo lo reconocía al instante. Era nuestro "código secreto". Siempre que el timbre sonaba tres veces seguidas yo sabía que Harry Potter se encontraba del otro lado de la puerta. Siempre y sin excepción. Incluso hoy, cuando ya tengo mis veinte años de crecimiento y maduración, Harry sigue tocando de igual manera a la puerta. Y yo sigo alegrándome cada vez que sucede.
Recuerdo que apenas escuchaba el timbre sonar dejaba cualquier cosa que estuviera haciendo, y corría hacia la puerta, para abrirla lo más rápido que mis pequeñas manos me permitían, y lanzarme encima de mi fabuloso padrino.
Él siempre se reía, simulaba sorprenderse con mi abrupta llegada, y me levantaba en brazos, para entrar a la casa cargándome sobre su hombro, y gritando siempre algo gracioso como "¡Vendo una niño que cambia de colores por sólo 2 galeones!". Acto seguido, mi abuela aparecía para recibirlo, le sonreía con lo que hoy sé que es agradecimiento, y lo invitaba a tomar algo.
Harry siempre aceptaba. Lo cual a mi me disgustaba bastante. Siempre fue alguien celoso. No me gustaba compartir al padrino con mi abuela. Harry era sólo para mí. Había venido a visitarme a mí. Y siempre tenía algo divertido para que hiciéramos.
Los dos adultos (oh, sí, en aquella época yo veía a Harry como un gigante… aunque sólo tenía veintitantos) se sentaban en la mesa, bebían algo, y conversaban sobre temas en los que yo no me veía incluido. Pero que me fascinaban. A veces la conversación trataba de temas triviales, como el noviazgo de mi padrino con Ginny Weasley. Otras veces, hablaban de temas más serios e importantes. Hablaban sobre el Ministerio y los progresos que éste estaba haciendo hacia un mejor futuro, sobre el Wizengamot y el puesto que le habían ofrecido a Harry dentro del mismo y que éste había rechazado, sobre juicios de personas que yo no conocía pero que cargaban con crímenes atroces, sobre la Escuela de Aurores y el trabajo de Potter.
Y es que verán, Harry Potter es un Auror. Y no cualquier Auror. Él es el mejor. Sí, ya sé lo que dirán. Que solo digo esto porque es mi padrino, y porque le tengo mucho cariño. Pero no, se equivocan. En este punto, soy completamente imparcial. Pueden preguntarle a cualquier persona y todos les responderán lo mismo: Harry Potter es el mejor Auror que tiene Inglaterra.
Claro que en aquella época Harry recién iniciaba el camino que terminaría por convertirlo en Jefe del Cuartel de Aurores, y posiblemente algún día más lejos. Pero ya desde entonces su futuro era prometedor.
Después de derrotar a Voldemort, lentamente, Harry Potter trató de volver a tener una vida. Y quiso que fuera lo más normal posible. Pero aquello iba a resultar difícil. Después de todo, él era Harry Potter. El Niño-que-vivió. El Elegido. El Vencedor de Lord Voldemort.
Cientos de puertas se le abrieron luego de la guerra. Incluso el propio Ministro Kingsley le ofreció un lugar dentro del Cuartel de Aurores sin tener que pasar por la exhaustiva y, demás decir, complicadísima Escuela de Aurores. Y cómo era de esperarse, mi padrino se negó. Talvez sea difícil de comprender para aquellas personas que no lo conocen. Harry Potter podría haber pedido en aquella época el mismísimo puesto de Minsitro y la gente se lo hubiera otorgado. Pero Harry Potter no quería todo aquello. Cómo ya les he dicho, solo deseaba llevar una vida normal. No quería distinciones ni premios por lo que había hecho. No quería fiestas que celebraran su victoria, ni fechas conmemorativas. Él simplemente quería que lo trataran como a cualquier otra persona del mundo mágico. Obviamente, eso nunca sucedió. Y es el día de hoy que no sucede tampoco.
Pero a él no pareció importarle el "qué dirán", y rechazó rotundamente la propuesta de Kingsley, para regresar a Hogwarts y completar su séptimo año. Rindió todos los exámenes pertinentes, a pesar de que la gran mayoría de los profesores y examinadores insistieron en que no era necesario, en que ya había demostrado sus conocimientos. Nuevamente, Potter hizo oídos sordos a todas las propuestas y protestas, y rindió todos los EXATISIS necesarios para poder entrar finalmente a la Escuela de Aurores.
Recuerdo las charlas que solía tener con Andrómeda, donde le iba comentando todo este proceso hacia una nueva vida. Y recuerdo perfectamente el día en que finalmente se recibió de la Escuela, y entró al Cuartel de Aurores.
Aquella mañana el timbre sonó tres veces, anunciando la llegada de Harry. Era temprano en la mañana de un lunes, por lo cual, yo miré sorprendido a mi abuela antes de soltar el pote de cereales y correr desde la cocina hasta la puerta.
—¡Harry! —grité mientras que corría, y como siempre, abrí la puerta y me lancé sobre él, mientras que mi cabello abandonaba su tradicional azul para volverse idéntico al de mi padrino.
—¡Ey, Enano! —me recibió en sus brazos Harry, mientras me alzaba en el aire, y como siempre, me cargaba sobre su hombro. En eso, Andrómeda apreció desde la cocina, luciendo su sonrisa de bienvenida para Harry—. ¡Señora Tonks, estoy vendiendo una bolsa de patatas! ¿Por casualidad la quiere? Se la puedo dejar a muy buen precio —la saludó Harry, guiñando un ojo. Yo reí sobre su hombro.
—¡No soy una bolsa de papas! —le quejé, señalando algo que era obvio, pero que con mis cuatro años y medio me costaba comprender.
—¿Ah, no? ¡Oh, claro! ¡Pero si eres Teddy Lupin! —dijo Harry, mientras que me colocaba de nuevo en el suelo, y se golpeaba la frente con la palma de la mano, fingiendo sorpresa. Volví a reírme. Harry siempre me hacía reír de niño.
—¿Qué haces aquí, Harry? Hoy no es viernes, es lunes. ¿Te confundiste de día? —pregunté yo, sin poder esconder mi emoción por la repentina e inesperada visita. Una amplia sonrisa se dibujó en los labios de mi padrino y sus ojos verdes abandonaron mi rostro para posarse en el de Andrómeda.
—Sí, sé que hoy es lunes, Teddy. Pero pensé en visitarlos de todas maneras —respondió Harry.
—¿Pasó algo? —preguntó repentinamente Andrómeda preocupada. A veces pienso que mi abuela tiene algún sexto sentido que le permite percibir más que el resto de la gente. Harry acentuó aún más su sonrisa.
—Terminé la Escuela —dijo finalmente Potter, sin poder contenerse, radiante de felicidad—. Soy un Auror, Drómeda.
Mi abuela es una mujer poco expresiva. Fue criada en una familia fría y orgullosa, donde los sentimientos y las muestras irrefrenables de cariño eran una prueba de debilidad. Pero a pesar de ello, aquel día, Andrómeda Tonks se permitió ser expresiva, y sonriendo ampliamente, abrazó a Harry.
—Eso es una muy buena noticia, Harry —dijo luego, separándose de Harry. Y giró a mirarme a mí—. ¿Has oído eso, Teddy? Harry se ha convertido en Auror —me explicó mi abuela.
—¿En serio? —repetí, perplejo, mientras mis ojos analizaban con fascinación al hombre parado junto a mí. A simple vista, seguía siendo el mismo Harry de siempre. Pero algo había cambiado. Aquel día, Harry Potter se convirtió en un superhéroe para mí. — ¡Que buena onda, Harry! ¡Ahora podrás perseguir y luchar contra los malos y salvar el mundo! —exclamé hecho un nudo de emociones encontradas.
Andrómeda soltó una risa suave que yo no supe entender aquel día. Pero supongo que ustedes no tendrán problemas en descifrar que se trataba del más puro sarcasmo Black. Harry le lanzó una rápida mirada y luego, también rió.
—Sí, ahora podré perseguir a los malos, Ted —me confirmó mi padrino.
Pero su trabajo de auror persiguiendo a los malos jamás lo apartó de mí. Todos los viernes, religiosamente, el timbre sonaba tres veces, y yo sabía que me esperaba una tarde con el mejor padrino del universo. Los viernes por la tarde estaban cargados de sorpresas y diversión. Nunca íbamos dos veces al mismo lugar, a menos que yo lo pidiera. Y recuerdo cada uno de los lugares que visitamos, algunos con más detalle que otros.
El Zoológico era uno de mis lugares mis favoritos. Y Harry me confesó en una ocasión que también era de los suyos.
—¡Vamos a ver los leones, Harry! —le pedía yo cada vez que íbamos al zoológico. Sí, mi parte favorita era la jaula de lo leones. Allí los veía yo, descansando majestuosamente sobre las rocas. Sus melenas espesas y pardas rodeando sus grandes hocicos. El Rey de la Selva.
Para mí, la jaula de los leones guardaba cientos de mensajes escondidos que yo nunca revelé a Harry, pero que estoy seguro que él supo adivinar. Para mí, la jaula de los leones simbolizaba a Hogwarts. A un universo al cual yo todavía no tenía acceso, pero que algún tendría. Simbolizaba la Casa del León, Gryffindor. El hogar de los valientes y puros de corazón. El lugar a donde había pertenecido Harry. El lugar a donde había pertenecido mi padre.
Hogwarts era mi mayor anhelo, lo que esperaba con más ansias. Desde la primera vez que escuché de aquel castillo me sentí invadido por el deseo de ir allí algún día, de conocerlo. Harry me contaba cientos de anécdotas de aquel lugar. Algunas eran suyas y de sus amigos. Otras, pertenecían a los Merodeadores. A mi padre y sus amigos. Al padre de Harry y sus amigos.
A mi me encantaba, y todavía me encanta, escuchar esas historias, y creo que a Harry siempre le gustó contarlas. En cierta forma, Harry y yo somos muy parecidos. Los dos hemos perdido a nuestros padres en manos de Voldemort. Y los dos hemos crecido conociéndolos a partir de retazos de memorias recogidas de distintas personas que en algún momento de sus vidas se cruzaron con ellos. Es todo lo que tenemos de ellos. Recuerdos. Historias. Talvez por eso nos gusta repetirlas una y otra vez. Talvez, de esa manera, sentimos que todavía están aquí, con nosotros. Y de esa manera, no caen en el eterno olvido.
El hecho es que, con cada historia que me contaban, más aumentaban mis deseos de cumplir once años y recibir la bendita carta de Hogwarts. Y a veces me pasaba horas enteras imaginándome en el castillo, debatiéndome entre la posibilidad de que el Sombrero me sortee a otra casa que no fuera Gryffindor. Porque yo quería ser de Gryffindor. Yo quería ser un León. Como aquellos majestuosos ejemplares delante de mí, en la jaula. Como mi padre alguna vez lo había sido.
—¡Dale, Harry! ¡Dime qué es lo que más te gusta del zoológico! —le rogué yo en una ocasión. Siempre que íbamos al zoológico yo hacía el mismo pedido. Y Harry siempre reía, y me mentía diciéndome que él no tenía un lugar favorito. Yo sabía que estaba mintiendo. Harry siempre fue un mal mentiroso. Es su mirada lo que lo delata.
Pero en aquella ocasión, Harry no mintió. En cambio, giró su cabeza para lanzarme una mirada cómplice, y se inclinó como si me fuera a decir un secreto al oído.
—¿Prometes no contárselo a nadie? —me susurró cómplicemente, sonriéndome.
Yo asentí efusivamente con la cabeza, sin poder creer que, finalmente, conocería ese secreto de Harry Potter. Es increíble con lo poco con que nos conformamos de niños.
—Pues bien… mi parte favorita es… el Serpentario —me confesó Harry. Y yo me quedé de piedra en mi lugar, sin poder creer su respuesta.
—¿El Serpentario? —repetí, incrédulo, y sí, algo decepcionado.
Mientras que yo admiraba la jaula de los leones, emblema de Gryffindor, mi padrino tenía como lugar favorito el nido de las serpientes, emblema de Slytherin. He de aclarar algunas cosas con respecto a éste punto. No es que yo tenga algo contra Slytherin. Todo lo contrario. Mi abuela Andrómeda estudió en dicha casa. Y tanto ella como Harry me han enseñado desde pequeño a que no debo tener prejuicios a la hora de hablar de las Casas. Mi sorpresa no derivaba del simple hecho de que yo despreciara a las serpientes y a la casa que simbolizaban. No, claro que no. Simplemente me sorprendía que, después de todas las historias escuchadas, fuera Harry el que no las despreciaba.
Pero Harry simplemente asintió con la cabeza al ver mi sorpresa, y sonrió. Y como siempre, pasó a explicarme el motivo de aquél inusual favoritismo.
—Ven, voy a mostrarte algo —me dijo a continuación, y posando una mano gentil sobre mi hombro, me guió hacia el serpentario.
Era un lugar oscuro y frío que imitaba a la perfección un verdadero nido de reptiles. Al entrar a Hogwarts yo mismo comprobaría que la Sala Común de Slytherin no difería mucho de aquel lugar. Oscuro, frío, pero con su encanto. He de reconocerlo: a su manera, el Serpentario era un lugar fascinante.
Harry caminó tranquilo entre las vitrinas que mostraban serpientes de todos los colores y tamaños, enroscadas en troncos, o bien sobre sí mismas. Mi mirada viajaba de una jaula de vidrio a otra, tratando de captarlo todo. Como si de esa manera pudiera llegar a comprender porqué Harry tenía ese lugar por favorito. Pero mi padrino caminaba casi sin mirar a ninguno de aquellos reptiles, buscando algo puntual que escapaba a mi conocimiento. Finalmente, se detuvo frente a uno de los cristales, y me llamó con la mano para que me acercara.
—Esta jaula que hay aquí es la razón por la cual éste es mi lugar favorito del zoológico —me dijo él, apenas llegué a su lado. Detrás del vidrio, una grande y verde serpiente descansaba impasible en un rincón, enroscada y con la cabeza escondida de tal manera que era imposible saber cuál era el principio y el final de la misma. Había un cartel junto al vidrio de la jaula, pero yo era todavía muy pequeño como para poder leer.—Es una Boa constrictora —me informó mi padrino, al notar mi esfuerzo por comprender las letras del cartelito.
—¿Y por qué te gusta tanto esta Boa? —le pregunté, sin poder contenerme. ¿Por qué prefería esa Boa acurrucada en un rincón en vez del feroz León que habíamos visto minutos atrás?
—No es la Boa en sí, Teddy —me corrigió pacientemente—. Verás, cuando yo era un niño apenas más grande que tú, vine a éste mismo zoológico con mis tíos y mi primo. Mi primo y yo no solíamos llevarnos bien por aquella época. Y ese día estaba molesto conmigo porque él no quería que me trajeran al zoológico.
—¿Por qué no quería?
—Pues… porque era su cumpleaños y no tenía ganas de compartir la atención, supongo —le respondió Harry, encogiéndose de hombros—. Era la primera vez que venía al zoológico, y recuerdo que estaba parado en el lugar exacto en el que te encuentras tú ahora cuando la Boa levantó su cabeza y me habló —aquellas palabras de mi padrino hicieron que mis ojos se abrieran grandes como platos.
—¿Te habló una serpiente? —repetí, en un murmullo para asegurarme que nadie nos escuchaba. Harry asintió nuevamente con la cabeza.
—Sí, me habló —repitió Potter, ahora fijando su mirada verde nuevamente en la jaula vidriada frente a él—. Y aquella fue la primera vez que estuve convencido de que había algo diferente en mí. Que yo era diferente —confesó entonces, con cierta expresión nostálgica.
Yo nací y crecí entre magos. Fue por eso que aquel día no pude percibir lo que las palabras de mi padrino significaban. Para él, aquella charla con la serpiente fue el comienzo de una nueva vida. Fue la entrada a un mundo que él desconocía, y que le resultó fascinante y aterrador al mismo tiempo. Para él, la charla con la serpiente fue, si no la primera señal, sí la señal más clara de que era un mago.
—¿Y qué pasó con esa Boa, Harry? —pregunté yo, con mi curiosidad de niño pequeño. Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Potter.
—No sé… supongo que debe de estar por algún lugar de Brasil para ésta época —respondió mientras que aguantaba la risa. Aquel día Harry ni siquiera se preocupó por aclararme el pequeño detalle que para llegar a Brasil la gigantesca Boa primero había pasado por encima de Dudley Dursley.
La idea de este capítulo es retratar un poco la relación de Teddy y Harry. Al principio los capítulos van a ser de este estilo... es decir, van a tratar de introducir en la historia a varios personajes, algunos ya conocidos de los libros de JKR, y otros completamente nuevos. Creo que con el tiempo, cuando algunas cosas queden asentadas, voy a escribir sobre algunos sucesos más puntuales de la vida de Ted.
Espero que este capítulo les gusto. Siempre me imaginé que Harry se iba a ocupar y preocupar mucho por Teddy. Supongo que Potter debe de haber tratado de ahorrarle todos los problemas y dolores de ser huérfano. Creo que Harry debe de haber hecho todo lo posible porque Ted fuera feliz.
Pero, como siempre, acepto críticas si es que los lectores piensan diferente.
Como es mi costumbre para los que ya me conocen de otras historias, respondo ahora los reviews:
Rianne Black: muchas gracias por el review!! Fuiste la primera jajaja. Espero que te guste este capítulo, y trataré de actualizar lo antes posible.
Helen Nicked Lupin: bueno, me hiciste sonrojar con tu review! Jajaja, me alegro mucho de que te haya gustado la forma de narrar que tengo. Yo en lo personal le tengo mucho cariño a Teddy... también lloré con la muerte de Remus y Tonks. Y con respecto a Andrómeda... pues, siempre me han gustado los personajes de la familia Black. La verdad es que me gusta la familia en sí. Tiene mucho material sobre el cual escribir. Me la imagino como una familia confilctiva, llena de orgullos y prejuicios... con relaciones complicadas entre sus miembros. Andromeda y Sirius fueron dos ovejas blancas en un mundo pintado de negro... y pienso que debe de haber sido difícil para ellos, y que a pesar de que pertenecen al bando de "los buenos", estan marcados por la familia Black. Además, JKR no nos dice mucho sobre esta familia... lo cual deja mucho lugar para la imaginación nuestra! En fin, espero que te guste este segundo capítulo.
Rose Weasley de Malfoy: que lindo verte también por este fic!! Además, esta historia guarda mucha relación con la Sala Albus Potter... de hecho, lo que hice fue tomar al Ted Lupin de dichas historias y hacerle su propio Fic. Respondiendo a tu review... me he dado cuenta de que eres muy analítica y prestas muchas atención al leer. Siempre notas los pequeños detalles que a otras personas parecen pasarles inadvertidos. Yo también pienso que Narcisa no se arrepiente verdaderamente de lo que hizo. Creo que las Black son demasiado orgullosas como para aceptar que talvez se equivocaron. Pero pienso que después de tanto tiempo, y tantas cosas que pasaron en ese tiempo, Narcisa empezó a sentirse sola... y deseó enmendar las cosas con la única hermana que le quedaba, y a quien en algún momento había adorado. Jajaja sí, Ted tiene un punto de vista interesante. La historia es narrada por un Teddy Lupin que ya ha cumplido sus veinte años, y se encuentra en un momento decisivo de su vida, lo cual lo hace mirar hacia atrás y revisar un poco el camino recorrido hasta el momento.
Yukime Hiwatari: oh!! Pues, me siento halagada de que me consideres tu autora favorita de HP! Jajaja. Jaja, sí, Scor y Teddy son parientes... aunque no guardan ninguna relación. En algún momento planeo hacer un capítulo contando un poco la relación de Ted con Draco Malfoy (Draco era primo de Tonks), y con Scorpius. Jajaja, sí, Ted se hace querer con una increíble facilidad =) Gracias por seguir también esta historia!!
Nat Potter W: hola, y bienvenida también a esta historia! Sí, Ted suele ser un personaje al que todos le tiene un cariño dificil de explicar o justificar. Creo que es porque a todos nos dolió la muerte de Remus y Tonks... pero bueno. Me alegra que hayas entrado y leído!! La verdad es que este fic surgió de manera un poco abrupta... actualmente estoy en plena escritura de Albus Potter y El Templo de Hades, y en lo personal me gusta hacer un fic a la vez (más cuando son long-fics). Pero bueno... no pude resistirme, hace tiempo que vengo con ganas de escribir algo de Ted... y esto me pareció divertido. Espero que te guste como quedó el capítulo 2!
G-Annie: a ti también te doy la bienvenida a esta historia!! Que bueno que esto también te haya parecido una buena historia... yo tenía mis ciertas dudas al respecto, porque como se trata de un fic escrito en primera persona, e incluye mucho de los pensamientos y sentimientos del protagonista (Ted), hay pocos dialogos... pues, nose, talvez puede volverse un poco aburrido para el que lee... no estaba segura de si iba a gustar. Por cierto, me gustó la palabra que usaste para describir la historia!! Jajaja ;)
Saludos a todo el resto que también lee la historia!
G.
