Todos los derechos reservados a Rick Riordan.

HOLA, perdón por la falta de capítulos pero les tengo una noticia: ME VOY A MUDAR A LA CIUDAD. Estoy super emocionadísimo por esto, a pesar de estar en cuarentena aún, porque yo siempre viví en pueblos donde nunca había muchas cosas y esto en verdad me ilusiona. Para los que no lo saben yo soy de Argentina (por eso varios de mis lectores hispanos pueden llegar a encontrar errores en la conjugación de verbos).

Volviendo a la historia: como ya saben Hécate ganó prácticamente por unanimidad, pero no descarto otras opciones para esposa (No Hestia, ni Artemisa y menos Atenea) o aventuras. Voy a comenzar a agregar curiosidades al final de los capítulos sobre mitología.

Base del monte Pelión

–Bueno, aquí estamos. Fénix, ¿Qué sigue?– preguntó Perseo a su compañero.

Fénix observó el imponente monte con todos esos árboles frente a él–Tenemos que buscar al único con una conexión real con Lord Perseo, el entrenador de Héroes, Quirón.

–He oído hablar de él, mi madre quería que viniera a entrenar pero me negué– dijo el hijo de Zeus.

–Yo tuve muchos entrenadores– dijo Fénix– pero me hubiera gustado venir. Ven, vamos.

Caminaron unos 15 minutos por un sendero rocoso, para ser 2 hijos de los grandes no se encontraron con muchos monstruos. Solo unos pocos perros del infierno, nada que no pudieron controlar. Fénix es el más armado, lleva una vieja espada de bronce celestial, que es su favorita, flechas y un arco. Perseo solo cuenta con un escudo y una espada de aleación de bronce celestial y bronce normal, junto con un escudo.

Luego de unos minutos llegaron a dos columnas de cemento, cuando las cruzaron vieron un pequeño campamento con 3 cabañas, un campo de entrenamiento y muro de escalada en una roca gigante. Y estaba todo sorprendentemente vacío.

–¿Dónde está todo el mundo? – dijo Fénix.

–Es temprano aún, observa el sol, no es ni media mañana aún– dijo Perseo.

Estuvieron investigando el campamento por una hora aproximadamente hasta que el hijo de Zeus llamó a su primo.

–Fénix, encontré algo.

El hijo de Perseo llegó junto a su primo para observar lo que señalaba. Detrás de la roca del muro de escalada había un gran arco que daba inicio a un camino de tierra en medio de un bosque.

–Yo no iría por ahí– dijo una voz detrás de ellos. Perseo reaccionó más rápido poniéndose rápidamente frente a Fénix con su escudo, mientras el hijo de la tierra se posiciona detrás del rubio y apunta con su arco hacia la voz.

La voz no resultó ser una persona, sino un caballo, o lo que parecía serlo. Tenía el cuerpo de caballo, pero donde debería ir la cabeza había un torso de una persona, con brazos y cabeza.

–¿Qué eres?– dijo Perseo de forma cautelosa.

–Mi nombre es Quirón, entrenador de héroes, ¿Cómo te llamas, hijo de Zeus?– luego se volvió hacia Fénix– Nunca pensé ver un hijo varón de Perseo.

Fénix bajo las armas y le hizo una seña a Perseo para que hiciera lo mismo– Yo soy Fénix, y él es mi amigo Perseo. Ahora contéstenos, ¿por qué no deberíamos ir por allí?

Quirón sonrío con amargura– Por allí vas al palacio de nuestro padre, joven Fénix.

Fénix abrió los ojos en sorpresa, al igual que Perseo– ¿Perseo es tu padre?– preguntó el hijo de Zeus.

–Algo así, el me creo a partir de barro y arcilla. Es mi creador, por lo tanto, es mi padre– dijo Quirón con una sonrisa.

–Muy bien. Fue un placer conocerte Quirón pero nos tenemos que ir, estamos en una misión– dijo el moreno.

–Sí, lo sé. Tengan cuidado, envíenle mis saludos a ella. – dijo mientras se volteaba para irse– Hijo de Perseo, cuidado con la sabia, no siente cariño hacia los hijos semidioses de tu padre. – Fénix solamente asintió.

–Vamos Fénix, hay que ir– dijo el rubio.

Se adentraron en el camino por unos 5 minutos hasta que apareció el primer rival.

–AL SUELO– gritó Fénix cuando una roca pasó volando a unos centímetros de la cabeza. Gatearon hasta quedar detrás de una piedra gigante a un costado del camino.

Cuando Perseo calmo un poco la respiración– ¿Qué mierda fue eso?

–¿por qué no lo ves por ti mismo? – dijo Fénix.

Perseo asomó la cabeza sobre la piedra y lo que vio lo dejó helado. Gigantes de aspecto humanoide con seis brazos. Parecen estatuas de arcilla y miden de siete u ocho metros de alto. Lo único que visten es un taparrabos. Cuando el gigante lo vio, mágicamente materializo una roca en cada una de sus manos y se la lanzó a Perseo.

–¿Qué son esas cosas?– dijo Perseo.

–Hijos de Gaia, nacidos de la tierra. Sé como matarlos, solo necesitamos distraerlo, ¿te encargas?

El hijo de Zeus solo asintió y salió corriendo en dirección al bosque, saliendo del camino. El gigante cuando lo vio rugió en ira y comenzó a lanzarle rocas apenas rozándolo.

Fénix aprovechó el momento distraído del monstruo y salió de la roca con el arco y una flecha lista para disparar. La flecha cortó el aire dirigiéndose hacia la ingle del monstruo, pero una de su seis manos se interpuso en el camino.

El gigante rugió de dolor cuando se arrancó la flecha de la mano y cargó contra Fénix. El cielo se nubló rápidamente y un rayo cayó sobre el monstruo tirándolo al piso, Fénix aprovechó este momento y desvainó su espada y cargó contra el gigante.

La espada se enterró en la ingle del monstruo pero no explotó en polvo, se convirtió en arcilla que se fundió con la tierra.

Fénix rápidamente fue a buscar a su compañero y lo encontró sostenido de un árbol, transpirando. –Perseo, ¿de dónde vino ese rayo?

–Creo que yo lo hice– dijo Perseo entre jadeos– sentí un tirón en la parte baja del estómago y casi me desmayo justo en el momento en el que el rayo llegó.

–¿Cómo es posible?

–No lo sé. Ni yo sabía que podía hacer eso.

De pronto se oyeron pisadas detrás de ellos y pronto se reincorporaron con sus espadas desvainadas. El sonido detrás de ellos era una figura toda cubierta de negro, que no dejaba ver su rostro porque está cubierto con una capucha.

–COMO SE TE OCURRE TRAER UN HIJO DE ZEUS AL DOMINIO DE LORD PERSEO– gritó la figura, claramente femenina.

–¿Quién eres?– preguntó Fénix.

La figura se bajó la capucha revelando a una hermosa joven unos 13 años piel algo pálida, cabello pelirrojo con unos resaltantes ojos grises.

–Eres igual a mi hermana Andrómeda– dijo el hijo de Perseo bajando las armas.

–Eso es porque ambas somos hijas de Perseo, mi nombre es Halia– dijo la muchacha con semblante serio.

El rubio envainó su espada nuevamente y se puso su escudo en la espalda– He oído hablar de ti, fuiste la primera hija semidiós de Perseo, ¿verdad?

–Así es, morí siendo muy joven pero mi padre apiadándose de mí me transformó en la guardiana de las puertas a su palacio– dijo con dureza– Síganme, hermano e hijo de Zeus, los guiaré a las puertas.

Pronto, los 3 semidioses siguieron por el sendero sin encontrarse a ningún monstruo más –¿Podremos pasar por las puertas? – preguntó Perseo.

–Sí, hijo de Zeus, pero sacrificando algo. Pero aún así no les puedo garantizar que sobrevivirán.

–Sabes, tengo nombre y es…– comenzó a decir pero Halia se volteó rápidamente.

–Sé quién eres Perseo, hijo de Zeus, pero hasta que hagas algo digno de portar ese nombre te seguiré diciendo como yo quiera– dijo Halia antes de voltearse para seguir el camino.

Perseo se acercó al oído de Fénix y el dijo– Si tu hermana Andrómeda es como ella, te juro que la voy a desposar.

Fénix lo golpeó en el hombro con una sonrisa– buena suerte con eso, primo.

Pronto llegaron a unas puertas de bronce enormes– Muy bien, aquí están las puertas, pero para pasar, tienen que hacer un sacrificio a Lord Perseo.

Perseo palideció– ¿Qué tipo de sacrificio?

Halia solo sonrió– Oh cálmate hijo de Zeus, solo algo material que sea importante como tu escudo, por ejemplo–hizo una pausa– solo tienen que dejar lo que quieran ofrendar y las puertas se abrirán.

Fénix dio un paso atrás– Yo, Fénix hijo de Perseo, le ofrende a Lord Perseo mi espada, que me acompañó toda mi vida– dijo dejando su espada en el suelo que inmediatamente fue tragada. El pelinegro dio unos pasos atrás.

Esta vez fue el turno de Perseo– Yo Perseo hijo de Zeus, le ofrendo a Lord Perseo mi escudo, la única posesión que mi abuelo dejó a mi madre– la tierra se lo tragó y un fuerte crujido resonó en las puertas. Los tres chicos dieron un paso hacia atrás.

Las puertas resonaron y se abrieron a toda velocidad, detrás de donde estaban las puertas de bronce había un gran jardín con todo tipo de plantas. Desde limoneros, manzanos y hasta flores como rosas y jazmines, el cielo estaba iluminado a diferencia del bosque que los arboles no dejan ver el cielo, y eso que solo los divide unas puertas.

–Se han aceptado sus sacrificios, héroes. Sigan su camino, y midan sus palabras. Lord Perseo puede ser una gran ayuda, pero si lo ofenden va a ser lo última que hagan– dijo Halia antes de retirarse al bosque, dejando solo a los dos héroes.

Perseo fue el primero en caminar hacia el jardín seguido de Fénix. Una vez que cruzaron las puertas, estas se cerraron fuertemente.

–Bueno, ya estamos aquí– dijo el hijo de Zeus– ahora ¿A dónde?

–Supongo que al palacio que está por allá– dijo señalando hacia la derecha, donde un palacio enorme se cernía sobre todo el jardín. Un gran camino de piedra lleva a dicho palacio.

Ambos avanzaron en el camino hasta unas puertas enormes de madera interrumpían el paso: la entrada al palacio.

Entre los dos, empujaron las puertas hasta que cedieron y ambos se encontraron en una sala donde un trono gigante de tierra está situado justo en el medio de la habitación. A su lado hay un trono de oro un poco más pequeño en tamaño pero igual de imponente.

La sala era de completamente de mármol blanco, con el techo sostenido por grandes columnas, el la sala hay muchas esculturas y pinturas referidas a Perseo y a su hija Atenea.

–Bien, ¿donde está todo el mundo?– dijo Perseo con cautela.

La sala se llenó de un brillo tan fuerte que obligó a los héroes a cerrar los ojos para no quedarse ciegos. Cuando el brilló bajó de intensidad y ambos pudieron abrir los ojos se sorprendieron porque justo de donde provenía el brillo había una mujer.

Dicha mujer está vestida con una armadura lista para la guerra, con una lanza en la mano derecha y un escudo la izquierda. Tiene los ojos grises y el cabello negro.

La mujer rápidamente clavó sus ojos en nosotros– ¿Cómo osan entrar al dominio de mi padre, mortales?

La comprensión llegó rápidamente a ambos muchachos e hicieron una profunda reverencia en arco. –Lady Atenea, yo…– pronto fue interrumpido por la diosa.

–No hables engendro de mi padre. Hijo de Zeus– dijo volviéndose a Perseo, mientras Fénix bajo la cabeza avergonzado– ¿qué hacen aquí?

Cuando Perseo estaba por hablar un temblor azotó la sala del trono y polvo espeso apareció por todas partes, cegando a los héroes.

Cuando el polvo se disolvió del aire, hay una silueta más que hace 30 segundos. Un hombre de que mide aproximadamente 1.90 mts, cabello negro y ojos grises como tormentas, parece de al menos 17

–Lady Atenea, ¿así es como tratas a tus hermanos?– dijo el nuevo hombre.

Unos segundos después ambos mortales estaban haciendo una reverencia aún más profunda que la anterior. El dios de la tierra se acercó a ellos.

–Has crecido mucho Fénix– dijo Perseo apoyándole una mano en el hombro de su hijo.

–Padre– dijo Fénix enjuagándose los ojos– un honor conocerte al fin.

–Siempre he estado para ti, tu arco y tu espada se los entregué a Casiopea hace tiempo ya, igual que las dagas de Andrómeda.

–Lamento interrumpir este "momento" –dijo alzando los dedos en señal de sarcasmo– familiar, pero aún no nos han explicado que hacen aquí.

El dios de la tierra la observó con los ojos entrecerrados– tienes razón, hija. – Se volteó hacia los semidioses– Ahora, ¿por qué un hijo de Zeus se adentraría en mi lugar?

Perseo bajó la cabeza tragando saliva– Mi señor Perseo, vinimos a hablar con usted y la sabia Atenea por una búsqueda que me fue designada por el oráculo de Sérifos.

–¿Y eso por qué tiene que ver conmigo?– preguntó Atenea, sentándose en el trono de oro más pequeño, seguida por Perseo que se sentó en el trono de tierra. Cuando este último tocó su asiento, enredaderas crecieron alrededor de este dándole un toque más familiar.

–Tengo que conseguir la cabeza de Medusa.

Atenea lo miró sorprendida pero luego se frotó las manos con ansias– Muy bien, ahora si me gusta más. ¿Qué dice la profecía del oráculo?

Perseo les dijo les dijo la profecía

Dos partirán hacia el continente

Ambos sabios ayudarán

Al viajero has de seguir para tu objetivo alcanzar

El amor hallarás pero madres errores cometerán

Que la furia del mar, desatará.

Luego de unos momentos en silencio el dios de la tierra habló– Vaya, va a ser una búsqueda interesante– dijo colocando el codo sobre el posa brazos y su mano en su barbilla.

–Es claro que los dos sabios somos nosotros– dijo Atenea con obviedad.

–Bueno, deben seguir el camino hacia el norte hasta las tierras sagradas. En sus profundidades hallarán lo que buscan. – dijo el dios

–No quiero incomodarlo señor, pero ¿podría ser más claro? – dijo el hijo de Zeus con dudas.

–Estoy seguro que mi hijo lo entendió, ¿verdad?– Fénix asintió.– da un paso adelante, Fénix hijo de Casiopea.

El muchacho hizo lo que le dijeron y se acercó a su padre– Fénix, te tengo un regalo.

El dios extendió la mano derecha y allí se materializó una espada de bronce celestial de unos 3 pies de largo. Es una hoja de doble filo donde se puede ver el grabado σεισμός (seismos) "Terremoto" pensó Fénix.

–Esta espada fue forjada por el mismo Hefestos, el señor de las fraguas, y hoy pasa a tu mano para que pongas tu nombre y el de tu padre en alto–dijo Lord Perseo con seriedad.

–Y así lo haré padre– dijo con una profunda reverencia.

–Perseo, hijo de Zeus– dijo Atenea– yo te doy esta guadaña con la que podrás degollar al monstruo. Este escudo te será útil, pero esa utilidad deberás descubrirla tú.

Perseo se inclinó ante Atenea– Así será mi señora.

–Ahora vayan héroes, que el destino los acompa…– El dios de la tierra comenzó a hablar pero fue interrumpido por Fénix.

–Lamento interrumpir padre, pero ¿Quién es el viajero?

–Eso deberás descubrirlo por ti mismo. Te doy otro consejo, no interrumpas a un dios. Por más que sea tu padre la próxima vez lamentarás haberlo hecho. ¿Entendido?– pregunto el dios.

Fénix asintió tembloroso– Lo siento padre.

–Antes que se vayan debes entregarle esto a una amiga, se llama Zoe– dijo entregándole un arco– la encontrarás en algún momento en tu camino. Ahora, FUERA– dijo gritando la última palabra.

El dios movió la mano izquierda y ambos desaparecieron de su palacio. Perseo se giró para mirar a su hija sentada a su lado.

–¿Qué tal estuve eh?– le preguntó a la pelinegra a su lado.

–Meh, un poco suave tal vez– dijo la diosa poniéndose de pie.

Perseo la observó cuidadosamente antes de hacer el próximo comentario– ¿Por qué el cambio de look?– dijo apuntando a su cabello.

–Estaba aburrida y me cansé del rubio, ¿te gusta?– preguntó la diosa esperanzada.

Perseo se puso de pie y se acercó a ella– Claro que sí. Si a ti todo te queda bien. Al fin y al cabo, eres mi hija.

Atenea se burló –Siempre tan modesto. Ven padre, caminemos– dijo señalando el jardín.

Perseo asintió y pronto siguió a su hija hacia las puertas. El siempre soleado territorio del dios de la tierra resplandecía.

Se sentaron en un banco bajo uno de los olivos plantados por Atenea, que estaba muy silenciosa– Escuché que Hades liberó a Kore– dijo Perseo, buscando un tema de conversación.

–Perséfone– dijo Atenea, corrigiendo a su padre– Ser la reina del inframundo la cambió de algún modo, ahora se hace llamar Perséfone.

Perseo permaneció en silencio, sintiéndose mal por la pobre Deméter. Si alguien hubiera tocado a Atenea, hubiera hundido toda la humanidad si no se la devuelven.

–Si quiera sabía que eso era un nombre. Ahora dime, ¿qué sucede hija?

–A m no me sucede nada. ¿Por qué crees que tengo que decirte algo?– preguntó la hija a la defensiva.

–Te conozco, eres mi hija. Ahora dime ¿qué sucede?– preguntó Perseo con preocupación, apoyando su mano sobre el hombro de la muchacha. Ella rápidamente se puso de pie.

–No importa. Pronto te enterarás– y dicho eso desapareció en un brillo potente, dejando a un viejo dios pensativo.

En otra parte

Dos jóvenes surgieron de la tierra al lado de un muro de escalada, agitados por el viaje– Maldición, sobrevivimos a dos dioses– dijo con emoción Perseo a su amigo.

–Fue un poco aterrador pero fue emocionante conocer por fin a algún otro hermano o hermana– dijo Fénix con una pequeña sonrisa.

Perseo sonrío al recordar a la hermana de su compañero, Halia– Ni lo digas, es sexi.– dijo de manera pícara ganándose un golpe en el hombro.

–Vamos, debemos encontrar al viajero, creo que tengo una suposición de quien puede ser– dijo el ojigris.

Perseo esperó ansioso una respuesta que nunca llegó– ¿quién es?

–Vaya que eres inepto. Es Hermes, dios de los viajeros, ladrones, comerciantes y muchas más cosas.

Ambos caminaron hasta salir del campamento siguiendo el sendero que tomaron para llegar al campamento.

–Tengo mis sospechas de cómo ese rayo golpeó al nacido de la tierra– dijo Perseo mientras se acercan al final del sendero.

Fénix se detuvo– Tengo una suposición también, ¿qué crees que fue?

–Supongo que nuestra ascendencia. Según escuché los niños de Hefestos son agiles con herramientas, los de Atenea son sabios o grandes arquitectos, y he oído de un niño de Poseidón podía controlar pequeñas cantidades de agua– dijo Perseo mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho.

–O sea, que tú al ser hijo de Zeus si te concentras puedes controlar el aire y los rayos– dijo Fénix en una afirmación a sí mismo.

–Y tú al ser hijo del dios de la tierra tendrías un control sobre la tierra, ¡eso es genial!– Perseo contenía su entusiasmo.

Al llegar al final del sendero, se sumergieron entre la espesura del monte para hallar un lugar seguro donde practicar sus poderes recién descubiertos. Pronto, hallaron un claro cerca de la llanura que va a Yolcos, donde establecieron una pequeña tienda echa de mantas y palos, junto con una pequeña fogata.

Perseo pronto podía crear pequeñas rayos mientras que Fénix la tenía más difícil, los temblores que generaba eran paupérrimos, casi imperceptible. Ambos quedaron al borde del desmayó luego de unos minutos de práctica.

A la mañana siguiente, levantaron el campamento y partieron hacia las tierras sagradas, que según Fénix, es la base del Olimpo.

Siguieron sus caminos hacia el norte con mínimos problemas, por no decir ninguno. Algún que otro perro del infierno pero nada importante.

Aproximadamente una semana después de haber partido del monte Pelión, los primos ya estaban cerca del Monte Osa que es donde planeaban descansar antes de partir nuevamente hacia el Olimpo, pero en el Osa fue donde la cosa se complicó un poco.

Ya con el campamento asentado dentro del monte, Fénix y Perseo fueron a cazar su comida. El monte Osa era bien conocido por la sobrepoblación de venados y ciervos. Pronto con una flecha bien dirigida, cargaron una cierva hacia el campamento.

Ya listos para almorzar Perseo se acercó al fuego y sacrificó parte de su comida a Zeus y a Atenea, por haberlos guiado. Fénix se acercó al fuego y sacrificó para Perseo, y para su divina hermana Atenea.

Mientras cenaban oyeron una rama romperse en unos arbustos a unos pocos metros de ellos, ambos saltaron de sus lugares. Perseo se puso en posición tanque con su escudo y espada frente de Fénix, mientras este apunto su arco y su flecha detrás de Perseo.

–¿Qué habrá sido eso?– preguntó Perseo en un susurro, apenas audible.

–Espero que solo sea un conejo…– comenzó a decir Fénix pero justo fue interrumpido por un silbido en el aire, y pronto un dolor fuerte lo inundó en su cuerpo, cayéndose al suelo gritando de dolor.

Una flecha plateada se incrusto en el muslo de Fénix y otra en su hombro.

–Fénix– grito Perseo poniéndose sobre su amigo para cubrirlo con su escudo– SAL DE AHÍ Y DA LA CARA, QUIEN QUIERA QUE SEAS– gritó el hijo de Zeus a la nada. Fénix jadeaba de dolor y pronto quedó inconsciente por la sangre que perdió.– No hermano, por favor, despierta – dijo Perseo soltando su escudo y sentándose junto a Fénix, ya con los ojos llorosos.

Pronto, la vista del hijo semidiós de Zeus se nubló al recibir un fuerte golpe en la cabeza, cayendo inconsciente sobre su amigo.

–Muy buen tiro– dijo Phoebe a su compañera Zeria, una hija de Atenea– ahora veamos qué es lo que quieren estos machos aquí.

Phoebe fue la primera en acercarse de manera cautelosa hacia los dos hombres inconcientes– Muy bien, que tenemos aquí.

Pronto, sus ojos se abrieron de golpe y lanzó una maldición– Mierda Zeria, no son mortales. Hay que cargarlos al campamento, no podemos enojar a ningún dios.– dijo con desesperación a lo que Zeria respondió con un rápido asentimiento y comenzó a cargar a los dos semidioses hacia el campamento de las cazadoras.

Pronto, Phoebe y Zeria aparecieron en el campamento arrastrando a dos hombres como si fueran nuevas presas. Pronto se acercaron Nissa, una hija de Apolo, Una hija de Ares llamada Eucalisto, y una mortal llamada Penta.

–Wow Phoebe, ¿por qué traes a estos hombres aquí? Lady Artemisa nos asesinará– dijo Nissa acercándose a la hija de Perseo y la hija de Atenea.

–Les disparamos pensando que eran mortales, pero resultaron ser semidioses– dijo Phoebe– ayúdanos a curarlos Nissa, por favor.

Nissa se rehusó al principio pero pronto fueron llevados a una habitación de enfermería donde fueron curados con Néctar y Ambrosía, la comida de los dioses.

Afuera de la enfermería las cazadoras estaban nerviosas– ¿Quiénes son sus padres?– preguntó Eucalisto con odio– ¿por qué no los asesinamos y listo?

Zeria se adelantó antes de que Phoebe interviniera– Porque no podemos asesinar semidioses sin una razón justa, solo cazaron una cierva consagrada a nuestra señora. Y es claro que el rubio es hijo del rey de los dioses.

–¿y el otro?– preguntó Penta.

–Es parecido a un hijo de Poseidón, pero me resulta difícil de creer que un hijo de Zeus se preocupe por un hijo de Poseidón como lo hizo cuando le disparamos. Soltó su escudo y se arrodilló junto a él– dijo Zeria.

Pronto un alboroto surgió un alboroto dentro de la enfermería y las cazadoras entraron con sus arcos ya empuñados. Dentro el hijo de Zeus tenía a Nissa del cuello con un cuchillo en su garganta.

–Chicas, bajen sus arcos– dijo Phoebe mientras bajaba el suyo. Todas siguieron las órdenes de la primer cazadora– baja tu arma hijo de Zeus, no nos des razones para casarte a ti y a tu amigo.

El rubio presionó aún más el cuchillo sobre el cuello de Nissa, una línea de sangre se vio brotar–¿Quiénes son y qué quieren? No estábamos molestando a nadie.

–Les pedimos disculpas– dijo la hija de Atenea– nos precipitamos, y nos disculpamos. Pero por favor, baja el arma.

El hijo de Zeus observó a todas las cazadoras estudiándolas, pero se centró en Phoebe– Tu eres hija de Perseo, ¿verdad?– la pelirroja asintió, ante eso el rubio soltó a la hija de Apolo– maldición, FÉNIX, DESPIERTA– dijo volviéndose a su compañero sacudiéndolo.

Fénix abrió los ojos revelando sus pupilas grises tormentosas, observó la situación y rápidamente se puso de pie– Perseo ¿qué mierda está sucediendo?

Igual que su amigo observó a todos pero se detuvo primero en Zeria y luego en Phoebe– Tiene que ser una broma– dijo sentándose en la cama– fue suficiente para una sola misión.

–¿Misión?– preguntó con renovada emoción la hija de Ares– ¿qué misión?

–Vamos por la menor de las gorgonas, vamos a decapitar a Medusa– dijo Perseo con solemnidad.

Las chicas palidecieron, pronto Phoebe se centró en Fénix– Sé que eres un semidiós, ¿eres hijo de Atenea? Pero te pareces mucho a...

Fénix la interrumpió rápidamente– No, no soy hijo de Atenea. Soy hija de Perseo, igual que tú.

Phoebe guardó silencio unos segundos antes de responder– Pensé que siempre éramos niñas.

–Tranquila– dijo Fénix poniéndose de pie– no eres la primera que me lo dice.

–Les voy a pedir que se vayan antes que nuestra señora vuelva, su campamente está a unos cientos de metros al norte de aquí– dijo Penta, la mortal.

–¿Señora?– dijo Perseo con intriga.

–Somos las cazadoras de Artemisa muchacho, y ahora ya oíste a nuestra compañera ahora váyanse. – dijo Zeria.

Pronto, los muchachos recogieron sus cosas pero cuando estaban saliendo la cazadora pelirroja los alcanzó– Muchacho, ten estas ambrosías y néctar, solo como y beban esto cuando no tengan nada o estén heridos. Y no demasiado, porque se desintegraran.

Y con eso, se alejó de los dos chicos que se querían alejar de esas locas mujeres.

¿Sabían que el centauro original (Quirón) es hijo de Kronos pero los demás no? Son hijos de Ixión. Este asesinó a su suegro pero Zeus le perdono, y él todo desagradecido intenta seducir a Hera. La reina le cuenta esto a Zeus y este, para probar que su esposa dice la verdad, crea una réplica exacta de Hera pero hecha con nubes. Esta mujer de nubes se llama Néfele, Zeus la envía con Ixión y este yace con ella, engendrando a los centauros. Zeus luego lo castiga al tártaro donde está atado a una rueda que gira y gira y nunca para. Solo se detuvo una vez cuando Orfeo anduvo por allí.

Ixión es el padre de Pirítoo, aquel que intenta secuestrar a Perséfone del palacio de Hades.