Hola, ¡nuevo capítulo! Estoy inspirado. Puede que no a todos les va a gustar el giro que va a tornar el fic pero una noche lo soñé así de ese modo y m encantó.
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12 de Julio de 1993 Cambridge, Massachusetts.
—¡Maldita batalla de Gaugamela!— exclamó un recién licenciado en historia bélica.
El hombre se encontraba en su departamento, amueblado precariamente de no ser por las estanterías llenas de libros bélicos.
Un golpeteo en la puerta lo sacó del 331 a.c, rápidamente se levantó para abrir la puerta.
Salió de la habitación/biblioteca y se adentró en el estrecho pasillo hacia la puerta de la entrada.
Unos metros antes se detuvo frente a un espejo para ver si estaba presentable, y no lo estaba. Su cabello rubio estaba revuelto y desordenado, mientras que bajo sus ojos marrones hay enormes bolsas por la falta de sueño, que por cierto esto ultimo combina con la ropa de dormir.
Otro golpeteo más lo hizo apresurarse —Ya voy— rezongó el joven adulto.
Comenzó a abrir la puerta— No entiendo que puede necesitar a medianoche, Gaugamela no se va s estudiar sola…— se interrumpió cuando encontró una imagen que obviamente no esperaba.
Una niña de no más de 17 años aguardaba al otro lado de la puerta, llevaba una sudadera negra con capucha que no le cubría el cabello pelirrojo como si fuera fuego.
Unas leggins azules completaban el atuendo junto con un par de zapatillas converse negras.
Lo que más llamó la atención del hombre, además de los tormentosos ojos grises que tan familiar le eran, era que llevaba un bebé en brazos.
—¿Qué necesita señorita?— preguntó el joven adulto con educación.
La muchacha demoró unos segundos en responder, ya que lo estaba estudiando— Eres Frederick Chase, ¿verdad?
Frederick abrió los ojos en sorpresa, tratando de recordar a esta chica. Dinero no le debía, entonces ¿quién es?
—¿Nos conocemos?— consultó el hombre.
La muchacha dio un paso hacia la puerta, ingresando rápidamente a la casa para sorpresa de Frederick —No, soy hermana de Atenea.
El mortal cerró la puerta con desconcierto cuando la pelirroja terminó de pasar al departamento.
La chica con el bebé en brazos circularon hacia la única habitación donde la luz estaba encendida: dónde el hombre estaba haciendo su trabajo.
El hombre ingresó a la habitación luego que la muchacha con el ceño fruncido —Disculpa mi atrevimiento, pero ¿qué hace aquí?
La pelirroja que había estado ojeando los libros se volteó y le dedicó una sonrisa de apoyo —Te traigo un paquete de mi hermana— dijo alzando un poco más al bebé.
Frederick tragó saliva con dificultad, si bien conocía la verdadera naturaleza de Atenea, esa mujer que lo ayudó a ingresar a Harvard, la diosa soltera de la cual se enamoró, no esperaba un bebé.
—¿Disculpa? No me acuerdo haber ido tan lejos…
La niña soltó un fuerte suspiro que no sabía que contenía— ¿Conoces la verdad? — el asintió— Mi hermana bendice a hombres por su inteligencia con un hijo.
—Ella al ser una diosa soltera no puede tener hijos de la vía tradicional, por lo tanto improvisa. Eres afortunado Frederick Chase— dijo mientras acomodaba a la pequeña bebé sobre una cama, que por el desorden, parece ser la cama que usa para dormir.
Frederick estaba asustado, ¿como iba a mantener a un bebé?— Pero, no puedo. Estudio y trabajo doce horas por día para pagar el departamento, que como puedes ver no es un lujo.
La joven solo pudo acercarse y poner una mano sobre su hombro—Relájese señor Chase, Lady Atenea piensa en todo— dijo mientras sacaba una tarjeta bancaria de su bolsillo— en esta tarjeta recibirá una generosa suma mensualmente para sus gastos y los de la pequeña.
Antes de que el mortal pudiera seguir reprochando se volteó rápidamente hacia el escritorio donde había un desorden tremendo de hojas.
—La batalla de Gaugamela— leyó la hermana de Atenea— buena batalla, mucha sangre y una gran actuación de Alejandro.
Siguió leyendo un poco más, encontró datos sobre las guerras mundiales, la guerra de Troya y un sinfín de mitos griegos, pero se detuvo en uno en particular: el mito de Medusa.
—Si eres historiador bélico, ¿por qué necesitas información sobre mitos? —preguntó la pelirroja.
—Al conocer a Atenea quise ponerme más al tanto sobre su participación en la historia.
La joven siguió observando hasta que a Frederick se le ocurrió una idea— ¿Me podrías brindar información?
Ella se detuvo y se volteo a el con cara de curiosidad— ¿sobre qué? ¿Mitos o guerras?
—Mitos. En general siempre tienen más de una versión según el autor que lo cuente, pero hay uno que si bien el final siempre es el mismo, pero el transcurso me parece algo confuso.
—¿De qué mito?
—El mito de Medusa—dijo para desdicha de la joven que rápidamente se tensó.
Se dejó caer sobre la cama al lado de la niña que tan plácidamente descansaba. Apoyó los codos en sus rodillas y lo invitó a sentarse.
—¿Desde que parte te surge la duda?— preguntó la pelirroja.
—Desde la salida de Otris, donde los muchachos salieron con la manzana dorada.
Un largo suspiró brotó de los pulmones de ella antes de empezar su relato.
Cuando Perseo y Fénix se enteraron del sacrificio de Andrómeda apuraron el paso, caminando desde muy temprano hasta muy tarde.
Atenea, arrepentida por su comportamiento infantil buscó la forma de remediar las cosas con su padre.
Conmovida por el sacrificio de Andrómeda, envió al recién nacido Pegaso, que ella misma entrenó, para que pudiera llevarlos hacia Etiopía acortando muchos días de viaje.
El blanco caballo alado descendió del ancho Urano frente a ambos semidioses, que entusiasmados montando sobre el poderoso semental.
En menos de un día ya visualizaron el palacio real, que se cernía sobre el indomable océano, y allí se veía al terrible monstruo enviado por la diosa Keto (CETO).
En un descenso rápido Perseo saltó sobre la roca donde estaba encadenada Andrómeda y se posicionó frente a ella esperando la cabeza del monstruo.
No tardó en salir y Perseo sacó de su bolso la cabeza medusa, petrificando al monstruo.
—Y luego el final lo saben todos, Perseo y Andrómeda se casan y crean un gran asentamiento— dijo la muchacha.
Frederick estaba incrédulo—¿un gran asentamiento? ¡pero la fundación de la ciudad-estado de Micenas fue un cambio rotundo para la Hélade.
—Impusieron los dracmas, impusieron su cultura casi todo el mundo conocido— parecía más emocionado que cualquier otro día— Pero volviendo al tema, cuéntame mas sobre ellos.
Andrómeda y Perseo marcharon ese mismo día hacia el Peloponeso, donde lo esperaba Fénix, el otro Perseida.
Ellos eran unos niños cuando se casaron, Andrómeda tenía 14 y él 15, pero se amaron con locura y pronto esa locura se convirtió en descendencia: Alceo y Elektrión.
El amor perduró, pero no la relación. Cuando Andrómeda y Fénix tenían 17 años y Perseo 18, estos últimos iban a reclamar el otro de Mileto, que por derecho divino le correspondía a Fénix.
Durante el transcurso, fueron interceptados con soldados de Tirinto, el principal competidor de Micenas en la Argólida, donde fueron brutalmente asesinados.
Andrómeda se quedó sola, con dos hijos y un reino. Al poco tiempo halló la manzana dorada de Fénix. Recurrió al oráculo de Delfos que le dijo que su futuro sería largo, asique comió la manzana, por lo que consiguió una inmortalidad parcial, puede morir en combate pero no por enfermedades o vejez.
Los hijos pronto crecieron, Elektrión tomó el mando de Micenas mientras que Alceo después de reunir un ejercito se hizo con el mando de Tirinto.
La joven cuando terminó de narrar el mito se limpió una lágrima suelta que rondaba por sus mejillas.
—De Elektrión nació Alcmena y de Alceo, Anfitrión, la madre y padrastros de Heracles— concluyó Frederick.
La pelirroja asintió—Así es.
—Y dime, ¿conociste Micenas? — preguntó Frederick con ansias de saber más.
El rostro triste de la joven ya no estaba y ante esta pregunta era un tipo de arrogancia la que predominaba su rostro.
—¿Conocerla? Vi su inicio y su caída— dijo con una sonrisita suficiente— ya que yo la fundé.
1997 Cambridge, Massachusetts.
—¡Tía Andy!— grito una Annabeth de 4 años corriendo a los brazos de su tía— gracias por venir.
Andrómeda correspondió al abrazo con gusto y la levantó en sus brazos.
—No hay problema pequeña, todo por la sobrina más hermosa del universo—dijo mientras le besaba la frente.
Annabeth se bajó de su tía y comenzó a buscar con la mirada a una persona, pero al notar que no está la decepción de dibujó en su rostro.
—Sabes que no puede venir Annie.
—Si lo sé— dijo guardando las lágrimas— trabaja mucho.
Andrómeda se arrodilló junto a ella ensuciando sus nuevos jeans en las rodillas—Si quieres te cuento una historia sobre ella.
Los ojos grises de Annabeth ser iluminaron en ilusión—Si quiero— vociferó.
—Se trata de como tu madre comenzó a sentir algo de cariño hacia mí, o dejó de intentar matarme— diciendo esto último en un susurro inició la historia.
—Era una hermosa noche allá en una playa de Asia, tu madre siempre amo las artesanías por lo tanto estábamos haciendo un caballo de madera gigante.
Yo hacia pocos días había perdido a una persona que me importaba mucho. Y ella llegó y nos ayudó a mi y a nuestro amigo Odiseo.
Fueron unos días muy divertidos y ella notó que podría llevarse bien conmigo, y desde ese día estamos mucho tiempo juntas.
—¿Y por qué hicieron un caballo de madera?
—Necesitábamos ganar una competencia solamente—dijo sacudiendo los cabellos rubios de su sobrina favorita.
Julio del año 2000 Cambridge, Massachusetts.
—Maldito hijo de puta— gruñó Andrómeda mientras sostenía a Frederick por el cuello de la camisa— dime dónde diablos está.
—No.. lo sé— dijo con notable susto— huyó hace unos 6 meses, la buscamos pero no sabemos dónde está.
Un solo puñetazo valió para dejar inconsciente a Frederick Chase y rápidamente ella marchó hacia la salida, corriente a toda prisa.
A unas pocas manzanas halló un lavadero dónde la luz del sol reflectaba sobre un charco, formando un pequeño arcoíris.
Andrómeda metió su mano rápidamente al bolsillo en busca de un dracma. Cuando lo halló lo arrojó al charco y dijo las palabras correspondientes.
—Oh Iris, diosa del arcoíris, por favor acepta mi ofrenda— arrojó el dracma y al ver que este desapareció continuó—Muéstrame a Annabeth Chase.
Una luz parpadeó en una habitación oscura apenas iluminada por el mensaje Iris.
La imagen del monumento a Washington se materializó frente a los ojos de la semidiosa, un par de hectáreas de césped bien cuidado y un par de adolecentes sentados.
En realidad no parecían adolecentes, la niña era menor que él pero ninguno parecía de más de 13 años.
Ella buscaba a Annabeth con la mirada tranquila, porque ya está cerca de Nueva York y el campamento mestizo. Pero toda la tranquilidad se fue a la mierda cuando uno de los adolecentes, el chico, se volteó buscando algo y ella lo reconoció.
—Hijo de Hermes—susurró y disolvió el mensaje Iris rápidamente, para evitar que lo viera.
Se llevó los dedos a la boca y silbó. Un silbido que dejaría tonto a un mortal si estuviera cerca.
Un pegaso blanco llegó rápidamente y ella lo montó, le acarició la crin.
—Hola campeón. Hay que ir al monumento a Washington. ¡Arre Bucéfalo!— El animal soltó un relincho y salió volando.
Le tomó unos 20 minutos llegar a Washington DC, con el pobre de Bucéfalo volando a toda velocidad.
Llegando al parque donde vio al hijo de Hermes descendió rápidamente a unos 200 metros para acercarse de manera sigilosa.
La chica y el hijo de Hermes están afuera de unos baños públicos hablando y riendo.
Andrómeda pudo ver la espada del chico en su cinturón mientras que la chica que está de espalda parece desarmada.
Se acercó sigilosamente hasta quedar a unos 15 metros del hijo de Hermes, asique decidió darse a conocer.
Un salto bastó para terminar al lado de la chica y lanzarle una patada que la hizo volar unos 2 metros hasta estrellarse con una de los baños.
El hijo de Hermes salió de la sorpresa bastante más rápido de lo que Andrómeda esperaba, desvainó su espada y atacó a la pelirroja.
Mientras la muchacha se recuperaba, Andrómeda tenía un enfrentamiento con él, aunque no se le puede llamar enfrentamiento.
Andrómeda con más de 3.000 años de entrenamiento contra un semidiós novato no era muy justo, y eso quedó demostrado.
Con 3 llaves desarmó al hijo de Hermes arrojando la espada cerca de la otra chica, se maldijo por su estupidez, con otra llave terminó detrás del hijo de Hermes ahorcándolo con su brazo.
—Sueltalo— escuchó un gruñido y vio a la chica antes tirada en el suelo pero ahora con la espada del chico en su mano, lista para una pelea.
Ella seguía asfixiando al chico pero lo que vio hizo apretar aún más por la sorpresa.
La chica no solo era un chica. Los ojos azules eléctricos resaltaron de su cara como globos.
—Esto tiene que ser una broma— susurró — suelta el arma hija de Zeus, o lo mataré— dijo presionando aún más al muchacho.
—¿Qué quieres monstruo?— preguntó asqueada la hija de Zeus mientras se acercaba— ¿acaso no podemos tener un día en paz?
—¿dónde está ella?— Andrómeda ya se estaba exasperando.
—¿De quién hablas?— dijo desviando rápida e involuntariamente los ojos hacia el baño de chicas, solo por un segundo, pero fue un detalle que Andrómeda notó.— No sé de qué hablas, estamos nosotros solos.
El hijo de Hermes se estaba poniendo morado. Andrómeda levantó el pie izquierdo y con su mano libre sacó una daga de bronce celestial de una funda y se la llevó al cuello del chico.
—Dime dónde está Annabeth o tu novio desciende al Hades con la cabeza en sus manos.
Una puerta se abrió detrás de ellos y un Annabeth Chase salió del baño bostezando y estirando sus manos al cielo.
Cuando vio la escena que de desarrollaba frente a ella buscó en un mochila su cuchillo que había robado de una carnicería hacía solo unos días.
Cuando se acercó notó algo familiar— ¿Tía Andy?— susurró.
Andrómeda se volteó y vio a su sobrina favorita intacta, dejó de asfixiar al hijo de Hermes y lo lanzó con fuerza sobre la chica, que lo recibió con dificultades y ambos terminaron en el suelo.
Se volteó para correr hacia Annabeth y cuando llegó a ella la abrazó con fuerza. Cuando se separaron sus frentes se unieron y los ojos grises de ambas chocaron— ¿Estás bien? ¿Te hicieron algo? ¿Qué haces con un hijo de Zeus y uno de Hermes?
La niña le puso ambas manos en la mejilla de su tía en señal de calma, acto que derritió el corazón de Andrómeda.
—Calma tía, ellos me cuidaron— y luego notó un detalle que la propia Andrómeda dejó escapar— espera… ¿Cómo sabes quiénes son sus padres? ¿Y como sabes de los dioses?
Andrómeda se maldijo en sus adentros— calma Annie, ya te explicaré todo lo que necesitas.
—¿Quién eres? — preguntó la hija de Zeus, ahora ubicada detrás de Annabeth para poder empujarla en caso de pelea.
—Relájate…
—Thalia— contestó de la manera más seca posible.
—Eso. Lo siento por atarlos y todo eso.
—Eso no responde quien eres, tampoco de como sabías nuestra ascendencia divina. ¿Eres un monstruo? ¿Una diosa? — preguntó.
—He visto a otros semidioses, yo misma soy uno de ustedes.
Annabeth saltó detrás de Andrómeda— ¡Ella es mi tía Andy!
—Somos primos Thalia, ahora por favor baja el arma— dijo la pelirroja.
Thalia descendió la espada lentamente y se la arrojó a Luke, que ya está junto a ella— Eres hija de Pers…— Fue interrumpida rápidamente.
—Los nombres tienen poder Thalia, y más para ti. Quisiera hablar contigo en privado un momento.
Thalia y Luke se miraron inmediatamente, Luke asintió la cabeza.
—Así será— dijo iniciando una caminata hacia uno de los bancos alejados de los otros semidioses. Ambas tomaron asiento e iniciaron la charla inmediatamente— ¿Qué quieres decirme "Andy"? —dijo incómoda esperando que le dijera su verdadero nombre.
—Andrómeda— respondió ella— lo que te quiero decir es que estás en peligro.
—Eso lo sé, todos lo estamos ¿verdad?
—Eres una hija de Zeus, Thalia. Tu olor es mucho más fuerte. Los hijos de los 4 grandes tienen un olor mucho más atrayente para los monstruos.
—Algo de eso he oído, ¿Eso es todo?— preguntó poniéndose de pie. Andrómeda la toma del brazo suavemente invitandola a sentarse nuevamente, acto que Thalia obedeció.
—No debiste haber nacido Thalia— previendo la mala reacción se puso rápidamente a la defensiva— Calma, no te enfades, déjame hablar.
—La segunda gran guerra fue básicamente una lucha entre hijos de los 4 grandes, estos con su gran poder afectaban la historia de la humanidad constantemente— hizo una pausa para tomar aire— pero al finalizar está se dictó una profecía, y los 4 hermanos decidieron dejar de tener niños semidioses.
Thalia pareció pensativa un momento, tratando de procesar la información recibida— Pero tú estás aquí, ¿no?
—Sí, pero yo nací antes del juramento.
Los ojos de Thalia se abrieron en sorpresa— Es imposible, no pareces tener más de 15 años.
Andrómeda se sonrojó y sacó su lado arrogante un momento— Me halagado Thalia, en realidad tengo 17 o tuve. Pero ese no es el punto. Tengo casi 3500 años.
Si Thalia se sorprendió no lo demostró, solo asintió en entendimiento — Ya veo, entonces eres esa Andrómeda.
—Sí. Luego te doy un autógrafo pero ahora hay que volver a tí— dijo con una sonrisa.
—Wow, nunca pensé encontrar a una persona más arrogante que yo.
—Mi padre te va a cazar, eso tienes que saber— dijo Andrómeda como si fuera lo más común del mundo— y no será el único, el señor del Inframundo también lo hará.
La hija de Zeus se puso de pie muy tensa— ¿Pero por qué? ¿Qué hice yo?
Andrómeda respiró profundamente, esto le traía malos recuerdos— Tu nada Thalia— dijo poniéndose de pie y rodeándola con un brazo para sentarla— tu padre.
Y antes de esperar respuesta procedió a explicarle la situación— Después de echo el juramento no quedaron muchos hijos de los 4 grandes, solo los mayores que murieron por distintas causas pero no había menores de 16, la edad para que se cumpla la profecía.
—Quedaron 2 hijos de Hades y uno de mi padre, los 3 de unos 10 años aproximadamente y después de echo el juramento, Hades y Perseo los ocultaron junto con sus madres.
—Y ahí fue lo que originó está persecución: Zeus con su rayo primero atacó a la familia de Hades asesinando a todos por completo y luego fue a… — se atragantó con sus propias lágrimas, que siquiera sabía que tenía.
—Asesinó a mi medía hermana Yasmín cuando apenas tenía 4 años y a su madre Nicole. Eso fue devastador para Perseo, que prometió perseguir a sus hijos.
—Lo siento mucho — dijo Thalia poniendo su mano sobre la de ella.
Andrómeda la miró y le dedicó una sonrisa sincera—Ignórame, no puedo sentenciar nada que hagan los dioses, he vivido por más de 3000 años, he hecho cosas horrendas de la que me arrepentiré toda la vida.
—¿Dónde está tu arma?— preguntó Andrómeda al verla desarmada.
—No tengo, solo tenemos la de Luke— dijo agachando la cabeza.
—Un arma para tres personas— afirmó Andrómeda y Thalia asintió— hay que cambiar eso.
Estiró su mano derecha sobre un pequeño bolso que Thalia no había visto. De ella sacó un tubo de unos 10 cm y se lo extendió.
—¿Qué es esto?— preguntó.
—Sostenlo y piensa una lanza— dijo Andrómeda con expectativas.
En el momento en el que tocó el pequeño tuvo una lanza de casi 2,5 se materializó en su mano, obligando a Thalia a pararse para poder sostenerla mejor.
—Te veo más de Lanzas o jabalinas que de espadas. Fue un regalo de Hefesto durante la guerra de Troya.
Comenzaron a caminar hacia los dos semidioses que las esperaban.
El chico se acercó rápidamente a Andrómeda y le estiró la mano— Luke Castellan, un gusto conocerte.
Andrómeda le estrechó la mano—Igual, y disculpa por eso de casi matarte, pensé que estaban dañando a Annie.
Como si fuera una señal la niña se acercó y abrazó la cintura de su tía, Andrómeda se volteó para mirarla y se agachó a su altura— Dime linda, ¿Qué quieres hacer? ¿vienes conmigo o terminas tu viaje con ellos?
Annabeth intercaló la vista entre Andrómeda y Thalia, pero era claro a quien iba a elegir.
—Quiero seguir con ellos, quiero ir a ese campamento y entrenar para ser muy fuerte— dijo lo último prácticamente gritando.
Andrómeda le pasó una mano por el rostro y le sonrío— Que así sea pequeña guerrera, pero antes tengo un pequeño regalo para ti.
Se puso de rodillas y levantó el pantalón del pie izquierdo mostrando la funda con la daga con la que casi asesina a Luke, la retiró y se la extendió a Annabeth.
—Se que parece vieja, pero ella me ha a acompañado por largos años y muchas cosas horribles.
Annabeth la aceptó gustosa y la dio un infinito abrazo a su tía. Andrómeda levantó la vista y vio a dos niños jugando a unos metros, un niño y una niña.
—Thalia, piensa rápido— dijo arrojándole una bolsa con dinero y ambrosía con néctar.
—¿Qué vas a hacer ahora Andrómeda?—preguntó Thalia.
—Conseguirles un sátiro para que los guíe hasta Long Island Sound, ustedes caminen él los encontrará. Recuerda lo que hablamos Thalia.
La hija de Zeus asintió y se abrazaron, luego un corto saludo con Castellan los chicos se marcharon.
Andrómeda se acercó al niño y a la niña que estaban jugando— Padre— dijo inclinándose, se volteó hacia la niña— lady Hestia, ¿Cómo se encuentra? —dijo con una leve inclinación.
La niña de pelo castaño y unos ojos que literalmente eran llamas, pero no llamas como los ojos de Ares, era un fuego más… familiar.
—Andrómeda, estoy bien, gracias por preguntar— dijo Hestia con una sonrisa maternal, de esas que nunca recibió de Casiopea.
—Hija— dijo el niño de pelo negro y unos ojos grises como la niebla—Sabes que lo tengo que hacer y no podrán detenerme.
—Lo sé padre— dijo Andrómeda bajando la vista— solo déjame salvar a Annabeth, luego haz lo que quieras.
Perseo le dio una sonrisa comprensiva a su hija— Así será hija.
Luego tomó a Hestia de la mano y ambos desaparecieron de Washington DC.
Andrómeda abría los ojos después de un hermoso sueño. La vista del techo de piedra era iluminado por el fuego de las antorchas recién encendidas. Busco con su mano a su izquierda hasta que encontró el cuerpo dormido de su esposo, extendió su brazo derecho y lo abrazó.
—Buenos días mi rey— dijo Andrómeda en un susurró en el oído de Perseo.
Solo recibió unos ruidos extraños por parte de su marido, por lo que decidió redoblar la apuesta.
—Ey Percy, pásame el vestido que está al lado tuyo que estoy desnuda.
Los ojos de Perseo se abrieron a velocidad luz revelando un azul eléctrico tan hermoso que rivaliza con el mismísimo cielo.
Rápidamente el semidiós se apoyó sobre su codo y clavó la mirada en el cuerpo de Andrómeda solo para llevarse la decepción de que estaba durmiendo vestida.
—Oh Andy eso es jugar sucio— dijo Perseo frunciendo el ceño y apoyando la cabeza en la almohada.
—Anoche trabajé hasta tarde querido— dijo Andrómeda. Se sentó sobre la cama y estiró los brazos bostezando— El tratado de paz con Tirinto aún está en pañales.
—Tienes que relajarte mi reina, somos una ciudad jóven. Siquiera 3 años tiene Micenas y ya está perfilada a ser lo mejor que el Peloponeso vio.
Andrómeda solo rodó los ojos y le pegó en la pierna con la palma— Levántate mi amor, hoy parten a Mileto con Fénix.
Perseo que sin darse cuenta tenía los párpados cerrados los abrió con velocidad. Se puso de pie semidesnudo y comenzó a vestirse—¿Disfrutando la vista?
—Es interesante, sí— dijo Andrómeda con un guiño coqueto.
Perseo que aún estaba sin camisa comenzó a hacer un show de fisicoculturista para risas de Andrómeda.
—¿Quién lo diría?— comenzó Perseo— después de dos hijos y aún así conservo mi figura.
—Pero cariño, soy yo la que engorda, no tú— comenzó Andrómeda pero pronto se resignó.
—No estoy seguro de eso cariño— dijo mientras se terminaba de poner la túnica superior, le daba un corto beso en los labios y salía de la habitación.
Andrómeda soltó un suspiro— Y pensar que tiene el nombre del dios de la sabiduría.
La idea de Perseo y Fénix era aprovecha la estratégica posición de Mileto en el continente asiático así poder formar una nación conjunta, después claro está de distribuir la cultura micénica por la Hélade, las islas del Egeo, del Mediterráneo y Asia.
La hora de partir para Perseo ya había llegado, y Andrómeda sin darse cuenta estaba a las afueras del palacio despidiendo a su esposo y su hermano, que juntos estaban a punto de realizar otro gran viaje.
—Te amo Percy— le dijo una amorosa reina a su rey.
—Yo también te amo Andy, cuídate— dijo besándola con pasión.
Se volteó a ver a su dos hijos que estaban detrás de él— Bueno muchachos, cuiden a su mamá— se agachó y los abrazó a ambos.
Antes de subir al carro Andrómeda grito— ¡Te amo!
Perseo se volteó con su típica sonrisa burlona—Yo también, no me extrañes tanto.
Los criados se rieron de los ya conocidos ataques de arrogancia de su rey.
Andrómeda se quedó observando el camino por el que el carro de su esposo y su hermano había partido, ya que nunca se habían separado desde que se casaron. De pronto sintió un tirón en su vestido y se volteo para ver a los gemelos Elektrión y Alceo que le jalaban el vestido.
—¿Qué pasa mis niños?— preguntó con una sonrisa.
—Tienes que despertar— dijeron ambos al mismo tiempo.
Andrómeda abrió los ojos rápidamente, bañada en transpiración y los ojos le ardían.
Se sintió desorientada unos minutos pero luego se dio cuenta que se encontraba en su departamento en Nueva York.
Rápidamente se levantó y fue directo al baño para lavarse la cara, solo para descubrir que aún seguía llorando por el recuerdo que acaba de soñar.
Espero que les haya gustado, a mi gusto vengo bien a pesar de que me falta ser más detallista pero pareciera ir encaminado.
Mi plan: Le di protagonismo a Andrómeda porqué me parece un personaje mitológico del que poco sabemos, además de que su nombre me encanta.
Quiero desplazar un poco a Perseo del protagonismo porque al ser un dios con el poder que tiene me parece bastante monótono y aburrido, y para los que me dijeron que es muy cruel: es cierto, pero son pocos los dioses que en serio han hecho un bien a la humanidad, tendrá su momento generoso, pero no pidan demasiado.
Gracias por leer, espero sus comentarios y sus votos!!.
