Atención: En este capítulo hay contenido violento explícito y una pequeñísima escena de tortura (PERDÓN, ME ENCANTAN LAS HISTORIAS OSCURAS)

Me disculpo por otra cosa: odio y desprecio a Grover con toda el alma, no me cae para nada bien. Y en este capítulo hago lo que siempre quise hacer: patearlo.

—¡ROMPISTE TU JURAMENTO!— gritó Perseo al entrar al a la sala del trono. Con su típica vestimenta que era su armadura hoplita, solo que hoy traía lanza en mano.

—¡TU LO ROMPISTE PRIMERO!— Gritó Zeus sujetando su rayo maestro en su mano derecha.

—¡SABES PERFECTAMENTE QUE NO YO NO LO ROMPÍ, FUISTE EL ÚNICO QUE ROMPIÓ EL JURAMENTO!— De manera imperceptible Poseidón se encogió en su trono— Te juro sobre el río Estigia hermano, haré todo lo posible para que esa chica no llegue viva.

Un trueno resonó a la lejanía— Atrévete— lo retó Zeus.

—¡Oh lo haré! — gritó Perseo como un demente— quizá tengas suerte y Pitón vomite los restos así tiene un funeral digno.

—¡SUFICIENTE! — gritó Artemisa poniéndose de pie— AMBOS BAJEN SUS ARMAS. ¡AHORA!

Ambos le hicieron caso a la enojada mujer, antes que con un sutil movimiento castre a ambos.

Apolo y Atenea abuchearon— Artemisa agua fiesta, se estaba poniendo divertido— gritó el rubio solo para que una flecha se incruste junto a su cabeza.

—Nunca pensé estar de acuerdo con Apolo pero hubiera sido interesante ver hasta donde llegaba esto— dijo la diosa de la sabiduría divertida.

—Bueno, eso es nuevo—dijo Artemisa— pero es cierto padre, tu cometiste un asesinato, Perseo tiene derecho a vengarse.

Perseo fue a ocupar su trono con una sonrisa de suficiencia en su rostro—NO LE VAS A PONER UN DEDO ENCIMA A MI HIJA PERSEO, ADEMÁS YA ES HORA DE QUE LA GRAN PROFECÍA SE CUMPLA—Grito Zeus a los cuatro vientos.

Poseidón cansado de estar callado elevó la voz— Basta hermano, no puedes ir matando hijos ajenos y esperar amor de vuelta. Todos juramos mantener celibato cuando con mortales se trata, sabes lo que pasó la última vez.

Ares aplaudió contento—¡Oh sí! ¡Fueron unos buenos años!

Afrodita le reprochó— ¡Ares! La guerra no es buena, deberían solucionar todo con amor.

—Por favor Afrodita, causaste Troya tu solita— dijo Hermes con una sonrisa— además Thalia Grace viaja con uno de mis hijos, y con una chica Atenea.

—Despreocúpate— dijo Atenea con tranquilidad— Andrómeda me dijo que les sigue el paso para apartarlos en el momento justo.

Hermes pareció notablemente más relajado— Entonces si no me preocupo.

—Artemisa— dijo Zeus volteándose a su hija— reclútala, sálvala.

Artemisa solo meneó la cabeza —Ya lo intenté y se negó a abandonar al hijo de Hermes y a la niña de Atenea.

Hermes soltó una risa que se oyó por todo el Olimpo— ¿Qué te digo? Los míos son irresistibles.

—Y eso piensa porque aún no conoció a uno de los míos— completó Apolo.

—Yo opinó que la matemos— agregó Hera como si estuvieran hablando de comprar helado.

—Que sorpresa— murmuró Dioniso desde su trono.

—¿QUÉ DIJISTE? — le gritó Hera.

—Hay que dejar que las cosas fluyan como tienen que fluir— dijo calmadamente Hefesto entre medio del bullicio.

—Hefesto, amigo mío, lo más sabio que has dicho en un siglo— acotó Perseo, ya notablemente molesto.— La chica va a morir Zeus, acéptalo. Si no soy yo va a ser Hades.

—Hagan lo que tengan que hacer— dijo resignado, pero tramando un plan por si su hija no llega al campamento mestizo.

Perseo soltó un aplauso que dejó sordos a muchos— Muy bien, me retiro. Cómo que mi esposa me necesita. —se volteó hacia Atenea— Nos vemos hija, después ve a casa.

Y antes de que Atenea dijera algo desapareció en un resplandor.

—"Nos vemos hija, después ve a casa"— se burló Apolo para que una lanza quedé incrustada en el lado contrario en el que la flecha fue clavada.

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—Llegué querida— dijo Perseo. Ya en su palacio aún ubicado cerca del campamento Mestizo. Apareció en su propia sala tomando asiento en su propio trono.

Un brillo inundó la habitación dando a conocer la ya conocida Hécate, la esposa de Perseo.

Su cabello dorado hoy ondeaba suelto resaltando aún más sus negros ojos. Llevaba el típico vestido negro sin mangas, dejando en libertad sus clavículas.

—Hola mi amor, ¿Cómo estás?— dijo Hécate. Se acercó a su esposo y lo besó tiernamente.

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—Hécate— llamó Perseo— ¿tienes algunas novedades sobre esos nórdicos?

La diosa de la magia destelló un segundo después en la sala del trono del palacio de Perseo— Aún no Lord Perseo, me temo.

Perseo dio un ademán con la mano— Ya deja tantas formalidades Hécate, quédate aa cenar.

La diosa abrió los ojos— ¿Disculpe?

—Lo que oíste, quédate a cenar aquí— dijo. Desde ese día donde habían interactuado estaba buscando una excusa para invitarla a cenar e iniciar el cortejo.

Hécate intuyendo las intenciones de Perseo le siguió el juego— Eso dependiendo, ¿Qué cenaremos?

Perseo como buen idiota que es no se le ocurrió nada. Siquiera sabía que había para comer. —Tengo Ambrosía y Néctar. Sino también tengo una salsa de néctar y Ambrosía, o un espectacular néctar acompañado de ambrosía.

Hécate sonrío ante eso, logró complicar al dios de la tierra —Mmm, la Ambrosía y el néctar suena bien— dijo con una sonrisa coqueta.

Ambos fueron hacia el comedor donde con un pequeño aplauso una mesa con una deliciosa comida apareció. Después de cenar y mucho vino, ambos se fueron a sentar un sillón.

—Dime Hécate, ¿por qué nunca te casaste?— dijo Perseo. El alcohol ya comenzaba a afectar a ambos dioses y ocasionaba risas dónde no hay nada gracioso.

—La verdad que nunca encontré a alguien que me quisiera, supongo.— dijo. La mano con la copa de vino giraba lentamente sobre su eje.

—No puedo creer eso— dijo el dios, tratando de contener el impulso de tirársele encima.

—Yo amo a mis hijos, siempre los guío hasta donde las leyes me lo permiten— dijo mirando el techo, con la cabeza recostada sobre el espaldar— y nunca encontré un hombre que no quisiera prohibir eso.

—Suele pasarme lo mismo— argumentó Perseo— mis hijas son mi todo, no siempre se trata de tener sexo con mortales, ¿verdad?

Ambos se miraron intensamente a los ojos antes de que Hécate contestara—Verdad.

Como si fuera un llamado a la pasión ambos se unieron en un besos salvaje, que pasando la noche fue evolucionando.

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—Perfecto— contestó Perseo a su esposa. Y esperaba que todo así siguiera, pero para que engañarnos, las cosas siempre se van a la mierda.

Long Island , Nueva York

Andrómeda sobrevolaba Nueva York siguiendo a los 3 semidioses y un sátiro demasiado inútil que eran perseguidos por unos 150 monstruos, y ella sin poder intervenir.

Cómo odio las vendettas divinas, pensó. Solo esperaba el momento exacto para intervenir y rescatar a Annabeth y al hijo de Hermes.

Ya a unos 200 metros de la colina mestiza, Thalia observa que es imposible llegar a la barrera sin luchar un poco. Los monstruos estaban a menos de 10 metros lanzando flechas, rocas, gruñidos o ramas.

—Corran— les gritó Thalia a sus compañeros— yo los distraigo.

Luke se detuvo abruptamente—¿Estás loca? No vas a sobrevivir.

—¡Claro que estoy loca, Luke!— gritó Thalia— Lleva a Annabeth al campamento.

—No te dejaremos — gritó Annabeth detrás de Luke— ¡Somos familia Thalia! Lo prometiste.

Thalia miró hacia el pegaso que volaba en el cielo, hacía 5 km que lo vio seguirse y supuso que es Andrómeda. Extendió la mano hacia arriba y liberó un rayo como señal de acción.

Thalia comenzó a correr nuevamente— sigan corriendo— les gritó a los demás a lo cual obedecieron.

A unos pocos metros resultó evidente que Thalia no llegaría, pero se prometió a sí misma que los demás sí. —¡Luke, Annabeth! Lo siento.

—¿Qué sucede… — Luke comenzó a hablar pero cayó inconsciente al piso. Annabeth se puso alerta pero lo único que vio fue a su tía Andrómeda dándole un golpe en la parte trasera de la cabeza y todo se volvió negro.

—Corre Thalia— le dijo Andrómeda mientras cargaba a los semidioses inconscientes sobre sus hombros.

Andrómeda comenzó a correr hacia el árbol a una velocidad sorprendente considerando que llevaba a un chico de 14 años y a una de 7 en cada hombro. Los 3000 años de ejercicio estaban surtiendo efecto.

Después de dejar a los inconscientes sobre el césped ya dentro de la barrera se volvió a por Thalia, pero lo que vio le dejó claro que no lo iba a lograr.

Thalia luchaba como una experta, le recordó mucho a su aprendiz Aquiles durante la fatídica guerra troyana.

Después de ensartar un cíclope con su lanza se volvió para seguir corriendo pero tan pronto como lo hizo Pitón, la anaconda de tierra, surgió del suelo abriendo su boca en el aire interceptando a Thalia justo en el torso.

La hija de Zeus soltó un grito desgarrador, ya en el suelo la serpiente la seguía mordiendo con tanta fuerza que a un mortal promedio se hubiera muerto con la mitad de una mordida.

Andrómeda trató de cerrar los ojos ante esta carnicería pero un brillo, o mejor dicho un rayo, cayó del cielo impactando con tal fuerza sobre Thalia y los monstruos que generó una onda expansiva que hizo volar a Andrómeda unos 15 metros.

La bocina del campamento, gritos y armas se oyeron, el estruendo fue tal que despertó a casi toda Nueva York.

Andrómeda se acercó al lugar del impacto, justo donde cayó el rayo un gigantesco pino se alzaba.

Se permitió soltar unas silenciosas lágrimas en honor a esa hija de Zeus que casi no conoció, pero en su corazón había bondad.

Se volvió hacia el campamento y recogió los cuerpos inconscientes de ambos semidioses, solo para ver a un sátiro también inconsciente junto a ellos.

—Maldito hijo de puta— murmuró Andrómeda, dándole una patada que lo arrastró 5 metros. El sátiro gruñó de dolor. ¿Tan inconsciente no estabas eh?, pensó.

Recogió a los semidioses al hombro para dirigirse a la casa grande, y en el transcurso iba pateando al sátiro.

Los ruidos en el campamento de detuvieron cuando vieron el nuevo árbol sobre la colina mestiza y a la atractiva pelirroja que iba pateando un sátiro que gritaba de dolor mientras cargaba a dos personas en los hombros.

Los cascos se hicieron escuchar y Andrómeda divisó a Quirón— Andrómeda, ¿Qué haces? ¿Qué sucede?

—Sucede, Quirón, que envían sátiros que se pierden y no saben dónde ir, permitiendo que los monstruos alcancen a los semidioses— por cada dos o tres palabras un patada llegaba al sátiro.

—Basta, por favor— dijo el sátiro desde el suelo.

—Andrómaca, ¿Qué haces con Grover?— preguntó Dioniso, haciendo su aparición.

—Por los dioses Dioniso, ¿de todos los nombres que tienes para equivocarte lo haces con el de una princesa Troyana?— se volvió hacia Quirón— Voy a llevarlos a la enfermería, envía a alguien.

Andrómeda partió hacia la enfermería no sin antes pisar un pie al sátiro que hizo un ruido horrible al oír el hueso romperse.

Monte Olimpo, Empire State.

Si el campamento era un desastre tras este suceso el Olimpo era un manicomio.

—ZEEUUUUSSS— gritó Perseo. La sala del trono tembló y todos los dioses a excepción de Zeus y Poseidón se encogieron en su trono.

—¡Maldito hijo de puta! ¿Cómo te atreves a intervenir? — gritó el dios de la tierra en el momento en el que ingresaba a la sala del trono olímpica.

—¡Es mi hija Perseo!— gritó Zeus a su hermano mayor, parándose de su trono.

La cara de Perseo además de odio contenía indignación—¡JAZMÍN TAMBIÉN ES MI HIJA Y ESO NO TE IMPIDIÓ MATARLA, TENIA 5 AÑOS HIJO DE PUTA!

Poseidón se puso de pie rápidamente y se interpuso entre ambos hermanos antes de que pase a mayores— BASTA— vociferó El Rey de los mares.

Hermes y Apolo habían perdido su humor, Afrodita y Ares ya no coqueteaban y Dioniso casi parecía prestar atención. Todos los olímpicos están espantados ante la demostración de poder de 3 de los 4 grandes.

—¿Basta?— gruñó Perseo mirando al verde de los ojos de su hermano— ¿Cómo quieres que me detenga? ¡No se me otorga justicia!

—Hermano, ya está muerta. Su alma perdurará en ese pino, nunca verá los Elíseos— dijo Poseidón tratando de calmar al mayor y más salvaje de sus hermanos.

Perseo iba a volver a gritar pero su hija interrumpió— Padre, contrólate. Mira la llama del hogar— dijo señalando el lugar de Hestia, que como había señalado Atenea, su llama había disminuido notablemente.

Perseo al caer en cuenta que este conflicto casi destruye todo se obligó a relajarse— Esto no quedará así hermanito, me debes una— dijo sacando su lanza y golpeándola en el suelo.

Perseo desapareció en una nube de polvo acompañado de un terremoto dirigido al océano pacífico.

Solo al otro día en las noticias se descubrió el volcán Mauna Loa en Hawaii, a causa de un terremoto inesperado que gracias a dios, no cobró ninguna vida.

Campamento Mestizo, Long Island

En la cabaña 13 Andrómeda despertó, sintiéndose más cansada que la noche anterior.

Rápidamente de vistió con una sudadera negra con unas leggins azules, acompañadas de las converse negras tan pasada de moda pero que tanto le gustaba.

Cómo extrañaba la época de las sandalias y tapados, algo tan sencillo como hermoso. Se acordó de Patroclo y Aquiles, esos jóvenes amantes de la moda.

Una sonrisa triste se formó en su rostro y se dejó perder en los recuerdos.

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—¿Estás combinarán con la armadura negra?— preguntaba un joven de unos 20 años, cabello negro con unos sorprendentes ojos marrones.

—El negro combina con el negro, Patroclo— contestó Andrómeda con cansancio— ¡vamos a la guerra por el amor a los dioses!

—Es cierto, pero hay que estar presentables incluso en los peores escenarios, son tus palabras maestra— dijo Aquiles. Este hijo de la oceánide Tetis posee un cuerpo esbelto pero musculoso, el cabello rubio y largo le dan aires de rebelde.

—Deja de usar mis palabras en mi contra pequeño mocoso— dijo Andrómeda acompañado de un golpe en la cabeza y una risa de Patroclo. Andrómeda se volteó para observar detrás de ellos. Solo barcos mirmidones de observan.

—No hay rastros de los demás Aqueos—dijo Patroclo.

—¿En serio creen que es cierto que Lady Artemisa haya solicitado a la hija de Agamenón, Ifigenia, en sacrificio? — preguntó Aquiles. Andrómeda lo pensó un segundo.

—Calcas rara vez se equivoca, pero me parece sumamente raro que Febe Artemisa pida una doncella como sacrificio— sentenció Andrómeda.

—¿La conociste?— preguntó Patroclo con curiosidad.

Andrómeda solo asintió— Si, con las mujeres es sumamente simpática. Una vez le llevé a una doncella que ayudé, creo que ahora es la teniente.

Ambos muchachos silbaron en asombro.

Al carro de Apolo no le quedaba mucho tiempo en el ancho Urano cuando el guía divisó tierra.

El barco mirmidón que trasladaba a Aquiles, Patroclo y Andrómeda era el primero en llegar. Un ejército de hoplitas y arqueros de formaba y acomodaba sobre la arena de la playa.

—Troyanos— murmuró el pélida Aquiles— nos estaban esperando.

Se volteó y se subió sobra un enorme baúl y gritó a su ejército— ¡MIRMIDONES! A DEMOSTRAR QUE SOMOS EL EJERCITO MÁS FUERTE DE TODA LA HÉLADE. MATAR O MORIR.

Un grito de guerra se oyó en cada uno de los barcos. Y más allá en el horizonte los demás barcos aqueos se observan.

El primer hombre en pisar tierra fue el primer hombre en morir, como el oráculo lo había predicho. La batalla de desató y era un infierno de manera literal.

Andrómeda sacó de su espalda el arco y se acomodó el carcaj. Tensó el arco y comenzó a disparar flechas todavía sin bajarse del barco.

Patroclo y Aquiles tenían una pequeña competencia, el que más troyanos asesinaba se quedaría con el botín de guerra del otro, que siempre consistía en oro.

Andrómeda fue invitada a esta competencia pero a ella le pareció absurda, si iba a asesinar troyanos, peor una vida es una vida. Pero eso no le impidió llevar la cuenta de las muertes.

Luego de que se le agotaron las flechas dejó su arma en el bote y estiró su brazo derecho, invocando una lanza de bronce celestial, regalo de su padre.

Antes de saltar del bote se agachó y recogió su tesoro más valioso: el escudo de Perseo. Aquel que Palas Atenea le había obsequiado, tan hermoso que podías ver tu ppio reflejo en él.

Saltó del bote y se lanzó a la batalla.

Usó su lanza como una jabalina que empaló a un troyano lejano, desvainó la espada de su hermano.

Cortando, apuñalando, bloqueando y empujando. No todos los días veían a una mujer combatir y ella tuvo que hacerse su lugar entre guerreros.

A los hombres por más devotos sean, no les importa una mujer es bendecida por los dioses, siempre va a ser eso: una mujer.

La primer batalla de la guerra fue un éxito rotundo para los aqueos.

Rápidamente encontró a Patroclo y a Aquiles discutiendo quien había asesinado más.

—Yo maté a 40 hombres— proclamó el hijo de Tetis.

—¿en serio? Yo solo 24.

Andrómeda se río para sus adentros, ella había logrado 35.

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Andrómeda salió de la cabaña trece para dirigirse hacia la enfermería, donde había dejado a la pequeña Annabeth.

Al entrar a la enfermería un hijo de Apolo le estaba sirviendo néctar a Annabeth con una cuchara.

El chico Apolo al verla le dijo— Lo siento, es temprano para las visitas.

Andrómeda solo levantó una ceja—No me parece a mí.

El chico Apolo la observó de nuevo solo que esta vez estudiándola, hasta que la reconoció.

—Yo… eh… no..

—Vete y déjame hace eso—dijo. Tomó el vaso de néctar y la cuchara de las manos del hijo del Sol y el solo salió corriendo.

Les dio dos cucharas más antes que la hija de Atenea le sujetara el brazo con fuerza.

—¿Tía Andy? ¿dónde estoy?— preguntó Annabeth con desconcierto. Sus ojos viajaban por toda la enfermería y luego se posaron en Luke.

Los recuerdos la inundaron y Andrómeda pudo notarlo por el odio creciente en su rostro.

—Anni, yo…— comenzó Andrómeda pero fue interrumpida por Annabeth.

—Basta tía, no quiero hablar contigo. Aún no sé si quiero verte de nuevo.

Andrómeda nunca pensó volver a sentir este sentimiento— Tan solo déjame explicarte…

—¿QUÉ NECESITAS EXPLICAR? DEJASTE MORIR A MI AMIGA— Vociferó la hija de Atenea con furia— Vete Andrómeda, no quiero verte nunca más.

Para tener siete años ya es muy hiriente, pensó. Puso ambas manos sobre la cara de la niña y le dio un fuerte beso en la frente.

—Espero verte pronto mi niña— dijo. Comenzó a salir cuando oyó un pequeño susurró.

—Yo no.

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—¡yo no voy a pelear! —exclamó Aquiles con enojo— Agamenón me ha insultado, no lucharé en su guerra.

Andrómeda se guardó los insultos porque en verdad estaba siendo necio.

—Yo te dije que tuviste que liberarla hace años ya, ella no te pertenece— dijo la semidiós inmortal.

—¡basta Andrómeda!— exclamó Patroclo. El hijo del rey Meneceo se encontraba en la puerta de la tienda oyendo la conversación— si bien no apoyo su decisión de dejar la guerra, ya nadie la quiere. Nadie quiere pelear una guerra donde los dioses pelean.

—Eso no es muy heróico de tu parte, Aquiles— dijo Andrómeda. Giró sobre sus talones para salir de la tienda cuando oyó un susurró.

—Mira lo que le sucedió a su esposo por ser heróico— susurró Patroclo. La ira y el dolor se apoderaron de Andrómeda que rápidamente se volvió hacia el hijo de Meneceo y le puso un puño en su rostro, haciéndolo volar fuera de la tienda.

Y sin más que decir, ahora sí se volteó sobre sus talones y marchó hacia su tienda.

La guerra luego de nueve o diez años se tornó cansada. Los soldados morían por menos y hubo muchas muertes.

Se llegó al punto de que reyes como Odiseo y Néstor, de menor potencial bélico que Micenas, Argos y Esparta, comenzaran a reclutar esclavos que juraron fidelidad hacia su nuevo señor.

Después de una semana de ese enfrentamiento de Andrómeda con su alumno, exploradores troyanos han asesinado a un mirmidón que hacía de guardia.

Patroclo despotricaba razones para volver a la guerra pero Aquiles no escuchaba.

Odio esos ataques de orgullo, pensó Andrómeda.

Los aqueos estaban en una batalla en la que estaban siendo vapuleados hasta que llegó Aquiles con sus mirmidones.

Aquiles iba a la cabeza y unos 20 metros más atrás Andrómeda iba cabalgando tranquila.

Su escudo colgado en su espalda por unos ganchos previamente instalados brillaba como si llevará el mismo sol.

Su espada en su cintura pedía ser empuñada y Andrómeda también quería ir a la guerra.

Si bien el sentimiento de amor a la guerra se extinguió a los pocos meses de iniciada la guerra ella quería terminar con este calvario de tantos años.

Cuando Aquiles entró en batalla se dio cuenta inmediatamente.

—¿Patroclo?— gimió sorprendida. Su estilo de pelea es exactamente igual, pero hay una diferencia física notable entre ambos.

Patroclo utiliza constantemente su escudo cuando Aquiles, que lleva la maldición del Estigia, es su propio escudo.

Bajó de su caballo con escudo y espada en mano, iniciando una batalla feroz.

Se agachó para evitar ser rebanada por una espada. Se agachó y con el mismo envión de su carrera lo apuñaló el en estómago con su xiphos.

La Perseida corría hacia Patroclo para socorrerlo cuando fue golpeada con un escudo y cayó de espaldas al piso.

Rodó por la tierra seca justo cuando una espada se clavó en el suelo, con destino a su cabeza.

Rápidamente se puso de pie y en posición de defensa y reconoció a su atacante.

El cabello rubio caía debajo de su Yelmo, y los ojos azules eléctricos eran demasiado llamativos para ignorarlos.

—¿Supongo que un hijo de Zeus eh?— murmuró Andrómeda lo suficientemente fuerte para que oyera.

—Mi nombre es Sarpedón. Y tú eres Andrómeda, la inmortal.

Cargo con su espada y Andrómeda bloqueó el golpe y con su brazo derecho le puso un puño cargado en la cara.

El Yelmo se abolló causando que gritara de dolor. Andrómeda puso una sonrisa torcida en sus labios.

Mientras gritaba de dolor una espada cruzo el pecho de Sarpedón, poniéndole fin a su sufrimiento.

Andrómeda retiró el arma del tórax de su enemigo y siguió corriendo en busca de su alumno, cortando, apuñalando, pateando y cercenando.

—Patroclo, ¿Qué haces con la armadura de Aquiles? — preguntó Andrómeda al llegar junto a él. Se puso de espaldas a él justo como su entrenamiento "Recuerden, ustedes no pueden combatir solos. Son su propio ejercito personal", les decía Andrómeda.

—Hay que terminar esto de una vez— dijo su alumno.

Luego de unos 15 minutos de batalla, Héctor buscaba a Aquiles para una pelea y pudo divisarlo, asesinando troyanos como muñecos de entrenamiento.

Alzó su espada y se lanzó en contra de su contrincante iniciando una pelea.

Andrómeda se detuvo al igual que todo el ejército de ambos bandos a observar la que seguramente iba a ser la batalla de que definiría la guerra de una vez por todas.

Andrómeda aún así miraba alrededor en busca de posibles arqueros que interfieran en la pelea de dos.

Su vista se clavó en un hombre bronceado, ojos azules y cabello dorado como el Sol. Este hombre hizo una sonrisa burlona y Andrómeda cayó en la cuenta de quién es.

El rubio levantó un arco y apuntó hacia Patroclo.

—¡INTERVENCIÓN!—gritó Andrómeda. Todos se voltearon para ver qué mosca le picó— APOLO NO LO HAGAS.

Pero ya era tarde. La flecha viajó como un zumbido hacia la pierna derecha de Patroclo, obligándolo a ponerse de rodillas.

Andrómeda quiso avanzar entre los guerreros pero no podía o era detenida, pero se detuvo cuando un silbido cruzó el cielo y sangré brotó a su rostro.

Patroclo estaba en el suelo, con un profundo corte en la garganta rodeado de vitores troyanos y exaltaciones sorprendidas de los Aqueos.

Andrómeda se arrodilló donde estaba y liberó un grito desgarrador que se oyó en el mismísimo Olimpo, luego de eso se desmayó.

Despertó a los pocos minutos después, siendo cargada en su caballo que caminaba lentamente junto a un soldado que lo guiaba.

La batalla había termina y los Aqueos habían ganado, pero fue una victoria con muchas pérdidas y demasiados dolores.

—Soldado— dijo Andrómeda al soldado que guiaba el caballo— ¿Dónde está el cuerpo de Patroclo?

Andrómeda quiso contener las lágrimas —Se lo están llevando al pélida Aquiles para hacerle los ritos funerarios, pero la armadura de Aquiles fue llevada como premio.

La semidiós de ahorro el llanto y lo transformó con ira que no sabía dónde redirigirla.

Pasaron frente al templo de Febo Apolo, el más grande de Asia, decían.

—Soldado, nos detenemos aquí— dijo señalando el templo, tengo cosas que hacer.

—Pero mi señora, ¿por qué quiere ir al templo?

—Ya lo verás, acompáñame…— dijo esperando su nombre.

—Areolo, mi señora.

—Abandona los títulos Areolo, lo que vamos a hacer hoy es digno de confianza— completó con una sádica sonrisa.

Se acercaron al templo y se adentraron. Dentro estaban las sacerdotisas y el sacerdote Crises, y al lado la chica de los problemas: Criseida.

—¿Les tengo que recordar que los templos están fuera de la guerra? ¿acaso quieres ofender al gran Febo Apolo? — dijo con solemnidad el sacerdote.

Como buen amante de la arquitectura se tomó el tiempo para observar el templo.

Grandes columnas sostenían un enorme techo a unos 15 metros de altura. Estatuas de Apolo echas de oro macizo abundan.

Andrómeda fijó los ojos en Crises— Créeme, hoy sí quiero ofender a Febo Apolo.

Andrómeda se acercó rápidamente al sacerdote y lo decapitó con un solo movimiento de espada.

Las sacerdotisas gritaron de terror pero pronto fueron calladas por la espada de Andrómeda en sus gargantas.

—Andrómeda, ¿Qué hiciste?— preguntó Areolo unos metros más alejado, con temor en sus ojos.

Andrómeda solo hizo un movimiento de cabeza en señal de que la siguiera—Te explico afuera.

Caminaron por dónde llegaron, solo que ahora estaba el piso de mármol se baño de sangre.

Una vez afuera Andrómeda se acercó a una de las columnas principales— Esto, mi querido Areolo, se llama venganza.

Apoyó ambas manos en la columna y se concentró, sintió el típico tirón en el estómago y un terremoto salió de sus manos, fundiéndose con la columna.

El templo en menos de 1 minuto ya era solo una pila de ladrillos.

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Andrómeda cerró los ojos con fuerza ante este recuerdo, uno de los más grandes errores que ha cometido.

Cuando llegó a la cabaña se detuvo a observarla un momento, para luego irse.

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Enero, 2006.

Perseo se encontraba sentado en el apartamento de su hija Andrómeda, en un edificio frente al Empire State Building, la actual localización del Olimpo.

Andrómeda abrió el refrigerador para sacar un refresco— Déjame ver si entiendo.

Hizo una pausa para procesar la información—Quieres qué me haga pasar por maestro de historia para espiar a un supuesto hijo de Poseidón.

Perseo asintió con una sonrisa— Así es.

Andrómeda a pesar de lograr su inmortalidad parcial a los 17 años parecía una mujer de 25. Ella es la mejor definición de cansancio.

—¿Por qué no lo asesinas y ya? Parece que se te da bien— dijo Andrómeda con sarcasmo. Abrió el refresco y se lo llevó a la boca.

Perseo ignoró el tono del comentario— Poseidón nunca atentó contra mis hijos.

—Eso es cierto eh— dijo Andrómeda. Se sentó en un sillón frente a su padre y apoyó sus pies sobre una mesa de living— Nunca exigió a ninguna de tus hijas en sacrificios para monstruos marinos porque la madre de tu hija resultó ser una inútil.

Perseo solo sonrío— Al menos no contra todas mis hijas.

—Lo haré, pero está vez si intervendré si es necesario— dijo Andrómeda con determinación— No dejaré morir a otro semidiós por capricho de los divinos.

—Te ganarás el disgusto de Zeus, pero por mi no hay problema—dijo Perseo. Se puso de pie seguido de Andrómeda, y se dieron un pequeño abrazo.

—Gracias por esto mi niña, sé que has estado inactiva desde lo de Thalia pero…

Andrómeda levantó una mano en señal de alto— Lo de Thalia dolió pero ya pasó. Annabeth duele, papá, básicamente fui su única figura femenina en su vida.

—Gracias hija. Quirón también lo está vigilando, junto con un sátiro.

—Perfecto. ¿Cuál es su nombre?

Perseo sonrío tranquilamente—Lo reconocerás fácilmente. Empiezas el lunes.

Y con eso, desapareció en una nube de polvo, dejando los muebles sucios.

Andrómeda solo insultó en voz baja a su padre, ahora tenía que limpiar de nuevo.

Lunes siguiente, Academia Yancy

Percy Jackson salió de los dormitorios de la academia el lunes por la mañana junto con su amigo Grover para iniciar las clases.

El breve receso de invierno había terminado para disgusto de Percy.

Visitó a su madre, solo que esta vez no pudieron ir a Montauk, el mejor sitio sobre la tierra según Percy.

—Vamos amigo, llegaremos tarde a Historia— dijo Grover con entusiasmo— Oí que la señora Wilson rodó por las escaleras de su casa y ahora tenemos un suplente.

Percy frunció el ceño ante la emoción de su mejor amigo. Grover es un lisiado, usa muletas todo el tiempo por una deformidad que tiene en las piernas, ocasionando burlas y bullying de otros estudiantes.

Percy lo protegió un par de veces y eso los hizo mejores amigos.

—¿Cuál es la emoción? Seguramente será otra anciana maloliente o un señor con la voz con somnífero.

—Según oí hablar a Marcus dice que es hermosa.

Percy solo golpeó en broma el hombro de su amigo— Eres un baboso.

Cruzaron un par de pasillos hasta encontrar el salón de historia e ingresaron para ocupar sus lugares, bien al fondo del salón.

El aula se llenó de charlas y murmullos a medida que los estudiantes ingresaban, pero todos guardaron silencio cuando la puerta se abrió dando paso a una mujer pelirroja, con el cabello apenas rizado.

Grover se tensó sorprendido, y Percy lo entendía.

La nueva maestra tiene unos zapatos negros, un jean azul típico con una camisa verde oscura metida dentro de este. Sobre la camisa llevaba una chaqueta liviana, de un tono azul que combina perfectamente con los jeans. No parece tener más de 20 años.

Percy quedó hipnotizado por la belleza, en un momento ella cruzó su mirada y él pudo notar un gris potente en sus ojos. Ella le sostuvo la mirada unos segundos antes de correrla.

Se volteó hacia Grover que parece también estar atónito en su pupitre, pero ha diferencia del hijo de Poseidón, Grover no tenía admiración en sus ojos. ¿Eso era miedo?, pensó Percy.

La maestra dejó sus libros y su bolso en su escritorio y se dirigió a la clase con una enorme sonrisa en su rostro.

—Buenos días alumnos, mi nombre es Andrea Katsaros, y voy a ser la suplente de la señorita Wilson hasta el fin del año escolar.

Una manos se alzó y para disgusto de Percy, era de Nancy Bobofit.

—¿Sí?— dijo amablemente la señorita Andrea.

—Disculpe maestra, pero ¿Qué edad tiene?

—¿nombre?

—Nancy Bobofit, maestra.

—Muy bien Nancy, sé que pensaran que soy muy joven pero soy mayor— sentenció la maestra, luego se volvió a la clase.

—Según la maestra Wilson dejaron en el Imperio Romano— dijo la maestra frunciendo levemente el ceño— pero antes me gustaría saber sus nombres.

Uno por uno cada alumno fue diciendo sus nombres y la maestra los anotaba en una libreta.

Llegó el turno de Grover— ¿Tu nombre?— preguntó con brusquedad. El lisiado se tensó aún más.

—Grover Underwood, meee- maestra— soltó con dificultad ocasionando risitas aisladas.

—Calma niño cabra, que yo no pateo— dijo la maestra Andrea con una sonrisa ocasionando la risa de todo el salón.

Luego se acercó a Percy— ¿cómo te llamas? — dijo con suavidad, produciendo nerviosismo en Percy.

—Percy Jackson, maestra— soltó el muchacho.

Andrea abrió los ojos fuertemente y si un psiquiatra hubiera estado en el aula hubiera encontrado tristeza en ellos.

—¿Percy? — logró articular— ¿De Percival?

El muchacho solo negó— De Perseo, maestra.

Andrea tragó saliva y volvió a su escritorio. Le dirigió otra mirada a Percy y luego a Nancy, que se encontraba sentada al frente del escritorio de la maestra.

—Nancy, querida, toma el lugar de Perseo y tú Perseo el de Nancy— dijo con determinación.

Nancy parecía lista para protestar pero luego se mando a callar, temiendo un castigo.

Percy Jackson obedeció la orden de la inusualmente atractiva maestra y tomó el lugar frente a ella.

La maestra ojeó unas notas y se puso de pie— Muy bien, ¿alguien me dice que estaban estudiando del Imperio Romano?

Un muchacho estiró la mano con alto que casi se la arranca—¿Sí, David?

—Estabamos estudiando los orígenes del cazador de Roma, maestra— dijo el aplicado alumno.

El rostro de Andrea se tensó un poco otra vez. Debe ser una maldita broma de mal gusto, pensó para si la maestra.

—Dime David, ¿Qué puedes decirme sobre el cazador de Roma? — preguntó.

—Era una persona que por razones que no se conocen, pero se cree que por venganza, cazaba legionarios romanos fuera del imperio— anunció el muchacho más listo en historia— y según autores de la mitología romana, también cazaba hijos de los dioses de Roma.

—Muy completo. Perfecto David. ¿Alguien más tiene algo para agregar?

Otra mano se alzó y está vez fue de Kate.

—Cuando hablamos de mitología se dice que fue una sola persona inmortal. Y según la historia eran varias personas en distintas épocas, porque el cazador perduró por casi 150 a 400. Eso es casi la mitad de la existencia del imperio de occidente.

Después de ese momento Percy dejó de prestar atención y se adentró en la tierra de los sueños.

Era una aldea, o lo que quedaba de ella. Hubo brotaba de las edificaciones que eran casas, supuso Percy.

Pero lo que más le llamó la atención fue un grupo de soldados reunidos sobre un tronco clavado en el suelo.

Él se acercó a observar y notó las armaduras romanas en los cuerpos de los soldados, pero no parecían soldados, parecen más adolecentes.

Escuchó un llanto sofocado y lo que vio lo perturbó.

En el tronco parado en el suelo se hallaba atada una chica, pelirroja y semi-desnuda llorando de dolor.

Percy pudo ver y compadecerse de la chica que derramaba grandes lágrimas.

—Fuiste difícil de encontrar estúpida— dijo un hombre y se arrodilló junto a ella. Con su mano derecha apretó con fuerza la mandíbula de la chica obligándola a levantar la vista— mirá la destrucción que solo tú ocasionaste. Si tan solo te hubieras entregado y a ellos, estos mortales estarían bien.

—Yo no molesté a nadie, hace años que vivo en el imperio y nunca molesté a nadie— articuló con dolor la joven— Asesinas a tu propia gente solo para encontrarme, ¿Qué clase de general te convierte?

—Si tan solo me dices la ubicación del campamento esto terminará muy rápido— dijo el supuesto general— pero como veo que te niegas.

Hizo un ademán con la mano sobre su espalda y 3 soldados más se acercaron, con una vara de hierro con un sello en la punta.

La iban a etiquetar como las vacas, pensó Percy. Él no quería ver eso, pero le resultó imposible cerrar los ojos, porque era él quien sujetaba la vara de hierro.

—Soldado— dijo el general mirando a Percy— marqué a la prisionera.

—Si señor— dijo una voz que no era la de él, pero que claramente salió de su boca. Se acercó a la joven atada y ella lo miró a los ojos, suplicante.

Sus ojos grises implorando piedad hizo que la identificase al instante, la mujer atada y torturada era su maestra Andrea.

Percy sin controlar sus acciones apoyó el sello contra el antebrazo izquierdo.

Ella gritó de dolor pero cuando retiró el sello los gritos de transformaron en sollozos ahogados. En su antebrazo quedó el tatuaje SPQR con una lanza por encima de esta.

—Y ahora la otra— dijo el general. Percy estiró la mano y recibió otra vara de hierro con un sello arriba.

Sus ojos se volvieron a cruzar con los de su maestra pero como si no le importara apoyó el sello al lado del anterior, dejando una enorme X en su piel.

El general se puso de pie y gritó—¡Y con esto, es declarada enemiga de Roma!

Gritos de exitación y apoyo se oyeron por toda la incinerada aldea.

Una risa provino de la joven atada.

—¿Qué te causa tanta gracia?— se volteó hacia sus guardias y les gritó—¡Ejecútenla!

—Si quieren que sea enemigo de Roma— dijo la muchacha con una sonrisa torcida. Todos los cortes y cicatrices de su cuerpo solo la hicieron parecer más maniática— enemigo de Roma seré.

La tierra tembló y se liberó de las ataduras.

.

.

—Perseo, despierta— dijo la maestra a su alumno— la clase terminó.

Percy abrió los ojos y se puso de pie rápidamente, inhalando y exhalando aire a bocanadas.

La maestra Andrea se puso de pie rápidamente y apoyó sus manos en sus hombros— Cálmate Perseo, solo fue una pesadilla.

Percy observó a las maestra a los ojos por un segundo, la bondad y la amabilidad brotaban del gris de sus ojos.

Era imposible que esa mujer hubiera sufrido tanto, tuvo que ser solamente un sueño, pensó.

Además sucedió hace miles de años, se dijo.

—Disculpe señorita Andrea, me dormí. No fue mi intención…

—Calma joven— interrumpió Andrea— mi materia no suele ser la favorita de las personas. Ahora ve a descansar— dijo dándole un golpe suave en los hombros, invitándolos a salir.

Percy salió rápidamente del salón dejando a Andrómeda con la cabeza en cualquier lado.

Ella sabía lo que él soñó, no paraba de repetir las palabras campamento y general.

¿Qué les pareció? Un poco oscuro, sí, pero es lo que me gusta en las historias. Fue mi capítulo más largo, cuenta con 16 A4 y unas 6500 palabras.

Ya sé que tiene muchos recuerdos y flashbacks pero cuando comience la trama de los dioses del Olimpo se terminan un poco.

(Para responder a un comentario: sí, se va a saber lo que sucedió con los dioses extranjeros pero lo hice más que todo para suma historia a futuro, tengo ambiciosos planes con Andrómeda y Perseo)

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