Hola a todos y a todas!
Hace tiempo que tengo esta historia en el tintero y ya iba siendo hora de sacudirle un poco el polvo. No es mi estilo y al principio me costó mucho encontrar el enfoque que pretendía, pero espero que os guste mucho el resultado final. Quería lograr algo romántico y especial pero sin perder su lado erótico.
AVISO con antelación a posibles MENORES por aquí de que esta historia tiene un alto CONTENIDO ADULTO (+18). El que a pesar de todo quiera seguir leyendo, recae bajo su propia responsabilidad.
Mil gracias a AkiRoss por su ayuda con mis primeros borradores y por su enfoque inicial.
Sin más que decir, disfrutad mucho de la lectura ;P
PD. Para leer este one-shot os recomiendo la canción de Nick Jonas "Bom bidi bom"
.
.
"I want my world to start and end with you."
― E.L. James
.
.
╔══════❀・°・❀══════╗
Kiss me, baby
╚══════❀・°・❀══════╝
La música resonaba por toda la sala a través de los grandes altavoces que se alzaban en cada esquina del recinto. Ni siquiera era capaz de escuchar mis propios pensamientos. Mi cuerpo hormigueaba al ritmo de compás de la canción que sonaba y mis pies se movían solos. Era demasiado adictivo, hipnotizante y atrayente como para resistirte… Como volverse loca pero sin necesidad de ningún estimulante. Mi propia voz cantando en el centro de la discoteca era irreconocible entre el barullo de la gente imitando la voz del cantante que se escuchaba. Unos desafinaban, otros gritaban y el resto simplemente tarareaba al son del estribillo. Y cada compás interpretado con el bajo, la guitarra o con la propia batería suponía un subidón increíble de adrenalina.
¿Qué importaba que mis amigas me hubieran enredado aquel día para salir de fiesta cuando no quería?
Había valido malditamente la pena segundo.
Un paso más.
Una vuelta más… y todo surgía de manera natural.
Mis caderas se mecían con cada hit de música pop que retumbaba contra mis oídos, y mis manos se movían solas por mi cuerpo, enredando también, entre tanto, mi cabellera mientras cerraba los ojos con gusto.
Mi mejor amiga llegó por fin a mi lado después de haber cruzado toda la sala para alcanzar la barra y tomar nuestras bebidas. Primer sorbo de la noche, y ya me sentía a mil.
Su risa desbocada ante mis caras y mi entusiasmo me resultó contagiosa. Acabamos saltando junto con el gentío dejándonos la voz en el intento, riendo mientras apoyábamos nuestros brazos en el hombro de la otra.
¡Este viaje estaba resultando ser la mejor experiencia de mi vida!
Jamás pensé que un simple viaje escolar de fin de curso podría suponer una experiencia tan radical y alucinante como la que estaba viviendo, y más en compañía de todos mis amigos.
Si bien habíamos acabado destrozados después de visitar tantos sitios históricos y culturales durante el día, fue inevitable que los más fiesteros no terminaran arrastrándonos al resto para acabar en una de las discotecas con mejor ambiente de la zona… y todo a escondidas de los profesores de guardia.
Si bien el riesgo fue alto… no me arrepentía de nada pese a mis reticencias iniciales.
Había que admitir el mérito de aquello odisea lo tuvieron tanto Nino como Kim a la hora de indicarnos a donde ir. Y eran el alma de la fiesta… ¡Se habían subido hasta el escenario improvisado que tenía el local y acompañaban al DJ de la fiesta!
Nos habíamos dispersados en pequeños grupos una vez salimos del hotel en el que estábamos alojados, pero al final acabamos todos en el mismo lugar. Podía ver desde donde estaba a Mylène y a Iván en un rincón bailando juntos y abrazados, a Nathaniel y a Max jugando una competición de dardos con otros extranjeros a lo lejos o a Juleka y Rose bailando a unos pasos de donde estábamos Alya y yo.
Tomándome de la mano, Alya nos llevó hasta donde estas dos últimas se hallaban y comenzamos a bailar todas juntas. Y creo que pese a nuestro entusiasmo, no fuimos la auténtica "reina" de la pista.
Y no, no me refería a nuestra querida Chloe Bourgois ni mucho menos, la cual se había quedado en el hotel junto con Sabrina en una sesión privada de spa… sino a Alix.
Tenía un estilo brutal apropiándose de parte de la propia pista de baile con giros y piruetas propios de todo bailarín profesional. Sin apenas despeinarse o sin que se le cayera su tan característica gorra, parecía una bailarina callejera de las que salían en la película Street Dance, dejando a todos a cuadros formando un corrillo a su alrededor.
Aquello simplemente era increíble.
Y de repente… la música pareció perder su tinte intenso y loco, abrumador y cegador… para pasar a ser uno más insinuante y atrayente.
Las sonrisas coquetas que veía que Alya le dirigía a su novio, desde lejos, resultaban muy obvias para Juleka, Rose y para mí. Estas dos, pese a su timidez, parecían incluso también desenvolverse con mayor soltura a medida que pasaban el rato. Estábamos arropadas entre la multitud sin apenas espacio como para bailar con demasiada soltura… y pese a todo, sin vérmelo venir, y con un solo jalón, me vi alejada de mi grupo.
Un fuerte agarre en torno a mi muñeca me empujó hacia atrás durante unos segundos y provocó que chocara con otras personas sin poder ver con claridad. Tenía la vista nublada por el ambiente y solo podía mirar hacia el suelo para evitar pisar a alguien y no caerme redonda al suelo yo misma. Para cuando por fin dejaron de arrastrarme, un fuerte brazo me rodeó por la cintura y una mano me quitó de las mías el vaso con la bebida que aún conservaba apenas intacta.
-¿Pasándola bien, bugaboo?- Articuló contra mi oído mi opresor para hacerse oír sobre la música.
Y si bien me confundió la cercanía de su voz ronca tan cerca de mí, no pude evitar que un escalofrío me recorriera de los pies a la cabeza.
Adrien Agreste… El "ángel de París", mi mejor amigo… y mi crush desde hace tanto que ni lo recordaba con certeza.
¿Habéis oído alguna vez el dicho que dice "del odio al amor solo hay uno paso"?
Pues sí… Ese fue mi caso.
Siendo nuestras madres amigas desde la infancia, era imposible que no nos hubiéramos llegado a conocer nunca. Mis padres son unos humildes pasteleros a pesar de ser reconocidos por llevar uno de los mejores negocios de su ámbito en la capital. La familia de Adrien, por otro lado, pertenecía a otra esfera.
Su madre captó la atención de un cazatalentos desde muy joven llegándose a convertir en una de las mejores actrices y modelos de hoy día, y así es como conoció al padre de Adrien, Gabriel Agreste; el mejor diseñador de modas conocido hasta la fecha.
Con ese historial y antecedentes, no era de extrañar que alguien como mi amigo rubio fuera tan famoso entre las revistas de moda y cotilleo parisinos.
Cuando nos conocimos en la escuela, no le podía ni ver. Chloe, con sus afanes de atención, lo reclamaba como su mejor amigo de la infancia, y yo, no pudiendo ni tragarla, preferí no querer hacer migas con su supuesto "mejor" amigo para así evitarme problemas. No fue hasta que en los primeros días de clase él salió en mi defensa frente a Chloe que me di cuenta de que quizás las apariencias podían ser engañosas.
No fue hasta tiempo después, saliendo en pandilla con los amigos y demás, que descubrimos del pasado en común que tenían nuestras madres, creando un vínculo, si era posible, aún más fuerte entre ambos.
Era un bromista y un adulador empedernido, además de todo un caballero Don Juan cuando se lo proponía. Le encantaba hacerme burlas, como en aquellos momentos en plena discoteca. Pero era la persona más cariñosa, generosa y protectora que jamás había conocido.
Y eso inevitablemente… era lo que había acabado por conquistarme en secreto.
Esta sería, muy probablemente, nuestra última experiencia juntos antes de acabar la escuela y comenzar nuestros respectivos estudios universitarios o formativos por lados diferentes, al igual que el resto de nuestros compañeros.
Y tenía un sabor amargo en mi boca de tan solo pensarlo…
-Trés bien, chaton…- Le contesté de vuelta volviendo a tomar de entre sus manos mi bebida y tomando un largo sorbo. Le guiñe un ojo divertida cuando le vi fruncir el ceño. - ¿Y tú?
-¿Cuándo dejarás de llamarme así?
-Cuando tú dejes de llamarme bugaboo.- Le respondí jocosa.
Su tema favorito para hacerme rabiar era mi estatura, sobre todo desde que él había pegado el estirón y me sacaba una cabeza. Según él, era su pequeño bichito y me elogiaba por mi inteligencia. Aunque siempre me acabara echando en cara mi carácter en ocasiones ingenuo.
A pesar de todo, siempre lograba devolverle cada una de sus burlas con más intensidad logrando callarle la boca para divertimento mío. Quizás fuera muy despistada y patosa pese a mi buena condición física, pero siempre me habían reconocido entre mis amigos por tener una muy buena suerte a donde quiera que fuera.
Adrien por el contrario, era un "gato negro", todo lo opuesto a mí. Yo era la que terminaba cada dos por tres sacándole de algún apuro, como por ejemplo, al lograr despistar a una horda de fans cuando se escaqueaba de sus sesiones; al traficar dulces de la pastelería de mis padres cuando estaba a dieta o hasta incluso pasarle deberes y preguntas de exámenes cuando se le olvida algo.
-Sabes que no lo hago con mala intención Marinette. Lo hago con cariño.-Aclaró con los brazos cruzados dejándome mi espacio.
-Lo sé, pero admite que también lo haces para buscarme las cosquillas.-Increpé segura de mí misma apoyando el dedo índice contra su pecho.
-Puede que sí… puede que no…
-Gato bobo…
Mientras se reía de mí, le golpee entre las costillas de manera amistosa dándole a ofrecer también un poco de mi bebida.
-¿Cómo has logrado entrar al final?
Su mala suerte le había perseguido hasta en esta ocasión cuando salimos todos del hotel. Un grupo de fans suyas lo reconoció, rodeándolo y pidiéndole un autógrafo. Me atrevería a decir que incluso alguna o alguno le habría pedido algo más que una simple foto o firma por cómo se lo comían con la mirada. Pero preferí no meterme y dejarle hacer a él por una vez.
Por esta ocasión, no iba a estar pendiente del chico como su particular heroína e iba a disfrutar de la noche con mis amigas. O al menos, ese era mi propósito… hasta ahora…
-Como me consideras un gato, te diré que los felinos también podemos ser muy astutos cuando nos lo proponemos.
-Lo dudo mucho.
-¿Dudas de mi palabra? ¿De esta cara de angelito?
-Tú cara es de todo, menos de no haber roto ni un plato. A mí no me engañas rubiales.
-Eso miau ha dolido.- Dijo fingidamente apenado y oprimiéndose falsamente el pecho mientras me provocaba una carcajada.
-¿Seguro que te va bien trabajando como modelo con tu padre o tu madre? Yo diría que con la profesión de payaso te iría mejor.
-¡Es tan complicado el mundo de la comedia! Mi humorrr negro es tan bueno que la mayorrría de la gente no lo entenderrría.
-¡Deja de alargar la «r» como si ronronearas!
-Pero, Mari,- Aclaró con sorna extendiendo la palma de su mano de modo explicativo.- Si tú eres la primera que me llama "gatito", ¿ya no te gusta tu propio mote?
-Tente un poco de amor propio.-Me burlé de él.-Si haces eso, vas a espantar a cualquier chica que se te quiera acercar.
-¡Qué buena idea! Debería usar ese método entonces más a menudo.- Concluyó resoluto.- Nunca he buscado ligar con nadie y tampoco es esa mi intención esta noche. Solo quiero pasarla bien con mis amigos. ¿Es mucho pedir?- Reflexionó con una actitud cansina hacia su situación que bien le entendía.- Además, para tu información, mi chica ideal habrá de amar todo lo bueno y malo de mí, incluidos mis ronroneos.
-A veces me haces plantearme si eres idiota o si realmente te lo haces.- Reí.
-Al lado tuyo, cualquiera sería menos, bugaboo.
Y ahí estaba su encanto incuestionable dejándome sin habla y con un punto en la boca. Me mordí el labio ante su mirada fiera clavada en la mía y me giré de espaldas a él. Adrien me había acabado arrastrando hacia una de las esquinas más oscuras de la sala principal de la discoteca. La música no era tan intensa y mucha gente iba de pasada no siendo tanta la conglomeración.
Intenté concentrarme en buscar nuevamente a mis amigas entre la multitud para ir a buscarlas… aunque fuera algo inútil a estas alturas. Era casi imposible encontrar a alguien dentro de todo aquel desfase. Era como buscar una aguja en un pajar. Y el saber que a mis espaldas había un chico que me provocaba escalofríos por toda la espalda con tan solo mirarme, no era que ayudase demasiado.
-Podríamos habernos quedado con las chicas en el centro. El ambiente era bueno y desde allí podíamos ver al resto, ¿por qué me has arrastrado hasta aquí?- Le cuestioné recomponiéndome lo mejor que pude y desviándome de la conversación anterior lo mejor que pude.
-¿Ni siquiera saliendo de fiesta puedes dejar aparcada tu faceta de delegada responsable? Todos están bien y se lo están pasando genial, no necesitas estar pendiente de todos constantemente.
-No lo decía por eso.-Respondí ante el cambio en su tono de voz, la cual sonaba más a regaño o queja que a otra cosa. Y resoplé con desgana y exasperada.- El propósito de escaparnos del hotel era que pudiéramos pasar un buen rato todos juntos. O al menos ese fue el motivo por el cuál acepté esta locura de la cual no estaba, ni estoy segura.- Admití con sinceridad viéndole de reojo.- No niego que me lo esté pasando bien, pero si nos pillan, estaremos en graves problemas…
-No tienes que preocuparte por ellos.- Intentó animarme colocando una mano sobre mi hombro.- Chloe y Sabrina aún siguen en el hotel y nos pueden cubrir las espaldas a unas malas. Además, los profesores estarán tan cansados de vernos las caras y de andar por todos lados de excursión, que caerán redondos a la cama y ni se molestarán en ir a las habitaciones a buscarnos hasta mañana.
-Tienes mucha fe si crees que Chloe Bourgois nos va a ayudar en algo. Solo piensa en ella misma.
-Puede que un principio no lo haga o no quiera… Pero si su "mejor amigo" se lo pide de favor, no creo que se niegue a ello, señorita delegada. Así que por una vez, desenfádate y disfruta de la fiesta.
Y al momento de decir las últimas palabras, mientras me sonreía y yo a él, volvió a quitarme el vaso de entre las manos dejándolo sobre una mesa cercana y tomó una de mis manos haciéndome girar sobre mi propio eje entre risas sin parar.
-¡Adrien! Ja ja ja… ¡Para, que me mareo!
Su risa guasona, divertida y ronca me atraía más que la propia música que sonaba de fondo en el lugar. Me emborrachaba de él y hacía que perdiera el sentido. Me llegaba a nublar tanto el sentido, que acabé chocando entre risas contra su pecho mientras me abrazaba por la cintura y empezaba a mecernos juntos al ritmo de la bachata que comenzaba a oírse.
Cualquiera que nos viera de lejos en esa situación pensaría que éramos dos locos más, borrachos y pasándola bien aquella noche dentro del antro. Pero, muy dentro de mí, sabía que las cosas que se daban de manera tan espontánea, natural y cómoda entre ambos, acababan por provocarme un pellizquito en corazón. Y así, poquito a poquito, como los chupitos de tequila y vodka que te tomabas en la barra, él lograba robarme trocitos pequeños de mi alma hasta hacerla suya por completo.
¿Dónde habían quedado mis propósitos de pasar una noche de fiesta común y de desentenderme de él?
Se suponía que tenía que pasar página…
Se suponía que este viaje me ayudaría a desligarme poco a poco de él ante el futuro que se nos avecinaba, yendo cada uno por su lado. No quería acabar con el corazón dañado por su culpa al verme como solo una amiga. Estaba intentando apartarme de él desde hace un tiempo; dejando de coincidir tanto o intentando no pasar tantos momentos juntos para evitar una separación demasiado dolorosa… aunque inevitable.
Y ahora…
¿Por qué me lo tenía que poner tan difícil?
Me había apretado fuertemente contra él, con confianza, y nuestras caderas se mecían unidas al son de la música. Sentía su respiración contra mi cuello debido a la diferencia de altura y mis manos sobre su pecho no hacían más que notar el vaivén agitado de sus pulmones y su corazón. Su aliento cálido me estremecía la piel del cuello y sentía mis manos hormiguear contra él.
No sabía si lo estaba haciendo a propósito o no… pero cuando empezó a tararear una de las canciones que el DJ había pinchado contra mi oído, y a recitar algunos versos, me sentí delirar.
Esa canción me la conocía muy bien. Y era de todo, menos "inocente"…
I was wrong and you were right
If I was yours and you were mine
But it was all good (yeah)
You were gone and I was back
And I was good and you were bad
But it was all good
-Adrien... - Susurré sin aliento.
Ni siquiera yo fui capaz de reconocer mi propia voz cuando logré articular su nombre. Una de sus manos se había posado fugazmente contra mis labios callando cualquier tipo de queja, acariciándome y atrapando con sus esmeraldas oscuras mi mirada. Aquella cercanía entre ambos, el contacto de su cuerpo con el mío… estaba empezando a provocar que mi vientre interno palpitara como loco.
'Cause I'm an addict, I'm your patient
Your lips are the medication
Come here baby, yeah, you know just what I want
You got that
Sentí los dedos de su otra mano aferrarse fuertemente a mi cintura, apegándome más a él. Nuestras piernas se entrecruzaron sin apenas notarlo mientras bailábamos con un estilo cada vez más sensual… y nuestras frentes se pegaron la una contra la otra. Su aliento contra mi boca me provocaba tal cosquilleo que sentía mi cuerpo temblar: como si se anticipara a algo que mi cabeza no era capaz de procesar… Y solo podía fijarme en sus labios, muy cerca de los míos.
¿Qué rayos estaba pasando?
Bom bidi bom bom bom bode bom
Bom bidi bom bom
You give me bad, bad love
But I love it baby
Love me all night long
If you want baby, like
Bom bidi bom bom bom bode bom
Bom bidi bom bom bom
¿Por qué... por qué aquello se sentía tan… bien?
¿Cómo era capaz de excitarme tanto sin apenas hacer el intento?
Dios, no solo lo amaba… lo deseaba con fuerza.
Y él no me estaba ayudando.
Aquel momento… parecía lo correcto, lo idóneo… pero… ¿Sería demasiado osado que por una vez en mi vida, y con el chico que anhelaba en secreto, pudiera sentirme algo más que su amiga? ¿Sería egoísta querer sentirme… sexy frente a él?
No sabía cómo habíamos acabado tan cerca de la pared, él acorralándome y yo dejándome atrapar. No sabía cómo había comenzado a dejar pequeños y delicados besos por mi cuello haciéndome suspirar; y mucho menos me di cuenta de cuando fue que mis manos se apoyaron sobre sus hombros, jugando con los mechones rubios de su nuca. Estaba perdiendo la razón como una desquiciada aquella noche. No había necesitado de un mísero vaso de alcohol para volverme devota de su fragancia, de sus caricias y suspiros sobre mi cuerpo… o de la sensación de tenerlo a "él" contra mí, sintiéndolo.
Y es que nunca me había sentido tan perdida por él como en aquel momento
'Cause you're a bad, bad girl
But I love it baby
Love me all night long
If you want baby, yeah
Bom bodi bom bode bode bom bom
Bom bodi bom bode bode bom bom...
-¿Te he dicho ya que estás preciosa con ese vestido? - Gemí de placer y jadeé sin poder evitarlo cuando me susurró aquello mordiéndome el lóbulo de la oreja. Su voz sonaba tan grave, gutural y fiera a la vez.
Definitivamente aquello no podía ser un sueño. No podía ser una más de las muchas fantasías que había tenido con él. Porque se sentía demasiado bien como para que no fuera real. Y fue ahí que, al mismo tiempo que todo aquello despertaba una chispa desconocida y adictiva en mí, volví a la realidad.
-No… - Logré articular, de forma ronca, cuando sentí algo más que presión entre nosotros… en sus pantalones. - Adrien… No…- Estuvo a punto de morderme el labio inferior o incluso de besarme por primera vez cuando ejercí más presión contra su pecho apartándolo suavemente de mí agachando la cabeza. -Para, por favor… ¡Para!
Y para cuando logré que se diera una separación más amplia entre ambos y que por fin me liberara de la prisión que eran sus fuertes brazos, nuestras miradas chocaron. La tensión sexual era palpable por mucho que me lo quisiera negar. Pero la confusión que iba creciendo dentro de mí por momentos al sentirme usada, la inseguridad de sentirme inferior y la mirada de derrota y decepción del rubio no acabaron siendo un buen cóctel.
-Lo… lo sient… No, no puedo…
Y como pude, con la voz rota y tapándome la boca, escapé de él y salí corriendo.
-¡Marinette!
Su voz se perdió entre el barullo de la gente y la música del lugar. Mi respiración estaba atrapada en mi garganta. No podía respirar, y solo quería gritar para dejar estallas las miles de emociones arrolladoras que empezaban a golpearme.
──❀•❀──
Adentrándome entre el mar de gente, busqué a Alya con desesperación. No permanecería ni un segundo más allí. No podía. Mis intentos por encontrarla fueron inútiles y acabé saliendo al exterior del local. Una vez en la entrada, tomé mi celular y llamé para localizarla.
-¿Marinette?
-Alya, ¿me escuchas? ¿Dónde estás?
-Estoy en el baño con las chicas, pero… ¿dónde estás tú? Estabas con nosotras bailando… ¡y de repente te perdí la pista!
-A-adrien me arrastró con él. -Logré articular a duras penas su nombre.- Al final logró entrar. Es una larga historia pero ya después te contaré. Me marcho al hotel ya.
-¿¡Qué!? ¿Cómo que te vas? Pero si la fiesta se está empezando a poner buena ahora. -Reclamó la morocha.- ¿Estás con Adrien?
-No, me marcho sola. Solo quería avisarte para que te quedaras tranquila. Supongo que hoy querrás marcharte con Nino y dormiré sola en la habitación.
-¡Espera, espera! ¡Rebobina!- Exclamó. -Si estabas con Adrien, ¿cómo es que estás sola? ¿Él ya te ha hablado de eso? ¿Te lo ha confesado todo?
-¿Confesar qué?- Increpé sospechosa ante la última pregunta.
-¡Marinette!
La voz de Adrien a mis espaldas me asustó. Me di la vuelta al ver que se acercaba hacia donde yo estaba, buscándome preocupado entre la gente. Pero yo no tenía el valor suficiente como para enfrentármelo cara a cara… mucho menos después de lo que había… o estuvo a punto de pasar…
-¿Marinette?
-Tengo que colgar Alya, no te preocupes, mañana hablamos.
-¡Espera Mari…!- Colgué antes de llegar a escuchar lo último que me dijo. Salí corriendo lo más rápido que pude del lugar y no miré atrás.
Una vez estuviera a salvo, a oscuras y en la soledad de mi habitación, ya podría respirar, gritar o llorar tranquila y en paz.
Tuve que aferrar con mis manos los extremos de la falda de mi vestido para que no se me volara en mi trote hacia el hotel, y agradecí llevar unas sandalias cómodas aquella noche de verano; porque de haber aceptado la sugerencia de mis amigas para que fuera con tacones hoy, hubiera acabado muy pronto en el suelo por la velocidad a la que iba.
No cedí en el empeño de llegar a mi destino, lo más pronto posible, hasta que finalmente lo vi tras girar la esquina de una calle.
Buena suerte, no me falles ahora…
──❀•❀──
Me apresuré hasta la entrada del complejo hotelero y entré al hall. No era excesivamente tarde, pero apenas había clientes o huéspedes a esas horas. El contraste de temperatura existente entre la calle calurosa y el interior fresco por el aire acondicionado me chocó, y me abracé a mí misma para transmitirme un poco de calor por los brazos.
Pero no fue una buena idea… Al instante aparté las manos y aguante el fresco como pude tragando pesado. Porque el más mínimo contacto sobre mi piel me recordaba a las caricias que de manera fugaz me había dado cierto rubio estremeciéndome.
Idiota…
Y para cuando pensé que nada más podría salir peor…
-¡Marinette!
El pánico fue mayor que otra cosa que habitara en mí.
Me lancé insistentemente contra la placa de los ascensores para que se abriera pronto la puerta y me metí dentro esperando que no me viera y se cerrar lo más pronto posible. Pero por desgracia, cuando las puertas de metal estaban a punto de cerrarse, una mano en mitad las detuvo. Alguien entro en el ascensor, y una vez se cerraron definitivamente las puertas… ya estaba acabada.
-¡Déjame!- Grité histérica abrazándome a mí misma y dándole la espalda refugiándome en una esquina. Aunque intentara que nuestra distancia fuera la mayor posible, no había muchos lugares a los que pudiese huir en ese momento.
-¡No! ¡Vas a escucharme y tú vas a darme una explicación!
-¡¿Yo?! ¡¿Yo tengo que darte a TI una explicación!? - Increpé rabiosa encarándole.
-Dime si no, ¡¿por qué rayos has salido así corriendo?! Podría haberte pasado cualquier cosa sola Marinette, ¿no lo entiendes?
-¡No me importa!
-¡Pero a mí sí! - Estalló con rabia.
Su aparente preocupación tocó una fibra sensible muy dentro de mí, pero estaba demasiado confusa y renuente emocionalmente como para demostrarlo.
-Ya soy mayor de edad Adrien, y para tu información, sé apañármelas muy bien solita.
-¡Cualquiera lo diría, yéndote de la discoteca y sin que nadie te acompañara en un lugar que ni siquiera conoces! ¡Si al menos no querías ni verme la cara, hubieras avisado a Alya o a cualquiera para que te acompañara!
-¿Y estropearles a mis amigos la fiesta por algo que has hecho tú? No, gracias. Llamé a Alya y le avisé por teléfono de que me iba. Fin de la historia.- Acoté de forma seca dándole de nuevo la espalda.
-No me creo que Alya se haya quedado conforme dejándote marchar sola hasta el hotel. Conociéndote, no le diste tiempo si quiera a que te replicara, ¿no?
-¡Deja de hacerte ya el listo conmigo!- Le reclamo de vuelta girándome. La cercanía entre ambos va progresivamente aumentando a medida que también lo hace mi rabia y mi frustración.
-¡Pues deja de actuar tú de forma irracional!
-¡La culpa es tuya!
-¡¿Mía?!
-¡Agh! ¡Eres exasperante!
-¿Eres consciente de que te podría haber pasado cualquier cosa de camino hasta aquí? Podrían haberte atracado al no ser la zona muy segura, o en tu estado, podrías haber tenido un accidente Marinette.
-Eres un exagerado.
-Y tú estás siendo una inconsciente.
-Quizás, si no me hubieras apartado del resto o si no me hubieras acorralado así en la discoteca no me sentiría tan alterada como lo estoy ahora, ¿no crees?
-Te recuerdo que si acabamos así, no fue solo porque yo me dejase llevar.- Demandó contenido y acorralándome contra la pared del ascensor con los brazos extendidos.
Su mirada estaba tan o más oscurecida que en la discoteca. Podía notar la rabia que sentía al notar la tensión de sus brazos. En la oscuridad del antro apenas pude percatarme de ello, pero aquella camiseta de manga corta negra que llevaba puesta le sentaba endemoniadamente bien. Me mordí el labio inferior malogrando mis ganas de colocar mis manos sobre sus pectorales o su delgada cintura.
De golpe, se me había quedado sin voz, mirándole. Y tenía la garganta seca. Apreté mis manos en puños contra los pliegues de mi vestido.
Bajo el foco de la luz blanca que nos iluminaba, el tono de la prenda, rosa claro, y las transparencias que tenía por el bajo y los tirantes, me dio la sensación de estar demasiado expuesta ante él por un instante. Como si fuera una delicada pluma, blanca y pura, con la que iba a jugar un gatito travieso.
-Tú-tú fuiste quién me acorraló como ahora…
-Yo no lo recuerdo así, my lady…- Susurró alzando mi mentón con una de sus manos y escondiendo la cara en el hueco de mi hombro sin tocar ni una sola parte de mi cuerpo.- Recuerdo que te abracé para que bailáramos juntos como todos los demás… Luego tú me abrazaste y te apoyaste en mí… Ambos cruzamos nuestras piernas, yendo al son de la música… Y así fue como finalmente acabamos contra la pared.- Contuve la respiración cuando creí iba a besarme por bajo de la oreja, en el cuello. Y me encogí de hombros cerrando los ojos al notar solo su respiración irregular contra mi piel.- Yo perdiéndome en tu perfume y tú en el mío… Yo acariciando tu cintura y tú mi cuello…
-No…- Suspiré sin aliento al sentir su aliento chocar contra mi rostro.- Esto no está…
-Te amo Marinette.
Y así, con los ojos abiertos ante la sorpresa y todavía asimilándolo, atrapó mis labios con los suyos. Me sentí delirar al sentir mi lengua presa de la suya y cerré los ojos dejándome llevar ante el contacto impetuoso y ardiente que me demostraba.
Aquello no podía estar pasando. No podía ser real…
Realmente tenía que estar soñando o delirando tras una larga borrachera en la discoteca con mis amigas; quizás por culpa del mismo chico que ahora me tenía abrazada contra una de las paredes del ascensor al haberle visto del brazo de alguna otra tipa en el antro. Mis celos me estarían matando, quizás acabaría de cualquier manera si me despistaba de mis amigas y…
Pero… si era así, ¿por qué se sentía tan auténtico y tan real su aliento contra mi cara? ¿Y su respiración cosquilleándome los labios tentándome? ¿Y sus manos perdiéndose entre mi cabello y afirmando mi cintura con posesión?
No… No estaba soñando.
Definitivamente era real.
Y si era una broma de mal gusto o algún acto inconsciente de mi amigo por culpa de la borrachera, aun recién haber empezado la noche, no me importaba. No iba a desaprovechar esa oportunidad frente a mí por el miedo a lo qué sucedería después.
¿A quién pretendía engañar a esas alturas? Me había desarmado, y todos los motivos por los que antes me reusaba a acercarme a él, los había desecho y tirado a la basura con tan solo una frase.
Una que yo deseaba escuchar de sus labios desde el momento en que caí enamorada de él…
Mis manos se perdieron entre sus mechones rubios, revueltos por la carrera que había dado para perseguirme. La distancia entre nuestros cuerpos se extinguió mientras me apretaba pecho con pecho contra la pared. El sentir su virilidad contra mí me hizo jadear como no lo había hecho antes, y en un acto impulsivo, me alzó abrazándome por la cintura para que el contacto de nuestras caderas fuera mayor. Una de mis piernas se movió sola en torno a una de las suyas hasta acabar en su cadera, la cual golpeaba contra la mía haciéndome jadear mientras continuaba besándome.
Cuando soltaba mis labios para poder respirar jadeante, volvía a devorarme con su boca al instante. Mientras una de sus manos me sostenía el rostro para continuar besándome, la otra, más valiente, se aventuró por bajo de mi falda y apretó una de mis nalgas para sostenerme.
-Ahh…
-Te quiero, te adoro…
En un momento en el que nuestras miradas volvieron a chocar mientras respirábamos, sintiendo la chispa entre ambos más intensa que nunca, el timbre del ascensor nos avisó de haber llegado a nuestra planta de destino.
Sin embargo, permanecimos inmóviles, entre los brazos del otro y sin querer borrar ni un solo milímetro del espacio que nos unía. Su respiración profunda me erizaba la piel, la presión de sus pantalones encogía mi estómago de ansias…
No fui capaz de pensar en aquello en ese momento, pero en perspectiva, agradecí que nuestra planta del hotel solo fuera ocupada por estudiantes de nuestro grupo. Si alguien hubiera llamado al ascensor en ese momento o nos hubiera descubierto alguien del hotel, nos hubiéramos metido en graves problemas.
-Llevas distante varias semanas conmigo…- Exhaló intentando respirar con normalidad.- Y ya no lo aguanto más.- Sentenció resignado chocando su frente con la mía, pero sin perder contacto visual.- Quería decírtelo antes de que acabara todo, durante el viaje… y tampoco me has dado muchas oportunidades para poder hablar contigo. Estaba empezando a temer que…
-¿Es… es verdad? - Le interrumpí… incrédula y con las manos temblorosas aferrándome a sus hombros.
Mi voz empezó a fallarme y me tapé la boca. Estaba empezando a sentirme rota… pero de la emoción que contenía bajo mi pecho. Muy pronto sería incapaz de retener las lágrimas de mis ojos, pero maldita sea… aquello era tan imposible de creer que… que…
-¿El qué? - Interrogó él inseguro.
-Me… tú me…
Su leve risa grave, ante mi vano intento por formular aquello que se atoraba en el fondo de mi garganta, generó miles de mariposas en mi estómago, mientras me liberaba lentamente de su prisión, dejándome en pie y libre. Pese a todo, sus manos no se separaron de mí, y por el contrario, enmarcaron mi rostro mientras me susurraba con emoción contenida lo siguiente contra mis labios.
-Sí… Te amo, Marinette Dupain-Cheng… Mi testaturada, tierna, impulsiva, guapa, astuta y torpe mejor amiga…- Reveló con una deslumbrante sonrisa en su rostro.- ¿Me harías el honor de poder pedirte, por fin, ser algo más que eso?
Por cada adjetivo que me regaló, me besaba la frente con dulzura entre risas de emoción y nervios por parte de ambos. Y para cuando escuché semejante petición de su parte con su característico tono de burla de siempre, no pude evitar pensar que nunca hubiera imaginado que una escena tan surrealista, dadas las circunstancias, me hubiera resultado la más romántica de toda mi vida.
Si hubiera sido una chica más invulnerable a sus encantos, muy probablemente le hubiera contestado con alguna pullita o alguna broma pícara para verle a él también tan nervioso como yo me sentía por dentro. Pero lo cierto era que en esos momentos no era capaz ni de canalizar mis propios sentimientos como para intentarlo. Así que solo pude decir una cosa antes de dejarme llevar por completo aquella noche.
-Ya te ibas tardando, gato tonto…
Sin haber perdido el contacto visual con él ni un solo instante, pude ser espectadora de un brillo único en sus iris esmeraldas ante mi respuesta a su pregunta. Fue como si las brillantes y relucientes hojas húmedas de los árboles de un frondoso bosque, tras el paso de la lluvia, me cobijaran y protegieran de cualquier inclemencia. Junto con él, me sentía viva… y más segura y amada que nunca.
Sus pupilas se dilataron mientras su sonrisa se ensanchaba, y al fin, sobrecogida y superada por todo aquel mar de alegría, una lágrima traviesa rodó por mi rostro hasta que Adrien la frenó acariciando mi mejilla.
-Créeme… Antes muerto que dejarte escapar de nuevo. Y ya te aviso que tengo nueve vidas, bugaboo.
-Bobo…- Dije feliz escondiendo mi rostro sonrojado contra su pecho pese a que me siguiera llamando con ese mote burlón.
Aunque para ser honesta… ya no me importaba tanto que me llamara así.
-Tu bobo, my lady… et tua culpa…- Me entró un escalofrío al sentir su aliento contra mi oído cuando me lo susurró.
Siempre me había maravillado la capacidad que tenía para poder hablar tantos idiomas. Desde niño le habían dado cientos de clases particulares desde casa antes de ingresar en la escuela, según me contó el mismo hace un tiempo. Y lo cierto es que, cada vez que le escuchaba hablar en otro idioma que no fuera el nuestro… me resultaba muy sexy.
Me mordí labio al entenderle en latín, sin una pizca de culpabilidad ante su acusación. Por el contrario, me sentía más receptiva que nunca… y quizás, un poco más valiente.
-Je t'aime aussi… mon chaton…
Le besé la mejilla con timidez de puntillas, apoyando una mano en su mejilla y otra en su torso. Y mientras sentía su abrazo más firme que nunca, me pareció que sus ojos se volvieron vidriosos por un instante.
-Ne me quitte pas…- Articuló en susurro apartando mi mano de su rostro y besando la palma sin apartar sus ojos de los míos.
Parecía tan vulnerable y tan necesitado de mí que ni en mis mejores sueños hubiera llegado a pensar que yo supondría un pilar tan básico para él tal y como me lo estaba demostrando. Aún no era capaz de entenderlo por completo. No encontraba razones suficientes por las que el pudiera sentirse de esa manera para conmigo… con miedo a perderme… a que me alejara de su lado….
Jamás lo haría… Porque yo tampoco podría permitirme perderle… Lo era todo para mí.
-Jamais…
Y mientras escuchaba el sonido de las puertas del ascensor, mis labios volvieron a ser presos de sus besos. Primero mordió con suavidad mi labio inferior, más grueso. Cerré los ojos ante sus caricias por todo mi cuerpo, y al exhalar un suspiro, noté como jugaba con mis labios, antes de rozarlos y meter su lengua en mi boca. Cuando gruñó de placer mientras nos besábamos sentí que mis piernas perdían toda fuerza y que me derretía entre sus brazos.
Su lengua arrasó con la mía y perdí la razón. Su mano en mi nuca hacía que el acto fuera cada vez más profundo, más intenso… y yo solo podía agarrarme a su camisa o a los mechones de su nuca para sentir que aquello no era un sueño.
-Marinette…
Con mi frente aún apoyada en la suya, solo podía mirar hacia abajo con la vista borrosa ante su asalto mientras buscaba recuperar el aliento robado. Mis manos temblaban, no por nervios, sino por anticipación de lo que podría seguir a todo aquello y…
-Ejem…
Quise enterrarme bajo tierra en aquel mismo instante.
Si bien sentí antes mi lívido por las nubes, ahora mi cuerpo se había vuelto más tenso que una vara de acero. De un plumazo, todo el ambiente que se había formado entre nosotros se desmoronó.
Y por segunda vez en la noche…
Cuando alcé violentamente la vista, vi junto a la puerta del ascensor a uno de los empleados del servicio del hotel aclarándose la garganta… y me morí de la vergüenza. Mientras parecía mirarnos con cautela y seriedad, Adrien actuó de forma más rápida y resolutiva de lo que yo hubiera podido.
-Muy buenas noches. Bonita noche, ¿no cree?
Pero… ¡¿será descarado?!
Se giró sobre sus pies y, con la sonrisa más pilluela y deslumbrante que le conocía y me rodeó con sus brazos, abrazándome y actuando como si aquí no hubiera pasado nada de nada. A simple vista habría sido una acción muy normal entre una pareja de enamorados; pero es que si descubrían que éramos parte de una excursión de alumnos, que no estábamos en nuestras habitaciones, y nuestros compañeros tampoco… Estaríamos todos en graves problemas.
No sé qué impresión le estaríamos dando al pobre hombre frente a nosotros. Parecía mayor, y en cierta forma me recordaba a mi abuelo Rolland, pero su expresión era mucho más serena. O eso esperaba…
-Muy buena noche sin duda, jovencitos. Siento importunar, - Dijo entrando con tranquilidad al ascensor mientras Adrien me iba empujando suavemente para salir- ¿viaje en pareja?
-¿Se nota tanto que esta chica me tiene loco? – Me aduló Adrien sacándome los colores una vez más en aquella noche.
El hombre rio levemente asintiendo al rubio.
-Lo cierto es que hacéis una bonita pareja. – Confesó con una sonrisa honesta y educada despidiéndose con la mano.- Que paséis una linda noche.
-Lo mismo para usted señor. Muchas gracias. –Se despidió Adrien con educación e inclinando la cabeza mientras las puertas del ascensor se volvían a cerrar.
Tras unos segundos de silencio, los dos suspiramos profundamente. En cualquier otro momento me hubiera reído de la situación, pero lo cierto es que me sentía terriblemente cohibida por todo lo que recién había pasado. Y no sabía cómo manera actuar ahora.
Toda la magia que parecía haberse creado en el ascensor segundos antes… ¿se había esfumado? Aun no era capaz de procesar tampoco todo lo que había acaecido… ¿Adrien de verdad… de verdad me amaba? ¿Realmente nuestros sentimientos eran correspondidos?
Aún me retenía contra su torso abrazándome por la cintura. Y yo escondí mi rostro contra él.
-Dios, que vergüenza…
Sentí su pecho vibrar contra mis manos al reír levemente por mi gesto. Me abrazó por completo con sus brazos y jugó con los mechones de mi cabello por la nuca mientras apoyaba su frente contra la mía.
-Pudo haber sido peor, ¿no crees?
-¡Adrien!-Exclamé aún azorada por su tono burlón y golpeando su pecho mientras continuaba riéndose.- ¡Estás loco! Podrías habernos metido en problemas a nosotros y al resto que aún están de fiesta. ¡Ni siquiera sé cómo es que actuaste tan rápido como si fuéramos realmente…
- … una pareja de enamorados? –Terminó mi frase alzando mi mentón y fijando sus ojos de forma penetrante en los míos. - ¿No crees que es porque así lo siento o así lo quiero?
¿A-acaba de… Acaso estaba queriéndome decir que…
Su mano acunando mi rostro, acariciando mi pómulo izquierdo con el pulgar, rozando su nariz con la mía o compartiendo de nuevo el aliento…
-Ven conmigo… No voy a dejar que nos interrumpan de nuevo. – Aclaró apartándose y tomando mi mano para apresurarnos por el largo pasillo en el que nos hallábamos… en dirección a las habitaciones.
Habíamos acabado en el piso donde estaban todas las habitaciones de las chicas, y me vi arrastrada por él sin apenas articular palabra hasta que llegamos finalmente a la puerta de la que era mi habitación junto con la de Alya.
Grande fue mi sorpresa cuando le vi sacando unas llaves de su bolsillo y abriendo la puerta.
-¿Cómo es que tienes las llaves de mi habitación?
-Culpa a Alya. Sabía lo que me proponía hoy y me las dio sin yo pedirlas. Dijo que pasaría la noche en la habitación de otra de las chicas o probablemente con Nino.
Dichosa Alya… Definitivamente esa chica era más astuta que un zorro. Aunque… Espera un segundo…
-Espera, ¿acaso ella sabe que tú…
Cerró la puerta cuando entramos y aún en la oscuridad me contestó.
-Nunca le había contado a nadie lo que sentía excepto a Nino. Siempre estuvo ahí para apoyarme y, uno de los días en los que estuvimos hablando de ello antes del viaje, Alya nos escuchó. Sin bien creo que sospechaba algo, me sorprendió mucho verla tan entusiasta con la idea de ayudarme para acorralarte. Y no puedo evitar serte sincero y decirte que aquello me dio más ganas aún de decirte todo de una buena vez. – Sin oponer resistencia, y sin soltarme en ningún momento, nos adentró hacia la habitación. – Según palabras suyas, quería ver como acababa este juego del "gato y el ratón" que nos traemos desde hace tiempo por tu testarudez. Y lo cierto… es que ahora mismo también me gustaría saber cómo va a acabar… Así que, ¿qué es lo que quieres tú, Marinette?
Él finalmente soltó mi mano y de repente sentí que algo me faltaba por dentro al verle apartarse con expresión insegura y seria. No quería ese vacío. No quería que todo esto acabara en nada… y mucho menos por culpa de mis inseguridades.
¿Tenía miedo de que él se acabara aburriendo de mí?
¿Tenía miedo de que por su estilo de vida no fuera lo mejor para él?
¿Tenía miedo de hacerle yo misma daño?
Sí… Pero también tenía miedo a perderle por no haber actuado a tiempo. La inseguridad que sentía ante la probabilidad de que estuviera jugando conmigo se fue apagando moderadamente. Su mirada suplicante, su claro nerviosismo a través de la voz, la respiración irregular… Me mordí el labio al ver reflejada su actitud en mí misma. Y hablé por la boca sin siquiera pensar dos veces en lo que estaba diciendo, de forma inconsciente.
-Si te soy sincera, antes en el ascensor, temí que esto no fuera más que una broma de muy mal gusto por tu parte.- Tragué saliva sintiendo la garganta más seca.- Creí que sería algo consensuado o algo con lo que tomarme luego el pelo para el recuerdo. Créeme ilusa o fantástica, pero tú ya me conoces. Soy una chica muy insegura además de inocente para estos temas, y jamás creí que tú… bue-bueno, que tú…
-¿Qué nunca te vería de esa forma? ¿Como algo más que una amiga?- Sonrío el con dulzura cuando nuestras miradas se cruzaron y sentí mis mejillas arder.- Pues sí. Así es… y lo cierto es que me ofende un poco que hayas llegado a tener ese mal concepto de mí antes. ¿De verdad creíste que yo jugaría de esa forma contigo? ¿Por qué? ¿Con qué propósito? Creía que me conocías mejor…
-¡No! ¡No me refería a eso! No me mal interpretes… Nunca quise decir que desconfiara de ti. ¡Más bien es todo lo contrario! Siempre has estado ahí para mí. Me has ayudado, me has apoyado, me has defendido… ¡Eres una persona increíble por dentro y por fuera! Si no te lo digo a menudo es para que no se te suba a la cabeza con esa actitud altanera que te traes siempre.
-¿Altanero, eh?- Respondió con burla mientras me sonrojaba con intensidad.
-¡Ese no es el caso! Me importas, y siempre lo has hecho. –Confesé sin tropiezos mientras veía sus ojos cada vez más abiertos ante la sorpresa.- En cada momento importante de mi vida siempre has estado conmigo, por y para mí, a pesar de las muchas diferencias que existen entre nosotros debido a tu familia. Y creí que por muy buena que fuera nuestra confianza el uno en el otro, jamás podría llegar a ser vista de igual manera a tu lado como cuando vas con Chloe, por ejemplo.
-No estarás insinuando que me consideras alguien inaccesible por mi familia, ¿no? Tú más que nadie deberías saber que mi situación familiar nunca me ha condicionado a hacer lo que he querido. Me importa una mierda la opinión pública y nunca he deseado captar la atención de los medios. Al contrario, lo odio, y lo sabes.
-No estoy diciendo que crea que eres inaccesible… ¡es una realidad, Adrien!
-¡Y una mierda esa es la realidad, joder!- Protestó eliminando la distancia existente entre ambos. Retuvo mi rostro, casi lloroso, entre sus manos para que no apartara de nuevo la vista.- Sabes más de mí que yo mismo, Marinette… ¿Cómo rayos puedes tener tan mal concepto de ti misma?
-Nunca he sido alguien especial o que destaque en algo… ¿Qué podría tener yo que captara tu atención?
-Serás mentirosa… -Replicó en voz baja casi para sí mismo y con frustración -Eres la chica más lista, buena y maravillosa que he conocido, cabeza dura. No te importa verte en apuros o bajo presión con tal de ayudar a tus amigos y familia. No hay reto al que te enfrentes que no sepas solucionar. Y no hay vez que no me dejes como un idiota embobado ante ti, ya sea por tu labia cada vez que intento picarte, por tu madurez y sencillez ante la vida, o por tus claros ojos azules… que se han convertido en mi color favorito al despertar cada día y ver el cielo azul. Mires por donde lo mires, lo tienes todo para captar mi atención.
-Adrien…
-No pienso dejar que te sigas infravalorando de esa manera. Y mucho menos por mí. Te amo Marinette, ¿me has oído? Y eso no lo va a cambiar ni mi fama, ni tus miedos, ni nada en el mundo. Así que ahora, deja de temer acercarte a mí y déjame demostrarte que tengo la razón…
Y así, con una lágrima agridulce corriendo por mi rostro, volvió a robarme un nuevo beso. En la oscuridad de la habitación, a solas y con los sentimientos a flor de piel, sentí su toque más tierno y dulce que nunca… pero al mismo tiempo era tan salvaje y pasional que me dejaba sin aliento.
Me temblaban las piernas, y para cuando quise darme cuenta me vi arrastrada de espaldas y caímos sobre la gran cama que ocupaba toda la habitación. Sobre mí pero sin presionarme tomó mi nuca para continuar besándome con ímpetu. Y alzó una de mis piernas sobre su cintura para arrastrarnos a ambos hacia el centro de la cama.
Mi espalda se arqueaba por sí sola, producto del placer de sus besos, y me aferré como una desquiciada a sus cabellos esperando no perder la cabeza. Sus mechones rubios parecían brillar con el reflejo de las luces de la calle a través de la ventana, pero sus ojos dilatados eran lo que más captó mi atención…
Lo que más cautivó mi deseo por él…
-Adrien…
-Te amo… Joder, te amo como a nada y como a nadie…- Exhaló entre beso y beso mientras recuperaba la respiración y me mordía el labio inferior una vez más.
-Y yo a ti… Ahh…
Su presión contra mi cuerpo me llevó a notar su clara erección bajo los pantalones, e inevitablemente perdí el norte. El saber que yo le ponía tanto como él a mí con su mera presencia, sus besos o caricias me hacía sentir como un volcán en erupción. Uno que solo que quería expulsar de su cuerpo todo el amor y la pasión que llevaba reteniendo desde hace demasiado tiempo.
Retuvo mis manos cruzadas por encima de mi cabeza mientras seguía meciéndose contra mí y su boca continuaba avasallándome. Mis piernas se enlazaron con las suyas y la falda de mi vestido se subió hasta por encima de mi estómago. Gemí agónica de placer mientras sentía una de sus manos acariciando mis muslos, mis caderas o mi vientre. Pero mayor fue la presión que ejerció sobre mí cuando me agarró los glúteos y sentí el bulto de sus pantalones contra mis finas bragas de encaje.
-Ahh…
Me removí sin contención bajo su torso por el placer. Mi cabeza era incapaz de razonar en aquellos instantes, mucho menos lo haría mi cuerpo… En un acto veloz y de debilidad suya, liberé mis manos. Y una fue a parar al comienzo de su camisa para empezar a desatar los botones mientras que la otra acariciaba su rostro. Pese a que sentía mi vista cada vez más borrosa, no quería que su flequillo me impidiera dejar de ver aquellos ojos esmeralda que tanto me encandilaban.
-Dios… Este… No-no era el plan…- Logró articular entre besos y más besos que le robaba impidiéndole hablar.
-¿Y cuál era… Ahh… tu maravilloso plan pues, señor Agreste?
-Joder… a la mierda todo.
-Ah- Gemí.
Grité de la impresión ante su intensidad. No supe en qué momento exacto perdí mi vestido y acabó por el suelo de la habitación junto con su camisa. Pero cuando me abrío de piernas con brusquedad y sentí su humedad frotándose con la mía me quedé en blanco. Literalmente, parecía que quería mezclarse conmigo en cuerpo y alma, con sus manos aferrándome contra él con intensidad por la cintura y las caderas sin abandonar en ningún momento mis labios.
Solo estábamos en ropa interior; pero la mía era tan fina que parecía ni existir. Algo empezaba a presionar el interior de mi estómago con intensidad… algo que no había sentido hasta ahora y que sentía a punto de estallar.
-Adrien… mi amor…
-Ámame, my lady… Ahh… Y déjame amarte…
-Te amo bobo,- Lloré de placer y de amor- ya te amo y siempre me tendrás…
-Mari…
-Adrien…
Gemimos al unísono. Yo deleitándome con su cuerpo y él con el mío. Tenía una piel tan tersa y suave. Su bronceado natural hacía contraste con mi piel blanca y me incitaba a acariciar cada rincón de su cuerpo. Sus pectorales, sus no tan exagerados abdominales, sus anchos hombros y dorsales… Para cuando quise aventurarme más allá de la última prenda que lo delimitaba de mí, me retuvo. Apoyó su frente con la mía y acarició una de mis mejillas mientras me contemplaba con adoración.
-De-de verdad que quería hacer las cosas bien contigo. Quizás compartir uno de esos famosos helados de André contigo cuando regresáramos a París o incluso invitarte al cine sin que nos persiguiera la prensa como la vez que fuimos a ver el último estreno de mi madre.
No pude evitar reír ante la mención de aquel recuerdo. Era uno de los mejores y más recientes que compartía con él; una escapada épica tras las advertencias de su padre de no salir a la calle. Su madre había protagonizado el último éxito en las taquillas y él no quería perdérselo por nada del mundo.
Aún me costaba recuperar la respiración. Pero tener una conversación tan normal y cotidiana como esa en un momento tan íntimo como aquel… y con él… se sentía tan natural e ilógicamente perfecto.
-Pero has tenido que volver a descuadrar todos mis planes como haces siempre y volverme loco.- Suspiró resignado pero feliz dándome un pequeño pico en la nariz.- No quiero que pienses que solo quiero estar contigo por un… revolcón de una noche… o por haber tomado algo con nuestros compañeros... Porque te aseguro que no es así- Aclaró con firmeza y sin apartar la mirada de mi rostro.- Siempre he querido estar contigo más allá del plano físico. Y quiero que entiendas que si seguimos adelante con esto, yo voy a ir enserio. No… no quiero que esto sea cosa de una sola noche, y tampoco quiero que pienses que lo que digo son palabras vanas.
Él mismo me lo había dejado en claro antes. Ni mis inseguridades, ni sus miedos ni todas las presiones exteriores tenían porque ser un impedimento si nos lanzábamos hacia lo que verdaderamente sentíamos el uno por el otro.
Y con aquellas palabras quería realmente demostrármelo. La intensidad de sus sentimientos, de cada acto y cada muestra de ellos por mí desde que nos conocíamos, ¿no deberían de ser prueba de ello? Él realmente quería estar conmigo. Me quería. Me amaba.
Y yo lo amaba a él con locura.
¿Por qué el miedo al futuro me retenía?
-No dudo ni de tus intenciones, ni de tus palabras… Mucho menos de tus sentimientos Adrien…- Logré articular acariciando sus suaves cabellos mientras imitaba mi gesto con el mío.- Tampoco quiero que sientas que me estás forzando a tener algo más contigo porque no es así. No necesito semanas, meses o años de noviazgo para saber que te quiero y que eres la persona con la he querido y quiero estar desde siempre. Eres mi mejor amigo, mi mejor compinche de locuras, el chico que más me desespera y a la vez el que más me vuelve loca… pero por ti.
-Mari…
-Es solo que… Nos conocemos desde hace tanto… Llevamos tanto tiempo siendo amigos mientras deseaba ser algo más para ti que todo esto aún me parece un sueño.- Reí tontamente cerrando los ojos.
Pero él me volvió a besar en los labios devolviéndome a la realidad de la que anhelaba no despertar jamás.
-Pues deja de pensar que es un sueño de una vez y despierta a mi lado. Verás que la realidad puede resultar mucho mejor.- Susurró contra mi oído esbozando una media sonrisa.
Volviendo a acariciar el contorno de mi torso, me agarró con firmeza y de un impulso hizo que cambiáramos de posiciones. Gemí al notar su clara y evidente erección contra mi sexo. E inconscientemente, no pude evitar balancearme contra él deseosa de sentir más contacto.
Madre mía. Ni siquiera se había desnudado entero, pero en esa postura, y por su tamaño, sentía mi cuerpo flaquear de la anticipación. El estómago me da vueltas cuando aprieta culo contra él y escucho su jadeo ahogado. Mis manos ansiosas se lanzaron al fin hacía sus pantalones y poco a poco con su ayuda logré quitarle los pantalones.
Mis músculos cada vez se tensan más. Un infinito placer me abruma, y la cosa mejora cuando él se incorpora levemente y acabamos sentados uno frente al otro. Se impulsa contra mí sin dejar de besarme, y sin verlo venir mis senos se ven liberados del encaje que portaba. No existía el espacio entre nosotros, por lo que cuando sentí que mis pezones erectos contra su torso me sentí morir del placer.
-Marinette, ¿tienes idea de lo mucho que te deseo?
Se me corta la respiración y no puede evitar perderme en sus pupilas dilatadas, ardientes e hipnotizantes.
-Quiero besar cada parte de tu cuerpo. – Murmura repartiendo caricias hasta frenarse en mis tetas. Gimo y mi lengua indecisa se encuentra con la suya desesperada mientras le escucho gemir ante mi entusiasmo y mis empujes contra su erección. Mi pecho se hincha y empiezan a dolerme los pezones de tan erectos que los siento. En cualquier momento iba a entrar en combustión.
-No soy yo la-la que te lo va impedir…- Gemí abrazando sus caderas con mis piernas impudorosa. Me aferré a sus hombros como pude cuando pasó a besar mi cuello y luego mis tetas con tortuosa lentitud.- Te quiero, Adrien… te quiero dentro… -Supliqué.
Terminó de chupar un pezón y deslizó una mano hacia el otro para no dejar de torturarme mientras me agarraba la cabeza por la nuca.
-¿Estás segura?- Me preguntó en voz baja.
-Por favor…
-Tus deseos son órdenes, my lady…
Sin perder contacto y abrazándome, me tumbó de nuevo en la cama y me quitó las bragas con lentitud, besando el interior de mis muslos en el proceso. De igual forma, mis bragas estaban a estas alturas tan húmedas que es probable que acabaran inservibles. Mis terminaciones nerviosas acabaron sufriendo un cortocircuito y me aferré a las sábanas de la cama como bien pude.
-Eres tan guapa… Pareces un ángel…- Murmuró acariciando mi vientre y el canalillo de mis pechos con su nariz hasta alcanzar mi rostro.
-Y me lo dice el ángel de París…
Adrien en respuesta acabó haciendo un tipo de ronroneo con la garganta al devorarme la boca y morder mi labio como todo un felino.
-Pues este ángel felino te va a hacer tocar el cielo sin necesidad de alas.
Su sonrisa pilluela y sus besos me robaban el aliento mientras se quitaba los calzoncillos y los tiraba al suelo. Cuando liberó su erección y la sentí por primera vez contra mi piel, me sentí más pequeña que nunca bajo él… pero también más deseo que nunca.
-¿Protección?- Preguntó él un segundo después.- Estaremos en problemas si no…
-Tomo pastillas para regular mi menstruación. –Suspiré en una dulce agonía aferrándome a su nuca y besando su labio inferior.- Por favor, Adrien… No lo aguanto más…
La fricción de su pene contra los pliegues de mi zona íntima me estaba matando. En un momento dado, hasta rozó mi clítoris, y yo me sentí a punto de venirme por dentro. Mis piernas cada vez se abrían más en canal para él, y él se fundía conmigo sin cesar sus envites.
-Te amo.
-Yo también te amo.
Y con nuestras manos entrelazadas y besándonos con pasión, finalmente me penetró.
Un gemido de mi parte fue ahogado en su boca. Fue despacio, muy despacio hasta el fondo, profundo, pero exquisito pese a la extrañez y la incomodidad del principio. Entre gemidos su movimiento de cadera continuo me provocó aún más sensaciones estratosféricas.
Sentía su piel estremecer junto a la mía, fruto de la fricción, y mis piernas se aferraron a él como nunca.
-Joder, Marinette…
-A-adrien…-Murmuré al ritmo de sus embestidas, aferrándome a sus hombros para que la penetración fuera más profunda.- Te… deseo… tanto…
Adoré escucharle gemir contra mi oído mientras me embestía apretando mis nalgas. Estaba al borde de un precipicio y cada vez me sentía más agotada… más a su merced. Mi interior tiembla y me cuesta respirar de forma regular.
Su miembro entra y sale, entra y sale… y cada vez lo siento más grande, más vibrante. Gimo con fuerza al sentir su ritmo lento aumentar su intensidad. Mi espalda se arquea sin control y en un momento de lucidez temo estar haciéndole daño al clavar mis uñas en sus hombros.
Todo es tan intenso, tan único.
-No sabes hasta qué punto te adoro.- Le besé rodeando su cuello y girando su cintura con mis piernas para quedarme arriba y acariciar su torso.
Quería desquiciarle y hacerle gritar de placer. Me volvía siempre loca con su mera presencia y anhelaba que en este momento ambos nos sintiéramos igualmente plenos uno del otro.
Y madre mía, que bien se sentía estar en la posición dominante y mecerme contra él.
-Dios, bichito… me tienes a tu merced…
Me incliné contra él, pecho con pecho, en un contacto electrizante y suspirando cuando nuestros pezones se encontraban en aquel constante vaivén.
-¿Creías que siempre ibas a llevar la voz cantante? Chaton, esta gatita te va a hacer purrrrder la cabeza…
Gimió al sentir nuestra unión más profunda que nunca mientras movía mis caderas en círculos. Dios, lo cabalgué derritiéndome por dentro ante su mirada impaciente de más. Sus caricias por mi cuerpo no cesaron mientras yo perdía mis manos también por su pecho.
Mis jadeos iban in crescendo, descontrolados. Grité de placer al sentirle incorporarse de nuevo en la cama para no dejar de abrazarme. Mi vientre se agitó. Algo dulce pero agónico se acercaba sin que yo pueda controlarlo.
-A-Adrien…
No sabía dónde acababa su cuerpo y donde comenzaba el mío. Solo podía pensar en lo mucho que lo quería y en lo intenso que era aquello. Cada caricia, cada beso y cada impacto de nuestros cuerpos me decía a gritos lo mucho que él me amaba y deseaba también. No necesitábamos palabras para comunicarnos.
Las estocadas eran cada vez más rápidas, más inmensas… más placenteras. Mis terminaciones nerviosas me abandonaron y no podía hacer nada más que aferrarme a él con fuerza mientras sucumbía de forma sublime y sin resistencia alguna.
-Gatita… te amo…
Dios Adrien… y cuanto te amo yo a ti…
-Mi ángel…
Solo con mirarle a los ojos me bastaba para entenderle y para corresponderle de igual manera. Nunca había creído fervientemente en los clichés de las novelas románticas: en cosas como el amor a primera vista o en las almas gemelas. Pero en aquel instante, bajo la difusa y clara luz de la luna desde la calle, y en aquella sencilla y reconfortante habitación de hotel a oscuras, me sentí más viva que nunca por haber encontrado a mi alma gemela… la persona que me iluminaba en la oscuridad… la que me protegía… y la que me amaba.
En una explosión de emociones y pasión, gemí ante el clímax del orgasmo junto a él. Fue la mejor sensación de mi vida.
No quería cerrar ojos y perderme ni un solo detalle de la expresión de su rostro, pese a la repentina pesadez que me inundó. Me había arrancado de un solo suspiro toda la energía que hubiera podido tener. Lucía tan jovial y fresco, tan alegre y sosegado, tan maduro y sexy…
Caímos tumbados de costado sobre las sábanas sin dejar de abrazarnos, sin dejar de sonreír como dos tontos enamorados entrelazando nuestras piernas. Me refugié en su pecho y me llené de su calidez mientras sentía su corazón latir acelerado contra mis manos y mi pecho. Su aliento susurraba contra mi oído y me hacía cosquillas.
-Me encanta tu risa…- Me susurró estremeciéndome la piel al mismo tiempo que comenzaba a acariciar el contorno de mi cintura.
-Me haces cosquillas bobo.- Susurre con una sonrisa bobalicona y placentera besando la zona de su pecho donde sentía su corazón palpitar.
-¿Te ha… dolido?- Preguntó con deje inseguro dejando de acariciarme pero sin apartar sus manos de mi cuerpo.
Fruncí el ceño y apreté lo labios como respuesta.
-¿Enserio te atreves a preguntarme eso después de…
-Era tu primera vez… y me preocupa la posibilidad de que no lo hayas podido disfrutar siendo algo tan especial e importante… Así que por favor, no te molestes conmigo por querer preocuparme por t…
Le callé atrapando su rostro con mis manos y dándole un corto pero suave y delicado beso en los labios. Sonreí satisfecha al admirar su cara de sorpresa ante mi espontáneo acto, pero mayor fue mi fascinación al verlo sonreír de igual manera. Con un brillo especial.
-Tú sí que has puesto de cabeza todo mi mundo desde el momento en que te conocí, Adrien Agreste. Así que sigue tus propios consejos. Déjame quererte y bésame otra vez.
Y así, entre besos, caricias, y confesiones de amor, me dejé amar y le amé como siempre anhelé. No sería cosa de una noche, a pesar de las burlas y miradas picaronas de nuestros mejores amigos al día siguiente cuando nos encontramos; ni tampoco de una semana o un mes… sino de muchos años más.
Por toda una vida y más… juntos.
