Ser dhampir era difícil.

Aún en tiempos modernos. Maltratados, humillados, mal pagados y transados como ganado. Condicionados para morir apenas nacidos.

Abandonados.


Las Academias eran caras y la trampa estaba mortalmente preparada y armada durante siglos, para atraer a más y más dhampirs a morir por su causa.

La Corte ofrecía préstamos a los dhampirs -disfrazados de becas- para el pago de casi toda la Academia.

Pero, ya graduados, deberían devolver su importe...

Como muy pocos llegaban a los 40 años, las familias no recibirían ni un céntimo si la Academia no estaba pagada.


Y si los padres o tutores morían durante el periodo previo al noviciado, entonces eran enviados a St. Clement. El orfelinato para dhampirs.

A dónde iban a parar los desamparados, huérfanos, abandonados... y también los que no habían aprobado las Calificatorias.

Pese a lo terrible que sonara, St. Clement no era un mal lugar.

Procuraba dar un hogar a esos niños y formarlos lo mejor posible.

Los enviaban a una escuela humana cercana -del Estado- y los entrenaban como dhampirs en el horario alterno.

Lo más afortunados, recibían becas -reales- para diferentes universidades.


Janine Hathaway -escocesa- ingresó a la pequeña Academia galesa a los 10 años.

Su madre no pudo pagarla antes y fue por eso que -tras rendir los exámenes- pudo hacerlo en la Escuela Intermedia- entrando en esa trampa mortal que llamaban Academia.

Estuvo allí por toda la Escuela Intermedia y la Secundaria, rindiendo unas buenas Calificatorias y pasando de estudiante a novicia.

Tenía 17 años cuando su destino cambió y fue arrojada a la cruel realidad de su sub-mundo de esclavitud.