Joseph Merzel iba de Academia en Academia, buscando dhampirs bonitas y ad portas de graduarse como guardianas. Escogía una o dos por lugar y se las llevaba tras su graduación.

Y estaba en Escocia cuando vio a Janine Hathaway.

No lo pensó dos veces y fue a preguntar su precio.


¿Creías que los guardianes se asignaban, así, aleatoriamente?.

Desde tiempos inmemoriales, eran asignados según lo que se pagara por ellos. Para los morois eran un objeto animado -no tanto, si sostenían el papel tapiz o la pintura del muro- y así los trataban.

Pero -en muchos casos- también la apariencia importaba y Janine no era la excepción.


"Janine, el Sr. Merzel tiene una oferta de trabajo para tí", le dijo la Directora, "que afortunada eres. Apenas pases la Ceremonia de graduación, te irás con él".

"Pero... la Corte, el..."

"Ya hice las llamadas respectivas, Janine. Es simple. Ya tienes un trabajo. No necesitas ir a la Corte... Además... si rechazas esta oferta por una que puede o no puede que exista... entonces, deberemos hacer efectivo el pagaré de tu deuda total". Janine palideció.

Había ingresado en la Escuela Intermedia.

Eran 8 años de deuda... Por sus próximos... años activos como guardiana.


Janine Hathaway, de 17 años apenas, recién graduada; fue subida a un vehículo y de allí -por trenes y por tierra- llegó a la lejana Turquía... en dónde fue vendida -previo examen físico aprobado- al oscuro y temible Harén del Sultán, un exclusivo club -sólo para morois con dinero y contactos- casi un centro de negocios.

Fue entregada a la chaperona para ser... entrenada como se debía.

La capacitación no era más que una fuerte compulsión para aceptar los requerimientos -todos los requerimientos sexuales- de los exclusivos clientes del Centro de Negocios VIP.

Eso sí, su sangre tenía otro costo.

Y su virginidad fue ofrecida y publicada... haciendo subir su precio.


Ibrahim Mazur había nacido en una familia moroi turca de bajos ingresos.

Su padre -Mustafá- con la ayuda de su hermano menor -Selim- comenzaron de cero a crear una idea de negocios, que reflotaron y lograron que floreciera.

Cuando Ibrahim nació, su familia tenía dinero y comenzaba a escalar posiciones.


Aunque turco de nacimiento, ese año fue el primero en que fuera invitado al exclusivo Centro de negocios -con el pomposo nombre de Sultán- .

Y fue entonces que la vio. 17 años, pequeña -pero no parecía una niña con esos grandes pechos y caderas bien delineadas- de un bellísimo pelo rojo rizado, ojos verdes oscuros...y virgen.

Eso calentó lo suficiente su sangre como para pagar por ella... Y era un alto precio, aumentado por las continuas ofertas.

Pero ella lo valía. No sólo era hermosa.

Había algo en ella. Algo en sus ojos.

Algo que conquistó su frío corazón.