Se la llevaron, apenas cubierta con un camisón translúcido, que dejaba ver toda su belleza.
Tenía la cabeza gacha y lágrimas en los ojos.
"¿Cómo te llamas, Sihaya?"
"Rubí, M'Lord".
"Tu verdadero nombre. No cómo quieren que te llames, ¿sí?".
"Janine", dijo, en apenas una vocecita.
"Me llamo Ibrahim", le sonrió. La recorrió con sus ojos, pero no disfrutó el sometimiento, el miedo. "¿te... tocas a tí misma, Sihaya?".
"No está permitido, M'Lord".
"¿Y si yo te lo pidiera?", Janine abrió sus ojos como platos. "No te haré daño... sé que muchos dirán lo mismo y nunca lo cumplirán... ¿eres virgen?, ¿jamás te han... te lo han metido por alguna otra parte?", Janine dilató más los ojos y él sonrió.
Evidentemente, no.
La dejó sobre la cama, tras quitarle el poco atractivo camisón.
Recorrió su piel con sus dedos tibios, encendiendo fuego a su paso.
Había pagado por sexo -sí- pero no era un violador.
Cuando llegó a su centro, arrugó el ceño al notarla fría y seca... eso era una aberración.
Él no era un monstruo, pero -al parecer- los otros usuarios sí.
"Janine...¿no sientes placer?".
"Sólo debo complacer, M'Lord".
"Compláceme, Sihaya. Quiero que sientas placer de ser tocada, besada, deseada... que el sexo te relaje... Y lo quiero por toda tu vida... Quiero que disfrutemos juntos, ¿sí?".
Janine cerró los ojos ante la fuerte compulsión de Ibrahim.
Se abrió totalmente a él. Cuando él recorrió cada parte de su piel con su boca, se humedeció totalmente y no con su saliva.
Se endurecieron sus pezones y su pequeño y temeroso clítoris se irguió, ansioso del placer que vendría.
Poquito a poco, aprendió a ser una mujer, no sólo una esclava sexual.
Su primer orgasmo la dejó trémula, llorando, temblando sin control.
Ibrahim la abrazó, mientras pasaba. Y calmó sus lágrimas de dolor.
"Eso, Sihaya, es un simple -pero potente- orgasmo. Uno de los miles que deseo para tí... uno de los primeros que puedo darte".
Por todo un mes, Ibrahim la visitó.
Había indicado que no quería que la usara otro moroi -había pagado por su exclusividad, después de todo- y Janine fue movida a la zona de Cariyes -concubinas- en dónde estaría a salvo.
Llevaba un tatuaje de henna con el emblema Mazur en el hombro.
El que intentara tocarla... no sería agradable.
Ibrahim iba y volvía. Le llevaba pequeños regalos, como chocolates, flores o aguas de colonia.
Y ella agradeció cada minuto de pasión entre sus brazos.
Pero el paraíso también se cerraría para ellos.
Él no volvería más, así que le pasó una buena cantidad de dinero -de diversas denominaciones- y le pidió que se fuera, apenas le fuera posible.
Que ocultara muy bien el dinero, en donde nadie pudiera encontrarlo y robarselo.
