LA VUELTA DE LA PIEDRA DE LA RESURRECCIÓN

Esto es una historia basado en la saga de libros Harry Potter, escritos por J.K Rowling, y, por tanto, no me pertenece. (Si que me pertenece este fanfic).

- ¿Dónde habéis encontrado esto? – preguntó Harry, sujetando con la mano una piedra negra y rectangular.

- Nos la hemos encontrado cerca de la cabaña de Hagrid, Albus la vio cuando volvíamos de tomar té con él – le respondió Rose, tras unos segundos de silencio. Todos los primos habían mirado al suelo, y ella parecía la única capaz de levantar la mirada y responder a su tío con voz que pretendía ser firme, pero sus inquietas manos decían lo contrario.

- Como mentira no está mal, Rosie – intervino Ron, que se encontraba cerca a Harry, con el ceño fruncido – pero sabemos que no es así.

- Solo lo voy a preguntar una vez más: ¿cómo habéis encontrado la piedra? – la voz de Harry era firme, a punto de gritar, pero su mano temblaba de forma incontrolable ante el hecho de sujetar ese artefacto de magia. Todos los primos, ocho en total, se miraron unos a otros, buscando un claro representante.

- Rose lo ha dicho, más o menos. La hemos encontrado al principio del Bosque Prohibido, ¡pero solo en el límite! – se apresuró a marcar Fred, uno de los mayores Era pelirrojo, y tenía las pecas Weasley, pero el resto de sus facciones eran muy similares a su madre. Su hermana Roxanne, con un tono de piel mucho más oscuro y el pelo castaño, añadió:

- A Fred y a Albus les ha llamado la atención, y la cogieron. Nos la hemos pasado todos en la mano, porque es muy bonita, y es lo que estábamos comentando cuando el profesor Longbottom nos ha encontrado volviendo al casillo.

- Después de hora – dijo Hermione, mirando a su sobrina severamente. Sin embargo, su atención volvió de forma inmediata a Ron, Harry y Ginny.

La chimenea del despacho de la directora se iluminó y por ella aparecieron George y Roxanne, el primero con expresión relajada y la segunda con exasperación.

- ¿Qué habéis hecho para que nos llamen la primera semana? ¡Anda! – exclamó George, sorprendido de ver a tantos miembros familiares - ¿Qué hacéis todos aquí?

- Nos han llamado como a ti, George – le soltó Ginny. Luego, suavizando el tono, añadió – La profesora McGonagall ha ido a hablar con Flitwick, Sprout y Edevane para informarles que Rose, Hugo y Albus están aquí.

- Como no son Gryffindor – dijo George en alto susurro. El tema de las casas era de continua broma en la Madriguera, pues entre todos los primos Weasley reunían a las cuatro casas.

- Ahora no es el momento, George – le cortó Ron enfadado. Sus hijos habían ido a Ravenclaw y Hufflepuff, respectivamente, y siempre era a quién más se dirigían esas bromas. Al final, Hermione y Ron eran los únicos que no tenían, al menos, un hijo en la casa de los leones.

- Neville les ha encontrado a todos en la entrada del castillo, claramente volviendo del bosque prohibido y gritando algo sobre una piedra, Fred y Albus. Neville les ha llevado a su despacho, pero en el camino se han encontrado con McGonagall. Al ser de noche, y pertenecer a tantas casas tan distintas, les han traído al despacho. Neville se ha encargado de llamarnos a todos los padres, incluyendo a Ron y Hermione, pues es claramente una reunión familiar adelantada a la navidad – el tono de Ginny se acercaba peligrosamente al de la señora Weasley cuando descubrió la tienda de bromas de los gemelos, y los alumnos se juntaron más entre sí, sin atreverse a interrumpir la conversación.

- No queda nadie más por venir, ¿no? – preguntó Angelina, mirando a los niños, y contando con los dedos.

- Bill y Fleur, quiénes aún deben estar desempaquetando las maletas de su viaje a Francia. Louis se va a quedar una semana con sus abuelos para retomar el francés antes del colegio – Hermione estaba usando el mismo tono de voz que usaba para recitar el alfabeto élfico.

- ¡Dominique Weasley! Qu'avez-vous fait?

- Y ahí están – murmuró Ron por lo bajo. Razón no le faltaba: al pie de las escaleras estaban Fleur, con cara de enfado, y Bill con una expresión de concentración, analizando la situación. Detrás de ambos, se encontraban la directora y el jefe de la casa de Gryffindor.

- Maman, no es lo que parece – comenzó Dominique,

- ¡Eso, eso! – interrumpió Fred

- ¡Sois los mayores, deberías dar ejemplo! – interrumpió Neville a Fred, sin imponer, pues los menores empezaron a hablar

- Solo nos hemos quedado más tiempo del que deberíamos con Hagrid, no es tanto – explicó Roxanne, con la misma cara de quién la situación le parece ridícula.

- No le hemos visto en todo el verano, y sus calabazas están enormes comparadas con el año pasado…- siguió Hugo

- Y Buckbeak se ha comido…

- ¡ESA NO ES LA CUESTIÓN! – chilló Harry, interrumpiendo a hija Lily. Hasta el momento no había abierto la boca. Se había dedicado a observar la piedra. Todos en el despacho callaron de golpe, y Ginny le apretó el brazo. Ron y Hermione compartieron una expresión en entendimiento, sabiendo que su mejor amigo estaba a punto de perder los estribos- Habéis entrado al bosque prohibido, y de forma profunda, ¡por qué sino no tendrías la piedra!

En ese momento, Harry temblaba de forma incontrolable. Ginny le quitó la piedra de la mano, a pesar de su mirada de advertencia, y la colocó sobre la mesa de la profesora McGonagall. Todos los cuadros del despacho observaban con atención, renunciando a tratar de parecer dormidos.

- Señor Potter, gracias por mantener el orden, pero creo que a partir de aquí me ocupo yo – dijo Minerva, en su tono más grave de severidad de profesora. – Creo que los alumnos deberían contarnos, de forma ordenada, que hacían en el bosque fuera de hora. Y también alguien debería explicar la importancia de la piedra – la profesora se inclinó a tocarla, pues la piedra le llamaba de una forma muy curiosa.

- ¡No! – el tono de Harry seguía siendo de enfado, pero tragando de forma visible, añadió más suave- No la toque, es peligrosa. Se lo digo como auror, profesora, por favor.

- Está bien. En tal caso con más urgencia deberían contarnos lo ocurrido. Profesor Longbottom, creo que lo mejor es que a partir de aquí me encargue yo de esto – Neville parecía aliviado, pues le era difícil ser imparcial con tanto de sus amigos e incluso su ahijada, en la misma habitación.

Asintiendo, y dirigiendo una tímida sonrisa al trio de oro, bajó por las escaleras. Mientras, la profesora McGonagall hizo aparecer cómodas sillas de burniz, que a Harry le recordaron de forma dolorosa a las que hacía aparecer el profesor Dumbledore. Invitó a todos los alumnos a sentarse, sabiendo de antemano que los Weasley preferirían quedarse de pie.

- Ya lo hemos dicho antes – comenzó Dominique, la mayor del grupo. Tenía lo que denominaban "pack básico Weasley": pelo rojo llameante y pecas. Sin embargo, la forma de la cara y los ojos claros eran iguales que su madre. Era la mayor de todos, y la que peor llevaba el uniforme: le faltaba la corbata, y no llevaba falda, sino pantalones vaqueros. A pesar de estar en séptimo, su odio a las faldas no había disminuido, y en cuanto le era posible, se cambiaba a vaqueros y botas de montar a dragones, regalo de Charlie, su tío favorito- fuimos a ver a Hagrid todos juntos, cosa que no hacemos a menudo. Somos muchos, y nos dividimos para ir con amigos. Pero como este es el año que más Weasley-Potter hay en el colegio, hemos decidido ir todos juntos. Se nos ha ido la hora, el verano ha sido largo y había mucho que contar, y a la vuelta al castillo Fred y Albus, que iban cerca de los límites del bosque prohibido, han encontrado esa piedra. Primero la ha tenido Fred, que se ha quedado sorprendido y Albus se la ha quitado después. Los dos han hecho la misma broma, diciendo su nombre, supongo que fingiendo que se veían a ellos mismos si la giraban en su mano. El resto ya lo sabéis – su tono era firme, y la historia estaba relatada como si se la supiera de memoria. A Harry le recordó al tono de la señora Figg en su juicio tantos años atrás.

- Y esa sería una historia genial sino fuera porque es mentira. La piedra no estaba en los límites del bosque, ¿verdad, Harry? – preguntó Hermione. Los adultos estaban divididos en dos grupos, apoyados en las mesas y paredes de la sala, rodeando las sillas de los estudiantes. Apoyados en las ventanas que dan al campo de Quidditch, estaban Harry, Ginny, Ron y Hermione, quienes alternaban la mirada entre la piedra, McGonagall y el retrato de Dumbledore, y seguían insistiendo en la importancia de la piedra. En frente, apoyados en las estanterías, estaban George, Angelina, Bill y Fleur, concentrados en el tardío paseo de sus hijos.

- Estaba en el claro de Aragog – dijo Harry, mirando a su mejor amigo con cara pálida.

- ¡El claro de Aragog! – Ron se volvió y miro a sus hijos con la boca abierta - ¿Qué cojones hacíais ahí?

- ¡Señor Weasley! ¡El lenguaje, por favor! – interrumpió la profesora McGonagall. Todos los adultos se habían vuelto a Ron, y ella empezaba a desesperarse. Sabía que los Weasley tenían una larga historia de meterse en líos y en problemas, pero nunca se había enfrentado a la situación en la que los padres sabían más del problema que sus hijos. Aunque pensó, suspirando, que teniendo a los hijos del trío de oro no le debía sorprender nada.

- Ahora, ¿me pueden explicar, señores Potter y Weasley, como saben que sus hijos mienten?

En ese momento todos se quedaron callados. Harry, Ron y Hermione se dirigieron una mirada, teniendo un claro deja vú del colegio, cuando estaban en algún problema o aventura y la profesora les pillaba. Y como tantas de aquellas veces, sus miradas se cruzaron, ocultando secretos peligrosos que no se debían revelar

- ¿Y bien? – inquirió la profesora. Harry le dirigió una mirada desesperada, y habló con voz angustiosa y lenta. La directora solo le había oído hablar una vez así, cuando les habían relatado sus aventuras buscando Horrocrux tantos años atrás. Fue el tono de voz de su exalumno lo que le produjo un estremecimiento, y la sensación de que la noche no había hecho más que empezar a complicarse.

- Porque yo la dejé allí. Hace muchos años. Y la deje en las profundidades del bosque prohibido.

- ¿Está seguro que es la misma?

- Sí.

- ¿Y es peligrosa?

- Si.

- ¿No hay dos iguales?

- No.

- ¿Cuándo fue la noche que la dejaste allí?

- El dos de mayo de 1998.

- El silencio fue absoluto. Hasta los retratos parecieron tensarse. Pasaron uno y dos minutos, hasta que la profesora McGonagall decidió hablar.

- Ya veo – la directora observó a la familia. Todos los estudiantes habían empalidecido, conscientes de golpe de la realidad de la situación. Hugo y Lily, los menores, parecían al borde de las lágrimas. Los adultos estaban más controlados, aunque sus miradas se habían vuelto duras y amenazadoras – Estaremos todos de acuerdo en la gravedad de la situación. Vamos a empezar de nuevo. ¿Dónde habéis encontrado la piedra, y por qué estabais ahí?

Ninguno de los niños habló. Dominique parecía muy arrepentida y se miraba las rodillas, y James tenía la mirada clavada entre los retratos de Dumbledore y Snape.

- Quizá el parecido con sus padres no es sólo físico, y han heredado la capacidad de estar en el sitio equivocado, en el momento equivocado – dijo una voz fría y lenta, disfrutando el comentario.

- Gracias por el comentario, profesor Snape, pero le recuerdo que solo debe contestar a mis preguntas – dijo la profesora McGonagall, sin volverse.

- Tiene razón

- ¿Cómo? – preguntó Hermione a su hija.

- Que el director del retrato tiene razón.

- ¡Mi hija dándole la razón a Snape! – susurró Ron a Harry.

- Quiero decir, Dominique ha dicho la verdad. Hemos ido a ver a Hagrid por la tarde – continuó Rose, mirando de reojo a Albus. Ambos primos iban al mismo curso, y siempre habían estado unidos, junto a Roxanne, quién era del mismo año pero iba a un curso inferior.

- Pero habéis terminado de tomar el té antes de la hora límite, ¿verdad? – les preguntó Bill, omitiendo la mirada de la directora pidiéndoles silencio.

Otra vez, el silencio se adueñó de la habitación. Ninguno parecía ser capaz de negar ni afirmar información.

- Creo que no estamos hablando con claridad. Están metidos en un lío muy gordo: ocho alumnos desde segundo hasta séptimo juntos fuera de hora y en el peligroso bosque prohibido, y encontrado un peligroso artefacto de la época de la guerra. Esto no se trata de una broma… De hecho, es un tema que repercute a la oficina de aurores – dijo Harry, encuadrando ojos y lanzando una mirada interrogativa a Minerva. Ella hizo un gesto con la mano, indicando que continuara – Ahora mismo os hablo como jefe de la oficina de Aurores del Ministerio de Magia. Una mayor de edad y siete menores en un lugar prohibido y con una peligrosa arma. Qué-hacíais-ahí. Quiero la verdad de uno de vosotros. No intentéis cubriros, solo vais a hacer que empeore la situación – detuvo los ojos en todos los niños. Su tono era tan duro, tan de oficina, tan distinto al que siempre habían escuchado de él, que sirvió para hacerles hablar.

- Es una tradición – dijo Hugo, mientras recibía el asentimiento de cabeza de Dominique y Fred- no tengo muy claro cuando empezó…

- El año que yo entré a Hogwarts – continuo James, incapaz de mirar a su padre – Victoire me contó que el primer viernes siempre quedaba a tomar té con Hagrid y después daba un paseo por los jardines. Iba por el borde del bosque prohibido al lago, luego al monumento a los caídos en la batalla, y después entraba al castillo. Me dijo que le servía para hacer las paces con su cumpleaños y la batalla y no sé qué movidas…

- Cuando yo llegué al colegio – dijo Fred, interrumpiendo a James – no tenía nada claro si quería ir o no al monumento – al contario que su primo, Fred miraba directamente a George, quién tenía muy mala cara – y ella me ayudó. Al año siguiente James vino al colegio, y los tres más Dominique (a quién tuvimos que convencer) hicimos el trayecto. Pero le añadimos un poco de emoción, porque era muy triste, ¿sabéis? Y nos quedamos más rato merodeando el bosque que en el monumento.

- Y al año siguiente nos añadimos Rose y yo – continuó Albus – y para entonces la parte más interesante era adentrase un poco, ¡un poco!, en el bosque. A penas un par de metros, por la emoción de meternos. Después dábamos la vuelta, íbamos al monumento y de allí al castillo.

- Al siguiente curso me añadí yo – dijo Roxanne, cuyo cumpleaños era en noviembre – y fue la primera vez que lo vimos.

- ¿El que visteis en el bosque? – presionó Harry, ante las dudas de su sobrina.

- No lo supimos en el momento. Tan solo era una sombra y unas luces, y salimos todos corriendo hacia atrás. Solo tardamos unos minutos, no nos habíamos adentrado mucho.

- Pero ahora sabéis lo que es, ¿no?

- Si, pero…

- Roxanne, dime que visteis

- Es que es muy raro

- ¡Roxanne! – dijo su padre con tono severo. La chica dio un sobresalto y exclamó:

- ¡Un coche!

- ¿Un coche? – dijeron varios adultos al tiempo

- ¡Lo veis! ¡No nos creéis! – protestó Roxanne

- No hemos dicho que no os creamos – interrumpió Harry, a quién Fleur y Bill dirigieron miradas de sorpresa. Ron y Harry habían llegado a la misma conclusión…

- Es un coche azul – dijo Rose, dándose cuenta de que, igual que la piedra, su padre sabía del coche – Parece muggle, pero obviamente es mágico porque anda solo y hasta parece tener sentimientos. Se acercó a nosotros, despacito, y nosotros nos quedamos quietos, viéndolo entre los árboles. Aquel año nos adentramos más de que lo que queríamos, y las huellas del coche nos ayudaron en la salida.

-La siguiente excursión fue el año que Lily y yo entramos – dijo Hugo, sumamente nervioso. Se ajustó la corbata de Hufflepuff- y mirando a la directora dijo – Yo no quería ir al bosque, y discutimos. Empezamos a andar mientras peleábamos más fuerte, y se acercaron unas arañas grandes – Rose se sacudió visiblemente – y…

- ¿Acrumántulas? – preguntó Hermione, preocupada

- No, no… Rose hubiera entrado en pánico. Eran grandes, pero no tanto. Aun así, nos imaginamos que las arañas llevarían a las acramántulas del bosque y decidimos volver. En el camino nos cruzamos el coche, pero ninguno se acercó. Bueno, ninguno menos Lily – las miradas de la sala se posaron en la pequeña del grupo. Además de ser la de menor edad, era la más bajita. El parecido con su madre era espectacular, y sus grandes ojos marrones emitían la misma fuerza que la de su madre

- El coche no es malo – dijo ella, con vez defensiva – No sé cómo explicarlo, era un sentimiento, una fuerza, un impulso… - empezó a mover las manos y Harry retomó la conversación

- Entiendo. Tuviste el instinto de que el coche era la solución y te acercaste

- Sí. Es muy raro de explicar… El coche se me quedó mirando, y después me abrió la puerta. Me subí, y al ver que no pasaba nada, se subieron todos

- ¿Os subisteis a un artefacto mágico que no conocías? – la profesora McGonagall estaba enfada, muy enfadada.

- Lo visteis bien, entonces – continuó Harry, como si la intervención de la directora nunca hubiera tenido lugar. Todos asintieron

- ¿Era un Ford Angelina? – preguntaron Ron y Harry al tiempo.

- ¿Ford Angelina…? – comenzó Hermione, pero fue interrumpida de inmediato

- ¡Sí!

- ¡Ese, ese! ¡color azul!

- ¡Parecía tener treinta años!

- ¿Cómo lo sabéis?

- ¡Ford Angelina! ¿Cómo el de papá? ¡Se perdió hace mil años! – dijo Bill, interrumpiendo a los niños, y por primera vez desde su llegada al colegio, sin parecer enfadado.

- ¡Oh! ¡OH! – chilló George - ¡Sigue en el bosque!

- ¡Cómo que sigue en el bosque! – inquirió Bill, pero nadie le hizo caso

- ¿Fue en el coche en el que llegasteis en primero? – preguntó Ginny

- Segundo – dijeron el trio de oro al tiempo

- ¡Era verdad! ¡Pensé que era un rumor! No os quitaron puntos, ¿verdad? – preguntó Angelina.

- ¿Vive en el bosque? ¿Cómo es que nunca supimos de esto? ¡HARRY! ¡Te dimos el mapa, y no nos dijiste esto!

- ¿Mapa?

- ¿Qué mapa?

- ¿El coche venía con un mapa?

- No había ningún mapa en el coche

- ¿El mapa te lo dieron a TI, y no a su hermana? ¡Qué fuerte!

- ¡Alguien me va a explicar que paso con el coche de papa, y por qué está en el bosque del colegio!

- ¡SILENCIO! – la profesora McGonagall se levantó de golpe, y todos se callaron – El Ford angelina en cuestión llegó al colegio a principios de septiembre de 1992, y ha permanecido en el bosque desde entonces. Continúen su historia, por favor.

- Esto me lo tenéis que explicar luego – susurró Bill, mirando a sus hermanos.

- ¡entonces yo tenía razón! Si el coche era del abuelo, es bueno – resumió Lily – Nos llevó fuera del bosque, y volvimos al colegio.

- Y ya llegamos a este año

- Sí. Este año hemos decidido ir primero al monumento y después a la cabaña de Hagrid. Por tanto, terminamos más tarde de lo normal. Y cuando quisimos entrar al bosque, ya íbamos justos de hora. Después de andar, ¿cuánto?

- Unos diez minutos, no más – dijo Dominique, que parecía dispuesta a dejar que su prima pequeña contara la historia.

- Pues eso, nos cruzamos con el coche. Como ya sabíamos que no hacía daño, nos subimos. Pensamos que nos llevaría fuera, pero avanzó muy rápido hacia el centro del bosque. Nos adentramos más que nunca y vimos centauros y todo – dijo James, cuando su hermana se calló y buscó por su ayuda.

-Llegamos a un claro grande y vacío. El coche nos soltó a todos, como esperando que buscáramos algo.

- Fue entonces cuando Fred encontró la piedra esa – Albus hablaba con voz muy suave y baja, obligando a todos inclinarse y prestar mucha atención- Chilló su nombre y la soltó.

Fred tenía la mirada perdida y el ceño fruncido

- No se explicar que pasó… apareció como un fantasma, ¿sabes? Pensé que era yo, en plan broma, pero no nos parecíamos tanto. Era obviamente Weasley, pero parecía papá de joven más que yo…

- ¿Yo de joven? – preguntó George extrañado - ¿Significa eso que no soy joven ahora?

- ¡George! – su mujer le dio un golpe en el brazo. Ella sabía que era una forma de defensa, pero estaban en la oficia del director…

- Tenías las dos orejas – confirmó Fred

En ese momento se oyó un golpe sordo. Harry le había dado a la pared con la mano y miraba por la ventana. Obviamente tenía la cara descompuesta y lágrimas en los ojos, pero trataba de mantener la compostura. Hermione estaba abrazando a Ron, quién miraba a su sobrino como si fuera la primera vez. Fue Ginny la que habló, mientras acariciaba la espalda de su marido.

- ¿Tú que viste, Albus? – le preguntó de forma suave. Su hijo parecía estar analizando la situación. Estaba mucho más compuesto que el resto, y desde luego más que Fred. De hecho, fuera de los cuatro adultos que se encontraban a su izquierda, era el que más comprendía la situación en la sala.

- Lo han dicho antes – contestó con cuidado, midiendo sus palabras – Albus.

- ¿Te viste a ti mismo? Quizá era Harry de joven, os parecéis muchísimo, ¿sabes? ¿Te fijaste en si tenía cicatriz en la frente? – preguntó Fleur. Su sobrino solo negó con la cabeza.

- ¿Cómo volvisteis? – preguntó McGonagall

- El coche nos sacó de allí cuando Albus cogió la piedra. Nos subimos todos, aunque tuvimos que tirar de Albus, y nos llevó fuera. Estábamos muy nerviosos y chillando. Sabéis el resto mejor que nosotros.

- Neville os encontró y os trajo hasta mí. ¿Sois conscientes del peligro en el que habéis estado? ¿Entrando repetidamente en el bosque prohibido? ¿Arrastrando unos primos a otros? – la profesora tenía el ceño fruncido, y la línea de sus labios estaba muy tensa. Su tono era muy frío – Creo que ahora podrían explicarnos que es la piedra, y decidiré sus castigos.

Ningún alumno se atrevió a contradecirla, se limitaron a mirar a sus rodillas y asentir tristemente.

- ¿Señor Potter? ¿Qué es la piedra? – preguntó la directora, con voz más suave. Harry tenía la cara muy pálida, y parecía perdido en recuerdos.

- Minerva, si me permites…

- ¿Albus? – la profesora se giró sorprendida, contemplando el retrato. Dumbledore estaba sentado, y aunque parecía preocupado, mantenía la calma – Debería haber sabido que tu tenías algo que ver con esto. Cuéntame, por favor.

- Querida profesora, esa historia la debe contar Harry. Yo se la legué hace muchos años, pero es legítimamente suya. Pero, si me permites un consejo, deberían hablar sin los alumnos delante.

- ¿Cómo? – susurró McGonagall.

- Esto tiene que ver con la guerra, ¿No? – preguntó Bill

- Si. El profesor Dumbledore tiene razón. Deberíamos hablar nosotros primero, comentar los castigos, y que ellos entren luego otra vez – le contestó su hermana. El tono de Ginny era firme, y miraba a Minerva, pidiendo que secundara sus acciones.

- En ese caso, creo que los estudiantes deben ir a la cama. Nosotros discutiremos la piedra y el castigo, y yo se lo comunicaré por la mañana.

- ¿Y nosotros no vamos a saber que es la piedra? – dijo Albus, levantando su cabeza, con indignación.

- Tu no deberías haber visto la piedra, en primer lugar – le dijo Ron – Y vosotros no habéis vivido la guerra, ni sois mayores de edad, así que no podéis estar presentes aquí.

- ¡Ser menores es una excusa malísima! – dijo Dominique – Además, yo ya soy mayor.

- Pero sigues en el colegio… - empezó Bill, entrecerrando los ojos. Había vivido la misma situación en Grimmauce Place años atrás

- Esa excusa es aun peor, y todos los sabemos – gruñó George – La verdad es que no podéis estar porque no habéis vivido la guerra, y dar gracias por ello. Así que ahora os levantáis, nos pedís perdón, y os vais a la cama. Si terminamos pronto os llamaremos, porque os vais a quedar cotilleando. Si no, volveremos por la mañana para explicaros lo que podamos

- George, no seas tan brusco… -susurró Angelina es su oído. El hombre se había puesto rojo de furia, y no parecía ser capaz de controlarse.

- Señor Weasley, George, creo que su propuesta es la mejor- la directora se levantó y dirigió a sus alumnos una mirada que habría asustado al mismísimo diablo- Les voy a acompañar a sus salas comunes, y quiero que vayan directamente a sus dormitorios. Lo más probable es que mañana, antes del desayuno, los vuelva a reunir y hablemos de su castigo. Si quieres despedirse de su familia, aprovechen ahora.

Ninguna familia parecía especialmente emocionada, aunque todas hicieron un evidente esfuerzo por darse abrazos, acompañados de numerosas frases de posibles castigos y súplicas de buenos comportamientos. La única familia que no siguió el patrón fueron los Potter. Harry continuaba mirando por la ventana, completamente sumergido en los recuerdos, e incapaz de centrase en la realidad. Por lo contrario, Ginny estaba claramente enfadada y no hacía ningún esfuerzo por negarlo.

- ¿Cómo se os ocurre? ¡James, Lily! ¡Es sumamente peligroso! Y Albus, no mires hacia otro lado como si esto no fuera contigo – Ginny miraba a sus tres hijos con una fuerza abrumadora, y los brazos apoyados en las caderas.

- Tampoco sabemos que es peligrosos si no nos decís que es la piedra – le replicó Albus con voz calmada. Se hizo el silencio en la sala, y todos se quedaron pendientes del intercambio.

- Estar en el bosque PROHIBIDO es peligroso, Albus. Añádele que es de noche, y con pequeños – le contestó su madre, que parecía adquirir centímetros mientras hablaba. Albus fue a replicarla, pero se vio interrumpido.

- No tienes la razón, Al. Mañana hablamos, ahora déjanos a nosotros. Se que es doloroso no participar en todo, pero ahora desde luego no te lo has ganado- dijo Harry, volviéndose. Padre e hijo se miraron a los ojos con expresión de dureza y enfado, y Albus, viéndose sobrepasado decidió lanzar su última arma mientras se daba la vuelta y se dirigía con el resto de primos a la escalera.

- Porque tu sabes perfectamente lo que es estar fuera, y habértelo ganado, ¿no, papá?