Dumbledore volvió en un tiempo record, mientras tanto, en Valle de Godric estaban sumidos en un tenso silencio, que extrañamente los merodeadores no intentaron romper, Sirius estaba sentado en el suelo, con la cabeza gacha mientras Ángela, sentada a su lado se limitaba a sostener su mano, era evidente que su novio no estaba pensando en nada agradable y que Regulus debía estar llenando sus pensamientos en ese momento.
James por su parte abrazaba a Lily con fuerza, ninguno lo decía pero ambos sentían que en cualquier momento Voldemort aparecería frente a ellos y los separaría para siempre, era un panorama desalentador, vivir sin el otro o morir juntos y dejar solo a su pequeño Harry, por supuesto solo era demasiado, estaban seguros de que esta vez Sirius se haría cargo de su ahijado, Remus no desaparecería, los Longbotton ayudarían en todo lo que pudieran y Ángela se encargaría de no dejar que Sirius lo malcriara demasiado, eso claro, pensó james sin rastro alguno de optimismo, si es que ellos sobrevivían a lo que estaban planeando.
Remus rememoraba diferentes episodios de su vida, hasta llegar a su más reciente encuentro con la muerte, recordaba las palabras de James y Sirius, llegando a el en medio de la inconciencia, recordaba la mirada aliviada de Lily y Ángela cuando lo vieron en el hospital, pese a que Lily tenia otra apariencia debido a la poción multijugos, sin embargo, el alivio y la alegría en las dos eran notables, luego con una dolorosa punzada recordó cuando por medio del libro se enteró de la muerte de sus tres mejores amigos, asi como de la traición de Peter, el dolor de siquiera imaginar perderlos le hacia sentir que tenia un dementor justo al lado, pero sabia que por más que deseara que estuvieran seguros, a salvo y alejados de la guerra, ninguno de ellos accedería a marcharse, era cobarde y egoísta se dijo a si mismo, pero no era por miedo a su propia suerte, o pensándolo mejor, si se debía a miedo por su futuro, pero no a si vivía o moria, sino a estar condenado a vivir mientras sus amigos fallecían.
Los Longbotton miraban seriamente la situación, preguntándose que habría sido de ellos en la guerra original, y tratando de buscar la forma de garantizar que todos salieran con vida de la misión que ellos mismos habían reclamado como propia, estaban todos tan concentrados que no notaron la presencia de Dumbledore hasta que este, aclarándose la garganta atrajo la atención de todos, por un momento parecieron olvidar que estaban en una casa segura, que el guardian secreto, Sirius, no había revelado su ubicación a nadie más, y que era imposible que cualquier traidor o mortífago entrara en el numero 18 del Valle de Godric, pues todos llevaron sus manos rápidamente hacia sus varitas cuando el sonido los alerto, para después relajarse de forma visible.
-Lo sentimos—dijo Lily en nombre de todos—creo que tenemos los nervios a flor de piel.
-Completamente entendible—Dumbledore sonrió sin inmutarse, como si esos 7 magos no hubiesen estado a punto de atacarlo—son tiempos difíciles, y con toda la presión que han tenido últimamente sobre sus hombros debí ser mas cuidadoso al anunciar mi presencia, tal vez llamar al timbre. Lo recordaré para la próxima vez—todos asintieron con tensas sonrisas.
-¿Lo tiene?—preguntó james.
Por toda respuesta Dumbledore sacó de su túnica el pequeño anillo y lo mostró a todos.
-Bien ¿Qué esperamos?—dijo Sirius que con la llegada de Dumbledore se había levantado del suelo igual que Ángela—acabemos con ese trasto.
-No tan rápido—dijo Frank con cautela—recuerden que es probable que esas cosas intente defenderse, al menos el guaradapelo lo hará.
-Señor ¿Ha traído el pensadero?—preguntó Ángela—aún no hemos visto el recuerdo de su amigo para poder abrir el medallón.
Dumbledore hizo un movimiento con su varita y el pensadero apareció en medio de la habitación
-Me pareció estorboso cargar con el—comentó el director con un aire ligeramente pensativo al tiempo que dejaba caer el hilo plateado del vial de pociones que tenia en su mano libre.
-Bien—dijo Remus—es mi turno—todos lo miraron sin comprender—yo abriré el medallón para que Sirius pueda destruirlo.
-Bueno, Remus—Dumbledore le indicó el pensadero con un ademan educado—adelante.
El hombre lobo sumergió su cabeza en la sustancia plateada que se arremolinaba frente a el y de repente su entorno cambio, sintió que caia varios pies antes de aparecer en una habitación desconocida, un viejo mago, Aspholedo obviamente, estaba parado frente a un espejo, se veía ligeramente incomodo, como si no estuviera seguro de porque haría lo que se disponía a hacer.
-Albus, creo que con la edad tus desvaríos aumentan—susurró quedamente mirando su reflejo—estas realmente perdiendo la cordura.—luego suspiró y negó con la cabeza entre exasperado, extrañado y divertido
Remus pensó que si hubiese recibido un pedido tan extraño como el que Dumbledore había hecho a su amigo, sin duda también creería que el anciano mago estaba loco y que probablemente tantos años de luchas y tantos conocimientos habían acabado por hacer mella y eran los responsables de ello, sin embargo, apreció la lealtad del pocionista hacia Dumbledore y se asombró por la forma como la gente siempre solia escuchar a Albus, por más extravagantes que fueran sus pedidos.
Saliendo de sus pensamientos, Remus se concentró en la escena, pero entonces sus amigos cayeron a su lado.
-Alguien tiene que decirte si lo estas diciendo bien—dijo james encogiéndose de hombros con una sonrisa que no llegó a sus ojos, Remus asintió.
Luego los tres hombres se fijaron en el mago del recuerdo, estaba haciendo unos sonidos estrangulados y silbantes, Remus se concentró al máximo, obligando al pensadero a repetir la memoria, como en una vieja película muggle a la que le das retroceder.
-Sachë—murmuró Remus y sus amigos compararon con el sonido original.
-Alarga un poco más la A—sugirió Sirius después de escuchar nuevamente.
-Al final suena algo similar a una t—indició james.
Remus repitió el sonido algunas veces más, hasta que los tres estuvieron satisfechos con el resultado, y dejando el pensadero, volvieron a ocupar sus posiciones dentro de la sala de estar de los Potter.
-Creo que estamos listos—anunció Remus mientras los demás se veian algo aprehensivos, mientras los merodeadores estuvieron en el pensadero, Dumbledore había sacado de quien sabia donde la espada de Gryffindor y la sostenía en ese momento hacia Sirius, quien la tomó sin la menor vacilación.
Lily mientras tanto se había dirigido a la biblioteca, y había sacado el guardapelo del sitio donde su esposo lo había dejado seguro, sintió repulsión al tocarlo, y creyó saber el latido extraño que su hijo y sus amigos habían sentido años en el futuro cuando se encontraron con el oscuro artefacto.
-Aquí—dijo la pelirroja dándoselo a Remus.
Todos se miraron brevemente, consientes de que lo que iban a hacer, preguntándose lo que haría ese fragmento de alma de Voldemort para defenderse, y rogando para que no afectara demasiado a Sirius.
-Estoy listo—anunció Sirius pues al parecer todos esperaban por su aprobación antes de iniciar—Lunatico, hazlo, libremonos de una vez de un pedazo de ese maldito.
Remus asintió, James se colocó protectoramente frente a Lily, en caso de que el guardapelo no reaccionara como había hecho en el libro, y que Voldemort hubiese diseñado otro tipo de ataque, dependiendo del tipo de persona que fuese a destruirlo, a Lily no le gustó, sin embargo sabia que su esposo se sentía más cómodo de ese modo, Frank hizo otro tanto con Alice mientras Dumbledore y Ángela, parados uno junto al otro, desenfundaban sus varitas.
-Saaashët—dijo Remus mirando el guardapelo, en un susurro estrangulado que les erizo el pelo de la nuca a Lily, Ángela y Alice.
De inmediato, el medallón empezó a vibrar en su mano y alcanzó tal temperatura que le fue imposible seguirlo sosteniendo, el horrocrux cayó sobre la mesa de te de los Potter y se abrió con un violento siseo, un segundo de silencio y se desató el caos.
Fue una buena idea que todos tuvieran sus varitas preparadas, porque una bandada de cosas deformes pareció materializarse en la habitación, eran negras, arrugadas y parecían tener consistencia viscosa, si James hubiese tenido que escoger que animal eran habría votado por un cruce entre las peores clases de murciélagos y las más repulsivas, no tuvieron tiempo para saber si eran reales o si era un truco de su mente causado por algún hechizo oscuro, pues éstas de inmediato empezaron a atacar a todos menos a Sirius quien observaba anonadado la figura frente a el, Ángela y Remus intentaron llegar a el, pues sabían perfectamente lo que esa figura podría significar para Sirius, que al igual que Ron en su tiempo, parecía fascinado observándola, sin embargo, aquellas extrañas criaturas se los impidieron, atacaban en manada, James intentaba alejarse de su esposa y de el mismo, queriendo quedarse y proteger a Lily pero al mismo tiempo rogando acercarse a su hermano.
-Fuego!—ordenó Dumbledore ondeando su varita—ataquen con fuego!
De inmediato, sin perder un solo segundo, todos empezaron a atacar a las criaturas con los hechizos de fuego que conocían.
-Incendio!—gritó Lily—Ve con el!—ordenó a James
-Ignis Impetus!—James sacudió su varita y varias de las criaturas cayeron carbonizadas—No te dejaré sola, son demasiados.
-El te necesita más—dijo Lily al tiempo que con otro movimiento hacia caer al menos media docena de criaturas—Protego!—creo un escudó para tener unos segundos para recobrar el aliento—Remus y Ángela no han logrado acercarse, Ve ahora, probablemente cuando acaben con el horrocrux estas cosas se vayan.
James miró a los profundos ojos esmeralda de su esposa y asintió, el escudo cayó mientras alrededor todos seguían luchando contra las criaturas, Ángela parecía tener menos problemas gracias a Dumbledore, si fuera por el todas las criaturas ya habrían desaparecido, pero parecía que llegaban más y más.
Sirius observaba la figura de Walburga Black.
-La deshonra de la casa Black—rugió la mujer con desprecio—no sirves para nada, la oveja negra siempre rechazado, rechazado por su apellido ante la sociedad y rechazado por su propia familia por ser un inútil.—eso no pareció afectar a Sirius tanto como el espectro quería, pero no importó porque empezó a mutar, y la nueva figura fue la que dejó petrificada al merodeadore—Fue tu culpa, tu me mataste—era su hermano, tal y como lo había visto por ultima vez, con ese toque ligeramente arrogante y orgulloso, digno de todo Black—me abandonaste, me traicionaste, no eres mejor que Pettegrew, también hay sangre inocente en tus manos—Sirius que mientras la figura tomaba la forma de Walburga había levantado la espada, ahora la bajaba nuevamente—convertido en Inferi por tu culpa, tu mismo viste en lo que me convertí—acusaba la figura de su hermano con profundo odio—Ni siquiera los Potter te llegaron a aceptar, como podrias osar querer el lugar de un hijo—Sirius sintió un profundo dolor en el corazón—no cuando tenían a su perfecto james, o se preocupaban más por la suerte del pobre Remus, ¿quien iba a preocuparse por ti?, nadie se molestaría en ayudarte, te recibieron por lastima
-Sabes que no es cierto Sirius!—gritó james que por fin había podido hacerse paso hasta Sirius, aún así continuaba batallando con las criaturas—eras como un hijo para ellos, te cuidaron mientras estabas enfermo, ERES COMO UN HERMANO PARA MI!
-Tambien para mi—intervino esta vez Remus, en la misma posición que James—No le creas, no es cierto.
-…Mi madre siempre tuvo razón—continuaba torturándolo Regulus—era mejor estar alejado de ti, ni la mujer que amas fue capaz de regresar por ti, solo cuando Dumbledore se lo permitió se mostró, prefirió permanecer alejada a intentar buscarte, estas solo…solo
-Amor—gritó Ángela con lagrimas—sabes que no es verdad, ya te lo explicamos, te amo, Sirius, Te amo, No estas solo
-No hay tal cosa como los merodeadores—dijo la figura y allí Sirius pareció reaccionar, sacudió su cabeza—solo necesitaban un cuarto, y que mejor forma para James de mostrar su deseo de romper reglas que establecer relaciones con un Black!
-MENTIRA!—rugió Sirius, no pareció soportar que se metieran con su amistad con james y remus y en un segundó, con esos movimientos elegantes tan propios suyos, pero también con una furia nunca antes vista, Sirius dejó caer la espada contra el guardapelo, y el tiempo pareció detenerse: Un segundo antes los "murciélagos" parecían haber roto las defensas de los Longbotton, Dumbledore ya estaba dirigiendo su encantamiento para alejarlos de la pareja, cuando de repente, todas las criaturas desaparecieron, y nadie se pudo moverse por lo que parecieron horas, pero en realidad solo fueron un par de segundos y luego todos reaccionaron.
El horrocrux estaba roto, despidiendo humo en la ahora destrozada, mesa de te, Frank abrazó a su esposa y se aseguró de que estuviera bien, mientras Lily corría hacia su esposo, Ángela ya estaba abrazando a Sirius mientras Remus y James sostenían una mano sobre el hombro del animago en actitud de apoyo, Lily llegó junto a ellos y james la abrazó con el brazo libre, mientras Ángela susurraba palabras tranquilizadoras al oído de su novio, quien sudaba y temblaba ligeramente.
-Ese pedazo de mierda—masculló Sirius después de unos segundos devolviendo el abrazo a Ángela—mira que dudar de la amistad de los merodeadores.—sacudió la cabeza—bastardo.
Lily no aguantó más y en medio de lagrimas se sumo al abrazo del que remus y james ya eran parte.
-Shh, pelirroja, ya—balbuceó Sirius—sé que me quieres, no es para tanto.
-Eres un idiota—espetó Lily entre sollozos, pero con una sonrisa.
-Uno menos—dijo James—quedan cinco.
Dumbledore le habia pedido a Binky momentos después, el elfo de Hogwarts que ya habían conocido y gracias al cual Sirius pudo salir con vida de la cueva, que les llevara un buen té, mientras tanto Frank y Alice habían llevado los restos del horrocrux lejos de ellos.
-No quiero la mesa—dijo James cuando Ángela le pregunto si no la iba a reparar—no cuando un trozo de su alma estuvo tan cerca de ella.
-James tiene razón—lo apoyó Lily y con un movimiento de la varita los restos de la mesa desaparecieron—podemos conseguir otra.
Por lo que Ángela habia movido su varita para hacer aparecer una mesa distinta a la que habían desechado y ahora allí descansaba la tetera mientras todos tenían un vaso de te en las manos.
-Pero no lo entiendo—dijo Remus después de unos momentos de silencio—de donde salieron esas cosas, cuando Ron y Harry lo destruyeron nada apareció.
-Creo que las defensas del horrocrux responden al grado de magia por el que se vea atacado—explicó Dumbledore—dos adolescentes de apenas mayoría de edad no suponían un reto, más cuando el fragmento de alma de Voldemort había tenido tanto tiempo para conocer los corazones de ellos y saber la forma de atormentar emocionalmente a uno de ellos, también sabia que el otro se centraría en ayudarlo y que no era una amenaza.
-Pero no tuvo tiempo para conocer sobre los sentimientos de Sirius—dijo Alice—entonces ¿Por qué pudo atacar a Sirius?
-En el principio no funcionó—recordó Sirius cuando vio aparecer a su madre—creo que solo pudo ver lo obvio, que era la oveja negra, por que eso no lo oculto, no me importa—dijo medio burlándose—solo cuando tomo la imagen de Regulus me sentí….desarmado—sacudió la cabeza—no se como decirle, es como si hubiese encontrado una brecha, y luego me fue atrapando más y más.
-Y cuando tus amigos llegaron lo obligaron a retroceder—intervino Dumbledore asintiendo—perdió el control de nuevo y cuestionó las únicas cosas que no debía: tu amistad con Remus y james y tu amor por Ángela.
-Sí—afirmó Sirius—es como si me hubiese echado un imperius, intentaba resistirme, era consciente de lo que pasaba, pero solo hasta el final pude resistirme, cuando dijo algo de lo que jamás podría dudar.
-Y esas cosas—dijo Lily—desaparecieron sin más—miro el suelo—las que habían caído también.
-Quiza solo eran distracción—sugirió Alice—no eran reales, solo para que no pudiéramos acercarnos a Sirius.
-Es verdad—dijo Remus—cuando más nos acercábamos a el más de esas cosas parecían aparecer.
-Es una suerte que hayamos dejado a Harry con tus padres—dijo james mirando a Frank—no lo imagino cerca de aquí mientras ocurren cosas como esas.—Lily se estremeció y james la rodeo con sus brazos
-Lo importante es que todos estamos bien y que tenemos un horrocrux menos—decidió Ángela—creo que debemos descansar antes de enfrentarnos al anillo.
-Creo que será lo mejor—decidió Lily poniéndose en pie—voy a preparar el almuerzo.
-Te ayudo—dijeron al tiempo Alice y Ángela se sonrieron y besaron brevemente a sus parejas antes de seguir a la pelirroja hacia la cocina.
