Cuatro semidioses, caminaban con dificultad, se habían enfrentado a tantas cosas en su corta existencia que ya casi se podía decir que era hombres, aunque uno de ellos era mujer. No se le notaba, era tan corpulenta, o al menos más que los pobres flacuchos que le acompañaban, por más que dos de ellos fueran técnicamente sus primos.

Familia Pufff

—¿Quieres caminar más rápido? —Se quejaba la chica de cabello castaño oscuro, igual que sus ojos —Mi abuela ya habría llegado y ella se murió hace años —Espetaba a un azabache de ojos oscuros.

—¡Se me quemo la chaqueta! ¡Así que espérate! ¡Mi padre me mata dónde la dañe más! —Replico de regreso el chico casi gruñendo y apagando la llama del codo de su chaqueta de aviador.

—Mi padre me mata, nenita —Un rubio rodo sus ojos verdes césped con fastidio, llevaba en su mano un libro y su cuerpo lleno de lo que parecían escritos antiguos —A mi casi me traga una mujer serpiente y no me ves llorando —

—Porque te fuiste a llorar a una esquina —Se burló uno de ojos azules con rasgos asiáticos, el rubio le dio una mirada de muerte antes de seguir caminando cerrando su libro —Ya, hay que seguir, esas viejas deben estar encerradas por aquí —

—Ten más respeto, ellas son las dueñas del destino —Rodó los ojos el de la chaqueta medio chamuscada.

—No respeto ni a la Moira horrible de mi prima, a estas viejas menos —Se encogió de hombros hasta que la chica le dio con su lanza en la cabeza —¡Auch! ¡Idiota! —

—¡Imbécil! —Espetó la chica y la guerra de insultos comenzó.

—Nada como una pelea de primos en el mismísimo fondo de la tierra que ni los dioses quieren visitar —Hablo el de ojos oscuros mirando como estaban que se daban con todo, lanzándose a las paredes y revolcándose en la tierra negra, como si eso no les doliera.

—¿Y somos los que van a salvar el futuro?

—Pues si, según tía Rachel, si —Se encogió de hombros —Yo le voy a Moira ¿y tú? —

—Pues diría que Bastión, pero como buen hermano que soy, le voy a lo seguro ¡Rompele la madre Moira!

Y si, ellos estaban ahí de lo lindo en el tártaro dando un paseo, el padre de uno de ellos por supuesto ya había estado ahí, le había advertido de los peligros que encontraría, los caminos que debía seguir... y que bueno, que no hiciera desmadre en este, pero ya ven.

—Hey ya, me gusta el calor, pero esto fue suficiente —El de ojos oscuros respiró hondo, el rubio temiendo sus intenciones se tapó los oídos. El azabache Silvo con fuerza, aturdiendo a los otros que seguían peleando —Hay que seguir ¿no? —

—Debiste dejar que siguieran, necesito dracmas.

—Seamos sinceros, ninguno tiene dracmas, sólo los dos idiotas de ahí —Señalo a los chicos que sacudían la cabeza poniéndose de pie tratando de recuperar la audición.

—Sólo a nuestras abuelas se les ocurre que es buena idea que demos un paseo por aquí —El rubio chasqueó la lengua comenzando a caminar de nuevo.

—Me las pagarás hija de...

—Termina esa frase y te meteré mi lanza por dónde no te da el sol

—Hija de Gea —Termino de decir y la otra comenzó a perseguirlo con su lanza.

Si, ellos deberían estar cansados, agotados, con miedo y con hambre. Pero a veces es más poderosa la idiotez y la inmadurez, porque a pesar de todos los peligros a los que han sido sometidos, ellos seguían siendo sólo chiquillos.

—Bien, a ver —El rubio abrió su cuaderno en la parte última —Río de fuego, ya lo pasamos, monstruos, oh si muchos, la diosa del sufrimiento, yap —Marcaba en la lista mientras el otro se estremecía —Y entonces cerca de la salida del palacio de Nyx —

—Oh, ¿la agradable mujer que peleaba con sus hijos? —El que se llamaba Bastión se recargo en el hombro del rubio, dejando atrás su pelea con Moira.

—Si, una pelea eterna según dicen —Mencionó el azabache de ojos oscuros mirando a los lados —¿Cómo que está muy botado no? —

—Si ¿No deberían haber monstruos y esas cosas? —Bastión miro alrededor igual que el otro.

—Eso sólo atraerá monstruos ¿Es que no oyen las clases del campamento? —El rubio guardo su libro en un pequeño bolso —Hombrolso le llama el— que llevaba junto con algunas cosas más —Lo primero que te dicen es que no digas cosas como esas -Suspiro mirando el lugar.

—Bueno, si atrae a los monstruos ¿Dónde Chingada madre estan para partirles el trasero de una buena vez? —Moira miraba de un lado a otro buscándole pelea a los monstruos, el azabache de ojos oscuros por otra parte solo fruncio el ceño.

—Bien, esto esta mal. No es posi... —Alzo la mirada hacia el techo, o lo que seria el techo del lugar —Chicos... creo que... —Comenzo a reír nerviosamente, los otros tres lo miraron —Ahí están —Los tres miraron a donde el veía.

—¡Corran! —Grito el rubio, en lo que una horda de monstruos descendía del lomo de un gran dragón colosal que comenzó a arrojarles fuegos.

—¡A la chingada para que preguntaron por los monstruos! —El de ojos oscuros apenas logro esquivar la bola de hierro encendido que le envio un lestrigon.

—¡Tu fuiste quien los convoco con su ¿No deberian haber monstruos?! —Se mofo el rubio antes de gritar algún maleficio en latín creando una ráfaga de aire y partiera en dos a una dracaenae —¡Toma tus Malditos monstruos! —

—¡No, es culpa de Bastión! —Refuto Moira partiendo con su lanza a un esqueleto viviente y convocando otros cuantos.

—¡Y yo que chucha tengo que ver! —Salto Bastión ante la acusación mientras brincaba dandole un mandoble a otro lestrigon.

—¡Te burlaste de las Moiras! —Acuso ella luchando en el suelo contra un perro del infierno.

—Ella tiene razón —Estuvo de acuerdo el rubio mientras parte de su chaleco comenzaba a estallar —¡Dioses! me costo veinticinco dracmas ¡Por Hecate! —

—¿Quieren dejar de hablar? —El de ojos oscuros ataco con su espada negra al pecho del gran dragon lo que solo consiguio enfadarlos —Soy demasiado hermoso para morir —

—Que lo dejemos morir dice —Se burlo Bastión riéndose mientras los otros atacaban al dragón, él le dio el último golpe. Pero aún faltaban más monstruos.

—Ven aquí pequeño, yo te puedo contar cosas sobre tu padre —Decía una Empusa a la que Bastión se quedo mirando por demasiado tiempo.

—¡Por favor! —El rubio se golpeo la frente mientras Moira y el otro chico atacaban los monstruos —Solo al idiota de mi hermano —Corrió hacía donde estaba Bastión que ya estaba por caer en manos de la empusa.

—Ven, solo un poco más cerca —Ella lo llamaba con voz dulce y Bastión fruncio el ceño.

—Lo siento, como dice el padre de mi amigo, no eres mi tipo —Le corto el pecho haciéndola gritar.

—Creo que ya vi donde estan —Grito el de ojos oscuros y señalo una grieta mas alla que se veia alumbrada.

—¡Vamos, porque esto solo se pondra peor! —Grito el rubio señalando mas alla, se podía sentir una gran fuerza tenebrosa y el suelo bajo sus pies comenzaba a temblar, un sonido que iba creciendo surgía de este. El tártaro se estaba riendo.

—Pues a largarnos de aquí —Moira se deshizo de su último atacante, agarro a Bastión del brazo antes de que fuera llevado de ahí por un perro del infierno. El rubio corrió detrás de ellos, el de ojos oscuros les llevaba la delantera.

—¡Por aquí! —Les mostro el camino mientars seguía corriendo.

Pronto estaban sin aliento, sucios y muy cansados, mientras entraban al lugar donde tres ancianas hilaban tantos hilos que eran imposibles de contar, de muchos colores, una de ellas sostenía en sus manos algunos hilos, pero la tercera tenía los ojos puestos en ellos, sus manos estaban vacías. No había tijeras como debía, ellos lo sabían con solo echarle un vistazo, les habían quitado la posibilidad de ellas decidir el destino, ellos estaban cortando los hilos cuando querían.

—Mis señoras —Saludo con respeto el muchacho de ojos oscuros mirando a las tres señoras.

—Viejas más raras —Murmuró Bastión viendo que una de ellas no le despegaba los ojso de encima.

—Un hilo que no se debió romper.

—El destino del futuro ha hecho caer.

—Un bebé no nacido el héroe debe de ser

—Lo que no fue el padre, el hijo ha de ser, solo si su llegada los cuatro presentes logran que se de —Dijeron las tres juntas.

—Dan miedo —El rubio se estremeció.

—¿No se habrán fumado algo? —Dijo la chica a su lado.

—Pero ¿Qué? que me digan porque el viaje debe ser bueno.

—Al destino han de liberar, para que lo que esta mal se pueda reparar, sin el hijo del mar y el cielo, el mundo caera en oscuridad —Dijeron las tres al unísono.

—Si, por eso eh estamos aquí —Hablo el de ojos oscuros, los otros tres estaban estremeciendose atrás de él, mientras el suelo temblaba cada vez más.

—Para que la profecía se cumpla —Aclaro Bastión mirando a las extrañas mujeres le sonrío.

—Tu destino no es con él —Dijo la que sostenía unos cuantos hilos en sus manos —Otro es tu destino —

—La muerte le espera a aquel, que su destino no quiera cambiar y con ello el mundo se destruira —Dijo la que hilaba los hilos —Si, algo han de hacer, los libros deberan leer —

—Cambiar más de un pasado, traerá más de una vida, sólo con eso, este futuro se reescribira y en la conciencia de unos pocos solo vivirá —Hablo la que tenía las manos vacias, sin dejar de mirar a Bastion dándole una sonrisa algo macabra.

—Creo que le gustas a la vieja —Se burlo el rubio y disfrutó de la cara de asco del otro.

—Díganle que me gusta el pepino —Susurro sintiendo que la vieja lo desnudaba con la mirada.

—Estamos dispuestos a pagar el precio, si con eso salvamos vidas mis señoras —Hizo uan reverencia y una de las ancianas saco un hilo verdemar muy gastado de su bolsillo y lo unió con los demás, era muy notorio que había sido cortado hace mucho tiempo y con el estaba atado uno más.

—Que así sea nobles héroes, vuestro viaje comenzará y con un libro deberá terminar —Ellas comenzaron a hilar cada vez más rápido, una luz se comenzo a expandir por toda la grieta, los envolvió hasta cegarlos por completo.

—Sueltame, Percy —dijo con voz ronca la chica rubia —No puedes subirme —

El tenía el rsotro pálido del esfuerzo. Ella podía ver en sus ojos que sabía que era inútil.

—Jamás —Dijo Percy. Miro al muchacho pálido que estaba en el borde, cuatro metros más arriba—. ¡En el otro lado, Nico! Os veremos allí. ¿Lo entiendes?

Los ojos de Nico se abrieron desorbitantemente.

—Pero...

—¡Llévalos allí! —Gritó Percy —¡Prométemelo!

—Yo... te lo prometo...

Y es ahí cuando menos lo esperaban que una gran luz dorada los envolvió a todos, a ellos y a la gran estatua de Atenea que estaban subiendo al Argo II.

—A tu izquierda —Decía una azabache de ojos azules —¡Acaba con ese de allá! —

—¡Hay que irnos! —Decía una pelirroja —Hay cada vez más —

—Tienes razón —Concedió la de ojos azules —¡Retirada! —Todas las demás chicas que la seguían comenzaron a acoplarse. Cuando de la nada una luz plateada las envolvió. —Pero que es... —

Una chica castaña daba vueltas de un lado a otro en su tienda de campaña, recientemente un rubio había salido de ahí y por más que ella trataba de convencerlos, de hacer tiempo para los demás, tarde o temprano tendrían que llegar y atacar. Deseaba que hubiera algo que pudiera hacer, que algo sucediera en ese momento.

—¡Reyna! —Llamó un chico de cabello rizado y ojos violetas —¡Algo sucede!

—¿Qué pasa? —Ella se acercó a él, pero antes de que pudiera decir más, una luz morada los estaba envolviendo a ella y a todos los que estaban alrededor.

—Hay que poner defensas aquí y aquí —Nissa señalaba lugares en el mapa.

—Y otra trampa aquí —Travis señaló otro lugar en la colina mientras engullia un montón de nachos con queso con su mano libre.

—Deja de tragar como cerdo —Katie rodó los ojos y el solo sonrió dándole una sonrisa de un montón de dientes amarillos, ella fingió una arcada.

—¡Deja de jugar con mi nariz! ¡Damela! —Chillaba Malcolm tratando de alcanzar a Lou Ellen.

—¡Esto es una guerra! ¡Dejen d... —Lo que fuera a decir la hija de Ares jamás lo sabrían porque cuando menos lo esperaban, una luz naranja los envolvió a todos.

—¡Dioses! —Las voces de las Moiras resonaron por el Olimpo y por todos los mares —¡Hemos de arreglar sus errores! ¡Se les dará una oportunidad! —

Los dioses miraban desorientados hacia arriba, algunos con letargo debido al gran dolor que sufrían por la locura grecorromana. No sólo los dioses mayores, también algunos menores y hasta en el inframundo las voces de ellas resonaban.

Lo que sólo incomodaba más a Hades, ya le parecía suficiente aguantar a Démeter hablar cada cinco segundos, como Demeter, como Ceres, como su hermana, como su suegra, como lo que fuera, sólo quería que su boca se cerrara por más de diez minutos y las voces de las moiras no ayudaban a su jaqueca celestial.

—¡Deben jurar no dañar a nadie! ¡Ni del presente! ¡Ni del pasado! ¡Ni del futuro!

Algunos dioses fruncieron el ceño ¿El futuro?

—Sólo de ese modo, tres tragedias evitarán. Y un héroe que no nació por su incompetencia, a este mundo llegara —Sentenciaron los tres —Juren de una vez y al campamento llegarán, sin límite de tiempo y con prisa a leer —

—Juramos por el estigio —Resonaron las voces de los dioses, tanto olímpicos como menores y en sus distintos lugares luces los envolvieron sin más.

—Es que ya no puedo, debo dejar de pelear Ethan —Decía un rubio, el azabache lo observaba con su ojo bueno y el ceño fruncido.

—¿Es que acaso quieres desaparecer? ¡Quieres que de verdad el te venza! —Golpeó con fuerza la mesa, el otro se asustó y detuvo sus manos.

—Has silencio, los demás no pueden saber que te veo aquí —Estaban en una pequeña habitación de un almacén, en el fondo del gran yate —Ni que tengo momentos de lucidez —

—Sería un gran desastre, su gran señor echándose para atrás —Sonó la lengua.

—Son malos para esconderse —Una voz en la puerta les hizo brincar —Hasta esos idiotas que parecían osos habrían sido más inteligentes —Cerro la puerta detrás de si —Hay que subir pronto —Se llevo una mano a la frente —Necesito salir de este barco me esta enfermando —

—No eres al único —Ethan contuvo una arcada.

—Hay que subir, está por tomar posesión, no quiero que sepa de ustedes —Se acercó al azabache, pero antes de que pudiera hacer algo una luz extraña comenzó a envolverlos y los gritos de otros comenzaron a resonar.

Los dioses aparecieron en un lugar, que por más que pareciera terreno conocido, en realidad no lo era. Podían ver las cabañas, las veinte cabañas para los dioses, pero se sentía extraño, quizá porque había mucho silencio. Era como un campamento mestizo fantasma.

—Un lugar muy adecuado para ti hermanito —Molesto Demeter a Hades, aunque ambos seguían mirando todo el lugar.

—¿Qué es este lugar? ¿Por qué estamos en talla humano? —Zeus se miraba una y otra vez el traje que cargaba puesto.

—Es lo que ¿juramos? Recuerdo jurar, algo de leer y nada más —Poseidón sonaba sus sienes —Leer enferma —

—Eso sólo lo podía decir un barba de Percebe como tu —Atenea rodó los ojos.

—Y por eso se que soy el raro de todos sus hijos —Tritón miraba las construcciones sin muchos ánimos.

—No sabía que estarías aquí también, papá Tritón —Ella saludo al joven de veinticinco años más o menos.

—Han pasado siglos Atenea

—¿Por qué mejor no se besan? Al menos esto tendría más emoción —Chillo Afrodita y los dos le vieron como si estuviera loca.

—Así que las viejas no sólo nos trajeron a nosotras —Némesis miro a todos con una sonrisa malvada en los labios, más de uno se estremeció aunque intentaron ocultarlo.

—Claramente no lo harían, no pueden hacer esto, sin... estos —Hecate hablo con cansancio y luego miro a Hades —Tu hija, pronto la visitaría —

—Mantente lejos de mi niña —Gruño Hades, ella sólo siguió sonriendo —Otra que sólo sabe incomodar —Rodó los ojos.

—Haber ¿Y qué se supone que leeremos? Yo con tal de tener vacaciones puedo leer lo que sea —Hermes hizo aparecer una silla y se sentó.

—No lo sé y yo ya me acomode —Dionisio también apareció una tumbona con una coca light en su mano.

—Creo que es este libro —Hestia hablo de la nada haciendo que casi todos tengan un infarto divino —Aún no aparece el título, así que imagino que aún no somos todos —

Y en cuanto lo dijo unas luces comenzaron a aparecer, dorada, morada, roja, plateada, con ella comenzaron a llover adolescentes del cielo. Todos cayendo esparcidos por todas partes. Algunos fueron atrapados por los dioses, otros no tenían tanta suerte.

Un azabache de ojos verdemar que estaba por caer con estrépito en el suelo, fue acogido por una suave brisa que lo hizo descender con delicadeza hasta que sus pies tocaron el suelo.

—¿Gracias? —Hablo a la nada mirando hacia arriba.

Sus demás amigos no tuvieron tanta suerte, pronto habían un montón de apilados a su alrededor.

Los que también tuvieron ayuda del viento —Este es el viento celestial de las Moiras, mejor que el de la rosa de Guadalupe— Cayeron con gracia y estilo, justo sobre aquel pobre rubio que se quejó adolorido en el suelo después de caer de buena altura.

—¿Dónde mierda estamos? —Se quejó el del parche mirando alrededor.

—No lo sé, sólo se que ya no estamos en Kansas —Hablo el rubio de ojos verdes que cayo con gracia a su lado.

—¡Ali! —Hecate corrió hasta el rubio que la vio con una ceja alzada y fue peor cuando esta le abrazó. Esto era tan irreal que le comenzó a dar nauseas —¿Te sientes bien? —

—Si, sólo, necesito —Respiro hondo, aguanto y resistió las ganas de devolver todo —¿Qué esta pasando aquí? —

—¡Los traidores! —Zeus alzo su perno maestro contra los dos muchachos —Que seguían de pie sobre el otro rubio—

—¡Juraron no dañarlos! —Resonaron unas voces por todo el lugar.

—¿Luke? —Hermes miro al chico en el suelo, este fue consciente de su voz y ahora todos le quedaron mirando —¡Luke! —Se levantó de su silla para ir por él.

El rubio sólo miraba a todos ¿Qué es lo que pasaba? ¿Por qué ya no escuchaba a Cronos? Aunque eso no era un problema, era una mejora. Pronto estaba de pie entre los brazos de su padre, un calor reconfortante se extendió sobre su pecho, algo que sentía le había hecho falta.

—Luke —Hermes susurraba su nombre como si de un hechizo se tratara. Uno que no quería romper. Su muchacho estaba ahí, de pie ¡Vivo! Quizá con esto podía hacer algo por él.

—Bien, dejen el drama ¿Qué hay que hacer para largarnos de aquí? —Hablo Némesis pasando su brazo por los hombros de su hijo.

Los jóvenes que comenzaban a levantarse del suelo, unos más golpeados que otros, otros mirando con odio a los de camiseta naranja, estos devolviendo la mirada. Otros desmayados —Como Octavian— porque alguien los aplastó mucho.

Los dioses temieron que comenzara una guerra ahí mismo, pero del cielo cayó una rosa... a no, digo cayeron lo único que faltaba en ese lugar... más adolescentes.

—¿Por qué todos encima mío? —Se quejaba el azabache que había servido de colchón amortiguador para los otros tres.

—Porque tu las molestaste —Dijo el rubio que estaba sentado casi sobre su cabeza.

—La verdad creo que te escogieron porque estas blandito —El azabache de ojos oscuros pico uno de sus costados con sus dedos.

—Yo concuerdo con Jade y Orfeo —Asintió la única chica de ellos.

—Esa no es —Comenzó a decir Hazel que estaba entre los del Argo II, su vista viajaba entre su hermano, Nico, que estaba a su lado y el chico del montón. El parecido entre ellos era aturdidor, quizá si no fuera por la falta de depresión en la expresión de uno y las pecas en sus mejillas, que podrían ser gemelos.

Nico estaba igual de sorprendido y absorto que los demás ¿Cómo es que tenía un doble? Lo peor es que cargaba ropa parecida, en especial su chaqueta de aviador.

Ethan estaba igual que Nico, sólo que el veía al muchacho que estaba aplastado por los demás, era idéntico a él, excepto un detalle. Un perturbador detalle, que casi lo hizo saltar. Alabaster tenía la cabeza a un lado mirando al muchacho rubio, era su copia, sólo que quizá más alegre, con el cabello más claro, más alto también.

—Bien, a ver —Jade se puso de pie —Uy, esto esta saliendo de lo mejor —Comenzó a dar saltitos en su lugar.

—Si, para ti, a ti no te cayeron dos elefantes y un mastodonte en la espalda —Se quejo Bastión, el que había sido aplastado por los tres.

—¡Cómo que elefantes y Mastodonte! —Espetó la chica, lo que sólo hizo ahogar a los demás un grito.

—¡Se reprodujo! —Gritaron los Stoll señalando entre si a la chica y a Clarisse, misma que golpeó en la cabeza, haciendo que los demás se callen y le de una mirada a la muchacha.

—¿Quiénes son ustedes? —Medio le gruño a la chica, de momento ni griegos ni romanos buscaban pelear, solo queriendo develar el misterio.

—Pues personas ¿Qué no ves? —Hablo el de ojos oscuros.

—No, no, Clarisse no lo mates —Chris la detuvo antes de que le enterrara su lanza.

—Todos calmanse por favor —Hestia les sonrió a todos, los recién caídos del cielo hicieron una reverencia a ella. —Vamos a dejar que hablen, presiento que ellos son quienes nos han traído hasta aquí —

—Y no se equivoca mi señora —El de ojos oscuros sonrió y todo pareció iluminarse, vaya que era distinto a Nico. —Nosotros venimos del futuro —

—Más exactamente unos quince años en el futuro —Dijo Bastión mirando a todos que estaban bastante sorprendidos.

—Y hemos sabido que se cometió un error en ese tiempo, algo que está afectando nuestra línea temporal —Hablo Jade —Las Moiras fueron encerradas en la guerra contra Gaia cuando no debió ser así, y un hilo fue cortado a destiempo —No miro a nadie en particular.

—Lo que resultó en una nueva profecía, porque el futuro es un desastre —Termino por decir la chica.

Los murmullos comenzaron a extenderse por todo el lugar.

—¡Basta! —Zeus hizo que su voz suene atronadora y haciendo que todo parara —Digan quienes son, quien es su padre piadoso, pero ya —

—Comenzó el dramático —Hecate rodó los ojos, Zeus la miró mal.

—Bien, soy el mayor, así que voy primero. Sólo diré uno de mis padres, el que... bueno —Miro a Némesis que tenía el ceño fruncido —Soy hijo de Ethan Nakamura, hola papá —

Ethan se quedó en blanco.

—Y bueno, mi nombre es Bastión.

—Yo sigo, yo sigo —El de ojos oscuros levantó la mano —Mi nombre es Orfeo y soy hijo de Nico Di' Angelo —Miro al chico que también se quedo en blanco.

—Yo iré más rápido, mi padre es Alabaster Torrington, mi nombre es Jade —Miro a su padre que está vez si que vomito sin poder evitarlo. —Hola abuela Hecate —La diosa se lo quedo mirando con los ojos entrecerrados.

—¿Quién es tu padre o madre divina? Juro que correrá sangre —Los ojos de la diosa brillaron peligrosamente.

—Ah... eh... soy sólo legados, todos somos solo legados. Hijos de semidioses, no puedo decir más —Retrocedió un poco y se escondió detrás de Bastión.

Mismo que solo veía como Némesis abrazaba más a su padre y miraba con ansias asesinas a todos.

—Así que tendré legados —Hades pasaba su mano por su barbilla.

—Y por último, yo soy Moira, hija de Chris Rodríguez y Clarisse La Rue, a mi no me da miedo decirlo —Hablo la chica.

—Pero a mi si me da miedo que Ares lo sepa —Chris salió corriendo mientras Ares iba tras él.

—¡Vuelve aquí cobarde! ¡Es mi hija! —Corrió detrás de él sacando armas a diestra y siniestra.

—Vaya, habrá legados —Percy sonrió, porque si ellos existían quería decir que Ethan estaba vivo en su tiempo, eso le alegraba.

—Si, pero hay algo raro ahí —Susurro Annabeth y miro a Percy —Creo que necesitamos un baño, un descanso también —

—Si, me siento bastante cansado —Bostezo Percy.

—Que gran susto nos dieron, los vimos casi caer —Jason abrazo a Percy y luego a Annabeth —Menos mal paso esto —

—Si, habrían caído mucho tiempo —Piper abrazo a su amiga y a Percy —Menos mal no paso —

—Si, no era recomendable que estén ahí —Nico suspiro no los veía a ellos, aún estaba desconcertado de como era posible de que tuviera hijos ¡Él! Quizá en el futuro se ¿componía? Tal vez era eso.

—Será mejor que todos descansen, antes de que comencemos a leer, las Moiras han dejado las cabañas listas para recibir a todos y que puedan descansar —Hablo Hestia con una sonrisa amable.

—Gracias Lady Hestia —Percy le hizo una reverencia antes de salir a su cabaña, se sentía demasiado sucio para seguir en presencia de la diosa.

—Tu también lo has sentido —Susurro Artemisa a lado de Hestia, esta asintió —Mataré a quien lo haya hecho —

—No deberías hacer eso, son cosas que pasan y lo sabes.

—Él es especial, es casi seguro que no sabia nada. Mataré a quien haya sido —Replico la cazadora, Hestia solo suspiro.

—¡Esto será emocionante! —Chillaba Afrodita yendo con sus hijos a su cabaña.

—Oh Percy, tantos meses —Poseidón abrazo a su hijo en cuánto entro en la cabaña —Te he extrañado tanto —

—Claro a su hijo favorito si lo extraña, pero al que se mata trabajando ni siquiera sueña con ese título.

—Hay un poco de comentario en tu envidia Tritón —Percy se abrazó a su padre mientras le sacaba la lengua a su hermano.

—Super maduro Perseus —Rodó los ojos acostándose en una de las literas.

—No le hagas caso, anda de mal genio porque tiene que hacerse cargo de todo mientras me recuperaba de la locura Grecorromana —Beso la frente de su hijo —¿Pasó algo ahora que estás de viaje? —

—No ¿Por qué? —Percy sonó nervioso mientras se soltaba de su padre.

—No sé, te siento extraño —Poseidón se lo quedo mirando.

—Nada, sólo estoy cansado, eso debe ser —Se río y se fue —Me daré un baño, luego creo que sabrás todo el viaje que di —Poseidón asintió, pero de verdad sentía que algo raro había.

—Bien, wow, está cabaña esta genial —Alabaster veía todo alrededor.

—Si, las cosas mejoraron Alabaster —Dijo Lou Ellen mirando al chico, este sólo desvió la mirada.

—Así que las cosas no funcionaron ¿no? —Hablo casi en un susurro.

—No, se perdieron muchas vidas de nuestros hermanos, otros volvieron luego de terminada la guerra —Lou Ellen suspiro —Tu fuiste exiliado, es lo único que nuestra madre pudo conseguir, no supe más de ti —

—Y ahora estoy súper incómodo —Cortó la conversación Jade.

—¿Cuántos años tienes Jade? —Hecate puso las manos sobre sus hombros y Jade contuvo un escalofrío —Hace meses que no voy a visitar a Alabaster —

—¿Alguien me muestra una habitación? —Pregunto —Sino yo busco una —Intento huir pero su abuela lo tenía bien sujeto.

—Madre —La palabra se le hizo extraña en su boca a Alabaster —Sólo deja que descanse, ya nos dirá después cuantos años tiene —Jade huyo de ahí.

—Esta bien, lo dejaré de momento —Ella recorrió la cabaña encontrando una habitación para ella.

—Así que ¿un hermano?

—Me gusta que haya alguien más, este lugar es muy sólo a veces —Ethan asintió y miro a Bastión que aún era observado de cerca por Némesis.

—Deja de mirarlo, ya dijo que no diría nada más de momento —Salvo a su hijo de ese interrogatorio silencioso.

—Sólo por ahora —Sentenció Némesis buscando habitación.

—No, tu no entiendes Haz —Nico daba vueltas en su habitación, miraba al chico que dormía profundamente —Yo no puedo, es imposible, yo... —

—Oh vamos, encontraste a alguien y eso es emocionante —Hazel casi chillaba de la emoción, sólo no lo hacía porque despertaría a su sobrino. Nico dudaba de que lo fuera, no podía.

—Es imposible Haz.

—¿Por qué?

—Porque lo es

—¿Por qué?

—Nadie va a amarme, no como soy

—Pero, ahí está la prueba —Señalo al chico que dormía de lo lindo —Encontraste a alguien —Nico restrego su rostro con sus manos.

—Aunque encontrara a alguien eso no es posible, es biológicamente imposible.

—¿Qué es imposible? —Hades entró a la habitación de ellos y los miro expectantes.

—Nico dice que es imposible que Orfeo sea mi sobrino, quieres explicarle que no.

—Es imposible Haz, porque yo ¡Soy Gay! ¡Me gustan los hombres! —Se quedaron en silencio mirándose unos a otros.

—Quizá sea buen momento para que el abuelo Hades te explique lo del embarazo semidiós masculino —Orfeo bostezo —Pero fuera de aquí, yo y mi sueño de belleza nos necesitamos —

Los tres salieron de ahí sin decir nada, en la cabeza del hijo de Hades sólo había una gran pantalla azul que decía que Nico.exe había dejado de funcionar, que necesitaba reiniciar el sistema. Probablemente sería mejor pensar que todo esto era un maldito sueño que a una absurda realidad.