N/A: No me maten, por favor(?

Algo me olvide advertir: Algunas cosas del libro serán modificadas por obvias razones.

Eso nada más.

Y era una mañana tranquila en el Campamento mestizo extraño, tan tranquila como podía ser una mañana entre mestizos horrorizados por los gritos provenientes de la cabaña 13.

—¡¿Cómo que podemos quedar embarazados?!

—Si, ya te lo dije —Hades rodaba los ojos con cansancio bebiendo de una copa de vino sentando en una silla.

—¡Es imposible!

—¿Quieres que te lo explique? Bien —Hades suspiro —Cuando un semidiós hombre, le mete su...

—No, cállate. —Masculló apretando los dientes.

—Bueno, pero si no me dejas decirte

—Sólo cállate —El rostro de Nico se puso rostro. Vamos que sólo tenía quince años, no quería escuchar de su padre la famosa charla y menos una charla gay sobre el asunto.

—Esta bien, pero el que toco el tema fuiste tu —Hades movio la mano y saco las sombras de las habitaciones donde dormían Hazel y Orfeo, para que no oyeran nada.

—¿Por qué necesitaban hablar a solas? —Hazel asomó su cabeza.

—Intentaba tener una charla padre e hijo con tu hermano.

—Una asquerosa charla.

—Una que quizá deberías oír —Apunto Orfeo —No es que me moleste tener hermanos, pero seria bueno que revisen eso de la protección —Se termino de poner la chaqueta y salió de ahí antes de que el sistema Nico.exe pudiera funcionar de nuevo, lo mismo que el sistema Hades.exe.

Hazel sólo ladeo la cabeza viendo a su ¿sobrino? Huir de ahí como si no hubiera un mañana. Era tan raro saber que tendría un sobrino, pero no se quejaba.

—¡Soy tía! —Dio saltitos y aplausos emocionada —Quiero conversar con él —Se apresuro a seguir a Orfeo. Nico y Hades, aún procesaban la información que les dio Orfeo ¿Cuántos hermanos podría tener el niño para decir eso de la protección?

Por otra parte, otro quien huía de su familia era cierto hijo del mar, Poseidón y Tritón sospechaban que algo le pasaba, así que habían amanecido muy preguntones. Percy sólo había huido por la ventana y corrido hasta poder ir con la única persona en la que confiaba. Annabeth.

—¿Qué quieres Sesos de Alga? —Se quejaba la hija de Atenea con el ceño fruncido, lleva su pijama de búhos. Se veía más amenazante que en ropa normal.

—Yo debo hablar contigo —Susurro mirando a los lados —Mi padre y Tritón hacen muchas preguntas —Ella parpadeo.

—¿Qué clase de preguntas? ¿Por qué? —Se espabilo enseguida y lo tomo del brazo.

—Preguntan mucho si me paso algo, si hice algo. Y papá dijo algo de una charla, también me asustaron los gritos de Nico en la mañana.

—¿Por qué preguntarian eso? —Llegaron a un lugar algo apartado y se sentaron en unos troncos —¿Qué era lo que gritaba Nico? —

—No entendí demasiado, pero papá estaba más alterado después de eso —Comenzó a jugar con su camiseta como cada vez que se ponía muy nervioso —Y no se que es esa charla, me pregunto si es la misma que me quería dar mamá con Paul antes de que Hera me secuestrara —Miro hacia arriba.

—Oh, ohmm, esa charla —Annabeth asintió y luego como que algo hizo click —¡¿No has tenido la charla?! —

Percy la vio con expresión inocente ladeando la cabeza.

—No, no sé... ¿Qué charla es?

—Oh dioses —Parpadeo despacio —Pero ¿Por qué no has tenido la charla? Estas grande Percy —

El la miro como un cachorrito herido: —No sé... y siento que me estoy perdiendo de todo.

—No, no, no pongas esa expresión, tu madre debió tener sus motivos. Lo mejor sería que tengas pronto la charla —Ella le dio unas palmaditas en la mano, eso pareció calmarlo.

—¿Y sobre que es la charla? ¿Es sobre comida?

—Pero algo más me ibas a decir —Chasqueó los dedos trayendolo de nuevo al tema.

—Es sobre mi amistad con Jason.

—Ah si, vi que estaban llevándose bien y me hablaste de el en la cita, pero dijiste que había algo importante antes de que aparecieran los dioses.

—Si, es que la noche...

—¡A Desayunar! —Escucharon que alguien pegaba gritos junto con el sonido de la caracola.

—Creo que será después —Ella señaló que Poseidón y Tritón estaban cerca con el ceño fruncido buscando a Percy, este se encogió un poco en su lugar.

Los dos caminaron hacia los dioses, sólo para darse cuenta que había un gran disturbio cerca de las mesas, los hombres tenían cara de horror y miedo, mucho miedo, algunos tocaban sus vientres.

—¡Es biológicamente imposible! —Decía uno.

—¡Me niego a que eso pase! —Otro se alejó de todos los hombre viéndoles horrorizado.

—¡Compartimos habitaciones! —Se estremeció otro.

—Bien, bien, tranquilidad —El dios del sol sonreía con calma —Sabemos que es extraño, pero creo que aquí tenemos una prueba de ello —Miro a tres de los cuatro futuristas.

—Si, en realidad hace siglos que no se veía eso —Dijo Bastión bebiendo de su vaso de jugo con calma —Pero los dioses dijeron que una vez que se da uno, es como una plaga —

—Además con eso de que a Afrodita le comenzaron a gustar lo del amor entre los del mismo sexo —Todos miraron a Afrodita ante lo dicho por Jade quien comía su tostada con tranquilidad.

—A ver, a ver —Hecate se paró en medio de todos —Eso quiere decir que ustedes, tienen dos padres —

—Yo no, yo tengo mamá y papá —Moira hablo con la boca llena levantando la mano.

—Los demás, pues si tenemos dos padres —Orfeo sostenía en su mano una hamburguesa.

—¡Eso no es un desayuno! ¡Eres un niño en crecimiento! —Salto Will Solace de la cabaña de Apolo.

—A mi me parece buen desayuno, quiero lo mismo —Nico se sentó en una de las mesas. Will lo miró con enojo, uno de sus ojos parecía tener un tick.

—¡No lo es! ¡Cámbialo ahora! —Exigió y luego miro a Nico que estaba por comer la hamburguesa también —Tu igual —

—Déjame comer, apenas he probado bocado en estos días —Hades y Hazel lo quedaron viendo, el desvío la mirada.

—Vas a comer fruta, es mejor para ti y he dicho.

—¿Ah si? ¿Quién te crees para mandarme? —Nico se levanto de golpe mirándole ceñudo.

—¡Son órdenes del doctor! —Replico el rubio mirándole desafiante.

—¡No eres mi doctor!

—Ahora lo soy y nos vamos para la enfermería —Tomo su rostro entre sus manos y lo examino —Estas muy pálido, necesito revisarte, debes tomar medicinas, nos vamos ya —Y así es como desaparecieron, dejando a todos bastante desconcertados.

—¿Crean que deba decirles que el es mi otro papá? —Susurro Orfeo a sus amigos, estos los vieron y luego a su amigo.

—Neh —Se encogieron de hombros.

—Bueno, ya que aclaran eso —Némesis sonrió y a Leo le dio repelús, más que ver a Hera que salió con mascarilla a pleno comedor. Iugh. —¿Quién fue su padre gestante? —

—¿Y quién es su otro padre? —Añadió Hecate poniendo sus manos con delicadeza en los hombros de los dos muchachos.

—Eh... —Bastión y Jade se miraron, los otros miraron a otra parte.

—Bien, porque no acabamos de desayunar y pasamos al auditorio a leer, les recuerdo que a eso vinimos —Hestia los salvo de ese momento, todos comenzaron a sentarse en sus mesas.

—¿Te pasa algo Jason? —Thalia se sentó a la mesa de Zeus mirando extrañada a su hermano, estaba muy callado desde que todo estalló.

—No, nada —Trato de sonreír, pero sus nervios eran evidentes.

—¿De verdad? Porque te ves extraño —Hasta Zeus se estaba preocupando por él, si que debía estar extraño.

Luego de un rato, pasaron al gran auditorio dónde se llevaría acabo la lectura. Apolo estuvo peleando con Atenea por el libro y quien sería mejor para comenzar a leer, Hestia les dio una mirada demasiado amable, por lo que Atenea dejó que Apolo lea el primer capítulo y ella leería el siguiente.

—A ver —Abrió el libro, las letras de este comenzaron a aparecer —El libro se llama La Casa de Hades —Miro al nombrado.

—¿Mi casa? —Arqueó una ceja y miro a los de la misión. Nico estaba incómodamente sentado entre los niños de Apolo ignorando su mirada, a Hazel parecía interesarle mucho su asiento.

—Vaya van a visitar a Hades, que novedad —Hera sonrió divertida.

—Todo es por tu estúpido plan —Gruño Poseidón que tenía a Percy de una mano —Me quitaste a mi hijo por meses —

—Si vieras como me importa... —Hera parecía querer añadir más o reírse, pero una ola la tapó despeinandola.

—Sigue Apolo, o van a comenzar —Tritón hablo aburrido sentado al otro lado de Percy. Este sólo miraba su regazo ¿Por qué se estaban poniendo protectores?

—Claro, claro, sigo —Apolo se acomodó —Hazel I

—¿Por qué yo? ¿No pueden leer lo de alguien más? —Se quejó enseguida y su padre la miro.

—Hay acaso algo ¿de lo que mi inocente niña no quiere que me entere? —Miro a Hazel que sólo sonrió y negó con la cabeza, rogaba por dentro no decir o pensar algo contra los dioses, o de cuanto amaba a Frank —Entonces sigamos —

Durante el tercer ataque, Hazel estuvo a punto de comerse un canto rodado.

—Ay por mi —Hades ya comenzaba a lamentar que esto empezara.

Estaba mirando la niebla con los ojos entornados, preguntándose cómo era posible que costase tanto volar a través de una ridícula cordillera, cuando las alarmas del barco sonaron. —¡Todo a babor! —gritó Nico desde el trinquete del barco volador.

—¿No era peligroso que estés ahí verdad? —Hades comenzaba a sudar y esto recién empezaba.

—Cuando se lo contaron a mi abuelo, casi le dio algo —Susurraba Orfeo.

—Esperemos que el dios de los muertos no se tenga que visitar así mismo —Bastión hizo una mueca.

—Las abuelas no dejan de vernos —Susurro Jade señalando a Hecate y a Némesis.

—Si se enteran que ya estamos ahí ¿Crees que afecte nuestra existencia? —Los dos se pusieron en pose pensativa ¿Cómo les decías a tus papás que estaban embarazados?

De nuevo al timón, Leo tiró de la rueda. El Argo II viró a la izquierda, y sus remos aéreos hendieron las nubes como hileras de cuchillos.

Más de uno hizo una mueca ante eso, no iba a terminar bien tanto sangoloteo.

—No me quiero imaginar nada de eso —Ethan hizo una mueca de asco.

—Ni lo menciones, aún quiero mi desayuno dentro mío —Alabaster negó con la cabeza.

Hecate y Némesis se miraron entre sí, una saco un par de espadas, la otra unas dagas, comenzaron a afilarlas mirando sospechas a cierto hijo de Hermes que estaba ignorante a todo.

Hazel había cometido el error de mirar por encima de la barandilla. Una oscura figura esférica se lanzó hacia ella. «¿Por qué la luna viene a por nosotros?», pensó.

—Como que la niña no te salió lista hermano —Hera se río, a pesar de que aún estaba mojada por la ola. Luego el frío la recorrió, las sombras la envolvieron haciéndola gritar, nadie le ayudó.

A continuación lanzó un grito y cayó sobre la cubierta. La enorme roca pasó tan cerca por encima de ella que le apartó el pelo de la cara. ¡CRAC!

—¡El barco! —Leo, Hefestos, Ares y Tritón chillaron por la destrucción al barco.

Poseidón vio a su hijo con una ceja alzada.

—¿Qué? Me gustan los barcos y es un buen barco —Se encogió de hombros Tritón.

—Pasas mucho en las fraguas —Poseidón frunció el ceño. Quizá debía hablar de nuevo con él eso de que dejara el trabajo y ya le diera nietos, mientras al otro le decía que aún no quería nietos. Esto era complicado.

El trinquete se desplomó; la vela, los palos y Nico cayeron en la cubierta.

—¡No! —Los cuatro ya mismo parecían ponerse a llorar por el barco.

—Gracias por la preocupación, seguro mi hijo está vivo —Gruño Hades.

—Claro que salí vivo, tengo un hijo en el futuro papá —Nico rodó los ojos señalando a Orfeo hasta que se dio cuenta de lo que dijo y frunció el ceño, en serio tuvo un hijo pero ¿con quién? ¿Lo tuvo él, o su pareja?

El canto rodado, aproximadamente del tamaño de una ranchera, se alejó en la niebla como si tuviera asuntos importantes que atender en otra parte.

—Si, seguro los tenía, destruyendo más barcos voladores —Dijo con voz muerta Percy.

—¿Pasa algo pececito? —Pregunto Poseidón a su lado, Percy lo vio y negó con la cabeza.

¿Debería decirle a su padre ahora que estaba por caer al tártaro con Annabeth? ¿O esperar que lo diga la lectura? Mejor no le decía, seguro que en algún momento el libro lo diría.

—¡Nico!

Hazel se acercó a él con dificultad mientras Leo estabilizaba el barco. —Estoy bien —murmuró Nico, retirando los pliegues de lona de sus piernas.

—¡Es obvio que no! —Se quejó Will poniéndose de pie y revisando a Nico como si las heridas fueran a aparecer de la nada.

—¡Ya sueltame! —Nico intentaba sacarse las manos del rubio de encima.

—Soy tu amigo, me preocupo por ti —Admitió con severidad sentándose de nuevo Will, Nico se lo quedo mirando mientras Apolo leía de nuevo.

Ella le ayudó a levantarse, y se dirigieron a popa tambaleándose. Esa vez Hazel se asomó con más cuidado. Las nubes se apartaron lo justo para dejar ver la cima de la montaña situada debajo de ellos: una punta de lanza de roca negra que sobresalía de unas verdes pendientes cubiertas de musgo. En la cima había un dios de la montaña: un numina montanum, como los había llamado Jason. O también conocido como ourae, en griego. Se llamaran como se llamasen, eran desagradables.

—Son un fastidio en cualquier idioma —Jason estaba sentado a lado de Piper muy muy muy lejos de Thalia y de Zeus, ellos también estaban hablando de darle una charla en el desayuno.

—¿Te pasa algo Jay?

—Nada Pips, nada —Trato de sonreír. Jason no necesitaba la charla, se la habían dado en una clase en el campamento Júpiter y la reforzó con unos libros en el campamento mestizo. Así que si, el era consciente de lo que hizo, así que sabía que estaba muerto si los demás se llegaban a enterar. Aunque quiza nunca se enterarian, estaba a salvo, nada malo le podia pasar.

Como los otros con los que se habían encontrado, llevaba una sencilla túnica blanca sobre una piel áspera y oscura como el basalto. Medía unos seis metros de estatura y era muy musculoso, con la barba blanca suelta al viento, el cabello despeinado y una mirada de demente, como un ermitaño loco. Gritó algo que Hazel no entendió, pero estaba claro que no era un saludo. Levantó con las manos otro pedazo de roca de su montaña y empezó a darle forma de bola.

—Uhg, odiare a esos tipos —Hazel hizo una mueca de asco y volvió a mirar a su sobrino ¿Debería preguntar si ella tiene hijos? No, mejor no saberlo ¿Y si ellos venían? si así era estaría feliz de verlos, aunque ¿Serían con Frank? Se sonrojo furiosamente ante ese pensamiento.

—¿Estás bien, cariño? —Hades la vio con una ceja alzada, ella río nerviosamente.

—Perfecta —Comenzó a ventearse el rostro con las dos manos, tenía que sacar esos pensamientos impuros de ella y Frank, Oh dioses.

La escena desapareció entre la niebla, pero cuando el dios de la montaña volvió a gritar, otros numina le contestaron a lo lejos y sus voces resonaron a través de los valles.

—¡Estúpidos dioses de las rocas! —gritó Leo desde el timón—. ¡Es la tercera vez que tengo que reparar el mástil! ¿Os creéis que crecen en los árboles?

Todos miraron a Leo.

—¿Qué?

—Hasta donde sabemos, los mástiles vienen de los árboles —Aclaró Nico con el ceño fruncido.

—¡Lo sé! Pero estoy seguro que esa no es la cuestión —Refutó Leo.

Nico frunció el entrecejo.

—Los mástiles vienen de los árboles. —¡Esa no es la cuestión!

Los dos se sonrojaron ante el parecido de diálogos. Los demás se rieron de esto.

Leo levantó uno de los controles, confeccionado a partir de un mando de Nintendo Wii, y lo giró. Una trampilla se abrió en la cubierta a escasa distancia y de ella salió un cañón de bronce celestial. A Hazel le dio el tiempo justo a taparse los oídos antes de que disparara al cielo una docena de esferas metálicas seguidas de un reguero de fuego verde. A las esferas les salieron pinchos en el aire, como las hélices de un helicóptero, y se alejaron en la niebla dando vueltas.

Ares sonrió ante esto y celebraba junto con sus hijos la destrucción. Hefestos y sus hijos estaban maravillados ante el ingenio de Leo y las armas del barco. Los romanos veían con el ceño fruncido a Apolo, aún recordaban que este atacó al campamento de ellos.

—¡Eh! ¡Eh! —Salto Leo ante las miradas que estaba recibiendo —Que yo no ataque su campamento, eso fue un error —

—Uno que deberán aclarar entonces —Reyna era la que más miedo le daba a Leo de todas las miradas.

—¡¿Qué van a aclarar?! ¡Ellos son unos barbaros! -Comenzo a decir Octavian.

—¿Puedo pegarle? —Pregunto Rachel sonriendo mucho.

—¡Ven lo que digo!

—Yo soy portadora del oráculo, por lo que no soy considerada; ni griega, ni romana, soy neutral y por ende una mortal —Rachel se levanto con una sonrisa amable en el rostro, se acerco de manera amable hasta estar frente a Octavian que le veía extrañado —Así que soy libre de hacer esto —Le dio un golpe directo a la nariz con su puño.

—Uh —Dijeron la mayoría, los de la cohorte de Octavian estaban sorprendidos, los de la quinta por otra parte estaban riendo.

—Ahora continue por favor señor Apolo —Sonrío inocente volviendo a su lugar. Apolo abrío la boca, pero la volvió a cerrar, era mejor no decirle nada a su oráculo, no porque le tenga miedo, no, claro que no, solo era porque debían leer, si, eso.

Un momento más tarde, una serie de explosiones crepitaron a través de las montañas, seguidas del rugido de indignación de los dioses de las montañas.

—¡Ja! —gritó Leo.

—¡Eso! —Gritaron los griegos más que nada.

—Ya veo de donde saco la mirada desquiciada Chili —Murmuro Jade mientras se estremecia, Bastión le dio la razón temblando igual que él.

Lamentablemente, dedujo Hazel a juzgar por sus dos últimos enfrentamientos, el arma más reciente de Leo no había hecho más que molestar a los numina.

Otro canto rodado pasó silbando por los aires por el costado de estribor.

—¡No! —Gritaron algunos en el auditorio.

—Tengo hambre —Susurro Percy, Tritón se le quedo mirando antes aparecer un sándwich de color azul para él —Gracias —Comenzó a comer. Eso le dio hambre al dios también a pesar de recién haber desayunado y eso que los dioses no tenían necesidad de comer. Poseidón les vio, pero no le presto mayor atención.

—¡Sácanos de aquí! —gritó Nico.

Leo murmuró unos comentarios poco halagadores sobre los numina, pero giró el timón.

Hefestos vio con uan ceja alzada a su hijo este solo sonrio inocente.

Los motores zumbaron. Las jarcias mágicas se tensaron, chasqueando, y el barco viró a babor. El Argo II ganó velocidad y se retiró hacia el noroeste, como habían estado haciendo durante los últimos dos días.

—¿Dos días? —Murmuro Percy limpiándose con la mano las migajas de la barbilla.

—Vaya que esto si esta adelantado —Pensó en voz alta Annabeth, comenzando a hacer cálculos en su cabeza esto debía ser después de aquello ¿Atenea se infartaría por lo que les paso? Esperaba que no, al menos ahora estaba tranquila.

Atenea se quedó mirando a su hija, todos en la cabaña habían estado evitando el tema de Annabeth y ese viaje en el barco. La diosa no era consciente del todo del peligro al que había enviado a su hija, no estuvo en todos sus cabales cuando lo hizo y ahora apenas recordaba hablar con ella. Así que en este momento estaba tratando de entender de que tanto se perdió por culpa de su parte romana.

Hazel no se tranquilizó hasta que se alejaron de las montañas. La niebla se despejó. Debajo de ellos, la luz del sol de la mañana iluminaba la campiña italiana: colinas verdes y onduladas y campos dorados que no se diferenciaban mucho de los del norte de California. Hazel casi podía imaginarse que estaba regresando a su hogar en el Campamento Júpiter.

Los romanos suspiraron, después de todo ese era su hogar, el lugar que ellos más amaban. Los dioses miraron con simpatía a la chica, excepto Atenea, ella prefería mirar hacía la colina mestiza, donde ahora descansaba su estatua, se preguntaba como fue que la consiguieron.

—¿Cómo consiguieron la estatua? —pregunto Atenea antes de que Apolo siguiera, como nadie contesto el dios siguió.

La idea le produjo pesar. El Campamento Júpiter solo había sido su hogar durante nueve meses, desde que Nico la había sacado del inframundo. Y, sin embargo, añoraba el campamento más que Nueva Orleans, su lugar de nacimiento, y desde luego más que Alaska, donde había muerto en 1942.

Muchos comenzaron a murmurar y a mirar a Hzel de forma extraña. Esta se sintio muy incomoda.

—¡Dejen de mirarla! —reclamo Frank con el ceño fruncido.

—Esta bien Frank, ellos no lo sabían —Trato de calmar ella.

—Es muy descortez que la vean así —Siguió diciendo Reyna —Ella es una compañera más, dejen de mirarla ya —Todos desviaron la mirada, la chica suspiro con calma, no sabía como habria hecho para seguir soportando que ela esten mirando.

—Ellos lo aceptaran —Susurro Frank con calma, ella solo asintio.

Añoraba su litera en los barracones de la Quinta Cohorte. Añoraba las cenas en el comedor mientras los espíritus del viento se llevaban los platos con toda rapidez y los legionarios bromeaban sobre los juegos de guerra. Quería pasear por las calles de la Nueva Roma cogida de la mano de Frank Zhang. Quería experimentar por una vez lo que era ser una chica normal, con un novio dulce y cariñoso.

—¿Perdón? ¿Cómo que novio? —Hades le vio con una ceja alzada —Tú no tienes permitido tener novio y menos esa cosa de Ares —

—Soy hijo de Marte, no Ares —Susurro Frank, a él Plutón siempre le pareció guay, pero en este momento comenzaba a tenerle miedo.

—Mi hijo esta bien —Discutio Ares mirando a Frank, aunque se veia que no creia mucho en su palabra.

—Papá, ya estoy grande puedo salir con quien quiera.

—¡Tú vas a salir con alguien cuando el inframundo se congele! —Declaro el dios.

—¡Papá!

—Eres una niña, tú no puedes tener novio.

—Así como mi hija tampoco estaba lista y aún así te la robaste.

—Perséfone tenía cientos de años, ella sólo tiene trece.

—A mi me parece de lo más lindo el amor joven —Se metió Afrodita sonriendo.

—¡Tú no te metas! —Gritaron Démeter y Hades —¡No me copies! —

—Estos siguen así por los siglos, de los siglos —Orfeo rodó los ojos y ellos se le quedaron mirando —Sus peleas son más viejas que las plantas —

—Insolente, no sabes ni educar a tus nietos.

—Con mi nieto no te metas —Y así comenzaron a discutir de nuevo.

—¡Ya cansence! —Grito Afrodita solo para molestar, pero luego sintió un frío terrible acompañado de una luz verde a uno de sus lados.

—¿Qué dices, cariño? —Perséfone apareció de la nada asustando a la diosa del amor que trato de disimularlo.

—Nada, nada —Le sonrío nerviosa, la otra sonrió.

—Eso pensé —Perséfone camino con tranquilidad hacía su señor esposo miro con una ceja alzada a Orfeo —¿Otro hijo de mi señor? —Hades trago saliva.

—No, no, no, es mi nieto, hijo de Nico —Estaba sudando si es que los dioses podian sudar, debido al tono tan calmo con el que ella hablo.

—Oh, esta bien —Se sentó con calma en un trono a su lado —Pueden seguir —

Pero sobre todo quería sentirse a salvo. Estaba cansada de tener miedo y estar inquieta a todas horas. Se quedó en el alcázar mientras Nico se sacaba las astillas del mástil de los brazos y Leo pulsaba botones en la consola del barco.

—Qué marrón —dijo Leo—. ¿Despierto a los demás?

Los del Argo hicieron una mueca, sería recomendable que lo hagan, pero no era la mejor de las ideas si es que los demás ya estuvieron haciendo su guardia.

—Oye y ¿crees que venga hijos nuestros? —Decía Piper mirando a Jason, este le sonrío vacilante.

Era cierto, él y Piper estaba aún como saliendo. No es que no la quisiera, el la amaba, sólo que sentía que no era con ella con quién debia estar, no cuando otro era el que hacía que su corazón lata con fuerza.

—Eso lo sabremos después —Río nervioso, si tan solo ella supiera. Piper tomo su mano entre la suya, aunque si era sincera ella tampoco estaba completamente enamorada de él.

Hazel estuvo tentada de contestarle que sí, pero los otros tripulantes habían cubierto el turno de noche y se habían ganado el descanso. Estaban agotados de defender el barco. Daba la impresión de que cada pocas horas un monstruo romano quisiera zamparse el Argo II.

—Yo tengo una sospecha de que es lo que hace que tantos le ataquen ¿No, sobrina? —Poseidón miro a Atenea, esta le dio una mala mirada.

—Papá Tritón el esta molestando de nuevo.

—Papá por favor no empieces, deja a Atenea en paz.

—Sólo resaltaba un punto.

—Si, pero siempre es contra ella, apenas esta pasando por el shock grecorromano, así que por favor —Poseidón miro mal a Atenea, esta le saco la lengua y le dio una mirada satisfecha.

Unas semanas antes, Hazel no habría creído que alguien pudiera dormir en pleno ataque de unos numina, pero en ese momento se imaginaba perfectamente a sus amigos roncando bajo la cubierta. Cada vez que ella tenía ocasión de echar un sueño, dormía como si estuviera en coma.

—Uhg, es horrible dormir así, pero al menos las pesadillas son menores —Se quejo Jade. Alabaster lo vio con una ceja alzada.

—¿Tú como lo sabes? —Se lo quedo mirando.

—Mierda —Había hablado demás —Quizá, solo quizá, estuvieramos usando un Argo V para nuestro viaje —

—Y estaba lleno de monstruos todo el lugar, como buenos legados atraemos monstruos a montones, ya que en nuestro caso somos casi como semidioses —Miro a su padre Ethan que solo le estaba mirando con el ojo entrecerrado —Digo ¿No pensarían que las señoras Moiras harían esto sin recompensa no? —

—Mis señoras cobraran, cambiaran todo y salvaran algunos hilos —Orfeo jugaba con su anillo de calavera —Algunos recordaremos la línea de donde venimos, otros quizá desaparezcan en la nueva línea, solo eperamos que no sean nuestros amigos quienes lo hagan —

—Solo quiero saber algo —Quirón había estado inquieto desde el día de ayer. Orfeo sonrió como sabiendo lo que pasaría.

—Eso ya empezó en su tiempo, solo que no lo sabrían hasta unos años después —Se encogió de hombros, el centauro solo negó con la cabeza.

—¿Qué fue lo que ya comenzó? —Pregunto alguien, pero nadie respondió.

—Necesitan descansar —dijo—. Tendremos que encontrar otra solución nosotros solos.

—¿Eh?

Leo miraba ceñudo su monitor. Con su camisa de trabajo hecha jirones y sus vaqueros salpicados de grasa, parecía que hubiera perdido un combate de lucha contra una locomotora.

Leo hizo una mueca ante eso.

Afrodita tambien la hizo, pero por motivos distintos.

Desde que sus amigos Percy y Annabeth habían caído al Tártaro,

Y el silencio llego al auditorio. Annabeth y Percy se refugiaron entre sus amigos, sabian lo que sucederia una vez pasado el shock y no es que fuera exactamente contra ellos.

—¡El tártaro! ¡Mi hijo/hija no puede estar ahí! ¡Esto es tu culpa! —Poseidón y Atenea se lanzaron contra Hera, a la que por supuesto creían culpable de todo esto y que lo era.

Pronto ella estaba presa entre cadenas de agua, los búhos estaban arrancando sus ojos una y otra vez, la picoteban dejando icor dorado a su paso. Los dioses estaban demasiado estupefactos aún para hacer algo, bueno, no es como que tuvieran muchos animos de ayudar a Hera, no se lo merecia del todo.

—Basta —Hestia los detuvo, Poseidón y Atenea vieron las llamas encendidas en los ojso de ella y se fueron a sentar. —Apolo curala —El dios se veía que quería replicar, pero no lo hizo, solo movió sus manos prestas para curar a la diosa.

—Ya está, seguire —dijo de mala gana

Leo había estado trabajando prácticamente sin descanso. Y había estado más furioso y todavía más motivado que de costumbre.

A Hazel le preocupaba, pero una parte de ella se alegraba del cambio. Cada vez que Leo sonreía y bromeaba se parecía demasiado a Sammy, su bisabuelo: el primer novio de Hazel, en 1942. Uf, ¿por qué su vida tenía que ser tan complicada?

—Porque somos semidioses, a las destino les encanta complicarnos la vida —Renegó Bastión comiendo palomitas de maíz sacadas de quien sabe donde.

—¿De dónde sacaste eso? —Némesis le vio con interes, Bastión sonrió y abrió la boca.

No, si le digo que lo robe con sigilo de Moira sus sospechas aumentaran contra mi otro papá pensó mirando a su abuela —De mi bolsillo, lo traje del comedor —La diosa le vio sin creerle mucho.

—Sólo digámosle y ya, total de una paliza no pasa —Susurro Jade, Bastión negó con la cabeza.

—Primero quiero hablar con él —Dijo Bastión —Conocerlo ¿No has tenido curiosidad de eso? —Jade miro discretamente hacia los hijos de Hermes y luego asintió. A pesar de que sentía que seria la charla más incomoda del mundo.

—Otra solución —murmuró Leo—. ¿Ves alguna?

En su monitor brillaba un mapa de Italia. Los montes Apeninos recorrían el centro de ese país con forma de bota. Un punto verde que representaba el Argo II parpadeaba en el lado oeste de la cordillera, a varios cientos de kilómetros al norte de Roma. El viaje debería haber sido sencillo. Tenían que llegar a un lugar llamado Epiro, en Grecia, y encontrar un antiguo templo llamado la Casa de Hades (o Plutón, como lo llamaban los romanos; o, como a Hazel le gustaba pensar en él, el padre ausente más lamentable del mundo).

Hades le dio una mirada de disculpa a su hija, ella solo le sonrió desviando la mirada. Los dioses se movieron incómodos, sabía que todos, o su mayoría, eran calificados de esta forma, pero leerlo lo hacía más doloroso.

Para llegar a Epiro solo tenían que ir todo recto hacia el este, cruzar los Apeninos y atravesar el mar Adriático. Pero no había salido de esa forma. Cada vez que intentaban cruzar la columna vertebral de Italia, los dioses de las montañas les atacaban.

Durante los últimos dos días habían viajado hacia el norte con la esperanza de encontrar un paso seguro, pero no habían tenido suerte. Los numina montanum eran hijos de Gaia, la diosa a la que Hazel tenía menos aprecio.

—Y su marido es peor —Susurro Moira, solo Clarisse que estaba a su lado la escucho y abrió mucho los ojos.

Eso los convertía en enemigos acérrimos. El Argo II no podía volar a suficiente altura para evitar sus ataques; y a pesar de todas las defensas con las que contaba, el barco no podía atravesar la cordillera sin acabar hecho pedazos. —Es culpa nuestra —dijo Hazel—. De Nico y de mí. Los numina nos perciben.

—Ustedes huelen, pero exageren —Desestimo con una mano Demeter.

—¿Estas diciendo que mis hijos apestan? —Hades le vio con una ceja levantada.

—Que huelen a muerte —Ella suspiro rodando los ojos, pidiendo paciencia a quien fuera.

—No huelen a muerte, más bien es un olos fresco como de azalias y tierra mojada —Suspiro Will, los demás se le quedaron mirando.

—¿Y tú como lo sabes? —Lo hincó Kayla con su dedo índice en las costillas. Will se sonrojo hasta las orejas.

—Así que andas oliendo al hijo de Hades —Justin sonrío travieso —No será que tu eres quien lo profano y de ahí nació Orfeo —Will boqueo como un pez fuera del agua, los demás estaban riendo. Uy que come que adivina.

Excepto Orfeo que solo sonrió, solo Nico se dio cuenta de esto. Y comenzó a reír histericamente, era imposible que el salga con hijo de Hades y menos que tengan hijos, por favor, que mal chiste era ese. Debió haber mal interpretado todo, eso era, el niño no entendía lo que insinuaban.

Hazel miro a Nico pensando que tal vez el saber lo del golpe le afecto, hasta le daba algo de miedo.

Miró a su hermanastro.

Como hacía en ese momento.

Desde que lo habían rescatado de las garras de los gigantes, había empezado a recobrar las fuerzas, pero todavía estaba tan delgado que daba pena verlo. Su camiseta y sus vaqueros negros colgaban de su cuerpo esquelético. El largo cabello moreno enmarcaba sus ojos hundidos. Su tez color aceituna había adquirido un pálido tono blanco verdoso, como el color de la savia de los árboles.

Will se lo quedo mirando la verdad es que si daba pena verlo, pero el se encargaría de que se reponga. No porque quisiera olerlo, he impregnarse de su aroma ahora que tenía oportunidad, no como en años anteriores que solo podía mirarlo de lejos. Pero si piensas que Will tiene una obsesión con el hijo de Hades, están completamente... en lo cierto. Si no tenía un altar a su Crush era porque los de la cabaña lo descubrirían y se lo dirían a medio campamento, los hijos de Apolo no eran buenos para guardar secretos.

En años humanos apenas tenía catorce, solo uno más que Hazel, pero la historia no acababa ahí. Al igual que Hazel, Nico di Angelo era un semidiós de otra época. Irradiaba una especie de antigua energía: una melancolía provocada por la conciencia de que su sitio no estaba en el mundo moderno.

Nico le sonrió a su hermana, ya había dejado su histeria de lado.

Hazel no lo conocía desde hacía mucho, pero entendía y comprendía su tristeza. Los hijos de Hades (o Plutón, o como se llamase) casi nunca gozaban de vidas felices. Y a juzgar por lo que Nico le había contado la noche anterior, su mayor desafío les esperaba cuando llegaran a la Casa de Hades: un desafío que le había suplicado que ocultara a los demás.

Hécate y Hades miraron a Hazel, esta les ignoro por completo.

Nico agarró la empuñadura de su espada de hierro estigio.

—A los espíritus de la tierra no les gustan los hijos del inframundo. Es cierto. Les irritamos. Pero creo que los numina han percibido el barco de todas formas. Transportamos la Atenea Partenos. Esa cosa es como un faro mágico.

—Un faro de una diosa que también atrae monstruos, o los hace —Comenzó a molestar de nuevo Poseidón, pero antes de que pudieran decir algo más voltearon a ver a Tritón porque estaban seguros que saltaría en defensa de ella, solo que este no les prestaba atención, estaba entretenido comiendo más con Percy.

—¿Qué? —Dijeron los al mismo tiempo.

—¿Qué comen? —Pregunto Poseidón.

—Chocolate y sardinas —Dijeron los dos. Todos se los quedaron mirando.

—Yo como chocolates y el sardinas —Específico Percy ante las miradas de asco de todos. Después de eso suspiraron aliviados.

—¿No habías terminado recién de comer? —pregunto Annabeth.

—Si, pero tampoco comí bien en estos días —Hizo un puchero, todos aceptaron eso como algo normal y siguieron.

Hazel se estremeció al pensar en la enorme estatua que ocupaba casi toda la bodega. Habían sacrificado mucho para salvarla de la cueva situada debajo de Roma, pero no tenían ni idea de qué hacer con ella. De momento, lo único para lo que parecía servir era para avisar a los monstruos de su presencia.

Atenea bufo.

—¿Hablan de la estatua que esta afuera del campamento? —pregunto Jade a Bastión, este asintió era lo más probable que así fuera —Esa cosa da miedo —Se estremeció.

—Ni que lo digas, parece que te fuera a petrificar cada que pasas frente a ella —Añadió Orfeo.

Ethan y Alabaster miraban a los chicos, los dos se preguntaban a que edad los tuvieron y con quién. Los dos se miraron, no es que ellos se llevaran con más semidioses que los del barco ¿Habían regresado al campamento? Bueno sus hijos traían camisetas de ahí, además sabían de las cabañas. Pero era extraño que regresaran ahí después de todo lo sucedido.

Leo recorrió el mapa de Italia con el dedo.

—Entonces, cruzar las montañas queda descartado. El problema es que se extienden muy lejos en las dos direcciones.

—Podríamos ir por mar —propuso Hazel—. Podríamos rodear el extremo sur de Italia.

—Es un trecho muy largo —dijo Nico—. Además, no tenemos... —se le quebró la voz—, ya sabéis..., a nuestro experto marino, Percy.

Todos miraron al chico que ya no estaba comiendo solo mantenía una mirada neutral y sus manos juntas en su regaso. Poseidón y Atenea le dieron una mirada de odio a Hera, cada uno abrazo a su hijo, esa caída no era algo que desearan para ningún mestizo.

El nombre quedó flotando en el aire como una tormenta inminente.

Percy Jackson, hijo de Poseidón, probablemente el semidiós al que Hazel admiraba más. Percy le había salvado la vida muchas veces en el transcurso de su viaje a Alaska, pero cuando había necesitado la ayuda de Hazel en Roma, ella le había fallado. Hazel había observado impotente como él y Annabeth se desplomaban en el foso.

—No tienes la culpa de nada Haz —Le aseguraron los dos sonriéndole, pero no por eso ella y los demás dejaban de sentirse mal.

Hazel respiró hondo. Percy y Annabeth seguían vivos. Lo sabía en lo más profundo de su ser. Todavía podía ayudarlos si conseguía llegar a la Casa de Hades, si conseguía sobrevivir al desafío sobre el que Nico le había advertido...

—Lo harás estoy seguro que podrás —Dijo Nico mirando a su hermanita, ella asintió no estaba segura, pero confiaba en Nico.

—¿Y si seguimos hacia el norte? —preguntó—. Tiene que haber una abertura en las montañas o algo por el estilo.

Leo toqueteó la esfera de bronce de Arquímedes que había instalado en la consola: su más reciente y peligroso juguete. Cada vez que Hazel miraba esa cosa, se le secaba la boca. Temía que Leo se equivocara de combinación al girar la esfera y los tirara a todos por la borda, o que volara el barco, o que convirtiera el Argo II en una tostadora gigante.

Agunos se rieron de la idea descabellada de Hazel, pero se detuvieron cuando Leo y los demás de la cabaña comenzaron a hacer anotaciones y a reírse como locos.

—Estar con leo les afecta —Aseguro Piper y los demás le dieron la razón.

Afortunadamente, tuvieron suerte. El objetivo de una cámara salió de la esfera y proyectó una imagen tridimensional de los montes Apeninos encima de la consola.

—No lo sé —Leo examinó el holograma—. No veo ningún paso decente por el norte. Pero prefiero esa idea a dar marcha atrás hacia el sur. No quiero saber nada de Roma.

Nadie discutió ese punto. En Roma no habían tenido una buena experiencia.

Más de uno hizo una mueca de inconformidad, por lo poco que sabían el viaje no iba de lo mejor.

—Hagamos lo que hagamos, tenemos que darnos prisa —les dijo Nico—. Cada día que Annabeth y Percy pasan en el Tártaro...

No hizo falta que terminara la frase. Tenían que confiar en que Percy y Annabeth sobrevivieran lo suficiente para encontrar el lado de las Puertas de la Muerte que daba al Tártaro.

Hades le dio una mirada a Percy y Annbeth, luego a los padres de estos. No les va a gustar saber de esa salida era todo lo que podía pensar. El sabia que se nececitaban dos para cerrar las puertas, uno por dentro y otro por fuera.

Y luego, suponiendo que el Argo II pudiera llegar a la Casa de Hades, podrían abrir las puertas por el lado mortal, salvar a sus amigos y sellar la entrada para impedir que las fuerzas de Gaia se reencarnaran en el mundo de los mortales una y otra vez. Sí, nada podía fallar en el plan.

—Todo puede fallar en ese plan —Hablo la muy optimista Thalia —Y es seguro que fallara —Miro a sus amigos con preocupación, también a su hermano.

—No pues, gracias por los buenos deseos —Mascullo Jason mirando a su hermana, esta le sonrió.

—Si quieres que hablemos más de deseos, podemos tener una charla especial —Ella sonrió y ella miró a otro lado.

Nico contemplaba la campiña italiana debajo de ellos frunciendo la frente.

—Tal vez deberíamos despertar a los demás. Esta decisión nos afecta a todos.

—No —repuso Hazel—. Nosotros podemos encontrar una solución.

—Yo creo que si deberían despertarnos —Sugirió Piper aferrándose a la mano de Jason, este paso su lengua por sus labios.

—Podemos solucionarlo, estoy segura —Hazel sonrió, tenían que hacerlo.

—Tía Haz siempre es tan linda —La chica se ruborizo ante las palabras de Orfeo.

—¿Soy una buena tía? —Pregunto de la nada.

—La mejor de las tías, igual que el tío Frank —Orfeo se cubrió la boca. Había hablado demás. Ahora todos miraban a Frank, este estaba por hacerse uno con la silla dónde estaba.

—Plutón me va a llevar —Susurro mirando de un lado a Otro, Hades quería matarlo y Nico estaba igual.

—¡Me casare! ¡Con Frank! —Hazel chilló feliz mientras Frank comenzaba a correr por su vida.

—Bueno, yo no dije eso —Susurro Orfeo —Pero si va a pasar —Se encogió de hombros.

No estaba segura de por qué creía tan firmemente en ello, pero desde que habían partido de Roma, la tripulación había empezado a perder la cohesión.

—Faltan dos —Poseidón miro a su hijo que estaba muy quieto ahora.

—El chicle les falta —Molesto Tritón mirando a Percy, este sólo medio sonrió.

—Yo ¿Lo siento? —Miro a todos haciendo un puchero —No quise —

—No, no, no es tu culpa Percy —Calmo Annabeth enseguida —No es que hayas decidido saltar y dejar a todos asustados —

Ethan y Alabaster comenzaron a llorar de la nada. Todos se giraron a verlo.

—Es triste que lo culpen por algo que no es su culpa.

—Y que el imbécil quiera llorar por eso mismo —Alabaster se aferró a Ethan llorando.

—Un idiota triste —Comenzaron a llorar juntos.

Némesis y Hécate le dieron una mirad a Luke, quien se sobresaltó enseguida.

—¿Por qué siento que estoy en problemas?

—No lo sé hermano, pero yo diría que te prepares para dar el maratón de tu vida —Le contesto Travis.

—Esas dos te van a matar, aunque aún no sepamos por qué —Termino de decir Connor.

Luke trago saliva, miro a Alabaster, a Ethan y luego a Bastión y Jade. Jade tenía el cabello más claro que el de Alabaster, lo que decía que su padre lo tenía así, Bastión tenía ojos azules a pesar de ser la copia de Ethan ¿No sería que?... Nah, era imposible, además ellos sólo, sólo fueron un par de veces con Ethan y solo una con Alabaster, claramente no era su culpa.

Habían aprendido a trabajar como un equipo. Y de repente, zas, sus dos miembros más importantes habían caído al Tártaro. Percy había sido el pilar del grupo. Les había infundido confianza cuando habían surcado el océano Atlántico y habían entrado en el mar Mediterráneo.

—Argh eso es por hacerle caso a los dioses —Ethan rodó los ojos, ya había dejado de llorar, ahora estaba molesto.

—Siempre nos mandan adelante como si fuéramos sus juguetes —Le siguió Alabaster, los demás les veían extrañados ¿Qué les pasaba?

En cuanto a Annabeth, ella había sido la líder de facto de la misión. Había rescatado la Atenea Partenos sin ayuda de nadie. Era la más lista de los siete, la que tenía respuestas a todo.

Annabeth se sonrojó ante esto, los demás sólo asintieron ante esto.

Si Hazel despertaba al resto de la tripulación cada vez que tenían un problema, empezarían a discutir de nuevo, y su desesperación aumentaría más y más.

Los del Argo II se miraron entre sí, las discusiones debieron ser fuertes para que ella piense en eso.

Tenía que hacer que Percy y Annabeth se sintieran orgullosos de ella. Tenía que tomar la iniciativa. Le costaba creer que su único papel en la misión fuera el que Nico le había anunciado: despejar el obstáculo que les esperaba en la Casa de Hades. Apartó ese pensamiento de su cabeza.

—Ya estamos orgullosos de ti Hazel —Dijeron los dos, ella les sonrió.

—Necesitamos ideas creativas —dijo—. Otra forma de cruzar las montañas o una forma de escondernos de los numina.

Nico suspiró.

—Si estuviera solo, podría viajar por las sombras, pero no dará resultado con un barco entero. Y, sinceramente, ya no estoy seguro de tener fuerzas para transportarme.

—¡No! ¡Ni loco harás viajes de sombras! —Grito Will alterado acercándose a él y comenzando a revisarlo como si estuviera mal en ese momento.

Al haber saltado así también quedaron en una pose algo comprometedora.

—¿Qué haces cerca de mi niño? —Hades apareció de la nada a un lado de Will.

—Yo... sólo... sólo

—Corre —Will salió huyendo junto con Frank que sólo había logrado tomar algo de aire antes de correr de nuevo por su vida.

—¡Fue sin querer! —Will lloraba mientras era perseguido.

—¿Así fue cuando lo supo? —Pregunto Jade a Orfeo mientras compartían palomitas de maíz.

—Según se, si, al menos así ha sido con mis últimos hermanos —Se encogió de hombros.

—Yo podría fabricar algún tipo de camuflaje —dijo Leo—, como una cortina de humo para escondernos en las nubes.

No parecía muy entusiasmado.

—Seguro no creía que resultara —Leo comenzó a fantasear, quizá y sólo quizá se había casado en el futuro. Quería saber si tenía hijos, tal vez encontraba al amor de su vida. Una sexy chica para Leo si que si.

Hazel se quedó mirando las onduladas tierras de labranza pensando en lo que habría debajo de ellas: el reino de su padre, el señor del inframundo. Había visto a Plutón en una ocasión pero entonces se había percatado de quién era. Desde luego nunca había esperado recibir ayuda de él, ni cuando estaba viva por primera vez, ni durante su estancia en el inframundo como espíritu, ni desde que finalmente Nico la había llevado de vuelta al mundo de los vivos.

—Oh, te daré muchas cosas cuando regresemos —Aseguro Hades besando su frente de la nada.

—¿Dónde dejaste a Frank y a Will? —Pregunto Nico con algo de interés.

—Ah, estás recuperando el aliento, por allá —Estaban atados con sombras tratando de respirar con normalidad, pero gritando al mismo tiempo.

—¿Por qué? —Hazel quiso correr a ellos.

—Oh, cariño, ellos estarán bien, tu padre los soltara ahora —Hablo Hestia mirando con una sonrisa siniestra a Hades, este sonrió e hizo que las sombras se fueran de ellos —Ves —

—Veo que alguien le teme a la tía Hestia —Hablo por lo bajo Thalia y las cazadoras rieron.

Tánatos, sirviente de su padre y dios de la muerte, había insinuado que Plutón podía estar haciéndole un favor a Hazel al no prestarle atención. Después de todo, se suponía que ella no debía estar viva. Si Plutón reparaba en ella, podría ser que tuviera que volver a la tierra de los muertos.

—El no haría eso cariño —Demeter pasó su mano por el cabello de Hazel —Porque te aseguro que yo haría que se arrepienta como no tienes idea —Le sonrió amable, Perséfone le vio con una ceja levantada, Hades trago saliva.

—Eres mi hija, por supuesto que eso no pasaría, ya te han devuelto a la vida nunca te quitaría eso. Porque es lo que más deseaba —Aseguró él.

—Gracias, pero entonces también deberías dejarme tener una vida —Ella le miro y Hades bufo.

Eso significaba que no era nada recomendable pedir ayuda a Plutón. Y sin embargo...

Por favor, papá, se sorprendió rezando. Tengo que encontrar una forma de llegar a tu templo en Grecia: la Casa de Hades. Si estás ahí abajo, muéstrame qué debo hacer.

—Por supuesto que te ayudara, pero no de la forma que crees —Hablo Hécate sonriendo y Hazel se estremeció.

Un movimiento fugaz en el borde del horizonte le llamó la atención: algo pequeño y beis que corría a través de los campos a una velocidad increíble, dejando una estela de vapor como la de un avión.

—Arión —Saltaron Poseidón y Demeter, ambos se sonrojaron.

—Mamá querrá saber de esto —Tritón sonrió como tiburón, Poseidón se puso pálido.

—¿Que deseas? ¿Otra fiesta Olímpica en la piscina? —Decía Poseidón, Tritón sonrió e imagino un cierre en su boca —Eso creí —

Hazel no podía creerlo. No osaba albergar esperanzas, pero tenía que ser...

—Arión.—¿Qué? —preguntó Nico.

—Arión ¿Qué? ¿estás sordo? —Pregunto Leo y luego tuvo que correr porque los esqueletos comenzaron a seguirlo —¡Soy muy sexy para morir! —

—¿Afectará a Chili? —Se preguntaron los del futuro viendo correr a Leo —Nah, ella estará bien —Desestimaron con la mano.

Leo lanzó un grito de alegría mientras la nube de polvo se acercaba.

En el auditorio lanzaba uno de terror.

—¡No! ¡Esqueleto pervertido! —Leo pateo a uno de los esqueletos quemandolo —¡No toques la mercancía si no vas a comprar! —Seguía corriendo y lanzando sillas en llamas.

—¡Es su caballo, tío! Te has perdido esa parte. ¡No lo hemos vuelto a ver desde que estuvimos en Kansas!

Hazel se rió por primera vez desde hacía días. Se alegraba mucho de ver a su viejo amigo.

—Ese caballo es muy mal hablado —Decía Percy.

—Quiero conocer a ese caballo —Dijeron Ethan, Alabaster, Bastión y Jade, con grandes sonrisas.

—No —Sentenciaron Hécate y Némesis, los cuatro se enfurruñaron en sus asientos.

—No nos dejan hacer nada divertido —Se quejaron. Se notaba de quienes eran hijos dos de ellos.

A un kilómetro y medio hacia el norte, el pequeño punto beis rodeó una colina y se detuvo en la cumbre. Costaba distinguirlo, pero cuando el caballo se empinó y relinchó, el sonido llegó hasta el Argo II. A Hazel no le cabía duda: era Arión.

—Tenemos que reunirnos con él —dijo—. Ha venido a ayudarnos.

—No me agrada la ayuda que te vaya a dar —Dijo Hades, Poseidón y Demeter hicieron una mueca. Hécate sonrió.

—Vale —Leo se rascó la cabeza—. Pero, ejem, dijimos que no volveríamos a posar el barco en tierra, ¿recuerdas? Ya sabes, como Gaia quiere destruirnos y todo eso...

—Tú acércame, y usaré la escalera —a Hazel le latía el corazón con fuerza—. Creo que Arión quiere decirme algo.

—Y se terminó —Apolo cerro el libro lanzándoselo a Atenea que lo atrapó absorta.

—Bueno tenrminamos un capítulo —Némesis se levantó de su asiento y tomó del hombro a Bastión antes de que huyera —Alguien tiene cosas de que hablar —

—Y aquí hay otro —Hécate sostuvo a Jade que sólo mordió su labio.

—Si, deben responder ¿Qué edad tienen? —Dijo Némesis viendo fijamente los azules del otro.

—Ah pues —Jade miro a Bastión, este suspiro miro sus manos y se encogió de hombros.

—Dieciséis años, soy mayor por un mes —Contesto Bastión y un aura roja comenzó a creer en Némesis y Hécate, Luke abrió mucho los ojos.

—Si y me lo recuerdas cada maldito instante de mi existencia —Jade rodó los ojos.

—Es imposible —Ethan comenzó a reír.

—Ustedes están locos —Alabaster también reía.

—Oh, no, no lo estamos, ustedes son nuestros padres gestantes —Soltó Bastión y luego miro a Luke con seriedad —Y el es nuestro otro papá —

—¡¿Qué?! —Fue el grito que resonó por todo el lugar.

Luke estaba muerto.