Capítulo 2. El último tren

Un golpe seco, todo tiembla. Una gran caja de madera ha sido depositada en el suelo tras transportarla sobre ruedas con un gran cuidado, el ocupante sigue inconsciente unos segundos tras el leve golpe, pero empieza a removerse. El hombre que la transporta se ha asegurado todo el trayecto de que su carga estuviese en la posición correcta y ha amenazado de muerte a mas de un curioso que se interesaba demasiado por ella.

Jesse McCree tiene la boca seca, como si hubiese comido un bocata de polvorones, aparte de eso está bastante cómodo. Está oscuro, pero huele fresco y está... ¿sumergido? En algo blando... mueve las manos, parecen pequeñas bolas de... ¿corcho? ¿poliuretano? Un momento. Sus ojos se adaptan rápidamente a la falta de luz.

Empieza a moverse, está en una caja, y está sumergido en bolas de porexpan. Joder. Alguien le está trasladando como si fuese un maldito paquete de correos. Y ese alguien es ese demonio de hombre, Hanzo Shimada.

Comprobación. Para empezar lo evidente, le falta su prótesis. Se palpa el muñón con las conexiones selladas, al menos la ha separado siguiendo el procedimiento, sin arrancarla, todo está en orden. Tampoco tiene su pistola, evidentemente. Hasta ahí lo que esperaba.

Le han quitado las botas. La mayoría de la gente no hubiese pensado en ello. Pero el Shimada lo ha hecho, y con ellas ha perdido dos cuchillos y un juego de ganzúas. También le ha quitado el cinturón, donde guardaba otro juego de ganzúas y una navaja suiza.

Bien, calma. La caja es de madera y se filtra algo de luz entre los tablones. Eso rebaja un poco la sensación de claustrofobia. Cierra los ojos y escucha, no están en movimiento. Pero sabe que le ha despertado un golpe, quizá han llegado algún sitio.

Oye voces. Hablando en japonés. Hablan demasiado rápido, su japonés no es tan bueno, pero reconoce la voz. Genji. Es Genji. Golpea la madera con todas sus fuerzas.

- ¡JESSE!.- Se abren varios cierres, la tapa se abre y sus ojos reciben demasiada luz, una silueta de visor verde brillante aparece.- ¡¿Pero qué...? ! ¡PERO HANZO...!

Genji Shimada está allí, el cyborg de Overwatch, el milagro médico y ninja de la organización.. lo que McCree no comprende es porqué está hablando con su hermano en lugar de destriparle allí mismo. El bandolero no puede si no recordar como el deseo de venganza había sido muchas veces lo único que había mantenido en pie al otro hombre.

- [Me pediste que te trajese al vaquero, y te he traído al vaquero.]

- [¡No me refería a que le secuestraras!.]

En cualquier otro momento la alarma y la exasperación que transmitía el cyborg serían divertidas, pero Jesse tiene escasa capacidad de reacción en esos momentos. Se agarra al borde de la caja con su única mano y se incorpora como puede.

No se siente realmente despierto, todo es demasiado intenso y él se mueve lentamente, es como nadar entre gelatina. El sonido no le llega bien, el volumen sube y baja. Sigue drogado por supuesto.

Tiene un algodón con esparadrapo en la sangradura del brazo, Shimada debió inyectarle algo después de la droga de la botella de güisqui.

Genji está allí, moviendo las manos agitadamente mientras habla con el otro japonés, que parece confuso por las críticas, como si el otro estuviese exagerando. Vale, mira a su alrededor, están en una base de Overwatch, el logo está en las puertas, todas las bases se parecen bastante. Es un hangar, hay un par de transportes aéreos, es una base activa, y solo hay una base de Overwatch activa en el mundo, Gibraltar.

Solo tiene que ponerse en pie, robar un transporte y salir de allí, exacto, eso es lo que va a hacer... sin botas, sin cinturón, sin su revolver, sin su brazo... gruñe y vuelve a dejarse caer en el blando lecho de bolitas de porexpan. Lo que por fin llama la atención de sus secuestradores.

- ¡Jesse!.- Genji se acercó y le ayudó a volver a incorporarse.- Lo siento mucho, deja que te ayude... ¡Hanzo, ¿qué le diste?!

- Nada peligroso.- El Shimada se cruzó de brazos.- Debería estar dormido una hora más, luchar contra ello es contraproducente.

McCree no entiende nada y no le gusta. Ni lo más mínimo, intenta librarse de la ayuda de Genji, siente la piel demasiado sensible, todo le molesta, y está cabreado. Mucho.

- Eh, vaquero, tranquilo, te tengo.- Genji le ayuda a quedarse sentado y mueve las manos a su alrededor, sacudiendo las bolitas blancas que tiene pegadas por todas partes.

- El oni...- Masculla.- Es un oni...

Genji sofoca con dificultad la risa. Le gustaría decirle que no tiene gracia pero el mundo empieza a dar vueltas de nuevo, y vuelve a quedar inconsciente.


Hanzo Shimada está allí por su hermano.

Cuando había decidido acudir a Overwatch, siguiendo la oferta de Genji sobre elegir bando, no había esperado nada. Llevaba años fustigándose, dando caza a su propio clan y los demás kakuzas, destruyendo lo que él mismo había ayudado a crear. Intentando arreglar lo irreparable.

Pero Genji estaba vivo, y afirmaba que le había perdonado. Había pasado un tiempo preguntándose si era posible tener esperanza. En ultima instancia había comprendido que debía intentarlo, tenía una deuda impagable con su hermano.

Había acudido, y había sido recibido por Genji y comprendido que debía estar allí, convivir con gente que sabía lo que había hecho, los compañeros de armas de su hermano, que sabían que era un ex-yakuza, un asesino fratricida. Era parte de su carga, era lo justo.

Había miembros permanentes y otros que iban y venían. Alguna gente que solo ofrecía información y otros que habían abandonado todo por la causa. Habían sido... sorprendentemente hospitalarios. Oh, había resquemor, unos más que otros, pero el listón de Hanzo había estado tan bajo que estaba sorprendido.

Se esforzaban, lo hacían por Genji, porque él debía haberles pedido que fuesen cordiales. Él también podía hacer aquello por él. Soportaría aquello, las miradas o la tensión subyacente, lo haría por Genji. Así que entró en Overwatch, saludó con educación y aceptó con extrañeza la bienvenida de un científico gorila.

Le habían enseñado que lo que se empieza se acaba y si se hace algo, se hace perfecto.

Si Genji le pedía que luchase por Overwatch, el lucharía por Overwatch.

Y si Genji le pedía que le llevase un vaquero, le llevaría un vaquero.

No había sabido que esperar, porque Genji, su Genji, era muy dado a la exageración. Por otra parte no le había costado recordar que Jesse McCree era un nombre conocido, con una recompensa millonaria por su cabeza, solo que ignoraba que el infame bandolero hubiese sido miembro de Overwatch y amigo de su hermano.

- Es un vaquero, te lo juro, como los pistoleros de los westerns.- Le juró su hermano mientras le ayudaba a poner su equipaje en su habitación.- Es como si acabase de salir del cine con guión directo de Sergio Leone, botas con espuelas y todo.

- Y erais compañeros en operaciones especiales.

Podía imaginar a su hermano en operaciones especiales, asesinatos selectivos, golpes de estado, operaciones relámpago... ¿pero un pistolero con sombrero y espuelas? Había visto los carteles de SE BUSCA y los vídeos de las noticias, ese tipo iba por ahí con botas con espuelas, chaparreras sobre los pantalones, sombrero vaquero de ala ancha, un revolver y un poncho rojo no poco llamativo.

- Oh, bueno, a veces rebajaba el tono Clint Eastwood, pero siempre estaba ahí, es su estilo.

Por como hablaba de él, estaba claro que había sido un buen compañero. Que le echaba de menos y que era importante para él volver a verle.

Así que cuando encontró a Genji suspirando porque el mensaje enviado a su antiguo compañero seguía recibiendo silencio, se ofreció a ir a buscarlo.

- La verdad es que es una buena idea, sabemos que ese tal Reaper ha estado asesinando antiguos agentes de Overwatch, y que trabaja con o para Talon. Jesse podría ser un objetivo.

- Iré por el.

- Tráeme al vaquero.- Rió su hermano, y la risa que hacía tanto que no oía le alivió más de lo que imaginaba.

Y ahora, un mes y medio después, estaba en su habitación, meditando mientras Genji llevaba a McCree a la enfermería con ayuda de su maestro Zenyatta, el monje omnic había sugerido que era mejor "para la paz de espíritu de sus compañeros" no ver que McCree no había llegado precisamente por su propio pie.

Hanzo suspiró. Vale, había secuestrado al mejor amigo de su hermano... igual, solo igual, se había excedido en el cumplimiento de su deber. Igual. Un poco. Ligeramente.

Udon y Yaki se manifestaron físicamente, dos elegantes dragones azules del tamaño de un hurón particularmente grande, y se recostaron a su lado, ellos estaban bastante más seguros que él de todo aquello. Tenían una visión más... sencilla del mundo. Espíritus inmortales, cada heredero directo Shimada recibía uno, él era especial, una bendición del cielo para el primogénito de la nueva era, dos dragones guardianes, dos espíritus que unían sus destinos al suyo.

La reunión con su hermano espiritual, Soba, les había llenado de esperanza. Ellos habían reconocido al desconocido que le había seguido a la capilla Shimada antes que él mismo, por mucho que había tratado de negarlo. Un dragón reconoce a otro.

Tenían una visión privilegiada del mundo, estaban en ambos lugares.

Cuando Jesse McCree había aparecido ante él en el callejón detrás del hotel de Estambul sus dragones habían... rugido. No había sido solo el sobresalto de la caída del pistolero a sus espaldas, había sido verle cerca.

Había algo más en el pistolero. Algo que Genji no había mencionado.

{Peligro. Es un depredador. Peligroso, voraz.}

Habían sentido a otro espíritu, un espíritu que, como ellos, comía.

No todos los espíritus eran tan poderosos, algunos solo estaban ahí, observando, con curiosidad. Algunos ayudaban, otros herían. Pero los más fuertes, los que eran tan terribles que cruzaban el velo y hacían temblar en mundo... comían.

Jesse McCree tenía un espíritu, algo que no era de ese mundo. Hanzo había sentido a sus dragones rugir, territoriales en su interior, al verse cara a cara con otro superdepredador. Furiosos y al tiempo ansiosos, un desafío, una lucha digna. Un adversario a su nivel.

Y desde luego lo había sido. Lo que tendría que haber sido una conversación corta y un viaje de vuelta se había convertido en una cacería, un enfrentamiento que les había llevado de Estambul a Sicilia. No podía negar que había sido tan exasperante como emocionante.

Bueno, había habido partes mas exasperantes que otra cosa... Udon le mordisqueó los dedos exigiendo atención y Hanzo consintió, acariciando distraídamente entre los cuernos.

Jamás en su vida olvidaría el pánico, el terror puro de sus dragones cuando...

- ¡AUH!

{¡No teníamos miedo!}

Udon había mordido con más fuerza, indignado. Hanzo apartó las manos.

- No tiene sentido que lo neguéis, yo también lo sentí, el miedo me paralizó. Al gritar salvasteis mi vida.

Puede que ellos supiesen lo que sentía, pero él también sentía a sus dragones, aquello había sido miedo. Terror. Algo había surgido de McCree, sus ojos habían centelleado, súbitamente rojos, y el mundo se había transformado alrededor de él, como un portal a otro mundo que siempre viajaba con el pistolero. Y allí vivía aquello... aquellos ojos rojos, la mirada de la muerte. Un coyote gruñendo... salivando ante la presa... algo antiguo.

{Debemos saber más, somos tan pocos} Ramen se enroscó sobre su rodilla. {Es feroz, tiene hambre, queremos saber más}

Hubiese acusado a sus dragones de escaso instinto de conservación de no ser porque lo primero que le había venido a la cabeza al ver a McCree en persona había sido que las imágenes de SE BUSCA no le hacían justicia alguna.

{Es guapo para ser un humano} {Huele raro, pero es fuerte}

- Estamos aquí para redimir mis faltas, para compensar a Genji, no para... aliviar mis bajos instintos.

Lo malo de los dragones es que no se podía saber si sacaban la lengua para olisquear o para burlarse de él.


Cuando Jesse volvió a despertar se sentía sensiblemente mejor, para empezar estaba en una cama como una persona en vez que embutido en un paquete como una aspiradora de Amazon. Tenía una vía puesta para hidratar y llevaba un camisón de hospital.

Estaba en una enfermería de Overwatch, las reconocía, lo bueno de los militares era que lo construían todo igual. Y olía a más que a enfermería, reconocía el olor de las flores frescas, y el sutil perfume de la doctora Ziegler. Mercy siempre decía que la recuperación de los pacientes no solo debía ser física y el ambiente de la enfermería no debía ser puramente clínico.

Así que junto a la mesilla de la cama había un vaso con flores, un libro de Historia, un cartón de zumo de melocotón y la ventana tenía vistas al mar mediterráneo. Podría ser un paraíso, pero McCree reconocía una jaula dorada cuando la veía.

No había sido un mal sueño. Le habían secuestrado para llevarle a Overwatch.

Dio buena cuenta del zumo para quitarse esa horrible sensación pastosa de la boca, si quisieran drogarle ya lo habrían hecho con el suero intravenoso. Sus pertenencias también estaban allí, la ropa, incluidas las botas, el cinturón, su sombrero, incluso su brazo de metal... pero no su revolver.

La política de armas cero en la enfermería seguía vigente. Tendría que recuperarla. Enganchó su brazo y esperó aquellos segundos de incomodidad mientras los nervios se conectaban a la sinapsis electrónica, su rostro se transformó en una máscara de dolor cuando sintió aquel frío intenso que se transformaba demasiado rápido en calor. Las prótesis habían mejorado una barbaridad, pero la que él tenía era un modelo antiguo, y aun así los Junjers de Australia le habían puesto empeño.

Vestido con sus galas habituales, aunque aun tenía que hacerse con un poncho nuevo... echaba de menos su poncho rojo, era bonito, era cálido, lo había recogido de su... de la vieja granja de su infancia. Un momento de debilidad durante su camino sin rumbo.

Salió de la enfermería y echó a andar. Alguien tenía que tener su revolver, y respuestas.

En ultima instancia agradeció no tener el revolver en la mano porque estaba seguro de que habría disparado a un misil gris y verde que se abalanzó sobre él.

- ¡JESSE!

McCree casi cayó al suelo bajo el inesperado asalto, no había esperado un abrazo, no recordaba la ultima vez que estuvo tan cerca de alguien si estar liado a puñetazos. Y Genji estaba lleno de entusiasmo, juraría que aquel crujido eran sus costillas.

- Genji... aire...

- Oh, lo siento.- El cyborg se apartó, se le notaba lleno de energía, pasando el peso de un pie a otro.- Echo nos contó todo lo que pudo de lo ocurrido cuando la rescataste, tienes que ir a saludarla, y hay gente que quiere conocerte. Ya conoces a mi hermano.

Ajá. El espinoso tema del hermano que estaba ahí delante, vivo en vez de con una bala entre los ojos.

- Bueno, eso es... ¿fantástico?... Genji... que yo recuerde solo tenías un hermano.

Genji asiente y se aparta un poco.

- Mi hermano y yo hemos hablado, le he perdonado.- Genji habla con intensidad, para él esto es importante, muy importante.- Yo le pedí que viniera y... que te buscase.

- Que me buscase...- Jesse sacudió la cabeza.- Me secuestró, Genji.

- Eh... bueno... no le pedí eso exactamente, usé una expresión... parecida...

- Genji, no voy a quedarme aquí.

El cyborg se pone rígido, vuelve a moverse nerviosamente e intenta hablar varias veces, para al final suspirar y bajar la cabeza con aire derrotado.

- Lo entiendo pero... pensé que eventualmente volverías... yo... hay tantas cosas...

- Lo siento. Recuperaré mi pistola y mi equipaje y me iré, mira, prometo que estaré en contacto, os ayudaré en lo que pueda, como a Echo. Pero no voy a quedarme, nunca más, Genji, esto se acabó para mí.

- Pero es diferente, McCree, dales una oportunidad.

Era parecido pero diferente, eso era casi peor. Faltaba gente. Jesse suspiró. Genji le tomó por el hombro con insistencia.

- Al menos despídete de Winston, tiene un corazón de oro, se alegrara solo de saber que estás bien antes de que te vayas.

- Está bien.


Genji Shimada era un cabronazo manipulador.

Una hora después Jesse McCree había elegido habitación, había recuperado a su fiel PeaceKeeper, recibido una bolsa reglamentaria con un comunicador nuevo, un viejo chandal de Overwatch, una llave electrónica para acceder a la base libremente y una invitación a cenar para presentarse al resto de la base.

Consternado, miraba por el ventanal como se ponía el sol sobre el horizonte, tiñendo el mar de naranja y dorado. El llanero solitario se ha quedado en el corral.

- No me lo puedo creer.

Winston había estado TAN FELIZ DE VERLE. Por supuesto el científico no conocía los detalles de su llegada, tan solo se había mostrado pletórico, entusiasmado por tenerle allí, no había dejado de sonreír y darle las gracias por estar allí sin dejarle abrir la boca.

Tener que decirle que solo quería recoger sus cosas y marcharse había resultado demasiado incómodo, así que McCree se había limitado a sonreír, soltar una frase prefabricada sobre cabalgar juntos hacia el amanecer y escoger habitación, jurándose a sí mismo que solo se quedaría unos días, lo justo para quedar bien.

Se sentó en la cama y enterró la cara entre las manos. No se lo podía creer.


Aquella base de Talon tenía un aire siniestro, Doomfist le había dicho que era "estilo arquitectónico del brutalismo", pero Sombra prefería llamarlo "mis padres no me quieren y no tengo amigos". Era como si cada esquina estuviese intentando transmitir que no le gustaba tener gente dentro.

Sombra dejó a un lado uno de los muchos portátiles que tenía en la habitación y salió a paso ligero, casi bailando, tenía información jugosa, la clase de información que no concernía a Talon pero le daba puntos ante gente de forma independiente. Esa era la mejor información.

Dales migajas, déjales deseando mas, hazte imprescindible.

La gente imprescindible vivía mas tiempo. Sobre todo si te hacías necesaria para gente peligrosa, y la persona a la que llevaba ahora información era muy peligrosa.

- ¡Toc, toc! ¡Ha llegado el correo!

Entro sin tocar, por supuesto, limitándose a hackear el código, pero sabía que había hecho suficiente ruido como para que el otro supiese que llegaba. Tampoco quería aparecer allí y encontrarse al tipo sin pantalones o algo así.

- Sombra.- La voz incorpórea venía de otra zona de las dependencias, era grave y siniestra, casi múltiple.

El tipo hacía que los soldados de Talon se movieran como cucarachas cuando se encendía la luz, corriendo despavoridos para apartarse de él, y eso que la mayoría era los tipos más duros de sus especialidades. Los agentes de Talon se desvivían por impresionar a Widowmaker, marchaban con precisión y devoción por Doomfist, y eran cordiales, pero lo más mínimo con Sombra.

Pero Reaper... Reaper les hacía luchar hasta la muerte porque si le molestaban lo más mínimo solo quedaría una pasa reseca de sus cuerpos.

- Tengo cosas para tí.- Sombra se aseguró de silenciar todos los micros que pudiese haber en aquella habitación antes de proceder, sabía que Talon era minuciosa.

Vestido de negro de los pies a la cabeza, y con la máscara blanca que asemejaba a una calavera y a una lechuza a un tiempo, Reaper se materializó de donde estuviera y apareció ante ella. Sombra se sonrió, Reaper era melodramático a niveles demasiado intensos.

Pero era lógico que los demás le tuviesen tanto miedo.

- Tengo noticiaaas.- Canturreó.

- Escúpelo, Sombra, no tengo tiempo para tus infantilismos.

Sombra se puso cómoda, sabía perfectamente que Reaper no la iba a hacer nada, le era demasiado útil, a veces incluso fantaseaba con que Reaper la tenía cierto respeto.

- Es sobre tu John Wayne.

Reaper avanzó, su interés evidente para cualquiera que supiera leerlo.

- Mira lo que grabaron las cámaras de una urbanización de Palermo, Sicilia.

Reaper observa en silencio las imágenes que le muestra. Cuando ha terminado permanece en silencio unos instantes, pensando.

- Averigua a donde fueron, averígualo todo. Borra las imágenes.

- Debes pensar que soy nueva.- Sombra se recuesta en el sofá de la entrada y saca una bolsa de gominolas.- La grabación que tengo yo es la única que queda, y sé a donde fueron desde allí.

- No pongas a prueba mi paciencia.

- Aeropuerto de Gibraltar, ¿te suena de algo?

Reaper tira una mesa por el suelo, saca las pistolas, ruge, se disuelve el humo negro y vuelve a reconstituirse.

- ¡OVERWATCH!


Nota de la autora: Pues va avanzando el fanfic, está siendo más ligero de escribir que los anteriores porque ya gasté mucho drama en ellos, este lo quiero menos denso en ese aspecto. Adoro a los Noodle Dragons.