Capítulo 3. La tentación vive al lado

Charló un poco con Athena, la I.A seguía operativa para su sorpresa, había supuesto que la habrían desmantelado sin miramientos. Gabriel había detestado la idea de una inteligencia artificial con tanto acceso, pero la I.A no pasaba de ser un asistente extremadamente eficaz, no tenía la amplitud de opciones de un omnic.

Una vez estableció sus rutinas de despertador, avisos y código de seguridad, se dispuso a salir. Ya había aceptado quedarse, quien sabe, igual todo iba mejor que la última vez. No eran la misma gente, no eran los mismos objetivos, no había un mando invisible tomando decisiones, podría mirar a los ojos a todos los miembros.

Ya no era el perro mestizo de Blackwatch mirando a los miembros de Overwatch desde las sombras. No era menos que ellos.

Da igual, no piensa quedarse mucho tiempo. Esto es por Winston, un último favor a los viejos conocidos, puede hacerlo. En una semana estará saliendo por la puerta de regreso a ninguna parte.

Tres semanas después sigue en Overwatch.

Pese a su actitud amistosa y las bravatas o su coqueteo, no es un hombre amigo de grupos grandes, jamás lo ha sido. A menudo se sienta en una esquina de la mesa del comedor y mira a su alrededor con cierta inquietud cuando se llena a su alrededor.

Fumar es una medida de distanciamiento muy eficaz, aleja a muchos por su propia voluntad y le da la excusa de marcharse en cualquier momento a relajarse.

Blackwatch había sido siempre un grupo pequeño, en su momento álgido cuatro agentes especiales, entraban y salían, sin llamar la atención. Las relaciones con el resto de Overwatch habían sido apenas tangenciales y McCree nunca se había sentido cómodo en reuniones comunes.

Eso no había cambiado. Si acaso el vaquero sentía que había empeorado su incapacidad de estar cómodo con demasiada gente. Las caras nuevas son tan... amistosas, Lucio, , Mei, Brigitte, saludan, quieren hablarle, preguntarle cosas. Lo llenan todo de vida y McCree tiene dificultades para relajarse con tanta gente dando vueltas.

No está acostumbrado a tanto... optimismo. Y sin embargo se da cuenta de que le gusta oírles. Se pone cómodo en un apartado, se relaja con una botella en uno de los miradores de Gibraltar y le gusta oír en la distancia a la sangre nueva haciendo todo tipo de planes o hablando de cosas que ni entiende. Le gustan, son buena gente.

Luego está Hanzo Shimada, era difícil verle por la base, prefiriendo estar aislado, y si se le veía casi siempre era en compañía de su hermano, era educado pero distante. Por supuesto McCree no se había acercado a él.

La vieja guardia es un enigma, han pasado años, y todo el mundo ha cambiado. Algunos le miran con extrañeza. Jesse McCree también ha cambiado en ese tiempo, ya no tiene ese gatillo fácil que le llevaba a meterse en líos, la respuesta como un látigo. El hombre que ha respondido (mas o menos) a la llamada se parece más al hombre sin nombre de los westerns con un pasado demasiado pesado sobre los hombros y menos el joven temerario que entra en el bar anunciándose con una ronda para todo el mundo.

Esperan de él que sea el Jesse de siempre, con un chiste en los labios. Aguantando las críticas a su estilo con paso largo de vaquero que llega al pueblo a ponerlo patas arriba.

No está seguro de pertenecer a ese lugar. Como a Overwatch. Siempre el agente externo, nunca uno más. Siente que en cualquier momento se abrirá la trampa bajo sus pies.

Siempre hay un pero.


Genji encontró a Jesse en uno de los miradores. Después de una misión sencilla de escolta de material médico, sin mas contratiempos que un atajo de saqueadores, todos estaban celebrando porque cualquier excusa era buena. Pero Genji conocía lo suficiente a su antiguo compañero para saber que lo primero era el mantenimiento de su arma.

Con Peacekeeper desmontada sobre la mesa, Jesse estaba sentado en una silla plegable, limpiando concienzudamente cada parte y aplicando aceite donde era necesario. El olor a químico era bastante fuerte y no le extrañaba que el otro lo hiciese al aire libre.

- No podrías ser normal y esnifar pegamento.

Jesse soltó una carcajada y le sonrió, pero era una sonrisa sincera, una de verdad, no las expresiones de quedar bien con los demás o contestar un "estoy bien" cuando evidentemente no lo estaba. Últimamente veía mucho esas sonrisas en su amigo.

Los días de Blackwatch no habían sido felices para Genji, no había estado bien en general, pero sabía que la tentativa amistad que había tenido con McCree le habían salvado de caer aún mas bajo en su estado mental. Jesse le había exasperado pero también había sido una tabla de salvación, su sentido del humor, sus chanzas... le habían recordado como había sido él mismo una vez, antes de ser más máquina que hombre.

Al ver la destrucción de Blackwatch había visto como McCree se dejaba caer con ella, su devoción a Reyes le había recordado demasiado a la misma devoción que había convertido a Hanzo en su enemigo, no había podido quedarse a ver algo tan horrible. No otra vez.

Aquel sitio era tranquilo, la brisa, el sonido de las olas rompiendo contra las rocas. El sol era suave hoy pese a ser mediodía, de todas formas Jesse tenía puesto su sombrero, y Genji apenas podía adivinar su rostro bajo el ala, sus ojos concentrados en la tarea, un cigarro apagado entre sus labios, presto a ser encendido tan pronto como terminase.

- Eres el motivo por el que los power ranger gritaban sus colores, y eso que eres el verde.

Ahí está su Jesse. Aunque fuese un destello. No están tan cómodos como antaño, han perdido la confianza, a Genji le duele, había insistido en que Jesse volviese, sospecha que el otro le guarda un rencor que no quiere o no puede verbalizar. A fin de cuentas le dejó solo... Genji no se atreve a preguntar qué ocurrió con su brazo.

Jesse sonríe y alza la vista, podría preparar su revolver con los ojos cerrados. Estar con Genji es raro, eran... amigos. Se conocían, habían compartido confidencias, dolor, secretos que no habían compartido con otros, los dos jóvenes mal encarados e inadaptados de Blackwatch.

Pero Genji ha cambiado mucho, muchísimo. El abrazo. Los chistes casi faltos de esa amargura subyacente... El cyborg le ha hablado de su "maestro", el monje omnic que ahora estaba por allí y hablaba de la paz interior y la aceptación del ser.

Ver como Genji ha hecho las paces con el universo o algo así le parece casi contranatura, y sin embargo debería alegrarse. Pero siente... ¿celos? Genji ha vuelto a Overwatch y de los dos es el que parece haber rehecho su vida, mejorado en todos los sentidos, convertido en una persona mejor.

Genji se sienta con él, y... le habla, le cuenta sobre sus viajes, le habla de las montañas, de los monjes, del iris o algo así... es agradable, le gusta. Pero a veces es como una persona contando lo bien que está desde la playa a alguien que se está ahogando.

No debería estar aquí. Genji estaría mejor si él estuviese lejos, ahora tiene a su hermano a su lado, no necesita a otro aguafiestas.

- Oh, y gracias por no usar... ya sabes qué contra mi hermano.

- ¿Deadeye?.- McCree le guiña un ojo.- No fue por no intentarlo.

Genji siente a su dragón en su interior, Deadeye es ese peligro que despierta al mismo tiempo curiosidad y temor. Por mucho tiempo que pasase, Deadeye era algo que no se olvidaba. El súbito calor, el vórtice de poder que salía de su amigo, ese aura sobrenatural que aullaba al viento anunciando que la muerte cabalgaba veloz al encuentro.

En los tiempos de las operaciones encubiertas Genji había visto caer a más enemigos que balas tenía aquel revolver, gente cayendo muerta por cometer el error de ponerse a la vista de Jesse McCree, la gorgona de Blackwatch.

El sufrimiento de Jesse si tenía que usar Deadeye más de una vez al día había sido evidente.

¡Está sufriendo! ¡Páralo! ¡Su cuerpo es demasiado frágil! ¡Le duele!

Soba había notado la agonía del vaquero antes de que este se permitiera una sola queja al respecto. McCree le había contado que Deadeye no era como Soba, no era algo que viviese con él como un espíritu casi independiente, era parte de él, no sabría decirle donde terminaba uno y empezaba el otro.

Soba no había parecido de acuerdo, pero tampoco había sido capaz de explicarlo, limitándose a dormitar sobre el sombrero de McCree. Una vez le había aceptado como aliado, había pasado rápidamente a aprovechar otro humano en el que acomodarse.

Porque Genji a veces había visto algo cuando tenía lugar el disparo, algo que surgía alrededor de McCree, envolviéndolo con su manto, algo de ojos brillantes que tenía hambre, no, sed, sed de sangre. Como una especie de yūrei que usase al hombre para alimentarse.

No había compartido con Jesse aquellos temores, el vaquero tenía suficientes problemas.

- ¿Vendrás a cenar? Reindhart va a probar una receta nueva, tortilla de patatas.

Su amigo se limitó a asentir con una sonrisa.


- Antes hablaba... hablaba sin parar, ya fuera fanfarronear, quejarse, coquetear... no se callaba, recuerdo la misión de Venecia, pasó todo el camino de vuelta quejándose, sin parar.

Hanzo estaba sentado frente a él, cada uno con su propia taza de té, el favorito de ambos, un homenaje a la nostalgia de estar reunidos de nuevo. Los hermanos Shimada habían retomado algunos entrenamientos juntos, pero había sido inútil, Hanzo ya no usaba nunca la espada y era incapaz de volver a poner a su hermano en el punto de mira de su arco.

Genji dejó la taza, respiró hondo y finalmente abandonó la rígida postura para repantigarse en el suelo.

- Me hablaba, compartíamos cosas, cosas personales.- Se puso a hacer círculos en el suelo con los dedos distraídamente.- Jesse me hacía hablar hasta cuando solo quería arrancarle la cabeza.

- Aún habláis.- Hanzo sostiene su taza con una perfección milimétrica que a esas alturas es totalmente instintiva.- Acabas de hablar con él.

- No, no, hablo yo, él sonríe y asiente. Solía ser al revés, yo le suplicaba que se callase y el no dejaba de darme la tabarra.

- Ha pasado el tiempo desde que os separasteis. Cuando le encontré...

- Por favor, no me puedo creer que le secuestraras...

- Cuando le encontré.- Corrigió Hanzo, aún plenamente convencido de no haber hecho nada incorrecto y que drogar y llevarse a McCree contra su voluntad había sido inevitable y culpa de este en última instancia.- Llevaba años viajando solo, como un ronin, cuando alguien vive así... es difícil abandonar la seguridad del silencio.

Hanzo dejó su taza, era difícil saber si hablaba del amigo de Genji, o de sí mismo. Genji se incorporó y se sentó junto a su hermano, puso una mano sobre la del otro hombre. Había recuperado a su hermano.

Ojalá también pudiera recuperar a su amigo.

- ¿Te has disculpado por eso?

El silencio de su hermano fue respuesta suficiente. Genji suspiró teatralmente.

- Vamos, mejor aclarar eso cuanto antes.


Hanzo no había querido tratar con Jesse McCree por respeto a este, si el vaquero quería su espacio había que respetar esto, al menos era lo que opinaba. Una disculpa sería algo hueco a esas alturas, pero Genji insistía.

Así que se dirigieron a la habitación de McCree. En realidad sabía lo que estaba tratando de hacer Genji, lo que llevaba haciendo desde que eran niños, llevarle a cenas, fiestas, al karaoke, intentar que hiciese amigos. No podía culparle.

Ahora ya no tenía la mirada reprobadora de su padre, no tenía los severos castigos del núcleo de dirigentes del clan. Pero los hábitos eran difíciles de sacudir. Ser responsable, pensar solo en el deber.

McCree les dio permiso desde la puerta. Hanzo entró tras Genji, se disculparía, desde luego. Pero hombres como él y McCree no creían en las disculpas, creían en los actos. Se conocía realmente a un hombre al enfrentarse a él. El respeto era algo que se ganab...

El tren de pensamiento de Hanzo descarriló aparatosamente al ver a Jesse McCree vestido únicamente con unos pantalones de chándal mientras hacía ejercicio en una barra del techo.

Descalzo, sin camiseta, brillante de sudor, subiendo a pulso arriba y abajo en la barra con un único brazo. Los músculos marcados pero no evidentes, un cuerpo esculpido por el esfuerzo y no por meros gimnasios, funcional. Tenía cicatrices, lineas blancas sobre la piel morena, que hablaban de una vida dura que no había escatimado en violencia.

Hombros fuertes, pectorales amplios, llenos, cubiertos por una capa de vello oscuro, no tan abundante como había esperado dado el oscuro vello de los brazos, pero evidente.

McCree para y baja al suelo, toma una toalla y empieza a secarse el sudor, Hanzo sigue la toalla con los ojos, hombros, pecho... los oscuros pezones, baja por los abdominales siguiendo la línea de vello por el ombligo hasta apenas vislumbrar el bosque de Adán en la línea de los pantalones deliciosamente bajos.

- Genji.- McCree termina de secarse la cara y les saluda.

Es devastadoramente atractivo, ya lo había pensado antes, cuando le había desarmado y drogado para llevarle a Overwatch, un encanto rudo, salvaje, ahora se había recortado un poco la barba pero seguía teniendo ese aire descuidado que encajaba perfectamente con sus rasgos. Tenía ojos cálidos... labios de aspecto jugoso...

Oh dios. Hanzo tragó saliva y controló cuidadosamente su respiración, no había venido a salivar por el amigo de su hermano.

- Veo que vienes con tu hermano.

Los ojos de McCree son marrón claro, con un leve arco casi ambar... y por un segundo puede ver un halo rojo en el borde exterior que desaparece tan rápido como lo ve. Sus dragones sin embargo confirman su presencia, su curiosidad roza su conciencia.

{Nos ha mirado. Está a la espera. Atento.}

Atractivo y peligroso. Hanzo tomó aire, estaba en serios apuros.

- Si, creo que no os habéis... presentado oficialmente.

Hanzo se inclinó. Tiene que salir de allí antes de que alguien note que está incómodo por algo más que por pedir disculpas. La erección es posible de disimular pero no quiere ponerlo a prueba mucho tiempo.

- Lamento mucho que nuestros encuentros hayan sido de naturaleza hostil, es culpa mía y me disculpo por ello.

McCree pareció confuso y luego... sonrió.

- Bueno, desde luego nadie me había pedido perdón tan bien en mi vida. Mira, no importa, estrictamente hablando disparé yo primero.

Era muy guapo cuando sonreía, se le iluminaba la cara. Hanzo mantuvo un gesto impertérrito y rezó por no sonrojarse.

- He traído esto, te pertenece. Lo devuelvo con mis más sinceras disculpas.

Y sacó el poncho. Lo había recogido de la habitación en la que lo había clavado, el poncho rojo de McCree, en principio lo había examinado en busca de pistas, y lo había guardado. Igual también lo había olido... por motivos puramente profesionales... o no.

Udon y Yaki habían cogido la costumbre de dormir enroscados en él, comentando en todo momento lo bien que olía a sol y tierra y prados inmensos y a poder salvaje, fuera lo que fuera eso.

- ¡Mi poncho! Gracias, ya lo había dado por perdido.

McCree lo cogió con evidente alegría y luego extendió la mano.

- Bueno, volvamos a empezar, soy Jesse McCree, ¿no más drogas en mi güisqui? Era una buena botella, con el resto puedo vivir.

- Jesse, dios mio.- Genji se cubrió la cara con ambas manos.

Hanzo apretó la mano que se le ofrecía, McCree tenía mano grande, con callos por el uso del arma, tenía apretón firme y adecuado. Hanzo apuntó que tenía que averiguar quien era responsable de la mano que faltaba.

Si estaba vivo lanzaría a sus dragones contra el en represalia.

- Hanzo Shimada.- Respondió con neutralidad.- No repetiré nada de lo ocurrido, por supuesto.

Con un esfuerzo monumental mantuvo el estoicismo y volvió a inclinar levemente la cabeza. McCree estaba frente a él, semidesnudo, sonriendo, a su alcance...

En otra época se hubiese limitado a mandar a un lacayo con el recado de que Shimada-sama deseaba "conocerle" y habría disfrutado del otro hombre sin más preámbulo, había tenido una suite de hotel reservada especialmente para aquellos casos, un sitio discreto donde... relajarse.

- Hemos tomado ya demasiado de tu tiempo, no te molestaré más.

Se marchó con el corazón y otras cosas palpitando, sus dragones absolutamente alterados, sin mirar siquiera si Genji le seguía. En pocos minutos su hermano estaba a su altura, muy agitado.

- ¿Hanzo? ¿Qué demonios pasa?

- Me he disculpado.- Tenía que mantener la compostura.

- Te has disculpado como si estuvieses en casa y papa estuviese vigilando tras la puerta.

- Ha sido una disculpa sincera y correcta, y él la ha aceptado.

Genji le cortó el paso, muy serio.

- No, señor mio, has puesto esa cara de piedra que pones cuando tienes que hacer algo que no quieres hacer, como cuando te pedí que vinieses a un streaming de Hana y estuviste diez minutos respondiendo monosílabos. ¿Porqué te cae mal Jesse?

Hanzo se mantuvo en silencio, sabiendo que estaba poniendo aquella cara que al parecer molestaba tanto a su hermano.

- Oh.- Genji pareció llegar a una conclusión y Hanzo se puso en guardia.- Es por Deadeye.

- ¿Dead...? ¿Qué?

- El resplandor rojo, tus dragones lo habrán notado.

Deadeye. Aquello tenía nombre.

- Lo vi, casi lo usó contra mi, me aparté de su vista a tiempo. Sobresaltó a mis dragones.

- Cielos.- El tono alarmado de Genji le sorprendió, su hermano parecía asustado.- No sabes cuan cerca estuviste de morir, nada sobrevive a Deadeye. Nada.

Eso sonaba ominoso, pero notó a sus dragones hincharse de interés por el peligroso ser. Un interés muy poco inocente.

- Cuando le conocí Soba también desconfió mucho de él, nunca había notado algo así. Supongo que es rivalidad entre espíritus.

Desconfianza. Ya. No pensaba decirle que lo que sentían Udon y Yaki no era precisamente desconfianza. Los dragones estaban prácticamente retozando, al tocar la mano de McCree casi habían saltado de su piel para tocar ellos también.

- Pero ahora se llevan bien, dale una oportunidad, ¿por qué odiarle?

- No le odio, fue un respetable contrincante, admirable incluso.

Había hablado demasiado. Genji se quedó callado, dio un paso atrás, le miró de arriba a abajo y entonces... una amplia sonrisa de kitsune se dibujó en su cara.

- Oh... oioioioi OH... querido hermano... TE GUSTA.

Había matado a su hermano una vez. Igual la segunda vez era más exitoso. No, no, Genji está vivo y le queremos más que a nuestra vida, no repetimos errores que casi nos destruyen, calma. Hanzo esquivó a su hermano y marchó a paso ligero.

Huir de un ninja era inútil. Media hora después, meditando en uno de los balcones, Genji se descolgó desde las rocas y se puso en cuclillas a su lado.

- Te gusta Jessie.- Y lo dijo canturreando.- Me encanta, oh dios, ¿fue mientras intentabas secuestrarlo?

- Genji.- Hanzo se frotó el puente de la nariz.- No, y no intentaba secuestrarlo, yo quería hablar con él y él me evitaba, lo secuestré como ÚLTIMA opción.

- Detalles.- Genji estaba encantado con la situación, claro que si, como no.- Oh, dios mio, es fabuloso, ¿fue cuando os enfrentasteis? ¿La emoción de la caza? ¿La visión de su trasero al apuntarle con tu arco?

Apretó la mandíbula. Pero ya era tarde, notaba el calor extendiéndose por su cuello y sus orejas hasta que le ardió toda la cara por el rubor. Genji NUNCA soltaba a su presa.

- Basta.- Suplicó Hanzo.

- Pero si es fantástico.- Genji dio palmas.- Por favor, estoy totalmente a favor... me encanta.

En aquel momento Hanzo comprendió que su verdadera penitencia era convivir con su hermano.


Nota de la Autora: Amo a los hermanos Shimada, cuando escribo a ambos todo sale solo. Los noodle dragons son una mezcla de gato, comadreja y legendario poder de honor y gloria, combinación catastrófica.